Hola chicos, que tal el regreso a clases? Iba a subir esto antes pero se me olvidó… creo que bajaré d la historia, porque viendo la escena fuerte si está fuerte pero no es tan explícita como otras en otras historias, pero aún lo estoy pensando. Tengo de aquí al próximo capítulo…

Como sea… veamos que pasa

CAPITULO 8

Mientras subían por las escaleras automáticas al tercer piso, Sam contempló la imagen de Freddie en el espejo que había a su izquierda. Tenía aspecto de inversor capitalista de éxito con ese traje de chaqueta gris marengo. ¿A quién estaba tratando de engañar? Estaba guapísimo, punto.

¿Que no era su tipo?

Tonterías.

Ni siquiera el deseo de Freddie de ser rico disminuía la atracción que sentía por él; sobre todo, después de haberle explicado lo que era criarse en el seno de una familia pobre.

No debería haber ido.

Freddie Benson la obsesionaba, despierta y dormida.

Al poner los pies en el tercer piso, Freddie le agarró la mano y se la besó.

-El prometido perfecto, ¿verdad?

-Lo intento.

Lo intentaba demasiado. Su mano encajaba perfectamente con la de él, demasiada perfección para su propio bien.

-Puedes soltarme la mano, mi madre no está a la vista.

Freddie no se la soltó.

-Que no la veas no significa que no esté.

-¿Qué hora es?

-Las siete en punto.

-Mi madre debería haber llegado, siempre es puntual.

El establecimiento era elegante y refinado, frecuentado por gente rica y de la alta sociedad.

-Quizá deberíamos registrarnos.

Una mujer alta y delgada como una modelo se les acercó. Parecía salida de las páginas de Vogue.

-Me llamo Mercedes. ¿Puedo ayudarles en algo?

-Hola. Soy Samantha Puckett -Sam forzó una sonrisa-. Este es Freddie Benson, mi...

-Su prometido -Freddie estrechó la mano de Mercedes-. Tenemos una cita.

-Oh, la señorita Puckett y el señor Benson. -Mercedes sonrió, sus dientes blancos contrastaban con su piel morena-. Les estaba esperando. Por favor, siéntense.

-Mi madre se va a reunir aquí con nosotros.

-Oh, lo siento mucho, pero su madre ha llamado para decir que no podía venir. De todos modos, no se preocupen, tenemos los artículos perfectos para ustedes.

-Gracias, pero creo que deberíamos arreglar otra cita y cancelar ésta –Sam intentó parecer desilusionada.

-¿Por qué no empezamos ahora? Puede hablar con su madre antes de que acabemos, llevará algo más de una cita -Mercedes se sentó delante de su escritorio-. Podría enviarle un fax a su madre con los artículos que haya seleccionado.

«Y enviarle un informe completo». Sam suspiró.

Mercedes sacó una hoja de papel en blanco y un bolígrafo Mont Blanc.

-Empecemos ya.

Tras diez minutos durante los cuales Mercedes les orientó, Sam, con una tablilla con varias hojas en blanco, paseó la mirada por la exhibición de cristal, porcelana y artículos del hogar. No podía creer lo que estaba haciendo. No estaban prometidos.

Mercedes les indicó que la siguieran.

-¿Por qué no empezamos con la porcelana?

Sam se retiró un mechón de pelo que le caía por la frente.

-¿Te parece bien, cariño?

-Lo que tú digas, cielo.

Mientras seguían a Mercedes, Freddie susurró al oído de Sam:

-¿Por qué tantas terneces?

-Creo que Mercedes le va a enviar un informe completo a mi madre -contestó Sam también en un susurro-. ¿Crees que podrás soportarlo?

-Lo intentaré.

Cuando Freddie le besó el cuello, Sam temió que el pulso fuera a salírsele del cuerpo.

Paseándose por la sección de porcelana, Freddie señaló un plato de marfil con un adorno en negro y azul marino, y borde dorado.

-¿Qué te parece, encanto?

-Es precioso.

-Igual que tú.

El halago le había salido con mucha facilidad, Sam casi había creído la sinceridad de sus palabras. Pero no, no lo había dicho en serio.

-No te parece excesivo, vamos a cansarnos ya mismo, tigre.

-Tienes toda la razón del mundo, gatita.

