Capítulo 16: "Dolor."

Empujaron las puertas del hospital público, precipitadamente. Algunos pacientes que se encontraban en la sala de espera, voltearon a observarlos sorprendidos ante la repentina intromisión de los jóvenes, quienes se veían agitados y con el cabello revuelto. Sin detenerse a devolverles las miradas siguieron su camino a paso raudo.

Inuyasha quien la seguía por detrás casi pisándole los talones, de vez en cuando le enviaba miradas furtivas. Se la veía verdaderamente mal, pálida y con los ojos demasiado hinchados de tanto llorar. Podía percibir claramente su dolor y eso lo inquietaba mucho. Deseaba poder hacer algo para que se sintiera mejor, pero se sentía incapaz de poder ayudar en algo. Apretó los puños frunciendo sus cejas, clavando su mirada al frente. Debía hacer algo, no podía quedarse de brazos cruzados y ver como Kagome lentamente se hundía en la agonía. Hablaría con Kami Sama, estaba seguro que algo podría hacer.

─¡Mamá! ─exclamó la muchacha, sacándolo abruptamente de sus cavilaciones.

Kagome sollozo en el hombro de la mujer, abrazaba con gran ímpetu. Su madre le devolvió el abrazo y contuvo el llanto que quería escapar de sus labios, creándole un doloroso nudo en la garganta que apenas si pudo soportar.

─¿Y él abuelo? ─inquirió la chica, angustiada, separándose un poco del abrazo que compartía con su madre, pero sin soltarla─ ¿Pudiste verlo?

La mujer asintió.

─Sí. ─Le regalo una tímida sonrisa, limpiando las lágrimas de su hija─. Pregunto por ti un par de veces. ─tomo sus manos entre las suyas, al ver de nuevo el desasosiego que apareció en sus tristes ojos marrones surcados por las lágrimas que trataba de contener─. No te preocupes mi niña, en estos momentos se encuentra dormido.

─¿Qué dijeron los médicos? ─dijo ansiosa, limpiando una lágrima que rodo por su mejilla con el revés de su mano.

Su madre la contemplo llena de angustia, guardando silencio, sin saber cómo responder esa pregunta sin llorar. El análisis clínico que le dio el médico de cabecera era realmente complicado. El corazón de su señor padre se encontraba terriblemente débil y no creían que operarlo a esta altura ayudara en algo. Seguramente no sobrevivir a tan delicado y complejo Bypass.

─Mamá… ─llamó la muchacha, escudriñando los ojos de su progenitora minuciosamente, deseando encontrar respuestas en ellos.

La señora Higurashi la contempló con los ojos acuosos, y una triste sonrisa en sus labios, tomándola entre sus brazos. Acaricio su nuca, sintiendo los presurosos latidos de su hija sobre su pecho. La mujer cerró sus ojos y ejerció mas presión en el abrazo pronunciando suavemente las palabras que Kagome hubiera deseado jamás oír.

─No hay nada que puedan hacer.

Los ojos chocolates de la chica se abrieron de par en par, sintiendo cómo si un balde de agua fría le hubiera caído encima. Negó con la cabeza, desesperada, empujando suavemente a su madre para que la soltara, sin poder lograrlo. Un intenso vuelco en su corazón pasó como un rayo por su pecho tan intensamente que soltó un sollozo lleno de desasosiego. No podía soportar tanto dolor, no podía aceptar la realidad, no, no podía. Su abuelo, su segundo padre, no, no podía dejarla de esa manera, no aún. Cuando ni siquiera estaba preparada.

Sus rodillas flaquearon y junto con su madre cayeron arrodilladas en el suelo sin siquiera soltarte, a pesar del doloroso golpe. Y hasta ese momento, él, que había procurado no entrometerse en el momento madre e hija, se acerco solicito a ellas, tomando a Kagome por los hombros para cerciorarse de que se encontraba bien. Pero la muchacha no despego su rostro del hombro de su madre, aun negando con la cabeza perdida en su dolor.

