Capítulo 2: "Rencor."

—¡Tú…! —gritó, a viva voz, alzando su dedo índice, trémulo, por lo nerviosa que se sentía ante la situación. Esto era imposible, estaba soñando claramente era eso— ¡tú…! —choqueada tartamudeo sin poder completar la frase.

«Estas soñando

Sí, era eso. Soñaba. Estaba soñando. Era eso.

Su corazón latió vertiginoso en su pecho, los latidos de este último retumbaban en sus oídos y la respiración era agitada. Parpadeo cuando todo comenzó a darle vueltas y la oscuridad se hacía cada vez más notable. Se iba a desmayar, lo presentía. Y de un momento a otro, ya nada se veía, lo único que vio por última vez: fueron esos ojos dorados que estaban clavados en ella como si fuera la cosa más importante en toda la Tierra y luego… ya nada fue claro.

Él, quien en todo el momento estuvo en mudo silencio, alzo una ceja cuando ella dejo de respirar agitadamente y su brazo cayó flácido a un lado de su cuerpo. Se había desmayado obviamente. Bufo, enfadado con el mismísimo Kami Sama. Tener que cuidar a una mujer que parecía una mocosa era lo más fastidioso que había hecho en su otra vida y cuando estuvo en el cielo. Se cruzo de brazos plegando sus alas en su espalda desviando la mirada de esa mujer que ya no valía la pena observar.

¡¿Cómo demonios había terminado así!? Él, un gran semidemonio que era heredero del imperio de su padre, ser engañado por unos humanos, y luego convertido en un ángel al servicio de un dios el cual era respetado ¡por los humanos! ¡ja! Que radicalmente cambiaba la vida de uno, ¿eh?

Dejo vagar su mirada por el pequeño departamento en donde se encontraba. Había un sofá detrás de él que cómodamente daba una vista magnifica a una plaza que se encontraba fuera del edificio, sentía el aroma de una cocina que se encontraba a su derecha, luego en su izquierda dos habitaciones más, una en donde ella al parecer dormía, otra el baño y después… nada más. Vaya, que pequeño que era ése lugar, lo podría recorrer en menos de quince minutos y ni siquiera se perdería, puso sus ojos en blanco, como si pudiera perderse.

Estantes, se encontraban adheridos a la pared llenos de adornos de animales y fotografías, más arriba de ellos habían cuadros con fotografías y diplomas que de seguro le pertenecerían a ella. Una mesa pequeña, para cuatro personas como máximo, se encontraba a un lado de ellos y más y más muebles adornando la estancia….

Camino lentamente hacia la ventaba que daba afuera y observo la luna y las estrellas que parecían estar sonriéndole con su extrema brillantes. Lanzo una mirada llena de rencor hacia ese cielo del cual hace solo minutos había bajado. ¡Keh! Estúpido deber de ángeles, estúpida su mala suerte, ¡estúpido Kami sama por enviarlo a la Tierra! El lugar que extrañaba tanto y al cual no deseaba volver.

«Pero ¿qué es lo que prefieres? ¿Estar allí ó estar aquí?»

Y pues si le dieran a elegir…

Claramente no elegiría a ninguno de los dos.

Desearía estar en el infierno en donde obviamente sería mucho más feliz que en el lugar en donde había estado y donde estaba. Torno su mirada a esa mujer que se encontraba desplomada en el suelo. Camino hasta ella quedándose de pie en frente, observándola fijamente. Sus rasgos eran más o menos como el de una mujer que parecía niña ya que aún tenía ese tinte de inocencia que solo las mocosas conservan.

Entrecerró los ojos notando recién algo que lo comenzaba a inquietar… eso de los rasgos… ella tenía algo que le parecía muy familiar. Un escalofrío recorrió su espalda incomodándolo, provocando que se removiera desasosegado. ¿Se le parecería a alguien que ya abría visto? O parecía…

Parecía como si fuera un… un…

«Un ángel caído.»

