Capítulo 7: Conviviendo.
Un sonoro chillido como campanillas se hizo escuchar por toda la pequeña habitación y Kagome frunció su cejo molesta de que hayan interrumpido su hermoso sueño. Gruño volteándose, dándole la espalda a su pequeño despertador que al final parecía haberse callado, con un suspiro se relajo nuevamente y continuo soñando con su padre y Kami Sama. Un extraño sueño, ya que jamás había soñado con Kami. Pero con su padre… siempre.
De nuevo el chillido.
Gruño tapándose la cabeza con una almohada, haciéndose un ovillo.
«Solo cinco minutos más, solo cinco minutos… más.»
—¡YA CALLA ESA COSA!
Abrió sus ojos de golpe. Incorporándose de súbito con el corazón casi en la mano. Aún somnolienta, observo el lugar, perturbada por la voz que escucho hace unos segundos. Todo se veía borroso y no tenía su forma aún pero pudo ver una sombra grande sobre ella, tapando sus orejas con las palmas de sus manos. Se restregó sus ojos con los puños, esperando así poder ver mejor, rogando que solo sea su imaginación… tenía que serlo.
Parpadeo confundida hasta que al fin pudo ver sin esa neblina que mesclaba todo, quedando estupefacta al verlo de nuevo.
Entonces… ella pensó… no podía ser cierto.
—Tú… —dudó en hablar, pero rápidamente cerró su boca al ver a un gato adulto sentarse en los pies de su cama y maullar quejándose.
—Maldición ¿no lo oyes o te gusta ese maldito chillido? —Gruñó el chico demonio, cerrando un ojo ya colmado de ese ruido—, ¡detenlo! Si no lo haré yo.
Pero es que no era que le gustara o no, sino qué simplemente estaba tan pasmada que ni siquiera le prestaba atención. Lo único que podía atinar a hacer era observarlo casi boquiabierta.
—¡Maaauuu! —maulló, furiosamente, el felino, abalanzándose hacia el pequeño despertador que rebotaba en la mesita de noche, pasando sobre Kagome, hasta llegar a su objetivo, y sin previo aviso con su pequeña pata lo lanzo al suelo provocando así que el incesante ruido se detuviera haciendo volar la tapa en donde iban las pilas y el vidrio se trisara al estrellarse contra el suelo de la habitación de la joven.
Aun estupefacta, Kagome bajo su mirada al destrozo que el pequeño animal había provocado.
—¿Ko-Kouga? —lo llamó, simplemente para ver con sus propios ojos si el gato respondía al nombre o no… y para su más infinito horror, el felino volteo la cabeza en su dirección, clavando esos ojos tan penetrantes en los suyos que provoco que los cabellos de su nuca se erizaran. Esa mirada, ya la había visto antes…
«El arcángel.»
—Mierda, que molesto que era —murmuró, Inuyasha limpiándose los oídos, como si los tuviera tapados—. Pensé que jamás se callaría —observo al animal con una sonrisa—, bien, después de todo sirves de algo… gato.
Enfatizo la última palabra ya que no podría volver a decirle «lobo llorón» como era su costumbre pues Kouga ahora era un gato y no un demonio lobo. Sonrió satisfecho. Síp, Kami Sama cuando quería podía ser muy justo, cada cual con lo que se merecía.
El gato volvió a maullar pero esta vez con odio, agachando su cabeza y mirándolo de forma amenazante, curvando su espalda seseando como advertencia, mostrando sus afilados dientes. Bien, esto no se veía nada bueno, pero Kagome estaba en un estado de completo shock ya que no podía creer lo que estaba sucediendo.
—Oh, ¿quieres pelear, gato? ¡Excelente! —Sonrió de lado, clavándole una profunda mirada a Kouga quien volvió a sesear de manera peligrosa—, porqué yo siento la misma necesidad.
Y ambos corrieron en sentidos contrarios para enfrentarse con su oponente mostrando sus garras y colmillos. Entonces Kagome al fin reacciono.
—Abajo —musitó sin observarlos. Provocando que Inuyasha cayera al suelo de tal manera que el piso de su departamento vibrara y el anciano que vivía debajo de ella no pudo evitar fruncir el ceño observando hacia arriba mientras miguitas de tierra caían sobre su calva cabeza. ¿Qué rayos sucedía?
Y ella estallo.
—¡¿Qué demonios está pasando aquí?! —inquirió, saltando de su cama y caminando hacia ellos, toda hecha nervios mirando con ojos furiosos a ambos… ¿machos? Apretando y soltando sus puños que se encontraban húmedos por lo nervada que se sentía— ¿Por qué no pueden comportarse? —¿de dónde demonios había sacado valor? No lo sabía, pero sentía la maldita necesidad de desquitarse de la manera que fuera y si eso significaba gritar hasta más no poder o decir «Abajo» cuantas veces pudiera… ¡lo aria!— ¡es muy temprano para comenzar a pelear y yo debo ir a…!
