Capítulo 15: "Sospechas"

Recostado contra el marco de la ventaba, con los brazos cruzados, seguía con la mirada atentamente a la pareja que caminaba por afuera, en la plaza de enfrente. Llevaban, al parecer, bolsas de compras en sus manos. La muchacha se veía enfadada por alguna razón, mientras que platicaba con el hombre que iba a su lado y este último le replicaba de la misma manera. Caminaron un poco mas hasta que ambos se detuvieron en medio del lugar, enfrentándose, volviéndose la discusión mas intensa, ya que estaba vez se los veía gesticular mucho con sus brazos, moviéndolos a sus lados o enfrente de ellos.

Continuó observándolos sin inmutarse, totalmente serio, escudriñando a la mujer minuciosamente, memorizando cada parte del su cuerpo; sus expresiones; su piel; sus ojos…

Toda ella.

─¡Abajo! ─gritó a todo pulmón.

Parpadeó sorprendido notando que su voz se había escuchado claramente a pesar de estar a varios metros de distancia ─él se encontraba en el tercer piso del edificio─ y el muchacho que iba con ella cayo tan rápido al suelo que no alcanzo a verlo.

Soltó un gruñido, furiosa, apretando los puños indignada con el idiota ese y por inercia alzo sus ojos hacia la ventana donde se encontraba el espectador, haciéndolo tensarse. Lo descubrió. El espectador y ella se observaron un eterno instante, provocando en el hombre casi sentir la furia de la joven. Sonrió lánguidamente hacia un lado, dejando ver en ese momento la perturbadora y siniestra esencia del extraño. Era ella, no cabía duda. La mujer que amo en el pesado, al fin, después de tanto tiempo, la encontró.

La muchacha rompió contacto visual con la ventana ─ya que por el reflejo del sol, que se reflejaba en el cristal, no podía ver quien se encontraba del otro lado─, girando sobre sus talones, no sin antes mirar despectivamente por sobre su hombro la espalda del muchacho que se encontraba pegado al suelo, y continuar con su camino a paso raudo, dirigiéndose al edificio donde vivía.

Luego de un momento el joven se levanto del suelo, sacudiendo sus ropas y refunfuñando improperios, para luego seguirla con un leve trote.

El espectador se incorporo del marco de la ventana y camino hacia el solitario sillón que se encontraba en medio de la desolada habitación que solo era iluminaba por los rayos que entraban a través del cristal. Solo habían dos muebles en todo el lugar, el primero era un sillón para una sola persona y el otro una lámpara de pie. Se arrelleno en el susodicho sofá, cruzando una pierna sobre la otra y dejando que uno de sus puños sostuviera su mentón.

Hace tiempo que la buscaba.

Desde mucho tiempo atrás cuando la perdió en la Era Sengoku. Décadas enteras, la busco y sin ningún resultado, hasta ahora. Cerró lentamente sus ojos recordando aquel momento hace casi diez años cuando la encontró por primera vez, caminando con su uniforme escolar verde, volviendo a su hogar. En ese momento sintió las urgentes ganas de tomarla en sus manos y llevársela lejos. Usarla a su antojo. Pero cuando se detuvo a ver su rostro fijamente, notó que aun no tenia los finos rasgos de antes, se la veía demasiado joven, una simple niña.

Los días transcurrían lentamente desde ese primer encuentro y él la seguía observando en silencio esperando ver los antiguos rasgos de ella. Pero mientras más pasaba el tiempo, más comenzaba a notar obvias diferencias en la persona que una vez amo con locura a esta nueva versión de ella. Si se las veía sin detenerse en detalles se lograba imaginar que eran un sola gota de agua, pero si se las comenzabas a comparar…

… no eran iguales.

Golpeó con el dorso de su puño, el antebrazo del sofá, saboreando nuevamente la desilusión que lo embargo cuando supo que no eran la misma persona. No era ella, no lo era, pero sin embargo… esa muchachita de desgarbada silueta tendría que ser el remplazo de la anterior mujer, hasta qué, quizás, en otra época volviera a renacer su antiguo amor. Se conformaría por ahora con ella.

Lo primero que debía hacer era cambiar esa alegre y brillante mirada chocolate de la chiquilla. Debía ser enigmática, fría y que guardara tanto dolor en los ojos como los de ella.

