5. Atracción
"Si Quieres Conocer un Pedazo de Cielo, Solo Quédate. Llegarás. ¿Qué Quieres? ¿Te Atreves? ¿Que Te Dice tu Corazón Ahora?"*
Aiko había adentrado profundamente el famoso bosque de Konoha. Se sentía lo suficientemente confiada para atreverse a aventurarlo a fondo, entre los frondosos arboles y los débiles rayos del sol que tímidamente se escabullían entre las gruesas ramas, levemente iluminando los alrededores. Se podía calcular que eran alrededor de las cinco de la tarde, ya que el calor había disminuido, y el sol poco a poco se escondía, preparándose para dar paso al reinado nocturno de la luna. La joven pelinegra se sentía renacer entre la soledad y la naturaleza. Sentía como la pesada carga que traía confinado en su corazón se aliviaba gradualmente con las gentiles caricias del viento. Detuvo su paso, sus ojos se posaron en uno de los escenarios mas maravillosos que le naturaleza la podía brindar.
Había encontrado un arroyuelo que corría a través del extenso bosque, los delicados rayos del sol creaban un resplandor mágico al alumbrar el agua que corría pacíficamente. Era el lugar perfecto para relajarse después de una muy estresante semana, en la cual su pasado oscuro y su futuro incierto, se habían aliado para atormentar su ya muy adolorida alma. Se arrodilló a la par del arroyuelo, mientras que con las dos manos recogía agua para refrescarse un poco el rostro. Las brillantes gotas de agua se deslizaban lentamente a través del cuello perdiéndose entre la profundidad de su escote. Mantenía los ojos cerrados, disfrutando de las caricias del agua, mientras su salvaje cabello negro danzaba con el viento.
Una mirada bicolor admiraba la escena, hechizado por la sensual naturalidad, y vulnerabilidad que demostraba la joven cuando creía estar sola. Nunca antes se había sentido de esa manera. Nunca antes había estado tan atraído ante una desconocida, y mucho menos ante una aldeana, ya que solo se juntaba y se relacionaba con ninjas, con guerreros agiles y astutos, como él mismo. Ninguna chica había invadido sus sueños como lo hacia la pelinegra extranjera. La desconocida que inesperadamente, lo había hipnotizado con la contradicción entre la profundidad de su mirada negra como la noche, y su fachada de frialdad e indiferencia. Había más de lo que veía, eso era seguro.
El era Kakashi Hatake, Ninja Copia, lobo solitario, alma libre. Estaba a sus treinta años, y claro, había tenido breves "encuentros" sin importancia en su vida, aunque sin interrumpir su cómoda soledad, sin sentir la necesidad ni el deseo de sentar cabeza, ni mucho menos atarse a la responsabilidad de una relación, manteniéndose reacio en acercarse a cualquier persona. Su vida era su camino ninja. Su destino era ser un Jounin elite, un prodigio, un genio. No había nada más que le llamara la atención aparte de su librito naranja, y sus obligaciones en la aldea, hasta ahora.
El pensó que alejándose de ella y desapareciendo de la escena cuando se encontraron la última vez en el bosque, iba a olvidar su magnetismo hacia la pelinegra. Sin embargo, sucedió totalmente lo contrario. Se consideraba un imbécil y un cobarde. Simplemente desapareció, sin decirle nada, y mucho menos pedirle su nombre. Sin embargo, se mantuvo cerca, no queriendo dejarla sola para que no corriera ningún peligro, sintiendo una inexplicable necesidad de protegerla, de cuidarla. Al hacerlo, lo único que encontró fue una chica que para él simbolizaba un misterio. Pero esto no había comenzado ahí. No, esto había comenzado mucho antes de eso. Comenzó en el momento que su mirada se posó en ella, en el momento que el la divisó por primera vez entre la multitud, en ese día caluroso de verano, hace exactamente una semana. Desde ese instante, una batalla entre la razón y el deseo se desató en su interior. Su lógica le decía que ignorara sus deseos de saber mas, de ver mas, y lo había logrado exitosamente, hasta que su compañero rastrero y amigo de antaño, Pakkun, lo tentara.
Cuando escuchó su pregunta, Kakashi había guardado silencio, pues no sabía que era lo que quería hacer, lo que debía hacer. "¿Y si ella estuviera cerca?" se repetía en su mente, una y otra vez. Una sola pregunta lo sacó de sus cavilaciones, una sola pregunta bastó para que él claudicara en su afán de olvidarse de la pelinegra.
—¿Te llevo hacia ella?— le propuso Pakkun, ya que había captado el olor de la extranjera, ya había notado que estaba no muy lejos, que estaba en el mismo bosque. Kakashi no quiso negarse, solo asintió.
