Capítulo 13

"El final del comienzo"

Siempre caminaba con un libro entre las manos, después de algún tiempo fue lo único que podía hacer y la distraía de la realidad, al final le tomó gusto a la lectura. Los mismos pasillos de la escuela por los que antes pasaba corriendo, ahora los caminaba con una parsimonia que no era propia de ella. La seriedad se volvió su más grande defensa al igual que la evasiva para todo problema. Sus amigas habían dejado de insistir, seguirían ahí para cuando ella quisiera. Ya no hacía música, sólo se dedicaba a escucharla.

Había pasado año y medio, los tiempos no eran muy diferentes a lo que solían ser, estaba por entrar a la universidad, y la incertidumbre de antes se volvió una completa indiferencia ante sus estudios.

Su madre consiguió un mejor trabajo y con ello le brindó un departamento propio, en el cual pasaba la mayoría de sus horas leyendo mientras escuchaba música, seguía cantando pero en voz baja. La guitarra estaba en desuso, así como su palabra.

Lo que nadie sabía era que entre su tristeza había encontrado un diferente estilo de música, en el cual no era tan necesario cantar, ni bailar, ni expresar mucho con el cuerpo. Y entre tanta cosa era feliz, estaba tranquila después de ver superada su nostalgia, de aceptar la partida, de aceptarlo como un recuerdo y nada más.

-¡Kuga!- La voz le era conocida, como casi todas las voces que para ella habían perdido el tono característico. Tuvo que voltear para ver quién era.

-Nao.- Fue casi un susurro.

-Te hemos estado buscando toda la semana- respiró hondo y continuó -Kanzaki ha preguntado por ti.

-Vaya- no pudo evitar sorprenderse -¿Para qué?

-No lo sé, pero está en la entrada de la escuela, por si quieres- sonrió.

-Está bien- contestó la sonrisa ligeramente y empezó a caminar hacia un destino.

Caminaba con pasos vacilantes por primera vez en mucho tiempo, el pasto estaba verde y el viento era fresco, una oleada de calor recibió su cuerpo resentido por los fríos. La música inundó lentamente sus sentidos y por un momento sintió que sus pies bailaban y se volvía más seguro su caminar. Llegó a la puerta sin darse cuenta, lo buscó con la mirada y lo que vio le sorprendió demasiado. Era Reito con el cabello muy corto, parecido a un corte militar, con una barba incipiente, sin embargo, sus ojos seguían mostrando la afabilidad que siempre le caracterizaba, junto con su sonrisa parecida a las que salen en los comerciales de pasta dentífrica. El cambio más drástico se notaba en la estatura, Natsuki había crecido un poco más.

-Natsuki-san. - Saludó con la mano, estaba completamente erguido.

-Reito- le dio un vistazo de pies a cabeza.

-Me metí a la escuela militar, por eso el cambio- rió ante lo anonadada que estaba su compañera.

-Oh, eso lo explica todo- sonrió notando en el chico los músculos que empezaban a formarse en sus brazos que eran los que estaban descubiertos. La ropa iba acorde a lo que había dicho, pantalones de camuflaje, playera blanca y unas botas tácticas.

-Bueno, vengo de rápido, tengo que regresar- buscaba en su bolsa del pantalón, cuando lo hubo encontrado sacó un pequeño papel maltrecho. Se lo extendió a Natsuki.

-¿Qué es esto?- preguntó curiosa.

-Tu sabrás que hacer con él- Saludó como si estuviera frente a un sargento y se retiró con una gran sonrisa.

Natsuki miraba azorada el papel maltratado que tenía entre manos. Después de recibirlo y ver de qué se trataba se sintió consternada. Regresó a su apartamento aún con la pregunta en la mente ¿Y ahora qué? Tenía tres posibles respuesta, la primera, no hacer nada, la segunda, llamarle, o la tercera, ir hasta su casa. Sí, el pequeño papel tenía el número y la nueva dirección de Shizuru Fujino, el fantasma de sus nostalgias, su única compañía.

