Aquí la continuación del fanfic. En serio disculpen la demora! Pero la inspiración me abandonó por completo y la escuela no me dejaba mucho tiempo para escribir… ni para otra cosa =_=

Quisiera disculparme puesto que el capi pasado sentí que fue un completo fail y demasiado meloso en algunas partes… disculpen de veras! Pero es que casi ni lo revisé porque escribí la mayor parte en mis practicas a escondidas ;_;

Y… otra cosa, quizá la narración se sienta rápida y algo confusa, hice mi mejor esfuerzo por que fuera claro pero si hay algo en lo que les surja duda pueden preguntarme, así como también enviar sugerencias o comentarios para seguir mejorando.

Sin más, espero que disfruten del capi.

La historia y los personajes de Ao no exorcist le pertenecen a Kazue Kato.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Enfrentamiento

Haciendo uso de las pocas llaves especiales de Mephisto con las que el Okumura contaba y con el paso rápido al que ambos andaban, Rin y el viejo exorcista no tardaron mucho en llegar al bosque en el que toda la complicada misión tenía lugar. A su arribo ya era bastante tarde, el cielo estaba completamente oscuro, lleno de estrellas invisibles, opacadas por las densas nubes que flotaban en el cielo nocturno.

Rin ya podía distinguir a las figuras de negro que se amontonaban por aquí y allá en ese claro. Aceleró el paso y su acompañante, con dificultad, trato de seguirle. Un exorcista alto y robusto los miró llegar y se volvió para encontrarse con ellos. Rin caminó a zancadas hacia él para preguntarle por Yukio, pero antes de poder siquiera pronunciar una palabra se escuchó una pequeña explosión que venía de no muy lejos de aquel campamento.

-Parece que está empeorando… -escuchó el azabache murmurar a aquel exorcista con semblante duro. El semi-demonio observó las llamas lejanas y el humo que se disolvía conforme subía, podía escuchar el crepitar del fuego a lo lejos rompiendo el ambiente silencioso que parecía era frecuente en aquel lugar. Pensativo se quedó un momento sin fijar la vista en algún sitio concreto hasta que el exorcista que había ido por él se adelantó y se reunió con el que había llegado.

-¡Señor! He traído al chico de Okumura…

-¡Idiota! Si fuiste a la academia ¿por qué no trajiste más apoyo? –respondió algo molesto y nervioso el desconocido.

-L-lo siento… los que me acompañaban fueron por más gente… pero yo traje personalmente al chico que… que Okumura nos recomendó…

-Okumura ¿eh? Bueno da igual-dijo dándole poca importancia y mirando de nuevo hacia el bosque. Esa persona comenzaba a desagradarle al joven.-Mira chico, escucha con atención-soltó después dirigiendo su mirada a Rin- la situación se está complicando y como no sabemos cómo van las cosas allá adentro debemos esperar…

-¡¿Esperar?! ¡¿Pero com..?!

-¡Silencio! Y escucha, esta es una orden. Nadie puede entrar al bosque. He concretado asegurar un perímetro de nuevo y tan potente como sea posible y sólo hasta que lleguen los refuerzos entraremos allí.

-¿Se refiere a que mandaron por mí sólo para tenerme sentado? ¡Vaya genio!-expuso irónicamente y enfadado, chasqueó la lengua.

-Claro – comentó desenfadado el exorcista alto y rodando los ojos – Entiende niño, no te sientas la gran cosa, nadie te ha llamado, has sido escogido porque estabas disponible o por… ah cierto, alguien te recomendó… eso realmente no importa. Sólo escucha-puntualizó severo-el que manda aquí soy yo y digo que tú no te moverás de aquí, aún no tengo órdenes para darte. Tienes energía muchacho pero tu actitud apesta, si sigues con tu insolencia te mandaré de vigilante o te enviaré a casa.-Rin lo miraba desafiante, pero recordó las palabras de Yukio de una o quizás varias veces de las que habían discutido "Ya claro, ¿Con esa mirada piensas intimidarme o algo? Eres tan inmaduro…". Parpadeó un par de veces y tras pensarlo algunos segundos decidió someterse. Claro que no le daría la razón a ese estúpido cuatro ojos.-Tú… no hagas nada hasta que te lo ordenen.-Aquel alto exorcista se había inclinado un poco para hablarle al más joven. Parecía algo agobiado, pero más que nada enojado o fastidiado, Rin sólo pudo fruncir el ceño después de escucharle hablar, tuvo el impulso de decirle muchas cosas pero a experiencia de los últimos 2 días decidió morderse la lengua.-¿Has entendido?