─Kagome… ─susurró, sintiendo el doloroso palpitar de la chica gracias a la Unificación. Tensó el mentón enfadado con él mismo por no poder arrancarle el dolor que tanto lastimaba a quien era su protegida.

En ese instante que escucho su voz, la madre de la muchacha alzó sus llorosos ojos al joven mirándolo por un momento con el ceño fruncido, desconcertada por su presencia.

─¿Quién eres?

El mitad ángel/demonio, volteó el rostro al escuchar la trémula voz de la que se supone era la madre ─no estaba seguro─ de Kagome. Y retrocedió una pulgada contemplándola tenso, sin saber qué decir o hacer. En esas situaciones quien siempre lo salvaba era Kagome, diciendo cosas cómo que él era su primo o algo así, pero estaba vez se encontraba completamente solo, ya que su protegida no estaba con todos sus sentidos alerta.

─Ehh… ─musito, poniéndose de pie rápidamente, rígido como una tabla─. Yo… yo solo… ─balbuceó. En esos momentos le gustaría poder transformarse en otra cosa que no fuera un humano, como por ejemplo en… en… ¡oh, sí! ¡Una planta! Podría camuflarse con la de más de allá y…

─No preguntare.

─¿Huh? ─Desconcertado y sin saber qué responder solo se limito a permanecer en silencio contemplando los tristes ojos de la señora quién aún continuaba acariciando la nuca de su hija, que al parecer había parado de llorar. Al menos sus hombros ya no se agitaban con violencia. Lo único que se escucha de ella eran pequeños y suaves jadeos.

─Ayúdame a levantarla ─pidió la mujer sonriéndole amablemente, dejando a un Inuyasha completamente incomodo ante el gentil gesto. No estaba acostumbrado a ese tipo de trato, y no sabía qué decir o cómo comportarse.

Asintió levemente, inclinándose para tomar los brazos de Kagome, tratando de levantarla, pero la chica se encontraba completamente inerte sentada en el suelo. El muchacho observó a la señora Higurashi buscando su aprobación para alzarla del suelo a su manera. Ella simplemente asintió alejándose levemente de su hija, dándole espacio al joven para que la pudiera tomar entre sus brazos.

Cuando al fin ─de manera nupcial─ logro cargarla, intento ver el rostro de la chica para cerciorarse de que estuviera despierta. Pero la encontró completamente dormida, con las mejillas húmedas por las lágrimas y los parpados demasiado hinchados para su gusto. Hizo una mueca, maldiciéndose internamente por no poder sacarle el dolor de su protegida. Si solo pudiera hacer algo, si solo supiera qué hacer…

─Gracias. ─dijo la mujer con una suave y nostálgica sonrisa en los labios.

─Uhm, descuide ─murmuró incomodo, tensándose de nuevo.

Al ver el rostro de la mujer, pudo notar el gran parecido que tenia con Kagome. El mismo brillo en los ojos ─aunque en este momento se encontraran opacados por la angustia─, la misma piel, hasta la altura era casi igual. Se sorprendió de no haberlo descubierto antes. No cabía duda, esa era la madre de ella.

─Puedes dejarla en los asientos de espera que están allá ─le indico el lugar y él asintió caminando hacia el lugar señalado. Con extremado cuidado la depositó en el asiento, contemplándola un efímero instante. La escucho suspirar y arrellanarse en el lugar, estirando una mano a la manga del abrigo del medio ángel, atrapando su ropa, sorprendiendo al muchacho.

─No te marches ─susurró entre sueños.

Inuyasha clavó profundamente la mirada en ella, sintiendo el penoso dolor de su corazón que se le transmitía al estar Unificados. Sabía que a quién ella se refería, no era a su persona, sino a su abuelo que se encontraba en alguna parte de ese edificio.