Se giro en redondo hacia atrás caminando con pasos largos y fuertes hacia donde el gato había arrojado su reloj despertador. Lo tomo del suelo y observo la hora quedando helada al verla.
«07:25hs am.»
—¡No! —gritó, tomándose su rostro entre sus manos arrojando el pequeño objeto en su cama. Corrió como alma que lleva el diablo hacia el cuarto de baño dejando a un hibrido muy asombrado con un gato de la misma manera, intercambiaron miradas por un instante encogiéndose de hombros y observando la puerta por donde Kagome había desaparecido.
¡Por amor a Kami Sama! ¡Llegaría tarde a su trabajo! ¡De nuevo! Abrió la lucha en un santiamén provocando que el agua saliera con un fuerte chorro de agua caliente. Debía llegar a las ocho menos cuarto y llegaría más tarde que eso ¡todo por quedar estupefacta al ver a un medio ángel demonio con un gato arcángel! Puso sus ojos en blanco cuando se metió en la bañera dejando que el agua escurriera por su cuerpo. Esto sin duda era algo de no creer y no lo creería sino lo estuviera viviendo en carne propia, pero tampoco era cuestión de creer o no, eso ahora tenía muy poca importancia ya que sabía que esto no era un sueño y al no serlo, esto era la realidad, entonces quería decir que aun tenia obligaciones por cumplir: como ir a trabajar, ayudar a su madre y… y tenía que hacer otra cosa que no recordaba. Bien, suspiro tomando el Shampoo colocando una cantidad suficiente para lavar sus cabellos, cuando llegara a su trabajo revisaría en su agenda lo que debía hacer ese día. Ya que al ser tan despistada anotaba todo lo que debía hacer para no olvidarlo.
Luego de unos minutos —eternos para cierto canino— la joven salió del cuarto en donde se había metido, envuelta en una toalla con pequeñas gotitas en su piel escurriendo de su cabello o resbalando por su cuerpo. Un vapor pesado salió del baño y al cerrarse la puerta ese calor como el aroma que ella llevaba se esfumo provocando un incomodo escozor en la nariz de Inuyasha haciéndolo estornudar.
—Chiquilla, como apestas —refunfuño rascándose la nariz con el dorso de su mano arrugando la frente y cerrando con fuerza sus ojos.
Kagome le lanzo una mirada llena de enojo.
—Bien, sino te gusta puedes salir de MI habitación. Necesito cambiarme y no lo hare enfrente de ustedes dos —observo al pequeño animal que movía su cola sentado sobre la cama—. Eso va para ti también.
El felino la observo de manera extraña. Ella no parecía así cuando fue al cielo con ellos, más bien parecía tímida y agradable… ahora se veía todo lo contrario: era gruñona y parecía no temerles. Antes… antes… se veía como si se encontrara todo el tiempo asustada.
«Mmm… es un cambio interesante… mi señor estará gustoso de acucharlo aun que… ¿Qué habrá provocado este cambio en ella?»
—Yu, yu, vamos, a fuera —los hecho empujando a Inuyasha hacia la puerta.
Estaba tan apresurada que ante el repentino movimiento del medio hombre soltó un grito ahogado observándolo con los ojos desmesuradamente abiertos cuando estos se chocaron de lleno con unos… ¿azules?
La tomo tan fuerte de la muñeca casi zarandeándola que lo único que atino a hacer fue a observarlo con los ojos casi asustados.
—No vuelvas a ponerme una de tus asquerosas manos encima —gruñó, de tal manera que los ojos de la joven se llenaron de lágrimas. No sabía porqué pero que ese hombre la trataba como si ella fuera la peor cosa del mundo, le dolía mucho su actitud para con ella. ¿Qué demonios había hecho para que la despreciara de ese modo?
—Pero…
Y la soltó con brusquedad, saliendo de la habitación tomando la perilla, sin antes voltear su rostro observándola por sobre su hombro con un odio casi tangible, cerrando así la puerta de un azote haciéndola dar un respingo ante el impacto encogiéndose de hombros.
Quedo en medio de la habitación sorprendida ante lo que había sucedido. Miro por unos largos minutos hacia el frente, esa puerta que tan bruscamente se había cerrado. No entendía… no lograba comprender porqué él se comportaba de esa manera con ella… ¿qué le había hecho…?
