Capítulo 12: "Mentiras."
Se cruzo de brazos sobre su pecho, enfurruñada, observando casi como halcón a cierto joven que se encontraba igual a ella: sentado en una silla de la mesa del living, orgulloso, impertérrito, con el ceño fruncido de la misma o peor manera que la joven. Desafiándola con la mirada.
Fue al departamento de Kagome con la intención de saber por qué no la llamo la noche pasada cuando le prometió hacerlo. Se preocupo tanto, estuvo tan tentada a ir y cerciorarse que se encontraba bien. Pero no lo hizo porque Miroku insistió en que era una noche muy peligrosa para salir así y él no podía acompañarla —se lo dijo por celular— ya que se encontraba en una cena con su padre negociando una pequeña inversión sobre sus distribuidos cafés en todo Japón.
Suspiro cerrando sus ojos, olvidándose un poco de que prácticamente estaba teniendo una pelea de miradas sombrías con ese tipo que encontró en la habitación de Kagome. En verdad se sentiría muy desilusionada si su amiga no la había llamado solo por estar una noche con un tipo que jamás le nombro. ¿Tan poco valía su amistad para no llamarla aunque sea simplemente para avisar que se encontraba bien? Volvió a abrir sus ojos fulminando con la mirada a cierto hombre que ya parecía haber perdido el interés en sostenerle la mirada. Si fue él la razón de no llamarla, lo mataría y también a Kagome por mala amiga. ¡Y como frutilla de postre los encontró besándose en la habitación con tan poca ropa por parte de Kagome que la asusto! Su amiga no era de andar así por la vida, ella era tímida, demasiado… ¿abría cambiado…?
Volvió a lanzarle una mirada llena de odio casi gruñendo clavando sus uñas en sus brazos por la furia que la invadió. Antes de que Kagome saliera de la habitación —de la cual los hecho casi arrojándoles cosas— para poder arreglarse, vería que tal era ese hombre que al parecer había salido de un catalogo de modelos.
Cruzo su pierna sobre la otra ladeando la cabeza de manera recelosa, observando indiferente a Inuyasha quien se entretenía viendo las paredes donde la mayoría de títulos de Kagome se encontraban colgados en cuadros de diferentes tamaños. Entrecerró sus ojos evaluándolo primero, se veía muy apuesto —a pesar de llevar el cabello tan largo— y unos ojos azules que casi se parecían a los de su querido Miroku, solo que esté ultimo los tenía un poco más claros y los del hombre que tenía en frente, eran azules como el mar cuando es de noche. Y era serio. Muy serio. Parecía que sus labios no conocían una sonrisa como sus cejas, que estaban levemente fruncidas. Vaya, casi intimidaba. ¿De dónde demonios Kagome saco a un tipo así? Ella qué era tan dulce, alegre y efusiva… aunque ahora este pasando por un momento en el que nadie quisiera sonreír...
Tomo valor aspirando aire profundamente al tiempo que cerraba sus ojos para luego abrirlos y mirarlo con una intensidad fuerte, pero que ni se le parecía a la de él.
—¿Cómo te llamas? —inquirió al fin, seria.
Inuyasha torno los ojos hacia ella pero sin voltear el rostro con la barbilla levemente elevada. Cohibiendo a Sango cuando sus miradas se encontraron. Que mirada más impetuosa… pero no pensaba temerle ahora, debía saber quién era ese tipo.
—¿Qué eres para Kagome? —insistió.
—¿Para qué quieres saberlo? —replicó con la voz ronca por haber estado callado tanto tiempo. ¿Qué demonios hacia Kagome que no salía de la habitación? Desvió su mirada hacia el pasillo por donde se llegaba al dormitorio de la chica, ignorando a Sango quien rechino los dientes comenzando a hastiarse de la situación.
—Porque ella es mi amiga y jamás me hablado de ti. Porque es raro encontrar a un hombre aquí que no fuera alguien de su círculo de amistades. —Comenzó a elevar la voz—. Porque me pareces un completo extraño y no me agrada tú presencia. ¡Porque pareces haber salido de un cátalo de mólelos y sospecho que piensas utilizar a Kagome para satisfacer tus deseos carnales! ¡Por todo eso! —gruñó, casi levantándose de su sillón.
Inuyasha entrecerró sus ojos de manera tan amenazante que por poco y ella casi se arrepiente de haber sido tan directa sin conocerlo.