─Disculpa, por lo que viste recién ─hablo desde la espalda del chico, haciéndolo voltear, sin alejar su brazo del agarre del Kagome.

Él no le respondió, simplemente a asintió, tomando asiento en la otra silla próxima a la de la chica que dormía.

─Para Kagome, todo esto es muy difícil ─explicó la madre de la muchacha, afirmándose en otro asiento un poco más lejos del chico─. Para ella la pérdida de su padre fue muy dolorosa ─continuo relatando, bajando la mirada a sus manos que descansaban en su regazo─. No supo cómo afrontar una situación así, con solo 15 años de edad. Debió pasar mucho tiempo hasta que pudo recuperar su sonrisa. ─El recuerdo de su hija siendo adolescente inundo su mente haciéndola esbozar una pequeña sonrisa─. Mi padre comenzó a llenar el espacio que dejo mi esposo, por el bien de ella, volviéndose así la figura paterna que Kagome necesitaba. ─busco las palabras exactas para expresar su pensamiento─. Es por eso que esta situación la sobrepasa a tal punto que no puede manejarlo por sí sola. ─Se tomo un momento, sintiendo que las lagrimas se acumulaban en sus ojos─. Ella es muy fuerte, lo sé. ─Alzó su amable pero apesadumbrada mirada al rostro del joven que la escuchaba atentamente, serio─. Lo que sucede es que le cuesta aceptar la perdida. Simplemente es eso.

Guardo silencio un momento, tornando su mirada de nuevo a su regazo. Sintiéndose un poco cansada ante el tormento de tantas emociones juntas.

Inuyasha, medito las palabras de la señora Higurashi, preguntándose si había algo más detrás de la muerte del padre de Kagome que no se atrevía a decirle. Lamentablemente no podía entender el dolor de la muchacha porque él jamás conoció a su padre y por lo que estaba enterado, lo único que deseaba su progenitor era tener un poco de descendencia antes de morir.

Giró su rostro instantáneamente hacia ella, cuando percibió un leve movimiento a su lado. Su protegida se acurrucó entre sueños en el hombro de él, sin soltar su manga.

Su mirada vago por el rostro de ella, preguntándose qué es lo que estaría soñando en esos momentos. Se la veía tan cansada, tan vulnerable, tan indefensa y delicada, que creía si tocaba su mejilla podría lastimarla. Escudriño su sosegado rostro, descubriendo las oscuras sombras debajo de sus ojos que antes ni siquiera noto. Hace cuanto tiempo que se la veía tan cansada que él no supo verlo. Tan descuidado fue todo ese tiempo qué no se detuvo siquiera un momento para ver lo obvio. Él tenía una misión como Ángel Guardián y esa era cuidarla.

Aunque en un principio se negó rotundamente a serlo, ella siempre fue amable con él y jamás le temió o lo trato diferente por ser quién era. Siempre se mostro tan natural con él. Aceptándolo como era. ¡Hasta lloró por él! Jamás nadie hizo una cosa así antes. Ella era la primera. Y no quería separarse de él, aún sabiendo que casi pierde la vida por su culpa.

¿En qué maldito momento Kagome también se volvió así de importante para él que no soportaba verla de esa manera?

«No lo sé.»

─¿Hace mucho que conoces a Kagome? ─inquirió la madre de la muchacha. Sacando abruptamente de sus meditaciones, sorprendiéndolo. Olvido completamente qué la señora Higurashi se encontraba allí aún.

─Uhm, no. Solo hace algún tiempo ─respondió, volviendo la mirada hacia la mujer.

─Ya veo ─le volvió a sonreír, mostrándole a Inuyasha lo pacifica que era. Por un momento, dudo si sería la madre o no de la chica. La personalidad de Kagome no era nada serena, al contrario, era una chica vigorosa y sumamente valiente, que a veces le hacía creer que podría mover una montaña si se lo propusiera.

