6. Descubrimientos
"Ven, enséñame toda la luz y sombra que ha hecho tu nombre. Sé que lo tienes en tu mente, he visto esa mirada antes. Has creado tu refugio que te ha hecho prisionera igual, porque estas sola en tu pesadilla. Déjame entrar…"*
Era sábado en la mañana. Por la ventana de la habitación, entraban los primeros rayos del sol dándole la bienvenida a un nuevo día a la joven pelinegra. Al despertar, bostezó profundamente estirando los brazos. Se bajó de su cama y salió hacia el balcón, que se encontraba a lado izquierda del cuarto, para respirar el aire fresco, y sentir los gentiles besos de la aurora en su rostro. Contemplaba la belleza del alba, mientras admiraba la paz y tranquilidad que envolvía la aldea, igual a como lo hacia todos los días desde que se despertaba en su nuevo hogar. Cerró los ojos mientras la brisa matinal refrescaba su corazón inquieto. Había algo especial en este día. "Hoy lo veré, estoy segura", pensó con impaciencia, pues ya había pasado una semana desde que vio al Shinobi peli plata por ultima vez. No había tenido la oportunidad de regresar al bosque y eso la torturaba.
Desde la última vez que lo vio, no dejaba de desear encontrárselo, de escuchar su voz varonil pero suave, de ver esa mirada tranquila pero profunda. Ella presentía que él estaba interesado también, tenia que estarlo, eso significaba su encuentro. ¿No? Ella revisitaba sus recuerdos de ese encuentro para descifrar sus intenciones, cada palabra, cada mirada. Ella tenía que regresar al mismo lugar, ahí encontraría respuestas, ahí se daría cuenta si su encuentro fue más que una mera casualidad, y había decidido que ese sábado era el día para hacerlo. Tenia que ir si o si. Sin embargo, por ahora, tenia que responder a sus obligaciones y ya se le hacia tarde, suspiró en derrota y fue a alistarse.
Cuando salió al recibidor no pudo evitar sonreír satisfecha con lo que veía. Durante ese fin de semana, se había dedicado a convertir ese espacio, en el suyo propio. Con lo último que le quedaba de dinero, decoró su apartamento con narcisos y rosas, cuya fragancia dulce y seductora impregnaban el lugar. También, decoró el lugar con cuadros de paisajes coloridos y hermosos que encontró por casualidad en un pequeño mercado de pulgas, dándole un toque romántico al espacio. Esto, combinado con el color rosa salmón de las paredes daban un toque femenino, pero imponente. Eso era ella, ese era su esencia.
Sin embargo, había algo que no se había atrevido a tocar. Había un retrato colgado en la pared, en el lado izquierdo, junto al marco de la puerta principal. En el retrato, estaba Hiroshi-San, y una joven pelinegra muy parecida a ella, sonrientes. Cuando la vio por primera vez, había supuesto que era su hija, dándole una profunda sensación de tristeza. Esa era su familia que había perdido ante la muerte, igual que ella había perdido a la suya. Hiroshi igual de solo y dolido como Aiko, aunque lo tratara de disimular con sonrisas cálidas y gestos nobles.
Ellos eran muy parecidos, por eso se habían llevado bien al instante. Tenían la misma mirada, una mirada profunda que proyecta nostalgia, vacio, melancolía. Ella sabia que él la comprendía. Sabía lo que es estar solo en el mundo, sin rumbo, sin propósito, y ella sabía que esa era una razón más por la que le había ofrecido el trabajo. Los que comparten el mismo sufrimiento se entienden sin palabras; miradas eras suficientes para entender la carga que uno lleva al perder a sus seres amados, por lo menos eso es lo que ella creía. Así que, por agradecimiento a Hiroshi-San, y por respeto al recuerdo de su hija, había decidido dejar ese retrato intacto.