Y sabía cómo hacer aquello.

Sonrió perversamente levantándose del sofá, encaminándose una vez más hacia la ventana. Dejando su mirada fija en algún punto invisible allá afuera, en el lento atardecer que caía sobre la ciudad. Con una de sus manos libres comenzó a desabotonarse la camina azulada que llevaba puesta. Todo marchaba perfectamente, esa chiquilla con cada difícil día que le tocaba vivir hacia que el brillo en sus ojos se fuera apagando lentamente, sus angustias y tristezas se reflejaban cada vez más. También los rasgos de su rostro se veían más delicados, no como antes que eran los de una inocente mocosa. Se regocijo ante lo que había logrado. Solo faltaba un poco, solo un poco y al fin seria como la que fue en el pasado.

Pero todo se detuvo cuando él… cuando ese asqueroso Hanyou apareció en su camino. Al fin había podido tener el primer encuentro con la muchacha casi haciéndola suya, pero ese bastado apareció, arruinándolo todo. ¡Como en el pasado! Interfiriendo en sus planes, robándole lo que era suyo por derecho. Esa asquerosa sabandija que no merecía vivir. ¿Cómo era posible que una vez más después de tantos siglos apareciera de nuevo? ¿Cómo? Creyó que se encontraba muerto, lo vio morir a manos de la sacerdotisa que ─para su desgracia─ ambos amaban.

─Estúpido, infeliz ─masculló, lleno de odio.

Aquella vez logro detenerlo, porque se encontraba en un cuerpo humano, pero ahora que volvió a su antigua forma y no debía esconder sus poderes, nada lo pararía. La camisa cayó a los suelos delicadamente dejando ver el perfecto cuerpo del hombre.

Posó la palma de su mano en su pecho donde tres inmensas cicatrices levemente rojas cubrían todo su torso. Esa vez admitía su derrota, porque no esperaba encontrárselo de nuevo, cuando estaba apuntó de contaminar un poco más el corazón de esa mocosa. Pero la próxima no se la dejaría ganar tan fácilmente. Las comisuras de sus labios se extendieron mostrando una siniestra sonrisa, y los últimos rayos de sol, hicieron destellar un brillo malicioso en unos enormes ojos rojos.

Gracias al monstruo que envió al centro comercial, sabía cuáles eran los poderes del maldito infeliz Hanyou, y a decir verdad, eran muy limitados. Al fin jugaría su próxima carta, había esperado mucho tiempo por este momento y nada lo arruinaría. Eliminaría al molesto y repugnante mocoso, para al fin tener a la muchacha sola para él.

─Al fin estaremos juntos, mi querida Kikyou.

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Un silencio ensordecedor y exageradamente tenso, inundaba la habitación en donde se encontraban un muchacho de largos cabellos negros y un gato. El hombre se inclino hacia delante apoyando los codos en las rodillas con el ceño fruncido tratando de descifrar como lograr que ese gato hablara. Al mismo tiempo que el animal movía su cola de un lado hacia el otro, inquieto, mostrando su obvia molestia por la repentina atención que le brindaba ese «Perro Sarnoso», como él lo llamaba al chico mitad ángel.

¿Qué bicho le pico?

Ruidos de platos y tazas se escuchaban desde la cocina, interrumpiendo el tenso momento que se había creado, hasta que desde el umbral de la puerta apareció una sonriente muchacha que sostenía una bandeja con tazas de té y un pequeño platito de leche.

Si hubiera podido el Arcángel hubiera levantado una ceja cuando el platito de leche fue depositado en la pequeña mesa de té a un lado de donde él se encontraba sentado. Alzó su ofendida mirada hacia la muchacha que le sonrió con esa inocente y dulce manera suya. Suspiró, no podía enojarse con ella, al fin de cuentas él era un gato y los gatos toman leche, aunque él en realidad en su anterior vida fue un líder demonio lobo que guiaba a su clan.

Kagome, deposito estruendosamente la taza de té enfrente de su Ángel Guardián, denotando su enfado con él, sin siquiera mirarlo. Notó por el rabillo del ojo como el muchacho se inclinaba hacia atrás tratando de evitar que las gotitas del té lo salpicaran. Hubiera querido que una gotita le cayera encima para que aprendiera la lección de que a una mujer no se le abofetea.

