Le dedico este capi a mi hermanito del Cyberespacio, Soulcito n.n Mil gracias por tu apoyo y por ser mi lector numero uno. Este capi va para vos! Espero te guste igual n.n
9. Confesiones bajo las estrellas
"Abrazame. Deja tus vergüenzas a un lado… Abrazame. Deja tus fantasmas a un lado, y muéstrame por ti misma…"*
Con las mejillas sonrojadas, miraba detenidamente al Shinobi, mordiéndose el labio inferior nerviosamente, aguardando su reacción con un poco de impaciencia. Ella no se arrepentía de sus actos en lo más mínimo. Reconocía que fue inesperado, imprevisto, y hasta un poco apresurado, pero no lo lamentaba, puesto que ya era hora de abrir su corazón. Para ella, la hora de llegar al siguiente nivel había llegado, y dado a su personalidad espontanea, había decidido que ese era el momento para aprovechar al máximo. Ya estaba cansada de esperar, y soñar que algo bueno sucediera en su vida.
Sin embargo, había un factor que estaba fuera de su control, y eso era la respuesta del peli-plata. Eso, sin duda si le preocupaba. Temió, por un instante, provocar su rechazo por su manera de proceder impulsiva, aunque eso era parte de su personalidad, casi inevitable. Aguardó en silencio, nerviosa y ansiosa, observando al peli-plata sintiendo como el latir de su corazón estaba inquieto y su pulso acelerado.
El Shinobi, por su lado, igualmente la observaba en silencio. Él la miraba con una ternura y calidez, nunca antes vista para con ella, pues no disgustó en lo más mínimo lo que acababa de suceder. Le encantaba como esa chica siempre estaba llena de sorpresas. No era una mujer común. Ella era diferente, incontrolable, impredecible, y eso le fascinaba. La veía, deleitándose de sus facciones interesantemente hermosas, a como lo hacía cada vez que se le presentaba la oportunidad. Le prestaba atención particularmente a sus suaves labios rosas, pareciéndole extremadamente sensual la manera en la que ella se mordía el labio inferior suavemente, con tentadora inocencia. Se sentía increíblemente atraído hacía ella, quería poseer sus labios una vez más, con más fuerza, deseaba abrazarla, acariciarla, pero no quería arruinar el momento con sus impulsos. Sacudió levemente la cabeza librándose de los deseos que lo comenzaban a invadir, sin que Aiko notara. Se limitó a sonreírle cerrando los ojos amablemente, y decidió fijar su mirada al frente, perdiéndose entre deseos frustrados y pensamientos inciertos.
Por un momento, miedo se apoderó la chica pelinegra por completo. ¿Y si lo había arruinado todo? Abrió la boca para decir algo, pero no era capaz de emitir ningún sonido. No se le ocurría nada bueno que decir. Durante el beso, ella sintió ser correspondida. Sintió como cada segundo de ese breve intercambio, estaba cargado con atracción. Entonces, ¿Por qué él no decía nada? Reunió valor e interrumpió el silencio:
―Kakashi…Yo…Yo solo… ― dijo con dificultad, tratando de armar una oración decente, pudiendo atraer su atención, pero sin poder expresar sus temores. Pensó en disculparse por lo que había hecho, pero no lograba hacerlo exitosamente.
Él notó la preocupación en su rostro, y la angustia en su mirada, e inmediatamente lamentó no haber dicho algo, para no hacerla arrepentirse de sus acciones. Interrumpió sus palabras balbuceadas, agarrándole la mano suavemente pero con firmeza, y dijo:
―Esta bien… Todo esta bien― la confortó para después acariciarle la mejilla derecha con el reverso de su mano, con delicadeza, disfrutando de su piel suave y tibia.
Ella cerró los ojos al comienzo del contacto de sus pieles, asintió reconfortada, sonriendo complacida por tan inocente demostración de afecto. Kakashi se rió por lo bajo, enternecido y divertido por lo adorable que era la chica y retiró su mano, regresando a su pose inicial, mano apoyadas en su rodilla arqueada, su otra pierna extendida.
Ella abrió los ojos al escuchar su risa, tan suave y varonil como lo recordaba en sus momentos de ocio, y preguntó con falsa indignación, tratando de contener su risa juguetona:
― ¿De que te ríes?
―De nada― respondió, para nada convincente, aun riéndose por lo bajo.
