Hum… ¿qué puedo decirles?, les debo una gran disculpa… por dos razones… x'DD la primera es… tenía bloqueado los mensajes privados (y yo no tenía idea) …pueden preguntarme lo que sea… XDD LO QUE SEA! XDD eso y lo segundo es la demora…. Perdonen, en verdad… quería subirlo rápido, pero mi musa no me acompaña… aun así… está muy lindo… según yo, espero que lo disfruten…

¡SE ACERCA EL FINAL! (también)… había pensado en terminarlo en este capitulo pero NOOOOOOO aun falta e_e poco pero falta…. Pero ya no molesto más… intentaré demorarme menos la próxima vez.

P.D: perdón las faltas ortográficas

[HETALIA NO ME PERTENECE]

Cap9: Porque todos mentimos

=PoV Roderich=

No tenía muy claro cuanto tiempo había pasado en realidad desde que el albino había despertado, lo único que estaba claro para el, era lo que había delante suyo, los nuevos días soleados que ahora llegaban los hermosos paisajes de Austria y que le permitían ver como los niños pequeños corrían de un lado a otro jugando llenos de felicidad… felicidad que sin importar cuan radiante fuese no lograba contagiársele… incluso con el sol apuntándolo directamente de frente… podía seguir sintiendo al invierno comiéndoselo por dentro…con la pena empuñando su corazón y prohibiéndole latir con libertad; incluso sabiendo que el albino ya se encontraba bien en casa de su hermano, incluso así… esas ganas terribles de estar a su lado no le abandonaban… de tenerlo con él… con aquella sonrisa burlesca adornando si blanquecino rostro, mientras le arrastraba por las verdes praderas de sus país, riendo y gritándole que debía dejar de ser un señorito… que debía salir más… y entonces lo obligara a jugar con los niños fuera de su casa como siempre lo hacía… o simplemente sentarse en los jardines de su casa con el… tocando un instrumento cualquiera mientras el albino conversaba cosas que le pasaban a diario…quería volver a esos tiempos… en que el albino siempre sonreía… en que este lo visitaba sagradamente una o dos veces por semana solo para hacerle compañía… lo anhelaba tanto… esos buenos días… esos tan preciados días que quizás nunca volverían con el…y que ahora solo eran recuerdos... por que ya era completamente imposible regresar a esos días...por unas cuantas razones.

Una de esas razones era el hecho de que aun no se disculpaba con el prusiano por lo ocurrido ese mal día de invierno… el último día en que el albino le vio y no es que el austriaco no quisiera disculparse, estaba aterrado… le tenía miedo a tantas cosas… a volver a verlo en ese estado deplorable, en una cama postrado como no lo había visto en años… miedo a no ser perdonado… miedo a que la única persona que siempre estuvo con el en esos años de soledad ahora lo odiara completamente… que esa unica persona que brillaba para el ahora se apagara por voluntad propia y ya no quisiera brillar como antes… miedo a ver u prusiano completamente distinto al que el conocía… uno como el de ese día en el hospital…. Si eso llegaba a pasar la pena que mantenía su corazón empuñado presionaría más fuerte logrando por fin romperlo en mil pedazos.

Otra de sus razones, eran la cantidad de comentarios que habían llegado a sus oidos del estado en que se hallaba el prusiano… según palabras del mismo rubio el prusiano no hablaba con nadie y se mantenía sentado en su cama con los ojos abiertos en dirección hacía la nada, con un rostro imperturbable, el cual solo se movía para comer o cuando pedía algo de ayuda en casos extremadamente necesarios, también sabía que incluso en las visitas de sus mejores amigos, el albino no dejaba esa postura, siempre con los ojos abiertos, casi sin pestañear y en un silencio sepulcral total... incluso cuando estos le dedicaban bromas de distintos calibres que por lo general siempre hacían reir al albino… este sencillamente no se movía, algo similar ocurría con Ludwig, que dejaba todas las labores como nación para bien entrada la noche para ayudar a su hermano a ponerse de pie y llevarlo a recorrer la casa… pero este se dejaba llevar tal y como un trapo viejo, con los ojos abiertos y pegados al suelo, esto hasta que el rubio volvía a dejarlo en su cama, completamente frustrado por no haber podido hacer nada por su hermano, y largándose por no poder soportar tal imagen ante sus ojos.

