Capítulo 6: Devuelta a Casa.
Caminaron un largo momento en silencio por ese valle de flores en donde antes el arcángel Kouga dijo que ella se pasaba horas sentada. Se sentó en las raíces de un árbol y suspiro al sentir la paz que había en ese lugar, que bonito que era, lleno de flores silvestre con los cálidos rayos de sol acariciando sus mejillas más la delicada briza que mecía sus cabellos y llenaba sus pulmones, como si fuera otoño… igual que otoño. Sonrió satisfecha y se sintió como si no fuera la primera vez que pisaba ese lugar…
—Ahh… pero que lindo que es este lugar —dijo acariciando una pequeña flor silvestre de color violeta—. Es casi mágico ¿no opina así? —inquirió volteando el rostro para observarlo risueña.
Él le sonrió con ternura.
—Es porque este lugar tiene su magia, mi niña.
—¡Oh! Es cierto —rio sacando su lengua—. Lo había olvidado.
«Este es un lugar en donde reina lo mágico y mitológico, es natural que la magia exista aquí.»
—Al igual que lo has olvidado…
El silencio reino entre ellos, para dejar lugar al sonido de las risas de algunos niños y la charla de hombres o mujeres. Dejo vagar su mirada por este lugar, tratando de recordar algo, algo que la haga ver que ella antes estuvo allí… pero lamentablemente nada podía lograrlo ya que nada le resultaba lo suficientemente familiar. Bajo su mirada acariciando con la yema del dedo índice los pétalos de la flor. Claro, a ecepción de ese pequeño valle de flores.
Suspiro melancólica.
—Eh… señor, Kami Sa… —sacudió la cabeza—. Quiero decir, Kami, ¿podría hablarme sobre cómo es que llegue a este lugar? —inquirió tímidamente. Necesitaba saber como había sido su muerte o que era lo que hizo para convertirse en un ángel, como dijo Kouga.
Espero unos cuantos segundos, hasta que el silencio se hizo ensordecedor y ni ella pudo soportarlo más. Volteo el rostro hacia su deidad ansiosa, buscando el porqué no le respondía y se quedo pasmada al ver lo serio que estaba.
«¿Por qué no…?»
—Antes, hace mucho tiempo —comenzó con la mirada perdida hacia el frente, como si pudiera verlo claramente— una sacerdotisa murió a causa del misterioso poder de una joya que según dicen puede cumplirte cualquier deseo…
—La Shikon No Tama… —musito al viento, recordando el nombre de la perla que su querido abuelo siempre le contaba cambiando algunas partes de la historia siempre que podía—. Según mi abuelo, dice que mi familia fue por muchas generaciones protectores de esa valiosa perla, hasta que un día misteriosamente desapareció.
Kami asintió.
—Hasta ahora, nadie sabe en donde se encuentra, pero yo creo que se debe encontrar en algún lugar de la Tierra —dijo cauteloso… como si ocultara algo, claro que Kagome esto no lo noto—. Bien, como decía, al morir esa sacerdotisa y por haber lastimado por obligación a otro, sus almas se dividieron en dos. Una de ellas fue al infierno mientras que la otra (por ser sacerdotisa) llego al cielo, de ahí se creó tu propia esencia.
—Oh… ya veo… —eso quería decir que ella tenía el alma de una sacerdotisa y sus propias almas… pensó una y otra vez en las palabras que Kami le dijo, recordando al mismo tiempo las historias de su abuelo sobre esa joya…
Abrió sus ojos desmesuradamente notando algo demasiado obvio para no haber advertido antes.
—Eso quiere decir que mi destino es estar relacionada de alguna manera con esa perla… por haber sido la sacerdotisa del pasado que la tenia… —susurró muy sorprendida.
Su deidad se encogió de hombros despreocupadamente.
—Muchas personas tiene un destino parecido al tuyo. No es coincidencia que el que es doctor lo sea porque simplemente le gustaba esa profesión, antes esa persona era un brujo o curandero —le acaricio suavemente su flequillo— ya está marcado que persona va a ser tal cosa, tu pasado hace tu futuro…
—¿Y el arcángel Kouga e Inuyasha?
Su deidad se carcajeo como su hubiera recordado un buen chiste.
