Valentía, Inteligencia, Ambición y Lealtad
Tres años habían pasado después de esto, Harry fue a vivir con sus tíos, donde lo único que recibió fue desplantes y desprecios, ahora con cuatro años es un niño silencioso y cerrado en si mismo, pero eso va a cambiar, aunque el todavía no lo sabe.
-¡Mocoso! Baja ahora mismo que nos vamos al parque.
-Si tía Petunia.-dijo asombrado el niño, ya que nunca le llevaban.
Cuando llegaron Harry se quedo en una esquina jugando con la arena mientras Dudley se acercaba a su panda de amigos.
-Eh Dud, ¿Qué hace tu primo aquí?-pregunto un niño bien grandote.
-Ha tenido que venir la vieja con la que se queda no estaba.
-¿Y porque no nos vamos a divertir un rato con el? Podemos utilizarlo de saco.
-Si tienes razón, venga vamos.-el grupo se acerco despreocupadamente a Harry.-Eh primito ¿quieres jugar con nosotros?- Pregunto con un una macabra sonrisa mientras se acercaban lentamente.
-No, gracias.
-Pues me da igual que no quieras vas a jugar.
-He dicho que no quiero.
-Pero mira que valiente nos ha salido el chiquitín.-intervino el amigo grandote.-Vamos a divertirnos mucho contigo.-y acercándose a el le agarro por las solapas y lo llevo detrás de unos arbustos lejos de las miradas indiscretas.-Que empiece el juego.
Una hora mas tarde y ya en casa Harry se limpiaba con mucho cuidado los cortes y rasponazos que tenia por todo el cuerpo, y se daba pomada en los moratones.
-No es justo, odio mi vida.-le dijo a su reflejo, mientras una lagrima silenciosa bajaba por su mejilla.
Varias calles más allá, una niña de alborotado pelo castaño, menudita y callada, se encontraba en un sofá intentando leer un libro.
-Cielo, deja el libro, eres muy pequeña todavía no sabes leer solo tienes cuatro años.
-Pero mama, ya he aprendido unas cuantas letras, y si no tengo un libro no puedo aprender a leer.
-Sal a la calle un rato.-dijo la señora ignorando lo dicho por su hija.-Hace un día muy bueno para que te quedes en casa.
-¡Pero yo quiero quedarme aquí, quiero aprender!
-Hermione eres una niña muy inteligente, pero debes pasar más tiempo con los demás niños.
-No quiero.
-Tienes que hacer amigos.
-No.
-¡Hermione Jane Granger! Tienes que olvidar a Mark. El esta muerto, no va a volver, tienes que hacer amigos, no debes estar sola.
-…-
-Además ese niño no te convenía era demasiado…
-¡NO HABLES ASI DE ÉL! No le conocías, nunca te paraste a conocerle, a pesar de ser mi mejor y único amigo, y todo porque era un chico, y las vecinas decían cosas de él que no eran ciertas, no tienes derecho a hablar mal de él y menos ahora que no esta para defenderse.
-Obtuvo lo que se merecía.
-Eso no es cierto, nadie merece que te atropelle un coche.
-Estas castigada sube a tu cuarto y no salgas hasta que yo te lo permita y a partir de ahora empezaras a hacer amigos.
La niña subió corriendo las escaleras y se metió en su cuarto y dando rienda suelta a su llanto dijo:
-No es justo odio mi vida.
Al mismo tiempo un joven niño rubio (4años), se encontraba en el comedor de su casa vestido de etiqueta, con su padre al lado.
-Haber Draco, esto es un ensayo. ¿Cómo te comportarías si la noche de la fiesta llaman a la puerta?
-Me pondría ben la pajarita.
-Se dice bien.-dijo el padre con mala cara.
-Vale…
-Nunca digas vale di de acuerdo.-casi se lo grito.
-De acuerdo, me pondría bien la pajarita, me acercaría a la puerta y la abriría.
-¡No! antes de abrir la puerta tienes que ver si tu traje tiene arrugas y después poner tu sonrisa mas encantadora. ¡¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?! Eres un inútil, no sirves para nada, me avergüenzo de que seas mi hijo.
-Pero papa yo solo quiero…
-¡Cállate!
-Solo quero…
-¿HE DICHO QUE TE CALLES, O ES QUE NO ME ESCUCHAS?-Dijo Lucius Malfoy dándole un tortazo a su pequeño hijo.-Y se dice quiero no quero.-dijo ya mas calmadamente dándose la vuelta y marchándose del salón.-Ah se me olvidaba, vete a tu cuarto. Lo único que tienes de los Malfoy es su ambición, siempre quieres algo.
Draco echo a correr y se metió en su cuarto con lágrimas en los ojos, se sentó en una esquina del cuarto.
-No es justo odio mi vida y solo quería pedirle perdón.
En una casa llena de pelirrojos había tres hablando en una esquina, dos gemelos y otro un poco mas pequeño de 4 años.
-¿Lo has entendido Ron?-pregunto uno de los gemelos.
-Si.-contesto el pequeño.
-Bien pues ve a la cocina y coloca el petardo debajo de la mesa.
El pequeño sonriente lo coloco y un rato después se sentó a la mesa con toda la familia a comer.
-Pásame la ensalada mama.-dijo el más mayor de los hermanos Weasley.
-Ense…
No pudo terminar de hablar porque "algo" exploto debajo de la mesa tirando al suelo un par de platos.
-¡¿QUIÉN HA SIDO?!-pregunto la señora Weasley cuando se recupero del susto. Fred y George siguiendo el plan que habían echo miraron a Ron y este entendiendo la mirada de sus hermanos levanto la mano tímidamente.-Ronald Weasley ¿Se puede saber por que lo has hecho?
-Porque era divertido.-dijo un poco asustado, pero era lo que tenía que decir o eso le habían dicho sus hermanos, que si lo decía sus padres iban a ponerse muy contentos.
-Vete a tu cuarto y no salgas hasta que te llame.-dijo Arthur Weasley interviniendo por primera vez en la conversación.
-Pero papa no ha si…-la frase no termino de salir de su boca, le habían puesto una trampa pero la lealtad ante todo, a pesar de la ira que corría por sus venas no iba a delatar a sus hermanos. En cambio se levanto de su asiento recogió su plato de comida que estaba prácticamente sin tocar, lo dejo en la encimera y diciendo un leve que aproveche subió hacia su cuarto.
Cerro la puerta con cuidado, se apoyo en ella y se dejo resbalar hasta el suelo y susurro.
-No es justo odio mi vida.
Esa noche los cuatro niños se metieron en la cama temprano, ya que habían estado en su habitación encerrados toda la tarde. Una noche que cambiaria sus vidas y destinos, para bien o para mal mas adelante se vería.