-Gilbert- murmuró para el mismo completamente triste, mientras continuaba observando por la ventana como dos niños se peleaban por lo que parecía ser una pelota desinflada, no le interesaba en realidad… en momentos como ese, el podría tocar su piano, para liberar toda esa pena que sentía… ¿Pero cómo?. ¿Cómo hacerlo?, ¿para qué? Si la persona para quien quería tocar no lo escucharía… entonces todo volvía al comienzo.

Los últimos días habían pasado sin nada que hacer… el papeleo se había acumulado como nunca en su escritorio, después de todo se la pasaba todo el día pegado en la ventana… esperando…esperando a que el tiempo pasara y borrara todas esas heridas que tenía… pero sabía que no se pasaría… al menos no tan rápido, mucho menos con aquél molesto del ruido del teléfono sonando a sus espaldas…lo había soportado desde el día en que se había devuelto a su hogar… sabía perfectamente quien era… era Ludwig… seguramente a esa hora el albino estaba durmiendo una siesta… y había aprovechado para llamarle una vez más.

¿Por qué no simplemente se aburría, y se daba cuenta de que el castaño no pretendía visitar al albino?... no podía…había rechazado todas y cada una de sus invitaciones, desde las formas más corteses que existían, hasta simplemente desconectar el teléfono cuando el ruido ya solo le hacía llorar de impotencia, pero ahí estaba de nuevo… ese sonido infernal. Rápidamente se despegó de la ventana volteando a ver el teléfono de color negro frente a él… no, no pretendía contestar, no lo haría, o eso pensaba, mientras apegaba su espalda contra la pared más cercana, buscando un escape, dejándose caer pegado a ella y con sus ojos violáceos abiertos de par en par temblando ligeramente con sus dientes apretados ¡¿Por qué no simplemente le dejaban tranquilo?...quería estar solo…no quería a nadie más… solo lo quería a "él", y si no podía tenerlo entonces prefería hundirse en su soledad… pero al parecer nadie quería respetar eso…

Entonces a los ruidos del teléfono se le unieron fuertes golpes a la puerta de su hogar, haciéndole sobresaltar y encoger las piernas para abrazarse a sí mismo, intentado olvidar que había algo allí afuera amenazando con entrar en cualquier momento… quería estar solo… no quería a nadie, entonces una voz se oyó desde afuera de su hogar.

-¡Austria!, ¡Austria!, ¡soy yo! – gritaba el español, amigo del albino desde afuera de su casa… se sorprendió ante eso, el oji-verde hacía mucho tiempo ya que no lo visitaba… se había sorprendido tanto que incluso el sonido del teléfono se oía a lo lejos y ya no le molestaba, pero la puerta seguía pidiendo a gritos ser atendida… solo por eso, se puso de pie, con una expresión de extrañeza extrema en su rostro, sin entender nada de lo que estaba pasando y abriendo la puerta lentamente, observando a los dos amigos del prusiano parados allí, con una sonrisa maliciosa en sus labios, pero antes de que el castaño pudiera siquiera pensar en cerrar la puerta, el sonido molesto del teléfono dejó de sonar, solo para dejar escuchar un duro forcejeo y un portazo…. Entonces…. El teléfono volvió a sonar nuevamente… pero esta vez ya no había nadie dentro de ese lugar como para contestar a ese llamado desesperado.

=PoV Gilbert=

El albino estaba completamente desorientado… postrado en una cama, sin saber si era de día o de noche, guiándose solo por los ruidos en la casa y horarios de comida que su hermano le imponía, todo eso lo mantenía completamente desorientado… sin saber como reaccionar al respecto de su nueva situación… quería hacer tantas cosas… pero a la vez nada… quería decir tantas cosas y a la vez callarlas… quería decir tantas cosas para responder a esas palabras de aliento sin sentido que le daban sus conocidos… palabras sin significado alguno para él… sin significado excepto uno… cinismo… ¿Tenía que pasar todo eso, para que se acercaran a él nuevamente?... ¿Acaso siempre tenía que ocurrirle una desgracia para que la gente se preocupara de él?, ¿Qué sentido deberían tener para él esos "Todo estará bien", "siempre sales adelante", "no te dejes vencer" entre otros cuantos, si las personas que se lo decían solo estaban con él en sus malos momentos?

