11. Debilidad
Después de un silencio breve, una voz femenina, muy decidida e imponente volvió a llenar la habitación:
—…Esa es su misión… Kakashi, Aoba, Takeo, partirán mañana al amanecer. Como les dije, puede ser que les sorprenda este equipo que he formado, pero sé que ustedes juntos tendrán las habilidades necesarias para completar esta misión… Eso es todo…— dictó con certeza absoluta, dado por terminada la reunión.
Ya era hacía un tiempo que no había recibido una misión de esta naturaleza. No sabría cuanto tiempo duraría, cuando regresaría. Mil pensamientos pasaron a velocidad impresionante por su mente, escondidos debajo de su fachada tranquila e impasible. Pero claro, era su obligación, no se quejaba. Él no era del tipo impaciente, así que eso no era el problema. Había algo que sabía, era imperativo de mencionar. Igualmente era parte de su obligación reportarlo, pedir consejo. Sin embargo, muy dentro de él, había una leve inquietud. Prometió guardar el secreto. ¿Acaso era incorrecto divulgarlo?
— ¿Pasa algo Kakashi? ¿Hay algo más por decirme? — preguntó con tono casual la ocupada rubia, mientras pasaba con rapidez experta entre gruesos libros de cuero, anotando, leyendo, y organizando, aun notando la presencia del peli-plata, quien aun permanecía en la habitación, dada por concluida la reunión. Los demás ya se habían retirados.
—Si, Tsunade-Sama. Hay un tema que debo discutir con usted. — dijo, sin secamente. Sin embargo, nunca se había encontrado en una situación similar. Era la primera vez, en la que dudó en cumplir lo que se consideraba su deber como Shinobi. Si había un peligro, debía de reportarlo. ¿No? … ¡Claro! Había algo más, aparte de Konoha en juego. Con o sin poder militar. Había alguien que peligraba. Alguien con un pasado, alguien a quien aprendía a querer más allá de lo cordial y lo formal. Sobre todas las obligaciones, yacía la promesa de protegerla y cuidarla. Y esa era una promesa que nunca fallaría, pasara lo que pasara. Pero ahora ¿Como comenzar?
—Adelante Kakashi, me sorprende la espera…No es algo normal en ti…
— Hokage-sama, entre los pobladores de Konoha, hay una persona, quien se ha mudado desde la Aldea de la Libélula. No es una Kunoichi oficial, ni alguien de peligro, pues proviene de una tierra agricultora. Logró pasar los límites de la aldea sin problema alguno. No obstante, me he enterado que ella es, al parecer, perseguida por el Consejo de la Aldea. Es claro, que su objetivo es asesinarla a toda costa. Me temo que eso significaría traspasar los límites de la aldea de manera incógnita, y atentar contra su vida. Me pareció lo más prudente que usted supiera de esa posibilidad. — reportó con claridad.
—Ya veo… ¿Por qué una Aldea débil y agricultora, llegaría a tales extremos para asesinar a alguien que ha viajado tan lejos, y en una Aldea como Konoha, Kakashi? — preguntó, aun manteniendo el tono casual, pero claramente indagador y curioso, mientras interrumpió su trabajo para tomarse su trago vespertino de Sake tan habitual, con mirada innegablemente intuitiva, y sospechosa.
— Temor, diría yo. Como información confidencial, la joven en cuestión es la hija prófuga de Takahashi Akio, ex-Lider Militar, revolucionario, y según conozco, apoyaba la militarización de esa pequeña Aldea. Iba en contra de las creencias y planes del Consejo, y temen que, como única heredera y sobreviviente al asesinato de su clan, ella regresara para reclamar el apoyo que recibía su padre departe de los demás pobladores, y que continúe los deseos de él.
Hubo un silencio breve, que pareció ser interminable. La información ya había sido expuesta. Había hecho lo correcto. Ahora aguardaba respuesta de la impredecible y malgeniada Hokage. Ella por su lado, miraba a Kakashi, con intensa mirada, penetrante. Tratando descifrar lo que ocurría. Ella siempre ha tenido profundo respeto por el peli-plata. Ha sido de los pocos, a quien ha tratado con suma confianza. Sabía que podía contar con él, con las misiones más delicadas y peligrosas.
