Capítulo 18: "Adiós"

─¿Qué demonios estás haciendo aquí? ─gruñó cruzándose de brazos con su típico ceño fruncido.

Se encontraban en la terraza del hospital, completamente solos. Enfrentados. Mirándose tan fijamente que parecería que en cualquier momento se atacarían sin dudarlo.

─Acabo de ver a Kami Sama ─anunció el arcángel, haciendo que casi imperceptiblemente la mirada de Inuyasha se tornara suspicaz.

─¿Y?

Kouga movió a los lados su cuello, haciendo crujir levemente, librando un poco la tención que lo invadía.

─No son buenas noticias.

Se miraron intensamente a los ojos dejando que un tenso silencio reinara entre ellos, solo dejándose escuchar el ruido de la ciudad como fondo.

─Habla.

El ambiente cálido de la mañana repentinamente se volvió gélido, meciendo suavemente los cabellos de ambos hombres.

─Alguien mando al demonio que los ataco aquella vez ─sentenció el arcángel, provocando que el otro muchacho frunciera más su ceño─. No fue una simple coincidencia.

─¿Cómo es que saben que «alguien» es quién anda detrás de todo esto?

─El demonio lo confesó; dijo que un tal Naraku le ordeno atacarlos ─el de ojos celestes guardo silencio profundizando más su mirada en la del mitad ángel/demonio sombríamente, esperando alguna reacción por parte de esté al escuchar el nombre, pero el muchacho no reacciono─. También dijo que su objetivo eras tú.

─¿Qué? ─alzó sus cejas sorprendido. No esperaba ser él la razón por la cual los atacaran.

─Sí, al parecer las sospechas de Kagome eran ciertas. Desean eliminarte; pero aún no sabemos porqué.

Inuyasha bajo su mirada al suelo, tratando de encontrar alguna respuesta a porqué alguien querría acabar con él. Estaban en otra Era, se suponía que todos los enemigos que alguna vez tuvo, habían desaparecido con el correr del tiempo. A menos qué… a menos qué aún quedara alguno vivo esperando siglos y siglos para su venganza. No, imposible. ¿Quién seria capaz de guardarle tanto rencor por tantos años?

Rasco su cabeza, devanándose los sesos por recordar si alguna vez había escuchado ese nombre o si enfrento algún demonio que se hiciera llamar así, pero no recordaba. Gruñó molesto al no poder identificar si le era familiar o no.

─No recuerdo a nadie con ese nombre ─refunfuñó pensativo─ ¿Quién diablos se llama así?

─Como sea ─dijo llamando la atención del mitad ángel que lo contemplo expectante─, antes de poder decirnos algo más, el monstruo escupió espuma y las extremidades de su cuerpo se separaron, muriendo al instante. Al parecer era un cadáver viviente.

La mirada del medio ángel se volvió gélida, al escuchar el relato. No le gustaba nada que las cosas tomaran un giro tan extremista, seguramente nada de todo eso traerían cosas buenas a sus vidas. Y sobre todo la de Kagome, quien últimamente no la estaba pasando bien.

─Si esta tras de ti, Kagome también corre peligro ─puntualizo el arcángel, haciendo entrecerrar los ojos del muchacho de apariencia humana.

─Lo sé ─respondió roncamente.

Kouga, le dio la espalda mostrándole la repentina aparición de unas gigantescas alas blancas sobre su espalda, soltando unas cuantas plumas que revolotearon a su alrededor, provocando en el ángel/demonio una mueca de disgusto ante el presuntuoso gestó del otro.

─Idiota ─murmuró tan bajito que el de ojos celestes no pudo oír.

─Le dije a nuestro Señor que te separara de ella porque eres muy inestable y probablemente le causaras más problemas que alegritas. —Suspiró apesadumbrado—. Pero él insiste qué hasta que no aparezca la última pluma no deshará la Unificación que tienen.

─¡Jah! ─sonrió maliciosamente. Hasta que algo terriblemente importante hizo «clic» en su cerebro─. ¿¡Qué?!

El mensajero alzó sus cejas entre una expresión sorprendida y molesta por el repentino cambio de actitud del medio demonio.

─¿Qué dijiste? ─exigió casi eufórico.

Puso los ojos en blanco, hastiado de tener que repetir todo de nuevo.

─Dije: qué si esta tras de ti, Kagome…

─¡No, eso no imbécil! ─lo interrumpió Inuyasha, acercándose raudamente al otro quién se preparo para atacarlo en cualquier momento, receloso de la repentina reacción del chico─. ¿Aún puedo quedarme con Kagome, a pesar de haber usado la pluma?

─Sí ─asintió dubitativo.

Una inusual y destellante sonrisa que apareció en el rostro del medio demonio, provocando en el arcángel dar un paso hacia atrás frunciendo sus cejas, sorprendido, dejando a un lado todas sus ganas de molerlo a golpes.

Contemplo pasmado como el mitad ángel cambiaba su usual forma humana por una demoniaca en un segundo, dándole la espalda y extendiendo sus brazos hacia arriba con las manos en puños, aparentemente feliz.

─¡¿Qué estas haciendo!?

─¿Eh? ─una deslumbrante sonrisa volteó para verlo desde el rostro de Inuyasha.

─¡¿Por qué demonios te transformaste?!

─¿Huh? ─bajo su mirada a sus manos notando las enormes garras que remplazaron sus uñas humanas─. Oh…

─¡Ten cuidado, idiota! ─gruñó el arcángel, golpeándolo en un hombro haciéndolo soltar una maldición─ ¡Contrólate! ¡Tienes que tener cuidado de que nadie te vea cuando te transformas!

Inuyasha lo fulmino con la mirada, sobándose su maltratado hombro.

─¡Mira quién habla! ─le devolvió el golpe, provocando que Kouga trastabillara hacia atrás por el impacto─ ¡Tú fuiste él que ni siquiera se cercioro si alguien nos estaba observando cuando aparecieron tus sucias alas!

