Bueno chicos, debo decir gracias, creí que nadie quería leer la historia ya, pero respondieron muy bien al último capítulo, y si siguen así los capítulos estarán muy seguidos entre sí.

¿Ven? Dejar un review no cuesta nada y nos beneficia a todos. En serio me motiva a trabajar.

Hay algunos que aun no tienen claro que esto es una adaptación y me dicen lo que "Debería escribir" la historia ya está terminada y no es mía, es la adaptación de una novela, pero no se preocupen, que ya se pone más interesante:

Capitulo Seis'

Sam estaba enfadada con él. Freddie lo sabía, tenía tres hermanas menores que él. Por lo tanto, se tomó su tiempo para ponerse los calzones con los que se metía en la cama, y para cepillarse los dientes. Pero no podía pasarse toda la noche en el cuarto de baño.
«Será mejor que salga ya». Abrió la puerta de baño y se adentró en la habitación. Después de da tres pasos, algo blando le golpeó la cabeza

-¿Qué demonios?

A su lado, Sam estaba armada con una almohada. Su melena rubia le caía por los hombros, recordándole la melena de un león. También llevaba su camiseta, demasiado corta y demasiado transparente. Por debajo de la camiseta se transparentaban sus llenos pechos y las bragas negras.

-¡Eso es por haberme besado!

-Eh, la culpa no ha sido mía. La culpa la han tenido tus padres, Melanie y Kian.

-¿Cómo te has atrevido a besarme así? -gritó ella lanzándole otro almohadillazo al vientre.

-Se supone que tenemos que actuar como la pareja perfecta.

Volvió a golpearle con la almohada.

-Y esto es por decide a Melanie que puede prepararnos la fiesta de compromiso. ¿Cómo has podido hacer una cosa así?

-¿Y cómo podía negarme después de acusarme de estar avergonzado de ti? No podía hacerlo, Sam.

Freddie miró la almohada con cierto terror.

-Habíamos acordado ser novios durante este fin de semana, nada más.

-Bueno, pues ahora voy a ser tu novio dos semanas más. No es tan terrible, ¿o sí?

-¿A ti qué te parece?

-Dos semanas, Sam -Freddie hizo un enorme esfuerzo por no mirarle las piernas-. Después desapareceré de tu vida para siempre.

No le gustó lo de para siempre. Nada.

-Quería verte desaparecer mañana.

Mentira. Podía verlo en los ojos de Sam. Lo sabía por la forma como había respondido a su beso.

-No siempre puedes salirte con la tuya, Sam.

-¿Quieres apostar?

Sam intentó golpearle otra vez, pero Freddie se agachó. Al momento, agarró la almohada de su cama. ¿Sam quería jugar? Pues jugarían.

Los dos podían hacer lo mismo. Los ojos de Freddie se clavaron en los de ella. Frente a frente, se miraron como dos luchadores armados con almohadas buscando la venganza. Freddie no pudo evitar sonreír al ver la seriedad con que Sam se había tornado la pelea.

-¿Estás segura de que quieres seguir con esto? Te advierto que sé pelear -a Freddie le pareció justo advertirla. El mayor de seis hermanos, se había ganado el primer puesto en la lucha de almohadas dentro del clan Benson-. Pero estoy dispuesto a dejarlo si lo estás tú.

Sam sonrió felinamente y luego le lanzó un sólido almohadillazo que le dio en el brazo. Había declarado la guerra.

-Está bien, tú lo has querido -Freddie le dio con la almohada en el vientre.

-No es justo -Sam corrió al otro extremo de la habitación.

¿Por qué no era justo? Le había dado la oportunidad de firmar la paz, ella no había aceptado.

-Ahora vamos a ver lo que es justo o no -declaró él lanzando un ataque frontal. Sam dio almohadillazos a diestro y siniestro, algunos le dieron y otros no. De saber lo que le convenía habría aceptado la tregua que Freddie le había ofrecido. Pero, por lo poco que la conocía, Freddie sabía que jamás hacía lo que se le decía. Tampoco admitía nunca sus errores. Freddie se lo había advertido.

-¿Quieres dejarlo ya? -preguntó Freddie.

Ella sonrió con gesto desafiante.

-No.