Alzó una ceja, cruzándose de brazos y piernas ─en su típica pose de indio─ arrellanándose en el sofá/cama, mientras ella tomaba asiento a su lado, aunque a una buena distancia. Al parecer aun seguía enojada por lo del centro comercial. ¡Demonios, que terca era! Ya le había explicado porque hizo lo que hizo y hasta dejó que ella usara ese jodido conjuro con él, indiscriminadamente. ¡No podía olvidarlo de una buena vez por todas y hablarle! Esto estaba comenzando a desquiciarlo. Él no tenía la culpa que ella se quedara en shock y no reaccionara, ¡Debía hacer algo! Sintió miedo de que se quedara así para siempre. Estúpida chiquilla.

Kagome tomó la taza de té en sus manos, soplando el vaho que se formo en su contenido y le dio un suave sorbo. Sonrió satisfecha de poder pasar un tranquilo momento después de lo ocurrió en el centro comercial. Repentinamente su expresión de satisfacción se volvió seria. Fue demasiado extraño lo que sucedió esa mañana, aun se sentía un poco alterada por todo. Era la primera vez en toda su vida que le pasaba algo como eso y se sentía muy inquieta. Aunque, claro, después de que Inuyasha apareciera en su vida como Ángel Guardián, estaba segura que cualquier cosa podía llegar a ocurrir en este mundo, no debería resultarle nada extraño que un monstruo se presentara ante ellos. Y aunque hubiera transcurrido un tiempo considerable desde que lo sobrenatural apareció en su vida, aun le costaba asimilar todo.

Suspiró resignándose a dejar de pensar por un minuto en todos los nuevos problemas que tenía y le dio otro sorbo a su té dejando que el calor de este último la abrigara por dentro. Acurrucó su espalda en el mullido sofá, tratando de relajarse, volviendo la mirada a un lado de ella donde Inuyasha y Kouga la escudriñaban intensamente.

─¿Qué? ─inquirió incomoda, por la repentina atención que recibió.

El ángel y arcángel intercambiaron miradas inquietas, volviéndolas hacia la muchacha que no entendía nada.

─¿Te encuentras bien? ─preguntó el muchacho, escudriñando su rostro con preocupación.

Kagome parpadeó desconcertada.

─¿Huh?

─¿¡Qué si te encuentras bien!? ─repitió, esta vez, con una voz más alta.

─¡Sí, te escuche! ─replicó molesta porque elevara la voz─. No entiendo porqué preguntas.

─¡Keh! Estabas haciendo caras muy extraña hace un momento ─desvió su rostro despectivamente y la observo de soslayo─, creí que te habías vuelto loca, después de lo que paso allá.

El arcángel los contemplo suspicaz. Sin comprender a que se refería el mitad ángel con «después de lo que paso». ¿Qué había sucedido?

─¿Qué? ─soltó más por inercia que por no haberlo oído.

─¡Dije qué…!

─¡Te escuche! ─lo interrumpió molesta─. Sólo no comprendo que gestos hice.

─Estás: ─el mitad ángel/demonio comenzó a imitar las extrañas caras que la muchacha hizo cuando estaba absorta en sus pensamientos, algunas eran muy graciosas a tal punto que no pudo evitar reírse, casi escupiendo el té que tenía en la boca y las otras… bueno, las demás no eran muy graciosas, más bien eran horrendas.

─¡Inuyasha, esas no son mis caras! ─replicó, soltando un par de risitas, empujándolo juguetonamente, provocando que el chico se tambaleara hacia un lado.

El Ángel Guardián, se enderezo fulminándola con la mirada.

─¡Porque me empujas!

─¡Porqué esas no eran mis caras!

─¡Sí lo eran! ─se defendió─ ¡No exagero!

─¡Si, lo haces! No soy así de fea.

─Claro que sí ─sentenció. Y tan rápido como lo dijo, se arrepintió.

La mandíbula de Kagome se desencajo, estupefacta ante la declaración de Inuyasha. Lo contemplo con los ojos abiertos de par en par por un efímero segundo que en realidad le pareció eterno.