El ojiazul lo miró altaneramente y asintió una vez. Sin decir nada más aquel exorcista caminó de regreso a zancadas y se aventuró en la oscuridad perdiéndose entre las sombras. El otro hombre que había ido a por él también corrió en la misma dirección y se perdió de vista.

-¿Y mientras qué se supone que haga?-gritó la pregunta al aire sin respuesta alguna.

Rin se sintió como un estúpido, allí parado justo al lado del bosque, iluminado ligeramente por un resplandor carmesí que sólo aumentaba su enojo. Le habían ordenado quedarse donde estaba y no hacer nada cuando habían mandado especialmente por él para solucionar esta loca situación. ¡Claro! Podía quedarse ahí sentado mirando como las personas que había adentro peleaban contra la bestia sin hacer nada (pues le habían puesto al tanto de la situación en el camino). ¡Pero si habían sido ellos los que le llamaron para pelear! Y ahora le decían que se sentara y esperara pacientemente ¡pero qué sensato! Rin pateó con fuerza una de las piedras a sus pies.

Ah no, había sido Yukio quien lo había llamado, seguro se metería en problemas y ahora quería que su hermano le ayudara a pesar de la "pequeña" discusión que habían tenido hace poco… Pero ahora, repentinamente, se sentía como una marioneta que era usada a conveniencia de quien la lleva. Primero a merced de su gemelo, a merced de aquel viejo señor que fue por él, y ahora, a merced (sin mencionar su humillación) frente a aquel exorcista alto que le había ordenado simplemente… no hacer nada. De repente sintió el impulso de patear algo de nuevo al recordar aquella incómoda situación de hace dos días…

Cerró los ojos y suspiró. Abrió y apretó los puños un par de veces antes de abrir los ojos. Seguro que no había pasado nada con Yukio, seguro que le mando llamar y dejo todo esto del perímetro alrededor para dejar a su hermano en ridículo, seguro era una forma sutil de venganza contra él después de la discusión de hacía unos días, ¿no es verdad?. Su gemelo, después de todo, siempre se había distinguido por ser más "discreto". El ojiazul resopló con ganas y apretó los dientes. Podría sonar algo infantil, quizás no. Su hermano a veces le sorprendía con cosas que pensaba nunca llegaría a hacer, además esta vez parecía que había algo distinto, casi podía estar seguro de que había sido Yukio quien ordeno el bloqueo.

Sintió un ardor en el pecho, de resignación y furia; la simple mención del perímetro no era la causa, pero sí el desencadenante. Rin no pudo evitar recordar cada vez que su hermano lo puso en ridículo o lo desplazó o las otras veces que pelearon (ah, eran tan… parecidas a la situación de éste momento…), simplemente comenzaron a bombardearlo, como si aquellos destellos escarlata fueran pequeñas semillas de discordia propagando un sentimiento de inconformidad que crecía y crecía…

"Maldito cuatro ojos… te las verás conmigo cuando te vea…"

Aseguró su espada y miró a su alrededor, estaba sólo, y los árboles se mecían con la fresca brisa de media noche…

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Yukio caminaba rápidamente por el bosque buscando a la criatura que estaba ocasionando aquel desastre. Mantenía el arma en su mano y cada cierto tiempo se detenía, apuntaba alrededor en busca de algo y decidía la nueva ruta a seguir. Vagaba sin resultado, el demonio parecía se burlaba de él y luego desaparecía. Harto, después de un rato, dejó de hacer esfuerzo y sólo deambuló sin prestar atención al lugar, aún con una pistola en su mano, por si acaso.

