Capítulo 14: "Violencia de Género"

¿¡Qué hacia ahí?! ¿Por qué demonios debía estar metido en ese lugar? ¡Era una pérdida de tiempo! Ni siquiera tenía sentido. Él era un ángel ¡Él! —Por lo menos en ese momento lo era— ¿Cuál de esas palabras no estaba clara? ¡Él no necesitaba nada de ese lugar!

Patearía el trasero de Kami Sama cuando volviera a los cielos. Maldito viejo. Eso no estaba incluido en el trato que habían acordado. ¡Feh! Odiaba todo aquello. ¿Qué se supone que haría allí? rodeado de humanos repugnantes, en lugares a veces pequeños en los que no cabían más de cincuenta personas y estaba hasta morir de lleno. ¡Si a ella le gustaba todo eso no significaba que a él también, diablos!

Lo escuchaba refunfuñar bajito, cruzado de brazos detrás de ella, siguiéndola, fulminando con la mirada cualquier cosa que se le cruzara por su camino. Sonrió divertida al ver lo infantil que se comportaba. Que aniñado podía llega a ser algunas veces —bien, bien, casi siempre— en fin, eso estaba de más aclararlo.

Hace unas cuantas horas que se encontraban dentro del centro comercial de Tokio y él ya estaba más que hastiado de ese lugar. Cada vez que le preguntaba algo parecía que quisiera matarla con la mirada, o cuando entraban a un local su expresión se tornaba radicalmente en horror vivo y afligido. No era tan malo probarse ropa, al contrario, a ella le gustaba. Probar cosas nuevas —y más si era ropa— sonaba tentador para ella. Obviamente no para él.

—Entremos aquí —dijo señalando una boutique de hombres.

Inuyasha frunció el ceño.

—¿Ya no es suficiente ropa la que has comprado hasta ahora? —Señalo todas las bolsas de compra que tenía la chica en sus manos, entrecerrando sus parpados, tedioso—. No voy a quedarme tanto tiempo en este mundo y además, estoy arto de entrar a esos pequeños lugares que brillan repentinamente con una lucecita cuando entras.

─Probadores ─corrió Kagome.

Él la ignoro.

─¡Son horribles! Y es muy incomodo cuando me desvisto frente a un espejo ¡Veo partes de mi cuerpo que ni siquiera sabían que estaba ahí! ¡Es perturbante!

Kagome alzo sus cejas sorprendida ante el comentario del mitad demonio. Sacudió su cabeza ignorando el berrinche que estaba haciendo. Bien, sabía que pasaría algo así.

Suspiró. Lo observó con una sonrisa lánguida y dijo tranquilamente —para sorpresa de Inuyasha—:

—¿Vamos a comer algo a los puestos que están en el piso de abajo?

Él parpadeó asustado. Creía que ella reaccionaria de manera diferente, esperaba un regaño o esa palabra que no escuchaba desde la mañana.

Notando la desconfianza en sus ojos, cambio las bolsas de una mano a la otra para tener una libre y tomar la del muchacho.

Le sonrió dulcemente, cuando él la observo sorprendido.

—Vamos Inuyasha.

Y lo arrastró a las escaleras eléctricas que el mitad ángel contemplo con su ceño fruncido sintiendo vértigo por el leve movimiento— para ir hacia los puestos de comida, percibiendo un cosquilleo en su mano derecha.

Las mejillas de la joven se sonrosaron y los ojos le brillaron. Lo estaba tocando. Y el calor que despedía le hacía cosquillas en el corazón…

Al igual que él.

.°.°.°.°.°.°.°.°.°.

─¿Qué se supone que es esto? ─inquirió observando con asco el cono con crema helada que sostenía en su mano.

─Helado de Menta Granizada ─sonrió Kagome, probando el suyo.

Lo olfateó curioso, estornudando cuando aparentemente algo le entro en la nariz, haciendo carcajear a la chica.

─Solo pruébalo, veras que no esta mal.

─Es verde.

─¿Crees que está en mal estado? ─ladeó la cabeza a un lado para observarlo incapaz de creer que él no conociera un helado─. Pero hay muchas cosas que no te parecen extrañas, cómo la televisión, para alguien que no pertenece a este mundo. ─Lo considero un momento─. ¿Por qué un simple helado te preocupa tanto?