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—Bien, esto es lo que haremos ¿sí? —Inquirió, mientras caminaban hacia su tienda veterinaria.
Lamentablemente tenía que caminar, ya que antes de que sucediera todo lo que le estaba sucediendo, había perdido las malditas llaves de su auto.
Lo observo de soslayo, esperando que él no lo notara. Aun le estaba tomando tiempo verlo de esa manera, con sus cabellos negros, sin esas garras —que agradecía a Kami desaparecieron— y ojos azules, como se vería cualquier humano y no como un medio demonio ángel. Volvió a suspirar al ver su rostro serio y duro, viéndose realmente fastidiado o enojado, a todas luces se le notaba que nada de esto le gustaba.
Miro hacia el frente y hablo sin observarlo.
—Oye, no es mi culpa que tengas que seguirme hasta mi trabajo, te dije que podías quedarte en mi departamento hasta que yo llegara.
Él ni siquiera la observo. Continúo con su mirada clavada en el frente teniendo los brazos cruzados sobre el pecho. Ladeo su cabeza para ver si la había escuchado y al ver su profundo fruncido cuando ella enfoco su mirada en el, rápidamente volvió la mirara a cualquier cosa que no fuera el hombre que tenia al lado.
Suspiro ya un poco cansada.
—Escúchame —bajó sus hombros como derrotada—, para mí esto tampoco es fácil. ¿Sabes? yo también tengo una vida y muchos problemas que me dejan agotada al finalizarlo… —se cayó un momento colocándose enfrente de él deteniéndolo en medio de la acera— Inuyasha, yo trato de ponerle buena cara al mal día, sino jamás podre ser un poco feliz aun que eso signifique que a pesar de estar explotada tenga que fingir estar bien para que los demás no se preocupen.
El medio demonio clavo su mirada azul en la de ella, observándola sin decir nada, aunque a pesar de tener la cara tan dura como la piedra, Kagome pudo ver un leve movimiento en su ceja izquierda. Eso significaba que la estaba escuchando.
Sonrió un poco ante su descubrimiento.
—Por eso debemos poner un poco de nosotros para que esto sea más llevadero y tú puedas volver al cielo mientras que yo sigo esforzándome para que mi vida mejore un poco —sí, bien, quien salía ganando en todo esto era él y no ella, pero ¿Qué más podía hacer? El tiempo era quien decidiría todo en su vida. Lamentablemente ella lo único que debía hacer era rezar porque todo salga bien—. ¿Qué te parece si juntos nos esforzamos porque esto termine bien?
Él la observo por un eterno instante cuando la joven termino de decir su más alentador discurso. Los minutos pasaban e Inuyasha aun seguía observándola como si estuviera pensando en lo que debía responder o que debía hacer, y eso, a Kagome la estaba incomodando ya que estarce mirando tan fijamente estaba provocando que se sonrojara pues a pesar de todo, no era una joven muy popular entre los hombres. En su vida escasos hombres conoció.
—Y… ¿Y bien?
—¡Feh! Haz lo que quieras —fue su despectiva respuestas haciéndose a un lado para seguir su camino.
Lo observo caminar casi boquiabierta. ¿Solo eso? Un simple, y despectivo «has lo que quieras» ¡solo eso! Gruño frunciendo su ceño, trotando levemente para estar a su lado. Lo miro echando fuego por los ojos, estaba muy enfada. ¡Uy! ¿Tanto le costaba comprometerse un poco en ayudarla con eso? Holaaa… quien debía volver a los cielos, era él NO ella, así que quien era el que MAS tenía que estar ayudando debía ser Inuyasha. ¡Pero que haga lo que quisiera! Si él deseaba sentir la banda ¡que la buscara él mismo! Ella ya tenía suficientes problemas, con su vida para tener que ayudar a alguien tan despreciable, grosero, mal educado, gruñón, ¡encima egocéntrico! ¡Cómo él!
Que se ayudara él mismo ¡porque ella no lo aria!
Furiosa como estaba. Se detuvo a solo una esquina de su tienda.
—Espera —lo detuvo observándolo seria e indiferentemente.
Inuyasha le lanzo una mirada interrogativa aun sin hablarle, alzando su ceja cuando vio como apretaba sus puños como conteniéndose.
—Jamás he traído a nadie aquí, ya que este lugar es en donde trabajo. Áyame, es mi secretaria y le resultara más que extraño ver a alguien por aquí que encima estará todo el día allí conmigo —frunció su ceño— de seguro y cómo es, pensara que hay algo entre nosotros —lo vio abrir su boca para hablar, pero alzo un dedo adelantándosele— ¡ya es más que obvio que tú y no nos llevamos bien! Así que diré que eres un pariente lejano que vino de visita y como están las cosas en mi casa no es recomendable que te quedes allí ¿entendiste? Sí te pregunta de dónde vienes dile que de…
—¡Buenos días, señorita Kagome! —saludó, amablemente una vos femenina por detrás de ellos.
