Capítulo 3: "Su Tranquilidad."

Fíjate para la próxima vez quien va cruzando.

Arrugo el ceño observando fijamente la mesa de madera en donde descansaban sus manos entrelazadas. Tenía recuerdos borrosos y por el maldito susto que se había llevado hace unas cuantas noches atrás, no recordaba bien el sueño que había tenido. Pero, estaba segura de una cosa… con quien se choco en el café no era ninguna locura suya ¡lo había visto! ¡Y de verdad! recordaba claramente esos destellos suaves, las enormes alas blancas… y esos cabellos plateados…

—Kagome…

—¿Eh? —musitó, alzando su mirada para ver el cansado rostro de su madre.

Tenía claras ojeras debajo de esos ojos que eran idénticos a los suyos. Se la veía más delgada y hasta un poco más vieja… todo por el dolor que sentía. Pronto olvido sus propias preocupaciones y volvió a la dura realidad: la agonizante muerte de su querido y único abuelo.

El abuelo sufría de la enfermedad más común entre los ancianos: la Enfermedad de las Arterias Coronarias es un tipo de enfermedad cardiaca. Las arterias coronarias son vasos sanguíneos que transportan sangre y oxígeno al músculo del corazón. Cuando estas arterias se obstruyen con depósitos adiposos llamados placa es lo que se denomina enfermedades de las arterias coronarias. Las obstrucciones en las arterias pueden impedir que el corazón obtenga suficiente sangre y oxígeno, y también pueden causar dolor en el pecho (angina de pecho.) Si se forman coágulos de sangre, éstos podrían suspender repentinamente el flujo de sangre en las arterias y ocasionar un ataque cardiaco.

—La placa se forma en las arterias a través de los años por un proceso llamado aterosclerosis —explico el médico quien atendía a su abuelo, cuando fueron a una común visita a la clínica—. Demasiado colesterol en la sangre es una de las causas de esta placa en las arterias. A medida que se acumula la placa, la abertura de las arterias se estrecha gradualmente y después se obstruye. La arteria también puede volverse menos elástica a esto se lo llama "endurecimiento de las arterias."

La madre de Kagome tomo de la mano a su hija mayor observando con los ojos anegados en lagrimas al doctor quien mostraba un su rostro impasible, ya acostumbrado a su "doloroso" trabajo.

—¿L-lo que nos está queriendo decir es que…?

El doctor asintió.

—Su padre tiene pocas posibilidades de vida… lo que quiero decir es que su corazón poco aguantara las palpitaciones ya que se ha formado un coágulo en una parte de su corazón. Tiene dos opciones para elegir… —concedió—, una: es La cirugía de revascularización de las arterias coronarias o más conocida como "Bypass" es una operación para llevar sangre al corazón. Para llevarla a cabo, se toma un vaso sanguíneo de otra parte del cuerpo y después se une a cada extremo de la arteria estrechada. Se puede hacer una derivación en cada arteria obstruida. La cirugía de revascularización puede disminuir el dolor en el pecho y el riesgo de un ataque cardiaco. No obstante, la revascularización también puede obstruirse. Pero eso es común después de 10 años ya luego de la operación.

»Sin embargo… es muy peligroso cuando el paciente tiene la edad de su padre, señora. Otra opción es los medicamentos recetados, pero como vera ya no puede hacer mucho un medicamento con un coagulo de sangre encontrado, el método más recomendable es el Bypass, pero es peligroso. —La observo fijamente—: usted decide señora Higurashi.

La madre de Kagome se disculpo un momento y dijo que necesitaba pensarlo, ya que se trataba de la vida de su querido padre.

Habían transcurrido tres días de ese acontecimiento y su madre aun estaba en duda. Suspiro al verla tan concentrada observando hacia la ventana que daba al patio de su templo. Era muy difícil decidir, ya que era entre la vida y la muerte, pero también se trataba de pensar en dejarlo sufriendo o encontrar una salvación a pesar de ser arriesgada…

—Mamá…

—Kagome… he tomado una decisión —sentencio su madre observándola con sus ojos brillosos y rostro cansado.