Se preguntaba si ella no sería uno, si ella no se hubiera caído de los cielos y llegado por error a la Tierra… ya que podía presentir algo que lo incomodaba pero que no podría definir ni con toda la inteligencia del mundo. Era algo que sobrepasaba la lógica, algo que se parecía mucho a lo que sintió cuando estaba vivo.

¿Calidez? ¿Confianza?... ¿paz…?

Abrió sus ojos desmesuradamente retrocediendo lo más rápido que pudo, casi amedrentado por lo que había descubierto. Esa mujer tenía un aura de paz que desprendía su cuerpo como si fueran rayos de sol que bañaban el cuerpo de uno. Gruño mostrando sus dientes amenazadoramente: eso no era lo que habían acordado con Kami Sama antes de que lo enviara a la Tierra, eso no estaba en sus planes. No quería que nada ni nadie provocaran en él sensaciones que no se permitía él mismo sentir. Él deseaba ser un demonio, tenía que ser un demonio e ir al infierno a donde pertenecía, quizás de esa manera pudiera encontrar a quienes le hicieron lo que le hicieron en su vida pasada, a la maldita persona que lo traiciono cuando él había jurado protegerla con su vida si era necesario, cuando él había jurado jamás traicionarla.

Abrió sus ojos desmesuradamente.

Ella… esa mocosa… era… era…

—Kikyuo…

¡Ahora comprendida!

Ahora veía a donde quería llegar Kami Sama con todo eso del trato: quería que perdonara a esa pérfida, maldita ingrata y traicionera sacerdotisa que lo engaño en la primera oportunidad. Su corazón comenzó a bombear sangre con vigor hirviendo el odio que sentía hacia esa maldita infeliz que lo había condenado a vivir de esa manera tan pura y asfixiantemente buena, que era el cielo. Apretó los puños a los lados de su cuerpo mostrando en sus ojos un brillo lleno de odio que hasta el más valiente hubiera hecho temblar. Quería venganza, quería muerte. Lanzo una mirada a ese cuerpo desprotegido que se encontraba desplomado en el suelo.

¿Y qué tal comenzar con la perra que lo condeno a lo que era? Como hicieron con él…

Una sonrisa malévola se extendió por su rostro, dejando ver esos colmillos que relamió con su lengua saboreando ya el sabor de la muerte. Afilo sus uñas haciéndolas brillar ante la luz de la luna que entraba por la ventaba abierta y dando pasos firmes pero lentos se acerco al cuerpo de esa mujer que ni se imaginaba lo que estaba a punto de suceder con su vida.

—En el cielo serás mucho más feliz que aquí… igual que yo, perra.

Y se arrojo contra ella, teniendo sus garras al frente apuntando directamente contra el cuello de la joven que de un momento a otro volteo el rostro aún dormida:

—No lo hagas… —musitó, entre sueños, haciéndolo detenerse al instante.

¿Qué había dicho?

—Por favor, papá, quédate… por favor… —lágrimas, comenzaron a caer de sus ojos, lentas y espesas, dejando vestigios de dolor en sus mejillas.

¿Lloraba?

¿Estaba llorando?

¿Qué estaba sucediendo?

Inmóvil, la observo pasmado ante lo que había ocurrido. ¿Kikyuo tenía un padre? Bueno, entendía que de algún modo había nacido, pero creía que ella no pensaba en su padre, que ni siquiera lo tenía en cuenta en su vida. Ella era tan fría y reservada, que no creía que tenía padres. Imagino que era huérfana.

«Ella ahora tiene otra vida.»

Gruño pensando en eso. ¿Y con eso qué? Poco le importaba que ella tuviera una nueva vida en ese tiempo. Debía pagar lo que había hecho, había una injusticia que él debía cobrar, su propia justicia. Tenía que matarla, era su deber hacerlo, esa maldita debía pagar lo que le había hecho con sangre y un lento sufrimiento. Dio un paso hasta ella con las garras erizadas en sus dedos, listas para dar el primer golpe, y…

… Su corazón, el cual hace casi medio milenio no sentía latir, ese musculo que creía muerto, bombeo sangre, enviándola vigorosa por las venas de su cuerpo. Transmitiendo un calor que creía ya nunca más sentiría y junto con él una ola de agonía lo golpeo tan fuerte que sus rodillas casi flaquearon. ¿Qué estaba sintiendo? ¿Qué era lo que le ocurría? Entonces lo inminente sucedió:

Sus alas estallaron al igual que un espejo cuando es roto.