Lo miraba con fascinación, como si se tratara de un papel que tuviera algún acertijo escondido, alguna incógnita que se tenía que resolver, analizando detenidamente, escudriñándolo en todos lados, haciendo pensamientos profundos. Pero sólo se trataba de un número y una dirección. Así sin más.

Observó su teléfono en la lejanía de una mesa cerca del monto de libros que tenía encima, un remordimiento mezclado con orgullo impidió que caminara hacia él. Ahora veía su computadora, ahí podría encontrar la dirección con más exactitud pero un miedo infundado le arrebató la idea de la cabeza. El tiempo se le resbaló de las manos sin darse cuenta de la rapidez con la que pasaba, quizá ese día fue en el que le dio más vueltas a su pequeña cama. Pensaba y sacaba las conclusiones, hasta las más estrafalarias que pudieran suceder. ¿Y si Shizuru ya no se acordaba de ella? ¿Qué tal si la rechazaba? ¿Y si ya no la quería ver? ¿Qué tal si ya tenía a alguien más, nueva vida, nuevos amigos, sin estragos del pasado? ¡Basta de incertidumbres! Iría a verla, si la iba a rechazar y a negar, que fuera a la cara.

Empezó a hacer sus maletas, sin tomar en cuenta que se encontraba en temporada de clases, era mitad de semana y tenía proyectos que entregar pronto. Tampoco había visto los vuelos disponibles, ni el dinero con el que contaba. Así que se dispuso a hacer unas llamadas rápido, su madre accedió a depositarle el dinero en su tarjeta, Mai la iba a ayudar en lo único que realmente podía, trabajos escolares y excusas, Nao intentó decirle qué hacer en las posibles respuestas. Ya con una idea más clara de lo que sería un viaje inesperado, con el factor sorpresa, pues cuando volvió a ver a Reito tiempo después le comentó que él no tenía autorización para haberle dado la información, pero que realmente la necesitaba, que era por el bien de las dos. Le agradeció a cada uno, hasta de los que menos se hubiera esperado, recibió ayuda.

-Veremos qué pasa- dijo al aire, más para ella que para todas las personas que la acompañaban.

-Todo saldrá bien, Natsuki- el tono de madre protectora que volvía a recuperar Mai ante sus oídos.

-Ya, Kuga. Esa mujer es más inestable que tú, en el momento en que te vea no podrá aguantar mucho. -El sarcasmo de Nao.

Entre risas y momentáneas despedidas, casi todo recupero el sabor y disfrute que se debería sentir. Lo que más le gusto de la corta despedida fue encontrar a Reito muy a lo lejos, recargado en una pared, sonriendo con complicidad. La saludó como si se tratase de un superior y lo volvió a ver partir. Fue cuando pensó si estaba buscando un camino a casa o realmente ese era el adecuado.

Al llegar a la gran ciudad de Kyoto no pudo evitar sorprenderse, entre tanto paisaje y cultura antigua le dieron ganas de visitar cada lugar por el que pasaba. Decidió caminar para hacer tiempo, pues lo más seguro era que Shizuru siguiera en clases. Miraba todo embelesada, desde los edificios hasta los viejos palacios, los parques y sus hermosas vistas naturales, la combinación de varias especies de plantas y flores era lo que más le gustaba de su caminata entre la frialdad del lugar. Llevaba un suéter tejido color azabache, que alguna vez le regalaron en su cumpleaños, con un pantalón de mezclilla gris obscuro y unos tenis negro. Preguntaba por la dirección que traía en sus manos aunque ya se la había aprendido de memoria. Tomó diferentes transportes, por un momento se sintió perdida hasta que llego al gran edificio modernista blanco con cristales azules que no dejaban ver mucho.