—¿Qué es lo que le causa gracia? —pregunto con las mejillas rojas al pensar que Kami se reía de ella.
—Es que pensé que llamarías a Inuyasha «demonio" o «medio hombre» pero tú lo llamaste por su nombre —le sonrió cerrando sus ojos— eso quiere decir estas comenzando a llevarte bien con él.
—¿Qué? —Jadeo— ¿llevarme bien con él? eso es imposible. Es muy agresivo y también… —recordó lo que sucedió en el callejón provocando que su rostro tomara un color carmesí muy brillante, bajo su mirada al suelo dejando que sus cabellos la ocultaran.
Él alzo una ceja al ver su reacción.
—También… es muy impulsivo… es como una bomba de tiempo.
—Ah… ya, está bien —concedió sin volviendo a mostrar su eterna sonrisa—. Retomemos nuestra charla. ¿Te parece?
Kagome asintió sin despegar su rostro de entre sus rodillas, ya que se había ocultado allí completamente avergonzada por lo que había pasado en ese endemoniado callejón.
—Kouga e Inuyasha, deberían ser animales…
Alzo su mirada tan rápido que le sorprendió su velocidad al dios que tenia a un lado.
—¿Por qué? ¿Sino son medios humanos? —indago preocupada.
—Hey, ¿te preguntaste porque cuando estábamos en mi salón ellos se llamaban: «cara de perro» y «lobo llorón»? —le respondió con otra pregunta.
La joven lo pensó un momento y luego murmuro un «sí» casi imperceptible.
—Eso es porque ellos antes eran demonios, solo Inuyasha era medio demonio. Kouga, bueno, él era un demonio puro que al enamorarse de una humana y dar su vida consiguió comprarse (por llamarlo de alguna manera) un lugar aquí en el cielo.
—Pero… ¿entonces por qué deben ser animales en vez de humanos? Lo entiendo por el arcángel Kouga ya que él era demonio pero… ¿Inuyasha? Él era un medio demonio ¿o no?
—Como ya te he dicho, tu pasado hace tu futuro…
Eso quería decir que ellos debían ser animales ya que en su vida pasada fueron demonios. Frunció su ceño no muy satisfecha por lo que acababa de descubrir.
—¡Pero es injusto! —Se quejo— ellos hicieron cosas buenas, ¿Por qué pagarles de esa manera? ¡Kouga-kun, dio su vida por una humana! ¿No? e Inuyasha… él… —¡demonios, no sabía que había hecho Inuyasha! Se mordió su labio en clara desventaja.
—Hija —llamo con toda la tranquilidad que solo él podía tener— tu eres veterinaria, dime ¿Qué tiene de malo ser un animal?
Kagome lo observo fijamente. Era verdad, Kami Sama tenía mucha razón, no tenía nada de malo ser un animal… sólo… sólo qué ella… un humano no era lo mismo que un animal…
—No tiene nada de malo… —susurró sin observarlo.
—Mi niña… no te preocupes —le tomo el mentón obligándola a que lo observara— ellos tendrán lo que se merecen, como ya te he dicho y repetido… tu pasado hace tu futuro y ellos serán recompensado con lo que hicieron en su pasado.
Lo observo por un segundo escuchando lentamente sus palabras para luego mostrar una hermosa sonrisa llena de felicidad.
—Gra…
—¡Papá, espérame! —se escucho a lo lejos.
Volteo su rostro hacia atrás, buscando la vos de un niño que había gritado y sin poder evitarlo como siempre cuando veía a una padre con sus hijos, sus ojos se llenaron de lágrimas imaginándose muchas veces el rostros de su padre en el de los hombres que se encontraban con sus familias. Cuanto lo extrañaba…
Entonces recordó algo muy importante que capaz… pudiera hacer en ese lugar.
Se incorporo del suelo y siguió observando el lugar, pero esta vez buscando a una persona en particular a alguien especifico. Sintió un nudo en la garanta al ver a un hombre tomado de la mano de su pequeño hijo caminando tranquilamente por el pequeño claro lleno de flores. Esa imagen le recordaba tanto a cuando ella era pequeña y su padre la llevaba de la mano al caminar por cada plaza de Tokio, siempre charlando con ella, aunque sea una estúpida conversación él siempre le prestaba atención, como si fuera de lo más interesante.