—No tengo que darte ninguna explicación. —Sentenció, para luego agregar con desdén—: no tengo que decirle quien soy a una persona tan mal educada que entra en una habitación sin antes golpear primero —frunció mas su ceño al recordar la interrupción del beso— y que me trata con semejante confianza como si fuera un ladrón sin siquiera conocerme.
Uy… al parecer lo había ofendido.
Un poco avergonzada de su actitud y de lo que le dijo el hombre, bajo su mirada hacia sus rodillas, sonrojada furiosamente. Demonios, ese hombre tenía un poco de razón… ¡¿pero cómo actuar cuando casi se le sale el corazón al encontrar a su pequeña Kagome con un tipo que ni siquiera conocía?! Por un momento desconoció a Kagome, pero cuando vio su reacción de niña supo que seguía siendo la misma.
—Pero… es que… —jugueteó con sus dedos balbuceando una respuesta comprensible—. Me asuste mucho cuando… porque anoche ella dijo que me llamaría al llegar a su casa y nunca lo hizo… —comenzó, ¡rayos! Jamás había sido intimidada por un hombre, pero tampoco jamás le habían hecho ver su error. Alzo su mirada desesperada, casi pidiendo perdón por su atrevimiento, aunque jamás lo admitiera sentía la necesidad de disculparse—. Pensé que algo malo le sucedió y cuando entre en la habitación y los vi; me imagine que no me llamo porque estuvo contigo… —se sonrojo. Bajo su cabeza unos centímetros más dejando que su flequillo le ocultara su mirada, incomoda por su pensamiento—, haciendo… bueno, tú ya sabes a lo que me refiero —le dio una mirada de refilón.
Inuyasha alzo una ceja sin comprender hasta que la significativa mirada de Sango le dio a entender a que se refería. Abrió levemente sus ojos, sorprendido al igual que su boca. El cerro de golpe desviando su mirada a un lado con brusquedad mostrando un suave rubor en las mejillas casi imperceptible.
—No. No paso nada… —aclaró.
Sango lo observo curiosa, removiéndose en su asiento.
—Entonces… ¿por qué Kagome se encontraba en ropa interior? —mentía, lo podía presentir.
El chico también se removió bajando su mirada al suelo que sorprendentemente era la cosa más impresionante que jamás había admirado.
—Hey… —llamó Sango, para que le respondiera ya que el silencio estaba comenzando a prolongarse y eso no le daba un buen presentimiento.
Y recordó todo. Porque Kagome se encontraba con tan poca ropa. Porque ellos dos habían compartido la cama. Porque Kagome no llamo a su amiga. Porque se besaron. Porque había sucedido lo que sucedió… porque no podría volver a los cielos…
Frunció su ceño enfadado por todo, nada de eso tuvo que haber sucedido, nada. Y todo por su culpa. Suspiro cerrando sus ojos, dejando caer su espalda en el respalda de la silla. Pero aunque quisiera marcharse no podía, hizo un trato con Kami Sama, perdió una pluma y sin ella no podría volver a los cielos y…
«Pero son simples escusas…»
Entreabrió sus ojos brillantes como si fuego danzara dentro de ellos, sobre saltando a la chica que por un momento creyó verlos dorados.
Sí… aunque preferiría que le arranquen un brazo antes de decir la verdad… no se quedaba por todo lo otro… lo hacía… por…
—Kagome. —Exclamó la joven de cabellos castaños.
Inuyasha casi se atraganta. Tosió desesperadamente por el susto que se dio haciendo que ambas mujeres lo observaran extrañadas con las cejas alzadas. Por un momento pensó que esa mujer había leído sus pensamientos. Con una mano en su pecho y los ojos desorbitados por el único y atroz susto que se pego en su vida, alzo sus ojos a Kagome. Contuvo la respiración al verla, sorprendentemente hermosa, no sabía porqué pero se veía radiante, bella, inimaginable. ¿Por qué sería?
Cuando sus miradas se descubrieron el tiempo pareció detenerse.
Los corazones de ambos latieron desenfrenados. Era un regocijo que asusto a Inuyasha y mareo a Kagome, era felicidad volverse a ver… ¿de eso se trataba el sentimiento nuevo de el hombre, la felicidad de ver a otra persona, a la persona que… que…?
—Te ves bien, Kagome. —Dijo Sango sin darse cuenta, al parecer, de la intensidad de sus miradas—. Y no es por la ropa que llevas (aunque eso también ayuda un poco) es algo en tu rostro, como si te sintieras feliz… —esbozo una sonrisa sincera— hace mucho que no te veo así, me alegro por ti amiga, aunque me pregunto ¿por qué será que te vez tan bien? —desvió su mirada inocentemente intencional a Inuyasha quien irguió su espalda sintiendo un escalofrió recorrerle de temor.