Por su parte el muchacho sintió su corazón latir desbocado sabiendo que de nuevo caerían sobre él millones de azotes sobre el suelo, a causa de ese maldito conjuro del cual ella al parecer le gustaba repetir sin cansarse. Lentamente las manos comenzaron a sudarle y solo por inercia comenzó a alejarse lentamente de su lado.

Los ojos de Kagome parecieron arder, lanzándole dagas invisibles, frunciendo profundamente su ceño, levantándose del sofá en un solo movimiento.

Inuyasha, abrió sus ojos de par en par completamente invadido por el miedo que le transmitía su protegida, sintiendo los rápidos latidos de Kagome como suyos y trago dolorosamente esperando el impacto.

El gato hastiado de esa tonta discusión, se irguió de donde estaba, volteándose a la habitación de la muchacha sin que ninguno de los dos lo notara. A las espaldas del gato se escucharon los escandalosos gritos de ella contra el «Perro Sarnoso» y las replicas bobas de él. Sacudió su cabeza, preguntándose si Kami Sama habría elegido bien a ese par para que estuvieran juntos.

─¡Mi cara no es horrenda! ─espetó furiosa─ ¡Abajo!

─Espe…

La muchacha apretó más los puños.

─¡Y lo mínimo que podrías hacer seria comprenderme por todo lo que estoy pasando! ¡Abajo! ─Sintió las mejillas arder por la furia que la embargaba en esos momentos.

─Ka…

─¡Que por mi ventaba apareciera un chico mitad ángel, que un arcángel se transforme en un gato, que conociera a Kami Sama y que un monstruo apareciera cuando estábamos de compras, no es raro qué mi cabeza quiera sucumbir en la locura con todas esas cosas en mi vida! ─le gritó apunto de llorar.

─¡Pero no es mi culpa! ─se defendió alzando al fin la cabeza del suelo cuando el conjuro se disipo un poco.

Kagome, tenso la mandíbula llena de rabia al ver como él seguía sin comprenderla.

─¡Cállate, tonto! ¡Abajo! ─gritó aun más fuerte.

─Ya…

─¡Abajo!

─Ouh…

─¡Abajo!

─Pero…

─¡Abajo, abajo, ABAJO!

─¡Cierren la maldita boca! ─interrumpió la potente voz del arcángel, haciendo voltear a una furiosa muchacha de ceño fruncido y ojos anegados en lágrimas, sometiendo a un medio demonio/ángel en el suelo. Ella abrió levemente un poco más los parpados, sorprendida de encontrarse con la forma "humana" del enviado de Kami Sama una vez más.

Kouga, carraspeó alzando una ceja sintiendo lastima por él estúpido perro. Tal vez no se merecía tanto maltrato. Nah…, que lo azotar cuantas veces quisiera. Se lo merecía.

Se acerco a ellos, tratando de volver a su calmado carácter o al menos al que aparentaba tener. Frotando sus sienes tratando de recordar lo que estaba a punto de decir.

Kagome, se sentó de nuevo en el sofá restregando con el dorso de su mano su ojo para limpiar los rastros de una solitaria lágrima que casi se le escapa, mientras que por su lado Inuyasha, aun seguía tirado en el suelo, sin poder moverse, hasta que el maldito hechizo que tenia sobre él desapareciera.

─Kagome ─la llamo, pisando la espalda del chico que estaba tirado en el suelo. Inuyasha gruñó y maldijo, pero que el arcángel ignoro, acercándose a la muchacha, observándola con sincera preocupación. Tomando una de sus manos para acercarla a su pecho─. ¿Te encuentras bien? ¿Este sarnoso te protegió ante el peligro? ¿Te dejo sola de nuevo?

Los dedos del mitad ángel/demonio se crisparon en el suelo, sintiendo una creciente ira volar por sus venas deseando que el conjuró desapareciera en ese instante para poder arrancarle los ojos a ese infeliz.

─Oh ─musitó un poco confundida por la repentina atención del arcángel─. Sí, Inuyasha me protegió.

Y unos enormes brazos la envolvieron en un ferviente abrazo, acercándola al pecho del mensajero de Kami Sama, quién la acurrucó suavemente, dejando a una petrificada Kagome que no sabia qué hacer.