Sam levantó un plato con flores de color melocotón y azul en los bordes y en el centro.

-¿Qué te parece?

-Bonito -Freddie le besó la mejilla y Sam casi tiró al suelo el plato-. Pero esos colores no le van bien a nuestra decoración. Creo que deberíamos orientarnos hacia algo más neutral.

Sam dejó el plato.

-Tienes razón, cariñín.

Mercedes les dedicó una sonrisa radiante.

-Hacen una pareja adorable. A muchas parejas sólo les interesa elegir lo más caro, es evidente que ustedes están más interesados en construir un hogar duradero.

Sam agarró la mano de Freddie y le miró a los ojos. Se preguntó si lo estaba haciendo por Mercedes o por sí misma. En realidad, no le importaba si Mercedes era una espía de su madre.

-Tengo suerte.

Freddie le acarició la mano con el pulgar.

-Los dos somos afortunados.

Ahí, entre las exquisitas vajillas de porcelana y la cristalería, Sam casi llegó a creer que eran una pareja feliz. Y le gustó la sensación.

-Freddie tiene razón respecto al diseño de la vajilla y al color -dijo Mercedes-. Necesitan colores y diseños de los que no se cansen. No olvide que la vajilla es para siempre.

Freddie soltó la mano de Sam y examinó el diseño de otra vajilla. Sam deseó que siguiera tomándole la mano.

Freddie le mostró un plato con fresas y hojas de parra alrededor del borde.

-¿Qué te parece éste?

-Perfecto -y, para desgracia de Sam, lo era. Si fueran a casarse de verdad, habría elegido aquel diseño. Pero no iban a casarse-. Ocho servicios, ¿no?

-Doce -Freddie le estrechó el brazo con ternura-. Tengo una familia numerosa. Tendremos que utilizar esta vajilla por Navidad y en el Día de Acción de Gracias. Casi puedo saborear el pavo y la salsa de frambuesa.

Y ella, pero... ¿El Día de Acción de Gracias y el de Navidad? No sabía cocinar, no sabía preparar pavo ni salsa de frambuesas. La situación cada vez era más ridícula.

-Pero...

-Doce.

-Está bien, doce servicios -no tenía sentido discutir por eso.

Les hicieran los regalos que les hiciesen, iban a devolverlos.

-¿Está vajilla va a ser la vajilla para ocasiones formales? -preguntó Mercedes.

-Sí -respondió Freddie acariciando el plato.

-No necesitamos platos informales -Añadió Sam, tratando de no pensar en las fiestas familiares.

Freddie sonrió.

-Quiero que utilicemos nuestra vajilla a diario. No tiene sentido reservarla para las ocasiones. Así, no se nos olvidará nunca esta tarde ni cómo la elegimos juntos.

Te amo. Sam admitió por fin que se había enamorado de Freddie. Se había enamorado locamente.

La sonrisa de Mercedes se amplió.

-Señor Benson, ojalá pudiera sacar un clon de usted.

"Y ojalá fuera realmente mío", pensó Sam sintiendo una enorme opresión en el pecho.

-Ahora, vamos a buscar la cristalería y la cubertería para acompañar a la vajilla.

-¿Qué tal ésta? -Freddie levantó una copa lisa y alta-. Me gusta ésta.

-Es Orrefors -dijo Mercedes-. ¿No quiere mirar las de Waterford, que tienen dibujos?

Freddie hizo ademán de brindar.

-Si brindamos, ¿me vas a dar un beso?

«Te daría todo lo que me pidieras». Sam tragó saliva.

-¿Te lo mereces?

-Sí.

Sam sólo había tenido intención de rozarle los labios, pero en el momento en que él la tocó, no pudo evitar besarle de verdad. El resto del mundo se desvaneció. Sólo existía él. Sólo sentía su sabor, su textura. No quería que aquel momento llegara a su fin.

Pero no era real.

Cuando se apartó de él, Freddie sonrió.

-Si siempre me besases así, compraría estas copas esta misma tarde. No me costaría nada acostumbrarme.

Ni a ella. Pero no podía permitírselo. No debía olvidar el dolor de la traición.

-¿Quieren ver la cubertería? -preguntó Mercedes.

-Sí -Freddie volvió a tomarle la mano a Sam.