—Gracias. —murmuró incomoda.
—¡En serio! No te sonrojes.
La joven soltó una risita nerviosa, sabiendo que Inuyasha aun la observaba embobado, haciéndola sentir feliz por provocar eso en él. Le gustaba, y ya era demasiado tarde para negarse a sí misma que no podía dejar de pensar en él como otra cosa que un hombre.
—¿Quieren tomar algo? —sonrió, observando a Sango aun sin recordar lo que sucedió en la habitación.
—Té.
—Lo que sea.
—Bien. —Y paso por frente de ambos.
Tenía deliciosamente perfumado su cabello con esa esencia a dulce y flores, meciéndose tras su pequeña espalda que él acaricio hace unas horas atrás. Llevaba un vestido blanco, con delicadas florcitas estampadas, por todo el vestido, de tiritas que lo sostenían en sus hombros… calzando unas sandalias, también delicadas, pero sin duda hechas para sus pies….
Sacudió la cabeza. ¡¿Pero en que pensaba?! ¿Por que había admirado tan detalladamente lo que Kagome llevaba? ¿Por qué se perdió en ella? con un resoplido desvió la mirada a un lado. Mejor dejar de pensar en ella antes de que suceda algo que presentía no le gustaría.
Sango entorno los ojos al ver esa vehemencia con que contemplaba a su amiga. Tal vez Kagome no lo advirtiera, pero ella no era tan despistada o confiada como está primera, podía ver muchas cosas en esos dos… y descubriría qué demonios estaba pasando.
.°.°.°.°.°.°.°.°.°.
¿Qué aria?
Sonrió tontamente a Sango, quien se encontraba enfrente de ella observándola recelosa, diciéndole con la mirada: «esto no se quedara así ó ¡me estas ocultando algo!». Volvió a sonreír y se llevo la taza de porcelana a sus labios bebiendo un sorbito de su té. ¿¡Que aria ahora?! Sango no se iría así sin más, hasta que ambas tengan una oportunidad de poder hablar sobre lo que sucedió. Pero existía un pequeño detalle que su amiga no sabía aún: Inuyasha no se iría en ningún momento ya que él era su Ángel Guardián ¡uf! Que difícil veía todo…
Lo único que rogaba con fervor a los cielos era que Sango no haya podido ver cuando la pluma apareció en el instante en que… —por el rabillo del ojo miro a Inuyasha— se besaron. Sus mejillas tomaron un color rojo profundo. Abrió sus ojos desmesuradamente deseando que los latidos de su asustado corazón no se escucharan en el silencio qué repentinamente invadió la habitación. Se beso con Inuyasha… se besaron… aunque fue un simple rose y casi apenas pudieron profundizarlo —ya que Sango los interrumpió— de todas formas habían cometido un error… él un ser que no es de este mundo, ella una simple humana…
No debía se…
—Me pasas el azúcar… —lo observo dubitativa— ehh… —señalo la taza especial para el azúcar, sonriendo a Inuyasha quien alzo una ceja, se encogió de hombros y le acerco el pequeño objeto, ignorando que Sango insinúo con ese simple «ehh» que le dijera su nombre—. Gracias… —coloco tres cucharaditas de azúcar revolviendo distraídamente el contenido para que el té se endulzara, observando a Kagome con una sonrisa forzosa, haciendo imaginarse mil cosas a la joven de lo que estaría pensando el descabellado cerebro de la chica de pelo castaño—. No me has presentado a ehh… ¿tu amigo?
Abrió sus ojos desmesuradamente con un intento de sonrisa en los labios conteniendo la respiración sintiendo el vuelco que dio su corazón y como su estomago dio un respingo revolviéndolo todo. Inuyasha tosió una vez más cuando sintió el mismo vuelco del corazón mirando a Kagome con una ceja alzada al ver esa actitud ansiosa en ella ¿Qué le sucedía…? ¿Por qué no decía lo mismo que le dijo a la muchacha de la veterinaria? ¿No podía decir lo mismo acaso? Vamos, si mintió una vez puede volver a hacerlo una segunda vez.
—¿Kagome? Hooola, ¿estás en la Tierra? La Tierra llamando a Kagome—bromeó Sango sacudiendo una mano enfrente del rostro de la joven que de repente palideció comenzando a asustar un poco a la chica—. ¿Ka-gome? —dijo esta vez asustada.