Avanzando hacia ella, Freddie arqueó las cejas.

-Tú decides.

Tras lanzar un pequeño grito, Sam se lanzó salvajemente al ataque con su almohada. Freddie bloqueó su esfuerzo con facilidad.

-Siempre tan caballero, ¿verdad, Freddie?

-Por supuesto -respondió él sonriendo al tiempo que le daba con la almohada en la cabeza.

-Vas a pagarlo caro.

-No lo creo.

Cuando Sam se subió a la cama, Freddie la arrinconó contra la pared.

-¿Te rindes ya?

Ella lanzó otro ataque con la almohada, pero Freddie se agachó.

-No -contestó Sam.

La almohada de Freddie le dio en las piernas, haciéndola tambalear. Sam extendió los brazos en un intento por no perder el equilibrio, y consiguió no caerse.

-¿Y ahora? Sam.

-Jamás.

Freddie se echó a reír.

-Soy más grande que tú.

-Soy más lista que tú.

Sam lanzó un último ataque.

Era suficiente. Freddie le agarró la almohada en medio del ataque, se la arrebató y la tiró al otro extremo de la habitación.

Sam se quedó mirando la almohada en el suelo. Se quedó boquiabierta. Luego, empequeñeció los ojos y lo miró fijamente.

-Eres...

Freddie hizo un ademán con su almohada, como si fuera a atacarla, y ella cerró la boca.

-Si fueras uno de mis hermanos, Sam, te obligaría a decir que soy el amo del universo.

-Pues no voy a decirlo.

No, no iba a hacerlo. Y él no iba a ser tan cruel.

-Puedes decir que soy el novio perfecto, he ganado.

-El novio perfectamente loco -y le atacó, con cosquillas.

-Para.

-Vaya, he descubierto tu punto débil -dijo Sam en tono triunfal-. Dame mi almohada.

Freddie retrocedió, pero ella le siguió.

-No.

-En ese caso, sufre, loco novio.

Continuó haciéndole cosquillas por los costados hasta que Freddie no pudo soportarlo más. Trató de sujetarla por los brazos, pero no pudo porque Sam no dejaba de moverse. Ella continuó haciéndole cosquillas. A su vez, Freddie empezó a hacerle cosquillas a ella. Sam rió como una niña, su rostro apenas a unos centímetros del de él.

Las cosquillas cesaron.

Al mirarla a los ojos, los latidos de su corazón se aceleraron. El deseo de besarla fue sobrecogedor.

Sam entreabrió los labios, la única invitación que Freddie necesitaba. Bajó el rostro. Ella abrió la boca más. Aquel beso no era de cara a la galería.

Con la sensación de no conseguir saciarse de ella nunca, Freddie la saboreó. Cálida, húmeda, dulce. Una droga. Sus besos eran una droga.

Sam echó la cabeza hacia atrás para que él pudiera besarle la garganta.

-Oh, Freddie...

Tan dulce. Ningún perfume, por caro que fuese, podía competir con la sencillez de su aroma. Sam olía a flores recién cortadas un día de primavera. Se le subió la camiseta. Sus vientres, desnudos, se tocaron. Freddie se sintió arder. Le pasó la mano por el liso vientre, acariciándole la suave piel, hasta cubrirle los pechos. Era perfecta. Sam gimió. El gemido le volvió loco. La deseaba con toda su alma. Nunca había deseado tanto a nadie.

-Sam...

Era tan suave, tan maravillosa...

Sam le bañó a besos el pecho, los pezones.

Freddie contuvo la respiración. Su erección se topó con el vientre de ella.

-Sam, tenemos que parar.

Sam le acarició la espalda.

-No.

Freddie no podía aguantar mucho más. Lo que ella le estaba haciendo con la boca y las manos le estaba enloqueciendo. Cerró los ojos a intentó imaginar agua gélida en invierno, pero su mente sólo consiguió conjurar una playa caribeña.

No podía pensar, no quería pensar. Pero ambos se jugaban mucho.

-Para, Sam.

-¿Quieres que pare? -le susurró ella antes de pasarle la lengua por el lóbulo de la oreja.

«No, no quiero».

-No quiero parar, Freddie -Sam sonrió, continuó acariciándole- Y no quiero que tú pares tampoco.

