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Capítulo 12
"Aciago destino"
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-Eso sería todo. Cualquier cosa, solo sería trato entre ustedes.- dijo el hombre vestido de traje, detrás de un escritorio de caoba, con un porte demasiado serio mirando a ambas mujeres, muy parecidas, con cara de escepticismo. Entrego papeles a Shizuru y después a la castaña mayor. Las miradas que se dedicaban eran de extrañarse.
Shizuru se paró de su asiento, dejando lucir una vez más su vestido blanco, elegante pero cómodo. Los tacones de sus zapatillas bajas empezaron a sonar por el piso rompiendo ese silencio agobiante que dominaba el ambiente. Salió de la gran habitación, para encontrarse con un hombre de mayor edad, erguido completamente, con un traje color azul marino y una corbata del mismo color, su camisa blanca relucía en el lugar sombrío. Éste sonrió al verla salir. A un lado de él, estaba el ya conocido Reito, con un traje color negro, sin corbata y la camisa un poco desaliñada. Extendió los brazos para abrazar a su preocupada amiga, quien no dudó ni un solo instante para abalanzarse sobre él.
-¿Qué paso?- preguntó el chico sosegándola con leves caricias en su cabello.
-Me dejaron la casa- mostro una sonrisa, pero cerró los ojos al hacerlo- Pero me quede con la de Kioto.
-Oh- dijo Reito y al momento supo lo que eso significaba.
De la puerta donde Shizuru hizo su aparición, salió Naoko, con un vestido rojo que le fruncía la figura y unas zapatillas del mismo color pero altas. Sus tacones resonaron por todo el lugar, el eco que producían era molesto. Se dirigió a donde se encontraban los tres, con una sonrisa algo torcida.
-Tienes hasta el fin de curso para salir de la casa e instalarte en la otra. Suerte Shizuru nos vemos el viernes.- giro sobre sus talones, se encamino a la salida con paso imponente y desapareció entre la multitud. Su sonrisa al salir era de malicia pura.
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-¡Kuga!- se escuchó un grito entre la casa.
- Cálmate Nao- pidió la pelinegra de anteojos.
- ¡No! –soltó algo molesta.
-Ya, ya. Intentemos de nuevo - pidió la peliazul.
Así empezó la música, la batería, luego el bajo, a continuación una de las guitarras y después la ronca voz de Natsuki cantando. La chica de ojos lilas miraba conmocionada la escena, donde la mayoría de sus amigas estaba conviviendo. Era domingo por la tarde, todos estaban en casa de Chie, disfrutando de la buena compañía y la buena música. Aoi se encontraba con ellas, después de declarar que tenía una relación con la dueña de la casa, todo se había tranquilizado entre ellas. Y lo del momento era la relación que Natsuki llevaba con Shizuru. La tranquilidad del lugar se vio cortada por un horrible chirrido proveniente de la guitarra de la peliazul. Todas se taparon los oídos con las manos y cerraron fuertemente los ojos para sacar la frustración.
- ¡Natsuki!- gritó su amiga, espectadora del espectáculo.
-¡Oi! ¡No tengo la culpa!- se defendió.
-Claro que sí, mira, no está bien conectado – se quejó la pelirroja, mirándola con odio por el dolor que sus orejas habían sufrido.
La peliazul sólo se puso cabizbaja, a lo que empezaron a hacerle abucheos y molestarla con que todo eso era a causa de su repentino amor por Shizuru, que a esas alturas ya no podía disimular. Luego vinieron las carcajadas. Todo estaba en orden. Mañana empezarían la última semana de clases. Preocupante para algunas, normal para otras. Mai, Mikoto y Natsuki se despidieron del grupo, excusándose con que tenían pendientes en casa. Nao se vio obligada a irse ante su incómoda situación con la pareja.
-Dime, Natsuki, ¿Adónde irá Shizuru?- preguntó la pelinaranja mirando al cielo.
- No lo sé, no hemos hablado de eso- ahora que lo pensaba, tenía que preguntárselo- Quiero llegar a dormir.
Un bostezo.
Unas pequeñas risas.
Una noche larga.
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Martes por la noche, después de una linda salida con la mujer que tanto quería, no se atrevió a decirle, y de regreso a casa se arrepentía de sobremanera. Pensaba, mas no se le ocurría nada, sabía que se portó indiferente, quizá un poco distraída. Pero tenía razones de estarlo, mas no se excusó, se quedó ahí con ella, hasta que la tarde hubo acabado. Un frio viento anunciaba un mal augurio. Shizuru tomo con más fuerza la mano que la acompañaba de regreso a casa, pequeñas gotas empezaron a caer, primero mojando su fina nariz, para terminar empapándola toda. Corrieron, entre risas y empujones, tropezó en un charco, ensuciándose por completo. La otra le ayudo a incorporarse.