Sin embargo, sabía que había algo más debajo de las intenciones del Shinobi. Pensaba que era algo inusual que pusiera una mirada tan seria, y compleja, disimulada tras un perfil calmo, con una situación que, a su parecer, no era de tanta importancia. Los titubeos disimulados, las pausas, no eran normales en el siempre controlado Shinobi. Era claro, esto era algo personal. Su intuición no le fallaba, esto ya no era tanto por obligación, sino por algo más allá de lo visible. Intercambiaron miradas, hasta que ella sonrió por lo bajo, riéndose ligeramente. Pudiera ser que esto no era grave, para la extremadamente ocupada y estresada Hokage, pero por el respeto que le tenía al Shinobi, le daría su merecida atención al caso.
— La Aldea de la Libélula, es una tierra relativamente inestable. Aun enfrentan reconstrucción. Tienen un sistema frágil de gobierno. Apenas estabilizan sus cultivos, y su sistema social entre las demás naciones. No se atreverían provocar a una tierra como Konoha, aun en nuestro estado. Si puede ser, en un caso, que contraten Shinobis de otra Aldea. En dado caso, estaremos preparados. Esta chica, ya es miembro de la Hoja, y como tal, no se permitirá que la dañen a ella o a cualquier otra persona. No bajo mi mando— afirmó, con tono aliviante—…. ¡Shizune! — gritó completamente imprevisto, tras dar un manotazo en su escritorio de roble. Por su lado, el peli-plateado no se sorprendió, pues ya se acostumbró al los cambios repentinos, en el humor y tono de la rubia.
— ¡Si! Tsunade-Sama…— dijo temerosa la joven peli castaña, entrando con prisa y ajetreo, por la puerta de la habitación sosteniendo un adorable cerdito.
— Shizune, necesito que notifiques a los Shinobis sin misión, de estar alerta de algún invasor, o algún acto sospechoso. Si ven Shinobis de otra Aldea, espías, o algo semejante en la entrada norte de la Aldea, pues pueden atentar algo en contra uno de nosotros. No permitiré que nadie aproveche de nuestro estado. ¡Nadie se burlará de Konoha! — dijo, cambiando tono, a uno ligeramente agresivo. Sin duda era todo un personaje, pero tras su aspecto duro, y de temperamento cambiante, yacía una líder comprensiva y sabia.
—Enseguida— dijo la apurada joven, saliendo una vez más de la habitación. Sin duda, este era un día pesado, para ambas. No sabía que era lo que las tenía tan ocupadas a las dos ellas, pero sin duda apreciaba que le pusieran atención a lo que le presentó a la Hokage.
— No te preocupes Kakashi. Esta joven ya es una de nosotros. Nada le pasará aquí… Enfócate en la misión que te asigné. No espero nada menos que lo mejor de ti…
— Si, Hokage-Sama…— dijo, haciendo una leve reverencia con la cabeza, en respeto. Exhaló levemente, completamente desapercibido por la rubia. Sin duda era un alivio, pues temía irse, y dejar sola y desprotegida a la joven. Ella dijo haber entrenado, pero prefería prevenir. Nunca se había sentido así antes, pero deseaba cuidar a la chica. En el fondo, se preocupaba por ella, por su seguridad, por su alegría. Le inquietaba, que algo le pasase en su ausencia. Eso jamás se lo perdonaría, pues sabía que debía cumplir con las reglas y las obligaciones, pero no a expensas de la seguridad de la persona a quien deseaba proteger a toda costa.
Antes de abrir la puerta, pausó una vez más, se volteó levemente y dijo con suma sinceridad, — Gracias…
Se lanzó pesadamente al lecho, después de un día ajetreado de laburo. Era cierre de mes, y aparte de atender a la clientela, debía hacer inventario, y contar las ganancias en total. Habían pasado ya un par de días, desde aquella noche en la que compartió su lecho inocentemente con el peli-plateado. Afortunadamente, el tráfico de clientes en la tiendita estaba más pesado que de costumbre, y los días sentían irse un poco rápidamente.
Sin embargo, no podía sacar el peli-plata de su mente ni un solo minuto. Sin importar que hiciera; organizar estantes, ordenar fragancias, anotar inventario, siempre algo relacionado al Shinobi se le venía a la mente. Si no pensaba algo como "¿Qué estará haciendo?", o "¿Por qué no ha venido?", recordaba y repasaba una y otra vez, los momentos dulces y especiales que habían compartido. Sin duda, era irremediablemente soñadora. Ni el trabajo pesado, le quitaría el gusto que tenía de soñar despierta con Kakashi.