Inuyasha alzo una ceja y por debajo de la mesa pateo el tobillo de la joven haciéndola dar un respingo despertándola de donde sea que se metió.
Murmuro un par de blasfemias sobándose su maltratado tobillo fulminando con la mirada a cierto Ángel Guardián que un poco más y silbaba inocentemente mirando el techo, llevándose la taza a los labios.
Volvió su mirada a Sango aun con el ceño fruncido pero se aflojo al instante de ver las cejas elevadas de su amiga quien la observaba recelosa.
Rio tontamente para distender el ambiente.
—¡Oh! Lo siento, me distraje recordando que el lunes tengo una reunión con un colega —forzó una sonrisa posando sus manos en su tasa sintiendo aun unas punzadas de dolor en el tobillo izquierdo por el golpe que Inuyasha le propino, más tarde le aria pagar lo que le hizo—. ¿Qué decías?
—Te preguntaba si yo era tu amigo —respondió Inuyasha despreocupadamente danto otro sorbo a su té. Kagome contemplo su perfil de repente asustada ¡es que no podía decirle a Sango que él era su primo ya que jamás le creería! Porque se conocían de hace años, sabia mejor que nadie quienes eran sus familiares cuantos eran y donde Vivian… no era lo mismo mentirla a Ayame que a Sango.
—Cierto. —Titubeo en hablar—. Eh… Sango, te presento a Inuyasha. Inuyasha, te presento a Sango mi mejor amiga.
Bien, bien, no mintió, bien, no había porque preocuparse, no mintió, dijo lo justo y necesario, nada podría salir mal. Tranquilízate Kagome todo va bien, todo bien. Sí, tranquila.
—Hola Inuyasha, creo que no tuvimos un buen comienzo —comentó Sango sonriendo falsamente ya que aun desconfiaba de él.
—Sí, bueno, lo pasado pisado. —Replicó sin darle importancia entreteniéndose al mirar la pequeña cocina de Kagome.
El silencio se prolongo y Sango no dejaba de observar a Inuyasha quien la ignoraba olímpicamente o ni siquiera prestaba atención, poniendo con cada segundo que pasaba a Kagome más nerviosa. ¡Kami Sama! ¿Qué aria? Sentía un nudo en la garganta demasiado incomodo que cuando hablara su voz sonaría trémula. Cada movimiento de ambos le ponían los pelos de punta observándolos cuando ambos estaban distraídos en sus cosas ¡¿Qué aria?! Quería llorar por la situación que la estaba dejando con los nervios al límite ¿exageraba? Tal vez, pero ¿cómo no estarlo cuando tu mejor amiga sentía recelo por el Ángel Guardián que la protegía y al cual debía enseñarle los sentimientos humanos? Suspiró, temblorosamente sintiendo sus manos repentinamente sudadas.
—¿Trabajas, Inuyasha? —preguntó sorpresivamente Sango haciendo que Kagome se atragantara con el té que acababa de beber.
Ambos chicos la observaron curiosos haciéndola sonrojar hasta la medula.
—Trague mal, lo siento —se disculpo, temblorosa.
«¡Oh, por favor que Inuyasha no meta la pata, por favor!»
—Sí, trabajo de…
—¡Trabaja como mi ayudante en la veterinaria! —soltó Kagome sonriendo inocentemente interrumpiendo a Inuyasha quien alzo una ceja observándola inquisidor.
—Oh, no me dijiste que necesitabas un ayudante en tu tienda, pensé que con Ayame bastaba. —acoto Sango sin creer una palabra de lo que Kagome le decía.
Kagome abrió la boca para responder pero sorpresivamente nada salió de ella.
«¡Oh, rayos!»
—Es que esa mujer tiene al padre en un estado muy sensible y tiene que quedarse con él porque puede morir en cualquier momento —sentencio Inuyasha salvando a Kagome quien casi soltó un sollozo por lo oportuno que fue ¡y no mentía!
—No lo sabía. Cuanto lo siento. —Se lamento la chica observando a Kagome quien se puso seria y asintió con la cabeza.
—Ayer nos enteramos, fue una suerte que Inuyasha estuviera conmigo sino, no sabría qué hacer.
—Pero no fue mucha gente, solo niñas con cachorros y dos o tres mujeres —exclamó, Inuyasha.