─¡Keh! ─se acomodo un poco más en el asiento donde ambos se encontraban compartiendo─. Se algunas cosas de este mundo, lo básico. Lo que todos los de allá sabemos ─apunto con su dedo pulgar hacia arriba─. No conozco todo. Soy un demonio…

─Ángel ─corrigió ella.

─Demonio ─replicó, fulminándola con la mirada para que no interrumpiera─, que vivió en la Era Feudal. Todas estas cosas son desconocidas para mí.

Ella le sonrió acomodándose de lado para estar enfrente de él y observarlo llena de ilusión. Era la primera vez que le mencionaba algo de su vida y estaba deseosa por saber más.

Inuyasha volvió a contemplar su helado, distraídamente, no muy seguro de si probarlo o no. Se veía tan raro, aunque la mocosa dijo que no estaba en mal estado. ¿Debería de creerle?

Sintió la mirada de la muchacha sobre él intensamente. Receloso, volteó el rostro encarándola. Alzó una ceja al notar la alegría de sus ojos y lo expectante que lo observaba.

─¿Qué quieres? ─gruñó.

Ella incremento su sonrisa, ignorando la molesta mirada que él le propinaba.

─Me gustaría saber más. Nunca hablamos de nada en particular y esta es la primera vez que mencionas algo de tu vida. ─Tomó la cuchara que estaba sobre el helado de medio demonio, levantando una gotita que se derretía junto con un poco de la crema helada ofreciéndosela; sonriendo alegremente. Al fin podían disfrutar un día tranquilo los dos, pensó. Desde que él llego a su vida, solo pasaban momentos tensos y tampoco se llevaban bien. Era la primera vez que estaban charlando sin que él se marchara enojado y discutieran por algo. Eso la animaba mucho─. Veras que es delicioso y si no te gusta lo tomare yo.

Inuyasha no estaba muy seguro de si probar ese cosa de nombre extraño y de color verde que ella le ofrecía tan alegremente. ¿Qué si estaba podrido y en esta nueva Era la gente comía cosas echadas a perder? Unas repentinas nauseas aparecieron en su estomago diciéndole que mejor no probar nada raro de este lugar. Escudriñó un minuto más la cuchara y luego el rostro de la chica que le sonreía alegre. Una gotita de sudor bajo por el costado de su sien al mismo tiempo que una inmensa repulsión por lo que su mente se estaba imaginando de lo que estaría hecho esa cosa que ella llamaba «helado», lo invadió. Tragó dolorosamente, intentando que con eso las nauseas se fueran.

─Preferiría queguafpht…

Grave error.

Había metido la cuchara de plástico en su boca impulsivamente haciéndolo ─encontrar de su voluntad─ saborear esa cosa fría de nombre extraño. Cerró sus ojos con fuerza, corriendo el rostro de la mano de ella que aun sostenía el cubierto, levantándose instantáneamente escupiendo el pequeño bocado que la chica había metido en su boca, vociferando maldiciones y reprimendas, esperando que las nausees subieran por su garganta haciéndolo vomitar en el suelo.

Pero las nauseas nunca llegaron.

Tragó lo poco que le quedaba de saliva junto con el sabor del helado verde que prácticamente abuso de sus papilas gustativas, esperando saborear un amargo, acido y horroroso gusto. Pero parpadeó sorprendido cuando un sabor dulce como también agradablemente bueno abrazo su lengua. Clavó repentinamente su mirada en ella, quien dio un pequeño respingo sonriendo tímidamente preocupada del reproche que le ladraría como un perro rabioso por el atrevimiento que se tomo con él.

─Es… ─comenzó, pero se detuvo buscando las palabras para continuar la frase.

─¿Es…? ─repitió, esperando impaciente por la reacción del mitad demonio.

─Es bueno. ─Sentenció.

Volvió a sentarse a su lado, arrebatándole el helado de sus manos tomándolo desesperado y tan rápido como su boca se lo permitiera. Estaba sorprendida, creía que la regañaría ó se enfadaría, pero no hizo ni una cosa ni la otra. Sonrío animada, disfrutando ver como él se atragantaba con su helado. Al parecer las cosas entre ellos se estaban volviendo mejor que antes.

Desde ese día del incidente ya nada era lo mismo.

