Hey chicos… el capitulo pasado tuvo como 6 reviews… si ya no quieren leer la historia solo díganlo, la cancelo y listo… necesito saber si la están leyendo, no me gustan los lectores fantasmas u.u

Este capítulo me gusta mucho, siempre me hace reír XD si hay alguien por aquí por favor dejen un review! ¡Gracias!

Capitulo Cinco'

Ese mismo día por la tarde, Freddie estaba apoyado en la esquina de una calle esperando a que acabaran de pintarle la cara a Sam. Había querido descansar y pasar un rato más con Greg, pero Sam tenía otros planes. Le había agarrado del brazo, había tirado de él hasta la camioneta y no le había dado ninguna explicación, sólo una sonrisa. Un comportamiento normal en Sam.

De todos modos...

Le pasaba algo, lo había notado al verla morderse los labios constantemente. Suponía que tenía algo que ver con lo que habían estado hablando antes, pero no se lo preguntó. Ya se lo contaría a su tiempo.

Sam quería ir a la playa y a la playa fueron. Caminaron por la arena mojada con los pies descalzos. Sam no habló mucho, otra indicación de que algo le preocupaba. Después, quiso ir al pueblo y allí estaban.

Sam estaba sentada en un banquillo de madera.

-¿Estás seguro de que no quieres que te pinten la cara, Freddie? -una mujer vestida de payaso le estaba pintando unas margaritas a Sam en las mejillas.

-No, paso.

Así era Carmel. Podía acostumbrarse a aquella vida. Pájaros piaban en los árboles, los turistas se paseaban por las calles visitando las galerías de arte y las boutiques.

Unas chicas, haciendo cola para que también les pintaran la cara, rieron a su espalda. Freddie se preguntó cómo era Sam de adolescente. Sin duda, un ángel.

Suspiró. Cuando tuviera hijos, esperaba que todos fueran chicos. Las chicas podían envejecer rápidamente a un hombre; sobre todo, si salían como Sam.

¡Vaya! ¿Cómo era posible que se le hubiera ocurrido pensar semejante cosa?
Quería tener familia, sí, pero no todavía. Y menos con Sam. Era una mujer atractiva, pero nada convencional.

No era su tipo.

La perfecta novia para un fin de semana, pero nada más. Necesitaba una mujer que fuera buena esposa, que le ayudara en su carrera, no que fuera un puro sobresalto. Sam no se contentaría jamás con charlar educadamente en una fiesta de negocios. Para animar la fiesta, lo más probable era que sacara las cartas del Tarot y se las echara a la gente.

No, no era la mujer adecuada para él.

Sam se levantó del banquillo y le dio a la mujer payaso un billete de cinco dólares. Con una enorme sonrisa, se volvió a él y le enseñó las margaritas. Las flores hacían juego con el estampado del vestido.

-¿Qué te parece?

-Muy bien.

-¿Bien? -Arrugó la nariz- Me pregunto qué pensarías de mi tatuaje si lo vieras.

-¿Tienes un tatuaje?

¿Por qué le sorprendía? Nada sobre ella debería sorprenderle. ¿Flores silvestres? ¿Quizá una rosa? Pero ¿dónde? La idea de descubrirlo le hizo sonreír.

-Sí, ¿tú no?

-No, ni hablar.

-Freddie, necesitas alegrar tu vida. No querrás que la gente te considere un aburrido, ¿verdad?

Al lado de Sam cualquiera era aburrido.

-Mi vida es lo suficientemente animada, gracias.

-De nada.

-Bueno, ¿dónde tienes el tatuaje?

Sam alzó la barbilla.

-Es un secreto. Nadie lo sabe, excepto yo.

-Y el que te lo hizo.

-Naturalmente.

La seductora sonrisa de Sam le intrigó. Se imaginó a sí mismo buscando el tatuaje, pero la idea le asustó. Necesitaba calmarse.

-¿Te apetece un helado?

-Sí, claro. Hay una heladería en la esquina.

La heladería estaba casi vacía, a excepción de una familia sentada alrededor de una mesa en un rincón. Sam pidió helado de chocolate y él de vainilla.

