Hello a todos mis lectores! :
Primero que nada, me disculpo por haberme tardado tanto en publicar una continuación de mi primer fic, no es de mas mencionar que he pasado de todo en estos últimos meses, (comenzé a trabajar, dejé de trabajar xD, me enamoré, entre otras cosas que han consumido mi tiempo, y bueno, les cuento esto por mi mala costumbre de hablar de mas xP. En fin, espero les guste este capi que lo hice con mucho empeño.
Espero sea de su agrado…
8. ¿Celos?
El sol estaba en lo más alto del cielo, alumbrando las calles de Konoha con fuerza, llenando el ambiente con esperanza y vitalidad. Se sentía como un mundo totalmente diferente comparado con la oscura y pesadamente aromatizada tienda donde pasaba la mayoría de su tiempo. Era completamente magnifico, respiró profundamente limpiando sus pulmones del espeso humo del incienso sintiendo el viento en su cabello negro, los rayos del sol besando su piel bronceada, y ella no podía evitar sonreír, disfrutando del día mientras caminaba lentamente, liberándose de las ataduras de la obligación y los deberes. Sin embargo, había algo más que le daba una alegría y una emoción indescriptible en su corazón. Eso era porque estaba con él, caminaba a su lado, gozaba de su compañía, aunque fuera en silencio, pues no necesitaban hablar para llenar el vacio, sino todo lo contrario, callaban, dejando que el silencio los envolviera aun más en su pequeño mundo, donde solo existían ellos dos.
Caminando, con una sonrisa imborrable en el rostro, sentía la necesidad de ver a su acompañante, y, aunque no podía ver su rostro, quería recordarse con quien estaba, quería cerciorarse una vez mas que esto no era otra fantasía, producto de sus tiempos de ocio. Cuando levantó la vista, se encontró con su mirada profunda, negra como la noche, que ya la observaba, deleitándose de sus facciones agraciadas, y su expresión tierna y alegre. En otro momento, ella hubiera retirado la mirada tímidamente en respuesta, sonrojándose, pero no esta vez. Ella le sostuvo la mirada, sin miedo, sin vergüenza, y sin temor a que este revelara sus más íntimos sentimientos, pues ella estaba decidida a liberar los más profundos deseos de su corazón, despojándose de sus inseguridades. Él, por otro lado, igualmente le sostenía la mirada, para después cerrarle el ojo visible en un claro acto de sonreír gustosamente.
Al despertar del encanto de esos segundos idílicos, no pudo evitar notar que se encontraban en un sitio muy conocido, lugar de un previo encuentro sorpresivo entre ellos. Inevitablemente, recordó vívidamente ese suceso inesperado con su ahora acompañante peli-plata. Recordaba su sorpresa y su impresión al verlo tan sumido en sus cavilaciones, con una mirada tan profundamente nostálgica, con un deje de melancolía imperdible. Y atreviéndose a interrumpir el cómodo silencio dijo:
— Hemos estado aquí antes, —afirmó, mientras Kakashi asentía en respuesta, su mirada tornándose sutilmente seria y nostálgica, justo como aquel día. La pelinegra notó su reacción, sintiendo la creciente curiosidad de saber que significaba ese lugar para él, adoptando el objetivo de averiguar más sobre este misterio que guardaba el peli-plata.
— ¿Qué exactamente es este lugar? —preguntó con sutileza, abriendo paso para poder indagar más a fondo.
— Es un monumento… —comenzó con titubeo, afirmando lo obvio, ya que no estaba seguro en querer a llegar a profundidad en ese tema, la verdad nunca lo había hecho con nadie, aunque decidió continuar, pues esta chica le hacía sentir comodidad y confianza, así que se atrevería a hacerlo, —…En honor a los Ninjas caídos de la ultima Gran Guerra Shinobi, —concluyó, mientras caminaban donde se encontraba la gigantesca piedra con engravados. Él sentía como la nostalgia sutilmente comenzaba a invadir su ser, y claro que esto no pasó desapercibido para la perceptiva joven, quien solo lo observaba detenidamente, notando como su expresión del rostro cambiaba a ser cada vez más vacía y distante.