-Apresuremos el paso Shizuru, nos resfriaremos- le tendió la mano, aun débil por la risa que la invadía. La castaña solo la recibió y siguieron su camino bajo la lluvia. Silencio y nada más.
Llegaron a la gran casa, que alguna vez fue de la familia Fujino, Shizuru quedo en la puerta, dejando que la lluvia siguiera mojándola. Esperando esa demostración de afecto que le quitara el frio de tajo. Interacción con la mirada, reconocimiento y después algo de aflicción. Pronto; tal vez nunca lo haría.
-Ookini, Natsuki-deposito un tierno beso en su mejilla. El agua que recorría su cuerpo había hecho que la ropa quedara más justa. La morena se sonrojo al notarlo y se avergonzó de ello. Shizuru solo rio por lo indiscreta que era la mujer que tenía enfrente –Ara, Natsuki parece querer comerme.
-¡Oi!- su sonrojo se hizo más pronunciado –Eso es mentira, mañosa- mostro su lengua, en una mueca infantil de indignación.
-Este día fue lindo- no quería dejarla ir, en serio no quería.
-Si- ahora ella le dio un beso, pero en los labios. Shizuru solo sonrió, no pudo impedir que las lágrimas salieran, pero se confundían con las gotas de lluvia que caían en su rostro –Hasta mañana Shizuru. Cuídate.
-Te quiero mucho.
La abrazo, no se percató que alunas de las gotas tenían una mayor temperatura. No se dio cuenta que Shizuru lloraba con una sonrisa, despidiéndose de ella. Rompió el abrazo y la vio partir. Bajo la lluvia se quedó un rato más, hasta que recupero la razón porque su cuerpo empezaba a temblar por el frio. Estornudo, entró a casa, volvió a estornudar. Se quitó la ropa y se dio un baño rápido, se puso el pijama para cayó rendida en su cama, en un sueño profundo.
Un dolor persistente en su garganta, la temperatura alta, el dolor de cabeza y el cansancio que sentía su cuerpo, le impidieron levantarse al siguiente día. Estaba enferma, horriblemente enferma. Tocaron la puerta. Eran las tres de la tarde y no había desayunado nada. Bajo, no sin antes ponerse una manta alrededor de sí, estaba temblando y sus pasos eran vacilantes. Al abrir la puerta vio unos ojos color miel.
-Sabía que algo te había pasado- dijo el chico mientras la llevaba de regreso dentro de casa.
-Kanzaki-san, no pasa nada es solo un…-cayó al suelo.
-No es sólo un resfriado- suspiro y la cargó. Se adentró en la enorme casa, depositando a Shizuru en su cama. El trabajo que le había costado subirla por las escaleras fue enorme. Era más pesada de lo que aparentaba. Le tapo con las mantas, acomodándola de una manera cómoda- ¿Ya comiste algo?- la chica solo negó con la cabeza. El chico bajo y después de unos minutos regreso con un té y unas galletas. La castaña solo sonrió. O al menos eso intento.
-Gracias- dijo con una voz trémula.
-Mañana que la vea le diré. Hoy me encargaré yo de ti- Le sonrió y toco su frente – ¡Estas ardiendo!
-No llames al doctor- dijo al verlo en la puerta de su habitación.
-Si así lo deseas- dudó, pero desistió ante la lastimera mirada de su amiga – ¿Ya le dijiste a Natsuki lo de la casa?
Shizuru solo negó con la cabeza. Reito la miro, sabía que no lo haría, sin embargo él no se metería en ese tipo de cuestiones. No le correspondía. La abrazo por un momento. Y cuando la soltó la encontró llorando, no era de extrañar. Se lo esperaba.
-Ella lo comprenderá, sólo házselo saber- dijo acariciándola suavemente.
La ojirubi se quedó dormida entre sollozos y apapachos. Reito le dejo un desayudo para el siguiente día, muy cerca, quizá mañana ya se sentiría mejor. Fue a la cocina, y sabiendo que las habilidades de Natsuki no eran exactamente las de cocinar, se vio obligado a preparar algo, para que a la peliazul se le facilitara el cuidado. Después de eso se fue.
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Jueves por la tarde. Natsuki iba corriendo, por ese camino que tan conocido se le hacía. En el momento en que Reito llegó con ella a decirle que Shizuru estaba enferma, no pudo hacer otra cosa más que apurarse en hacer sus deberes e ir a verla. Quería cuidar de ella. La necesitaba para el día de mañana. Sí que le haría falta.