El mensajero, entorno los ojos tensando su mandíbula ofendido por el insulto de su rival.

─¡Maldito perro pulgoso, te haré tragar tus asquerosas palabras! ─replicó lanzándose sobre el de cabellos plateados.

Un feroz puño aterrizo en la mejilla derecha de Inuyasha, mientras que al mismo tiempo un veloz rodillazo golpeó el estomago de Kouga, haciéndolo escupir un poco de saliva, doblándose de dolor. Pero luego de menos de un segundo, tratándose de recuperar, una de las piernas del arcángel, pateo los pies del medio ángel, obligándolo a caer instantáneamente al suelo de espaldas, dejándolo sin aire por el impacto.

Aprovechando la oportunidad, Kouga se precipito sobre él, sin contar con que unos agiles brazos lo tomarían de la ropa despidiéndolo a un lado, para que rodara por el duro cemento de la terraza. Esta vez le de ojos dorados teniendo la ventaja, se incorporo del suelo rápidamente para abalanzarse hacia el otro, soltando zarpazos con sus garras para arrancarle cualquier pedazo de carpe que pudiera de ese inmundo cuerpo. Pero el arcángel dio una vuelta en el aire dándose impulso con las manos evitando por centímetros el ataque, para luego de la misma manera que el medio ángel lanzarse contra él, crispando sus garras apuntando hacia su cabeza, acompañado de un furioso gruñido. Se la arrancaría.

Y sin aviso ambos jóvenes en medio de su violenta batalla, fueron separados y estampados al suelo con tanta rudeza que grietas se abrieron debajo de sus cuerpos, dejándolos inmóviles por un largo momento.

─¡Qué se supone que están haciendo! ─una enfadada voz omnipresente inundo sus mentes al igual que lo haría un rayo─ ¡Son ángeles por el amor de… de…! ¡Son ángeles! ¡No pueden pelear entre ustedes! ─regaño la voz de Kami Sama─. ¡Inuyasha, te he dicho que no tienes permitido pelear!

Un amortiguado gruñido se escucho de debajo del muchacho de cabellos plateados.

─¡Y Kouga, no puedes caer una y otra vez en las mismas peleas con Inuyasha! ¡Vuelve inmediatamente!

─Sí… ─asintió el arcángel tratando a duras penas de despegarse del suelo, siendo seguido por un muy golpeado hanyou.

Cuando ya dejaron de escuchar la enfurecida voz de Kami Sama y lograron sentarse en el suelo, sus huesos crujieron en protesta por el maltrato, para luego encontrar la mirada del otro, deseando poder enviarle cuchillas al otro a través vez de sus ojos.

─Perro de mierda…

─Lobo marica…

Mostrando sus colmillos, lleno de odio, y con la túnica blanca llevando suciedad por todas partes, se levanto del suelo, haciendo una mueca casi imperceptible para que el otro no pudiera notarlo. Volteó comenzando a caminar hacia dirección contraria de donde se encontraba su rival comenzando a extender sus alas, preparándose para marcharse de allí, pero un recuerdo hizo detenerlo abruptamente.

─No te regocijes demasiado, por lo que dijo nuestro Señor; puedes quedarte un poco más con ella, pero falta menos tiempo del que te imaginas para volver con nosotros ─sentenció sin voltearlo a mirarlo, provocando un vuelco en el corazón del muchacho de cabellos plateados que simplemente se limito a observarlo, absorto en sus palabras─. Por lo que sé solo te queda una o dos plumas por conseguir. Y vendrán a buscarte.

─¿Qué? ─Inuyasha abrió sus ojos desmesuradamente cuando toda esa información cayo sobre él como un balde de agua fría. ¿Le faltaban un poco menos de dos plumas para que todo terminara? ¿A caso el trato aún seguía en pie? ¿Debería marcharse del lado de Kagome? Maldita sea, había olvidado por un momento que su estancia en la Tierra solo era temporal. ¿Y quiénes lo vendrían a buscar? ¿Kami Sama tal vez? Demasiadas dudas y cero respuestas.

Mostro sus colmillos irritado, dejando que su cabeza cayera hacia delante, sintiéndose miserable. Al parecer ese maldito viejo aún se divertía jugando con él.

─Se están burlando de mí. ─Musitó, sonriendo sin ánimos.

Kouga, alzo sus cejas levemente sorprendido al escuchar la ronca voz del Hanyou.

Se sentía entre furioso y traicionado. ¿Qué se supone que esta haciendo con él, Kami Sama? Él que se estaba acostumbrando a la idea de quedarse para siempre con la mocosa, y ahora debía separarse. ¿Para qué provocar que volviera a sentir sentimientos que creía muertos? ¿Para qué enamorarlo de ella si no podrían estar juntos? ¿¡Acaso era un conejillo de experimentos?! Alzo sus fríos ojos hacia el Arcángel que se mantenía contemplándolo expectante.

─¡Maldito! —Rigió, tensando sus puños— ¡Dijiste que si usaba una de mis plumas no podría obtener mis alas! ¡¿Cómo es que pueden seguir apareciendo si ya no las recuperare?!

Kouga, rodo sus ojos hacia arriba hastiado de la conversación.

─Nunca dije que tus plumas no volverían a aparecer. —Sus ojos se clavaron en el medio demonio intensamente—. Lo que dije fue que tus alas no volverían a ti. Las plumas seguirán apareciendo, hasta que la última se presente y tu trato con nuestro Señor se cumpla. ─le dio la espalda caminando hacia la cornisa del edificio─. Pero el hecho de que tus alas vuelvan a ti es otro tema, que yo desconozco.

El medio ángel gruño desconforme con esa respuesta. ¿Con qué propósito sus plumas seguirían apareciendo si sus alas jamás volverían? ¿Para qué? ¿Qué diablos estaba planeando el viejo de Kami Sama con todo eso?