Todo había ido conforme a lo planeado. Entró al edificio blanco lujoso con muchas ventas, buscó el respectivo numero entre el mapa que se encontraba en la recepción. El 12-D, en el cuarto piso, del elevador a la derecha. Así se dispuso a ir en dirección al departamento, recorría el gran pasillo blanco en todas sus extensiones, con un borde de azulejos de cuadros grises en las paredes y el suelo estaba tapizado de alfombra del mismo color. El elevador también era elegante, una persona estaba con ella, era caucásico y rondaba por los treinta, le sonrió al entrar y la acompañó hasta el cuarto piso donde él también bajaba. Sus direcciones eran contrarias, por lo que el chico sólo agacho la cabeza y con un movimiento de mano se despidió de ella. Siguió caminando. 9, 10, 11, por fin 12.

El corazón le latía de una manera sorprendente, parecía salirse de su lugar y quererse echar a correr. El calor le sofocaba la respiración. Tocó el timbre, nada. Escuchó los pasos lentos que se acercaban, el corazón pareció darle un vuelco cuando el picaporte de la puerta giró. Y ahí estaba la castaña. Sorprendida de encontrarse de nuevo con esos ojos verdes, inconfundibles, su sonrojo se notó demasiado como si se tratase de la primera vez que la viera. Natsuki por su parte sólo contemplo el cambio de estaturas que había sufrido, la miraba para abajo. Se sorprendió.

-Creciste…- Shizuru no pudo evitarse el comentario.

-Quizá te encogiste. - Natsuki sonrió ante lo atolondrada que estaba la castaña, se sintió tranquila después de notar que la que sufría más por los nervios era Shizuru.

-Natsuki… -Shizuru se quedó mirando anonadada a su actual visita, como si fuera algún milagro o algo imposible, tal vez una ensoñación. De repente reaccionó cuando vio que la morena hacia un gesto con la cara de confusión. –Oh perdona, pasa, por favor.

Natsuki rió ante el desconcierto de la castaña. Se dispuso a pasar y al adentrase en territorio ajeno una oleada de frio cansino le recorrió las entrañas. Miró con entusiasmo todo lo que le rodeaba, era un lugar sombrío, falto de color y de adornos. Las paredes eran blancas y los muebles de madera pálida. Vio algunas fotos y entre ellas una de ella, no le sorprendió pero la acogió un sentimiento mezclado de alegría y nostalgia. Era un departamento vasto, con lujos y tecnología avanzada, algo que sólo se podía comprar con mucho dinero.

-Vendí la casa que herede a un buen precio y a alguien confiable, era demasiado para mí. Esto también, pero siento un poco más de calor.- Pareció haberle leído la mente.

-Oh- siguió contemplando, pasando por los muebles y los tantos libros que tenía en un librero, la repisa llena de papeles, una caja con cartas, una foto de Reito. Pasó a la cocina, al parecer era usada, siguió caminando, al cuarto de baño, también era blanco, después la habitación. Ahí se detuvo por un momento, dentro de ella había pequeña cama, color amatista. En eso llega Shizuru y le impide seguir viendo cerrándole la puerta.

-No está recogido, no entres ahí- se rió nerviosamente como con pena. Natsuki le sonrió y el sonrojo se apodero de su rostro.

-Está bien.

-Y dime, ¿Quién te dio mi dirección?- Natsuki ladeó la cabeza como si esa pregunta fuera muy tonta.- Creo que no hay porque preguntar, ¿cierto?

-No, creo que sabes bien quien es el único que sabe. –Shizuru maldijo a Reito en el pensamiento.

-Bueno, y ¿qué te trae por aquí?- preguntó la castaña regresando a su pequeña sala color beige. Natsuki la siguió y se perdió un momento en el movimiento de sus caderas.

-Tú.

Shizuru se detuvo a medio camino, se volteó para verla con un ápice de duda en sus ojos. ¿Acaso estaba jugando con ella? No. ¿Quería que regresara con ella? Tampoco. ¿Qué quería? No lo sabe.