Ella de inmediato ató cabos, concluyendo que un ser querido estaba presente en ese monumento, solo quería averiguar quien, "¿Una mujer? ¿Algún pasado amor tal vez?", no se pudo evitar preguntar, mientras las dudas y celos, si, celos, se desarrollaban en su corazón inquieto y confundido. Tenía que saber más, aunque desconocía ese lado de su persona, ajena a si misma, decidió seguir a sus impulsos y preguntó:
— ¿Algún compañero tuyo esta ahí Kakashi?… ¿O Compañera? — atreviéndose a romper el silencio, ya estando enfrente de la piedra, esperando inseguramente la respuesta del Shinobi, pues no se sentía cómoda siendo tan imprudente, a su parecer.
Por su lado, Kakashi contemplaba su respuesta, pues no era un buen conversador, la verdad no le gustaba platicar más allá de lo necesario y en limites de lo trivial o lo educado, mucho menos sobre su pasado que guardaba con tanto sigilo. Si contestaba, era oficial que aceptaba a que esta mujer fuera parte de su vida como ninguna otra persona lo había sido. Ella lo conocería como ningún otro, dejándole conocer sobre un periodo de su vida que lo había marcado para siempre. La tensión se sentía palpable. Curiosidad y titubeo convirtiéndose incómodamente presentes entre los dos, tan notable como la brisa vespertina.
Sin embargo, Kakashi, se recordó las decisiones hechas entre noches de insomnio, la duda no sería parte de él ya que estaba comprometido con si mismo, a actuar con la serenidad y la seguridad característica de él, así que, con la firmeza con la que acostumbraba proyectarse, asintió y contestó: — Obito Uchiha. — sin retirar la vista del frente.
Aiko comenzó a buscar instintivamente el nombre entre los cientos que se encontraban gravados, leyendo rápidamente, mientras el silencio profundo que los acosaba los volvió a envolver. El Shinobi, al voltear a ver a la joven, vio sus intenciones, y solo señaló a lo que parecía ser la esquina derecha superior de la roca. Cuando sus ojos se posaron donde Kakashi señalaba lo vio, ahí estaba, las palabras "Uchiha Obito".
Ella, ahora luchaba por esclarecer las mezcla de sentimientos que nublaban su razón, pues sentía el alivio de que era un compañero Shinobi la persona en cuestión, aunque a la misma vez se sintió un poco culpable por dejar que sus celos y sus dudas infundadas llevaran al su peli-plata a revelar y revisitar tiempos dolorosos. Bajó la miraba en vergüenza, para después mirar al Shinobi, quien, con melancolía, miraba detenidamente el nombre.
Para aliviar el ambiente, optó por adentrar un poco el bosque, en búsqueda de algo que repararía y enmendaría su error y su egoísmo. Él, cuando la vio tomar camino hacia el bosque se sintió ligeramente confundido, no sabiendo sus intenciones, aunque la seguía con la mirada con desconcierto hasta que desapareció entre los frondosos árboles, ahora esperando ver cuales eran sus planes. Después de unos minutos, la joven re-apareció de entre la profundidad del bosque con un objeto entre manos. Kakashi miraba lo que traía con curiosidad, hasta que lo logró divisar.
Lo que llevaba en manos era un ramo de flores silvestres recién cortadas, completamente sorprendiendo al Shinobi, quien no previno este detalle de la joven en lo más mínimo. Él continuaba siguiéndola detenidamente con su mirada mientras ella se acercaba lentamente hacia él, para después detenerse al llegar a su lado. Ella prosiguió en agacharse para poner las flores al pie del monumento, en respeto por los caídos. El joven peli-plateado la observaba agradecido y conmovido, aun de pie, mientras que en silencio alzaron sus plegarias por los difuntos. Al terminar, él le ofreció la mano, y, en un tono cálido nunca antes escuchado, le propuso seguir su camino, pues en sus planes estaba llevarla a un lugar sorpresa, sabiendo que a ella le encantaría.