-¿Quieres que nos lo tomemos aquí? -preguntó Freddie.

-Sí -Sam señaló una mesa de mármol al lado de la ventana-. Quiero que me cuentes que habéis hecho tú y mi padre.

Freddie agarró cuatro servilletas de papel y le dio tres a Sam antes de sentarse.

-Lo hemos pasado muy bien.

-Detalles, Freddie. Dame los detalles.

Se metió una cucharada del delicioso helado en la boca. Frío y sabroso, justo lo que necesitaba para no pensar en Sam, que era caliente y sabrosa.

-¿Detalles?

Ella asintió.

-Y no dejes nada.

-Veamos... he perdido yo, por eso he pagado el almuerzo.

Sam agrandó los ojos.

-¿Mi padre ha dejado que pagaras tú? ¡Guau!

Freddie no consideraba que pagar el almuerzo tuviera nada de extraordinario. Su padre había insistido en pagar, pero eso no se lo dijo a Sam.

-Greg me ha ganado, pero no le ha gustado mucho la puntuación.

-Se tiene por buen jugador.

-Dijo que era un aficionado.

-Juega tres veces a la semana por lo menos.

Freddie se metió otra cucharada de helado en la boca. Aunque sabroso, no le refrescó mucho. Imposible, con Sam lamiendo seductoramente su helado. ¡Qué tortura! Debería haber sugerido tomar un refresco. No sabía porque, pero cuando estaba con Sam se comportaba de modo poco racional.

-No te preocupes, estoy segura de que le has hecho feliz hoy -Sam se limpió la boca con la servilleta-. Bueno, ¿qué más habéis hecho?

-Hemos almorzado en la cabaña y luego Greg me ha llevado a dar un paseo. ¿Y a que no te imaginas dónde hemos acabado? En la sala de un banquete. Tu padre ha comentado que era un buen sitio para un dar un banquete de bodas.

-¿Así que habéis decidido la fecha de la boda y habéis elegido la sala para dar el banquete?

Sam parecía enfadada, pero a Freddie le resultó difícil tomarla en serio con las margaritas pintadas en la cara.

-No, pero a tu padre le gusta el mes de abril extendiendo el brazo, -Freddie le limpió el chocolate de los labios-. Te habías dejado un poco de chocolate.

-Gracias.

-He estado pensando en lo que has dicho esta mañana -dijo Freddie-. Y aunque no creo que piensen que estamos destinados a pasar juntos hasta la eternidad, creo que tus padres se están entusiasmando demasiado.

-Ya te lo había dicho.

Freddie se lo merecía, pero Sam no tenía motivos para ponerse tan altanera.

-¿No te parece que los dos tenemos la culpa? Al fin y al cabo, estamos juntos en esto.

-No sé, supongo que sí -Sam dio un mordisco a su cono.

No era demasiado pero se contentaba de momento

-Cuando Greg me enseñó la sala de banquetes, le dije que a mí me gustaban las bodas tradicionales, pero que tú querías casarte en la playa, descalza, y que un chamán se encargara de la ceremonia.

-¡Un chamán! -Sam rió-. Estoy orgullosa de ti, encanto. No puedo creer que se te ocurriera eso a ti solo.

-De vez en cuando yo también soy creativo.

-¿Y qué ha dicho mi padre?

-Que lo de la playa puede ser incómodo para las mujeres por eso de los tacones, pero no le ha parecido mal que tú quieras ir descalza.

-¿Mi padre ha dicho eso?

Freddie asintió, sin mencionar lo que dijo Greg, que el vestido de Sam le cubriría los pies, por lo que daba igual que fuera descalza o no.

-¿Y de lo del chamán?

Freddie rió.

-Tampoco le ha parecido un problema.

-¿Te estás burlando de mí?

-Ojalá.

-Por favor, dime que se te ha ocurrido otra cosa.

-Bueno...

Sam suspiro.

-Tu cara de tonto me dice todo lo que necesito saber, Freddie Benson. Maldita sea, no has dicho ni una palabra más.