Torno su mirada un vez más a la joven que dormía a su lado. Le parecía tan extraño que su fuerte personalidad flaqueara tanto en una situación así. Pero tampoco era para menos. O eso creía. Al fin de cuentas ella solo era una muchacha de unos cuantos veintitantos años ¿veintidós? ¿Veintitrés quizás? Aún no era lo madura suficiente para afrontar algo así. Pero pensándolo mejor, nadie se está preparado para la muerte de un ser querido. Él mismo casi se sintió al borde de la desesperación cuando sintió que podría perderla…

─Kagome, nunca me hablo de ti ─continuo la mujer.

Inuyasha se abofeteó mentalmente por olvidar de nuevo que se encontraba con la madre de la muchacha. Quizás la mujer pensaría que la estaba ignorando. ¡Pero simplemente se metía tanto en sus pensamientos que no podía concentrarse en lo que sucedía a su alrededor!

─Tampoco hablamos hace algún tiempo. ─Prosiguió─. Sé que la mitad del tiempo se encuentra ocupada con trabajo y no quiero distraerla o molestarla. Así que no me parece raro que conociera a alguien en ese tiempo que no mantuvimos contacto.

Sintiéndose un poco culpable, por haber separado un poco a madre e hija con su llegada a la vida de Kagome, procuro guardar silencio. Sin saber qué decir.

─¡Oh, no te sientas culpable! ─exclamó la mujer preocupada, al ver la melancolica expresión del muchacho─. Estoy segura que no es por tu culpa. ─Sonrió para darle ánimos─. Estas cosas suelen pasar a veces cuando se tiene una vida con responsabilidades.

─Uhm…

─Y dime, ¿cuál es tu nombre? ─preguntó amablemente, tratando de rellenar el silenció que se formo alrededor de ellos─. El mío es Naomi ─hizo una pequeña reverencia.

─Inuyasha ─respondió, imitando la reverencia.

─¡Oh, pero que peculiar nombre! ¿Te llamas así, por algo en especial?

Lo pensó un momento, pero luego se encogió de hombros, restándole importancia.

─No tengo idea del porqué me llamo así.

─Estoy segura que tus padres, eligieron ese nombre por alguna razón especial ─le sonrió tiernamente, como solo una madre logra hacerlo, incomodándolo, nuevamente.

─Sí, supongo ─murmuró desviando su mirada a cualquier lugar que no sean esos expectativos ojos llenos de amor de madre, que lo hacían sentirse un niño pequeño. ¡Odiaba esa sensación!

─¡Oh, mira la hora! ─se alarmo la mujer, levantándose rápidamente del asiento, sin dejar de observar el reloj de pulsera que llevaba en su muñeca─. ¡Es demasiado tarde!

Quiso incorporarse también, pero apenas se movió sintió el peso de la cabeza de la joven dormida sobre su hombro y volvió recostar su espalda con cuidado sobre el respaldo del asiento. ¿Qué demonios había sucedido que la madre de Kagome tuvo que gritar de esa manera? ¡Casi le da un paro cardiaco!

─Debo irme ─dijo más para sí que para él─. Tú y Kagome se quedaran esta noche para cuidar al abuelo, por mí ¿Sí?.

La mujer quiso reír ante el confundido rostro del joven que al parecer no estaba informado de la situación.

─Te explicare ─comenzó─. El abuelo no puede quedarse solo, porque se encuentra un poco desorientado por la gran cantidad de medicamentos que está tomando y por dormir más horas de las que debería. Entonces cada vez que despierta, se asusta al encontrarse en un lugar que no recuerda haber visto nunca. Es por eso que el doctor, me explico que alguien debe cuidar de él todo el tiempo. Hasta qué… ─se detuvo abruptamente, sintiendo nuevamente las olas de dolor que embargaron su corazón al recordaba la enfermedad de su padre─… hasta qué…

─Comprendo.