Un repentino recuerdo, surcó como un rayo la mente de Inuyasha, haciéndolo incorporándose del suelo de un solo movimiento, olvidándose solo por ese momento sus propias preocupaciones, considerando que era más urgente el tema que tenia ahora entre sus dedos. Luego vería que aria con todo lo demás. Y por más que odiara haber hecho lo que hizo; lo detuvo.

─¡Sarnoso! ─llamó, provocando que el rostro del arcángel girara peligrosamente lento, lleno de molestia. Lo observó de soslayo.

─¿Que es lo quieres?

Los puños de Inuyasha se apretaron enérgicamente conteniéndose de insultarlo. No era momento para comenzar otra pelea con ese infeliz, primero debía saber si podía hacer algo o no para ayudarla.

─El abuelo… ─se detuvo bajando su mirada al suelo, recordando como su protegida lloraba por esa persona, tenso su mandíbula al sentirse completamente inútil en ese momento─. El abuelo de Kagome esta meriendo y…

─No.

Inuyasha alzó su mirada hacia él dubitativo por la repentina respuesta.

─No puedes usar otra vez una de tus alas para salvar a alguien ─rotó su mirada hacia el frente dejando que sus ojos llenos de dolor por saber cómo se sentía su amiga, vagaran por ese inmenso cielo que se extendía sobre sus cabezas─. Personas como ese hombre ya cumplieron su tiempo en este mundo, y deben estar en el cielo, en un completo estado de nirvana para poder ser ángeles o tomar una decisión si quieren regresar aquí una vez más, pero como otra persona. Y si tu llegaras a interferir, todo eso se perdería, haciéndolo ser un alma en pena vagabundeando por la tierra de los humanos.

El medio demonio, tensó su mandíbula, sintiendo como lentamente la desesperanza se apoderaba de él. Sacudió su cabeza, no importaba lo que ese lobo dijera él debía hacer algo.

─¡Pero Kagome…!

─¡Ya lo sé! ─rugió el arcángel apretando sus puños con tanta fuerza que temblaron levemente─ sé que Kagome sufre, sé cómo se siente en estos momentos, pero nosotros no podemos hacer nada,son reglas que ya están escritas y que también se encuentran por encima de Kami Sama; nosotros lo ángeles no tenemos permitido interrumpir con la muerte de una persona que ya cumplió su tiempo de vida. ─subió a la cornisa del edificio y extendió sus alas preparando para lanzarse─. Compréndelo y acompáñala en su dolor.

Contempló cómo se lanzó al vacio dejando una estela de plumas blancas flotando por el lugar. Bufó, desviando su mirada a un lado levemente molesto.

─Engreído ─masculló, girándose hacia la puerta que daba acceso a la terraza. Aún resonaban en su cabeza las palabras del lobo, ya no había nada por hacer y eso lo hacia sentirse más miserable aún. Toda la determinación que tenía hace un segundo atrás, se esfumo tan rápido como llego─. Mierda…

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Recorrió los pasillos del hospital un poco desorientando tratando de recordar el camino por el que habían andando hace un par de horas atrás con el arcángel. Aunque… ahora que lo pensaba mejor... él no había caminado por ningún pasillo cuando se encontró con el lobo llorón, más bien apareció en la terraza del edificio porque el arcángel los teletransportó a los dos con su magia del mas allá.

Golpeó su frente con la palma de su mano, regañándose mentalmente por ser tan tonto, de no haberlo pensado antes

¡Desperdició una hora y media dando vueltas perdido en los pasillos! —eso era lo que le pareció vagabundear por ahí, ya que no tenia reloj— Para colmo en su forma humana no tenia los mismos sentidos que siendo hanyou, su sensible olfato capaz de captar cualquier aroma, era remplazado por uno tan inútil como lo era el de un humano.

Con un par de insultos a la nada, metió las manos en los bolsillos ─como recordaba que Kagome los llamaba─ y pateo una piedra imaginaria continuando su camino, deseando que en la siguiente vuelta encontrara el rostro de cierta muchachita que estaba esperando encontrar hace tanto tiempo atrás. ¡Al menos le hubiera dicho al infeliz de Kouga que lo dejara en donde estaba cuando él apareció!

Se detuvo al ver una pared enfrente de su camino y dos pasillos a sus costados. ¿Cuál debería tomar? Alzó su mirada hacia arriba cuando un pequeño cartel llamó su atención.

«Terapia Intensiva»

Lo consideró un momento. No recordaba que el lugar en donde estaba lo llamaran así, tenía otro nombre que no recordaba. Volteó su cabeza para el otro pasillo buscando el mismo cartel, quizás en el otro decía otra cosa que al menos pudiera decirle donde estaba. ¿Y que era eso de «Terapia Intensiva»? ¿A qué le llamaban «terapia»? la nueva Era, era tan extraña. Muchas cosas lo confundían, y cuando se sentía lejos de ella la inquietud se apoderaba de él. ¿Dónde demonios estaba?

«Sala de espera»

─Sala de espera ─musitó contemplando el cartel del pasillo a su derecha─. He escuchado ese nombre ─dijo pensativo, se cruzó de brazos inclinando su cabeza a un lado reconsiderándolo un momento─ ¿Dónde lo escuche…?

─¡Kagome! ─llamó una voz masculina.

Todos sus sentidos se alertaron al escuchar ese nombre. Alguien la había llamado y sus inútiles oídos humanos no le fallaban.

La voz llegó del pasillo a su derecha, el que decía «Sala de Espera». Se encamino con paso raudo, siguiendo el sonido de esa voz masculina que la llamaba tan familiarmente. Eso lo molestaba enormemente por alguna razón que no quería admitir.

Cuando el pasillo llego a su fin, casi se tropieza con sus propios pies al chocar con una silla que chillo estruendosamente llamando la atención de todos los que se encontraban ahí. Algunos lo contemplaron con ceños fruncidos, otros que se encontraban dormidos miraban hacia todos lados completamente somnolientos y los más distraídos lo observaron sorprendidos.