Lo que ella necesitaba era alejarse de Freddie, estar a solas, recuperar la normalidad.

-Mira esto, cielo.

-Es perfecta -contestó Sam, aunque lo único que quería en esos momentos era marcharse de allí.

Mercedes les señaló otra cubertería que contrastaba con el terciopelo negro en la que descansaba.

-¿Qué les parece ésta?

Dos círculos eran la única decoración del tenedor. Muy sencillo, pero muy bonito.

A Sam le gustó. Además, una vez que acabara de elegir, podría marcharse a su casa.

-Sí, me gusta.

Mercedes colocó los cubiertos al lado de los platos y las copas que habían elegido.

-Una elección maravillosa. Todo casa perfectamente.

Freddie le puso el brazo a Sam sobre los hombros.

-¿Te gusta, cariño?

"Me gustas tú". A Sam se le hizo un nudo en el estómago.

-Sí.
Mercedes sonrió.

-He visto cientos de parejas y tengo que admitir que ustedes dos forman una pareja perfecta. Estoy segura de que van a formar un matrimonio feliz.

Sam no podía hablar, no podía respirar.

Freddie la estrechó contra sí.

-Gracias, Mercedes.

-Si me da la lista, les daré una copia -dijo Mercedes. Sam se la dio-. ¿Prefieren consultar antes con su madre o puedo meter ya la elección en el ordenador?

Sam no podía pasar una vez más por el suplicio de elegir una vajilla, la cristalería y la cubertería con Freddie que jamás compartirían.

-Puede meterlo en el ordenador.

-Le enviaré una copia a su madre por fax -dijo Mercedes-. Decidan qué día les conviene volver para elegir otros artículos. Ahora mismo vuelvo.

Cuando Mercedes se alejó, Freddie sonrió.

-No ha sido tan difícil, ¿verdad?

-No.

Había sido demasiado fácil, demasiado fácil olvidar que estaban fingiendo. Sam se sentía como una novia, como si fuera a casarse con Freddie. Quería casarse con Freddie.

Lo amaba. Lo amaba de verdad.

Freddie le rozó los labios.

-Sonríe, por favor. Tienes cara de haber perdido a tu mejor amigo.

Ella forzó una sonrisa, aunque no le resultó fácil.

-¿Te pasa algo?

¿Que si le pasaba algo? Le pasaba de todo. Había cometido la locura de enamorarse de Freddie, a pesar de saber que no debía. Eran muy distintos. El se parecía demasiado a Kian. Freddie definía su éxito por el dinero que ganaba, por el poder y el prestigio que podía lograr. Vivían en mundos diferentes. Aparte de la atracción física, no tenían nada en común. Él no era el hombre apropiado para ella.

¿Qué estaba pensando? No había un hombre apropiado para ella. Tenía que dejar de sentirse así, tenía que dejar de amarlo. No quería sufrir, no quería estar enamorada.

Mantenerse alejada de él era su única salida. Y tenía que alejarse ya, en ese momento, para siempre.

-Quiero cancelar la fiesta.

Los ojos de Freddie se agrandaron.

-¿Qué quieres qué?

Mirándole a los ojos, Sam resistió la tentación de derretirse. Las espesas pestañas de Freddie y sus ojos azules deberían estar en las listas de armas peligrosas del FBI. No podía mirarle a los ojos y decir no. Nunca. Sam miró al suelo.

-Lo siento, Freddie, pero no puedo continuar con esta farsa.

Él le agarró la mano y la llevó al segundo piso, el del departamento de ropa de señoras.

-¿Quieres que te compre un vestido? Te hará sentirte mejor.

Típico de un hombre.

-Como si un vestido nuevo solucionara el problema, Freddie.

Ella tiró de la mano, zafándose de él.

-Yo no soy la mayoría de las mujeres, Freddie.

-No, no lo eres. Pero quiero comprarte un vestido para la fiesta.

¿Acaso no había oído lo que acababa de decirle? No quería estar enamorada de un hombre tan cabezota. No quería amar a ningún hombre.

-Gástate tu precioso dinero en lo que quieras, pero eso no me va a hacer cambiar de idea. No quiero una fiesta de compromiso.

Freddie lanzó un suspiro de exasperación.

