Terminó el semestre! Eeee Aplausos! MISSION COMPLETE *Inserte música de metal slug aquí* ok, terminó el semestre y no tengo más que nueves y dieces y eso hay que celebrarlo ¿Cómo? Bueno, iniciando con en nueva historia mía, una nueva traducción y la conclusión de Novio Para una noche.
Así que comencemos
iCarly no es mío y saqué 10 en física cuando pensé que iba a reprobar haha soy bien dramática a veces
CAPITULO 11
Freddie se paseó por el vestíbulo de la mansión Pacific Heights, sus pasos sonoros en el suelo de mármol. Sam llegaba con retraso.
¿Asistiría a la fiesta?
¿O no?
Quería que fuera, necesitaba que fuera.
Si no iba...
La inmensa puerta de cristal se abrió. Un hombre y una mujer se adentraron en el vestíbulo.
¿Dónde estaba Sam? Los socios de su empresa ya estaban en el salón de la fiesta, bebiendo caros licores y comiendo unos deliciosos canapés. Cosa que estaban haciendo ya la mitad de los invitados.
La puerta volvió a abrirse. «Dios mío, que sea ella». Lo era.
Cuando Sam apareció delante de sus ojos, Freddie contuvo la respiración. Nada de cristales ni botas, sino perlas. Un collar de perlas adornaba su cuello. No podía creerlo. Esa era la mujer que quería que Sam fuese, que siempre había sabido que podía ser. Dos finos tirantes sujetaban un tejido azul claro que flotaba alrededor de sus rodillas cuando se movía. Elegante, pero ligeramente atrevido. El vestido mostrada la medida justa de curvas. Las suficientes para hacerle hervir la sangre.
-Sam...
-Perdona que llegue tarde.
"Siempre tarde, ésa era su Sam".
-Ha merecido la pena. Estás... increíble, deslumbrante.
-Gracias.
Se había recogido el cabello en un moño, unas cuantas hebras le caían por las rosadas mejillas. Una perla adornaba cada oreja.
-Bonita corbata -añadió Sam.
Ella le había llamado rígido y quizá lo fuese, pero él quería demostrarle que también podía ser espontáneo. Así que, de camino a la fiesta, se había pasado por una tienda con artículos de Walt Disney y se había comprado una corbata de Mickey Mouse. No era mucho, pero lo había hecho por ella. Freddie sonrió.
Ese era el momento de decírselo. Le puso una mano en los hombros.
-Escucha, Sam, tengo que decirte que...
La puerta volvió a abrirse. Greg y Pam entraron, seguidos de... ¿Qué estaban haciendo ellos ahí?
Freddie se puso tenso.
-Hola, papá. Hola, mamá.
Su padre se echó a reír.
-Es la fiesta de compromiso de nuestro hijo mayor y él se extraña de que estemos aquí. Hijos.
Su madre le besó en la mejilla.
-Greg nos invitó y nos envió los billetes de avión. ¿Por qué no nos habías dicho que estabas prometido?
-Quería hacerlo, pero estaba tan liado...
-Bueno, ¿vas a presentarnos a tu novia?
-Mamá, papá, ésta es Samantha Puckett -Freddie forzó las palabras- Sam, éstos son mis padres, Marissa y Robert Benson.
Freddie vio pánico momentáneamente en los ojos de Sam, pero ella se recuperó enseguida. Sonriendo, les ofreció la mano.
-No saben cuánto me alegro de que hayan venido. Freddie siempre está hablando de su familia y de la granja.
El padre de Freddie, feliz, le estrechó la mano.
-Bienvenida a la familia, Sam. Tienes que venir a la granja, es un lugar extraordinario para criar hijos.
-No seas tan sutil, Robert -Marissa le dio a Sam un abrazo-. Estamos encantados de conocerte.
Greg dio un paso hacia ellos.
-Antes de reunirnos con el resto de los invitados, creo que éste es el momento de darles a los chicos tu sorpresa, Marissa.