Un largo silencio ensordecedor inundo el lugar tornando el momento tenso. Kagome trago saliva sintiendo un escalofrió recorrerle su espalda, sabía que la decisión que tomara su madre seria la correcta… debía ser la correcta.

—Vamos a operar al abuelo.

—Mamá…

—Es lo mejor hija —dijo con la voz trémula— si tu abuelo soporta la cirugía será un milagro de Kami Sama… él ya no puede seguir sufriendo de esta manera, debemos encontrar la manera menos dolorosa para que él pueda seguir viviendo o… —se tomo un minuto para controlar el llanto que se acumulaba en su garganta—… o descansar en paz. Y esta es la mejor opción…

Bajo su mirada a la taza humeante de té que minutos antes su madre había colocado para que bebiera. Esa era la mejor opción… eso decía el doctor… eso afirmaba su madre, pero… ¿Cómo se calma el dolor de perder a su único abuelo? ¿También existirá alguna opción…?

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—¿Y eres de por aquí?

Suspiro con clara pesadumbres al escuchar la chillona voz de una de las tantas chicas que lo había seguido por prácticamente tres malditos días.

Desde esa vez que se fue de la casa de esa niña había huido de toda clase de mujeres que lo perseguían sin descanso alguno. Parecía como si él fuese un cantante Pop del cual todas ellas quería un poco de él. En una ocasión de estos tres días fue acosado por una ola de mujeres que al parecer eran fanáticas de un gran cantante, casi le habían arrancado la manga de su camisa —pensándolo bien, lo hicieron— y unos cuantos mechones de su hermoso cabello negro. Se cruzo de brazos observando de forma apática a esas rubias de buen cuerpo, lindo rostro, pero insoportable voz que no paraban de cotorrear queriendo llamar su atención. Como desearía tener sus alas nuevamente y salir volando de allí, siendo tal como es y no con esa forma de humano que tan repugnante se le hacía.

Con resignación y cerrando sus ojos imaginándose que no estaban pegadas a él respondió:

—No, no soy de por aquí —mostro una media sonrisa notando el doble sentido a sus propias palabras tan irresistible que las mujeres suspiraron llenas de placer. Vengo de una ciudad que es poco conocida.

—¿Un pueblito? —inquirió una de ellas. El demonio puso sus ojos en blanco. ¿Cómo era posible que preguntara "un pueblito" si acababa de decir "¡una ciudad!"? ¡Kami Sama! Algunas mujeres podían ser algo… desquiciantes.

—Acabo de decir…

—¡Lo sé, lo sé! Pero es que hoy no podía… debía ir a ver al abuelo a la clínica.

«Esa voz… yo la conozco.»

Rápidamente se separo de las mujeres que lo tenían firmemente —como si fueran tenazas— tomado de los brazos colgándose una de cada lado. Observo casi desesperado hacia todos los lados de su cabeza esperando encontrar la figura de Kikyô. La otra noche cuando la tenía a su merced no pudo hacerle nada ya que un maldito sentimiento había salido a flote desde lo más profundo de su… ¡de lo que sea que se encontrada dentro suyo! Pero esta vez… esta vez sería diferente, la vería sangran, morir desangrada o al menos quemada, igual que él.

Y la vio.

Iba caminando a zancadas rápidas por la vereda de una calle hablando por lo que ellos, los humanos, llamaban "celular o móvil". Y algo lo hipnotizo. Dejo que sus ojos vagaran por esa menuda figura, algo desgarbada y sin gracia para caminar… algo llamaba su atención, algo que no podía comprender. No mostraba una figura de una mujer de veintipocos años, más bien parecía, parecía… ella mostraba algo que las demás mujeres que vio a lo largo del tiempo que llego a la Tierra carecían.

Seria… seria ¿bondad?

«¡Keh! Claro que no. Solo la veo diferente porque es Kikyô.»

—Debo irme —se despido con la vista clavada en la mujer que cada vez se alejaba más y más de él.

—¡No, espera! ¿Por qué te vas? Si recién has llegado —se quejo una de ellas tironeando más de su brazo para que él se quedara pero Inuyasha al tener mucha más fuerza que tres hombres juntos podía sin hacer el mas mínimo esfuerzo hacerlas que lo soltaran, claro que sin la menor delicadeza.