Ya desesperada comenzó a mover con más rapidez sus ojos buscando en cada rostro que veía el de su padre, pero ninguna de esas personas le era familiar o se parecía siquiera a él. Con el corazón desbocado volteo para observar a Kami Sama quien tenía la vista clavada en ella entendiendo con solo mirarla lo que ella quería preguntarle y no encontraba palabras: «¿está mi padre aquí?» se moría por decir, pero no tenía el valor si quiera de abrir sus labios y preguntar. Él negó con su cabeza lentamente logrando que Kagome callera de rodillas enfrente de él totalmente destruida.
—¿Qué? —jadeó en un susurró— dime, por favor, dime lo que quieres decir… —soltó en un sollozó— ¿Por qué niegas con tu cabeza? Él… ¿él no está aquí? ¿Es eso?
Kami suspiro, y lentamente acerco su mano a la mejilla de ella enjugando sus lágrimas con el dedo índice tiernamente, logrando así apaciguar un poco los violentos sollozos de la joven que había bajado su rostro hasta que su mentó casi chocara con su pecho.
—No puedes verlo…
Kagome alzo su cabeza, observándolo estupefacta, mientras que más lágrimas silenciosas resbalaban por sus mejillas como ríos de dolor.
—Lo siento…
—¿Por qué…? —Inquirió tomándole la mano para que le explicara— ¿Por qué no puedo ver a mi padre? Lo extraño tanto… todos lo extrañan.
—Hija…
—¡Por favor! ¡Kami Sama, déjeme ver a mi padre, por favor! —imploro, sin dejar de llorar, hipando de vez en cuando mordiéndose el labio para tratar de controlarse a duras penas.
—Kagome, escúchame —hablo obligándola a observarlo, ya que había cerrado sus ojos—. Tranquilízate y déjame explicarte mis razones, para negarte el encuentro con tu padre ¿de acuerdo? —la escucho hipar y sonrió ante lo tierna que podía llegar a ser, cada vez que la veía más estaba de acuerdo con que había tomado la decisión correcta al elegirla.
Ella asintió y Kami Sama al instante cambio su expresión a una seria.
—Tu estas viva, y no eres de este lugar, mi niña —se cayó por un momento para observar a todos los ángeles que se encontraban en ese momento, caminando, hablando, riendo, observando por el pequeño claro—. Es una regla que se creó hace tiempo, hace mucho tiempo entre todos los dioses: «si un humano pisa suelo sagrado no puede ver a los que ya conoció en la tierra, solo a los ángeles». Lo lamento.
—Pero… ¿Por qué?
—Porque sino quienes vuelven a la tierra, me refiero a los ángeles que se les da otra oportunidad, no querrán olvidar sus recuerdos para cuando volver reencontrarse con los suyos. Nosotros debemos evitar que eso suceda, es por eso que a tu padre lo enviamos a cuidar de alguien mientras tu estas aquí.
Cayó por un momento observando la nada, repitiendo una y otra vez las palabras de Kami Sama en su mente.
Una nueva brisa meció los cabellos de ambos hacia atrás. Kagome aspiro profundamente el aire fresco y puro del lugar entrecerrando sus ojos, dejando que unas últimas lágrimas resbalaran de sus mejillas despidiendo el dolor que siempre embargaba su corazón al recordar la funesta muerte de su padre. Bien… ya nada debía hacer en ese lugar si su padre no se encontraba allí, si ella no podía verlo no era necesario desperdiciar más tiempo ahí, tenia cosas que hacer en su querida tierra, debía ir a atender su pequeña tienda veterinaria, pagar la universidad de su hermano, ayudar a su madre con su…
Su abuelo.
Abrió sus ojos desmesuradamente al tiempo que su rostros tomaba un color blanco como el papel. Se arrodillo en el suelo quedando a un lado de Kami Sama quien la observo alzando su ceja cuando ella tomo sus ropas con las manos arrugándolo todo, en un acto de pura desesperación.