Se sorprendió ante la repentina respuesta del muchacho y observándolo un largo momento, para luego asentir agradecida por la amabilidad de él.

─Quería pedirte un favor… ─esta vez, el dulce rostro de Naomi, se cambio a uno serio, llamando la atención de Inuyasha─. Sé que para Kagome, eres alguien importante y no te vez como un mal chico. También sé que a veces ella, puede resultar ser un poco impetuosa, pero por favor cuida de ella. En un momento como este es cuando más necesita a las personas que la quieren cerca. ─se inclino para posar una de sus manos en la del chico, palmeándola dulcemente─. No sé qué tipo de relación tendrán, pero estoy segura que aunque seas un simple amigo, la cuidaras. Por favor, solo tenle un poco de paciencia. Con el tiempo veras que es una dulce chica.

Sin saber que responder, solo la contemplo, y asintió. Haciendo aparecer una enorme sonrisa en los labios de la mujer.

─Bien, un gusto el conocerte, Inuyasha. ─se despidió volteándose, caminando hacia el pasillo por donde ellos habían llegado. La siguió con la mirada hasta que se detuvo repentinamente volteando para verlo─. Y dile que su hermano se encuentra en camino.

─Oh, sí.

Y la mujer desapareció doblando en uno de los tantos pasillos del edificio.

Suspiró, arrellanándose en la silla, tirando su cabeza hacia atrás, aflojando sus tensos músculos, haciendo que algunos huesos le sonaran por tanta tención contenida. ¡Al fin se había marchado esa señora! A su lado se sentía tan incomodo con tanta amabilidad a la que no estaba acostumbrado que creyó morir, cuando se alarmo por la hora. Pero al fin todo había terminado. Al fin podía relajarse un poco.

Escucho un leve quejido que lo hizo girar sus ojos a la muchacha que dormía acurrucada contra su hombro, al parecer solo estaba soñando, ya que no parecía haber despertado aún.

Estiro sus largas piernas cruzándolas por los tobillos contemplando esa cosa redonda que era el único sonido del lugar. El palito más corto que parecía una flecha apuntaba el número once, mientras que el más largo señalaba el cuatro ¿Qué demonios significaba eso?

Cerró sus ojos sintiéndose repentinamente cansado, por el agitado día que ambos tuvieron. Si supiera qué era esa cosa redonda, seguramente sabría que significaban los números señalados por las flechas, pensó, durmiéndose paulatinamente, dejando caer su cabeza hacia un lado en dirección a la muchacha que se encontraba a su lado.

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A lo lejos podía se escuchar un carro, pidiendo a gritos un poco de aceite y voces acercarse a donde se encontraba. Lentamente abrió sus ojos, incorporándose suavemente, notando como los huesos de su espalda crujían en protesta por la mala posición en la que se mantuvo por tanto tiempo. Frotó con un puño su ojo, bostezando, para luego estirarse, escuchando de nuevo cómo más huesos crujían por el movimiento perezoso de la muchacha.

Observo a un par de enfermeras que pasaron por frente de ella, con un carrito de medicamentos, soltaban risitas nerviosas y señalaban algo que se encontraba a su lado.

─¡Es guapísimo! ─Exclamó entusiasta una de las enfermeras.

─Parece un modelo sacado de un catalogo ─animó la otra.

Kagome parpadeo confundida por la actitud de las enfermeras que parecían dos adolecentes eufóricas por haber hablado con el chico más sexy de la escuela. Desconcertada y malhumorada por haber dormido tan mal, desvió su mirada a donde ambas mujeres señalaban, encontrando a un Inuyasha completamente dormido a su lado.