Inuyasha, ─quién sin saber cómo, rompió el conjuro─ se precipito hacia el muchacho de ojos celestes, empujándolo lejos de la chica que cayó en el sofá aun confundida por lo que sucedió.

Con aire amenazador se acerco al ex lobo plantándosele en frente. Kouga, frunció su ceño, enfadado de que haya interrumpido el momento que mantenía con su antigua amiga, sosteniéndole la furiosa mirada del medio demonio.

─¿Qué te sucede sarnoso? ─pregunto altivo, sonriendo de miedo lado─ ¿Es que acaso te sientes intimidado con mi nueva forma?

─¡Keh! ─bufó despectivo─ No me hagas reír. ¿Crees que podría llegar a sentir miedo solo porqué al fin dejaste de ser un gato inútil? ¡Feh! ─dio un paso hacia atrás, cerrando sus ojos lentamente.

La mirada de Kagome se intensifico cuando una suave luz comenzó a emanarse del cuerpo de Inuyasha, y al mismo tiempo su largo cabello negro cambiaba a uno plateado. Sus orejas humanas tomaron una forma puntiaguda y peluda, subiendo paulatinamente a la coronilla de su cabeza, mientras las uñas de sus manos se volvían largas garras filosas. Ya lo conocía en su forma «demoniaca», pero no podía dejar de sorprenderse cada vez que él se transformaba.

─No eres el único que puede cambiar su forma, lobo estúpido ─sonrió arrogante; mirándolo con unos brillantes ojos dorados.

Kouga, frunció su ceño, furioso ante el insulto de su rival. Aunque al mismo tiempo estaba sorprendido, de qué ese «Cara de Perro» hubiera descubierto la manera de cambiar a su forma original él solo.

Se agazapó preparándose para enfrentarse con el mitad demonio sonriendo de medio lado, saboreando la batalla que vendría, hace tiempo que no peleaban y esta era su oportunidad perfecta ya que Kami Sama no estaba por ningún lado.

─¡Esperen! ─exclamó la muchacha, entrometiéndose entre ambos. Sonrió nerviosa, tratando de distender el ambiente. Si llegaban a crear una pelea en su apartamento, estaba segura que no podría detenerlos, y que seguramente destrozarían todo sin piedad─. Antes que comiencen una nueva riña... ─volteó hacia el arcángel, cambiando rotundamente la expresión de su rostro a una seria─. Hay al algo que me gustaría preguntarte primero.

El joven de piel morena, alzo sus cejas sorprendido por la repentina intromisión de la muchacha.

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─… y eso fue lo que paso─ finalizó la muchacha de ojos cafés, retorciendo en sus manos la punta de su camiseta─. Inuyasha, tampoco se imagina que pudo llegar a ser aquello ─alzó su mirada decidida al arcángel que la contemplaba serio─. No tenemos idea de porqué apareció tan repentinamente ni mucho menos porque nos atacó ─hizo una mueca bajando sus ojos a sus rodillas, preocupada. ¿Y si volvía a suceder, pero estaba vez eran más? Su Ángel Guardián no podría con todos y ella no tenia un poder sobre natura para poder ayudarlo en algo, más bien seria un completo estorbo.

Tenía un mal presentimiento de todo eso. Estaba segura de lo que sucedió en el centro comercial, solo era el inicio de lo que en verdad se aproximaba…

Abrió sus ojos desmesurablemente cuando un horrible pensamiento apareció en su mente.

─Y… ─habló, llamando la atención de ambos ángeles, aun dudosa de decir lo que pensaba─… ¿Y sí a quien buscan es a Inuyasha?

Desvió su mirada a un lado, contemplando al mitad demonio/ángel que se encontraba de brazos cruzados contemplándola intensamente. No quería que nada malo le sucediera, no quería que él se viera involucrado en una batalla. No, no quería. Temía por él.

─Tal vez ─razonó Kouga─, pero no es seguro, serian solo sospechas. También pudo haber ido detrás de ti Kagome ─se tomo un momento para observar el suelo meditabundo─. Por lo que dijeron, los únicos que se encontraban ahí eran ustedes dos.

El joven de ojos dorados quién se mantuvo callado en todo momento hablo, provocando un leve respingo en la muchacha por el peso de la seriedad en su voz. Clavó su mirada en el ex lobo.

─¿Entonces qué es lo que crees que sucedió, Lobo?