"Joder, éste demonio me está colmando la paciencia…" Pensaba mientras arrugaba la frente.
Había pasado aproximadamente una hora desde que todo aquello había iniciado, ahora sólo podía escuchar crujidos de las explosiones lejanas retumbar levente las hojas de los árboles cercanos y lejanas voces. Realmente no sabía muy bien que tan lejos estaba del campamento, o del claro, o de alguna otra persona, pero no le importaba, al fin y al cabo podría llegar allí caminando un poco u observando detenidamente por un momento los alrededores o estrellas para poder ubicarse… por ahora lo que le tenía más preocupado era encontrar esa ave que estaba ocasionando semejante desastre y que se había marchado sin más. Sólo había aparecido para crear caos e inhabilitar exorcistas. No sabía cuantos más quedaban de pie, cuantos heridos…o cuantos en el campo, seguro que la mayoría estaría por allí ayudando gente, pero bueno, los refuerzos ya habían sido llamados.

De pronto una pequeña contracción se hizo presente en su estómago, como si un cubo de hielo le hubiera caído en la barriga. Su hermano estaba entre esos refuerzos llamados. Se golpeó levemente la frente y se cubrió la cara con esa misma mano. No quería ni imaginarse que teatro podría o habría hecho su hermano cuando fueron a buscarlo… o cuando llegase, o peor aún, cuando lo viera a él. Temió porque se pusiera a pelear de nuevo con él en medio campo de batalla. Suspiró. "Vamos Yukio, no seas tan pesimista… lo más seguro es que ya lo haya olvidado… y tú sigues aquí preocupándote por eso…" Se relajó y decidió hacer caso a su conciencia, pues era verdad, era muy probable que su hermano ya ni siquiera recordara que habían tenido una pelea…(claro, era tan distraído e insensible, a veces peleaban y Yukio cuidaba encontrarse o hablar con él para que al final resultase que Rin ya lo había olvidado) Notó que los recuerdos de aquella vez regresaban lentamente, como escondidos por una niebla que se iba disipando. Temeroso, optó por distraer su mente (o mejor dicho dejar de distraerla) centrándose de nuevo en su búsqueda aunque por alguna razón no se sentía muy atento a su entorno.

Camino unos cuantos minutos más, apuntando ocasionalmente a algún sitio oscuro entre los árboles sin encontrar nada. Después de un rato, desatento, algo molesto y aburrido se dispuso a retomar su camino de regreso, pues en esas condiciones ya no podía hacer nada. Ahora ya no se oía mucho y tampoco parecía haber pistas que demostraran la presencia de la criatura. Se detuvo, cerró los ojos un par de segundos respirando profundamente y luego comenzó a guardar sus municiones y su arma…

Pero entonces algo lo distrajo, escuchó un crujido detrás de sí, lo ignoró superficialmente, así si se trataba de algo podría incitarlo a acercarse y ahí lo atraparía (aunque también esperaba que sólo fuera su imaginación)… Lo volvió a escuchar pero ésta vez más cerca, por los árboles tras él y así, con unos excelentes reflejos, se giró rápidamente y apunto con su arma al contrincante que le acechaba en la oscuridad.

Se quedaron un momento en silencio y sin moverse hasta que Yukio pudo distinguir a través de la oscuridad y esa persona dio un par de pasos hacia delante con sus dos manos levantadas al nivel de sus hombros como señal de rendición ante la amenaza del arma.

-Ah, nisan.-Sorprendido, tardó en pronunciar estas últimas palabras. No esperaba encontrarse con su hermano en un momento y lugar como ese. Parpadeó un par de veces.- ¿Qué haces aquí?

-¿Qué hago aquí? Tú mandaste a por mí ¿o no?

El mayor de ambos le respondió dándole poca importancia y con un tinte altanero. Bajo las manos situando una a su costado y la otra en su bolsillo. Yukio no sabía cómo reaccionar y frunció un poco el ceño ante la inesperada situación.

-Y… ¿Qué? ¿Piensas dispararme o algo? – Yukio lo miro algo confuso y luego entendió lo que quería decir cuando Rin rodó los ojos después de mirar hacia su mano. El menor bajó su arma rápidamente, volvió a observarlo después de girar momentáneamente su vista por lo penoso que había sido eso- Vaya forma de recibirme…

-Lo-Lo siento… no sabía que eras tú y…

-Sí, sí, ya sé. Y es por eso que incluso después de verme y llamarme me seguías apuntando ¿no?

El castaño abrió la boca para responder algo pero se quedó trabado. Está bien, había cometido un error, estaba distraído, eso era todo.

Ante el silencio de su gemelo, Rin habló de nuevo.

-Y… ¿bien?-le espetó

-¿Eh?