El corazón comenzó a latirle rápidamente, asombrada por lo que sus ojos le mostraban. Nunca lo había observado dormir, siempre era él quien se despertaba primero, para gritarle que apagara su despertador. Desde que vivían juntos era la primera vez que una oportunidad así se le presentaba. Y no desaprovecharía un solo segundo. Escudriño cada una de las facciones de su rostro y la tranquilidad que emanaba al dormir. Se lo veía tan relajado, tan impasible que casi parecía otra persona. Estaba tan acostumbrada a su típico ceño fruncido y sus duras expresiones que si no fuera ella quien lo veía con sus propios ojos, no creería que fuera él.

Y esas enfermeras tenían razón. Parecía sacado de una revista de modelos. Con sus brazos cruzados sobre su pecho, sus largas piernas flexionadas y su rostro ladeado a un lado ¡Kami Sama, en verdad era guapísimo!

Abrió sus ojos desmesuradamente percatándose de sus vergonzosos pensamientos hacia él. No podía estar pensando así de Inuyasha. ¡Por Kami Sama! ¡Era Inuyasha! Ese tonto, agresivo, terco, egoísta e irritante tipo que no hacía otra cosa más que molestarla cada vez que podía. ¿Pero en qué demonios pensaba? ¿Inuyasha, sexy? ¿¡Desde cuándo?!

Soltó una risita nerviosa acomodándose en el asiento, mirando hacia el frente con los brazos cruzados. Tratando de borrar cualquier atisbo de los pensamientos que la embargaron por un momento. Sacudió su cabeza a los lados regañándose por pensar así de él.

Una cálida briza golpeó su mejilla derecha, provocando que la joven tornara su rostro sorprendida al joven que respiraba lentamente perdido entre sus sueños. No notó lo cerca que se encontraban el uno del otro para poder sentir de esa manera la tranquila respiración de Inuyasha. Cerró inconscientemente sus ojos saboreando el dulce aliento del hombre que tenía a su lado, disfrutando solo por esta vez el efímero momento que estaba viviendo.

Ya antes estuvo así de cerca con él y hasta la había abrazado dulcemente en aquel momento. Semidesnudos…, habían rosado suavemente sus labios.

Su corazón comenzó una loca carrera recordando ese día y millones de mariposas invadieron su estomago haciéndola vivir sensaciones que hace tiempo no la embargaban. ¿Por qué se sentía entre feliz y gustosa de repetir un momento así? ¿Acaso ella? ¿Podría ser que ella… sintiera algo más por él que una simple amistad?

Abrió lentamente sus ojos, para encontrar dos enormes faroles azules observándola minuciosamente, serio. Soltó un chillido de sorpresa, tirándose hacia un lado, empujándolo al mismo tiempo, logrando que ambos cayeran ─ella de espaldas y el de bruces─ al suelo.

─¿¡Qué demonios te pasa?! ─regañó sin entender que fue lo que sucedió, sentándose en el suelo, masajeando su maltratada mejilla que golpeo al caer.

─¡A-a ti, qué te pasa! ─tartamudeo roja como un tomate señalándolo con su dedo, muerta de vergüenza porque la descubriera estando tan cerca de su rostro─ ¡Me- me asustaste! ¡Tonto!

─¡¿Qué?! ─replico el muchacho, enfureciéndose ante la injusta acusación─ La que asusto aquí fuiste tú, con tu escandaloso chillido! ─frunció a más no poder su ceño cruzándose de brazos─ ¡También me empujaste!

─¡Eso fue porque tú…!

─¡SHHH!

Ambos jóvenes se sobresaltaron al escuchar el sonoro sisear de la enfermera que los fulminó con la mirada.

─¡Les recuerdo jovencitos que este es un hospital donde la gente que está enferma necesita silencio! ─susurró firmemente la mujer, mirándolos desde su altura─. Y más a las cuatro y media de la madrugada.

─Lo siento mucho ─se disculparon al unisonó, enviándose dagas desde los ojos por haberlo dicho al mismo tiempo.

─Si los vuelvo a escuchar gritar, les voy a tener que pedir que se marchen. ─Amenazo la enfermera, alejándose sin decir nada más.