―Te estas riendo de mi― afirmó liberando la risa contenida.
―Tal vez…― retó Kakashi, riéndose un poco más fuertemente. Ella solo hizo un puchero en respuesta, divirtiendo aun más a su acompañante, embelesando a la chica por completo con el sonido tan hipnotizante y sensual que era su risa.
Pasaron los minutos y las risas cesaron, todo regresando a una tranquilidad absoluta. Ya no se podía escuchar el canto armonioso de los pajaritos que les hicieron compañía, solo el sonido del brisa vespertina entre las ramas de los arboles cercanos. El resplandor emanado del rio se debilitaba cada vez más rápidamente, despidiéndose al igual que los frágiles rayos de luz, anunciando el inminente arribo de la noche.
Era un atardecer carmesí, particularmente hermoso. El cielo parecía un lienzo pintado de naranja y rosa pastel, adornado con nubes doradas y rojizas. Aiko cerró los ojos, bañándose en los últimos rayos del día, hasta que la voz de su acompañante la sacó de su idilio.
―Esta anocheciendo…― afirmó el peli-plata.
― ¿Y? ― dijo con tranquilidad, ―Quedémonos Kakashi, no me quiero ir aun. Quiero estar contigo. ―confesó, pues aun no estaba lista abandonar el lugar tan hermoso y ahora especial para ella, y menos aun, no estaba lista para dejar ir a su acompañante. Kakashi asintió gustoso, pues él tampoco quería que el día terminara para ellos, e inmediatamente pensó en un lugar que podrían disfrutar juntos.
Kakashi se levantó del suelo, para después ofrecerle la mano, tan fuerte y varonil, de manera muy caballerosa. Aiko claro que la aceptó agradecida por el gesto, sonriendo ampliamente, mirando fijamente al ojo negro y profundo como un abismo del Shinobi, cuando le pareció ver un destello fugaz en su mirada. Algo le decía que tenía algo entre manos de nuevo. Sin embargo, le encantaban las sorpresas, curiosidad invadió su agitado corazón.
Caminaron por algunos minutos, si llegar a su destino, así que no pudo evitar preguntar, como niña emocionada:
― ¿Dónde vamos Kakashi?
― Ya veras… ― respondió con el mismo deje de malicia burlesca, que usó mas temprano, cuando primeramente la llevaba hacia la cascada, mientras se reía por lo bajo.
― Nunca me dices donde me llevarás. ― Se quejó juguetona la chica, mientras hacía falso tono de enojo, mientras le seguía el paso al peli-plata.
― Hmm…Tal vez es porque me gusta ver esa expresión.
― ¿Cuál expresión? ― preguntó frunciendo el ceño, con expresión confundida y pensante en su rostro.
― Esa misma― dijo riéndose sonoramente, señalándole el rostro.
― ¡¿Te burlas de mí?! ― amenazó la chica, alzando un puño al aire. Kakashi comenzó a correr, riéndose como un niño triunfante con su travesura. Aiko correteaba detrás, conteniendo su risa, divirtiéndose mucho con los juegos del chico peli-plateado.
Sin embargo, sentía como se cansaba rápidamente, pues parecía que corrían en una colina bastante inclinada, mientras veía como el Shinobi se le alejaba con facilidad. No pudo evitar detener su paso, reposando sus brazos sobre sus rodillas, inclinándose hacia delante, tratando de recobrar la respiración acelerada. Varios segundos después, sentía como su exhalación se calmaba, y cuando abrió los ojos, vio una mano conocida que le ofrecía ayuda. Levantó la mirada y lo vio, con su ceja visible fruncida, en notable preocupación. Ella le sonrió reconfortantemente.― Uff, Estoy en mala forma― bromeó la chica, mientras le tomaba la mano, mientras el joven Sensei rió suavemente en respuesta y le ayudó a caminar hasta la cima de la empinada colina.
En la cima, vio una de las escenas mas conmovedoramente hermosas que había visto hasta ahora. El cielo color azul zafiro, ahora sintiéndose tan cerca y palpable, estaba empedrado por estrellas brillantes y parpadeantes, adornando el firmamento como luciérnagas en la oscuridad, mientras la luz de la luna invadía con agresividad, bañando sus pieles con un resplandor plateado. Aiko, completamente fascinada por la vista, miraba el cielo, sintiéndose pequeña ante la inmensidad que la cubría con su esplendor.