Suspiró cansada, mientras rozaba delicadamente su sábana blanca de lino. Como deseaba volverla a sentir tibias, como aquella noche. Extrañamente, aunque solo había sucedido una vez, sentía echar de menos la presencia del Shinobi. Extrañaba el calor, y el abrigo del enmascarado; sentirse protegida, poder aferrarse a él, poner su rostro en su pecho. Deseaba poder ver su cara al amanecer. ¡Ah! Si solo pudiera, despertar a su lado. Y no se sentía avergonzada de pensarlo, y de quererlo, pues disfrutaba de imaginar, como se sentiría abrir los ojos, y verlo dormido. Quería saber lo que se sentiría, dejar de estar tan sola todo el tiempo. Ya estaba cansada, de estar rodeada de gente; de estar entre tantas personas, y sentirse completamente desolada.
La soledad, siempre ha sido su debilidad. Y aunque estaba ya tan acostumbrada a ella, nunca dejó de desear encontrar a alguien quien le arrebatara el dolor de su corazón. De sacarla del vacio donde se encontraba, y de salvarla de su pasado. No era buena para ser una damisela en apuros, porque es demasiado orgullosa para serlo. Pero no podía negar que, muy en el fondo, deseaba enamorarse algún día. Soñaba vivir el amor, que tanto fantaseaba para sus historias, y sus novelas, escritas secretamente en diarios, y en pergaminos, y ya había tachado la posibilidad de vivir eso, después de tanto dolor, de tanta tragedia, de vivir como nómada fugitiva, siempre con temor, angustia, y desconfianza. Se sentía viva de nuevo. Ya no solo existía, sino que ahora tenía un propósito. Al fin tenía un camino que seguir, un hogar, un trabajo, y un hombre de quien se enamoraba cada vez más.
Cerró los ojos, con una sonrisa deliciosamente insinuada en su rostro, mientras lanzó un agradecimiento a los cielos silenciosamente, cuando un ruido la sacó de sus cavilaciones. Escuchó un golpe en su ventana, haciendo que su corazón diera un salto inexplicable. Al ver lo que causó el ruido, se sentó de golpe en la cama. El corazón latiendo a mil por hora.
— ¡Kakashi! — gritó en sorpresa; alegre, y emocionada, como una chiquilla. Se levantó de la cama rápidamente, para abrirle las puertas de vidrio, que daban al balcón modesto, pero cómodo del apartamento, portando una sonrisa que delataba su felicidad.
—Hola Aiko…— dijo con voz grave, tan sedosa y varonil como siempre, a como se lo recordaba una y otra vez, ya grabada en su mente. Solo con escuchar su voz y sentía sus rodillas débiles, como adolescente enamorada.
Lo miraba con un brillo en sus ojos, que proyectaban las emociones intensas que experimentaba en su interior. Ya no le importaba cosas estúpidas, como el disimulo, el decoro, o la formalidad. Ya no existían los nervios, o la incertidumbre, la incomodidad, o las dudas. Ya le había desnudado su corazón, su verdad, su pasado, su identidad… todo. Ya no existía ese telón, que dividía su interior, con las actitudes distantes, y desconfiadas. Para ella, él era Kakashi. Solo eso. A quien solo deseaba ver, platicar, compartir. Ya había botado ese peso de sus hombros. Ya solo era Aiko, nada más. —Pasa adelante. — Invitó, señalándole para que se sentara en el lecho. Ella le imitó.
Él por su lado, se sentía de igual manera. Pero a diferencia de Aiko, Kakashi siempre actuaba tranquilo y calmo. Aún despojándose de las apariencias, desconfianzas, y titubeos, siempre sería el controlado, y prudente de los dos. Nunca daría saltitos emocionados. Pero la alegría, y la dicha de verle el rostro sonriente, los ojos negros, como piedras ónix, sentadas a la luz de la luna, su piel delicada y tibia, su cabello sedoso y ligeramente rizado, eso no se podía negar. El deseo de acariciarle la mejilla, de rodearla con sus brazos, de besarla, yacían igualmente intensos a como ella los sentía, pero él siempre se comportaría como un correctamente, aunque le costara poner su fuerza de voluntad, siempre actuaría de la mejor manera, cargando su fachada calma… siempre.
—Hay algo que quería decirte…— dijo con dulzura, pero yendo directamente al punto, interrumpiendo el silencio que los envolvía, tan sigilosamente y hábilmente como la luz plateada que les iluminaba, mientras un candil apunto de fallecer, débilmente les acompañaba.
