2. Reencuentro
La joven observaba la escena ante sus ojos con incredulidad. No solo se había metido en graves problemas tan repentinamente, sino había sido salvada por un desconocido que salió de la mera oscuridad.
— ¿Y bien? ¡Lárguense de aquí!— demandó fuertemente el desconocido, pero con inquebrantable tranquilidad.
— ¡Ah! No te metas en esto Shinobi, esto no te concierne. Esto es entre la chica y nosotros así que apártate, — dijo el borracho del medio, mientras se abalanzaba hacía el desconocido.
El Shinobi con facilidad esquivó al alcoholizado rufián, giró y le tiró un golpe a la parte trasera de su cabeza. El borracho cayó al piso, inconsciente. Instintivamente, el borracho de la derecha dio unos pasos hacia él, y este, en un abrir y cerrar de ojos, le tiró un kunai en medio de sus pies, enterrándose en el suelo.
—Mala idea, — dijo el Shinobi con tranquilidad pero con un deje burlesco. De inmediato, los dos rufianes que quedaban en pie huyeron lo más rápido posible sin mirar atrás.
Ahora solo quedaban ella y el desconocido, en plena oscuridad. Todo estaba con un profundo silencio, desolado, vacio, excepto por ellos. La joven estaba paralizada, con la misma pose desde que el apareció, aún inmóvil. Al escuchar su suspiro de alivio, el extraño se dio la vuelta, estaban cara a cara al fin. Sin embargo ella no supo que pensar, no podía ver quien era, la oscuridad cubría su rostro. Ella mantuvo una expresión dura, ilegible.
— ¿Estas bien?— le preguntó con tranquilidad. Ella solo asintió. — ¿Tienes donde ir?— le continuó preguntando, manteniendo su calma y ligera indiferencia.
—Si. Hotaru. — dijo finalmente rompiendo su silencio. La joven entrecerró los ojos en desconfianza. No sabía porque hacia esa pregunta, más no lograba ver el rostro del desconocido. Inconscientemente dio dos pasos adelante para tener una mejor vista del rostro. Este acto no pasó desapercibido por el Shinobi, él solo observaba.
Al acercarse un poco más, finalmente pudo obtener una mejor vista. La joven, de la sorpresa, abrió los ojos como platos, pues no se esperaba para nada lo que veía. El rostro del joven estaba enmascarado, todo cubierto excepto por su ojo derecho, negro como la noche que los envolvía. Ella detuvo su paso, frunció el ceño, levantando una ceja, confundida. No sentía miedo, pero la confusión de no saber que sentir la sacó de su pantalla de frialdad. En su rostro ahora invadía la incertidumbre y la curiosidad.
Impresionada por el misterio de su salvador personal, no supo más que observarlo. Sus ojos viajaban desde el cabello plateado que brillaba con la luz de la luna, pasando por su rostro escondido, hasta la pose de su cuerpo, manos metidas en sus bolsillos, tranquilo, confiado. No pudo evitar notar como él la observaba igual, detenidamente, en silencio. Se siguieron observando mutuamente, hasta que el joven Shinobi levantando su ceja visible, e interrumpiendo el momento, dijo:
—Sabes, chicas como tú no deberían de caminar solas por ahí. ¿Acaso buscas el peligro?— le dijo el Shinobi con un evidente deje de regaño, mas que en broma, cambiando su tono de indiferente, a serio.
— ¿Chicas como yo?— Él, al darse cuenta de lo que acababa de decir, se dio la vuelta, dándole la espalda a la pelinegra.
—Estas de Suerte. Hotaru-Sama queda cerca de aquí. Camina recto hasta llegar a la primera esquina. A la derecha. Es fácil, estoy seguro que no te perderás...— le dijo, mientras levemente giraba su cabeza para mirarla. Su tono había cambiado nuevamente, regresando a tono inicial. Se estaba agachando levemente, tomando impulso para un gran salto, y cuando la joven vio sus intenciones de irse dijo:
— ¡Espera!— se acercó un paso mas, mano extendida. No sabía porque lo detenía, pero algo era seguro, no quería que se fuera todavía, tenia que saber mas de él, por lo menos su nombre. Él se detuvo.
— ¿Cual es tu nombre?— preguntó, retrayendo su mano, impresionada por sus mismas acciones. Miro al suelo, no era capaz de levantarla. No entendía su actitud. "¿Por qué no lo dejo irse? ¡¿Qué me pasa?", se recriminó inmediatamente.