-Lo dices como si estuviera comprándote

-No, estás intentando cambiarme

No había querido decir eso, no estaba pensando con lógica.

-¿Qué quieres decir?

Sam se acercó a unas perchas y sacó un aburrido vestido negro.

-Deja que lo adivine. Quieres que me ponga algo así y que lo complemente con un collar de perlas y me peine con un moño italiano, ¿no?

-¿Tan terrible te parece?

«¡Sí!», quiso gritar ella. Así era como solía vestirse en el pasado. Pero había escapado de todo aquello, había escapado de todo lo que Freddie quería conseguir. El mundo de las inversiones, el mundo de Freddie, la dejaba fría. No iba a volver a ese mundo, ni por su familia ni por Freddie.

-¿Es que no lo entiendes? Sería falso, como nuestro noviazgo. La fiesta de compromiso es otra mentira y estoy harta de vivir mentiras. Hemos ido demasiado lejos con esto.

-Te comprendo.

No, no podía comprenderlo. No podía saber cómo se sentía.

-Tenemos que hablar -Freddie indicó con un gesto a unos dependientes que los estaban mirando- En privado.

Estaban sentados en un banco en la plaza de la Unión. Sam se quedó mirando un tranvía que se dirigía a la calle Powell. El conductor hizo sonar la campanilla y los pasajeros saludaron con la mano. Debían ser turistas.

-Dime por qué quieres cancelar la fiesta de compromiso.

Sam tembló y Freddie le pasó un brazo por los hombros.

-No quiero hablar de eso.

-Es una pena, porque tenemos que hacerlo.

-¿Siempre presionas tanto?

-Sólo cuando no queda más remedio.

-Creo que sería lo mejor -declaró ella, una respuesta lo suficientemente vaga.

-Vas a tener que explicarte con más detalle.

Sam respiró profundamente.

-Elegir los regalos de boda me ha hecho ver que hemos llevado esto demasiado lejos. Quiero parar ya.

-Lo haremos después de la fiesta.

-Ahora. Antes de que yo...

-¿Antes de que qué?

Sam vaciló un momento.

-Antes de que la situación empeore aún más.

-Pero la fiesta...

-Significa mucho para ti, ya lo sé, Freddie –dijo ella con sinceridad-. Y me gustaría poder ayudarte.

-Puedes hacerlo -Freddie deseó saber qué pasaba dentro de esa preciosa cabeza al sentir su inseguridad-. Sigue siendo mi novia.

-No es tan simple -contestó Sam-. La fiesta sería para mí una verdadera pesadilla, y sé que Melanie se trae algo entre manos.

-¿Quieres cancelar la fiesta por tu hermana?

-En parte -Sam dio un pisotón impaciente en el suelo . -¿Te acuerdas lo que te conté de cuando mis padres pusieron las estrellas en el techo de mi habitación?

Freddie asintió.

-Sí, tu madre tenía miedo a que agarraras una pulmonía afuera.

-Esa no fue la única razón -dijo Sam-. Lo hicieron porque tenían miedo a que nos raptaran a alguna.

-¿Qué os raptaran?

-Ser rico no es tan divertido como pueda parecer. Una noche que fui a la playa a mirar a las estrellas, intentaron raptarme allí.

La idea de que algo pudiera ocurrirle a Sam le encogió el corazón. Freddie la estrechó contra sí, no quería soltarla nunca. Nunca.

Después de unos segundos, Sam se apartó.

-¿Te importaría que fuéramos al coche? Me estoy quedando fría.

Freddie quería seguir abrazándola, pero Sam ya se había puesto en pie.

-Está bien, vamos.

-No consiguieron raptarme porque mi padre había contratado a un guardaespaldas para que me siguiera. Melanie y yo teníamos guardaespaldas, aunque no lo sabíamos.

Sam se humedeció los labios con la lengua y prosiguió:

-Después de aquella noche, las cosas empeoraron. Yo era la rebelde, la que no seguía las reglas. Mis padres tenían cuidado de no enfadarse conmigo, pero sé que les tenía preocupados. Por eso, me entró sentimiento de culpa e intenté comportarme como ellos querían que me comportase.

-¿Y?

-Y decidí hacerles felices. Hacía todo lo que querían que hiciera. Por supuesto, eso enfadó mucho a Melanie, porque ya no era la única hija perfecta. Me acusó de preparar el rapto para llamar la atención.