Pero él no reparó en ninguna mirada, estaba completamente anonadado observando a una pareja que rompió su abrazo solo para mirarlo confundidos. Su mandíbula casi se le cae cuando sus ojos se encontraron con los marrones que conocía de punta a punta. Sintió cómo una ira incontrolable comenzó a correr por sus venas, provocando que su corazón latiera desenfrenado dentro de su pecho. Una furia incontrolable crecía con cada minuto que transcurría, haciendo que los cabellos de su nuca se erizaran mientras veía las manos de ese tipo sobre la cintura de SU protegida.

A largas zancadas se acerco a la pareja tan rápidamente que Kagome no supo en qué momento llegó a estar detrás de la espalda de Inuyasha. Parpadeó desconcertada cuando advirtió la mano de él cerrarse firmemente, pero no lastimándola, sobre su muñeca. Asomó su cabeza por un lado de su cuerpo tratando de ver la expresión de su sucio rostro y se sorprendió ante el intenso ceño fruncido reflejado en su semblante. ¿Por qué estaba tan enfadado? ¿y por qué sus ropas y cara estaban tan sucias?

─¿Inuya…?

─¿Quién demonios eres tu? ─bramó con voz autoritaria sin dejar de observar al hombre que alzó sus manos tratando de tranquilizarlo dando un paso atrás un poco amedrentado por la ímpetu del muchacho, sonriendo tímidamente nervioso.

─Hey, tranquilo, solo soy un amigo de Kago…

─¡Kagome, no tiene amigos! ─lo interrumpió casi mostrándole los colmillos que no se encontraban en el lugar que deberían estar por encontrarse en su forma humana─. ¡Y no la llames tan familiarmente, como si la conocieras!

Sin comprender que era lo que le sucedió a su Ángel Guardián, la muchacha lo contemplo un segundo más tratando de analizar cuál era el problema. Haciendo a un lado el extraño hecho de que su ropa se encontraba bastante arrugada, su cabello enmarañado y con polvo en algunos lugares.

Él pareciera terriblemente molesto por algo, pero no lograban entender qué ese «algo» que lo molestaba. Y al parecer el problema era con su amigo.

Una tonta idea cruzo por su cabeza cuando comenzó a unir todas las pequeñas pistas de las actitudes de Inuyasha. Acaso podría llegar a ser que él estuviera… ¿celoso?

Un par de insultos la llevaron de nuevo a la realidad, cuando el tono de voz del medio ángel comenzó a elevarse cada vez más.

─¡Tú pedazo de mi…!

─¡Inuyasha! ─pellizcó furiosamente la piel de la mano que la sostenía, clavándole las uñas para que se callara. Era un lugar lleno de gente y no podía usar su conjuro en un lugar así.

─¡Auh!

─¡Shh!

─¡Señorita!

Los tres jóvenes voltearon cuando una cuarta voz más autoritaria que la de Inuyasha, se hizo escuchar en la sala. Los ojos de Kagome se abrieron de par en par cuando notó a la enfadada enfermera de pie a un lado de ellos.

La mujer carraspeó.

─Se los diré por última y única vez: si este hombre ─señalo a Inuyasha, quién le frunció al dedo acusatorio─ vuelve a hacer el mínimo sonido, le voy a tener que pedir qué se marche y no podrá volver a ingresar al establecimiento.

─Pero…

─No se lo volveré a repetir, señorita. ─Sentencio la mujer, marchándose del lugar.

─¡Quién se cree vieja…!

Una veloz mano voló contra la boca del chico mientras un pequeño talón se precipito contra su pie. Él gruñó en protesta y cerró un puño para contener el impulso de maldecir adolorido.

─¡Puedes callarte un momento! ─susurró Kagome, halando la oreja del muchacho, que la fulmino con la mirada─ si te echan, te tendrás que quedar en el departamento hasta que yo regrese, y no podrás cuidarme ¡Así que guarda silencio!

Se sostuvieron la mirada por un largo momento, desafiantes, pero ninguno de los dos dijo nada. La muchacha soltó la boca del chico lentamente, cerciorándose precavidamente que no volviera a gritar. Una vez todo en orden, suspiró, volteándose hacia el otro muchacho que contemplaba la escena en silencio, lleno de estupefacción.

─Lo siento. ─Se disculpó avergonzada, inclinándose, no sin antes arrastrar de un mechon a Inuyasha para que la imitara─. En verdad, disculpa.

─No, no te preocupes ─sonrió el joven, un poco incomodo por la reverencia─. Creo que fue mi culpa. No debí abrazarte frente a tu novio.

Kagome se incorporo de súbito con las mejillas completamente sonrosadas por la vergüenza, soltando una tonta risita nerviosa, dándole un juguetón empujón al chico.

─No es mi novio ─contradijo, aún riendo tontamente. Provocando con el medio ángel frunciera su ceño por la afirmación de ella─. Él es Inuyasha, un primo que vino de visita hace un tiempo ─lo presentó cambiando de tema rotundamente─, vive en otro distrito y es la primera vez que viene a la ciudad.

─Segunda ─corrigió Inuyasha, serio y terriblemente molesto.

La chica lo observo sin comprender pero a pesar de eso le siguió el juego.

─Ah, segunda vez, lo había olvidado.

─Si es así, mucho gusto ─saludó amablemente el muchacho inclinándose.

El hanyou lo contempló soberbio y no le devolvió el saludo, se limito a bufar despectivamente y mirar hacia otro lado, haciendo que Kagome lo golpeara con su codo en su costado tan rudamente que lo obligo a inclinarse del dolor. El otro joven ni siquiera lo noto.

─Mi nombre es Bankotsu.

─¡Keh! ─fue la única respuesta.

El chico de larga trenza, le lanzó una mirada confundida a la chica quien solo se limito a sonreír con los nervios a flor de piel, tratando de disimular el mal carácter de su ángel.

─Él es de poco hablar, así que no te preocupes por sus reacciones.

─Oh, está bien.