—Hatake Kakashi— contestó, tomando un gran salto, desapareciendo en la inmensa oscuridad.
—Kakashi— repitió la joven al aire. Suspiró en alivio, respiró profundamente y con apuro retomó su camino a la casa de huéspedes antes que se hiciera mas tarde, y se encontrara envuelta en otro lio.
Gracias a la dirección que le dio el Shinobi, logró encontrar con facilidad la casa de huéspedes. La puerta estaba abierta, en el recibidor, se encontraba una anciana de expresión perdida, mirando al vacio.
—Buenas noches ¿Hotaru-Sama?— dijo la joven con sutileza, suavemente sacando a la anciana de sus cavilaciones.
— ¿Eh? Ah si, Buenas Noches, ¿Deseas un cuarto verdad?— dijo la anciana, claramente distraída. La joven asintió.
— ¿Por cuánto tiempo?— le preguntó, mientras se acomodaba sus anteojos.
—Ehhhh. No se cuanto tiempo me quedaré. — Le respondió a joven pelinegra. Ella no era una persona insegura normalmente, pero desde que su destino tuvo que tomar un giro drástico e inesperado, y, especialmente, desde que puso pie en Konoha, no había hecho nada más que dudar en sus propios planes, dudar en su certeza que quería viajar lo más lejos posible, correr, huir. Algo en ella se rehusaba irse, algo le decía que no debía de hacerlo aun.
— ¿Cómo que no sabes cuanto te quedarás niña?— preguntó la anciana con ligero fastidio —Esta bien, haremos esto… Te daré la llave de tu habitación. Quédate lo que quieras hasta cuando decidas irte. Y ahí, decidimos el costo. — le dijo la anciana, —Te daré la habitación 4.
La joven asintió de nuevo, no quería seguir molestando a la anciana, solo quería acostarse y aclarar su tan confundida mente. Tomó la llave de la mano de la señora, y buscó su cuarto. La habitación era sencilla pero muy hermosa, y para su conveniencia, tenía su propio baño privado. Tenía su cama con un enredón azul pastel, una mesita de noche con un florero blanco lleno de tulipanes naranjas, y una ventana amplia. Sin embargo, no quiso hacer nada más que tirarse al lecho.
Mientras miraba perdidamente al techo, los sucesos que acaban de ocurrir se proyectaban una y otra vez en su mente. Solo una cosa no entendía, que era lo del enmascarado que le atraía tanto la atención. No sabía cómo era su rostro, y sin embargo no lo podía borrar de su mente. Su pose, su mirada relajada pero aun observadora, su voz.
— ¿Qué me pasa? ¡Parezco una chiquilla!— se regañó. "¿Cómo puedo estar tan impresionada por un extraño?" Sin duda estaba confundida. No era del tipo que babeaba por ningún chico, menos por uno que acaba de conocer, y menos en alguien que no le podía ver el rostro. "¡Tonterías!" Se dijo a sus adentros. Cerró los ojos e irremediablemente la imagen de su cabello plateado brillando a la luz de la luna, le vino a la mente. Su voz sedosa y varonil se reproducía, una y otra vez. —Kakashi— se dijo a si misma. — ¡Ay Soy una tonta!— gritó. Era claro entre mas pensaba en eso mas se enojaba.
Abrió los ojos, miro a la luna afuera de su ventana, sintiéndose, muy, a pesar de todo, afortunada de haber salido ilesa, afortunada por sentirse en paz por lo menos por unos minutos, y mas que nada afortunada por sentirse segura, aunque el sentimiento fuera tan fugaz. Ella miraba a la luna, aunque sus ojos luchaban por cerrarse, pesados por el cansancio.
—Mañana será un nuevo día— fue lo último que dijo antes de caer profundamente en el mundo de los sueños, sin desvestirse, sin cenar, solo soñar.
Era un nuevo día, los fuertes rayos del sol alumbraban la habitación y el rostro bronceado de la joven. El calor se tornaba insoportable, y lentamente ella regresaba a conciencia. Abrió los ojos, parpadeando rápidamente para acostumbrarse al brillo en el cuarto y miró al reloj colgado en la pared.