-Pfff… -el azabache se estiro hacia atrás poniendo las manos en su cintura como signo de enfado.- No, ya nada… olvídalo-respondió lentamente y arrastrando las palabras como si le molestara hablar con él. Yukio sintió nerviosismo, eso demostraba claramente que aún estaba molesto. Carraspeó, debía seguir con su postura, ya había estado lo bastante distraído como para quedar en ridículo con el otro chico.

-Bueno, pues ya no es necesario hacer algo, como ves todo se ha calmado y justo ahora estaba por volver cuando llegaste… -dijo tratando de conservarse sereno.

-¿Ah, sí?-Rin de nuevo dio poca importancia y paso la mirada por los entornos comenzando a caminar alrededor lentamente y, sin que el otro lo notara, acercándosele.

-…-El más joven guardó silencio, no tenía ni idea de que decir, hacer o... o… lo que fuera. Se sentía extrañamente bloqueado y no le gustaba que su hermano le estuviera ignorando, por alguna circunstancia se sentía inferior en esa situación, vulnerable ante su gemelo, como si éste pudiera decir o hacer algo que pudiera desequilibrar la situación en cualquier momento, que se saliera de control… como si, aunque no lo intentara, lograra hacerlo ceder, ser atacado, herido… aquella falta de interés de Rin no era una buena señal y mucho menos para él, Rin no era de los que simplemente deja algo a medias cuando está molesto pero… ¿Por qué darle tantas vueltas al asunto? Es decir, pensándolo detenidamente lo único notable era que existía un ambiente incómodo, desconocido era aquello que le ocasionaba ese temor a Yukio de tener a su nisan comportándose indiferente después de haber cruzado por una situación para nada agradable (pues, después de todo, no era la primera vez que pasaba); odió ese sentimiento y se llamó a sí mismo cobarde por haber querido evitar en lo posible hablar con su hermano después de eso… tal como un niño pequeño que da vueltas a diferentes temas para no llegar al punto importante de la conversación que sabe con anticipación, tendrá un desenlace no muy gratificante y quizás un castigo. Se aclaró la garganta de nuevo y se dio media vuelta con la intención de avanzar y dirigirse al campamento (claro, tanteando dónde estaba…), obviamente, también quería, aunque intentase negárselo a sí mismo, evitar encontrarse con la mirada del otro. – Sí, y tenemos que irnos. –Guardó su arma y dio un par de pasos hasta que escuchó un sonido metálico a sus espaldas- ¿Pero qué ha…?

Al darse la vuelta se quedó petrificado ante lo que veía, Rin estaba envuelto en llamas azules pequeñas, mirándole desafiante y apuntándole al pecho con la komaken.

-¿Ni-san?-atinó a pronunciar solamente.

El aludido sólo sonrió de lado y movió un poco la espada.

-¿Qué pasa… pequeño Yukio? –Preguntó con sorna el mayor –Hey… ¿Por qué me miras así? – soltaba como si no hubiera nada de qué preocuparse… parecía divertido.

Aturdido, el de gafas intentó hacer salir palabras con sentido de su boca con cuidado.

-¿Qu... qué se supone que… haces?-Podía sentir cómo su respiración se aceleraba ligeramente pero no lo suficiente como para que el otro lo notara (o quizás le tenía sin cuidado). Levantó la vista y se topó con los oscuros y profundos ojos de su gemelo.

Rin se quedó inmóvil, mirándolo por unos instantes, luego balanceó un poco la mano con la que empuñaba la espada.

-¿Sabes? Es gracioso que preguntes… -soltó una risita despreocupada. Se estiró de nuevo brevemente y suspiró, la sonrisa desapareció de su rostro y volvió a mirarlo desafiante.

Yukio esperó a que le diera una respuesta satisfactoria, como no dijo nada y se sentía presionado por esa oscura mirada suya decidió hablar de nuevo.

-¿Gracioso? ¿Es… acaso una clase de venganza por lo que pasó hace un rato? Nisan, te he dicho que fue un accident…

-Cierra la boca-El comentario fue directo y rígido. Yukio fue interrumpido de una manera que sintió como si le hubieran lanzado una piedra a la boca para que dejara de emitir sonidos.

-¿A-Ah?