Marissa sacó una pequeña caja de su bolso y se la dio a Freddie.
-A tu padre y a mí nos ha parecido que quizá quieras esto.
Freddie abrió la caja. Un anillo con un sólo brillante centelleó. Era el anillo de compromiso de su abuela. Sintió un enorme peso en el pecho y empezó a sudar.
Sam se quedó boquiabierta.
-Oh... Es precioso.
-Era de mi madre, la abuela de Freddie -dijo el padre de Freddie-. Pónselo en el dedo.
Ahora no.
No de esa forma.
No cuando no significaba nada.
-¿A qué estás esperando, hijo?
Freddie miró a Sam a los ojos y le estrechó la temblorosa mano. No era así como debían hacerse las cosas. Al deslizarle el anillo en el dedo, la sintió ponerse tensa. Vio que le brillaban los ojos y la vio parpadear.
-¿Es de tu tamaño? -preguntaron Pam y la madre de Freddie simultáneamente.
Sam enseñó el anillo a las curiosas madres.
-Sí.
-Fantástico -Greg le dio a Freddie una palmada en el hombro-. Bueno, vamos a entrar. Todos están esperando para felicitar a la feliz pareja. Y apuesto a que Sam está muerta de ganas de enseñarle el anillo a su hermana.
Las dos horas siguientes transcurrieron a toda velocidad. Los sueños de Freddie se estaban convirtiendo en realidad. Freddie se paseó por el salón, acompañado de Greg saludando a los miembros del círculo del Valle de la Silicona. Incluso los socios de la empresa de Freddie parecían algo intimidados por la presencia de tantas personalidades allí reunidas. Freddie no podía pedir más. Un éxito completo. Una noche perfecta. Excepto...
Excepto que los ojos de Sam estaban muy tristes.
Ella estaba de pie, al lado de sus padres, contemplando el fresco del techo. Sam estaba representando su papel, pero lo odiaba. Y si significaba algo la forma como trataba de taparse el anillo con el dedo...
Freddie se abrió paso entre los invitados y le tocó el brazo.
-Tenemos que hablar.
Sam asintió y le llevó hasta el cuarto que hacía de guardarropas. Las pesadas puertas de madera disminuyeron notablemente el sonido de la música y de las conversaciones del salón.
-Yo también quiero hablar contigo. Siento mucho mi comportamiento de esta mañana, me he excedido. Me ha resultado más fácil pensar que me has utilizado a que no lo has hecho.
Iba a salir bien.
-Debería haberte dicho lo que estaba pasando. Lo siento.
Sam se quedó mirando el suelo de madera.
-Parece que las cosas te van a salir bien.
«A mí. Pero ¿y a ti?»
-Todo lo que quieres está ahí, en ese salón.
-No todo -admitió Freddie. Aquella era su oportunidad-. Te quiero a ti.
Sam se mordió los labios.
-Yo también te quiero, Freddie.
Esas palabras fueron música celestial para los oídos de Freddie. La abrazó y la besó. Sabía a algo dulce y cálido. Era dulce y cálida.
Con suavidad, Sam le apartó de sí.
-Te quiero, pero no puedo estar contigo.
-No lo comprendo.
-No saldría bien, Freddie. No puedo llevar la vida que tú quieres.
-¿No podríamos llegar a un acuerdo?
-Yo...
-Has dicho que me quieres. ¿Qué hay del amor entonces?
-El amor no cambia que seas un inversor de capital. Tú necesitas fiestas como estas, contactos. Quieres ganar millones de dólares. Quieres poder y prestigio. Yo no.
¿Qué esperaba que hiciera? ¿Que lo dejara todo por ella?
No podía olvidarse de todo lo que había conseguido.
¿No podía?
No debía sentirse culpable. No debía sentir como si le hubieran arrancado el corazón. Estaba a punto de conseguir todo que había soñado conseguir toda su vida. Todo.
¿Cómo podía esperar Sam que lo dejara todo?
-O sea, que es o tú o mi trabajo, ¿no?