"Recupera el control". Pero era muy difícil. No sólo con sus palabras, sino con el tono de voz, ella le había dicho que quería seguir hasta el final. Él también quería, pero...

-Esto sólo complicaría las cosas.

-No me importa.

Sam continuó mordisqueándole la oreja.

Claro que no le importaba. A Sam nunca le preocupaban las consecuencias de sus actos. Seguía su instinto. Pero él no era así.

Freddie apretó los dientes. No podía permitir aquello, estaba en la casa de Greg Puckett y no, no merecía la pena arriesgarse.

Agarrándole la mano, Freddie la apartó de sí. Para suavizar la brusquedad del gesto, le dio un tierno beso.

-No podemos hacerlo.

Sam miró al suelo y respiró hondamente.

-Sam -Freddie le alzó la barbilla para obligarla a mirarlo-. Te deseo, pero no así. No en medio de esta farsa. ¿Lo comprendes?

Con los labios hinchados por los besos y los ojos llenos de pasión, Sam asintió.

-Eres increíblemente hermosa y atractiva -Freddie le acarició la mejilla-. Sabes que me estás volviendo loco.

-Yo...

-Sssss -hablar sólo empeoraría la situación-. Vamos a dormir... o al menos, vamos a intentarlo.

Freddie estaba en la cama de Sam, pero no importaba. No iba a dormir aquella noche, habían ocurrido demasiadas cosas. Dormir abrazado a Sam sería una verdadera tortura, pero no hacerlo sería aún más doloroso.

-¿Te importa que duerma en tu cama esta noche?

Al verla vacilar, añadió:

-Vamos, métete en la cama.

Sam lo obedeció. Se tumbó a su lado, con los senos pegados a su pecho. Freddie la abrazó, haciendo un esfuerzo imposible por mantener el control de su cuerpo. Poco a poco, Sam se fue relajando. El suave sonido de su respiración le indicó que debía haberse dormido, pero tenía miedo de mirar por lo que pudiera pasar.

Quería acariciarla. Quería hacerle el amor. Pero no iba a permitirlo.

Esa noche no.

A la mañana siguiente, Sam se despertó oyendo los latidos del corazón de Freddie. Su aroma le acarició la nariz. El vello de sus piernas le hizo cosquillas en la pantorrilla. Se acurrucó contra él, vanagloriándose de su calor. Era maravilloso. Bostezó.

Ella y Freddie, una pareja de verdad.

Qué sueño tan maravilloso.

Abrió los ojos. La luz del sol bañaba la habitación. No, no era un sueño. Sam se quedó mirando a Freddie. La expresión relajada y sus ojos cerrados le indicaron que estaba dormido.
Con el pelo más revuelto que de costumbre, parecía un niño travieso. Pero no era un niño, Freddie Benson era un hombre, todo un hombre. La noche anterior le había mostrado una ternura que la conmovió, y una pasión que la dejó deseando más.

La noche anterior lo había cambiado todo y no había cambiado nada. Suspiró. Freddie no le pertenecía. Jamás sería suyo. Sin embargo, había sido todo tan natural, tan auténtico...

Pero no era de verdad.

Le tocó el pecho, jugueteó que su vello. Se sintió a salvo, segura. Se sintió como si le perteneciera.

Pero no era de verdad.

De repente, sintió un nudo en la garganta. Se estaba enamorando de Freddie Benson. Se estaba enamorando.

Era lo único que podía explicar su comportamiento. Pero enamorarse de él, querer hacer el amor con él no tenía sentido. No quería enamorarse. No quería enamorarse de Freddie, ni de ningún otro hombre. Incluso en el caso de que quisiera enamorarse, Freddie era la clase de hombre que no quería: inversor de capital, materialista, ambicioso, rígido. Un hombre como su ex novio.
Por lo tanto, ¿qué importancia tenía que Freddie fuese también inteligente, tierno, guapo y educado? Sabía que no debía dejarse llevar por los sentimientos, la experiencia se lo había demostrado. Qué idiota, se había expuesto a que le volvieran a destrozar el corazón.
Freddie abrió los ojos. Las ojeras que tenía le indicaron a Sam que estaba cansado, pero sonrió al verla.

-Buenos días.

Sintió un cosquilleo en el estómago.