Aun habiendo caminado por unos minutos mas, no había ningún indicio de hacia donde se dirigían, y Aiko se comenzaba a sentir perdida. Sin embargo, no temió ni desesperó, porque, en el fondo, ella sabia que al lado del peli-plata, no había nada de que temer, se sentía segura y a pesar de todo, ella tenía la certeza de que él sabía perfectamente lo que hacia. Su camino desde el monumento había continuado de la misma manera, silenciosa pero cómoda, y, para ella, el día entero le parecía de ensueño, así que no había por que quejarse. Mas bien, ella disfrutaba del panorama durante la caminata, contemplando la belleza del bosque, observando como la luz se infiltraba ágilmente de entre las ramas de los árboles, reflejándose en las gotas que reposaban en las hojas siempre verdes, e igualmente escuchaba el canto de los pájaros, cuya melodía parecía alentarla, llenándola de gozo y valor.
No obstante, después de un tiempo, ella rompió el silencio, ya que deseaba dejarlo atrás y adoptar una platica, queriendo escuchar su voz sedosa y varonil:
— ¿No vamos donde el arroyuelo verdad? — preguntó Aiko en tono divertido, claramente dejándole saber al Shinobi que ella ya sabia que traía algo en manos.
Kakashi por su parte hizo una media sonrisa debajo de la tela de su mascara, y con deje travieso, y contestó, — Así es, no iremos ahí… Te llevaré a otro lugar…— dijo en tono pícaro y divertido, pues le gustaba llevar el misterio, y, mas que nada, le gustaba ver la cara de inquietud y curiosidad en Aiko, sabia que ella trataba de imaginarse de que lugar se podía tratar, viendo la expresión de confusión en su rostro, tratando de contener la risa, solo diciendo: — No te preocupes, estamos cerca. — Ella solo asintió mas para ella misma, con la expectativa de ver adonde la llevaría.
Con la creciente emoción y con la incógnita sobre el lugar donde irían, Aiko tenía el corazón dando saltos. Estaba alegre por el hecho que su acompañante peli-plata, le había planeado una sorpresa, algo especial, lo apreciaba enormemente, poniéndola en un estado cuasi-surrealista, mientras le seguía el paso cercanamente al Shinobi. Kakashi por su lado, la miraba de reojo, de vez en cuando, divertido por la expresión de impaciencia, muy presente en el rostro de la joven.
Unos pocos minutos después, se comenzaba a escuchar un estruendo muy fuerte, que le parecía muy familiar pero fue sacada de sus cavilaciones rápidamente cuando escuchó a su acompañante decirle:
— Ya llegamos. — le dijo finalmente, después de tanta espera y suspenso, señalándole una abertura entre los arboles, por la cual entraba fuertemente la luz, similar al final de un túnel.
Ella lo volteó a ver con alivio y con incertidumbre de lo que encontraría, mientras que él le hizo de señas para que caminara primero, guardando una sonrisa complacida debajo de su mascara, pues disfrutaba de las reacciones de la joven, y del suspenso que creaba. Ella caminaba con pasos apresurados hacia la luz, para cuando había salido del bosque y había dado su primer paso dentro del lugar misterioso, no podía creer sus ojos. Se había quedado paralizada completamente ante lo que veía sus ojos, abriendo levemente la boca, ojos como platos. Kakashi, de seguido, llegó donde estaba ella, su sonrisa de éxito cubierta, mientras igual disfrutaba de la belleza de la vista, y le dice:
— ¿Y bien, que te parece? ¿Te gusta? — preguntó en voz sedosa y grave, aunque claro que ya sabia la respuesta, todo estaba en el rostro de ella.