Millones de plumas blancas volaron por la habitación, dejándolo en shock ante el inesperado suceso. Sus alas habían desaparecido de un segundo a otro. Alzo lentamente una mano como un maniquí que imaginariamente está atado a un hilo invisible que ni él podía ver, y sostuvo con su palma abierta la pequeña pluma que se poso en ella…

—Cuando sientas el primer sentimiento que te hace humano, tus alas estallaran en mil plumas blancas y desaparecerán lentamente —había explicado Kami Sama cuando le propuso su "trato"—. Tranquilo, no me veas así. Las recuperaras cuando consigas experimentar los dos sentimientos que te harán ángel de nuevo.

—¡Ja! ¿Y si no lo consigo? ¿Qué es lo que sucederá? —Pregunto altanero— ¿no podre volver a los cielos? ¿Al fin me enviaras al infierno? Dime, muero por saberlo.

Kami Sama, lo observo serio, cómo si lo que tuviera que decir fuera la peor de las condenas que podían llegar a existir.

—Te volverás un alma vacía, —sentenció—. De las que vagan por la Tierra sin encontrar consuelo ni se le permiten la entrada al infierno ni mucho menos a los cielos. Vagaras eternamente por el mundo de los vivos, solo, sin siquiera sentir algo.

Por un momento, solo por uno, sintió un escalofrió recorrerle toda su espalda, llegando a la nuca de su cabeza erizándole los cabellos. Lo había dicho de tal manera que en realidad creyó que sería peor que estar en los infiernos y ser castigado una y otra vez, sin consuelo. No poder sentir nada, estar solo…, vagando eternamente en la Tierra, sin nada más que él mismo.

Ya sentado en el suelo observo el cuerpo de la mujer. Por poco y casi la mata. Ése era su plan inicialmente ya que ÉL no había especificado nada de sobre matarla, al parecer eso no influía en nada sobre él. Podría matarla tan fácilmente que capaz ni sintiera dolor alguno, y lo habría hecho sino fuera… sino fuera…

«¡Ggnh! ¡maldita sea!»

¡De verdad quería matarla! Tener su cuello entre sus manos y exprimirlo hasta que ella ya no respirara y sangre brotara de sus labios, logrando desgarrar alguna parte de su cuerpo… quería hacerlo. Por venganza, por matarla, por sentir lo que era por primera vez hacer justicia, su justicia… pero…

No podía.

Inclino la cabeza sintiendo, dolor en su corazón. No podía hacer todo aquello que deseaba, no podía… porque aún sentía algo por ella. Sabía que aún amaba a esa maldita desgraciada que lo había engañado. A pesar de estar desilusionado con el amor de ella, no podía desearle el mal, ni siquiera podía herirla… a pesar de haber pasado tanto tiempo, él no podía.

¡Maldición!

Sintió tristeza por ella cuando la vio llorar. Y muy culpable por su egoísmo, sabía que tenía sentimientos y no era tan frio como todos esos malditos ángeles pensaban en el cielo. Pero jamás creyó que no era capaz de controlarlos, de flaquear ante la mujer que lo había engañado y que encima lloro tan de repente que lo descoloco de su plan. ¡Maldición! ¡Maldición! ¡Maldición! ¡Estúpidos sentimientos! Ahora ya no tenía más sus alas y no podía volar ni salir de allí, ahora estaba encadenado a ella. ¡Maldición!

—Ah, por cierto —le había sonreído inocentemente—. Olvide mencionar que una vez perdidas tus alas estas atado a ella hasta sentir de nuevo esos sentimientos que te «faltan».