Nostalgia invadia su ser al posar sus ojos una vez más en el retrato en esta mañana. No pudo evitar sonreír burlescamente. "¡Que debilucha soy! No puedo ponerme así cada vez que veo la fotografía. Tendré que sobreponerme si quiero seguir con mi vida. Esa es mi promesa a mi misma" se decidió. Levemente sacudió su cabeza para deshacerse de esos sentimientos, y prometió enfocarse en su trabajo. Bajó las escaleras, y se dispuso a abrir y limpiar el local antes que viniera su jefe, así inaugurando su rutina habitual.
El día estaba pasando como de usual. Ya era medio día, y la mayoría del trabajo estaba hecho, así que Aiko tenia, por dicha, mucho tiempo libre para soñar despierta, cosa que le encantaba hacer pues, para ella, la imaginación no tiene limites, y es el único lugar donde ella era completamente libre. Ella era una persona muy enfocada y dedicada, aunque inevitablemente era una soñadora y una optimista. Había cierto aire de ingenuidad en ella que no se iba, ni siquiera con todo el dolor y el sufrimiento que ha estado presente en su corta vida. Le encantaba perderse entre sus esperanzas del futuro, entre sus nuevas metas, y mas que nada perderse entre imágenes del ahora dueño de sus sueños, Kakashi Hatake. Su delirio era pensar en su mirada negra y profunda, en imaginar como se verían su nariz y su boca, como se vería su ojo escondido. Se preguntaba que tan suaves eran sus labios. "Sus labios", pensó con énfasis, liberando un largo suspiro, mientras sostenía su quijada con su mano, apoyándose en el mostrador, donde se encontraba.
―Has estado muy distraída esta semana― le dijo Hiroshi conteniendo una risa ―Algo me dice que un chico es el culpable― añadió con perspicacia manteniendo su risa juguetona. Aiko solo se sonrojó levemente. No sabía que era tan obvia, aunque no le molestaba que Hiroshi le dijera esas cosas estaban solos y nadie se enteraría de la conversación.
―Puede ser― le confesó, pues él rápidamente se ganaba su confianza. Se estaba convirtiendo en una figura de sabiduría, gentileza, y nobleza para ella. Ella lo respetaba mucho, así que eso no la incomodó, aunque si la apenó un poco.
―Vamos, no te apenes. Yo se mucho de esas cosas. Aunque no lo creas, tuve muchas novias en mi juventud. Mis años son experiencia. Además, puedo darte buenos consejos― le dijo liberando la risa que se trataba de contener, mientras le daba un guiño. Aiko no pudo evitar rodar sus ojos divertida. ― ¿Él te corresponde? ― se atrevió a preguntar.
―No lo sé― le dijo bajando la mirada, liberando un suspiro en incertidumbre, pues temía estarse ilusionando en vano.
―Ya veo― le respondió con cautela, al notar la reacción de la joven. Él sabía muy bien lo complicado que eran esas cosas, peor no sabiendo claramente los sentimientos de la otra persona. ―Si se trata de ese muchacho que ha venido todos los días desde que reabrimos este local, no te preocupes, si le gustas. ―le dijo con intención de animarla.
― ¿Quién? ¿Iruka? Solo somos amigos. Es el único amigo que he hecho en Konoha desde mi llegada. ― le dijo omitiendo lo de encontrarse con Kakashi, pues a ella le gustaba que eso fuera un secreto, por lo menos por ahora.
―Si claro― dijo para nada convencido ―No creas que puedes engañar a este viejo zorro.
―Enserio, solo somos amigos. ― le contestó riéndose por la sospecha de Hiroshi. La verdad era que, desde ese lunes que reabrieron la tienda, Iruka y ella se estaba viendo diario, y cada día, entablaban una conversación muy amena. Había algo de ese joven peli castaño que la hacia sentirse cómoda. Más, se reía mucho con él, y cada vez más disfrutaba de su compañía, aunque fuera breve.
―Bueno, bueno, si tú lo dices, te creo. Aunque algo es seguro, ese chico no viene diario para verle la cara a este viejo, y menos a comprar lo que sea que compra cuando viene. Palabras de este viejo zorro, no lo olvides.― Aiko solo se volvió q rodar los ojos mientras se reía divertida. La verdad es que ella también lo sabia, simplemente no lo quería aceptar.