Ella necesitaba saber… necesitaba saber… saber si su… si…
—Mi-mi-mi Señor… yo…
—Tranquila, hija —trato de calmarla posando una mano sobre las de ella, estirando la otra para acariciar sus cabellos como lo aria con una niñita. Sonrió con sincera afabilidad—. Dime que es lo que provoca que actúes así.
Kagome dudo. Bajo su mirada desesperada al suelo, observando sus rodillas. ¿Qué sucedería si Kami Sama le respondía lo que ella no estaba esperando escuchar? ¿O si le dijera lo que ella rogaba escuchar? Y ella no podría hacer nada contra el destino ya marcado. Se mordió el labio advirtiendo como otra ola de lágrimas se quería hacer presente y apoderarse de ella. Pero contuvo la respiración por un momento tratando de mantener a raya ese estúpido sentimiento de tristeza que últimamente parecía no quererla abandonar. Cerró sus ojos soltando lentamente el aire. Allí estaba su respuesta, solo debía preguntar, abrir sus labios y preguntar qué pasaría con su abuelo… solo debía hacer eso…
«Pero… ¿y si al saber la verdad de todas formar no podría hacer nada?»
—Kagome…
«Sólo debes preguntar, solo eso… hazlo. ¿Y si no tenemos otra oportunidad como esta? ¡Kagome, hazlo!»
Escucho a la voz de su conciencia gritarle…
—Hija… ¿Qué es lo que sucede? —preguntó, observándola preocupado.
Lo miró por un largo instante, clavando su mirada en esos ojos que tanta paz le transmitían. Estaba dubitativa… ya que al saber lo que le sucedería a su abuelo y si fuera inminente y ella no podría llegar a hacer nada… ¿Qué caso tendría saber lo que le sucedería? Ella no podría hacer mucho, más que prepararse para su muerte. Sería el mismo caso si su abuelo se salvara, no aria nada, pues todo seria obra del destino y no de ella. ¿Qué aria?
—¡Oe! —se escucho una voz a lo lejos.
Ambos voltearon el rostro hacia la izquierda mirando sorprendidos ante la repentina interrupción que los llamo. Kagome abrió un poco mas sus ojos al ver al medio demonio que se acercaba a ellos con paso raudo y una expresión muy dura en su rostro, como si estuviera realmente molesto. Escucho suspirar a Kami Sama viendo como este alzaba una ceja. Parpadeo algo sorprendida cuando la luz del sol fue tapada por el cuerpo del hombre. Alzo sus ojos a él entornándolos levemente al ver la sombra enmarcada por la luz que Inuyasha provocaba al estar casi encima de ella.
—¿Por qué caraj…?
Cayó abruptamente en el mismo momento en que Kami Sama hacia un conjuro con sus manos murmurando palabras sagradas que apenas si pudo descifrar Kagome. De repente unas pequeñas luces de colores dorados comenzaron a elevarse de entre las flores hacía Inuyasha quien con gruñidos guturales comenzó con sus garras a tratar de destruirlas, sin lograrlo. Y en un parpadeo esas luces se dirigieron al cuello del medio demonio formando un collar. Kami miro a Kagome con una sonrisa de suficiencia en su rostro y pidió:
—Por favor hija hazme el favor de pronunciar una palabra para calmar a la bestia.
Inuyasha quien se encontraba luchando contra el collar para sacárselo se detuvo en seco fulminándolo con la mirada.
—¿Cómo te has atrevido a llamarme? —crujió sus dedos amenazadoramente.
Kagome dio un respingo ante la amenazadora muestra de Inuyasha clavando sus dedos en la ropa de su deidad.
—Vamos, rápido, di algo para calmarlo —la alentó palmeándole suavemente sus manos.
—Pero es que… no sé qué decir…
—Grrr… —gruño le medio demonio acercándose lentamente hacia ellos.
«¡Oh, oh! ¿Qué puedo decir?»
—¡Ya me tienen cansado! —y alzo su mano hacia arriba mostrando sus filosas garras que podrían sin ningún problema partir un tronco en dos.
—Yo… yo…
—¡Muer…!
—¡ABAJOOO! —aulló con todas sus fuerzas aturdiendo a Kami quien cerró sus ojos y alzo una ceja al escuchar un gran golpe seco que se estrello contra el suelo.