—¡Suéltenme!

¡NO! —gritaron al unisonó.

—Pues ustedes lo pidieron —murmuró con tono siniestro. Cerró sus ojos y con un simple movimiento de brazos hizo que rudamente ambas mujeres cayeran al suelo haciendo que sus cabellos se movieron con brusquedad enmarañándolos.

—Ouh… dolió…

—¡Keh! Jodanse… —y se fue como alma que lleva el diablo.

Bien, ya se había alejado lo suficiente de él, no la veía, pero estaba seguro que había doblado en alguna esquina de ese lugar. Jah, eso no evitaría que no pudiera alcanzarla. Esta vez no tendría compasión por ella, la mataría de la misma manera que ella lo hizo con él hacía más de quinientos años en el pasado. Corrió velozmente como si fuera un depredador que estuviera a punto de cazar a su presa, impulsado por el recuerdo que provoco mas odio del que sentía en ese momento. Muchas personas lo observaban con cara de espanto al verlo correr a una velocidad que ni siquiera podría ser humana, pero claro, a un demonio como él poco le importaba.

—¡No, hey, no lo molestes! —la escucho gritar apenas doblo en una esquina. Se escuchaba un maullido lastimero y ladridos de perros hambrientos. Sentía el olor a deseo de matanza en el aire, eran perros que al parecer querían matar a un gato o gatito, lo que sea que fuera.

Salto de una vereda a otra llegando a la esquina en donde se había perdido la maldita de Kikyô, teniendo Inuyasha una sonrisa plasmada en su rostro tan malévola que hasta el más valiente se hubiera estremecido, por ya poder saborear el momento de venganza. Pero se quedo estupefacto al ver lo que se encontraba frente a él: la sacerdotisa que él tanto odiaba se encontraba con un gatito en sus brazos arrinconada por las rejas añosas y algo oxidadas que separaban un edificio de otro, con un miedo tan tangible que por poco y se lo trasmite a él. ¿Esa era la Kikyô que él conocía? ¿Ella era la gran sacerdotisa que hace quinientos años fue capaz de defender con su propia vida una joya de innumerable valor? ¿De verdad era ella? Los perros gruñían y la observaban con una sed de muerte que le recordó a los demonios de su época, solo que estos eran pequeños y no de un tamaño colosal. Aun así logrando que ella temblara de miedo. Frunció el ceño al ver como Kikyô se estremecía sosteniendo el gatito en sus brazos, cerrando sus ojos con fuerza al oír los gruñidos de los perros, pidiendo plegarias a Kami Sama ese maldito que lo envió a la Tierra.

Dio un paso al frente, chocando con la punta del zapato una lata de gaseosa que rodo por el suelo suavemente pero lo suficientemente fuerte para que en un momento de tención ella abriera sus ojos… de súbito.

Y sus miradas se encontraron.

Y fue lo peor que pudo pasar…

Ella no era Kikyô…

Ella no era Kikyô. Ella no era Kikyô… esos ojos. Esa mirada. Su corazón dio un solo latido que llego a aturdirlo y poner de cabeza todo lo que él había planeado hacerle. La manera de hacerla pagar lo que le hizo… todo. Encontrarse con alguien que se parecía tanto como a la vez no a Kikyô, no se encontraba ni en sus más locos sueños, no se encontraba en ninguna prospectiva ¡en ningún maldito lado! ¡Maldita sea! Apretó los puños con tanta fuerza que estos llegaron a temblar por la fuerza ejercida. Y el ambiente se torno tenso como insoportable, casi asfixiante. Inclino su cabeza hacia delante alzando sus hombros hacia atrás, enfadado con el mundo, con Kami Sama quien lo engaño, se burlo de él… maldito infeliz.