─¿De donde conoces a Kagome? ─inquirió el medio demonio, sin observarlo, llamando la atención de los otro dos.

─Fui compañero en la universidad con Kagome ─Inuyasha, le lanzo una fiera mirada haciendo retractar al otro─ digo, Higurashi.

La aludida, suspiró resignada.

─¿Y qué es lo que haces aquí? ─preguntó, cambiando de tema.

─¡Ah, sí! Vine a pedir un turno para el doctor Nagado.

─Conozco ese doctor, es el que esta… ─su repentina felicidad se apago rápidamente recordando, cómo estaba su abuelo cuando lo visitó, pero trato de disimularlo con todas sus fuerzas esbozando una sonrisa─. Es el médico de mi abuelo.

Bankotsu alzó sus cejas sorprendido.

─Ah, entiendo, tu abuelo esta…

─Nos estamos turnando para cuidarlo ─interrumpió abruptamente Inuyasha, llamando la atención de ambos jóvenes y creando una suave sonrisa en los labios de la muchacha que comprendió que esa interrupción fue apropósito.

─Oh, ¿tienen que marcharse? ─inquirió un poco desilusionado. Esperaba conversar un poco más con ella.

─Bueno…

─Sí ─fue la ruda respuesta del chico de cabellos negros quien tomo a Kagome del codo y comenzó a caminar, arrastrándola con él.

─¡Inuyasha, espera! ─protestó, pero él no se detuvo ni mucho menos la soltó. Ella volteó y extendió una mano en forma de saludo a su antiguo amigo─. ¡Otro día hablaremos Bankotsu!

─¡Sí, nos vemos Kagome!

Inuyasha, soltó a la chica y se volvió en sus pasos a donde se encontraba ese sujeto que desde un principio no le caía nada bien. Lo agarró del frente de la camisa rudamente y lo acerco lo más que pudo a si mismo, casi golpeando sus frentes.

─No la vuelvas a llamar tan familiarmente —arrastro cada una de sus palabras, amenazadoramente.

Y por primera vez desde que se conocieron los alegres ojos del chico se tornaron sombríos, sorprendiendo al medio demonio cuando un aura maligna impregno sus sentidos. Provenía del tipo que tenía enfrente. Conocía esa presencia, pero no recordaba exactamente donde la sintió.

─No volverás a arrebatarme lo que es mío ─murmuró el de trenza, haciendo que los ojos de Inuyasha se abrieran inmensamente, sorprendido por el escalofrió que le recorrió la espina dorsal por la intensan presencia grotesca que despedía ese tipo.

─¿Qué?

─Sólo espera…

Un chillido se escucho detrás de la espalda del Ángel Guardián haciéndolo voltear sin poder contenerse, solo porque reconoció que era Kagome, y la encontró abrazando a otro sujeto, que era muy parecido a ella. Cuando decidió restarle importancia, tornó su mirada al tipo que tenía agarrado de la ropa para descubrir que no había nadie allí, más que su puño sosteniendo nada.

¿Qué demonios fue eso? ¿Quién era ese tal Bankotsu en realidad? No le gustaba nada todo aquello. ¿Kagome sabría algo de todo aquello? ¿Estaría relacionada con él de alguna manera? Imposible, ella parecía ser la que más ignoraba todo lo que sucedía a su alrededor.

Y esa presencia, la reconocía, pero ¿de dónde…?

─¡Vamos Inuyasha! ─una pequeña mano, tomo la suya y arrastrándolo lejos del lugar rápidamente.

─¿Qué?

─¡La enfermera! ─exclamó agitada─ ¡Dijo que nos echaría si hacíamos ruido!

─¿Y?

─¡Y que no nos podemos ir!

─¡Pero!

Volteó su rostro a un lado, notando que un muchachito casi de su misma estatura, era arrastrado igual que él por ella. El chico alzo una mano saludándolo alegre y despreocupadamente.

─¡Hola, soy Souta! ─se presentó.

─Huh, hola.

─¿Eres el novio de mi hermana, no? ─preguntó despreocupadamente.

Abrió levemente sus ojos recordando repentinamente que había olvidado decirle a su protegida algo por parte de su madre.

─¡No! ¡No es mi novio! ─fue la tosca respuesta de la muchacha.

─¡Shhh! ─alguien siseó a lo lejos─ ¡Los hare echar! ─amenazó una enfermera que los seguía a una pequeña distancia considerable.

Inuyasha alzó su dedo mayor en dirección de la gruñona enfermera que dejo caer su mandíbula ofendida ante el gestó.

─¡Juró que los echare! ─prometió furiosa.

─¡Shh! ─sisearon los perseguidos— ¡Es un hospital!

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─Así qué no eres el novio de mi hermana, ni tampoco un amigo ─puntualizó Souta, caminando a un lado del mitad ángel─. ¿Entonces tú eres…?

Él abrió su boca para responder, pero fue interrumpido por una femenina voz.

─¡Un residente! ─mintió desesperadamente Kagome, tomando la muñeca de Inuyasha dejándolo a un lado de ella─. Esta haciendo una pasantía en la tienda y lo estoy ayudando.

─Hmm ─el hermano de la muchacha la contemplo suspicaz tomando su mentón de manera detectivesca─. ¿Entonces visitar contigo el hospital es también una tarea de residente? ─Inquirió, provocando que ella encogiera sus hombros tensa─. ¡Increíble! ¡No sabía lo mucho que cambiaron las pasantías! Creí que solo tenían que estar en los lugares donde se supone que deberían desarrollar sus especialidades.

La chica lo contemplo entre sorprendida y confusa, no estaba completamente segura si lo que le estaba diciendo era broma o verdad. Él creía que los pasantes debían estar con las personas que eran asignados. Sin decir nada ─ni tampoco para crear más dudas en su hermano─ lo dejo pasar, sonriendo fervientemente, afirmando de esa manera la deducción de él.