—Es casi medio día— se dijo a si misma mientras se levantaba pesadamente de la cama, y buscó su mochila que siempre cargaba con ella mientras viajaba de aldea en aldea. Con sus objetos personales, entró al baño para arreglarse. No se había quedado dormida hasta tan tarde en tanto tiempo, no desde que despertaba en su hogar.
—Hace tanto tiempo— se dijo a si misma mientras se duchaba, mirando al suelo, apoyándose de una mano en la pared; el agua tibia deslizándose por su cuerpo, perdida en sus pensamientos, derrotada ante la nostalgia, la soledad.
Al terminar su ducha, se vistió, y salió a buscar almuerzo. Las calles estaban menos pobladas que el día anterior, y todo estaba más calmado, menos frenético. Ella se decidió ir al mismo local de ramen, pues no conocía otro lugar, sabia que quedaba cerca, y ya conocía al cocinero. No había porque ir a otro lugar.
Al llegar al local de ramen, se sentó en el mismo sitio que el día anterior.
— ¿Su orden?— le preguntó el cocinero, ausentemente. Era claro que estaba un poco mas ocupado, el local, al contrario de las calles, si estaba lleno.
—Una sopa con fideos, esta vez solo con espinacas. Por favor, — contestó. Mientras le llegaba la orden, se preguntaba una y otra vez, "¿Que hago en Konoha? ¿Que puedo hacer aquí? ¿Por que no solo me voy de una sola vez?".
—Su orden— le dijo el cocinero interrumpiendo sus pensamientos.
—Gracias— antes que se volteara el cocinero le preguntó — ¿Me puede decir como llegar a un bosque que vi al entrar a la aldea? Me gustaría ir a conocerlo. — concluyó.
—Si claro, a la izquierda siga recto hasta llegar a la entrada de la aldea, después a la derecha de nuevo. Así llegara a la frontera con el bosque de Konoha.
—Gracias— le dijo sin más que decir. Era claro que no sabia que hacia allí todavía, pero no se iría antes de conocer ese bosque que tanto le llamaba la atención. Tal vez entre tanta naturaleza ella encontraría las respuestas dentro de si misma, las respuestas que tanto necesitaba. Sin embargo había algo más que ella quería saber. Cuando la joven miró que el cocinero estaba menos ocupado, lo llamó.
— ¿Deseaba algo mas?— le preguntó.
—No, bueno si. ¿Me preguntaba…si…conocía a alguien de nombre Kakashi Hatake?— se atrevió a preguntar después de tanta meditación.
— ¿A Kakashi? ¡Claro que si! Es uno de nuestros mejores Shinobi y maestro de uno de mis mejores clientes. ¿Por qué pregunta? ¿Ya lo conoció?— Preguntó con curiosidad.
La pregunta incomodó mucho a la joven, no quería que pensara mal, que se hiciera alguna conjetura equivocada. —Bueno. He escuchado de él mucho por aquí, y me dio curiosidad. — El cocinero solo asintió, para nada convencido de su respuesta.
Al terminar su almuerzo, tomó camino hacia el bosque, con ansias de entender sus decisiones, necesitaba respirar aire puro, necesitaba pensar. Entrando al bosque, buscaba un buen lugar, debajo de un árbol, con una gran sombra, un lugar que fuera remoto, y así, reflexionar. No caminó mucho cuando encontró una piedra enorme, parecía monumento. Camino curiosamente hacia ella. Al acercarse, vio, del otro lado del monumento, una figura que con mirada perdida, lo observaba. No quería interrumpir, así que caminó en silencio.
Al reconocer la figura, no lo podía creer. Sera que el destino le estaba tomando el pelo, era claro que era una mala jugada departe de su suerte ¿O no? — ¡Es él!— Se dijo a si misma sorprendida ante tal reencuentro inesperado.
PS:
[Capi Editado/Mejorado] Bueno quería agradecer de antemano a todas las personas que han leído este fic ^^ Especialmente a Ellistriel por su muy constructivo y útil comentario. Logré mejorar y corregir mi primer cap gracias a sus sugerencias asi q gracias Ellis! =D No he revelado la identidad de mi OC (no xq no lo he pensado, hehe sino para dejarles el misterio :P) hasta en próximos capítulos iré revelando su identidad. Mua ha haaa xP Y de nuevo: dejen comentarios para saber q piensan del fic, sugerencias, etc.
XOXO
Venice