―Qué hermoso lugar Kakashi…Que noche mas perfecta― dijo casi en susurro, con voz baja y suave, para después voltearse a ver a su acompañante, quien estaba justo a su par, mirándola directamente a los ojos, cuando estos se encontraron, con una profundidad, ahora característica de él, y le sonrió bajo las máscara, asintiendo, muy complacido, pues le encantaba sorprenderla.
Después, prosiguió a sentarse en el grueso y cómodo pasto, y contestó:
― Aquí venía a observar las estrellas con mis estudiantes cuando eran niños. ― dijo con deje nostálgico. Levantó el rostro y le hizo de seña a la chica para que se sentara igual, y ella obedeció deleitada. ―Veníamos a mirar a las estrellas, así descansábamos de un largo día de entreno― concluyó.
Aiko sonrió al imaginarse al Sensei con sus alumnos y respondió: ―Lindos recuerdos.
―Si, bueno, solo son eso…recuerdos. ― dijo, con tono ligeramente entristecido, aunque tratando de sonar desinteresado. Aiko observándolo detenidamente. Ella comprendía esa sensación. Ese sentimiento de nostalgia, a tiempos de felicidad que nunca regresarán.
― Pero eso es la vida Kakashi… Una colección de recuerdos, buenos y malos. A veces los malos pesan más que los buenos, y son los que siempre tienes presentes… como una carga en tus hombros, al que no te puedes liberar. Aun así… siempre tendrás las buenas cosas de tu vida, que te aliviarán de tu pena de vez en cuando… disfrútalos. ― le dijo, sonando más para si misma que para el Shinobi, con tono entristecido y dolido. Esto no pasó desapercibido por el chico, quien asintió reconfortado, aunque con curiosidad, pues deseaba saber mas del pasado de la joven.
― Parece que sabes muy bien, lo que dices. ― dijo con cautela, abriendo paso para que hablara más sobre su vida.
―Así es― contestó, quedándose en silencio, contemplando la decisión de si continuar, o no, hasta que se decidió… ―Se de lo que hablo, porque lo he tenido presente. Sé lo que es mirar atrás, y ver nada más que tragedia y dolor. Cada vez, recordando todo lo que tuve y perdí. Y aunque lo he perdido todo, aun conservo mis recuerdos felices. Los buenos momentos de mi vida, logran aliviarme por un instante, aunque claro, nunca dejan una sensación de vacio al recordar los tiempos que nunca regresarán. Es contradictorio y complicado, como un placer agridulce, igual inevitable, así que mejor recibir las memorias buenas y ver lo mejor de ellas. ― concluyó, mirando al vacio, con un sentimiento de desnudez incomoda, pues era la primera vez que hablaba del tema con alguien. Prosiguió en acostarse en el pasto, tan cómodo y suave, observando a las estrellas parpadeantes, tan brillantes como sus ojos, ahora llenándose de lagrimas que delataban su dolor, su carga escondida.
―Así que tu también lo has perdido todo. ― le dijo Kakashi, sintiéndose por primera vez comprendido por alguien. Por un breve momento, se sorprendió, al sentir como había conocido a otra persona que conociera el mismo dolor que él ha cargado desde corta edad. Se sentía seducido por la profundidad de esta chica. Ella le hablaba del corazón, le estaba exponiendo su dolor, una carga compartido entre ellos. Y era inevitable sentirse cada vez mas atraído hacia ella, no era más que eso. El sensei se había enamorado.
―Si, aunque, no lo perdí, mas bien me lo arrebataron. Me despojaron de todo lo que amaba en este mundo…―contestó con amargura, preocupando al peli-plata, pues se comenzaba a imaginar que tipo de pasado guardaba la chica, pero igual, deseaba saber, quería la verdad.
― ¿Quién eres? ― le preguntó Kakashi sin rodeos, con su franqueza característica.
―Takahashi Aiko, a la orden― respondió con doloroso sarcasmo, suspirando pesadamente al revelar su apellido.
Kakashi de inmediato ató cabos, puesto que ya se lo sospechaba. ― ¿Takahashi? ¿Cómo en Takahashi Akio, Líder de Seguridad de la Aldea de la Libélula? ― preguntó el Shinobi, quien estaba bien informado sobre esa figura, y claro, también con el infame suceso relacionado con esa familia.