Luego de unos segundos mientras la tierra que fue levantada lentamente se fue esparciendo y la tos de Kagome, ante el polvillo, se apaciguo, claramente se pudo observar el doloroso panorama que mostraba Inuyasha: arrojado de bruces, unos cuantos centímetros bajo tierra, lleno de pequeños trozos de esta y con los brazos extendidos hacia delante, se encontraba el medio demonio quejándose con la voz amortiguada por la tierra.
La chica alzo una ceja comenzando a sudar frio divisando lo que se vendría cuando esté se recuperara del golpe que el conjuro de Kami Sama había provocado. Se escondió detrás de su deidad y lo observo temerosa, aunque muy en su interior no podía negar que eso le había causado algo de diversión, no estaba muy segura del porque. Contuvo la respiración al ver como lentamente Inuyasha se incorporaba quejándose y mascullando una que otra maldición.
—Te he dicho innumerables veces que no digas blasfemias cuando estés en lugares sagrados —regaño Kami Sama seriamente mientras se ponía de pie dejando a Kagome en el suelo observando la escena aun con nerviosismo—. Y como se ve que no aprendes… te he puesto un severo castigo que sé que te enfermara —cayó un momento observándolo fijamente al igual que lo hacia Inuyasha con la diferencia que este ultimo lo retaba a un duelo sin decirlo—, es justo: ese rosario que llevas puesto te controlara para que obedezcas a Kagome y no la lastimes como ya has intentado en veces anteriores.
Ambos jóvenes abrieron desmesuradamente sus ojos, observando estupefactos al Dios que observaba sin un ápice de compasión a Inuyasha.
—Es justo —repitió—. Tú te comportas mal, ella te castiga.
—¿¡Qué?! —casi gritaron, al unisonó.
—¡¿Yo que tengo que ver en todo esto?! —Indago incorporándose del suelo observando casi aterrorizada a Kami— ¿Por qué debo castigarlo yo? Ni siquiera pedí esto ¡además quiero seguir viviendo y por las noches dormir sabiendo que a la mañana siguiente voy a seguir viva y no muerta por un demonio!
—Tranquilízate Kagome —dijo con su eterna tranquilidad—. Eso no pasara nunca.
—¡Jah! Eso dices tú… —lanzo una fulminante mirada a Kagome quien trago saliva con dificultad— cuando menos lo esperes me lanzare sobre ti y te matare sin que lo hayas…
—Abajo.
Y cayó al suelo.
Kami Sama alzo una ceja observando la contrariedad de Kagome.
—Pensé que habías dicho que no querías morir.
—Es que… —lo observo con la mirada de cachorro mojado— es mi arma para protegerme ¿no? si es así… pienso utilizarla
«Además ese chico me causa mucho miedo…»
.°.°.°.°.°.°.°.°.°.
Observo con los ojos llenos de curiosidad y sus mejillas levemente sonrosadas de la ternura al pequeño gatito que tenía enfrente, sobre la mesa del escritorio de Kami Sama.
—Señor…
—Hija, ya te he dicho como puedes llamarme… —la corrigió con amabilidad.
—Oh, sí, es verdad —se aclaro la garganta—. Quiero decir… Kami… —volvió su mirada al gato que la observaba con verdadero fastidio y como si estuviera completamente enojado— ¿es en serio que este gatito es… el ángel Kouga?
Inuyasha estallo en carcajadas detrás de Kagome tomándose su estomago y tirando —exageradamente— su cabeza hacia atrás, gozando a todas luces el momento. ¡Ahora entendía cuando el viejo de Kami Sama decía "justo con sus castigos"! ¡Esto era lo mejor!
El gato que estaba sobre el escritorio lo observo de manera amenazante al tiempo que Inuyasha se limpiaba las lágrimas que había salido de sus ojos ante el irremediable ataque de risa que lo embargo. Kouga afilo sus garras y maulló con odio, lanzándose sin previo aviso hacia el joven que lo tomo al vuelo mientras el gatito trataba con todas su fuerzas arañarlo.