Una amarga sombra de dolor pasó por sus ojos cuando recordó lo que había ocurrido aquel día. Todavía podía percibir esa desesperación y miedo que la embargo cuando se encontró sola en una situación tan terrible como esa. Los vellos de su piel se erizaron al mismo tiempo que su corazón comenzó una loca carrera reaccionando ante los recuerdos que se formaban en su mente. Jadeó aferrando una de sus manos a su pecho por el vértigo que la invadió de un momento a otro. A pesar de que ya habían transcurrido varios días de aquel momento, aún podía percibir como si hubiese sido hace unas horas las sensaciones que la invadieron en ese instante.

Un furioso bramido la saco de sus cavilaciones, haciéndola gritar asustada. Ladeó su rostro a donde estaba Inuyasha, mirándolo con los ojos desmesuradamente abiertos por el sobresalto que le provoco.

─¿¡Qué te pasa?! ─chilló casi histérica.

─¡Ouh, ouh, ouh! ─se quejó Inuyasha, apretando con la palma de su mano su sien, tratando de calmar el dolor de cabeza que mágicamente apareció─. ¡Me envenenaste con esa cosa, mocosa estúpida! ─masculló, abriendo un solo ojo para contemplarla acusatorio─. ¡Maldición, como duele!

Kagome se quedo boquiabierta un momento tratando de procesar las palabras de Inuyasha, para luego tirar su cabeza hacia atrás riéndose más relajada. ¡Se congelo el cerebro por tomar tan rápido el helado! Y ella pensaba que le había sucedido algo peor.

─¿Qué te hace tanta gracia? ─gruñó aun con la palma en su sien.

─Simplemente te congelaste el cerebro ─explicó divertida, sacando una lagrimita de un ojo. El mitad ángel la fulmino con la mirada─. No te envenene. Eso pasa cuando tomas algo frío muy rápido. Es todo, tonto.

Lo escuchó bufar enfadado.

Regresó su mirada sonriente al helado que todavía sostenía en su mano, borrando lentamente de su mente los recuerdos de esa terrorífica noche. Gracias al grito de Inuyasha, salió de su transe. Sus escandalosas actitudes le hacían gracia cómo también muchas veces la enfadaban, pero era bueno tenerlo cerca. Él le alegraba de alguna manera el día. No estaba segura cómo lo hizo pero ya no se sentía tan deprimida, ni tampoco una nube negra rondaba por su cabeza y todo gracias a él. Era mejor dejar todos los malos momentos atrás y comenzar de nuevo. Con él a su lado.

Movió su rostro en dirección al medio demonio/ángel y le regalo una enorme sonrisa. Provocando que Inuyasha alzara sus cejas sorprendido ante la repentina actitud de ella, desencajándolo de su mal humor.

─Gracias ─exclamó en una cándida voz.

Inuyasha quedo boquiabierto ante semejante cambio de humor por parte de la muchacha. Esa mañana antes de salir del apartamento, ella lo había regañado y hecho caer al piso con esa palabra suya que usaba indiscriminadamente solo con él. Y ahora le agradecía sorpresivamente dejándolo mudo en un segundo. ¿Pero que le pasaba? ¿Al final después de tantos sucesos traumáticos se habría vuelto loca?

Incomodo por semejante gentil comportamiento hacia él, se removió en el asiento cruzando sus brazos por su pecho, mirándola de soslayo escéptico.

─¿Qué demonios te sucede, por…? ─se interrumpió abruptamente sintiendo una extraña presencia en el lugar en donde estaban. Escudriño el sitio con ojos fieramente suspicaces tratando de localizar de donde provenía esa aura que despertó sus más sensibles sentidos.

Kagome sonreía animada, hasta que repentinamente Inuyasha cambio su actitud altanera por una recelosa y calculadora, dejándola desconcertada. La mirada del su Ángel Guardián se volvió escrutadora, moviéndose como un halcón buscando algo que para ella le era desconocido.

Jadeó, asustada sintiendo que los vellos de sus brazos y nuca se erizaron cuando un aire frío se coló por su espalda. Podía percibir como si una oscura sombra vagara alrededor de ellos.

Estiró una de sus manos al antebrazo de su ángel, tratando de sentirlo cerca, cuando los furiosos latidos de su corazón comenzaron una carrera dentro de su pecho, por lo extraño de la situación.

Inuyasha no la miro. Se mantenía firme y concentrado en averiguar de dónde provenía esa presencia. Podía notar como el corazón de la muchacha latía desesperado provocando lo mismo en el de él.

