10. Durante la Noche

"Siento esta gran presión cayendo sobre mi, Y una ola de bendición, brindada por tu compasión. "*

Eran altas horas de la madrugada. La luna alumbraba la aldea desde lo más alto del firmamento, mientras que ni una sola nube contaminaba el cielo zafiro. Los rayos plateados entraban fuertemente de entre las cortinas gruesas, llenando la habitación con resplandor nocturno. El Shinobi se deleitaba observando el rostro tranquilo y sereno de la joven pelinegra bañado de luz grisáceo. Disfrutaba repasar una y otra vez sus facciones suavizadas por el descanso profundo que la envolvía, mientras seguía las respiraciones lentas y pausadas. Se encontraba perdido, memorizando cada centímetro del rostro de la joven, tan angelical mientras que, con sus ojos, viajaba por sus curvas debajo de las sabanas.

Miraba detenidamente, como su cabeza se movía al compás de su propia respiración, mientras su mano delicadamente posaba en su abdomen, pues ella aun yacía sobre el pecho de él, sin molestarle en lo más mínimo. Era todo lo contrario. Le complacía la idea de ser su apoyo, y su protección. Estaba completamente encantado por tenerla entre sus brazos toda la noche, protegiéndola y abrigándola, a como lo había deseado secretamente. Era claro que era la primera vez que sentía así, pues a lo largo de su distante vida, nunca había planeado acercarse ni mucho menos enamorarse de alguien. Sin embargo, esa idea ya la había aceptado, por tan loca y descabellada que le hubiera parecido en otro momento de su vida.

No obstante, a pesar de la tranquilidad del momento, había algo que le preocupaba. Recordaba la información que Aiko le reveló, repasando los detalles de su pasado, y la verdad de su origen. Sabía que no era nada bueno, pues era claro que si ella tenía tanto miedo por su vida, había la posibilidad que la tragedia no estaba del todo olvidada. Pero, ¿Acaso existía la oportunidad que la siguieran hasta Konoha? ¿Acaso se encontraba en peligro? Se consternaba ante estas dudas, pues si era así, siendo ella ahora perteneciente a la Hoja, un ataque significaría una amenaza directa a la aldea. En el peor caso, un ataque podría culminar en guerra, y con tanta inestabilidad con la que lidiaba Konoha, una guerra era impensable. Como Shinobi, no podía esconder un posible peligro para su hogar. Como Shinobi, su aldea debía de ir primero. Tenía que decidir entre su deber y la mujer que deseaba proteger.

Sin embargo, algo lo sacó de su idilio, abruptamente. El cuerpo de la joven comenzaba a moverse inquietamente, aun con los ojos cerrados. Su ceño, ahora fruncido, en preocupación, mientras que quejidos bajos salían de sus labios. "Un mal sueño", pensó con ligera intranquilidad. No le gustaba verla afligida. Le acarició su mejilla tiernamente, calmando a la inconsciente chica.

—Todo está bien— calmó el Shinobi, con susurros, casi inaudibles.

—Kakashi…— llamó la joven entre sueños, mientras se aferró más a su cuerpo, abrazándolo con más fuerza, necesitando de su calor y su abrigo.

—Shhh… Tranquila, aquí estoy. Todo estará bien. Es solo un sueño… — calmó con voz sedosa y grave, rodeándola completamente con sus brazos, brindándole el calor y el sentido de seguridad que pedía en su inconsciencia. En respuesta, la joven sonrió en alivio, mientras regresaba a su descanso profundo, aun aferrándose a él conmoviendo al peli-plata.

Era obvio que confiaba plenamente en él, que dependía de él. Aunque claro, no dudaba que ella era fuerte, física y emocionalmente, pues lo que ha estado lidiando no era fácil, y peor aun, lo había tenido que enfrentar sola. Pero ya no. Ya no tendría porque estarlo. Ella ahora podía compartir esa carga pesada, con la que ha tenido que llevar consigo por todo ese tiempo. Kakashi le había prometido ayudarla, y no quería fallar a esa promesa. Ya existían muchas personas a las que les ha incumplido y decepcionado, y Aiko no sería una de ellos. No deseaba sentir ningún tipo de culpa para con ella, pues una vida de culpas y lamentos, ya es suficiente.

Nunca tuvo, ni ha tenido, las intenciones de brindar juramentos vacíos a nadie, pues ahora debía probarse digno de sus palabras. Asimismo, había un detalle que no podía desestimar, y ese era de que la aldea de la Libélula, no tenía poder militar, ya no era más una aldea Shinobi, así que provocar a una de las principales aldeas ninja no era una opción para un pueblo pequeño y débil, más aun si enfrentan con su reconstrucción. Exhaló aliviado con esto en mente, pues en el fondo, no creía que ella estaba en algún peligro, por lo menos no aún. Sin embargo, era imperativo comunicárselo a la Hokage. No debía guardarse esta información. Ella sabría que hacer para la conveniencia de la Hoja, pero de algo estaba seguro, y eso era que él se aseguraría de cumplir su juramento a como diera lugar. Estaba seguro que con Tsunade-sama, se pudiera llegar a alguna solución apropiada para ambos lados. Con esta idea en mente, se dejó llevar por el cansancio, uniéndose con la joven pelinegra en un descanso profundo, hasta la luz del siguiente día.