Llegó a la peculiar casa, enorme, elegante y hermosa. Toco la puerta y espero con un ansia pertinaz a que le abrieran, pasaban los segundos, unos segundos que se le hacían eternos. Hasta que por fin le abrieron, vio a Shizuru muy enferma, completamente pálida, sudando, estornudando, su vista estaba perdida, pero aún así la alcanzo a reconocer. Le sonrió y estaba por abrazarla pero casi se cae al suelo, de no ser porque Natsuki la deposito entre sus brazos y pudo sentir su temperatura, era demasiado alta. La llevó adentro y la encaminó a su cuarto. La acostó en su cama y era hora de atenderla.
-Shizuru, te daré de comer- espero una broma como las que ella solo sabía hacer, mas no llego ninguna- Espérame aquí.
Bajó de nuevo, fue a la cocina y buscó lo que Reito le había dejado. Estaba en el refrigerador, sólo tendría que ponerlo 2 minutos en el horno. Y así lo hizo. Subió de nuevo, con el plato en mano. Se lo aproximó a Shizuru quien empezó a comer. Después quedó dormida. Y cuando despertó ya era de noche. Natsuki no estaba, se había ido. Su aroma seguía en el lugar, la tranquilizaba y le hacía sentir bien. Así que volvió a dormir.
Al día siguiente despertó, era viernes. Tendría que recuperarse a fuerzas. Porque ya se iba. Empezaría acomodar sus cosas, así que perezosa se levantó y se sorprendió al saber que ya se sentía mejor. Se metió a bañar y se cambió. Mientras desayunaba tocaron la puerta, fue a atender al llamado persistente. Le empezó a doler la cabeza, había recaído a causa de su confianza. Al abrir la puerta era Natsuki otra vez, un nudo en la garganta se le formo. Hoy también era su gran tocada.
-Vaya, estas mejor- le toco la frente –Bueno, no mucho.
La abrazó, animada por lo que el día significaba. La besó intensamente en los labios, y después la acompañó un rato en su desayuno.
-Shizuru, ¿crees recuperarte?- pregunto con mucha curiosidad.
-Tengo que-dio el último trago a su té. Ahora era ella la que no hablaba. La miro con mucho amor mezclado con nostalgia. Quizá deba decírselo, pero ¿y si eso impide que toque bien? Mejor no lo haría.
-Toma- buscó algo en su bolsillo del uniforme, le extendió el papel, era un boleto –Por si vas- su mirada pedía a gritos que la castaña fuera.
-Ookini Natsuki- sonrió delicadamente.
-Tengo que irme, hay muchas cosas que hacer- Le dio un tierno beso en los labios y así se fue, con una cara tan risueña que la castaña solo sintió una puñalada en el pecho.
Shizuru, por su parte, empezó a empacar las cosas. No quería llorar, no lo haría, ya no. Tampoco le convenía encontrarse a Naoko, estaba segura que se burlaría de ella si la encontraba en ese estado, enferma y sentimental. Acomodo lo más rápido que pudo, para después dirigirse al aeropuerto con su pequeña maleta. Tal vez regresaría a despedirse. Fue a la mesa y encontró el boleto que era su entrada al bar, lo guardo en un libro que su padre le había regalado y ahí mismo guardo una foto que le había robado a Natsuki de su casa, ella lo sabía, mas nunca la reclamo. Decidida, salió de casa. Con los más lindos recuerdos que alguien puede albergar en su mente.
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-¿Segura que no quieres ir?- preguntaron unos ojos color miel muy deprimidos.
-Sí, Naoko llegara en cualquier momento y quiero evitar verla- dijo ya decidida, como nunca antes la había visto.
-Está bien, pensaba decirle a mi abuelo que viniera por ti, así podrías ir. Yo tengo que ir a ver a Mikoto- intento una vez más.
-No, gracias, Kanzaki-san- sonrió ampliamente. Realmente estaba decidida, a irse sin más.
-¿No te despedirás de Natsuki?- La castaña vaciló, mas no pronunció nada, sólo negó con la cabeza. El chico descubrió la tristeza en sus ojos, lo inútil que era en ese momento lo deprimió de alguna manera. La abrazó y no pudo hacer más que desearle suerte, en lo que el destino le deparara. La vio irse, perderse entre la multitud en el aeropuerto. Sabía que no regresaría, su orgullo se lo impediría.
Apresuro el paso, para llegar a tiempo. La tocada en la que su hermana participaría lo alejaba un poco del pensamiento, frio y calculador, que tenía en cuanto a lo que Shizuru hacía. Sonrió, al llegar al bar. Mostro el boleto y el calor lo invadió de golpe y lo sintió bochornoso, vio a Mai entre la multitud y se acercó. Saludo con una de sus típicas sonrisas.