De repente, la campana que esta en el marco de la puerta sonó, anunciando un nuevo cliente, sacando a Aiko de sus últimas cavilaciones. Aiko y Hiroshi volvieron a ver al mismo tiempo. A través del marco entró Iruka, con las mejillas sonrojadas y una sonrisa tímida. Tomó rumbo hacia unos de los pasillos, en disimulo. Aiko volvió a ver a su jefe sabiendo lo que encontraría, una mirada y sonrisa burlesca, como diciendo "Te lo dije". Aiko solo contuvo una risa, esto le parecía demasiado divertido. Hiroshi se fue a sentar afuera a la par de la puerta de entrada, a leer su periódico como lo hacia cuando el día estaba lento y todas las obligaciones estaban terminadas.
No pasó muchos minutos cuando Iruka salió de entre los pasillos, caminando hacia el mostrador. Esta vez con unas vendas entre las manos.
― ¿Como estas Iru? Que gusto verte. ―le dijo amigablemente al adorable sensei, cuyas mejillas seguían sonrojadas.
― ¡Hola Ko! Pues bien. Necesitaba unas vendas, ya sabes, por si acaso alguna heridas y esas cosas. ― explicó con una risa nerviosa, sobándose la parte trasera de su cabeza, apenado. Aiko solo sonrió amablemente. ― ¿Y que has hecho? ¿Algo nuevo? ― dijo, tratando de mantener conversación.
―Nada nuevo, trabajar. Ya sabes, lo mismo de siempre.
―Trabajas demasiado. No sales de aquí. Eso no es bueno para ti. ¿Acaso has hecho algo para distraerte? ― le reprochó.
―A mi me gusta mi trabajo. ― le contesto divertida. ―Además, apenas comienzo, no creo que sea tan malo para mí, aunque gracias por preocuparte. ―le contestó con los ojos cerrados, y una sonrisa agradecida.
―Bueno, pero, algún día te llevaré a conocer más esta aldea. Ya sabes, para distraerte…para tu salud. ―le dijo con valentía, aunque el rubor aun mas intenso delataba sus nervios.
―Gracias Iru, aunque no te preocupes tanto ― le agradeció riéndose.
―Gracias a ti Ko, tengo mis vendas, ehmm ya me voy…pues…me tengo que ir…Solo a eso venia asi que…Adios― dijo mientras señalaba la puerta principal.
―Adios Iru, nos vemos. ― se despidió, mientras el Shinobi peli castaño salió de la tienda. Consecutivamente, entró Hiroshi.
― ¿Cómo te fue? ― le preguntó con tono divertido. Aiko solo lo miró con ojos entrecerrados y tratando de contener su risa.
Ya eran las tres de la tarde. Aiko se volvía impaciente. No dejaba de ver el reloj colgado en la pared enfrente de ella. Ya quería que pasara rápido en día para poder tomar camino hacia el bosque, ya quería verlo, hablar con él.
― ¿Qué tanto ves al reloj? ― le preguntó inesperadamente Hiroshi. Era claro que a él nada se le pasaba por alto.
―Es que tengo algo que hacer. Bueno…más bien…tengo un lugar donde ir. ― le dijo bajando la mirada en pena, pues sabia que su jefe descifraría la expresión en su rostro.
―Ya veo― dijo con una sonrisa, ya teniendo una idea de donde iba esto. ―Bueno, es Sábado y ha sido un día lento. No te preocupes, yo me encargaré en cerrar la tienda. Ve. ― le propuso con una sonrisa de complicidad.
― ¡¿Enserio? ― preguntó con una amplia sonrisa, emocionada y alegre.
―Si. Anda. Hasta el Lunes. ―dijo para despedirse.
―Gracias, gracias, gracias. ¡Hasta el Lunes! ― dijo mientras salió rumbo al bosque, con un paso apurado, pero contenido.