Los primeros rayos del sol entraban tímidamente por la ventana, acariciando el atractivo rostro del Shinobi peli-plata. Este, abrió su ojo pesadamente, para después parpadear rápidamente para acostumbrarse a la luz. Miró el rostro aun perdidamente dormido de Aiko sobre su pecho, mientras este se bañaba de luz matutina. Sonrió complacido por poder ver esa escena, por poder ver el amanecer pintado en su piel, y disfrutarlo en silencio. Sin embargo, con suavidad, retiró la cabeza y manos de la joven que posaban sobre él, para sentarse en la cama, pues pensaba irse antes de que ella despertara. No quería estar ahí cuando abriera los ojos, temiendo causar vergüenza o pena en la chica. Prefería darle su espacio en la mañana, a como ella estaba acostumbrada a llevarla, sin él interfiriendo con la rutina. No lo pensaba apropiado, por lo menos no por ahora.

Sentado, miraba extrañado a su alrededor. No había visto el interior de la habitación de Aiko de día, hasta ahora. El tono rosa pastel de las paredes, las mesas con floreros de porcelana repletos de Narcisos y Rosas blancas, los cuadros panorámicos colgados a los lados, lo divirtió un poco. Era claro que la chica, tenía un gusto bastante delicado y femenino, tal vez demasiado para su agrado, pero estaba bien, pues ella le gustaba justo como era. Se rió a lo bajo, inevitablemente ante esta idea. De inmediato, ella comenzaba a moverse mientras movía los parpados, en preludio a su despertar. El Shinobi rápidamente, aunque con cuidado, procedió a bajarse de la cama. Caminó con sigilo por el piso de madera, abrió la ventana y salió al balcón. Justo antes de cerrar la ventana, exhaló una última vez, pues ese último día junto a la joven había estado lleno de sorpresas y emociones encontradas. Definitivamente no era una chica normal ni aburrida, pero eso era intrigante y emocionante. Estos días era completamente lo opuesto a los días que esta acostumbrado llevar en sus momentos de ocio, cuando no esta en alguna misión o en obligación Shinobi. Sus rutinas eran silenciosas y calladas, tranquilas y pacificas. Al parecer ahora tendría que acostumbrarse a la espontaneidad de los actos y decisiones de la joven. Aunque, quizás no. Posiblemente, él le enseñaría a ser mas prudente y mas cautelosa. "Tal vez" pensó, antes de reírse a lo bajo, antes de dar el último salto fuera del balcón y fuera de la propiedad donde reposaba la chica.

Por su lado, Aiko, instintivamente, movió su mano donde pensaba encontrar el cuerpo del Peli-plateado, sintiéndolo vacío. "No esta", pensó con ligera decepción, pues deseaba amanecer a su lado, y temió por un segundo, que todo, su voz, el calor de su cuerpo, todo, haya sido solo un sueño. Movió la mano, de arriba para abajo, sintiendo las sabanas aun tibia mientras abría los ojos pesadamente, teniendo la convicción que no fue un sueño. Él realmente si durmió ahí, a su lado, para su alegría y alivio. Al sentir la calidez de la tela, supo que se acababa de ir recién, y sonrió divertida, pues entendía el proceder el Shinobi. Entendió sus intenciones, sabiendo que pudiera haber sido incomodo o vergonzoso, aun más, después de las revelaciones y confesiones tan imprevistas del día anterior.

"Aun no", pensó, pues no dejaba las esperanzas de tener más oportunidades de despertar a su lado, aunque la mera idea le hacía nerviosa. Se rió por lo que pensaba, para sentarse en su cama. Cerró los ojos, dejando su piel ser acariciada y cubierta por el resplandor dorado del alba, por primera vez sintiéndose feliz y emocionada por algo que le había sucedido. Estaba alegre, estaba liberada. Permitió que este hombre entrara a su vida, a sus secretos, a su corazón y ahora a su cuarto, pero esto no le asustaba, pues le encantaba la idea de poder compartirlos con alguien más, alguien solo para ella. Le encantaba la idea de poder confiar en alguien, después de tanto tiempo de vivir fugitiva, temerosa.

Procedió a ponerse sus pantuflas, mientras se bajaba de la cama, estirándose adormilada. Cogió su toalla, que estaba tirada en un asiento de su habitación, y tomó camino al baño tarareando una melodía jovial, así dando por iniciada un día normal de trabajo, guardando el secreto de su primera noche con el Shinobi, para si misma.


*Un fragmento de "Peace and Quiet" de White Lies.

PS: Aquí les va otra continuación de mi fic. Espero no les parezca muy cortito, pero quería hacer un capi enfocado en Kakashi y sus pensamientos. Espero les guste! Porfavor Comenten T_T Solo así podría saber que les pareció, y asi poder recibir sugerencias, opiniones, etc.

Tambien, le quería dar un agradecimiento especial a Ellistriel, por su ayuda a lo largo de la creación de mi fic. La verdad aprecio mucho todas las sugerencias, observaciones, comentarios y opiniones que he recibido de su parte a travez de los capitulos, pues siento que he logrado mejorar y crecer como escritora. Además, me ayudó a superar mi fobia a las Mary Sues xD Asi que: Muchísimas Gracias Ellis! Arigato! Y espero saber de vos prontito! n_n

Ya comenzé a escribir el capi 11, asi que no tardará mucho en salir después de este…

Con nada más que decir…Chaucito!

XOXO

Venice