-Buenos días.

-¿Has dormido bien?

-Mmmmm -Sam no pudo encontrar la voz.

La sonrisa de Freddie la excitaba. Quería tocarle, besarlo, hacer el amor con él. Pero no quería cometer otra equivocación. Al cabo de dos semanas habría desaparecido de su vida. Seguir con aquello era un error. Freddie era rígido, tenía un plan en su vida. No funcionaría.

Freddie se puso tenso.

-¿Te pasa algo, Sam?

-Naturalmente que no.

Sam se subió las sábanas hasta la barbilla. No era modesta, pero Freddie la hacía sentirse tímida. El fino tejido de la camiseta y las bragas apenas la protegían de aquella punzante mirada.

Era tan fácil soñar que era suyo. Sus padres parecían felices, ella se sentía feliz. Pero si continuaba la farsa mucho más, acabaría sufriendo. Sin embargo, jamás había sentido lo que sentía con Freddie, y con Kian menos.

-¿Sientes que hayamos dormido en la misma cama?

Freddie la hacía sentirse viva, hermosa y especial.

-No.

-Entonces, ¿qué es lo que te pasa?

-Anoche fue... maravilloso.

Sonriendo, él le besó la mano.

-Maravilloso. Ojalá hubiéramos podido continuar. Siento que tuviéramos que parar.

-Lo sé, pero...

Los ojos de Freddie se oscurecieron, parecían el mar en medio de una tormenta. -¿Pero qué?

No iba a ser fácil, y menos con el corazón dictándole todo lo contrario a lo que le dictaba la razón. Sabía lo que tenía que hacer, lo único que podía hacer.

-He empezado a pensar en... las complicaciones de nuestros actos.

"Me estoy enamorando de ti, no puedo permitir que ocurra".

-No tenemos nada en común, pero entre los dos hay una...

-Química -dijo él.

-Sí, pero tenías razón, teníamos que parar.

Freddie frunció el ceño.

-Me alegra que estés de acuerdo.

-Yo también -Sam deseó que, por una vez, Freddie no estuviera de acuerdo con ella.

Sam terminó de colocar los platos del desayuno en el lavavajillas. Se asomó a la ventana de la cocina. Una suave brisa rizaba la superficie del agua de la piscina. Su familia y Freddie estaban sentados afuera. Cinco personas tomando café una soleada mañana de domingo con un cielo azul. Cinco personas que compartían objetivos similares. Cinco personas a las que no quería parecerse.

Echó el detergente en el lavavajillas. En un fin de semana, Freddie había conseguido dos cosas: ganarse a sus padres y robarle el corazón a ella.

Quería olvidarse de sus besos, de su calor. Quería olvidar a Freddie Benson. Pero no iba a ser fácil, tenían una fiesta de compromiso en dos semanas.

«Maldita sea». Sam cerró de un golpe la puerta del lavavajillas.

Freddie dio unos golpecitos en la ventana.

-¿Has terminado, Sam?

Ella no quería salir afuera, se sentía más segura dentro de la casa. Cuanto más tiempo pasaba con Freddie, más tiempo quería pasar con él. Estaba perdida.

-Ahora saldré.

-Será mejor que te des prisa.

Freddie llevaba una camiseta blanca debajo de una camisa azul y unos pantalones cortos kaki. Parecía salido de un anuncio de Gap. Sam sintió la garganta seca.

-¿Qué es lo que pasa?

-Tu familia se está entusiasmando demasiado.

-Ya te dije que...

-Es peor que eso. No puedes imaginar a quién quiere invitar tu padre a la fiesta.

Freddie recitó una lista de nombres, incluyendo varios agentes de bolsa del Valle de la Silicona. La lista de invitados perfecta para un inversor de capital. Freddie estaría en el paraíso, ella en el infierno.

-Vaya, una lista.

Freddie se encogió de hombros.

¿Se encogía de hombros?

-¿Es que no te hace ilusión?

Freddie frunció el ceño.

-¿Y si pasa algo? He trabajado tanto y estoy tan cerca de... Esto podría acabar en desastre.

Ya era un desastre, pero Sam no estaba dispuesta a decírselo.