«¿Justamente debía ser con ella?»

Sí, era OBVIO que Kami Sama, ese maldito dios, sabía que fingía no sentir nada y al verse tan obstinado en revelarlos a la luz le propuso ese condenado "trato" que de trato no tenía nada. ¿Qué ganaba él con todo eso? Ése maldito jamás especifico lo que él ganaría si le obedecía, pero como era una orden y él era su superior, casi su jefe, jamás podría desobedecerle. Suspiro afirmando su codo en su pierna que se encontraba cruza como un indio para que su palma sostuviera su mentón. Con expresión cansada observo a esa muchacha. Por su maldita culpa él había sentido dolor… si solo hubiera dormido tranquilamente la habría matado de una buena vez y él ahora podría ir al infierno.

Escucho los pájaros cantar. Volteo la cabeza observando por encima de su hombro hacia atrás, en donde se encontraban las ventanas abiertas de par en par. Entrecerró sus ojos cuando una luz anaranjada y tibia lastimo sus ojos con su potente luz solar. Ya comenzaba a amanecer. ¿Cuántas veces él sol había acariciado su piel y él jamás sintió su calidez? ¿Desde hace cuanto no veía el amanecer? ¿Desde hace cuanto qué no percibía ese aroma a mañana que solo se siente en muy pocas veces? ¿Desde hace cuanto que no cerraba sus ojos y dejaba que él sol lo mimara un segundo con sus suaves caricias solares? Y lo más importante de todo ¿desde hace cuanto que había olvidado lo que era apreciar la vida?

Ocultando su mirada en su flequillo se irguió acercándose hacia la ventana. Hundirse en el rencor por tanto tiempo había creado eso en él: olvidar lo que era estar vivo. Como si llevara en sus hombros todo el peso del mundo se inclino afirmo sus manos en el marco de la ventana, permitiendo que su cabello negro cayera como cascadas a los lados de sus hombros. Ya estaba comenzando a transformarse en humano. Miró atentamente como sus garras se encogían transformándose en uñas.

De día humano, de noche hanyuo.

Todo por culpa del rencor, todo por querer ver sangre entre sus dedos, todo por confiar en alguien que en realidad solo deseaba su sangre para proteger algo que no tenia vida y que estaba lleno de maldad… todo por su culpa. Pero no dejaría que ocurriese de nuevo lo mismo, esta vez él sería el vencedor, esta vez él engañaría a otro. Sonrió de lado en una mueca malvada, y comenzaría con esa mujer que estaba a sus espaldas. Ella conocería primero que nadie lo que era el engaño de Inuyasha Taisho hijo del general más respetado de todos los demonios… sííí… esto sería muy divertido.

Kikyuo, lo conocería por primera vez y se arrepentiría por jugar con su sentimientos, aunque él aún la amara la aria pagar, sí, la aria sufrir.

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Con un jadeo lleno de pánico abrió sus ojos.

Parpadeo aún adormilada observando la habitación en donde se encontraba: su dormitorio. Arrugo el ceño viendo borroso por el sueño, se restregó los ojos con su puño y volvió a mirar el lugar. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo había llegado ahí? Recordaba difusamente como las ventanas se habían abierto de par en par dejando que una misteriosa luz entrara desde afuera hasta posarse en frente de ella para luego tomar forma y transformarse en… en…

—¡No lo recuerdo! —se revolvió el pelo, nerviosa ante lo que había sucedido la noche pasada.

¿Todo fue un sueño? ¿lo soñó?

—Pero fue tan real.