—No me gusta Kakashi… — le respondió, — ¡Me encanta! — concluyó completamente conmovida por lo que sus ojos lagrimeantes le mostraban.
Ella estaba frente una cascada enorme de agua cristalina, rodeada de piedras blancas que parecían mármol, donde nacía un rio ancho de corriente fuerte, cuya agua reflejaba los rayos de sol tanto que la misma agua emanaba un resplandor celestial, ni parecido al arroyuelo donde se encontraban. El pasto era de un verde brillante, adornado con flores silvestres de todos colores.
— Este lugar… ¿Como lo encontraste? — preguntaba incrédula.
—La encontré en una de mis muchas caminatas que hago, en mi tiempo libre Aiko. — le contestó con una voz especialmente aterciopelada, causando escalofríos en la piel de la joven, aunque claro que ese era su objetivo. La chica por su lado caminaba lentamente donde la cascada diciendo:
—Este lugar… la cascada… el rio, todo es tan parecido a mi hogar… donde crecí… — balbuceaba con una alegría indescriptible. Inevitablemente recordaba los momentos de su niñez cuando visitaba su viejo refugio, su hogar, el lugar de donde escapaba del mundo, sintiendo como el corazón le iba a mil por hora.
Kakashi escuchaba muy complacido las palabras llenas de alegría de la joven, pues ese era su objetivo: llevarla a un sitio donde se sentiría como en casa. La verdad era que, entre uno de las varias misiones a la Aldea de la Libélula, el Shinobi se había topado con un lugar muy hermoso, similar al lugar donde se encontraban. Era tan o aun más magnifico, como si fuera el paraíso en la tierra, por siempre grabándose en su mente. Cuando Aiko le había revelado provenir de esa aldea, él, muy perspicazmente, se había figurado entre noches de insomnio, que ese mismo sitio escondido dentro del famoso bosque de Konoha, donde él mismo frecuentaba le recordaría su hogar. Así, dándole un pedazo de su pasado dentro de su nueva vida para visitar cuando quisiera, cuando se sintiera sola.
Aiko, por su lado, se sentía completamente libre. Se sentía como ella misma, la misma jovial y despreocupada joven que era en sus años de adolescencia, espontanea, de espíritu libre, al fin la verdadera Aiko salía ante la luz, su personalidad floreciendo una vez mas, flamante y brillante como nunca. No resistió mas el deseo de acerarse al agua cristalina, agarrándole la mano al pali-plata de improviso, comenzándolo a jalar y diciendo:
— ¡Ven Kakashi, acerquémonos! — propuso, mientras correteaba jalando divertida al enmascarado, riéndose como niña traviesa. Ante esto, el peli-plata no pudo evitar reírse ante la nueva actitud juguetona de la joven, encantado una vez más por su naturalidad y su efervescencia.
Al llegar a la orilla del rio que nacía de la potente cascada, ella inmediatamente se quitó las sandalias y hundió sus pies en la tibia agua, para después sacar y meter sus pies, jugando y disfrutando de la sensación. Su apuesto acompañante solo la observaba deleitado, sentándose justo a la par de ella con una pierna arqueada hacia arriba, apoyando sus manos ahí, mientras su otra pierna estaba extendida. Pasado unos minutos, la joven dejó de juguetear con el agua para disfrutar solamente de la corriente pasar por entre sus dedos, y rompió el silencio:
— Cuando era niña…— comenzó a comentar con nostalgia, —visitaba mi refugio cuando quería escapar de todo… Siempre trataba de salir de mi casa, sin que nadie notara, con mi cuadernito en mano… —interrumpió para reírse de sus propios recuerdos, Kakashi sonreía divertido— Aunque mi madre siempre me descubría al poner mi primer pie fuera de la casa. Siempre me decía 'Mucho Cuidado Kito'… así me llamaba ella. —Suspiró —Así me daba cuenta que ella sabia de mis planes. Sin duda era una Kunoichi formidable… —pausó, tragaba en seco, conteniendo las lagrimas, —… y bueno, visitaba mi refugio, pensando que si vivía entre tanta belleza, me inspiraría para escribir mis cuentos. Quería ser escritora sabes. Soñaba con escribir fantásticas aventuras, romance… en fin, eso disgustaba a mi Padre, él nunca me supo entender, pero mi madre si, ella siempre me apoyaba…— se detuvo, mientras su mirada se perdía entre sus recuerdos. El Shinobi rápidamente lo notó, optando por aliviar el ambiente, comentando:
— Hermosos recuerdos…Nunca es muy tarde para seguir tus sueños sabes.