― Líder Militar de la Aldea de la Libélula, Si, él es mi padre. ― aclaró la chica directamente, puesto que sabía que tarde o temprano le iría a revelar a alguien sobre esto, pero que fuera Kakashi le hacía sentirse cómoda de hacerlo, y abrirle su verdad.
― ¿Líder Militar? ― preguntó confundido, ―Todas las Aldea saben que esa aldea no posee fuerza militar, desde hace años. Es una aldea pequeña, sobreviviente a la Guerra con Konoha hace treinta años, y después a una invasión masiva, quedando cerca a la destrucción. Apenas se encuentra en plena reconstrucción. No hay muchos habitantes, y menos fuerzas Shinobi. ― dijo el peli-plateado tratando de comprender.
―Si, eso es verdad. Pero mi padre nunca pudo aceptar eso. Él siempre fue demasiado obstinado. ― dijo levantando la vista hacía el rostro de su acompañante, cuya ceja visible estaba fruncida y su mirada fuerte y consternada, supo que tenía que ser mas clara. ―Mi padre sobrevivió a la guerra y a la invasión. Cuando las fuerzas enemigas abandonaron las tierras destruidas y vacías, mi padre, junto con mi madre y otros sobrevivientes regresaron con el propósito de reconstruirla, y, a través de los años y sus avances, sentaron cabeza y crearon familias, poblando el lugar. Los sobrevivientes crearon un consejo, quienes se creían velar por los intereses de la pequeña nación. Ellos no deseaban regresar a ser una aldea militar, a como lo eran antes de la Guerra. Ellos querían convertirse en una nación agricultora y pacifica. Él único quien no estaba de acuerdo… era…
― Era tu padre, ― adivinó Kakashi.
―Así es, ― afirmó Aiko, y continuó, ―Mi padre creía que la fuerza militar nos regresaría el respeto y la admiración de las demás otras naciones. Él abogaba por enseñanzas Shinobi en las academias, a como lo era antes y lo es ahora en las grandes naciones. Al principio no le pusieron mucha mente… Hasta que…― pausó, aun con la vista puesta directamente en la mirada en el Sensei, buscándolo, quería sentirse segura, antes de continuar.
Él por su lado asintió, animando a que siguiera con su historia. ― ¿Hasta qué? ― preguntó Kakashi para darle pie a que continuara.
―…Hasta que él comenzaba a recibir el apoyo de muchos habitantes de nuestro pueblo. Él comenzaba a ser una fuerza para nosotros. Era admirado por mucho, mi madre igual, y los seguían con lealtad. Por eso, el consejo le temía, lo miraban como un alborotador de masas, como un loco guerrillero. Y para empeorarlo todo, él se auto-designó Líder Militar, mientras comenzaba a organizar a los voluntarios para recibir entrenamiento. Mi padre deseaba que yo me uniera a la causa, que siguiera sus pasos… Él siempre deseó entrenarme para ser una gran Kunoichi como mi madre. Al principio, en mi niñez, yo lo obedecía, porque lo amaba, era mi padre. Demostré tener talento, aunque cuando llegué a mi adolescencia, mis ideales cambiaron. No quería luchar, yo quería escribir, ser novelista, y abandoné su entrenamiento. Él me rechazó por eso. Fui su mas grande decepción. Me repudió, y, después…pasó…En el área oeste de la aldea, donde se encontraba nuestro clan… todo fue destruido… Todo por lo que mi padre luchó y trabajó, hecho cenizas. Sé que el consejo lo traicionó. Se que fueron ellos… Lo abandoné, no lo apoyé, y lo mataron…y me mataran a mi también…No descansarán hasta encontrarme y me matarán… No descansarán hasta habernos erradicado…― comenzó a decir con desesperación, mientras las lagrimas que luchaba por contener se deslizaban por sus mejillas, liberando un llanto alterado.
Kakashi se preocupaba cada vez más, pues podía notar como el problema mas serio de lo imaginado, pero, mas que nada, le preocupada el efecto que esto tenía en la chica. No le gustaba verla sufrir. Si fuera por él, ella estuviera siempre feliz y sonriente, pero ahora no había mucho que él podía hacer, mas que confortarla. Se acostó a su par, y puso la cabeza de la joven en su pecho, su mano acariciándole la cabeza, para después abrazarla fuertemente. Nunca había tenido esa preocupación ni había hecho esas acciones por nadie, pero esto era diferente.