Sin mucha dificultad, logró encontrar el mismo arroyuelo donde una vez se había encontrado con el peli plata. Estaba más hermoso que en sus recuerdos. El lugar estaba más iluminado, más radiante. Los rayos del sol entraban por entre las ramas de los arboles con agresividad. El resplandor que emanaba el agua era más brillante aun, dándole un aire majestuoso al lugar, mientras que el agua del arroyuelo corría con más fuerza. Caminó con lentitud y expectativa hacia el arroyuelo. Al llegar donde este, se sentó a su par, apoyándose en sus rodillas. "Espero que venga", pensaba una y otra vez mientras comenzaba a ver a los alrededores con disimulo. Para ella, esta era la última prueba. Si él no se aparecía, era definitivo; él no estaba interesado. La última vez que se vieron, ella le quiso hacerle entender que ella pasaría su tiempo libre en ese mismo lugar. Si él quisiera encontrarla, la iría a buscar. ¿No?
"¡Que ingenua soy! ¿Cómo puedo pensar que el me espera, que me busca?", se regañó en sus adentros. Pasaban los minutos que se sentían una eternidad en incertidumbre. Habrá pasado media hora, una hora, no lo sabia. No podía evitar pensar que todo había sido en vano. No podía evitar pensar que todo había sido producto de su imaginación. "Pero yo sentí algo. ¿O creí sentir algo departe de él?", comenzó a dudar en su mente, mientras miraba su reflexión en la tempestuosa corriente. Metía su mano en el agua, disfrutando la sensación del agua entre sus dedos, cuando escuchó esa voz, la voz con la cual fantaseaba:
―Sabia que te encontraría aquí.― le dijo la voz, calma y segura. Aiko exhaló en alivio, cerrando los ojos, agradeciendo a los cielos que sus miedos no se concretaron.
Cuando volteó el rostro, lo vio. Estaba apoyado de un hombro en uno de los frondosos arboles. No podía verle el rostro completo así que no sabia cual era su expresión, pero había algo en el deje de su voz que denotaba seguridad. La verdad es que él, al igual que Aiko, estaba aliviado, ya que sus inseguridades, aunque nuevas para él, le decían que ella no regresaría, que no estaba interesada, deseando estar equivocado. Hasta le había pedido a Pakkun que le dejara saber cuando ella estaba cerca, así pudiendo aprovechar cualquier oportunidad para ir a verla.
Caminaba hacia ella en un paso lento, pero calmo, sin apuro, mientras disfrutaba del paisaje, y, mas que nada, disfrutaba de la expresión de alegría y alivio en el rostro de la joven, que era tan notable, aunque ella tratara de disimularlo. Cuando llegó hacia donde estaba sentada, ella le hizo de señas para que la acompañara. Él obedeció gustoso.
Definitivamente el ambiente era diferente. Ya no era tan pesado y abrumador a culpa de los nervios y los miedos como la última vez. Ya no tenían miedo de responder ante sus deseos de verse mutuamente. Ya no había culpa ni indecisión. Ahora, alivio, y hasta alegría reinaba en los aires. Ellos habían logrado dejar todo eso al lado, y lo reemplazaron con el propósito de llegarse a conocer, de aprovechar el tiempo. Por algo estaban ahí reunidos, solos, eso tenia que significar algo. Era algo nuevo, un reto que no habian experimentado antes. Sin embargo, era un reto que los dos, claro, decidieron aceptar, cada uno a su modo.
―Sabes, este lugar, me recuerda a mi hogar. ― dijo, mientras metía su mano con delicadeza al agua, atreviéndose ella, por primera vez a romper el silencio que los envolvía.
― ¿De donde vienes? ― preguntó Kakashi inevitablemente con cautela, pues sabía que ella era un misterio, y él había decidido averiguar más de ella.