-Hola Mai-san- le beso la mano, la chica solo se sonrojo, la obscuridad del lugar le permitió disimular – ¿Aún no tocan ellas?
-Hola Reito-san. No aún no tocas, pero están por empezar.- buscó a alguien más a su lado, Reito entendió lo que pretendía descubrir y solo negó con la cabeza. Una mueca de preocupación abordo el rostro de la chica.
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-¡Ahora, presentamos a un grupo de 4 hermosas mujeres!- se escuchó la voz de un hombre afuera de la estancia donde ellas estaban, la emoción invadió sus cuerpos. Se sintieron eufóricas.
-¡Natsuki es nuestro turno!- dijo emocionada la más pequeña del grupo.
Natsuki portaba un pantalón de mezclilla, con sus vans blancos y una blusa blanca de manga larga con pequeñas líneas azules que a cada paso aumentaban de grosor. Nao vestida con unos pantalones cortos, unos converse rojos y su blusa holgada que dejaba al descubierto uno de sus hombros. Chie, con una falda negra, con unos converse negros de bota, y su blusa algo escotada del mismo color que las demás prendas. Mikoto con una bermuda de color blanca con líneas naranja, una playera que Mai le había regalado de un gato color gris y su par de tenis cómodos.
Todas salieron, tomaron sus puestos, nerviosas. Mucho. Natsuki recorrió el lugar lentamente. El escandalo era emocionante. Encontró la cabellera naranja de su amiga, y tuvo la esperanza de encontrar a Shizuru, vio a Reito, a Aoi, después a Yuichi, quien estaba abrazando a su amiga. Vio a la chica rubia que siempre estaba con la castaña, mas solamente estaba su amiga de lentes. Después nada. Una tristeza la invadió, la esperanza seguía ahí, quería verla. Quería que estuviera presente, que la viera, porque lo hacía por ella. Por ella iba a tocar una canción que tenía planeada de último momento. Mas ese esperado lapso no llego.
-A continuación, con ustedes ¡The Kugers!- las presentaron. La gente presente en el lugar enloqueció.
Empezaron a tocar, la batería, la voz de Natsuki, la guitarra, y después el bajo. El tumulto de gente empezó a hacer escándalo. Comenzaron a empujarse, a sentir una desbordante adrenalina, a bailar, a moverse, al ritmo de la música, al compás de ese rock que las chicas tocaban. Natsuki seguía buscando, mirando constantemente a la entrada, canción tras canción, minuto tras minuto, segundo y seguido el otro. Interminable ciclo, que se cerró cuando terminaron de tocar las 3 canciones contempladas. La de Natsuki termino en el la mente, sin salir. Encerrada. La carcomía la incertidumbre. Indignación.
Shizuru nunca llego.
-¿Cómo ven a estas chicas encantadoras?- el público pedía más. Pero la peliazul ya no podía dar más. Natsuki, dejo la guitarra, sus compañeras se sorprendieron. Se bajó del escenario con un ágil salto y la vieron dirigirse a la salida, con un paso imponente. Todos la miraban, el silencio se hizo dueño del lugar. Cuando salió, se escuchaba la voz del hombre que manipulaba el micrófono.
-Vaya chica, lo siento por las demás, pero quedan descalificadas- los abucheos se hacían pronunciados. Natsuki aún más molesta se dirigió a un lugar en concreto, la casa de Shizuru.
Corrió, porque así se lo dictaba su cuerpo, necesitaba liberar tensión, el enojo. Porque eso le molesto, la esperaba, en realidad lo hacía. Llego a la casa después de una carreara interminable, sus piernas se detuvieron nerviosas y cansadas. Las luces del lugar estaban apagadas. Quizá estaba dormida, la noche estaba un poco entrada. No podía pensar otra cosa. Sus manos se aferraron a los barrotes de la reja, las agito y se escuchó las cadenas tronar, éstas portaban el candado que indicaba que estaba cerrado, la movió una vez más con ávida energía. Cayo, ya sin energías, sobre sus rodillas.
No estaba.
Ya no.
Shizuru no estaba. No la volvió a ver en los siguientes días.
Nadie lo hizo.
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NOTA DE AUTORA:
Aquí está el capítulo. Como se darán cuenta la historia está por llegar a su fin. No me asesinen aún, esto es solo un pequeño incentivo para lo que viene después xD
¡Les agradezco a los que siguen la historia!
Como saben, se recibe de todo [:
¡Saludos!