Kagome presiono su espalda mas contra las rejas oxidadas y tembló ligeramente al ver esa mirada que de un segundo a otro se volvió… se volvió…

—Negra… —jadeó, sintiendo como los ojos le escocían. Había algo en ese hombre que le provocaba un miedo único transformándose en pánico. Debía sentirse bien porque alguien llego a ayudarla… pero eso sería justo lo que haría si no fuera porque justamente el hombre quien fue en su ayuda no era nada más ni nada menos que el demonio de su sueño…

Retrocedió inútilmente hacia tras mientras que las rodillas no paraban de temblarle y sus ojos se llenaban de lagrimas por el miedo que sentía. Algo le decía que ese hombre que extrañamente se apareció dos veces en un mismo día no era alguien común y corriente ni tampoco alucinaciones suyas. Tomo aire mientras veía como alrededor de él comenzaba a rodearlo una presencia extraña que no era de este mundo. Los puños le temblaban y no dejaba de observarla a los ojos como si quisiera atravesarla con la mirada. Como si quisiera matarla ahí mismo.

Los perros callejeros tiraron sus orejas hacia atrás y comenzaron a dejar un espacio justo por donde se encontraba el hombre de mirada acecina, gimoteando, observándolo con una devoción que le surgió extraña.

—¿Quién eres? —exigió saber con su ceño fruncido profundamente provocando que ella diera un brinco al sentir el tono de su voz.

—¿C-como?

—¡¿Qué quien eres?! ¡Maldición!—se acerco a zancadas veloces hacia la muchacha hasta que solo pasos los separaban—. ¿Por qué te pareces tanto a ella? ¿Quién demonios eres?

—Yo… yo…

—¡Responde! ¡Maldita! —grito fuera de sí, acercándose hasta permanecer a solo centímetros de su cuerpo.

¿Por qué condenadamente no lo había notado? ¿Por qué al ver esa mirada tan distinta a la de la sacerdotisa recién vio que no era a quien buscaba? ¡¿Por qué Kami Sama lo engaño?! Él no esperaba encontrarse con una muchacha que se pareciera tanto a ella, él no esperaba mostrarse enfrente de un humana cualquiera, él no quería ver a otra…

Esa noche, la primera vez que se vieron, no reparo en esa mirada, esos ojos que tenían algo que Kikyô no. ¡Por Kami no lo vio! Era tan obvio al mirarla a los ojos y darse cuenta que esta mujer no era… no era…

—¡Maldita seas! —rugió tomándola de los brazos. Casi clavándole los dedos en la suave carne de su cuerpo—, ¡por parecerte tanto a ella!

—¡No! ¡Suéltame! —sollozo con lagrimas cayendo de sus ojos, negándose a mirarlo, removiéndose inquieta… tratándose de zafar de un agarre casi fiero.

«¡De nuevo no! ¡Por favor, no!»

El ángel/demonio la tomo por el cuello obligándola a mirarlo al tiempo que sus ojos se mostraban profundamente demoniacos. Estaba loco, desquiciado por matar a la maldita que se parecía tanto a su Kikyô. No debía vivir, no tenía derecho a parecérsele tanto, no lo tenía. Presiono un poco más el delicado cuello de Kagome, haciendo que esta ultima soltara al gatito que tenía entre sus brazos para tomar la muñeca de Inuyasha y tratar de quitársela de encima, aunque claro era un demonio con quien estaba tratando. Pesadas lagrimas caían de sus ojos, al tiempo que sentía como el oxigeno cada vez se iba más y más, como apenas podía tragar, como todo se nublaba lentamente y lo último que veía era esa mirada desquiciada oscurecida por un tormento que él mismo trataba de ocultar, que obviamente se negaba a ver.

Él también sufría.

Algo dentro de ese hombre lo estaba atormentando. Tenía miedo, a algo que ella no llegaba a ver…

Soltó la muñeca de ese hombre que tenía el rostro desfigurado por el odio que sentía hacia alguien que no era ella y estiro su mano a la cara de él, rozando con la punta de sus dedos su piel. Inuyasha tuvo un pequeño tic en su ceja izquierda y con su mirada observo la pequeña mano de Kagome que lentamente se posaba en él, con tanta cautela como si fuera un animal salvaje que en cualquier momento se asustaría y huiría ante cualquier movimiento brusco. Su ceño dejo de fruncirse, cuando volvió su mirada a los ojos castaños que soltaban lágrimas como si alguien muy querido hubiera muerto. ¿Por qué lloraba?

