4. Volviendo a Empezar

Habían pasado días sin tener suerte, seis días, para ser exactos, desde que decidió rehacer su vida en Konoha, y nada. Diario, desde entonces, Aiko ha caminado por las estrechas calles de la aldea, esperando casualmente encontrar una oportunidad de empleo, y un departamento para rentar. Inevitablemente, comenzaba a preocuparse, pues ella no había planeado estar donde Hotaru-Sama por tanto tiempo. La anciana despistada ya comenzaba a fastidiarse ante la larga e improvisada estadía de la joven pelinegra, que siempre regresaba por las tardes sin éxito. Al regresar al Hospedaje, Aiko ha tenido que enfrentar la pesada mirada de desapruebo que le da la anciana, justo después de interrumpir sus cavilaciones cuando llega.

La verdad es que Hotaru percibía a Aiko como una "extranjera" rara y libertina, ya que era una chica joven, sola, sin obligaciones, sin hogar, y sin éxito en encontrar una ocupación, y ella aprovechaba cualquier oportunidad para dejárselo saber. Para Aiko, Hotaru era una anciana extraña, cuasi-demente, claramente anticuada, senil, severa y gruñona. Sin embargo, esto no era el peor de sus problemas, ya que su reserva de efectivo se agotaba. Ya no le quedaba mucho dinero para comer los tres tiempos en locales de comida, mientras que acumulaba mas y mas días en su cuenta de hospedaje donde Hotaru-Sama. Estaba en problemas, eso era claro.

Ya era más del medio día, del séptimo día de búsqueda. El implacable calor, el hambre, y el fracaso desafiaban la voluntad de Aiko de seguir con su propósito. Sin embargo, no podía comer aun, no tenía suficiente dinero para almorzar y cenar, así que tenía que esperar hasta más tarde, para así ahorrarse la cena. Sin duda estaba atrapada en una situación de austeridad asfixiante. El gruñir de su estomago le interrumpía constantemente su determinación. Estaba por darse por vencida, cuando llegó a una calle que le parecía muy familiar. Detuvo su paso, y con ligera confusión y sentimiento de Deja Vu, observó sus alrededores. No sabia donde estaba, pero si sabia que había estado ahí antes, no hace mucho. Una sensación extraña de nostalgia la invadió, recordó donde estaba.

"Aquí lo vi por primera vez", pensó con ligera tristeza, al recordar que estaba en la calle enfrente del callejón donde vio al Shinobi peli plata por primera vez, en el día que el la escudo de unos rufianes alcoholizados. "No lo he vuelto ver desde aquel día...Aquel día en el bosque", recordó con una sutil decepción, ya que, aunque había decidido olvidarse de lo que ella consideraba una "ilusión", siempre, muy dentro de ella, deseaba volvérselo a encontrar. Ella deseaba secretamente verlo, poder examinarlo una vez más, aunque sea encontrárselo brevemente por las calles, aunque fuera de lejos. Sin embargo, su mala suerte no se lo había permitido. Otro gruñir de su estomago la volvió a sacar de sus meditaciones, esta vez su misma hambre la salvó de la nostalgia. Volvió a observar los alrededores, no se miraba peligroso de día, pero aun, optó por caminar hacia el sentido contrario, quería alejarse de ese lugar lo mas pronto posible, cuando sus ojos de posaron en un letrero que para ella significaría su salvación.

Enfrente de ella había un pequeño local, parecía ser una pequeña tienda de conveniencia con un pequeño letrero colgado en la ventana que decía "Se Necesita Ayuda". La joven no pudo contener su emoción y su creciente esperanza, así que apuró el paso. Se detuvo ante la puerta y exhaló pesadamente, parecía ser su única esperanza para poder establecerse en Konoha, su última esperanza para poder encontrar su propio camino, hacia una vida estable, una vida tranquila, una vida sin miedo.