─¿Inuyasha qué…?

─¡Shh! ─le siseo, cubriendo con su mano la boca de la chica, provocando en ella una inexplicable sensación de vértigo al verlo tan receloso.

El lugar comenzó a cambiar repentinamente. Los ojos de la muchacha se abrieron paulatinamente asombrados por lo que veía. Todo el espacio en donde se encontraban se estaba derritiendo lentamente cómo si se tratara de una pintura de acuarela a la cual se le arroja agua para que los dibujos se desfiguren.

Kagome se aferro más al brazo del muchacho pegándose prácticamente a su costado, temerosa de la situación que los rodeaba ¿Qué estaba sucediendo?

Notó que la fuerza de gravedad estaba haciendo que suavemente se elevaran del suelo, y su cabello y ropa se ondeaban a su alrededor. Llena de pánico clavo su mirada al suelo, ahogando un grito en su garganta cuando vio que el suelo prácticamente desaparecía bajo sus pies.

─¡Inuyasha! ¿Qué esta pasando? ─sollozo muerta de miedo sin comprender nada de lo que sucedía, escondiendo su rostro en el bíceps del muchacho, aferrándose como si de eso pendiera su vida.

El joven que mantenía su ceño fruncido y con la mirada fija al frente, se encontraba absorto e inmutable, tratando de averiguar qué diablos provocaba todo eso. Percibía que algo se encontraba frente a ellos, pero se ocultaba en esa patética ilusión que se levantaba alrededor de ambos, para distraerlos. Tendría que pelear, ahora, sino quería que algo le sucediera a Kagome.

Tomo las manos de la joven, incitándola a que lo soltara. La muchacha alzo su mirada nublada en lágrimas, al rostro de al medio demonio que no la observo. Confundida, sin poner resistencia dejo que el la alejara de su lado.

─Quédate aquí ─fue la firme orden de Inuyasha.

Lo vio comenzar a caminar en ese suelo invisible, hacia delante. Atónita como estaba no fue capaz de negarse a nada y continuo observando cómo avanzaba hacia el irreconocible puesto de helado que estaba frente a ellos. ¿Por qué estaba sucediendo eso ahora? ¿Sería una prueba de Kami Sama y nadie les abría avisado?

De repente una rasgadura se formo arriba en el aire por donde Inuyasha se dirigía haciéndolo agazapar alerta por la repentina aparición. Crispó sus manos mostrando unas filosas garras que hace segundo atrás no estaban, mostrando unos amenazadores colmillos, gruñendo, ante lo que fuera a salir de esa hendidura. El pelo y el porte de su ángel habían cambiando repentinamente, volviéndose a su apariencia original de un medio demonio y no un humano común.

Kagome soltó un grito ahogado, cuando un grotesco y colosal antebrazo salió de la hendidura negra que se formo en el aire, cubriendo su boca horrorizada. ¡Kami Sama, que estaba sucediendo! ¡Ese brazo era diez veces más grande y alto que Inuyasha! ¡Lo aplastaría! Pensó llena de pánico.

─¡No te acerques, Inuyasha! ─gritó a todo pulmón, sintiendo que sus rodillas dejaron de sostenerla, haciéndola caer al suelo borroso e invisible que se encontraba bajo ella.

La cabeza de un monstruo salió después del brazo rápidamente, tratando con su otra mano estirar más la hendidura por la cual trataba de salir con dificultad. El demonio gritó con un chillido irritante y lastimero que hizo doler los tímpanos de la joven quien los cubrió rápidamente y mover las orejas de Inuyasha hacia atrás. El enorme y grotesco esperpento que comenzaba a salir lentamente, trato de aplastar a Inuyasha con su mano, pero el joven fue veloz y previó el ataque saltando tan alto como pudo, retrocediendo hacia donde estaba Kagome.

─¿Que está pasando? ─exigió saber la muchacha angustiada, sintiendo como los latidos de su corazón golpeaban furiosamente dentro de su pecho y todo su cuerpo se tensaba ante el pánico que comenzaba a invadirla─ ¿Qué es todo esto, Inuyasha?