"Abandonar mis sueños".
-No te estoy pidiendo que elijas.
Sam se sacó del dedo el anillo y se lo dio a Freddie. Freddie no lo aceptó.
-Te amo Sam.
Sam vaciló.
-A veces, el amor no es suficiente. Necesitas una mujer que comparta tus sueños, que quiera lo mismo que tú. Una mujer que te haga feliz. Yo no soy esa mujer.
La amaba.
La necesitaba.
Quería casarse con ella.
Sam le obligó a tomar el anillo.
-No soy esa mujer -repitió Sam.
-No tiene que ser o todo o nada. Podríamos llegar a un acuerdo.
-Lo siento, Freddie, pero no puedo volver a esa vida. Ni siquiera por ti.
-Al menos tenemos que intentarlo, Sam. Por favor, lleguemos a un acuerdo. El éxito de las relaciones se basa en que las dos partes cedan.
-Yo... no puedo.
Y Freddie no podía hacerlo solo.
Antes de poder impedírselo, Sam volvió al salón.
En la terraza del salón, Sam contempló las luces del puente Golden Gate. Quería olvidarse de todo. No quería sentir ese dolor que le desgarraba el corazón cada vez que pensaba en una vida sin Freddie.
¿No debería haberle dado una oportunidad? ¿Debería haber sido más flexible, haberse dado una oportunidad a sí misma? La pregunta le atormentaba.
Una puerta se cerró a sus espaldas. Se le erizó la piel. Ya no estaba sola. Freddie. Tenía que ser él. Sam no se volvió, no podía. Se aferró a la barandilla de la terraza. Lo único que se oía era el murmullo de la fuente del rincón, los pasos de Freddie y los latidos de su propio corazón.
Estaba cerca de ella, demasiado cerca. Su cálido aliento le acarició la nuca. Sus brazos le rozaron los suyos. El breve contacto la hizo temblar.
-¿No tienes frío aquí fuera?
-No. Estaba contemplando la vista.
Freddie la miró a los ojos.
-Es precioso
La intensidad de la mirada le hizo temblar de nuevo.
-¿Por qué estás aquí sola? – preguntó él.
Había salido a la terraza porque el cuarteto de cuerda estaba tocando una música muy conocida, la marcha nupcial.
-Quería tomar el aire.
-Sí, el ambiente está muy cargado ahí dentro.
-¿Te refieres al aire o la gente?
-A las dos cosas.
La respuesta de Freddie le sorprendió. Ignoró la punzada de arrepentimiento. Lo que tenía que hacer era despedirse de Freddie Benson para siempre. Era lo que Freddie necesitaba que hiciese.
-Quiero hablar contigo
No, Sam no quería oírlo. Una palabra y acabaría arrojándose a sus brazos. Podía olvidar que no era la mujer adecuada para él, que él no era el hombre apropiado para ella.
-¿Por qué?
Freddie se apoyó en la barandilla.
-Quería preguntarte si no necesitas más empleados en tu librería.
¿Freddie quería hablar de la librería? Sin comprender, Sam arrugó el ceño.
-Siempre me viene bien una mano extra.
-Estupendo
-¿Sabes de alguien que necesite un empleo?
-Sí, yo.
-¿Tú? -eso no tenía gracia-. Ya tienes un empleo y mi padre te ha ofrecido otro.
-Ya no.
-Déjate de tonterías, Freddie.
-No son tonterías, Sam -Freddie le tomó la mano-. He estado pensando en lo que has dicho y he decidido que te prefiero a ti, a todo el dinero del mundo, así que dejo mi trabajo el lunes.
-Pero... -eso era lo que Sam necesitaba oír; sin embargo, era lo último que había esperado oír-. ¿Cómo vas a hacer una cosa así? Llevas años trabajando para conseguir lo que has conseguido.
Freddie se encogió de hombros.
De repente, Sam se dio cuenta
-¿Lo dejarías todo por mí?
Freddie asintió.