―De muy lejos― contestó con una dureza indisimulable. Ella había dado pie a esa pregunta, era su culpa. Sin embargo, no fue capaz de evadirla de manera sutil. Ella ya estaba tan acostumbrada a estar a la defensiva, que no sabia como ser completamente abierta y desconfiada cuando se refería a dar datos de su pasado. Bajó la mirada, arrepintiéndose de inmediato por su reacción. El Shinobi solo la observaba, sin inmutarse. Él esperaba una reacción de ese tipo, así que no se ofendió. Él estaba decidido a darle toda la paciencia que requeriría saber más de ella. ―Mi hogar…― comenzó a decir con dificultad, con mirada evasiva, perdida entre el vacio, Kakashi escuchaba con expectativa ―…Vengo de la Aldea Oculta de la Libelula, pero mi hogar es Konoha. Aquí es donde pertenezco ahora. ―le dijo con un deje de determinación en su voz, mientras lo volteó a ver, buscando su mirada.
Kakashi entendió lo que quiso decir y admiró la fortaleza en su interior. Él solo asintió, agradecido, porque, para él, ella intentaba bajar esa barrera entre ellos, aunque sea un poco. Para él, Aiko era un misterio, y lo aliviaba notar que, aunque le costara, ella estaba dispuesta a intentar abrirle su pasado. Sin embargo, este dato le preocupó. Él había escuchado un reporte de un infame incidente ocurrido en esa misma aldea, no hace mucho tiempo. Una tragedia que se llegó a saber a través de la distancia. "Pero si es así…Entonces ella… ¿Seria posible? ¿Pero como? ¡Esa aldea fue destruida!", Pensaba tratando de hacer conjeturas en su mente consternada.
Aiko notó la repentina seriedad del Shinobi con ligera confusión. "¿Será que dije algo malo?", dudó, mientras observaba la mirada perdida del peli plata. No quería que su encuentro fuera así. Ella había pasado toda la semana imaginándose este día como para dejar que tomara este camino. Optó por distraerlo. Sacó la mano con la cual estaba jugando con el agua rápidamente, lanzándole agua al rostro de Kakashi. Él la volvió a ver sorprendido. Ella se reía de manera juguetona, con una sonrisa amplia, logrando aliviar la creciente tensión que los rodeaba.
―No estés tan serio.― le pidió, manteniendo su risa divertida. Kakashi se deleitaba la vista al verla reír. Había algo de la vulnerabilidad y espontaneidad de la chica que lo atraía cada vez mas, que lo hechizaba.
―A mi me pareció que TU eras la seria. ― contestó con aires de sarcasmo. Este era su propia manera de seguirle el paso, esta era su manera de ser juguetón.
― ¿Seria yo?...¡Nunca! ― con tono de negación exagerada, mientras se reía aun más sonoramente. Hasta él no pudo evitar reírse un poco a lo bajo. Si que disfrutaba de su compañía. Las risas terminaron, Aiko no pudo evitar observar el rostro del Shinobi. Curiosidad invadió su ser, y se atrevió a preguntar ― ¿Por que siempre usas esa mascara?
―Ehhh, es una larga historia― contestó de manera despreocupada, pero evasiva. Aiko lo miraba, con una ceja levantada, pero con sonrisa divertida.
― ¿Con que así estamos? ― le dijo con falsa molestia, manos apoyadas en su cintura en reclamo, conteniendo su risa.
― ¿Por qué viniste de tan lejos? ― interrumpió, sumido en su curiosidad sobre el trasfondo de la joven.
―Es una larga historia también. Tal vez algún día te la relate― le respondió la pelinegra en son triunfal. Ellos volvieron a reírse en unísono, disfrutando su juego de palabras, y su leve coquetería. Era claro que cada vez más, cada uno baja más la guardia con el otro.
―Si, tal vez algún día― repitió Kakashi. Los dos se sumían en un silencio, que los rodeaba sin ser incomodo o asfixiante, sino pacifico. El peli plata, por su parte, se debatía dentro de su mente, tratando de decidir si atreverse o no a decir lo que tenia en mente.