Y ahora su hermano estaba seguramente mirándolo desde el marco de la puerta como lo hacía todos los días desde que llegó a la casa, a veces le hablaba, pero Gilbert simplemente no sabía que responderle… no quería ser una carga para el rubio.. y ahí estaba exactamente siendo lo que no quería ser ¿desde cuando el grandioso Gilbert pasaba por dichas situaciones? … ¿por qué el rubio no le dejaba solo?, por que no le dejaba hundirse en su tristeza y desgracia?... no quería llevarlo con él… quería hundirse solo esa vez… solo por una vez… mentía, hundirse solo como siempre había sido… pero, al parecer nadie quería… recibía visitas molestas todos los días, y lo obligaban a caminar… le contaban cosas que a el ni siquiera le importaban…¿Por qué no ahora miraban más sus papeles?...¡¿Por qué tenía que perder su visión para que todos a su alrededor lo vieran?, ¿por qué?... ahora que no quería…

Una vez escuchó una conversación desde la sala de estar de la casa… no habían pasado ni dos días de aquella ocasión en la que escuchó a su hermano menor preguntar casi a gritos de desesperación "¡¿Qué es lo que le pasa?, ¡¿Por qué no reacciona con nada?"… ahora y solo ahora podía llegado a dar a una respuesta para eso… no quería ilusionarse nuevamente… ¿Para qué?, había pasado algo similar cuando perdió potestad de sus tierras años atrás, cuando perdió a su gente y con ello las razones de su existencia, entonces todos se acercaron a él… por lastima… y solo tuvo que pasar un poco de tiempo para que todos se olvidaran de que él seguía ahí… de que los estaba mirando todo el tiempo… entonces cuándo esa pena tan grande de ser olvidado y de no tener una razón clara para estar ahí, inventó las propias… se auto-convenció de que debía acompañar a su hermano y verlo crecer y salir adelante, se inventó para él mismo la idea de que podría ser el que ayudara a sus buenos amigos a distraerse un poco… aun que fuese mínimo y que le daría compañía a ese estúpido e idiota señorito que aun odiando la soledad, por idiota, se quedó solo…

Entonces el tiempo volvió a correr sin clemencia para con él una vez más… ya su hermano había crecido tanto que era incluso una mejor nación de lo que el había sido en algún minuto, sus amigos ya no le tomaban tan en serio como antes… y en cuanto al austriaco austero… para su mala suerte se había enamorado de él, sintiendo como ahora era él quien necesitaba de la presencia del otro, como necesitaba verlo en todas sus expresiones, no importaba si le miraba enojado o feliz… solo con que la vista de este estuviera sobre él era suficiente, esos ojos que expresaban lo que sentía tan fácilmente ¿cuándo fue que cambió todo?... ¿Qué fue lo que hizo para merecer esas palabras llenas de hostilidad?... el solo quería acompañarlo en un día tan penoso como ese… pensando que quizás y solo quizás, tal vez necesitara un poquito de compañía… y terminó sentado en la acera, calles más allá dejando que la deprimente lluvia lo empapara completamente…

Entonces si las cosas iban a ser así lo mejor era no volver a hacerse daño de forma estúpida, dejar que el tiempo pasara mientras el simplemente se quedaba atrás como siempre debió haber sido… mientras se dejaba olvidar y se encerraba en su soledad… como lo estaba haciendo ahora mismo.

Entonces sintió pasos nuevamente, haciendo que de forma involuntaria se alertara, dirigiendo la mirada hacia dicho lugar… para luego reprimirse mentalmente por tal acción más inútil, pero concentrándose rápidamente en los pasos de su hermano que bajaban las escaleras, sintiendo un fuerte golpeteo en la puerta que, ¿para que mentir?, le había asustado un poco… después de todo sus sentidos estaban más agudos que nunca… entonces sea quien fuese que estaba allá afuera seguía golpeando.

-¡Ya voy!- sintió gritar a su hermano que abría la puerta con cierta violencia entonces unos murmullos comenzaron a escucharse… pero hablaban demasiado bajo como para que el albino pudiese escucharlos, lo que en cierto modo le frustraba… quería bajar y descubrir quien era el /idiota/ visitante que había tocado de esa forma la puerta de la casa de su hermano, entonces alguien volvió a hablar a volumen alto.

-¡OE! ¡GILBERT! – era el francés, lo que de cierto modo le hizo golpearse el rostro con la frente al imaginarse que tal vez, estaba borracho… ¿por qué no simplemente dejaba de intentarlo?- ¡oye buen amigo mío! –podía sentir como subía las escaleras, pero no era solo él… podía notar un montón de pasos.

-Lárgate Francis… - murmuró recostándose tan rápido como sus heridas aun sin sanar se lo permitían, justo a tiempo para cuando aquél grupo de personas llegaba frente a su puerta, la cual gentilmente había sido dejada abierta por su hermano Ludwig.