─¿Cómo está el abuelo? ─preguntó, mirando hacia el frente, dejando las tontas indagaciones atrás─. Llegue lo más rápido que pude cuando mamá llamo.

Kagome suspiró, abrazándose a sí misma, nostálgica e Inuyasha la contemplo cautelosamente en silencio.

─No se encuentra nada bien, acabo de verlo hace un momento y se encontraba dormido. Las enfermeras dicen que se despierta asustado porque no recuerda donde se encuentra, ni como llego ahí. ─cerró sus ojos tratando de contener las lágrimas que se formaron en sus ojos cuando las imágenes de cómo se encontraba inundaron su mente, llenando su corazón de dolor─. El doctor dijo que era normal, que al ser una persona de su edad y en su estado, no era raro que se desorientara u olvidara las cosas.

─Entiendo ─murmuró Souta, extendiendo un brazo sobre los hombros de su hermana mayor acercándola a él. Sintió como los hombros de ella comenzaban a agitarse, mientras escondía su rostro con las manos, llorando en silencio─. Era de esperarse que algo así pasara… hey, no llores, todo estará bien.

Inuyasha frunció su ceño, cuando escucho los suaves sollozos de su protegida y tensó su mandíbula sintiéndose inútil por no poder hacer nada para ayudarla. Él debería ser quién la consolara, pero entendía que quizás necesitaba un poco de contención familiar. Al fin de cuentas, era su hermano quien la abrazaba y estaba bien, aunque a él le molestara, no podía hacer nada más que mirar.

─¡No, no esta bien! ─sollozó, sacudiendo su cabeza─. ¡Esta sufriendo mucho! ¡Tiene una mascara de oxigeno con agujas intravenosas por todos sus brazos! ¡Se encuentra tan mal!

El menor de los Higurashi, entrecerró sus ojos, angustiado, por las lágrimas de ella y por imaginarse como debería estar su tan querido abuelo. Sentir una vez más la perdida de un ser querido tan cercano, le provocaba una intenso nudo en su garganta, tan doloroso que no podía ocultar cómo su rostro se desfiguraba por le llanto. Pequeñas y suaves lágrimas se derrabaron de las comisuras de sus ojos y tensó la mandíbula tratando de poder contenerse, sabiendo que ya era demasiado tarde. Dolía tanto, que no podía ocultarlo.

─Llegamos ─musitó le mitad demonio, que se mantuvo callado todo el recorrido.

Los llorosos hermanos alzaron sus miradas al pequeño cartel que indicaba el número de habitación. Y sorbieron sus narices al mismo tiempo debatiéndose si entrar o no.

Kagome, limpio sus lágrimas con el dorso de su mano, tratando de tranquilizarse. Se volteó hacia su hermano menor para limpiar sus húmedas mejillas, esbozando una dulce sonrisa para darle valor a pesar de su propio dolor.

─Él no debe vernos así, se asustará más de lo que esta ─indicó dando un paso hacia atrás, para contemplar a su hermano, alzando el mentón por la gran altura que había heredado de su padre─. Vaya, ya no eres el pequeño niño que recuerdo.

El puso los ojos en blanco.

─Crecí, tonta.

Ella rio por el comentario tomando su mano para entrar en la habitación.

Inuyasha contempló como desaparecieron por la puerta dejándolo atrás. No estaba seguro si entrar o no. Por lo que había dicho Kagome, al parecer ese viejo, se encontraba en un mal estado, quizás no era lo mejor que él entrara con ellos a la habitación. Lo más sensato seria esperar afuera como la última vez. No quería causarle más problemas a su protegida de los que ya tenia encima.

Se cruzó de brazos y recostó su espalda contra la pared opuesta a la puerta observándola fijamente en silencio.

La puerta de madera se abrió suavemente y una pequeña cabeza femenina salió de la hendidura buscando con la mirada a alguien. Él alzó una ceja cuando sus miradas se encontraron y ella lo contemplo desconcertada, saliendo completamente de donde estaba acercándose a él.

─¿Por qué estas aquí?

Se encogió de hombros.

─No creo que sea buena idea entrar con ustedes. ─Desvió su mirada lejos de ella.

Ella alzó una ceja confundida.

─Pero…

─No, no voy a entrar.

Kagome frunció su ceño, enfadada por la terca respuesta.

─Entraras.

─No.

─Lo harás.

─No.

─Sí.

─No.

Ella se detuvo al notar la tonta discusión en la que se habían enredado y tomó su mano rudamente halándolo a la habitación.

─Oh, sí entraras.

El medio ángel abrió su boca para protestar enfadado, pero se detuvo abruptamente al ver que ya se encontraban dentro de la habitación, maldiciendo internamente por no oponer resistencia cuando tuvo la oportunidad.

─Kagome… ─musitó roncamente un anciano postrado en cama.

─¡Abuelo!

Observó cómo se precipito hacia el viejo, soltando sin poder contenerse, suaves llantos. Hizo una mueca al escucharla sollozar con tanta aflicción, se sentía inútil sin poder ser capaz de ayudarla de alguna manera. Desvió sus ojos con amargura a una arrugada mano cuando llamo tu atención, acariciaba tiernamente la nuca de ella tratando de consolarla gentilmente. Clavo su mirada en el anciano escudriñándolo minuciosamente por primera vez. Esté era el abuelo de Kagome.

Pequeñas agujas se incrustaban en sus antebrazos debajo de su piel estando conectadas a unos transparentes tubos que mandaban algún extraño líquido ─supuso─ a su cuerpo. Raras cajas ─como el televisor de la casa de Kagome─, hacían un molesto sonido cada segundo, mostrando en las pantallas delgadas líneas brillantes que subían y descendían lentamente.