―Sabes…Pensé que no regresarías― confesó el enmascarado, con un tono suave y aterciopelado. ¿Acaso era vulnerabilidad lo que demostraba Kakashi? Era claro que su comodidad con la joven se estaba desarrollando en confianza y él sintió que tenia que tener cuidado. No estaba acostumbrado a hablar de esa manera, y menos con alguien que conoció hace no mucho. Aiko por su parte sintió que se le encogía el corazón, al sentir la honesta inseguridad de él. No le gustaba la idea de hacerlo dudar.
―Yo quería regresar lo más pronto posible. ― le confesó igual, con un tono bajo y aterciopelado, mientras le buscaba la mirada, quería confortarlo. ―Pero, fue mi primera semana de trabajo, mas tuve que mudarme a mi nuevo hogar. No tuve oportunidad. ―explicó. Él asintió en respuesta, secretamente aliviado.
― ¿Trabajo? ― preguntó
―Si, encontré trabajo en una pequeña tienda de conveniencia, y rento el apartamento en el segundo piso del edificio…de Hiroshi-San. ¿Lo conoces? ― preguntó inocentemente. Él asintió.
―Es el anciano que cuida de la pequeña tienda, muy peculiar, casi en la entrada de la aldea. La verdadera dueña era una joven, que la cuidaba por si sola.― explicó ―Ahora que recuerdo, hace unos años, unos criminales de bajo rango asaltaron el lugar. Aparentemente, ella se resistió, y fue asesinada a sangre fría. A nosotros, los Shinobi, nos pareció muy poco lógico atentar algo en una aldea ninja de nuestro rango. Los atrapamos no mucho después del suceso. ― dijo, antes que tomar una pausa, ―Los tiempos han empeorado. Tienes que tener mucho cuidado. ― dijo con tono preocupado, pero la joven ya estaba perdida, impactada por lo que acababa de escuchar. Sintió como si le habían echado un balde de agua fría.
Ella sabia que la antigua dueña había fallecido, pero no de esa manera. Todo comenzaba a encajar. "Por eso me acompaña a cuidar la tienda. Por eso tanto apoyo, tanta bondad. Quiere darme el apoyo que no le pudo dar a su propia hija.", meditó. "Eso debe ser", pensaba mientras sentía que el corazón se le encogía. Kakashi notó como la noticia había perturbado a la joven, eso no le gustaba. Observaba como estaba perdida en sus cavilaciones, con la mirada vacía, angustia en su rostro. Ahora era su turno para aliviar la tensión. No quería verla así. Se inclinó levemente, sumió su mano derecha en el arroyuelo, mientras se miraba su propia reflexión en el agua. Su mirada se torno maliciosa, era tiempo para la revancha. Rápidamente, saco su mano y mojó todo el rostro y pecho de la joven con agua, sacándola exitosamente de su distracción.
―Me las pagarás― gritó la joven mientras se reía y intentaba mojar de nuevo al Shinobi, pero este usó su velocidad para esquivar el agua y levantarse del lugar.
―No lo creo― retó ―no podrás hacerme el mismo truco dos veces― continuó con tono burlesco.
―Veremos― le contestó la joven, mientras también se levantaba, comenzando a correr tras él. Los dos, corrían y reían en unisonó. Kakashi escapando de Aiko, quien lo perseguía con un puño al aire, parecían una pareja de niños, aunque a ellos no les importaba. No habían tenido tanta diversión despreocupada en tanto tiempo. En ese mismo instante, estaban siendo ellos mismos, libres, sin dudas, sin culpa, sin inseguridades.
El Shinobi dejaba de correrse de ella y comenzaba a provocarla. Cada de vez en cuando, él se detenía, retándola a que lo atrapara. A ella no le gusta ser retada, incrementó su velocidad, y le alcanzó el paso, sorprendiendo al peli plata. Este ya se había detenido, así que cuando ella lo alcanzó, chocaron. Su rostro había colisionado contra el pecho de Kakashi, caería de espalda. Sin embargo, gracias a los reflejos del joven, la salvó de su caída. Sostenía su espalda arqueada, mientras que él estaba totalmente inclinado hacia ella, pecho contra pecho. Las expresiones en sus rostros cambiaron. Las risas desaparecían rápidamente.