-Y ¿qué estudias ahora?- carraspeó Natsuki ante su inminente nerviosismo.

-Lo que siempre quise. Astronomía.- Eso era algo que Natsuki no sabía, y de cierta manera se sintió ofendida por no saberlo, por qué no se lo dijo.

-Vaya, no lo sabía.

-Nunca lo dije. Aunque realmente no me servirá de mucho, me gusta ver el cielo, puedo vivir por varios años en paz con todo lo que he conseguido. Me sorprende saber que hay gente con tanto dinero…- Shizuru pensaba, mirando a Natsuki, quería rechazarla, sabía a qué venía, pero le sería imposible. - ¿y tú?

-Yo repetí año, mi mamá me obligó. Pero ya voy de salida. Me quedaré en Tokio a estudiar.- Se acercó a uno de los sillones y se sentó. Observaba a Shizuru, que iba con un vestido primaveral y unas sandalias. Sus ojos brillaban al verla, otra vez, entonces pensó en voz alta -¿Por qué?

Shizuru se quedó callada.

-Oh no te he ofrecido nada, ¿quieres algo de tomar?- Shizuru sonrió cerrando los ojos.

-Agua, ya me cuido un poco más.

La vio irse a la cocina y regresar con dos vasos de agua. La plática se tornó interesante, entre las tareas y las obligaciones, las presiones y libertades. Y el futuro.

-Kanzaki-san me había dicho que eras seria- Shizuru rió ante lo grandilocuente que sonaba el comentario.

-Pues no se aleja mucho de la realidad, más bien me volví callada- Natsuki rió, embriagada por el perfume de Shizuru.

El silencio se hizo presente. Shizuru cerró los ojos con pesadumbre y los sintió. Los labios de Natsuki estaban sobre los de ella, al abrir los ojos vio a la peliazul en su lugar correspondiente, girando el vaso ya vacío, jugando con él. Otra vez estaba delirando. Como en muchas otras ocasiones. Se puso de pie y retiró ambos vasos. Caminó hacia la cocina.

Natsuki era consciente de la incomodidad que causaba, sabía que debía aligerar las cosas. Siguió los pasos de la dueña de sus suspiros, sigilosa como un lobo que va a cazar. Shizuru dejó los vasos en el lavavajillas y al darse vuelta se encontró con ese mirar esmeralda. Dio un brinco del susto y empezó a reírse en el momento en que la morena comenzó a hacerle cosquillas, se retorcía, entre risas estruendosas y escapadas malogradas. Se alejó del lugar por miedo a romper algo, se fue a la sala esquivando los muebles y obstáculos en el piso. La peliazul la seguía y sus manos voraces no la dejaban escapar, entre suaves caricias y sus dedos juguetones le provocaban carcajadas a la castaña. Ella sólo reía de su travesura.

-¡Basta, Natsuki!- grito la castaña entre risas. Se tropezó, cayendo en el suelo y con ello llevándose a Natsuki.

-¡Au!- se quejaron las dos al mismo tiempo. Shizuru quedó bajo el cuerpo de Natsuki, el calor la inundó ante la cercanía y el rubor se hizo visible. En cambio, la morena sólo sonreía victoriosa, con esa curva de sus labios socarrona que de cierta manera molestaba a la castaña.

-Te quiero- el orgullo. –Te extraño- la nostalgia.

Natsuki acortó la distancia que quedaba hasta besarla, recargaba su peso en sus brazos para no lastimarla. Shizuru le pasó los brazos por el cuello y correspondió su beso con avidez. Las lágrimas abandonaron su cuerpo y empezaron a recorrerle las mejillas como hace tiempo no lo hacían.

-No llores, Shizuru- le dijo la otra limpiando sus lágrimas con pequeños besos.

Se quitó de encima, se sentó en el suelo y ayudo a Shizuru a quedar en la misma posición. La abrazó mientras la otra lloraba inconsolable. Acaricia su espalda como la vez en que lloró por la muerte de su padre.