-Sam...

-Podrías haberle dicho a mi padre que quiero que dejes tu trabajo para ir a cultivar algas en Oregón.

-¿Crees que me creería si le dijera una cosa así? He dicho lo que se me ha ocurrido, Sam, no quería ponerme demasiado negativo y que tu padre sospechara algo.

-¿Por qué no?

-Lo estábamos pasando muy bien, no quería estropearlo -a pesar de ser cierto, Greg le había enseñado más en un rato que años en la universidad.

-Eres tan considerado... -Sam le tiró una servilleta a la cara.

No, no era considerado. De serlo, no estaría deseando lamerle el chocolate de los labios.

-¿Alguna vez haces algo que se desvíe de las normas? -preguntó ella.

-No, si puedo evitarlo.

-No tienes arreglo.

-Lo consideraré un halago.

-Tú mismo.

Freddie sonrió traviesamente.

-¿Y tú? ¿Qué tal lo has pasado?

Sam se frotó las sienes y lanzó un gruñido.

-Mi madre me ha llevado a comprar un vestido de novia.

A juzgar por su reacción, la expedición no había ido muy bien.

-¿Has encontrado uno que te guste?

-La verdad es que... -Sam se interrumpió, no pudo evitar enrojecer-. ¿Qué estamos haciendo?

Antes de que nos demos cuenta estaremos casados y con un niño en camino.

La alarma de su voz le hizo sonreír. El matrimonio y un niño eran excesivos. No obstante, le gustaba cómo se hacían los niños.

-Lo dudo.

Sam dio un manotazo en la mesa.

-Tenemos que hacer algo drástico.

Freddie sintió un calambre en el estómago. Drástico para Sam debía ser algo muy distinto a lo que él consideraba drástico. Ella era una extremista, él siempre se comprometía.

-No me gusta lo de drástico.

-No me refiero a una revolución, pero time que ser algo parecido. Esto está saliendo demasiado bien, tienes encantados a mis padres.

Y a Freddie le encantaban los padres de Sam.

-Ya hemos hablado de esto, Sam. Hemos sobrevivido la mitad del fin de semana, ya casi estamos en la cuesta final.

Ella asintió.

-Pero no se me había ocurrido que pudieran estar tan entusiasmados con la boda. Tú mismo has admitido que se están pasando.

-Sí -concedió Freddie.

-Sé que te preocupa lo que pueda pasarle a tu cartera profesional, pero no podemos olvidarnos de mi salud mental.

-Lo sé.

Había llegado el momento de enfrentarse a algunas verdades. Freddie necesitaba a Sam más que ella le necesitaba a él. Que sus padres se metieran en su vida era una cosa, pero otra muy distinta era jugarse el porvenir.

-Sé que no es fácil, pero te pido veinticuatro horas más -que Sam vacilara le preocupó- Veinticuatro horas más, Sam. ¿No te parece que podrías aguantarlo?

-Sí. Es sólo que...

-¿Qué?

La voz de Sam se convirtió en un susurro.

-Tómame la mano y mírame con amor a los ojos.

Freddie supuso que Sam tenía una explicación lógica para ese cambio en su comportamiento. Hasta que le levantó la mano y le besó uno a uno los dedos. Era evidente que había perdido la razón. Freddie tiró de su mano, pero ella se la agarró con fuerza.

-¿Qué estás...?

-No puedo creer lo que ven mis ojos -una voz de mujer a sus espaldas le dejó seco. Freddie se volvió. Melanie, acompañada de Kian, se había acercado a la mesa-. No me extrañan semejantes muestras de afecto en público tratándose de mi hermana, pero tú, Freddie... Creía que estabas por encima de eso.

-¿Qué estáis haciendo aquí?

-Estábamos haciendo unas compras y os hemos visto. Bueno, debe haberos visto el pueblo entero.

-Me refería a qué estáis haciendo en Carmel -dijo Sam con voz tensa.

-¿Es que mamá no te lo ha dicho? No, supongo que no -la risa de Melanie resonó en la heladería-. ¿Adivina quién va a cenar en casa esta noche?