— ¿Tu crees? — le preguntó, conmovida por el aliento del peli-plata.
— Claro. Podrías escribir de nuevo… Talvez podría leerlo. — sugirió en tono suave y seductor. Aiko volteándolo a ver embelesada por su encanto.
— Dalo por hecho. Si escribo algo, serás el primero en leerlo, aunque te advierto que no será tan bueno. — bromeó.
— Yo creo que si… lo será. — contestó, inmediatamente creando otro momento intenso de silencio entre los dos, mientras se miraban profundamente a los ojos, Aiko estando completamente hipnotizada.
Sin embargo, después de unos segundos de silencio, Kakashi finalmente se había decidido en hacerle una pregunta a la chica, que le había querido hacer toda la tarde:
— ¿Cómo conoces a Iruka? — preguntó sin rodeos, directo al tema, aun si, en tono calmo. Aiko lo observaba, sospechando y dudando por la pregunta, sin embargo, la contestó con sinceridad.
—Fue accidentalmente. Un día caminaba por la calle, cuando chocamos y me lo volví a encontrar en la tienda, ahora es uno de mis clientes fieles, y bueno, el resto es historia... Ahora somos muy buenos amigos, nada más. — reafirmó.
—Él no te ve como una amiga. — afirmó, sorprendiendo a la joven por su franqueza, aunque bajó la mirada, pues en el fondo sabía que él tenía la razón en eso. Ella ya había notado la creciente atención para con ella. Sin embargo, lo que le causaba mas impresión y preocupación, era que Kakashi ya lo notó. "¿Estará celoso?", se pregutaba observándolo detalladamente, tratando de figurar sus pensamientos, sin éxito. No le gustaba la idea en lo más mínimo que sintiera celos, desconfianza o algo similar. Sintió como si debía de hacer algo para sacar eso de la mente de Kakashi, así que se decidió por algo radical.
Se inclinó hacia el Shinobi lentamente, mientras él solo observaba extrañado. Acto seguido, ella muy inocentemente posó sus labios sobre la mascara, donde los labios de él se repintaban, y con una dulce presión, los beso con mucho cariño, ojos cerrados, cada segundo marcado con ternura. Kakashi por su lado abría los ojos como platos, completamente sorprendido por lo que sucedía, aunque, inevitablemente, cedía ante el beso, respondiendo al intercambio, presionando y aprisionando los labios de la chica, frustrado por primera vez de andar enmascarado. Después de algunos segundos mas, ella separó sus rostros, mientras que sonrojada miraba al ojo visible del peli-plata, esperando su reacción.
CONTINUARÁ…
PS:
Lo dejé en un buen lugar eh? Haha espero les haya gustado, por favor no duden en comentar cualquier opinión, idea o sugerencia que tengan, pues lo aprecio mucho. Les agradezco muchisimo por leer mi fic y por seguirme. Hasta la próxima, les prometo no tardarme tanto. Ah, y antes que se me olvide, si les gusta mi fic no duden en ponerlo en alerta ;) así se q les gustó. Chaucito! n.n
XOXO
Venice