-Yo me… fui… y … tú…- Jadeaba mientras intentaba hablar.

-Ya, Shizuru, no pasa nada- La volvió a besar en las mejillas, en cada gota que recorría su rostro, besó sus labios para acallar el llanto, la abrazó para apaciguar su mar de tristezas. –Aquí sigo, y seguiré lo que sea necesario.

- ¿Lo dices en serio?- preguntó Shizuru ya un poco más tranquila.

-Estoy dispuesta a esperar, por ti.

La noche llegó y con ella el cansancio también. Shizuru tenía sueño, Natsuki estaba cansada.

-Oye, no tengo cuarto de hotel, ¿puedo dormir contigo?- Shizuru rió.

-¡Plan con maña!- la llevó a su cuarto, ya sin importarle mucho, pateó las cosas que estaban en el suelo, libros, ropa, accesorios. Se tumbó en la cama. Natsuki quedó de pie en la entrada, era un cuarto muy impersonal, a excepción por el color de la manta de la cama.

-¿Dormiremos juntas?- preguntó con un leve sonrojo.

-Ya lo hemos hecho, ¿por qué no? ¿Te molesta?- la miró con los ojos entornados de picardía.

-No, claro que no- desvió la cara haciendo un mohín con los labios.

Se acomodó en la cama, ambas miraban el techo. Shizuru, se volteó y la abrazó. Y sólo así se quedó dormida, y pudo dormir así como hace mucho no lo hacía.

-¡Regresa conmigo a Tokio!- le pidió con entusiasmo.

-No puedo, Natsuki- negó Shizuru, bajó la cabeza en señal de rendimiento.

-¡Oh venga!- Extendió los brazos en forma de desesperación.-Al menos dame un poco de esperanza…

-Natsuki, necesito terminar mis estudios. – la miró con tristeza- Pero podemos seguir viéndonos, podrías llegar de improviso otro día y sorprenderme. O viceversa.

-No, esperaré.- Dijo decidida, convencida de que sería capaz de hacerlo. Shizuru la miraba fascinada, era perfecta, así con todo y sus defectos, que para la castaña eran lo más atractivo de ella.

Estaban en el aeropuerto, Natsuki regresaría, eso lo sabía Shizuru. En cuanto a ella, estaría dispuesta a dejarlo casi todo por ella, pero siempre es casi y nunca todo. Sin embargo lo tenía presente, que algún día, en un futuro, estará con ella, porque así lo quería, porque así sería. Era un mutuo acuerdo silencioso. Cada quien viviría lo que necesitara con el único motivo de regresar a donde habían empezado su historia.

El próximo vuelo a Tokio esta próximo, a todos los pasajeros, favor de acercarse con el boleto en mano, repito…

- Creo que hasta aquí se queda la visita- Shizuru le sonrió agradeciéndole todo, absolutamente todo.- Perdóname.

-No tengo nada que perdonar- Natsuki la abrazó, después la tomó de los hombros y se puso seria.- Sólo ten presente, pero muy presente, que el día que yo regrese, será para llevarte conmigo y me niego a aceptar un no por respuesta. –Shizuru la miró incrédula, eso la hacía tan feliz.- ¿Entendiste?

-Sí, Natsuki- le dio un dulce beso en los labios. Ambas se despidieron con una sonrisa y muchos sentimientos a punto de desbordarse. Todo estaría bien

Y, así fue como terminó el principio de esta linda historia de amor…

NOTA DE AUTORA:

Pues hasta aquí queda la historia, mi primer historia, algo tarde pero en fin. Muchas gracias a todos por compartir este trayecto de inexperiencia conmigo. En serio, que se los agradezco a todos! Son parte de lo que me inspira día a día. Y pues esto no queda aquí, trataremos de subir niveles en esto, que la experiencia se toma con la práctica. Hasta la próxima! :D