Debería ponerse a dar saltos de alegría; sin embargo, se sintió culpable. Se sintió culpable por obligar a Freddie a renunciar a su sueño.
-¿No te parece... demasiado?
-Quizá sea algo excesivo, pero ¿qué otra alternativa me queda?
-No lo sé, pero no puedes sacrificarlo todo. No sería justo.
-No me importa -dijo él-. Te amo, Sam
-Yo...
No podía dejarle. Freddie acabaría arrepintiéndose de aquella decisión. Tenía que haber otra forma. Pero ¿cuál? Había accedido a ceder con su hermana, y la traición de Melanie había sido lo más doloroso que le había ocurrido en la vida. Quizá debiera hacer lo mismo con Freddie. Era eso o...
-¿Y si llegamos a un acuerdo?
-No es mala idea -Freddie se frotó la barbilla-. Pero no sabía que conocieras el significado de esa palabra.
-No sabía que lo conociera -admitió ella-. Pero me han dicho que ceder es la clave para el éxito de una relación.
De repente, todo tenía sentido. Freddie le estaba haciendo ver que no todo era blanco y negro, que había colores intermedios. Sam sonrió.
-Eres demasiado listo, Fredward Benson.
-¿Sigues queriendo llegar a un trato?
-Sí -Sam se mordió los labios- Veamos, te acompañaré a fiestas y cenas de negocios si tú me acompañas a...
-Sesiones de poesía y...
-Y a clases de yoga. -Freddie hizo una mueca.
-¿Yoga?
Sam suspiró.
-No puedo creer que voy a salir con un inversor capitalista.
-No vas a salir conmigo, espero que te cases conmigo -Freddie se arrodilló delante de ella.
A Sam se le erizó la piel. Casi no podía respirar.
-¿Lo dices en serio?
-Totalmente en serio -Freddie se sacó el anillo del bolsillo del pantalón- Te quiero y quiero casarme contigo.
-Sí -lágrimas de felicidad afloraron a sus ojos- Te quiero.
Freddie le puso el anillo. Después de ponerse de pie, la estrechó en sus brazos y la besó.
-Nada de ser novios de fin de semana ni de fiestas. Voy a ser tu novio de por vida.
-No, no vas a ser mi novio, vas a ser mi marido.
Tras esas palabras, Sam lo besó hasta dejarle sin aliento.
-Creo que me va a gustar estar casado contigo, Samantha
Mirando el brillante que tenía en el dedo, ella sonrió.
-Llámame Sam, y no quiero esperar.
Le levantó la manga de la chaqueta y le miró el reloj.
-Hemos esperado más que suficiente.
Freddie sonrió traviesamente.
-¿Qué te traes entre manos?
-¿Alguna vez has hecho el amor en una terraza?
-Bueno... no.
-Yo tampoco -le tiró de la corbata de Mickey Mouse y le pegó la nariz a la suya-, pero estoy dispuesta. O si prefieres, podríamos ir a hacernos unos tatuajes.
Freddie vaciló, pero sólo un instante. Con una suave caricia, le bajó el tirante del vestido.
-Los Benson hemos nacido para servir.
Sam le guiñó un ojo.
-¿Eso es un sí a hacer el amor en la terraza o a los tatuajes?
FIN
There you have folks
Gracias, de verdad muchas gracias a todos y cada uno de los que siguieron esta historia, sobre todo a los que dejaron reviews constantemente y me ayudaron a llegar a mas de 100 en esta historia, de verdad no saben cuánto significa para mi saber que tengo un público, pero más en las historias que son mías, por eso les pido que vayan a leer I'm Already there, la subí hace unos pocos días, es un bello one shot, espero les guste.
Y espero me tengan en alertas de autor porque hoy mismo comenzamos nuevos proyectos, así que no me dejen ¿Vale?
Los amo mil! Haha, de verdad gracias.
Los métodos para quedar en contacto conmigo (facebook, Twitter, ) están en mi perfil, quedo a sus servicios.
Muchas gracias!
Nos estamos leyendo.