Gracias a eso estaba ahí, gracias a eso la había encontrado. Ahora solo tenia que dar la cara. Tenia que dar el primer paso, tenía que decir algo. No estaba acostumbrado a sentir inseguridades ni a dudar de si mismo. Siempre había sido muy confiado y seguro de sus propias habilidades y talentos, pero esto era muy diferente a la vida ninja. Esto era de un poco más complicado para él, algo nuevo.
Aiko se encontraba sentada en el suelo, apoyándose de sus manos, piernas estiradas, disfrutando del suave viento y la creciente sombra, sin temor, sin inseguridad. Se encontraba perdida en sus meditaciones. Perdida, enfocándose en las imágenes que se proyectaban en su mente. Fantaseaba sobre su nueva vida, sobre su nuevo camino por seguir. Una imagen de otro tipo se infiltró. La imagen del enmascarado peli plata se proyectó en su mente. Decepción y nostalgia invadió su ser.
Antes de haber encontrado en arroyuelo, ella había pasado por el monumento donde una vez se había reencontrado con el Shinobi, esperando verlo una vez más. Ella lo había buscado en contra de su propia lógica, contradiciendo su decisión de olvidarse de esa "tontería". Sin embargo, no pudo luchar contra la tentación de verlo, aunque sea de lejos, aunque sea en un momento efímero. Ella trataba de mantener su decisión de olvidarse de él. Quería dejar de pensar en el enmascarado, quería dejar de desear encontrarselo. Un suspiro pesado se escapó de entre sus labios, en derrota, cuando escucho una voz familiar, una voz sedosa y varonil:
—Sabes. Creí haberte dicho que no deberías de andar sola por ahí.
Al escuchar esto, su corazón comenzó a latir a mil por hora. "Esa voz... ¡Es él! ¡Tiene que ser él!" pensó, mientras respiraba con dificultad, tragando en seco. Se volteaba lentamente con el temor de estar en lo correcto. Si realmente era él, estaba perdida. No sabría que hacer. Su cara la delataría, su reacción la traicionaría, revelando sus verdaderos sentimientos. Trató de mantenerse serena. Al voltearse completamente, lo vió. Ahí estaba, de brazos cruzados, apoyado de espalda a un árbol más cercano a ella, rostro cubierto. Su ojo visible demostraba una mirada calma, aunque su interior no lo estaba tampoco.
Por primera vez, intercambiaron miradas fijas. Los segundos se sentían una eternidad. El Shinobi intentaba descifrar la expresión de la joven. ¿Estaría ella feliz, emocionada, o irritada por su presencia? No lo sabia, y eso lo incomodaba. Ella lograba mantener una expresión relajada, aunque su interior estuviera todo lo contrario. Decidió hablar. No perdería esta oportunidad. Si el destino quería jugar con ella, ella jugaría con el destino.
—Si. Así me pareció, aunque no soy muy buena con sermones.— contestó juguetona. No lo podía creer. ¿Era ella la que dijo eso? Desconocía ese lado de si misma.
El Shinobi exhaló aliviado. Hecho que pasó desapercibido por la joven. Ella estaba muy distraída observándolo, esperando ansiosa por su respuesta. Él tomó camino hacia ella, despacio, seguro, con las manos escondidas en los bolsillos de su pantalón negro, mirándola fijamente a los ojos. Ella bajó su vista. No pudo evitar sentirse un tanto intimidada. Sentía que si le sostenía la mirada, esta pudiera delatar sus pensamientos, su atracción, su ansiedad, sus nervios, y hasta su alegría por estar ahí, con él, solos.
Detuvo su paso justo a la par de ella, mirada perdida hacia el frente. Ella, levantó la vista una vez más, para contemplar mejor su rostro enmascarado. Lo observaba levemente confundida, tratándose de imaginar lo que pasaba por su mente. El silencio se sentía eterno. Sin embargo, no era incomodo. Ella se sentía inexplicablemente segura y protegida a su lado, sin intercambiar palabras, solo compartiendo compañía. Dirigió su mirada donde parecía estar mirando el Shinobi, sin entender, hasta que él rompió el silencio:
—Esta oscureciendo.— dijo con suavidad.
—Se ve más hermoso así. ¿No te parece?— contestó, refiriéndose al resplandor que emanaba el agua, mientras reflejaba el cielo carmesí del atardecer.
—Puede tornarse peligroso.— dijo —Estar Sola. Conmigo— continuó, con deje de reto.
—No tengo miedo. ¿Debería?— el peli plata solo se rió brevemente por debajo, y negó con la cabeza. Ella le sonrió ampliamente, hechizada por su risa varonil y sedosa. Él solo la observaba. Intercambiaron miradas, ella quería que este momento nunca se acabara. Le hizo de señas para que se sentara, y el obedeció, secretamente aliviado. Se posicionó, con las rodillas retraídas contra el pecho, sus manos reposando relajadamente en ellas.