El pulso de la joven pelinegra incrementaba cada vez mas, mientras su corazón latía a mil por hora. No podía creer la proximidad que estaba teniendo con el Shinobi. Hasta creía sentir el latido de su corazón. Tentación invadía su ser una vez más. Sentía un agobiante deseo de verle el rostro, de acariciarlo. Ella estaba tan perdida entre sus propias tentaciones, que pareció no notar la mirada penetrante y negra de Kakashi. Su ojo visible viajaba desde la profundidad de su mirada, por la sensualidad de sus labios rosas, hasta el nacer de su escote, admirándola, deseándola. Si ella hubiera notado, sin duda se hubiera ruborizado.
Por otro lado, el deseo venció a la razón para la pelinegra. Con nervios, movió lenta e inseguramente su mano hacia el rostro del peli plata, mientras su respiración se volvía cada vez mas entrecortada. Con curiosidad e inocencia, acariciaba, con su pulgar, los labios del joven cubiertos por la tela suave de su mascara. Una y otra vez, trazaba la forma de su boca, tratando de imaginar como se vería sin la mascara, grabando la sensación en su mente. Kakashi cerró los ojos, disfrutando de la travesura inocente de la joven. Cuando ella retiró su mano, sus miradas se encontraron una vez más. Por primera vez, denotaron el deseo y la atracción en la mirada del otro, que se encontraba, igual, en la atmosfera, tan palpable e intensa, tan abrumadora como nunca antes. Los dos, por su parte, luchaban por mantener la distancia, aunque esta era muy corta.
Con dificultad, el Shinobi logró interrumpir el momento. No quería que las cosas pasaran así. Quería conocerla primero. Sin embargo, la situación se les salía de las manos, con frecuencia.
―Ya oscureció. ― logró decir Kakashi, mientras recobraba la compostura. Aiko asintió, un poco confundida, pues había pasado tan distraída con sus cavilaciones que no se dio cuenta que la noche había dado pie hace poco. Se separaron y tomaron un poco de distancia entre los dos.
Ella se sentía ofuscada entre dos sentimientos contradictorios, el alivio y la decepción. Sentía en parte alivio por miedo a lo rápido que se desenvolvían las cosas, temiendo a lo desconocido, y decepción, por que parte de ella, en lo mas profundo de su ser, deseaba llegar a mas. Sin embargo, ella pensaba igual, las cosas no podían ir tan rápido, no de esta manera, aunque terminara con la mente nublada por sus deseos más profundos.
―Si, es tiempo que me vaya, ― decidió la joven, ―espero nos veamos pronto.
―Igual. ― acordó Kakashi, ―Solo tienes que venir, y te encontraré. ― dijo antes de darle una última mirada a la joven, desapareciendo en una nube de humo. Aiko exhaló pesadamente, y tomó camino de regreso a su hogar con la esperanza de regresar pronto a su escondite secreto, y, más que nada, con la esperanza de encontrarse cada vez mas seguido con el dueño de sus suspiros.
* Un fragmento de "Lonely in Your Nightmare" de Duran Duran.
PS:
Gracias por leer una entrega más de este fic! ^^ Lamento haberme tardado tanto…Todo me pasó en esta semana, me enfermé, me dio sequia de creatividad…de todo. Pero bueno, quería agradecer a Ellistriel y Tel-yuu por comentar mis caps, realmente se los agradezco, por un momento pensé que se habían olvidado de mi fic. Espero que les guste este al igual que los otros. ^^
Ya saben, lo usual, comenten sus sugerencias, ideas, opiniones, etc. SI les gusta mi fic denle click en alerta…no sean malitas u.u ¡Hasta Pronto! ; )
XOXO
Venice