-¿Rivalidad de hermana?

-Hasta el extremo. Creí que se le pasaría cuando nos hiciéramos más mayores, pero... Hace unos años, me di cuenta de que no era feliz siendo la persona en la que me había convertido, por eso decidí cambiar mi vida. De nuevo, me convertí en la oveja negra de la familia. Creí que eso solucionaría mis problemas con Melanie, y así ocurrió... hasta que apareció Kian.

Al ir a cruzar la calle, Freddie le tomó la mano. No sabía qué otra cosa podía hacer.

-Tres semanas antes de que nos fuéramos a casar, lo encontré.

¿Que lo encontró? ¿Acaso Kian se le había perdido?

-¿Lo encontraste?

-Sí, en la cama, en mi propia cama, con mi hermana.

En su propia cama con su hermana. ¿Cómo podía haberle hecho eso Melanie a su hermana? Y el comportamiento de Kian no tenía excusa posible.
Ya no le extrañaba que Sam no quisiera la compañía de los hombres.
A Freddie le entraron ganas de dar un puñetazo a Kian.

-Sam...

-No tenía ni idea de lo que estaba pasando entre los dos, por eso me sentí tan estúpida, tan engañada.

Freddie le besó la frente.

-No tienes que contarme esto si no quieres.

-Quiero hacerlo, quiero que comprendas -le apretó la mano y, con ese simple gesto, le tocó el corazón-. Aquella mañana, en la librería, me acordé que me había dejado olvidados unos recibos en casa. Así que cuando Moe llegó, fui a casa para recogerlos. Al entrar, oí risas en el dormitorio. Me acerqué y fue cuando los vi, aunque ellos no me vieron a mí. Y cuando oí que Kian le decía a mi hermana que me iba a dejar para casarse con ella, salí corriendo del apartamento antes de que me vieran.

-¿Y no te enfrentaste a ellos?

-No -el labio inferior de Sam tembló-. Rompí con Kian aquella misma tarde. Dejé el piso y regalé la cama a un refugio de mujeres.

-Yo creía que él había roto...

-Eso es lo que cree todo el mundo, incluida Melanie. Esperaron tres meses a anunciar el compromiso, supongo que no quería restregármelo por las narices.

Freddie la abrazó. La familia de Sam creía que Kian la había dejado.

-Tres meses no es mucho tiempo.

-Lo fue para ellos -dijo Sam sin amargura-. Ya se me ha pasado lo de Kian, jamás habría sido feliz con él. A Kian le importaba más trabajar con mi padre que yo. Jamás lo amé de la forma que...

Sam se mordió los labios.

-¿Estás bien?

Ella asintió.

-Quien más daño me hizo fue Melanie. Siempre hemos competido y siempre hemos sido muy diferentes, pero me sentí tan traicionada...

Cinco minutos a solas con Kian Egan, eso era todo lo que Freddie quería.

-Ojalá pudiera...

-No quiero que hagas nada -le interrumpió Sam-. Sólo quería que lo supieras, nada más. No quiero volver a sufrir así, no podría soportarlo. Igual que no creo que pueda soportar una fiesta de compromiso.

Freddie le alzó la barbilla.

-Yo jamás te haría daño intencionadamente, Sam

Ella sonrió levemente.

-Necesitaba oírte decir eso.

Freddie le acarició los labios con los suyos.

-Entonces lo diré otra vez.

-En cuanto a la fiesta...

-Ya hablaremos de eso mañana -dijo Freddie al entrar en el aparcamiento-. Ahora, deja que te lleve a tu casa.

¿Qué les parece? Me gusta porque aquí se acercan más el uno al otro y el próximo capítulo DIOS! Creo que faltan dos o tres para el final… así que por favor dejen sus REVIEWS porque el capitulo pasado casi no hubo u.u

Así que si quieren apresurar las cosas, dejen sus reviews. Esta vez esperaré un poco más dependiendo de cuantos reviews lleguen. En serio son importantes

Se les quiere!

POR FAVOR VAYAN A LEER MI NUEVA HISTORIA LIKE FOR THE FIRST TIME THERE´S SOMETHING RIGHT WHERE WE BELONG

Estoy por subir la segunda parte de tres. :3