Aiko se aliviaba con el calor que le brindaba el abrazo protector de Kakashi, sintiéndose abrigada, pero el daño ya estaba hecho, se estaba descargando de todo el dolor y el rencor que guardaba en su corazón. Se tenía que desahogar. No pudo apagar las lágrimas que brotaban de sus ahora hinchados ojos, aferrándose al cuerpo del Shinobi con fuerza, mientras que escuchaba la voz de Kakashi que le susurraba en el oído:
―Tranquila. No te pasará nada…Estas conmigo. Yo te protegeré… Estamos juntos en esto… afirmó, pues ella valía mucho para él, y ahora estaría a su lado para lo que fuera, y, aunque no era el momento ni la manera, sin obviar el hecho que él no era bueno con declaraciones de amor, esa era la mejor manera de decirle que estaban juntos ahora. No la dejaría sola, pues su huella ya estaba hecha en el corazón del peli-plata.
― ¿Estarás conmigo? ¿No me dejarás sola verdad? ― le preguntaba exasperada, abrazándolo, pues sus sentimientos estaban a flor de piel.
―No te dejaré sola. Tranquila― le decía con voz suave, y aterciopelada, tranquilizándola con éxito, ―Todo estará bien…― prometió, mientras notaba como la chica se desmayaba en sus brazos. Era claro que el cansancio físico, mental y ahora emocional del día fue mucho para ella, hasta caer inconsciente, entre lágrimas.
Kakashi le acarició la cabeza tiernamente, y ya profundamente dormida, se bajó la mascara y lentamente le dio un beso en su frente, causando una sonrisa involuntaria en el rostro de la inconsciente pelinegra. Se levantó cuidadosamente, con la joven entre sus brazos, y con cautela tomó camino hasta el hogar de la chica.
Aiko comenzaba a sentir el viento en su pelo, acariciando sus mejillas en movimiento. Pesadamente abría sus ojos y se encontraba cargada en la fuerte espalda del Shinobi, casi saliendo del bosque, a gran velocidad, e instintivamente se aferró con más fuerza al cuello del peli-plata, luchando con mantener los ojos abiertos, pues el cansancio probaba ser más fuerte que la chica, dejándose llevar por él y cayendo en un sueño ligero.
Despues de unos minutos, sintió como era acostada con delicadeza y gentileza en lo que era su lecho. Abrió los ojos pesadamente una vez más, notando como ya estaba en su habitación, y se encontró una mirada tierna, amorosa, y aun misteriosa del peli-plata. Ella le sonrió, con los ojos aun hinchados por el llanto. Él le coloco su mano en su frente, le acarició y le dio otro beso en su frente y le dijo:
― Descansa. Has tenido mucho por un día. ― sugirió, dándose la vuelta para salir por la ventana de la habitación, a como había entrado.
Aiko, reaccionó aun adormilada y dijo: ― ¡Espera! Quédate… Por favor…― pidió, con mirada suplicante. Kakashi, conmovido aceptó, regresando hacia la cama, abrigó a la joven debajo de las sábanas, mientras él se acostaba encima de ellas, respetuosamente. Ella adormilada, lo abrazó inocentemente, poniendo su cabeza en el pecho del Shinobi, a como estaban anteriormente, así, sintiendo paz y tranquilidad en los brazos del joven, se deja llevar por el pesado y abrumador sueño que la envolvía, hasta un nuevo día.
* Un fragmente "Hold Me", Letras y Musica por Duran Duran
PS:
Hello de nuevo! ^.^
Me siento particularmente emocionada y nerviosa por este capi. Es la culminación de mucho tiempo de pensar y planear el pasado de Aiko. Espero les llegue a gustar, puesto que le puse mucho empeño. Me apuré en publicar este capi por la emoción de presentarla, asi que Gomen en cualquier error que pueda tener, eso lo puedo editar después. Mil Gracias a tod s mis lectores! Ellistriel, Tel-Yuu, y Janet por comentar mi fic, realmente aprecio su apoyo y sus reviews, puesto siento que he llegado a mejorar gracias a ustedes.
Bueno, sean amables conmigo hehe Espero recibir sus comentarios, sugerencias, opiniones etc. Hasta Prontito!
XOXO
Venice