—Espera…— respondió la chica, en tono de suplica, conociendo el proceder del Shinobi, siempre directo, y al punto. No quería que se fuera, ni se quería contener. Ella ya era la misma joven de antes. Imprudente, impulsiva, espontanea, y amorosa. Él la revivió del fondo del abismo, donde una vez había caído, por culpa de la avaricia, y la violencia desmedida del mundo ninja. Se acercó lentamente, y posó su rostro en el pecho de él, cerrando los ojos, disfrutando del mismo calor y abrigo que sintió aquella noche. Lo abrazó, enllavando sus cuerpos con sus brazos, y dijo con suavidad, —Te extrañé Kakashi.
Esto conmovió de sobremanera al peli-plata, quien solo guardaba silencio, perdiendo las últimas fuerzas de voluntad, para comportarse. Solo, le correspondió el abrazo, apegándola a su cuerpo aun más, resguardándola, mientras el perfume de jazmines que portaba en su larga cabellera negra, acariciaba y seducía sus sentidos. Ella levantó la mirada, y se encontró con la de él. Nunca lo había visto de esa manera. Nunca había sentido el peso de su mirada, como lo hacía en ese momento. Ella sintió el mismo afecto, y el mismo deseo que ella sentía, mientras el ambiente se volvía cada vez más y más denso. Sin pensarlo, sus rostros se acercaron, al darse un suave beso, presionando sus labios, aun con la tela que separaba las pieles, pero eso ya no era suficiente.
Aiko retrajo su rostro, mirando los labios del Shinobi, que se repintaban sutilmente en su máscara. Kakashi solo la observaba, expectativo. Ella, nerviosa, pero a la misma vez decidida, dirigió sus delicados dedos hacia la máscara, deseando despojársela de una vez y por todas. El tocar la tela, miró al Shinobi, signo de pedir permiso. Él por su lado, se quedó paralizado por unos segundos. Eran muy pocas, las personas que le habían visto el rostro, desde la pérdida de su padre. ¿Acaso estaba listo para ese paso? Eso si, era claro. Ya se había hartado de tener esa máscara obstruyendo, en ese momento. Deseaba sentirle los labios. Y si confiaba en ella, y si; se había enamorado, al igual que ella. Asintió permisivo.
Deslizó la tela hacia abajo, mientras su corazón latía salvajemente, sus manos temblorosas. Exhaló en sorpresa, al verle el rostro. ¡Le había visto el rostro! ¡Ah, no lo podía creer! ¿Era acaso un sueño? No, era muy bueno, aun para sus sueños más locos. Le removió su placa, mostrando su ojo rojo intenso, que parecía brillar a la luz de la luna. Le acarició la mejilla suave, la barbilla ligeramente cuadrada, la nariz respingada. Le acariciaba una y otra vez los labios delgados, pero fuertes. — Eres hermoso, Kakashi… —Él se rió divertido. Nunca se había pensado hermoso. Eso es para las mujeres. —No te rías, es verdad… Eres perfecto. — admitió, sintiendo como él tomó sus labios con fuerza. Nunca había experimentado lo que era la pasión. De eso solo lo había leído en novelas románticas, o visto en obras teatrales de calle. Nunca, hasta ese momento. Al sentir sus labios contra los suyos, sintió como corrientes eléctricas recorrían su cuerpo. Sentía perderse a si misma, y se dejaba llevar por sus instintos. Se colgó de su cuello, mientras él la abrazaba. Sin duda, nunca se había sentido tan feliz, como en ese momento, y nadie le quitaría eso… nunca.
Su cuerpo hablaba por ella, expresaba su necesidad de sentirlo más cerca, de saber como se sentía su piel desnuda. Desamarró el protector del peli plata, mientras jugaba con los cabellos iluminados por la luna del shinobi, mientras retiraba su chaleco olivo. Sentía como sus respiración se volvían pesadas, acelerándose al compas de sus latidos impulsados por la adrenalina que recorría por entre sus venas. No había lógica alguna. No existían pensamientos, conjeturas, culpa, consecuencias, causa-efecto. Nada que se asemejara, pues sus mentes ya estaban completamente nubladas.