—¿Ósea que no se conocen de hace mucho? —indagó la joven observándolos penetrantes.
—Hace un par de semanas.
—días.
Intercambiaron miradas.
—Días.
—Semanas.
Sango alzo una ceja seria.
—Creo que no se están poniendo de acuerdo para mentirme. —Declaro.
Kagome abrió su boca para replicar pero fue interrumpida por la joven.
—¿Por qué no me dices la verdad, Kagome? —Se inclino sobre la mesa tratando de acortar la distancia que había entre ellas—. Ustedes dos están saliendo ¿no?
Ambos abrieron los ojos intercambiando miradas nuevamente para luego replicar.
—¡¿Pero qué dices?!
—¡Estás loca!
—¡¿Ven?! Hasta me lo niegan ¡son novios, hace poco! Eso lo puedo ver claramente, ¿Por qué lo niegan? —clavó su mirada castaña en ambos.
Kagome cerró sus ojos sintiendo su carrazón casi en la garganta, y las mejillas furiosamente rojas, por lo incomoda de la situación. Bien, si Sango quería la verdad, le daría la verdad. Abrió sus ojos seria, con un sonrojo aun en sus mejillas. Tomo la mano de Inuyasha y la apretó levemente haciendo que este ultimo alzara una ceja observándola extrañado y confundido.
—Es verdad. Tienes razón, Sango. —Acepto Kagome.
Claro, una mentirilla blanca nunca viene mal.
—¡¿Qué?! —Dijo Inuyasha paralizado, mirándola como si fuera la cosa más extraña que vio en su vida—. ¿Pero qué carajo dices, Kagome?
—¡Basta Inuyasha, dejemos de mentir! —Exclamo con fervor—. Dejémonos de mentir.
—¿Eh? —Inuyasha abrió su boca pasmado por su actitud melodramática.
—Sí, estamos mintiendo, aunque hayamos quedado en que lo guardaríamos en secreto, no puedo mentirle a Sango, es mi mejor amiga ¿para qué ocultar lo que sentimos? ¡Que el mundo se entere de nuestro amor! —y se irguió de la silla alzando sus manos enfatizando sus palabras.
Inuyasha tuvo un leve tic en su ceja y una gotita de sudor rodo por su sien desconcertado ante la actitud de la chica ¿se le abría zafado un tornillo?
—¿Te volviste loca? —inquirió receloso.
Kagome le sonrió desmesuradamente forzosa, sentándose de nuevo tomando las manos de él entre las suyas.
—¡Sí, de amor por ti! —chilló con las mejillas más rojas que antes, muerta de la vergüenza por las locuras que estaba diciendo. Solo esperaba que Sango se hubiera creído toda la estúpida actuación que hizo.
De un salto se sentó en el regazo de Inuyasha riendo a carcajadas abrazándolo por el cuello ocultando su rostro en él.
—Sígueme la corriente, después te explico todo. —Susurró en su oreja para luego besar su mejilla incomodando a Inuyasha quien oculto su mirada con su flequillo ante la incomodidad de la situación.
Giro su rostro mentirosamente feliz enfocándolo en el de Sango que la observaba con los ojos tristes, tirando toda la mentira en picada. ¿Qué le sucedía?
—¿Sango?
—Pensé… —tomó aire por la boca temblorosamente— pensé que éramos amigas… pero veo qué… qué un hombre lo cambia todo… ¿no?
Lo chica la observo sin entender entristecida por su amiga.
—¿Qué dices? Esto no cambia nada —sonrió levemente—. Seguiremos siendo amigas, fieles como siempre ¿Por qué…?
—¿Por qué no me llamaste anoche, si todo sigue igual como tú dices? —interrumpió Sango dolida—. Me preocupe mucho por ti ¡pensé que algo malo te había sucedido!
—Sango… —musitó percibiendo el dolor en las palabras de la chica. De verdad le dolió el no haberla llamado.
—Estuve rezando a Kami Sama porque estuvieras bien y que nada malo te hubiera pasado, y… y… ¡y tu no me llamaste por revolcarte con un tipo al que jamás me has mencionado! —estallo soltando pequeñas lágrimas, dejando mudos a ambos jóvenes quienes la observaban sabiendo la verdad de la situación.