Volvió sus ojos al viejo hombre de pocos cabellos grises y piel marchita. Se lo veía muy pálido, también terriblemente cansado, y con grandes y oscuras sombras debajo de sus ojos. Una extraña «cosa» ─que él no supo descifrar lo que era─ cubría su boca y nariz. También se encontraba terriblemente delgado, tanto que los pómulos de sus mejillas se notaban extremadamente puntiagudos. ¿Pero que les hacían a las personas en este lugar? ¿Por qué las dejaban sufrir así en esa Era? En la época Feudal, cuando ya no había cura que los pudiera salvar eran sacrificados inmediatamente. Pero al parecer en este lugar, sucedía todo lo contrario. Debían agonizar hasta que no pudieran más. Maldita gente desquiciada. Cuando todo eso terminara, hablaría con Kagome para marcharse de ese lugar. No podía dejarla con gente así.

─Ya veo ─la rasposa y apenas audible voz del anciano lo saco de sus cavilaciones, llamando su atención repentinamente. Al parecer se perdió gran parte de la conversación que mantenía con Kagome. Lo contemplo intensamente, notando que el hombre lo miraba con singular curiosidad.

Lo fulmino con la mirada al tener tanta atención repentina de su parte.

─Inuyasha ─la chica hizo un gesto con su mano, para que se acercara, esbozando una angustiada sonrisa que no ilumino sus ojos. Se perdió en ese acongojado rostro que lo dejo absorto, inundando su corazón con una irremediable angustia. Daría todo para que ella dejara de sufrir de esa manera─. Ven.

Parpadeó cuando su voz lo saco de la meditación en la que se encontraba perdido y escudriño la mano que le ofrecía la chica. Sin muchos miramientos, camino hacia ella lentamente aun con los brazos cruzados, mirándola expectante, sin tomar la mano de su protegida. Ella la dejo caer.

─Abuelo, él es Inuyasha ─lo presentó simplemente, sin agregar nada más─. Inuyasha, él es mi abuelo.

─Es un placer ─dijo el anciano, haciendo un leve movimiento con su cabeza.

Sin saber qué decir y sintiéndose terriblemente incomodo por la cortesía del viejo, se removió incomodo asintiendo levemente con la cabeza.

─Huh, sí ─balbuceó. No estaba acostumbrado a ese tipo de trato y no sabía cómo comportarse. Desvió su mirada, observando el resto de la habitación, deseando que el incomodo momento pasara desapercibidamente rápido.

Esperaba ver a un viejo loco o escandaloso como casi describió Kagome, pero se sorprendió al encontrar todo lo contrarío, este viejo se veía calmado y amable. Quizás el problema sucedía cuando despertaba, pensó el muchacho, quizás el episodio de gritos y desconciertos ya había sucedido cuando él se debatía si entrar o no al lugar.

─Souta ─llamó el anciano calmadamente.

─Sí, dime ─afirmó el muchacho listo y atento.

─Necesito que llames al doctor ─solicitó cerrando lentamente sus ojos─. Quiero preguntarle algo.

El chico dudo un momento, enviándole una confusa mirada a su hermana quien se la devolvió encogiéndose de hombros igual de desconcertada que él.

─De acuerdo ─aceptó dubitativo, saliendo lentamente de la habitación.

─Kagome ─musitó girando su cabeza a su nieta. Ella se acerco rápidamente a él inclinándose para estar a su altura.

─Aquí estoy.

─Tengo comezón en el brazo donde está la aguja intravenosa, ¿podrías decirle a una de las enfermeras si podría acomodarla?

─Ah, sí ─se incorporo para salir por la puerta debatiéndose su estaría bien dejarlo solo. Se detuvo en el umbral de la puerta notando repentinamente algo─. Pero si Souta esta buscando al doctor, ¿no crees que él podría ver lo que te molesta?

El anciano suspiró mirándola con sus cansados ojos, sonriéndole dulcemente.

─Pero seguramente tardara en encontrarlo (el hospital es enorme) y las enfermeras siempre están más disponibles.

La muchacha lo considero un momento, advirtiendo que su abuelo tenía razón. Se giró sobre sus pies dirigiéndose a la puerta, no sin antes enviarle una mirada a cierto muchacho que planeaba seguirla. Ella sacudió su cabeza al ver sus intenciones, dándole a entender en silencio que se quedara allí. Él solo la contemplo irse deseando acompañarla.

Torno sus ojos al anciano que se encontraba mirándolo intensamente. Se cruzó de brazos sospechando que todo eso fue una estrategia solo para que ambos pudieran quedarse solos un momento. Entrecerró sus ojos, perspicaz, algo se traía entre manos ese viejo para querer estar a solas con él y no estaba seguro de qué podría ser, pero lo averiguaría. Frunció su ceño, alzando su mentón altivo.

─Habla ─exigió un poco molesto.

Sonrió, suspirando con un poco de esfuerzo, quitándose la mascará de oxigeno con su mano libre y tocio un poco al respirar el aire no tan puro de la habitación, posando una mano en su pecho, crispándola al sentir una pequeña punzada de dolor en su corazón. Alertando al muchacho que se acerco en menos un segundo a él solicito.

─Disculpa por ser tan obvio ─comenzó un poco agitado por no poder respirar bien sin la mascará─, pero no podía simplemente decirles que nos dejaran solos. Kagome, hubiera insistido en quedarse y no podríamos hablar tranquilos. ─Se detuvo esperando que el muchacho dijera algo, pero solo se limito a observarlo impertérrito. El viejo volvió a sonreír al ver esa dura expresión en el rostro del chico, que solo era un par de años más grande que su nieta. Un nuevo ataque de tos lo asalto, más violentamente que antes.

Inuyasha apretó sus puños inconscientemente sin saber qué hacer, dudo un momento en ir a buscar a Kagome, cuando la tos se prolongaba cada vez más. Se giró precipitadamente para buscar ayuda temiendo que el anciano muriera en ese preciso instante, pero se detuvo en seco cuando sintió que su muñeca era sujetada por unos marchitos dedos. Soltó el aire contenido al ver por encima de su hombro al viejo hombre que lo contemplaba severamente con la agitación marcada en su pecho.