Kouga, quien también se encontraba de brazos cruzados, guardo silencio meditabundo. No comprendía porqué sucedió lo del monstruo. Era imposible que en esta nueva Era de paz existieran demonios de nuevo. Ya todos se habían extinguido y los que no, eran casados por los custodios del cielo, pero normalmente esos monstruos que aun existían, eran los que no hacían grandes destrozos, al menos no como el que le mencionaban ellos.

─Creo que debo hablar con Kami Sama ─sentencio el arcángel. Las miradas de sus acompañantes se clavaron sobre él, buscando respuestas que no tenia─. Nuestro señor debería saber algo sobre todo esto ─se tomó un momento para pensarlo─. Los únicos monstruos que existen están siendo casados e identificados. No recuerdo que en la lista existiera uno como el que me están describiendo, obviamente hay algo que está mal, y tengo que descubrirlo ─observó al medio demonio un momento, completamente serio. Cuando hablo su voz fue letal, mostrando el peso de seriedad que las palabras cargaban─. De lo único que estamos seguros es que alguien está detrás ustedes. Así que ten cuidado y no te precipites. No olvides que tu misión es cuidar a Kagome, a costa de tu vida ─frunció su ceño fieramente, hasta casi juntar sus cejas ─ Ella es tu protegida y como su Ángel Guardián debes cuidarla. No puede ser herida por culpa de tu incompetencia.

El muchacho de cabellos plateados gruñó guturalmente conteniendo las irremediables ganas de arrancarle la cabeza, mostrando sus colmillos, para que el enviado de Kami Sama viera que estaba llegando al límite de su paciencia.

─Eso ya lo sé ─masculló, extremadamente enfadado.

─Te conviene no olvidarlo, inútil. ─se incorporo de la mesita de té en donde se encontraba sentado alejándose del par, sin dejar de escudriñar al mitad demonio que le devolvía la misma mirada llena de advertencia.

Kagome quien los contemplaba en silencio se removió incomoda en el sofá, rogando que la tensa conversación acabara de una buena vez por todas. No quería que comenzaran a pelear de nuevo. Y también deseaba que el arcángel dejara de recordarle a Inuyasha aquella horrorosa noche. Ella estaba al tanto de lo muy doloroso que fue aquel momento para él. Aun recordaba que quería marcharse y dejarla, para que no volviera a sufrir nada semejante otra vez.

Hizo una mueca. Ya había pasado un tiempo considerable desde esa vez, pero todavía sentía culpa por ser tan débil y no lograr defenderse en un momento así. Quizás fue por eso que Inuyasha considero marcharse y dejarla, quizás ella era muy débil, para ayudarlo a él…

─Kagome ─llamó el hombre de ojos azules, sacándola repentinamente de sus cavilaciones.

─¿Huh? ¿Sí?

─Volveré lo antes posible a tu lado, así que no te preocupes si algo llegara a pasar. Solo llámame y volveré en un abrir y cerrar de ojos.

─Está bien ─murmuró desconcertada. Al parecer se había perdido de algo en la conversación porque no comprendía a que se refería con preocuparse. Tenía a Inuyasha a su lado, él la protegería y no se iría a ningún lado ¿cierto?

─¡Nos vemos! ─se despidió, abriendo sus enormes alas y desapareciendo de un segundo a otro.

Miles de plumas volaron por toda la habitación cuando el arcángel se marcho, tiñendo de pelusas blancas el lugar, dejando a una Kagome boquiabierta. ¡Qué mala suerte! Luego debería aspirar todo el cuarto por culpa de esas plumas. Cubrió su rostro con sus manos dejándose caer sobre el respaldo del sofá, sintiéndose frustrada y muy cansada por todo lo que había sucedido en un solo día.

─Kami Samaaa… ─se lamento, moviendo su cabeza hacia los lados tratando de quitarse la presión de todos los problemas que tenia sobre ella.

─Hey… ─exclamo Inuyasha.

La chica destapo uno de sus ojos percibiendo en la voz de su medio demonio que algo le molestaba.

─Dime.

─¿Qué quisiste decir con «está bien»? ─murmuró completamente serio y notablemente molesto.

─¿Cómo? ─soltó sin comprender. Estaba notando que últimamente no lo comprendía cuando salía con sus preguntas raras.