─¡Ja! ─rió con una media sonrisa maliciosa disfrutando la situación. ¡Hace tanto tiempo que no tenia una pelea con un monstruo! Esto lo hacía sentirse tan vivo. Se preparo para atacar en cualquier momento─ Esto mi querida mocosa… ─crujió sus dedos─ ¡Es una ilusión! ─rugió precipitándose hacia el monstruo, clavando sus garras en su antebrazo para luego sacarlas llenas de sangre y arrojar unas gigantescas cuchillas rojas que volaron hacia el monstruo lastimándolo en la cara y brazo, dejando unos enormes y profundos cortes.

La sonrisa de Inuyasha se incremento. Si hubiera sabido que podía tener estas situaciones en la Tierra, hace mucho tiempo que se hubiera hecho Ángel guardián.

El monstruo volvió a gritar todavía más fuerte que la última vez, igual que si un rayo hubiera caído del cielo. El dolor del demonio fue casi tangible.

Kagome chilló llena de miedo, tapando sus odios del insufrible ruido, ocultando su rostro en sus rodillas.

─Esto no quedara así, Hanyou ─advirtió el terrible esperpento lentamente lleno de odio, con una voz tan terrorífica que retumbo por todo el lugar.

─¡¿Ah, sí?! ─Exclamó Inuyasha abalanzándose sobre su oponente, mientras éste se escabullía por donde ni siquiera había logrado salir completamente, la hendidura─. ¡Ven y terminemos con esto escoria inmunda! ─saltó tratando de alcanzarlo antes que desapareciera y se cerrara esa rajadura─ ¡Te matare, gusano!

Pero antes de que lo alcanzara el corte en el aire se cerró e Inuyasha voló por el aire sin siquiera llegar a lastimarlo.

─¡Maldición! ─gruñó frustrado por no poder terminar la batalla que ni siquiera pudo comenzar. Planto un pie en el suelo lleno de furia contenida por como termino todo─. ¡Mierda!

La muchacha observó todo boquiabierta con los ojos extremadamente horrorizados, sin poder comprender nada de lo que había sucedido. Estaba sentada sobre sus piernas en el suelo en un estado de completo shock, con sus manos a los lados de su cuerpo, inertes, incapaz de creer que todo eso fue verdad. Desasosiego invadía su corazón.

Inuyasha volteó enfurecido dejando clavando sus ojos en el suelo, gruñendo por no poder comenzar ni acabar esa batalla ─si se podía llamar batalla, claro─ y se encamino hacia donde Kagome se encontraba. Alzó su mirada con su ceño fruncido y todo el enfado que sentía desapareció tan rápido como llego, cuando la vio, allí, muerta de miedo, con sus ojos desmesurablemente abiertos.

Se precipito hacia ella tratando de llegar lo antes posible a su lado, percibiendo que mientras más se acercaba podía sentir el inmenso terror que invadía su corazón y el latir desbocado que golpeaba con furia su pecho.

─¡Kagome! ─Gritó su nombre tratando de sacarla del shock en el que se encontraba. Pero ella ni siquiera parpadeo. Podía ver el horror plasmado en su rostro. Se maldijo internamente por no saber controlarse. Ella era una simple humana, no estaba acostumbrada a ver ese tipo de cosas, como él, que nació en un mundo diferente al de ella. La tomó de los hombros cuando al fin llego a su lado, y la sacudió levemente tratando de despertarla, pero parecía imposible.

Sin que ninguno de los dos lo notara, a su alrededor todo comenzó a ordenarse lentamente. Ya casi nada parecía un dibujo borroso o derretido, los sonidos de conversaciones, pasos, autos, gente moviéndose se escuchaban una vez más.

La impaciencia por volver a Kagome en sí, estaba inquietándolo a un paso agigantado. ¿Por qué parecía como si no estuviera ahí? ¿Estaría en un estado catatónico?

Rogó al maldito viejo que no fuera así y la sacudió una vez más, pero esta vez con brusquedad. La incertidumbre y el desasosiego comenzaron a invadirlo rápidamente. No sabía qué hacer para que volviera a ser la chica radiante que era.

─¡Maldición, Kagome, reacciona de una buena vez! ─la zarandeó desesperado, reflejando en su rostro la agonía que le estaba causando la situación al verla de esa manera. La gente que caminaba alrededor volteo a verlo cuando lo escucharon gritar tan desesperado. Y lentamente una multitud comenzó a rodearlos murmurando un par de cosas que Inuyasha no presto atención.