─¡Feh! Creí estabas a punto de morir. ─dijo mordaz, ocultando su alivio al verlo aún vivo─. Será mejor que hables ahora.

─Sí, tienes razón ─tocio un poco más y tuvo que volver a ponerse la mascará, hasta que la tos se calmo─. Sé que no eres de este mundo ─la mirada de Inuyasha brilló recelosamente─. Lo sé porque tu presencia es diferente a la de la gente común, es fácil darse cuenta.

Un largo silencio reino entre los dos.

El medio demonio cerró sus ojos, cambiando su forma humana por una demoniaca de un instante a otro, por segunda vez en ese día. Luego los abrió y escudriño al viejo intensamente, notando como otra vez volvía a sonreírle. Se sorprendió un poco al no advertir ninguna reacción de asombro por parte del viejo. Pero le resto importancia, suponiendo que al estar más cercano a la muerte se podría distinguir entre humanos y seres que no eran de este mundo.

─Eres suspicaz, viejo.

─Uno aprende muchas cosas después de vivir toda tu vida en un templo ─comentó. Luego su expresión se volvió seria, dejando toda cálida expresión en su rostro─. No sé qué es lo que estás haciendo en este mundo y no es de mi incumbencia saberlo. ─Guardo silencio un momento─. Pero veo que de alguna manera estás relacionado con mi nieta, y eso es algo que sí me incumbe. Aunque ya no pueda hacer nada, porque estoy muriendo, lo único que te diré es que ella es una niña bondadosa y llena de amor; sean cuales sean tus intenciones, no la lastimes. No merece sufrir más.

Los dedos del mitad demonio se clavaron en su bíceps, molesto porque una vez más le recordaran que no debía lastimarla. Esas intenciones ya no habitaban en él, no quería lastimarla de ninguna manera, no podría hacerlo por más que quisiera. Bajó su mirada al suelo, observando algún punto fijo del allí, perdido en sus cavilaciones.

Y por lo que le dijo el Lobo Sarnoso, ya no le quedaba mucho tiempo al lado de Kagome, cuando la ultima pluma apareciera, él se debería marchar de una vez por todas para volver a los cielos. Quizás con eso la heriría indirectamente, pero seria incapaz de tener ese tipo de intenciones con ella. Lo que menos deseaba era verla sufrir.

─No la lastimare ─afirmó absorto.

El anciano solo lo contemplo en silencio.

─No lastimare a Kagome ─repitió solemne, alzando sus ojos a los longevos del hombre que tenía enfrente.

─Eso es bueno ─susurró, cerrando sus ojos una vez más, sintiendo como el sueño lentamente lo invadía─. En ese caso, cuídala, te lo encomiendo. Por favor… ─podía sentir como todos sus cansados sentidos iban desapareciendo uno por uno tan lánguidamente que no supo cual se fue primero. Mientras que una gélida sensación se colaba por sus extremidades entumeciéndolas, perdiendo la sensibilidad.

Su pecho dolía al percibir cada lánguido latido de su agotado corazón, pero no más qué el saber que estaba dejando todo lo que alguna vez conoció, atrás. Ya no existía el retorno, lo savia, ese ere un viaje solamente de ida, no de regreso.

Estaba comenzando a marearse y el aire parecía escapársele de sus pulmones cada vez que intentaba tomar oxigeno.

─Diles… ─jadeó cansado─ diles que sean felices... ─abrió sus parpados para escudriñarlo, descubriendo un preocupado semblante que lo observaba intensamente. Sonrío, inhalando una última y dificultosa inhalación, cerrando sus ojos lentamente─… que sean felices, hasta qué no puedan más.

Inuyasha tenso su mandíbula. Todo el enfado que un momento atrás sintió se desvaneció tan rápido como llego. El viejo se estaba despidiendo, había llegado su hora y no podía hacer nada para remediarlo, lo sabía. Maldita sea.

─Sí ─respondió simplemente con su ceño fruncido, sintiendo una inmensa angustia por ese hombre que ni siquiera conocía.

─Gracias… ─suspiró─. Adiós.

Y se dejo ir.

Una de las extrañas cajas que observó tiempo atrás chillo estrepitosamente, inundando la habitación con ese molesto sonido.

Escucho pasos raudos acercándose por el pasillo, alertándolo. Cambio su forma de hanyou en un segundo, regresando al común humano que fingía ser.

Dos mujeres entraron en la habitación agitadas y listas para sea lo que debían a hacer, seguidas de un hombre con bata blanca.

Los vió correr de un lado a otro alrededor del anciano, mientras que el hombre de guardapolvo gritaba un par de indicaciones que él no supo comprender, a las mujeres.

Se hizo a un lado, dándoles el espacio suficiente para que actuaran, suponiendo que esos debían ser los médicos de los que hablaba Kagome.

Lentamente todo el ruido que invadía el lugar fue alejándose de él, hasta que prácticamente no escucho nada más. Unas simples imágenes en movimiento eran lo único que él podía ver. De un momento a otro, solo se encontró observando al anciano, completamente solos, en una infinita oscuridad. Y un indescriptible sufrimiento comenzó a nacer dentro de su corazón.

─Adiós ─murmuró al anciano que jamás lograría oírlo.

Continuará…

N/A: Me quedo bastante largo, ojala no los aburra.

Últimamente recibo mails de story favorite o author, pero solo uno de review y la verdad no entiendo porqué si a tanta gente le gusto, solo recibo uno o dos reviews.

Prefería recibir reviews a alertas de story favorite o autor, es más gratificante saber que es lo que piensan del fanfic. Me ayudarían mucho. Sé que muchos leen, pero que muy pocos comentan. No cuesta nada de tiempo el dejarme su opinión, al menos no gastan el mismo tiempo que yo al escribir un capítulo. ¡Así que por favor, déjame tu review, me ayudarías mucho! :)

¡Gracias a Haru10 por tu raview y perdón por la demora!

Próximo capítulo: "Alas de Ángel". Me pregunto ¿de qué podrá tratar?

Dulce!