-¡Hey!, no puedes estar durmiendo mientras traigo un gran regalo para ti! –chilló de nuevo el francés acercándose a su cama, haciendo que el albino solo gruñera en disgusto, pensando en la mejor forma de hacer que se fueran, sin recurrir a abrir la boca.

-¡Vamos amigo! – habló ahora el español uniéndose al francés, moviendo el bulto que el albino hacía en la cama, mientras este último se dejaba mover como un bulto inerte, siendo que sus manos pedían a gritos golpear a los dos y sacarlos a patadas de allí – trajimos a alguien especialmente para ti… y esta vez no es el Sr. Tomate – añadió, notablemente alegre el castaño oji-verde, lo que por obvias razones solo provocaba más frustración en el "bultito durmiente".

-¡Ya dejen eso!, acabo de verlo hace unos minutos… no debe querer visitas ¡vamos déjenlo!- espetó el rubio alemán, apartando a los dos hombres sobre él, permitiendo al albino acomodarse y cubrirse completamente con las sabanas, esperando a que su hermano captara el mensaje, pero al parecer no era así.

-Bruder- llamó bajito sentándose a su lado, provocando notables ganas de llorar en el albino de la impotencia, por no ser comprendido, entonces sintió una de las grandes manos del rubio en su espalda, acariciándole lentamente- hay alguien que quiere verte… y nos costó mucho convencerlo… ¿No quieres darle una oportunidad? – cuestionó con tono suave, mientras el francés y el español murmuraban entre ellos, rompiendo totalmente la escena familiar con sus risitas.

-¡Callense de una vez!, esperen abajo – reclamó una vez más el alemán mientras el albino se descubría e intentaba sentarse… no quería hacer sentir más mal al rubio… de todos modos el no tenía culpa de nada.

-Está bien- fue lo único que dijo mientras negaba la ayuda del rubio para sentarse en la cama, pero entonces gritos desde la planta baja, volvieron a alarmarles.

-¡AH!, Roderich está huyendo, y es tan agresivo -soltaba el francés ganándose un golpe en la cabeza de parte del español, y quejidos de parte del castaño, diciendo cosas como "Suéltame" o "eres un indecente, déjame volver a casa", que se oían desde lejos, pero el solo nombramiento del castaño hizo un "click" en la mente del albino que lo dejó estático sin escuchar nada más, sintiendo el forcejeo muy lejano de él.

De todos… de todos los que pensaba que podrían llegar donde él, a quien menos quería tener a su lado era al castaño… no quería escuchar palabras falsas para con él de sus labios, no… no quería, por que era muy probable que las creyera… y no quería hacerse más daño de forma innecesaria… que se fuera… no lo quería ver.

-Nein – dijo de la nada, ganándose la atención de todos, ya que cierto dúo había logrado llevar a la segunda planta al castaño, con ayuda del hermano menor del albino- que se vaya… -soltó dirigiéndose a su hermano, comenzando a desesperarse levemente… sintiendo como un dolor agudo apretaba su corazón con cada palabra que salía de sus labios- ¡llévatelo! –terminó gritando, sin sentir ningún ruido a su alrededor, poniéndose de pie como pudo, generando la primera reacción de uno de los cuantos que allí estaban, sosteniéndole contra la cama- NEIN! …¡déjame! –chilló, sintiendo como cerraban la puerta de un portazo, las manos que le apresaban eran delicadas, no eran como las de su hermano, por lo que no tenía la mas minima idea de quien era…

-¡Por favor Gilbert! – era el austriaco - ¡Te harás daño! – Comentaba forcejeando aun, con el albino que se preguntaba como es que no se lo podía quitar de encima- ¡Gilbert por favor!

Se había sentido horrible con las palabras del albino al saber de quien se trataba la "visita sorpresa", tal y como había supuesto el corazón se le había hecho trizas al ver como repudiaba de su presencia… se sentía tan mal, que no podía reaccionar como para retirarse dignamente siquiera… pero cuando le vio ponerse de pie, algo mucho más rápido que la razón actuó sobre él impulsándose rápidamente sobre este impidiendo que cometiera una estupidez… ¿qué pasaba si se hacía daño?, se sentiría culpable por toda la eternidad… y así acabó encerrado por el dúo de idiotas anormales, que encima sonreían… ¡¿Qué se creían?, encima que ellos lo habían arrastrado a dicha situación… si de él dependiera se hubiese quedado en su casa… solo…

-¡Tranquilízate! –intentó ordenar, con voz preocupada, pero al parecer había logrado el efecto deseado, observando como el albino retiraba sus manos dejándolas caer pesadamente sobre la cama, con los ojos abiertos, y una sonrisa amarga en el rostro.