No podía decirle la verdad, no sin tener algún rasguño o algo que revelara que no mentía. ¿Cómo explicar que fue atacada por un pervertido y que Inuyasha llego justo a tiempo —o algo tarde— para salvarla y casi mata al hombre? Que se encontraba desnuda porque Inuyasha la salvo dándole una pluma, la cual perdió cuando llego a este mundo. Que Inuyasha era un Ángel Guardián al que debía enseñarle sentimientos humanos para así volver a los cielos y ser un buen ángel. ¡¿Cómo explicarle tantas cosas sin que pensara que estaba loca?!
Bajo su cabeza sintiendo que no podía ver a su amiga, por ocultarle cosas que debería compartirle.
—No te llamó porque anoche casi fue violada. —sentenció Inuyasha.
Kagome y Sango alzaron sus cabezas observando petrificadas al hombre que tenía una expresión dura en el rostro como si el recordarlo le fuera insoportable.
—No fue por revolcarse conmigo. —La observo intensamente, dejándola muda a cierta mujer de cabellos castaños—. La encontraste en ropa interior porque se empapo toda cuando peleo con ese pervertido que quiso aprovecharse de ella… —poso una mano en su cintura, posesivo, sorprendiéndolas a ambas, más a una mujer que no puedo evitar sonrojarse furiosamente—. Por poco y muere de hipotermia. Como tenía convulsiones le di calor cuerpo a cuerpo, para que recuperara el calor corporal rápidamente. —Mintió en parte —. Hace poco nos conocemos. La deje sola unas horas porque discutimos y llegue algo a tiempo pues ese infeliz ya había tratado de violarla… pero por suerte se defiende bien. —Sus ojos se opacaron repentinamente mostrando una sombra de dolor, por el sentimiento de pérdida que lo invadió esa noche y que aun estaba fresco en él—. Cuando la rescate, se desmayo por el esfuerzo que hizo, tuve que correr lo más rápido que pude con ella en brazos, y cuando llegábamos no despertaba, fue por eso que no pudo llamarte… ¿entiendes?
Le dio una mirada tan dolorosa que Sango no tuvo otra cosa que asentir y creerle.
—Yo… lo siento, desconfié de ti….
—Te entiendo. Yo no te explique nada, está bien. —Sonrió levemente recordando algunas partes de la anécdota de Inuyasha. Fue gracias a él que aun seguía con vida…
Poso una mano sobre la del chico que aun estaba firme en su cintura, haciéndolo alzar el rostro hacia ella quien le sonrió tiernamente, con un gracias en su mirada.
—¿Te encuentras bien? —Exclamo Sango repentinamente asustada— ¿no recibiste ninguna herida? ¿Te duele algo? ¿Qué le sucedió a ese infeliz? ¿Ya lo denunciaste? ¿Viste su rostro? ¿Sabes quién es…?
Kagome rió, al escuchar las interminables preguntas de su amiga quien se irguió de la silla y tomo su rostro buscando algún signo de herida pero al ver que se encontraba bien suspiro y se abrazo a ella, extendiendo un brazo también para Inuyasha quien abrió sus ojos conmocionado ante lo que sucedía.
—¡Oh, gracias Inuyasha! ¡Gracias por salvarla!
—Me ahogas… —masculló sin aire.
—¡No me importa gracias, gracias, gracias!
Y Kagome volvió a reír abrazando a su amiga, feliz de que todo se solucionara. Aunque haya mentido un poco… Sango creía fielmente en ella, y eso era bueno en parte.
.°.°.°.°.°.°.°.°.°.
Abrió sus ojos sorprendida cuando vio al gato que salto a la mesa sentándose en ella y enfocando esa mirada penetrante en la joven de cabellos castaños, incomodándola… ¡un gato! ¡Un gato incomodándola!
—¡Kagomeeeee! —llamó Sango en el living, a punto de irse.
—¿Qué sucede? —exclamó saliendo de la cocina pisándole los talones Inuyasha.
—¿Desde cuándo tienes un gato en tu casa y que logra intimidarte?
La chica abrió su boca para replicar pero ninguna palabra salió. Bien de nuevo debía mentir… pero… ¿Qué diría?
—Ese gato gordo… —refunfuño Inuyasha por lo bajo.
¡Claro, perfecto!
—Me lo regalo Inuyasha —mintió.
Inuyasha le frunció.
Kagome le sonrió, inocentemente.
Bien una pequeña mentirita blanca no lastima a nadie ¿verdad?
Continuará…
A/N: Gracias por los reviews. Me divertí mucho escribiendo este capítulo espero que lo disfruten tanto como yo al escribirlo. Hasta siempre.
…complicado y aturdido, así me levante…
*°°¨Dulce Kagome Lady¨°°*