XXX

Para sorpresa de Sam, todos se comportaron bien durante la cena. Le recordó a las naciones en guerra tratando de negociar la paz. Ninguno quería decir nada que pudiera ofender a otro, por lo que no se dijo nada interesante.

Pam había preparado unas deliciosas costillas, pero a Sam le resultó difícil disfrutar la comida.

Con Melanie y Kian monopolizando la conversación sin dejar de hablar de su búsqueda de casa, Sam tuvo tiempo para pensar y soñar despierta con Freddie.

Se lo imaginó delante de un altar en una iglesia llena de flores...

¿Qué le pasaba? ¿Por qué pensaba esas cosas? No quería saber nada del amor, no podía permitirse el lujo de enamorarse. Ver a Melanie con Kian le hizo recordar el dolor que sintió al sorprenderles juntos en su apartamento.

En su propia cama.

Eso fue todo lo que Sam necesitó recordar. Tragó saliva y se recordó que no sentía nada por él.

No podía pensar en Freddie más que como un novio de mentira, un novio falso. Tan pronto como acabara el fin de semana, volvería a ser libre. Libre de sus padres y libre de Freddie. Pero hasta entonces, tenía que seguir siendo parte de la perfecta pareja que ambos habían creado, tenía que representar su papel en la mentira.

Después de la cena, Sam siguió a los demás hasta el cuarto de estar, donde iban a digerir la cena y a hacer sitio para un exquisito postre, un pastel.

Una familia feliz. Melanie y Kian estaban sentados en uno de los sofás, Sam y Freddie en el otro. Greg y Pam cada uno en un sillón, como dos árbitros para asegurarse de que se jugara limpio.

Cuando Freddie le puso un brazo sobre los hombros, a Sam le resultó difícil respirar. El corazón le latió con fuerza. Miró a Freddie, pero él no pareció notarlo. Le habría gustado que a Freddie le pasara lo mismo que a ella Greg sirvió coñac.

-Bueno, Sam, ¿ya has elegido tu vestido de novia?

Había visto el vestido perfecto, pero no necesitaba un vestido de novia. Al día siguiente por la noche ya no tendría prometido.

-Todavía no, papá

-Tu mamá me ha dicho que hay uno precioso...

Freddie le besó la mejilla

-Sam está guapa hasta con una bolsa de patatas
Sam enrojeció, a pesar de la poca originalidad de la frase. Ojalá no le importara lo que él dijera.

-No se parece en nada a un saco de patatas. Es perfecto y lo sabes, Sam -Pam dejó muy clara su opinión-. ¿Quieres que llame a Ginger y que le haga el pedido?

-Todavía no me he decidido, mamá -Sam tenía los ojos fijos en la sonrisa de Freddie. Sus labios eran exuberantes. Por mucho que intentara olvidar el beso, no podía. Y le preocupaba mucho. «No lo olvides, Sam, sólo te quedan veinticuatro horas».

-El vestido está muy bien para una boda en primavera o verano, pero no para el invierno -añadió Sam.

Pam sonrió

-¿Tenéis idea de cuándo queréis casaros?

-Junio es un buen mes – dijo Melanie

Kian asintió

-Y también muy tradicional, por lo que tendréis que reservar un sitio pronto si no queréis encontraros con una desagradable sorpresa.

Freddie estrechó los hombros de Sam

-He tenido tanto trabajo últimamente que no hemos tenido tiempo para pensar en la boda.

-Una vez que se tranquilicen las cosas en el trabajo de Freddie, pensaremos en la fecha. Además, no tenemos por qué precipitarnos, ¿verdad, cielo?

-Siempre y cuando te cases conmigo uno de estos días, cariño.

-Cielo y cariño -Melanie hizo una mueca-. Qué ternura.

Kian parecía incómodo

-¿Quieres que nos vayamos ya, querida?

-Cállate – le espetó Melanie .

Kian se aclaró la garganta

-Por lo menos así tendremos tiempo para dar una fiesta de compromiso. Espero que no tengas problemas con eso, Freddie.