Abrió tímidamente la puerta, haciendo sonar una campana, pero no vio a nadie adentro. No había nadie en el mostrador, al parecer la tienda estaba vacía, y aprovechó en observar el lugar. Era una tienda sencilla, no había nada más de lo necesario. Había cuatro pequeños y estrechos pasillos, uno con productos de higiene personal y farmacéuticos, otro con comestibles empacados y enlatados, el tercero era de velas aromáticas, incienso, entre productos de limpieza, y el último era un pasillo con hermosos juguetes tradicionales. Había algo sobre ese lugar que le daba un toque acogedor y cómodo, y como no entraba tanta luz, también tenía un toque misterioso y místico. Había un silencio reconfortante, mientras que la deliciosa fragancia de las velas y el incienso inundaban el lugar. Definitivamente este era un buen lugar para trabajar, no estaba tan apartado del centro de la aldea, pero si lo suficiente para que no este repleto de gente.

—Buenas ¿Hay alguien aquí?— preguntó la pelinegra suavemente.

— ¿Eh? Si, un momento, — respondió una voz que sonaba lejos, parecía venir del fondo de la tienda. De repente miró a un anciano al pie de unas escaleras que se encontraban en la parte mas profunda de la tienda — ¿Que se te ofrece?— preguntó caminando hacia ella. El señor parecía tener no más de setenta años, con un tono sinceramente gentil, y con una sonrisa cálida.

—Vi que necesitaba ayuda... Y yo necesito trabajo— le contestó la joven con una sonrisa juguetona pero respetuosa. Algo le decía que podía confiar en el anciano. Él se miraba totalmente lo opuesto a Hotaru-Sama. Parecía ser amigable, trabajador, y lo mas importante, no senil.

— ¡Ah Muy Bien! Eres la primera en solicitar este empleo. Solo te haré unas preguntas. Primero ¿Como te llamas? Yo me llamo Nagita Hiroshi. Llámame simplemente Hiroshi, nada de formalidades, esas cosas no me gustan. — le dijo mientras se acomodó detrás del mostrador. Para ella ahora si era claro, no era nada como Hotaru, y a ella tampoco le gustaban las formalidades, supo que si le daba el trabajo, ellos se llevarían muy bien.

—Me llamo Aiko.— contestó con comodidad, aunque aun un poco reservada.

— ¿Simplemente Aiko?— preguntó Hiroshi con diversión. Ella solo asintió, pues no se sentía cómoda dando su información, aunque fuera para trabajo —Bueno, esta bien. ¿Has trabajado antes en un lugar así?— continuó mientras sonreía divertido.

—No. Sería mi primer trabajo, aunque me dedicaría completamente a el. Daría mi mejor empeño— contestó con convicción, mirándolo directamente a los ojos. El detalle no pasó desapercibido para el anciano, admirando su sincera determinación. Él logró percibir un brillo en sus ojos, un brillo, que le recordó a un ser muy querido. Tristeza se apodero brevemente del anciano, pero aun siguió con su pequeña entrevista, ignorando el hecho.

—Muy Bien ¿Eres nueva por aquí verdad?— le preguntó, aunque parecía preguntar mas por curiosidad que por el trabajo.

—Si, así es. Llegué a esta aldea hace unos días, y he decidido quedarme a vivir. Me parece un hermoso lugar para establecerse, aun con los rumores de peligro. No hay lugar como Konoha— le contestó con sinceridad.

— ¿Ya has encontrado donde quedarte?

La joven se extrañó por la pregunta, pero el parecía ser sinceramente noble y amigable. Sentía que no tenia porque desconfiar de él, de seguro era preocupaciones por el empleo, así que contesto sin reservas.