La muchacha lentamente se incorporo del suelo, siendo seguida por Inuyasha. Tomó asiento de nuevo y contemplo el reloj que se encontraba enfrente de ellos. Que tarde era, su madre seguramente debería estar muy cansada, sería mejor decirle que se marchara a descansar un momento, así luego…

Repentinamente noto algo muy importante.

─¿Y mamá? ─miró hacia sus lados buscando entre las pocas personas que se encontraban en la sala de espera a su madre, pero no se la veía por ningún lado.

─Ella se marcho, cuando te dormiste ─dijo seriamente el medio ángel.

─Ya veo… ─fue su única exclamación, volviendo su mirada hacia sus las sillas que se encontraban frente a ellos al otro lado de la habitación. Ya recordaba porqué se había dormido o más bien desmayado, apenas llegaron al hospital.

A su abuelo le quedaba poco tiempo de vida.

Sus ojos se opacaron llenos de dolor. No podía hacer nada para evitar este momento. Mucho menos podía ser egoísta y desear que no muriera, sabiendo lo mucho que estaba sufriendo por su enfermedad. Era lo mejor para él, ya no quedaba más por hacer, solo debía aceptarlo y continuar con su vida… pero resultaba tan difícil imaginarse sin su único abuelo, sin la persona que casi fue un padre para ella. Su corazón dolía de solo imaginarse no volver a verlo nunca más y no creía poder soportar algo así, de nuevo…

Su mentón tembló levemente mientras que sus ojos ardieron llenándose de lágrimas, cansados de tanto llorar. Pero no lo podía evitarlo, dolía tanto que era casi insoportable. Cada vez que los segundo pasaban, más y más se acercaba a la desesperante oscuridad llena de soledad que dejaría su querido abuelo al morir.

Vio por el rabillo del ojo como su Ángel Guardián se incorporo bruscamente del asiento, colocándose frente a ella, sacándola de sus agobiantes pensamientos.

─Ven ─extendió una de sus manos hasta ella con la palma abierta, sorprendiéndola y obligándola a alzar sus llorosos ojos, hasta encontrarse con los azulados de él que la escudriñaban serio, pero sin su ceño fruncido.

Se sentía sin fuerza, sin ganas de nada, no quería ir a ningún lado. Deseaba quedarse el mayor tiempo posible con su abuelo. No podía tomarse el lujo de abandonarlo cuando más la necesitaba, aunque nada pudiera hacer en un momento así. Bajo su mirada a su regazo, sintiéndose miserable.

─Inuyasha, no creo que…

─No ─la interrumpió, dejando caer su mano a un lado─. Vas a decirme que no crees que sea una buena idea ¿cierto? ─adivinó. La joven volvió a parpadeó sorprendida de que lograra descubrirla, se percato también de la decidida mirada de Inuyasha, tan cálida, tan única. Por un momento se olvido de su profunda angustia, perdiéndose en esas oscuras lagunas azules. Admitía que no le quedaban mal, pero ella prefería él dorado…

El medio demonio/ángel se acuclillo enfrente de la muchacha para quedar de la misma estatura y poder mirarla directamente.

─Deja de llorar, por favor.

Contuvo la respiración al escuchar esas palabras, sintiendo como su corazón dejaba de latir por un segundo, para luego comenzar una desenfrenada carrera dentro de su pecho. Sus palabras habían sido tan letales que miles de emociones la embargaron por dentro, pero más que nada el sentir la preocupación de él, era lo que más la desconcertaba. ¿Por qué ahora que se sentía tan vulnerable, tan deprimida él la trataba de esa manera? Estaba segura que si se descuidaba por un segundo caería en sus redes y no habría vuelto atrás. No quería enamorarse de él, no quería volver a sufrir la perdida de que alguien tuviera que marcharse para siempre de su vida.