—¿Como te llamas?— se atrevió a preguntar.
—Aiko. ¿Tu eres Kakashi verdad?— Él asintió. —Sabes. No había tenido la oportunidad de agradecerte por ayudarme el otro día.
—Ehhh descuida por eso. Digamos que fue un trabajo MUY fácil.— dijo con tono burlesco.
—Si. No lo dudo.— dijo riéndose, —¿Y el hecho que ellos estaban borrachos no tuvo nada que ver?— continuó riéndose.
—No. Realmente no.— dijo brevemente. Aiko solo seguía riendo sonoramente. Kakashi solo escuchaba, disfrutando el momento. Hacía mucho tiempo no se sentía así, cómodo, dispuesto a ser el mismo libremente, sin tanta cautela. Por primera vez, habían logrado poner las inseguridades, los nervios, y las ansias a un lado.
—¿Vienes aquí muy seguido?— preguntó Kakashi.
—Acaba de encontrar este lugar. Pero si, me aventuro en el bosque cada vez que puedo. Hay algo especial en este lugar. Definitivamente, vendré muy seguido aquí.— le dijo con tono sincero.
—Es bueno saberlo.— respondió el peli plata con tono sugestivo. Él supo que esa pequeña información le ayudaría mucho para un futuro. La pelinegra captó lo que quiso decir Kakashi, y le buscó la mirada. ¿Es interés lo que denotaba el? No podía creerlo. Cuando encontró su mirada, notó que era diferente a la de antes. Era igual de relajada, pero había una profundidad nunca antes vista. No estaba siendo distante, ni indiferente. Había una hiptonizante honestidad en su mirada. El ambiente se sentía intenso, abrumador.
Aiko no podía evitar preguntarse que había debajo de esa mascara, como serian sus labios, su nariz. Kakashi notó como Aiko miraba sus labios, repintados debajo de la tela de su mascara. Tentación invadió su ser. La situación se les estaba saliendo de las manos. Esto no podía ir así. Todavía no. No ahora. Kakashi interrumpió el silencio una vez más:
—Ya es tarde. Ha anochecido.— dijo el Shinobi, interrumpiendo el momento en contra de su propia voluntad, pero tenía que controlar sus impulsos. Aiko solo asintió, aliviada. No entendía lo que acababa de pasar, solo sabia que a duras penas había sido distraída de una tentación que la confundía. Había algo del peli plata que la atraía, le nublaba la razón. Cuando estaba con él, se desconocía. Era claro que estando con él, debía tener cuidado.
—Si. Es hora de irme.— dijo mientras se levantaba del suelo. Él la imitó.
—¿Sabes como llegar?— le preguntó Kakashi, mientras recobró el tono controlado y distante.
—Si. No te preocupes. Se llegar sola.— Él asintió.
—Hasta Pronto.— le dijo antes de desaparecer entre una nube de humo. Aiko suspiro pesadamente, y retomó rumbo hacia Hotaru-Sama. Lo que ella no sabia es que, como usual, él no se había ido muy lejos. Seguía lo suficientemente cerca de ella como para procurar que llegara bien donde su casa de Huéspedes.
Al llegar al hospedaje, Hotaru-Sama la miró como de usual; con una mirada desaprobadora y pesada. Era claro que para ella, Aiko ya portaba la letra Escarlata. La joven se rió a sus adentros. Ella iba a disfrutar esto:
—¿Hotaru-Sama?— preguntó mientras la anciana la miraba con los ojos entrecerrados.
—¿Que quieres niña?— preguntó con fastidio.
—Esta será la última noche que dormiré aquí. Así que por favor téngame lista la cuenta de todas las noches que he pasado aquí por la mañana, cuando me de retire. ¿Esta claro?— le dijo portando una sonrisa triunfante en sus labios. La anciana solo la miraba asombrada y ofendida a la vez. No creía la osadía de la joven en hablarle así, aunque solo resopló en disgusto. Aiko caminó triunfante hacia su recamara. Al llegar, lo primero que hizo fue tirarse al lecho en cansancio, exhalando pesadamente. Hoy había sido un día demasiado largo y abrumador para ella. Era el primer "Buen Día" que ha tenido en demasiado tiempo. Tenia tanto en que meditar. Mañana tendría que comenzar su mudanza, y el lunes su trabajo. Sin duda hoy no conciliaría sueño, pero no le importaba, porque soñaría despierta toda la noche con el peli plata Kakashi.
*Un Fragmento de "All She Wants Is" por Duran Duran
PS:
Quiero agradecer a todos mis lectores de antemano. Comenten sus ideas, opiniones sugerencias etc! xP Hasta Pronto!
XOXO
Venice