Kagome abrió sus ojos desmesuradamente mientras que se ponía pálida como una hoja de papel. Inuyasha observo su reacción y alzo las cejas confundido. Lentamente volteo el rostro hacia atrás por encima de su hombro para identificar a una linda joven de no más de veinte años que sonreía amablemente. Su piel era blanca y suave a la vista, mientras que sus cabellos pelirrojos brillaban como fuego ante los rayos de sol y sus ojos de una tonalidad tan verde que le pareció a un verde campo… ese campo del Sengoku, su antigua tierra…
—Áyame… —susurró, aun sin poder creérselo.
¡Por Kami Sama! ¡¿Tanta mala suerte podía llegar a tener?! Encontrarse con Áyame tan pronto, deseaba por todos los medios que su secretaria no hubiera escuchado la conversación que tuvo con…
—¡Por favor sepa disculparme! —rogó, inclinando su cabeza, tomando desprevenida a Kagome e Inuyasha quienes alzaron sus cejas.
—¿Áyame?
—Señorita, Kagome, sé que es tarde, pero no he podido hacer nada. —los ojos se le llenaron de lágrimas conmocionando a Kagome quien salió de detrás de Inuyasha y se situó a su lado tomando sus manos totalmente preocupada por su compañera de trabajo.
—Áyame, dime, ¿Qué es lo que sucedes porque pides perdón?
—Mi… —se sorbió dejando que más lágrimas resbalaran de sus mejillas— ¡mi padre a sufrido un horrible accidente! —sollozó abrasando a Kagome ocultando su rostro en su cuello, como lo aria una niña pequeña. La joven rodeo con sus brazos la espalda de la pelirroja y susurro palabras tiernas mientras acariciaba sus cabellos al mismo tiempo que una pequeña lágrima caía de su ojo.
Podía entender el dolor de perder a un padre, ya que ella lo había perdido al suyo a la tierna edad de once años. Cerro sus ojos y continuo con su trabajo sin soltar a Áyame quien seguía sollozando.
Inuyasha observo la escena con su ceño fruncido, preguntándose que era lo que provocaba que la chiquilla llorara silenciosamente mientras que esa mujer sollozaba abrazándola con ferviente dolor. Algo lo perturbaba pero no sabía que era, algo lo estaba molestando, algo que no sabía cómo nombrar. ¿Sería curiosidad por saber lo que le pasaba a la chiquilla? ¿Podría ser? Entorno sus ojos observándola fijamente, notando ese semblante lleno de dolor que ocultaba una pena muy grande. Esa mujer ocultaba algo, sabía que ocultaba algo…
Aunque al mismo tiempo que la desconfianza hacia mecha en él… otro sentimiento lo embargaba aunque se rehusara a admitirlo… quería saber lo que le sucedía, para que su feo rostro volviera a mostrar esa luz que lo hacía sentir un cálido regocijo en su maltratado corazón…
Continuará…
N/A: ¡Hoolaa! :D Me tarde T`,´T see, bueno, la inspiración no llegaba y yo no sabía cómo carajo continuar esto, por suerte (no sé de dónde) llego la maldita musa que parece irse y volver cuando quiere —¡che, tonta, volve! ¿No ves que tenemos que trabajar? Uf, la maldita se volvió a ir… mmm… se debe haber ido del planeta (¡fuckin!). Esperemos que vuelva pronto, para así ustedes tiene más rápido la actualización… aunque saben jeje les cuento un secreto… a ella le gusta recibir reviews… ¡Nah! Mentira, jaja pero es verdad de que necesito reviews, esto es triste sino recibo reviews snif… ¡no sean malas! ¡reviews, reviews, reviews, reviews! ¡Campaña para reviews! ¡Quiero reviews! ¡Quiero reviews! ¡Quiero reviews! Jaja nos vemos el año que viene…
¡Mentira!
¡Nos leemos!
¡jajaja!
Dulce
P/D: Una pequeña aclaración. Inuyasha tiene ojos azules y no dorados porque en el anime se lo ve de esa manera cuando se transforma en humano, aunque creo que sus ojos son más grises que azules, pero lo dejemos así ¿quieren? sino díganme y vemos que hacemos en el siguiente capítulo. Otra cosa, por si no lo habían notado el gato en quien se transformo Kouga es «Boyô» síp, ese gato regordete que se lo ve con cara de Garfield jeje en el anime. Hasta otra actualización.