—No, la verdad no. Estoy durmiendo en una casa de huéspedes. He buscado un lugar donde rentar, pero desafortunadamente no he encontrado. — Contestó mientras bajó la mirada, derrotada, aunque con esperanza continuó, —Pero no se preocupe por eso, Hiroshi, eso no afectaría, porque encontraría donde rentar, de eso no hay problema.— Al escuchar su convicción, Hiroshi solo se rió a lo bajo, "Definitivamente, se parecen tanto", pensó el anciano con tristeza.

—Bueno, eso es todo. Gracias por tus respuestas. — le dijo Hiroshi mientras salía del mostrador, hacia enfrente de esta, donde se encontraba la extrañada pelinegra.

— ¿Eso es todo?— preguntó Aiko con decepción, bajando la mirada una vez mas, pues pensó que sus respuestas no habían sido suficientemente buenas para conseguir el trabajo. "Estoy perdida" pensó.

—Si, así es. Tienes el trabajo. Comenzarás...Veamos hoy es jueves...Comenzaras el Lunes. Tu función será abrir el local, ordenar los productos, atender el mostrador, y cerrar el local. Haremos inventario dos veces por mes, al inicio y al final. Estaré contigo para apoyarte pero tú harás la mayoría de las cosas sola. Tendrás una hora de almuerzo, en la que puedes salir si quieres, yo te cubriré en ese lapso. ¿Alguna pregunta?

La joven pelinegra no pudo contener la emoción. Se sentía tan feliz por tener un poco de suerte, por primera vez en mucho tiempo. Algo al fin le había salido bien. Ahora consiguió su primer trabajo, puede ser que no sea mucho, pero es un comienzo —Muchas Gracias Hiroshi. Realmente lo agradezco. Le prometo que no le fallaré.

—No te preocupes. Te lo mereces. Ven tengo algo mas que enseñarte. — le dijo mientras le llevaba el fondo de la tienda donde estaban las escaleras. Subieron, y lo que había en el segundo piso era un pequeño pero cómodo apartamento abandonado. Tenía una cocina en la esquina izquierda, y un espacio de recibidor en medio. En la derecha había otra habitación, que era el cuarto para dormir, con su baño propio en otro cuartito aparte. Las paredes eran de color rosado salmón, y todo decorado muy delicadamente, con toque femenino. Aiko la miraba anonadada. Era todo lo que ella hubiera deseado, y más.

— ¿Te gusta?— le preguntó con una sonrisa cálida. Ella solo asintió sin quitarle los ojos al lugar. —Era de mi hija. Ella vivía aquí y cuidaba del negocio sola. Ella insistía demasiado en vivir su propia vida, en seguir su camino. Sabes, tú te pareces mucha a ella. — continuó con un deje de melancolía en su voz.

— ¿Y donde esta ella?— preguntó Aiko, ya teniendo idea de cual iba a ser la respuesta.

—Murió hace unos meses. Dejó este negocio y este lugar atrás, en abandono. Creo que ya es hora de que alguien mas se haga cargo. Por eso decidí reabrirlo.

— ¿Quiere decir...?— preguntó la joven con incredulidad.

—Quiero decir que te puedes quedar aquí si quieres. Es obvio que este lugar es para una chica. No te preocupes por la renta, te lo descontaré del salario, pero como me haces el favor de cuidarlo igual, no te cobraré mucho. Más bien tú me ayudas a mí el hacerte cargo.

La joven no creía lo que estaba pasando. Todo parecía muy bueno para ser real. Nunca había conocido una persona así, desinteresada y noble. El perder a un ser amado te hace cambiar, por lo menos eso es lo que ella creía.

—Aprovecha estos días para mudarte y arreglar todo. Puedes comenzar mañana mismo. Hasta entonces... Ahora regresaré al frente. — dijo el anciano tomando rumbo de nuevo al mostrador, dejándola sola en su nueva apartamento.