Se levantó del suelo con ella, agarrándola de los brazos y la sacudió tan fieramente que los cabellos de Kagome volaron alrededor, enmarañándose.

─¡Despierta, maldita estúpida! ─rugió con un nudo en la garganta llegando al límite. Temía que algo malo le hubiera ocurrido ¿y si se volvía loca? La inquietud lo atrapo y completamente desesperado uso su último recurso…

Una estruendosa y limpia bofetada hizo eco en el lugar, al mismo tiempo que varios gritos ahogados junto con unos murmullos se dejaron escuchar, mientras que una viejecita gritó indignada algo cómo «Violencia de Género» que él no supo comprender.

La contemplo expectante aun sosteniéndola por los brazos, ignorando los acusadores ojos que lo escudriñaban molestos. El rostro de Kagome se encontraba soslayado con todo el cabello escondiéndolo y sin abrir los ojos aun.

La escucho gruñir y mover su cabeza paulatinamente.

Las comisuras de los labios de Inuyasha se extendieron levemente hasta transformarse en una autentica sonrisa, aliviado de que se encontrara bien.

Kagome gruñó por lo bajo sintiendo que un tren la había arrollando. Se sentía mareada y su mejilla izquierda le ardía tanto como si alguien la hubiera abofeteado. Trato de enderezarse soltándose suavemente del agarre de Inuyasha, retrocediendo un par de pasos. Rascó su cabeza despreocupadamente haciendo a un lado los molestos mechos de cabello que caían en su rostro, tratando de recordar que fue lo que había sucedido.

De repente un recuerdo ilumino su mente, aclarándolo todo.

Sus ojos se clavaron enfurecidos en los de Inuyasha quien dio un respingo, arrepintiéndose de la medida drástica que había tomado para despertarla.

─Espera... ─alzó sus manos al frente, retrocediendo un paso, sintiéndose abrumado por los nervios que carcomían su estomago─ ¡Juró que puedo explicarlo!

─¡Tú! ─la voz de Kagome sonó ronca por toda la furia que crecía cada vez más dentro de ella y lo señalo con un dedo acusador.

Inuyasha entro en pánico, al ver que no podría escapar de esa maldita palabra que tanto detestaba.

─¡Me abofeteaste! ─acusó indignada, dando un paso hacia él cerrando sus puños con rabia a los lados su cuerpo.

─¡Y también te zarandeo! ─le recordó la misma viejita que grito «Violencia de Género» cuando Inuyasha trato de despertarla.

Ambos jóvenes miraron a su costado sorprendidos ante la acusación.

La mandíbula de Kagome se desencajo sorprendida cuando vio a toda la multitud de espectadores que tenía a su alrededor, observándolos sorprendidos y murmurando cosas a sus oídos que ellos no alcanzaban a escuchar.

Un fuerte rubor cubrió sus mejillas mientras inclinaba la cabeza, cubriendo con su flequillo sus ojos. Las palmas de las manos le sudaban y su corazón dio tantos vuelcos que creyó se desmayaría en ese preciso momento. ¡Deseaba tanto que la tierra se abriera y la tragara, para sacarla de esa vergonzosa situación!

Una mujer se acerco a otra y le susurro cubriendo su boca con su mano para hacer mas intimo el comentario:

─¿Notaste que tiene orejas de perro?

─¡Síi! ─respondió la otra entusiasta─ y también lleva el cabello blanco.

─¿Se decolorara el cabello?

─No lo sé, pero creo que hace cosplay ─ambas mujeres le lanzaros rayos X al muchacho que las observo con el ceño fruncido.

Inuyasha y Kagome habían escuchado claramente el comentario.

La rabia fue aumentando levemente con cada minuto que transcurría y él podía sentir por los latidos del corazón de Kagome que no era el único. Iba a estallar en cualquier momento.

─¡Puedes defenderte de ese abusador de adolescentes! ─animó la viejecita entre la multitud. Todos los presentes comenzaron a vitorear animándola a defenderse. Pero en vez de sentirse animada la joven se hundía cada vez más en la vergüenza y su rostro tomaba un color más fuerte que el rojo.

─¡¿A quién llaman abusador?! ─se defendió Inuyasha, para el horror de Kagome─ ¡Solo trataba de despertarla!