El dedo pulgar se movió suavemente acariciando la majilla del demonio, como si fuera una señal para que ejerciera menos fuerza en el agarre del cuello de la joven. Él obedeció lentamente, primero, ejerciendo menos fuerza hasta que su mano cayo flácida a un lado de Inuyasha y sus ojos no dejaron de estar clavados en los de Kagome, calmado completamente, sin ningún atisbó de odio. Él era como un animal salvaje que en el pasado lo maltrataron y ahora solo sabia responder con agresiones, sin confiar en nadie. Como los perros cuando su propio dueño los golpea desde cachorros y luego con él tiempo cuando crece lo único que desea es ver sangre, matar a todo aquel que se le acerque… él era así. Fue por eso que decidió no temerle, porque entendía que algo en él estaba mal, algo en su pasado había provocado que fuera de esa manera, algo que ella estaba dispuesta a hacerlo olvidar.

—Tranquilo… —susurró sin dejar de acariciarlo y observarlo con una mirada dulce y comprensiva.

—No te le pareces… en nada —musitó cerrando sus ojos, colocando su propia mano sobre la de ella, sintiendo la tranquilidad que Kagome le transmitía con solo tocarlo, con hablarle, el calor que le trasmitía…—, tengo sueño…

Y se desplomo sobre ella…

Kagome chillo al ver que ese hombre se le caía encima. Su cara choco contra su pecho, presionando su nariz con fuerza haciendo que un intenso dolor envolviera su cabeza levemente y no fue capaz siquiera de sostenerlo un momento ya que sus rodillas le fallaron y ambos cayeron al suelo: ella de espaldas y el sobre ella, cubriéndola por completo. ¡¿Pero que había pasado?! ¿Por qué se desmayo así? Tan de repente. Le costaba respirar y claramente podría sentir lo duro que era… abrió sus ojos desmesuradamente imaginándose en la posición tan intima que se encontraban y un intenso rubor nació de sus magillas cubriendo ligeramente su nariz. Los ojos le brillaban de vergüenza y con todas sus fuerzas trato de correrlo tomándolo por los hombros pero fue incapaz de moverlo siquiera unos centímetros ya que él era mucho más alto que ella y también obviamente pesado.

—Hey… oye… ¡muévete! —ordenó, removiéndose un poco. Pero hubiera deseado jamás haberlo hecho.

Inuyasha ladeo su cabeza con un quejido justo en el momento que Kagome movía la suya para observarlo… y sus labios chocaron…

Sus labios se habían tocado…

Continuará…

N/A:¡Feliz navidad! ¡Jo, jo! n,n espero que este regalito (algo tardío por supuesto) les haya gustado. Sinceramente lo tenía escrito por la mitad hace unos cuantos días (meses, años, días y horas xD) y de a poquito iba escribiendo hasta que hoy me senté y escribí los últimos retoques. Uf, me costó medio cerebro y otro jeje porque ya se me está yendo la maña de la escritura… aunque aún tengo algo de la anterior Dulce ¡¿verdad?! ò.Ó jeje espero que sí. Mis más humildes disculpas por haberme tardado tanto en actualizar con un nuevo cap, pero es que mi vida dio un giro de 180° y digamos que aun no logro acostumbrarme jeje algún día cuando me sienta con la suficiente confianza les voy a decir cuál es ese giro, pero por ahora solo lo dejemos ahí.

¡Estoy muy agradecida por las personas que se tomaron la molestia en dejar un reviews para mi historia! Jeje ni en mi más loco sueño me imagine que con solo dos caps. podía recibir tantos reviews jaja ¡vamos chicas! ¡Vamos por los 100 reviews! (que ambiciosa ¬¬) ¡las quiero son preciosas! ¡Gracias por este apoyo y de verdad disculpen por mi tardanza!

Hasta siempre xD

Gracias por leerme.

¡Y felices fiestas y prospero año nuevo! ¡jo, jo, jo!

.°.°.°D.K.L°.°.°.