Los dedos de la peli negra se aventuran con curiosidad, delicadamente disfrutando la frialdad de la tersa piel de Kakashi, mientras recorría su pecho al desabotonar su camisa con anticipación. De inmediato, el agarre abrupto de él le hizo estremecer, con el contacto más cercano de sus cuerpos. Era claro que él la necesitaba igualmente, acercarla, explorarla, entre sus deseos más impulsivos. Siempre ha sido el tipo controlado, todo el mundo lo sabía, pero de igual manera es humano, y sucumbía ante la tentación de conocer a la joven aun más íntimamente. Cedió ante si mismo, al comenzar a desabotonar la blusa de la joven con delicadeza, mientras gentilmente la acostaba en el lecho, su peso aprisionándola.
Un miedo inexplicable lentamente invadía a la joven. Un miedo a lo desconocido apareció de improviso, descolocando todo sentimiento anterior de impulsividad y ansias. Una exhalación agitada delató su inquietud, sacando a Kakashi de su idilio. Se dio cuenta en ese instante de cómo la situación había escalado con rapidez, retirándose lentamente, para proceder a sentarse en el lecho, mirando a la joven con ternura. No se arrepentía de nada, pues reconocía que llegaron a ese mismo punto por deseo mutuo, sin embargo era claro que la joven no estaba lista aun, o simplemente no era el momento adecuado. No, no lo era.
El peli plateado le observaba detenidamente su rostro, sin poder evitar pasar sus dedos pis su frente, retirando unos cabellos traviesos que cubrían al rostro de la joven. Ella, por el otro lado, contemplaba el rostro de Kakashi, memorizándolo, sintiéndose como si se envolviera en un sueño. El Shinobi, por respeto y cariño, no era más que eso; por el amor que sentía por la joven, y el mismo miedo de lastimarla o forzarla a hacer algo por el que no estaba lista aun., se retiro de la cama.
— Mañana a primera hora me retiraré a una misión algo delicada. Reconozco no será fácil, pero no es algo para preocuparse. Te avisaba por si te llegara a preocupar mi ausencia. Es una despedida breve. — anunciaba con tono profundamente sedoso. No acostumbraba avisarle nada a nadie, pero en el fondo de su mente, sabía que extrañará a la joven, así que un "hasta pronto" era apropiado, un último beso antes de su nueva misión. Una misión, el cual, como el dijo, no sería fácil del todo. Ella asintió en entendimiento. Era claro que se preocuparía, pero confiaba en las habilidades de él, y sabía que regresaría, simplemente tenía que hacerlo. — Hasta Pronto, Aiko— se despidió, antes de darle un último beso en su frente.
Antes que la joven pudiera responderle el adiós, el Shinobi ya había desaparecido por la ventana. Exhaló con pesadez, procesando en su mente todo lo previamente ocurrido, observando como se movían las cortinas de seda con el viento, en la misma ventana donde salió el peli-plateada. — Adios…— Suspiró, sin saber hasta cuando sería su próximo encuentro.
— ¿Como va la vigilancia? ¿Qué tienes para mi? — preguntó una voz con impaciencia.
—Nada bueno, mi señor. La hemos seguido un buen tiempo al encontrarla en las afueras de Pais de Fuego hace algunos meses. Despues de haber perdido su rastro seguidamente, hemos encontrado su último paradero.
—¿ Y Bien?
—Se ha instalado en Konoha. Al fin ha dejado de vivir como nomada, constantemente en movimiento. Pero no esta sola. Se le ha visto junto al famoso Ninja Copia Hatake Kakashi…
— ¿Y él los ha visto?
— No. Hemos sabido guardar distancia. Que no se le olvide que somos expertos en esto…
— ¿Así que Hatake Kakashi la protege? No es estúpida esa chiquilla. ¿Y ahora que?
—Hay que pensar bien nuestro próximo movimiento. Aunque ya esta en un solo punto, esta en una aldea Shinobi, y una muy peligrosa. No solo tiene a Hatake a su lado, sino que al invadir esa aldea para cometer algún acto de guerra, estallaría algo mucho más grande y peor. No nos conviene. Por el momento hay que aguardar… Y sacarla de esa aldea…
PS:
Wow, me he perdido demasiado tiempo. Gomen gomen, es imperdonable. u_u Espero les gusta este capi que he tenido preparado desde hace mucho tiempo. Estaré sacando capis más rapidamente. Gracias de antemano por seguir mi historia, aunque las había abandonado :(!
Espero les guste! ^^ Chau chau!
XOXO
Venice