─¡Te denunciare! ─lo ataco la anciana, acercándose y golpeándolo con su bolso de mano tan rudamente que debió alzar un antebrazo para cubrirse de la agresiva anciana. El muchacho alzo sus cejas incapaz de creer que una persona tan añeja pudiera tener tanta fuerza.

Observó sin poder dar crédito a lo que sus ojos le mostraban. Su mandíbula nuevamente se desencajo y agradeció a los cielos que aun la mantuviera pegada a su cabeza. Inuyasha esquivaba a la anciana que le aventaba su bolso de mano para golpearlo, mientras soltaba una risita maliciosa porque la pobre anciana no lograba alcanzarlo. ¡Por el amor de Kami Sama, era una persona mayor, y estaba agitada, le podría dar un ataque en cualquier momento!

Llena de rabia, ira y queriendo arrancarse del pecho la vergüenza del momento vivido, tomó aire con todo lo que sus pulmones se lo permitieron y grito con todas sus fuerzas, haciendo retroceder a la gente que tenía alrededor.

─¡ABAJO, INUYASHA!

Un golpe seco y pesado se escucho por todo el lugar, provocando que todos espectadores que contemplaban al chico vieran como se estrellaba en el suelo, haciendo muecas del dolor en sus rostros.

Volteó llena de ira y clavó su mirada a la muchedumbre que obviamente reconocieron la indirecta y se marcharon lentamente. Ella se quedo rígida en su lugar esperando hasta que la última persona que formaba el círculo se fuera. Cuando ya nadie quedo en el lugar, aflojó sus hombros y suspiro cansada. Cerrando sus ojos y tomando asiento en el pequeño banco del patio de comidas.

─Jovencita ─llamó la anciana.

Frunció su ceño, rogando a Kami que todo terminara rápido.

─¿Sí? ─respondió apesadumbrada.

─Sabes qué eres una mujer fuerte, capaz y llena de vida ¿Cierto? ─la muchacha le parpadeó desconcertada─. No dejes que la Violencia de Género, tome el control de tu vida ─aconsejó la anciana, dejando a una muy estupefacta Kagome, sin saber qué decir. La señora tomo sus manos entre las arrugadas de ella, palmeándolas cariñosamente─. Eres una mujer valiente ─y beso su frente, marchando en un lento caminar.

Kagome la miró primero atónita por las palabras de la anciana, y luego cálidamente. Comprendía que solo era una anciana que creía que ella estaba en peligro y trato de ayudarla como pudo. Un nudo se le formo en su pecho recordando a su abuelo. Solo era una anciana tratándola de ayudar. Sonrió tiernamente.

Escuchó un quejido a unos pasos lejos de ella, y desvió sus ojos a la espalda de Inuyasha quien ya se encontraba moviendo gracias a que el hechizo estaba perdiendo su efecto. Ella suspiró cansada, cruzando una pierna sobre la otra y apoyando su codo en su rodilla para que su mentón pudiera descansar en la palma de su mano. Aburrida miro hacia otro lado.

─Abajo ─murmuró.

─Ouhg.

─Abajo─ repitió.

─Ouhgf.

─Abajo.

─Bas…

─Abajo.

─… ta…

─Abajo ─tomo aire y cerro sus ojos─ ¡Abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo! ¡ABAJO!

Y de esa manera continuó la tarde.

Continuará…

N/A:¡Al fin otra actualización! ¡Síi! :D Iba a subirlo hoy a la tarde, pero no me dio el tiempo. Perdón. Ojalá les haya gustado y por favor háganmelo saber con un Reviews.

No quiero ser exigente, pero lo que pasa es qué no se si les gusta o no y eso me deja desconcertada T-T

En fin. ¡Agradezco mucho a la niña que me dejó un Reviews! ¡Fui feliz al saber qué a alguien le gustaba! :'D Muchas gracias :) Y sí, voy a seguir actualizando. Ya voy por los últimos capítulos en mi borrador así que no te preocupes que este fanfic va a tener un final :)

Con respecto a los días que voy a actualizar, pienso hacerlo cada tres días, más o menos. A veces voy a tardar un poco, pero eso pasa porque estoy terminando los demás capítulos y me atraso en arreglarlos para que queden decentes. Sepan disculpar. Y como estoy haciendo demasiado largo esto, me voy. ¡Apapachos cibernéticos!

P/D:¡Si te gusto déjame un Review! Gracias :)

Dulce!