El joven entorno los ojos, más molesto que antes.

─¡Me refiero a porqué le respondiste «está bien»! ─gruñó, acomodándose en el sofá para quedar frente a ella─. ¿Es que crees que no puedo protegerte?

─¿Qué? ─lo contemplo sin creer que su preocupación fuera por una palabra que ni siquiera la pensó, solo respondió por inercia. Más bien ¡ni siquiera le prestó atención a Kouga! ─ ¡Nunca dije nada parecido! ─se defendió, sentándose a un lado para también quedar frente a él─. ¡Yo creo que puedes protegerme de cualquier cosa!

Ambos se contemplaron un eterno instante perdido en la mirada del otro, molestos, respirando agitadamente. Sintiendo como sus corazones latían al mismo ritmo que del otro, por estar unificados.

Ella confiaba en él, ella estaba segura que él la protegería y por alguna extraña razón esa seguridad que ella sentía por él, lo llenaba de satisfacción. Desvió su mirada incomodo por la declaración de la muchacha, no estaba acostumbrado a ese tipo de cosas, ni mucho menos a tanta inocente sinceridad que desprendía la muchacha.

Después de la despedida del arcángel y luego de la declaración de la muchacha, no volvieron a hablar, haciendo el silencio más ensordecedor y dejándolos aun mas incómodos de lo que ya se sentían. El medio demonio tomo el control remoto que se encontraba a un lado de él y encendió el televisor cambiando de canal rápidamente. En muy poco tiempo ─para sorpresa de la muchacha─ había logrado dominarlo muy bien.

Cuando la joven comenzó a levantar las tazas para llevarlas al lavaplatos escucho sonar su teléfono celular en su cartera. Dejo todo como estaba y se levanto a buscarlo, sin notar que unos calculadores ojos azules seguían cada uno de sus movimientos. Volvió su mirada al televisor cuando ella volteo hacia él, y se limito a contemplarla por el rabillo del ojo.

─Hola, mamá ─saludo sonrientemente, escuchando la respuesta del otro lado. Luego de unos cuantos minutos, el jovial rostro de la mujer fue tornándose a uno angustioso y lleno de preocupación. Tensando al chico que no dejo de fijarse en las expresiones de su rostro ni por un segundo─. Sí, en seguida voy.

Él torno su mirada, fingiendo estar aburrido a ella, cuando la conversación telefónica termino, casi atragantándose al ver unas enormes lágrimas rodar por las mejillas de su protegida.

─¿Kagome? ¿Por qué lloras? ─inquirió desconcertado.

─El abuelo ─sollozo, cubriendo su rostro con las manos.

El corazón de Inuyasha dio un vuelco al sentir el dolor de la muchacha como si fuera suyo, inquietándose cada vez más que los segundos transcurrían.

─¿Qué sucede con tu abuelo? ─se precipito hacia ella, posando sus manos en los hombros de la muchacha que saltaban con cada llanto que soltaba─. ¡Kagome!

Los brazos de la chica se cerraron alrededor del pecho del mitad ángel/demonio, dejándolo completamente sorprendido, sintiendo como ocultaba su rostro en el pecho de él, aun sin dejar de llorar. Después de unos segundos, dejo la sorpresa e inseguridad a un lado, correspondiendo simplemente su abrazo.

─Mi abuelo… ─jadeó─ está en grave estado… y creen que no podrán operarlo ─gimoteó la chica, sin consuelo─. Di-dicen que no podrá so-sobrevi-vir ─hipó entre lágrimas, completamente desconsolada.

Sin saber qué responder, ejerció un poco mas de fuerza en el abrazo, sintiendo que ella, inconscientemente, se acurrucaba más contra él, buscando refugio.

Continuará…

N/A: ¡Muchas gracias por los review! Sé que no recibo muchos pero estoy agradecida con las pocas personas que se toman la molesta de escribirme sus opiniones :) ¡Gracias! Me hacen feliz x) ¡Apapachos cibernéticos! :D

¡CON UN REVIEW, ayudas a una familias de moscas a sobrevivir contra el aplastamiento indiscriminado! (? ¡Ayúdalas, ellas te necesitan! ¡Review! xD

Dulce!:)