-No, ningún problema

-Pues yo sí lo tengo -Sam contuvo las ganas de ponerse de pie y plantarse en jarras.

-Sabía que pasaría esto –le dijo Melanie a Kian.

Greg bebió un sorbo de coñac.

-Sam, cariño, me parece que deberías considerar lo de la fiesta de compromiso.

-No, de ninguna manera. Se trata de un matrimonio, no de un negocio.

Greg acabó su coñac

-Lo que decidáis me parecerá bien; pero, al menos, piénsalo.

-Lo hará Freddie.

-Tengo que admitir que estoy entusiasmado con vuestra boda -declaró Greg

-Papá, has sido tú quien siempre me ha advertido que no me precipite. El trabajo de Freddie nos está dando la posibilidad de conocernos mejor antes de comprometernos más. Eso es lo que tú siempre has querido.

-Bueno, pues ahora he cambiado de idea – dijo Greg, sorprendiendo aún más a su hija-. Al principio tenía mis dudas, pero es evidente que estáis hechos el uno para el otro. La manera como te brillan los ojos, cielo, es por Freddie. Y estoy seguro de que él está de acuerdo conmigo.
Sam miró a su madre. Su madre siempre pensaba que los jóvenes se lanzaban al matrimonio sin pensar. Ella le daría la razón.

-Mamá...

-Estoy de acuerdo con tu padre, Sam. No veo la necesidad de un año o dos de noviazgo. En mi opinión, eso sólo es una pérdida de tiempo.

A Sam se le estaban acabando los posibles apoyos.

-Melanie, ¿a ti qué te parece?

Melanie sonrió.

-¿Por qué esperar? Creo que formáis una pareja estupenda. Es más, estoy dispuesta a preparar la fiesta de compromiso. ¿No te parece, Kian?

Kian agrandó los ojos.

-Sí, claro, me parece muy bien.

-¿Qué os parece dentro de dos semanas? -preguntó Melanie.

-A mí me parece perfecto -repuso Greg-. Es una idea extraordinaria. Conozco a varias personas a las que a Freddie le gustaría conocer.

Pam suspiró.

-¿Por qué no les preguntáis a Sam y a Freddie lo que les parece a ellos?

Tomada por sorpresa, Sam no supo que contestar. En parte, la salida de su madre la había enternecido; por otra parte, estaba segura de que Melanie se traía algo entre manos.

-Es muy amable de tu parte, pero sé lo ocupados que estáis tú y Kian.

-Nada, eres mi hermana. Sam, no te he visto desde que me he casado.

Sam quería creer que su hermana estaba siendo sincera, pero no podía hacerlo.

-Agradezco la oferta, pero...

Como de costumbre, Melanie no la estaba escuchando.

-Freddie, ¿a ti qué te parece? ¿Estás listo para aparecer delante del mundo con tu novia del brazo? Anoche estábamos en la inauguración de una exposición de pintura y conocí a dos de tus compañeros de trabajo, ninguno de ellos sabía lo de vuestro noviazgo.

Freddie se puso tenso, Sam también. Sam se incorporó en el asiento a la espera de que Melanie lanzara la bomba.

-Puede que mi hermana no sea muy elegante ni tenga mucha clase, pero no me digas que te avergüenzas de ella, Freddie.

-Melanie -dijo Greg en tono de advertencia.

-Dentro de dos semanas me parece bien -dijo Freddie.

¡Maldito su novio de fin de semana! Le mataría antes de dos semanas. Mataría a su novio y luego a su hermana. Ningún jurado la condenaría después de considerar detenidamente los hechos.

La sonrisa de Melanie se amplió.

-Créeme, será un verdadero placer. Estoy deseando presumir de hermana y de futuro cuñado. Nadie se lo va a creer.

-Esto es maravilloso, estoy encantada -dijo Pam levantándose del sillón-. Voy a por el postre.

Sam no quiso probar la tarta, a pesar de ser de chocolate.

Bueno, si aun quieren leer esto, dejen un review, si no pues la tendré que cancelar u.u

Se les quiere chicos, nos leemos.