-No va a pasar nada. Me comportaré como la prometida perfecta y tú les impresionarás tanto que todos se preguntarán por qué no estás trabajando con ellos.

-Gracias, necesitaba oír algo así -Freddie lanzó un suspiro de alivio-. De todos modos, creo que deberías salir. Melanie y tu madre están decidiendo dónde poner la lista de regalos.

-¿La lista de regalos?

-Sí, de regalos de boda.

La sonrisa de Freddie le aceleró el pulso.

-Eso no tiene gracia.

-No es ninguna broma.

-Freddie, no estamos prometidos -dijo ella bajando la voz-. No podemos aceptar ningún regalo.

-Los devolveremos después de que me rompas el corazón.

"Muy gracioso, Benson ".

-¿Y por qué, si se puede saber, vas a ser tú el que acabe con el corazón destrozado?

Freddie bajó los ojos.

-Claro, no quieres ofender al todopoderoso Greg Puckett, ¿verdad? -Sam se lavó las manos.

-No es eso.

-Sí que lo es.

Lo que más le preocupaba a Freddie era su cartera, igual que a Kian. Él y Kian deberían haber sido gemelos. Sam se secó las manos con un trapo de cocina.

-Por favor, sal -Freddie se metió las manos en los bolsillos de los pantalones- Te necesito.

« Ojalá fuera verdad. Ojalá me necesitaras a mí».

-Ahora voy.

Con la cafetera en la mano, Sam salió afuera.

-¿Alguien quiere más café?

Greg le tomó la cafetera y la puso encima de la mesa de cristal.

-Siéntate, Sam.

Freddie dio una palmada en el cojín de la silla de hierro forjado contigua a la suya.

-Vamos, siéntate aquí, cielo.

Pam sonrió.

-Sam, estábamos hablando de vuestra fiesta de compromiso. Necesitas hacer la lista de regalos.

-No es necesario, mamá.

-Sí que lo es -dijo Pam-. Conozco la tienda perfecta, concertaré una cita para la semana que viene.

-La semana que viene trabajo.

-Lo sé, pero tienes empleados en la tienda. Haré una cita un día por la tarde e iré contigo. Ya verás lo bien que la pasamos. Después, iremos a comprar el vestido de novia.

Sam quería que sus padres dejaran de meterse en su vida. «Piensa positivamente, dentro de dos semanas se acabará todo». Dos semanas no era demasiado tiempo.

-Está bien.

-En cuanto a la fiesta, hemos decidido que ir vestido de etiqueta sería excesivo, teniendo en cuenta que se va a anunciar con poca antelación -dijo Melanie.

-Y, naturalmente, que unos vayan de esmoquin y otros no se vería muy mal -añadió Kian.

-Como de costumbre, tienes razón, Kian -Melanie le dio una palmada en la mano a su esposo.

Sam se preguntó cómo era posible que hubiera estado enamorada de Kian. Casarse con él habría sido un verdadero desastre.

-Dejémoslo en algo medio formal -declaró Melanie -. La semana que viene iremos de compras, conozco las mejores boutiques de la ciudad. Saldremos de compras todos los días y acabaremos encontrando algo espectacular.

Sam se lo agradeció, pero no quería pasar demasiado tiempo con su hermana.

-Eres muy amable, Melanie -dijo Freddie-. Pero llevo mucho tiempo queriendo comprarle algo especial a Sam y esta ocasión es la oportunidad perfecta para hacerlo.

Increíble. No podía ser verdad. Lo era.

Sam se quedó mirando a Freddie, se los quedó mirando a todos. Se había inventado un novio con la intención de evitar que sus padres se entrometieran en su vida, pero no estaba funcionando. Ahora, no sólo eran sus padres los que interferían, sino Melanie y Kian también.
Y Freddie. ¿Acaso no se daba cuenta de que no la estaba ayudando en nada? Ya estaba harta.

-Tengo una idea que solucionará el problema de la ropa -dijo Sam-. Que cada uno vaya vestido como quiera.

Ahí lo tienen chicos! ¿Cuánto tiempo más creen que aguanten Sam y Freddie? XD se pone mejor!

Recuerden dejar un review! Es importante! MUCHISIMAS GRACIAS POR SU TIEMPO Y SU RETROALIMENTACION! SON LOS MEJORES!