Kagome hizo caso omiso ante lo que pasaba detrás de ella ya que si se iba a mayores podía utilizar su nuevo poder adquirido. Sonrió como una niña cuando le dan un regalo, extrañamente disfrutaba mucho con lo que Kami le había concedido, aunque…
«Aunque a pesar de ello tenga que tener otra carga mas norme que todos los problemas que ya tengo…»
—Kagome —musito Kami.
La joven volvió su mirada hacia él y trato de regalarle una sonrisa sincera, claro que sin mucho éxito.
—Hija… —camino hasta ella. Se detuvo enfrente y poso una mano sobre el hombro de la chica, mirándola con una calidez que toco su corazón—, sé que crees que esto es una carga más para ti —sonrió— pero no lo es.
Ella bajo su mirada con los ojos algo brillosos. Sí lo era, pero no podía negarle algo a él… no podía por el simple hecho de que en ese lugar se encontraba su padre y Kami Sama lo protegía con su manto divino.
—Inuyasha podrá ser alguien con un carácter explosivo y hasta lograra sacarte de quicio… pero, él no es malo… —le acaricio el cabello como a una niña— te ayudara, ya lo veras, solo dale tiempo y muchas oportunidades. Él ahora es humano y sabes que ellos cometen errores, es su naturaleza lo que lo provoca…
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Y como sucedió cuando fueron al cielo con el arcángel Kouga, llegaron en un abrir y cerrar de ojos a la tierra. Esta vez cayendo en el suave colchón de Kagome que los recibió a los tres en un cálido rebote. Parpadeo aun aturdía sintiendo su corazón casi en la garganta. ¿De verdad había pasado lo que creía que había pasado? Poso una mano en su pecho sintiendo los desenfrenados latidos de su corazón en la palma de su mano y apretó con fuerza su ropa.
Nah… seguro que todo fue un sueño. Observo sus ropas viendo lo que había tenido puesto todo el día. Sííí, solo fue un tonto sueño. Sonrió complacida y volteo hacia atrás al sentir un suave movimiento…
… Para quedar estupefacta ante lo que sus ojos vieron.
El medio demonio se encontraba de espaldas a la casa con sus manos detrás de la cabeza en una clara posición de despreocupación, haciéndolo ver casi como uno de esos estúpidos modelos que nunca le gustaron. Abrió los ojos y se encontró en plano directo con los suyos… unos hermosos ojos azules la observaba sin el mas mínimo toque de interés.
«Oh, Kami, entonces no fue un sueño…»
—¡Feh! ¿Qué tanto me ves?
—¡Maaaauuh! —fue el lastimero maullido de un gato ya adulto que se encontraba a un lado de ella, en su cama.
—Solo ten paciencia…
No solo había vuelto ella a la tierra… ¡sino que había vuelto con un gato/ángel y un medio demonio al que debía enseñarle bondad!
«¡Que Kami me ayude…! porque no creo sobrevivir…»
Y cayó de espaldas a su cama…
… completamente desmayada…
Continuará…
N/A: ¡Ta-Dan! n,n bueno, no puedo no ponerle algo de humor a mi fic. Jeje (apenada) ya viene incluido en mí ¡la cartita decía defectuosa! Cuando la cigüeña me trajo n,ñ.
¡Bien! Como podrán ver, las cosas ya están muy claras. Ahora lo que nos queda es poner la enseñanza en acción y ¡listo! los momentos y las situaciones aran que las cosas entre nuestros protagonistas cambien ^,^.
Con respecto a el rosario de Inu… ehh… ¡bueno, ¿Qué querían que hiciera?! ¡Estoy leyendo el manga de Inu desde el principio y eso causa un daño en mi cerebro! (llanto desesperado) ¡les dije que la nueva Dulce anda medio mal! ¡No regañen! ¡Mamí! ¡Quiero a mi mamí! ¡MAMA!
—por crisis nerviosa la autora ha sido llevada a una clínica cercana a su casa, por favor sepan disculpar y espérenla. Gracias por su atención y buenas noches.
xD ¡Que hayan pasado un buen comienzo de año!
¡Dejen reviews, denle no sean malitas! Snif… NECESITO REVIEWS.
¡Gracias, a quienes me dejaron un reviews y me agregaron como historia o autora favorita!
Alioz…
.°.°.°Dulce Kagome Lady°.°.°.