Más lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, mientras violentos llantos escapaban de sus labios. Alzó una mano enjugando sus ojos. No podía parar de lloriquear por más que lo deseara. Era demasiado para ella, no sabía cómo afrontar la realidad.

Las palabras de la madre de la muchacha resonaron en la mente del medio demonio, cuando al verla tan afligida deseo ayudarla de alguna manera «Para ella la pérdida de su padre fue muy dolorosa... No supo cómo afrontar una situación así, con solo 15 años de edad.»

─Kagome, ven… salgamos un momento ─trato de ser lo más sutil con ella, acercándose tan lentamente como lo haría con un animal asustado─. Será solo por un momento.

Ella negó con la cabeza.

─El-el abuelo… ─jadeó entre hipos─ no puedo de-dejarlo solo.

El suspiró derrotado tomando su cabeza entre sus manos, cabizbaja. ¡Qué terca podía llegar a ser!

«─… Por favor, solo tenle un poco de paciencia. Con el tiempo veras que es una dulce chica.»

Contemplo un punto fijo del suelo. En esos momentos lo único que necesitaba Kagome, era un poco de distracción. Si seguía en ese lugar temía que pudiera deshidratarse de tantas lágrimas que soltaba. O que se deprimiera más de la cuenta, hasta llegar a un estado catatónico.

Volvió a alzar la mirada a la muchacha que ahora simplemente hipaba tomando entrecortados respiros. Verla de esa manera lo conmovía enormemente… demasiado para su gusto.

─La vieja que nos regaño hace un momento dijo que todos los pacientes se encontraban durmiendo ¿cierto? ─señaló.

Ella asintió limpiando los últimos rastros de lágrimas que le quedaban en sus ojos.

─¿Y no crees que en este momento, tu abuelo al igual que los demás está descansando? ─inquirió con la voz más dulcemente posible, que pudo lograr.

Ella lo consideró un momento dejando su mirada posarse en la azulada, aun hipando de vez en cuando.

─Sí ─musitó.

─Y si es así ¿no crees que sería bueno, para ti también caminar un momento para tranquilizarte? ─puntualizó─. Al menos para qué cuando estés con él, no te vea… bueno, así ─la señalo─, como una loca llorona.

La muchacha soltó una carcajada, empujando su mano, juguetonamente.

─Cállate.

─¿Y bien? ─le sonrió.

Quedo boquiabierta, viendo por primera vez una sonrisa de Inuyasha. Una perfecta sonrisa de un modelo de televisión. Con todos sus perfectos dientes blancos e iluminando su rostro de tal manera que te robaba el aliento.

─¿Vamos? ─se incorporo, estirando nuevamente su palma abierta hacia la muchacha. Ella la observo un segundo, aun un poco conmocionada por la sonrisa de su ángel, e insegura de si debía ir o no.

Sacudió su cabeza borrando de su mente ese momento para aceptar la mano extendida del muchacho que la ayudo a incorporarse y la cerro alrededor de la suya sintiendo el calidez que desprendía su piel. Saboreo el dulce momento, dejándose guiar por Inuyasha. Alejando solo por ese momento todo el dolor que la embargaba. Solo por ese momento, se permitió caminar de la mano con su ángel, compartiendo un tranquilo y sereno latido.

Continuará…

N/A: Perdón por la demora, tuve una semana ocupada, en donde me quede sin internet por un tiempo. Estúpido Speedy ¬¬

Prometo que cuando arregle el pequeño problema con internet, voy a tratar de actualizar más seguido.

¡Muchas gracias por los comentarios! Los valoro mucho, son mis pequeños tesoros. Sigan así, que me alienta a terminar más rápido este fanfic :)

¡Apapachos cibernéticos! :D Nos leemos.

Dulce!

P/D:¡Ah! y respondiendo una pregunta que me hicieron: No, Kagome, no conoce a Kikyuo. Quizás en un futuro cercano(? xD