-… ¿Por qué?, ¿Para qué vienes?... –cuestionó sin dejar de sonreír frunciendo el ceño y empujando al cuerpo sobre él por sorpresa, provocando que terminara en el suelo, haciendo sentir al castaño un tanto miserable, quería llorar… sentía su corazón tan apretado… y se sentía tan impotente… tenía al hombre que tanto anhelaba abrazar delante de él y no podía hacer nada… quería abrazarlo y llorar en sus brazos, quería abrazarlo y besar sus ojos ya sin visión, quería sentir sus brazos rodearle… quería tantas cosas y a la vez se sentía incapaz de realizarlas… que hacía que su corazón se sintiese pequeño en su interior, soltando las primeras lágrimas, a pesar de que el albino no pudiese verlas, solo callando, viendo como el prusiano se sentaba en su cama, mirando hacía la nada, donde seguramente creía que pudiese estar el austriaco- ¿No vas a responder?-

-Perdón…. – fue todo lo que pudo decir el castaño con la voz ahogada, apretándose el pecho con ambas manos, llorando un mar de lágrimas intentando meter la menor cantidad de ruido posible- Perdón… -volvió a repetir gimoteando intentando ponerse de pie- y-yo no quería…perdóname… -siguió gimoteando cubriendo su rostro con ambas manos y recargando su espalda contra la puerta de la habitación.

-… ¿Roderich? – cuestionó el albino, con el ceño fruncido ligeramente preocupado, sintiendo como el escuchar al castaño en esas condiciones le hacía sentir un idiota, quizás pensando que había sido producto de la caída y que se había hecho daño- ¿Perdón? – volvió a cuestionar, buscando con sus pies la salida de la cama.

-Ja –volvió a decir el castaño entre lágrimas notando como el albino se movía en su cama- e-ese día… cuando llovía –recordó el castaño, y claro que el albino lo recordaba… había sido el comienzo de toda su desgracia… de la cual no pensaba culpar a nadie más que él… por lo que seguía sin comprender las palabras del castaño, tomando la palabra una vez más

-… Sé más claro –exigió esta vez, encontrando el piso con sus pies, sintiendo como el castaño cambiaba de posición hacía otro lugar de la sala, seguramente huyendo de él… lo que le hizo sentir estúpido por unos momentos… recordando claro que el castaño lo había echado casi a patadas de su casa aquél día de lluvia, aquél día en que el albino pensaba ir a declararse frente al castaño y fue recibido de tal manera - ¿Dónde estás? – Cuestionó ahora exigente, poniéndose de pie como pudo tanteando a oscuras, sintiendo sus piernas débiles y casi cayendo pero logrando afirmarse con la cama.

-… y-yo… -volvió a hablar el castaño, tartamudeando, observando como el albino se acercaba a él lentamente- n-no quería que te fueras ese día – declaró llorando más y sintiéndose patético… si tan solo hubiese sido más sincero, si tan solo hubiese hablado con lo que realmente sentía desde un principio… - fui un idiota – pero luego de eso solo hubo un silencio en toda la habitación, un silencio sepulcral, que al menos inquietaba de sobremanera al castaño, que divisaba no muy lejos al albino de pie y en silencio… con la cabeza agachada y completamente quieto… pero no bastaron unos segundos y este comenzó a moverse, riéndose ligeramente, se estaba burlando de él… conocía perfectamente esa risa seca… no le creía nada.

-…¿es todo? ¡¿Por qué tendría que creerte?, ¿dices que mentiste, no? –soltó seguido de una carcajada, observando a la nada, despertando en sus ojos casi sin vida una pequeña chispa de enfado… pero que cada segundo comenzaba a crecer de sobremanera… una chispa que siempre anunciaba peligro, una mirada a la que el castaño siempre le tuvo miedo- ¡¿A que viniste?, ¡¿Viniste a reírte?... ¡no eres más que un cínico de mierda… ¡vete! -comentó, dando una sentencia definitiva a la conversación, volteándose hacia la cama, dejando al austriaco atrás, y recostándose nuevamente…. No quería nada… solo que le dejaran… entonces se escucharon los pasos acelerados hacia la puerta, el nuevo aire que entró cuando esta fue abierta y el fuerte golpe reventando sus tímpanos de la puerta al cerrar… una carrera por las escaleras… y un nuevo portazo…

Ahora todo estaba en silencio… pero este silencio ya no era agradable, como el prusiano había pensado…era un silencio doloroso…