Ella agradeció el hecho, pues se quedo tratando de procesar todo lo que había pasado. En un minuto estaba desempleada, perdida en su camino de la vida, sin dinero, y sin futuro, y en el otro ya estaba con trabajo y apartamento. Suspiró pesadamente en alivio, y tomó rumbo hacia la salida. Con una reverencia, agradeció a su nuevo jefe, y agarrando la manija de la puerta, Hiroshi se digirió a ella:

—Ya te dije, nada de formalidades.

Ella solo asintió, le sonrió, y salió, rumbo al local de ramen. Ya que había conseguido trabajo, no era tan serio si iba a comprarse algo de comer. Con la emoción de todo, se le había olvidado el hambre, pero su estomago impaciente se hizo cargo de recordárselo.

En el local de ramen todo había pasaba como de usual. Saludaba al cocinero como lo hacia diario, comía su taza de sopa sumida en sus pensamientos, aunque algo estaba diferente, algo no se sentía igual. Sentía como por primera vez en su vida, todo estaba volviendo en su lugar. Finalmente su vida no se sentía como un rompecabezas con piezas que no cabían. Todo se estaba aclarando para ella, sintiéndose extrañamente alegre, y complacida consigo misma. Ella portaba una sonrisa, que no portaba desde hace tanto tiempo, sonrisa, que le iluminaba el rostro por completo, enfatizando sus agraciadas facciones.

Al terminar su comida, decidió no ir al hospedaje todavía. No quería que las miradas pesadas de Hotaru-Sama le agriaran el humor, y aunque esta vez regresaría exitosa, simplemente no quería verla aun. Decidió buscar sombra en el bosque. Decidió regresar al mismo lugar donde pudo aclarar su mente por primera vez. Esta vez, quería celebrar su nueva vida en construcción con la naturaleza, con la paz absoluta, y tal vez, quien sabe, se encuentre algo inesperado. "¡Pero que estoy pensando! ¿Para que verlo de nuevo?" pensó contradiciendo sus profundos deseos. Pero aun, eso no la detuvo ir rumbo hacia el bosque. Estaba tan sumida en sus pensamientos, es su debate de ir o no ir al famoso bosque de Konohagakure que no miró su camino, que no notó que algo bloqueaba su camino, hasta que sintió un fuerte golpe en el rostro, que la hizo caer el piso.

—Oye… ¡¿Estas Bien?! Perdón, enserio que perdón, ehhh ehh no miraba mi camino y no te vi. — le dijo un joven, con la mano atrás de su cabeza, ojos cerrados, riéndose apenado, aunque ella no le prestaba tanta atención, solo se cubría el rostro por el dolor, mientras seguía sentada en el suelo. Sentía que la cara y nariz le quemaban del impacto.

Cuando alzó la vista, miró a un joven de cabellos café oscuro, y una cicatriz larga horizontal que tenia de mejilla a mejilla. Su expresión era bien tierna, y se miraba realmente apenado y preocupado. Le ofreció su mano para ayudarla a ponerse de pie. Ella la tomó, mirándolo directamente a los ojos. Él, al verle el rostro, no pudo evitar sonrojarse, y menos quitarle los ojos de encima. Observaba sus ojos negros, cabellos negros rizados, piel bronceada, labios carnosos y rosados, simplemente le encantó la joven.

Ella notó que llevaba un uniforme igual que el del peli plata, así que asumió que era un Shinobi. El no pudo decir nada, estaba demasiado embelesado con ella. Esto no pasó desapercibido por la joven, quien solo sonrió divertida por la actitud no tan agraciada de él. Al notar que estaba riéndose, él salió de su encanto y al fin pudo balbucear una oración.

— ¿Estas bien?— preguntó ahora con un tono tímido. Ella asintió. —Discúlpame no miraba mi camino y no te vi— le repitió.

—Si, ya me lo habías dicho. — le contestó con diversión. El solo se sonrojó más. —No te preocupes. No hay problema, Seguiré mi camino. Estoy bien. Enserio. — le dijo para calmar sus nervios, aunque no podía evitar reírse.