Observo la frazada que se encontraba encima de ella y dejo su mirada clavada allí cavilando una y otra vez en los sucesos de la noche pasada. Recordaba que en hombre la quiso…

Entonces corrió cómo alma que lleva el diablo hacia el baño. Sin pensarlo dos veces se metió dentro de la tina abriendo el agua caliente. Estaba sucia, llena de mugre, impregnada del aroma de ese abusador que la noche pasada quiso aprovecharse de ella. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, abrazándose a sí misma con el piyama aun puesto. No le importaba mojarlo no le interesaba que se arruinara, solo quería quitarse lo que llevaba en la piel. Olvidar lo que había sucedido, aunque pareciera imposible. Sollozo, afirmando su frente en la fría loza del baño, dejando atrás su sueño con el demonio y recordando una y otra vez a ese infeliz que se había atrevido a tocarla… a querer abusar de ella.

Se quito lentamente el piyama, pesadamente mojado y tomo jabón y una esponja. Con fuerza comenzó a restregárselo en los brazos dejándose rojo por la fuerza que empleaba y sintiendo punzadas de dolor en las marcas moradas que tenía en su nívea piel. Tenía moretones pero eso no importaba, solo quería estar limpia, solo eso. Nuevamente lágrimas más calientes que la lluvia que caía sobre ella de la bañera recorrieron sus mejillas como lava de dolor, recordándole lo que sentía, el odio que sentía hacia ese hombre que la había querido tocar. Odiando una y otra vez el vivir sola, el no tener el apoyo de alguien a su lado, que la protegiera, que la cuidara.

«Pero es tu culpa… tu decidiste estar sola…»

Soltó la esponja enjabonada de sus temblorosas manos, y cubrió su rostro con estas últimas, llorando amargamente. Lo sabía, lo sabía bien, pero el independizarse era una cosa esencial en la vida y ella ya no era una niña para estar en la casa de su madre. Necesitaba tener su hogar, su escondite.

—¿¡Por qué me pasa esto a mí!? —Gimió en un hipo de llantos—. ¿Por qué, Kami Sama? ¿Por qué…?

Luego de por poco lastimarse al refregarse la esponja por el cuerpo, salió de la lucha lentamente envolviéndose en una bata blanca. Los ojos le ardían de tanto derramar lágrimas, y sentía que le dolían del mismo dolor que su alma sentía.

Arrastrando los pies, salió del baño. Sin observar, cerrando los ojos a el lugar sin importarle lo desarmada que se encontraba su cama, se arrojo a esta de bruces, rebotando ante el impacto que recibió su cuerpo con los resortes del colchón. Suspiró, creyendo que estaba seca como una flor cuando se marchita al no recibir agua, por las lágrimas que desperdicio en su baño. Aún el dolor era tangible, pero por lo menos no sentía ese hormigueo en el cuerpo que le daba una y otra vez olas de escalofríos por el cuerpo. Era mejor no pensar más en éso, era mejor olvidar lo que al final no pudo hacerse. Al menos, había salido victoriosa, no logro que nada más sucediera… aunque el trauma que sentía aún no la dejaba tranquila.

Se sentó en la cama dándose cuenta que si seguía allí terminaría más demacrada de lo que ya se sentía y decidió que mejor sería levantarse y comenzar el día que al parecer era hermoso. Observo sus manos que arrugaban la frazada junto con un poco de sabana que estaba toda hecha un bulto y noto algo blanco y suave al lado de ellas. Corrió su mirada y vio…

—U-una pluma… una…

Como las que tenía el demonio en su sueño…

Continuará…

N/a: Jajaja que terrible confusión que se armo entre ellos ¿no? Kagome pensando que Inu es un demonio e Inuyasha pensando que Kagome es Kikyuo, ¡Kami Sama, QUE HORROR! Jajaja. Bueno, me tarde bastante en actualizar, pero es que no tuve mucho tiempo para escribir estos días y ando un poquitito ocupada por las noches. Uf, encima por las noches es que escribo. Ahh… en fin, algo, es algo, pero pido comprensión, porfa me voy a tardar un poquito ¡pero no voy a abandonar!

¡Mil gracias a las personas que me leen y quienes me agregaron como author o story favorite! Y mucho más a los que me dejaron un reviews ^,^ oh, que feliz me siento, se ve que a muchos les gusto la idea.

Nos leemos mas tarde.

.°.°.°D.K.L°.°.°.