—Ehhhh Me llamo Iruka, ehhmm ¿Como te llamas?— aun balbuceando.

—Aiko. Mucho Gusto. — le dijo con sonrisa amplia.

—Mucho Gusto. Espero verte mas seguido por aquí. — le dijo mientras las mejillas se volvían cada vez más y más rojas.

—Espero que si Iruka, aunque algo me dice que si nos veremos seguido— le dijo juguetona, mientras dio la vuelta tomando rumbo hacia el bosque. Había algo de este Shinobi que le divertía mucho, era como un niño grande. Mientras tanto, él la seguía mirando, hasta que ella desapareció entre la multitud. "Seguro que nos volveremos a ver", pensó él mientras tomaba su propio rumbo.

Mientras tanto, en el bosque, un peli plata trataba de leer un pequeño librito naranja, aunque no ha podido pasar de la misma pagina en todo el día, había tenido la peor semana. Su concentración, su enfoque, hasta sus sueños se miraban afectados, y sabia porque.

— ¿Por que tan distraído? ¿Pasa algo?— El peli plata bajó el libro para encontrarse con una mirada de ligero fastidio en el rostro del perro rastreador color marrón oscuro..

— ¿Porque debería de estarlo Pakkun?— le contestó el Shinobi peli plata con su característica voz impasible e indiferente.

—Te conozco Kakashi, no te hagas. Es esa chica de la que me hablaste verdad. La pelinegra del bosque. — le dijo, encarándolo.

— ¿De que hablas?— contestó inmutable. La expresión del perro se volvía cada vez mas fastidiada.

—Kakashi, desde que me hablaste de ella, desde que la mencionaste, has actuado extrañamente. No te concentras, siempre estas distraído. Hasta te has olvidado de alimentarnos. ¡Eso nunca había pasado antes! ¿Desde cuando somos amigos eh?— Kakashi solo guardaba silencio. Intercambiaron miradas por largo tiempo. Mirada fría y calmada, con mirada irritada e impaciente.

Kakashi suspiró. —Está bien. Puede ser que sea eso. — respondió derrotado.

— ¡Ajá! ¡Sabia! A mi no me engañas— le dijo en son triunfal.

—No te pases— le contestó el Shinobi.

—Perdón— respondió Pakkun antes de seguirle interrogando. — ¿Oye y no la has vuelto a ver? ¿No le has hablado?

Kakashi suspiro de nuevo, —No.

— ¿Y Por que?- pregunto persistentemente. El peli plata solo guardó silencio.

— ¡Vamos Kakashi! Desde "ella", no has vuelto a mirar a otra chica. No crees que ya sea tiempo de que lo olvides. No crees que sea tiempo de ir volviendo a empezar. — le insistió Pakkun, refiriéndose a alguien que pertenece al pasado del Shinobi.

—No hablemos de eso Pakkun. — le respondió evadiendo el tema.

—Esta bien, pero no me digas que no le has echado el ojo a la pelinegra. — le insistió juguetón.

Kakashi guardó silencio una vez más.

—Ni siquiera sabes su nombre. ¡Vamos Kakashi!

—Está bien, está bien, pero si la veo, si le hablo. ¿Que hago? ¿Que le digo?— preguntó el peli plata inocentemente.

— ¡Ah! El Gran Sharingan Kakashi, Ninja Copia, tiene miedo. ¿Es eso?— lo enfrentó una vez más Pakkun.

—No es eso. Es que...— respondió inseguro Kakashi, mientras que se rascaba la cabeza.

— ¿Y si te digo que esta cerca? ¿Y si te digo que se donde esta? ¿Que harías?— preguntó Pakkun tentadoramente. Kakashi solo guardó silencio.


PS:

Bueno aqui va otra actualizacion. Dejen sus comentarios, opiniones, sugerencias etc. Espero les guste! ^^ Hasta Pronto!

XOXO

Venice