Rin parecía fastidiado una vez más, tensaba un poco la mejilla izquierda y tenía el ceño fruncido. Guardo silencio. Después, repentinamente, comenzó a reírse, pasó de una risa disimulada a una carcajada intimidante que resonaba como un crujido hueco y seco en el bosque, como si fuera una tempestad usual perteneciente a aquel lugar, algo… bastante familiar.

-Hey… Yukio… -dijo recobrando la "compostura" otra vez – Dime… ¿qué se siente… ser el preferido? –Una débil brisa de aire sacudió el entorno. ¿Había escuchado bien? Su hermano le estaba preguntando que si él… El menor de ambos escuchaba con atención, intentando saber si eran sus sentidos los que le estaban haciendo pasar un mal rato.- ¿Hum? Dime, ¿Es divertido? ¿Ser especial? ¿Ser el consentido? Ser el chico perfecto… dime, ¿Qué se siente hacer sentir una mierda a los demás? –Esto último lo dijo enseñando momentáneamente sus colmillos, pero aún conservaba una pequeña sonrisa.

Se miraron de nuevo y Yukio tardó en responder.

-Que… ¿qué… se… siente?... ¿Ser especial?... pero… ¿De qué estás hablando?-Yukio relajó su expresión, abrió algo sus brazos y dio unos pasos a Rin con una sonrisa tímida que esperaba le mostrase la ignorancia del tema…

El azabache alzó firmemente la Kurikara deteniendo en seco el paso del joven exorcista.

-¿Estás jugando conmigo?-rió nuevamente. Los ojos de Rin eran opacos pero el resplandor de sus flamas hacían brillar de forma enigmática sus pupilas.- Claro, eso era de esperarse… -lo último lo dijo más para sí que para Yukio- Pero no te preocupes, no espero respuesta de alguien tan ególatra como tú.

-…

Ambos se miraron otro poco en silencio, el castaño permanecía con la boca abierta de la impresión.

-No hay problema… hermano mayor entiende… claro, él entiende todo, sí, por supuesto, es un buen chico-dijo sarcásticamente- Déjame decirte algo "hermanito"… ya no más. Estoy cansado de ti ¿oíste? Aunque cansado sería decir poco. He tenido que estar soportando tu estúpida persona con tu intolerable temperamento por MUCHO tiempo… terminaste por colmar mi paciencia, así de simple. –Parecía tranquilo de nuevo y bajo unos centímetros la espada.- No quería llegar a esto, la culpa la tienes tú ¿te das cuenta?...

Yukio sólo escuchaba y antes de poder siquiera responder (o al menos procesar lo que su consanguíneo le estaba diciendo) el otro habló de nuevo.

-Bah… de todos modos tenía ganas de hacerlo desde hace tiempo.-De nuevo hablando para sí. Una vez más soltó una risita a la vez que miraba el cielo.- Oye… Yukio… -se giró para mirarlo.- ¿Qué? ¿Te han comido la lengua o algo?-el brillo en sus ojos se tornó malicioso- Ah, claro… ¿No esperabas que YO te dijera algo así, verdad? Lo siento, parece que simplemente ya no puedo soportarte-sonrió inocentemente.

-Pero… ¿Qué…-por primera vez después de esa impresión, habló. Sintiéndose como entumecido, tal como una estatua que lleva siglos congelada en un lugar viendo pasar el tiempo. Sentía el cuerpo extrañamente pesado, cada vez más y más pesado. - qué estás diciendo? No entiendo… -dijo lentamente sin parpadear, entornando sus ojos a la silueta de su gemelo.

-¿Hm?-Fue lo que se digno a pronunciar Rin como único signo que diferenciaba el atenderlo o ignorarlo.

-Yo… yo entiendo que estés enfadado pero… pero-Yukio podía sentir esa horrible sensación que había tenido hace tan sólo dos días atrás. Esa sensación de que algo frio le caía en el estómago, de que lo golpeaban en el pecho sacándole todo el aire, de que exprimían su cerebro hasta evitar que pudiera siquiera poder distinguir la sombra de un objeto. Esas palabras parecían ser mentiras, mentiras que solo pretendían hacerlo ceder, ceder como usualmente no hacía. "Eso de guardarte las cosas Yukio... eso hace tu corazón vulnerable a los demonios" le había advertido Shura, ahora se preguntaba si ese era el único inconveniente que aquello le podía ocasionar. Reflexionó; sí, habían discutido, lo hacían de nuevo, parecía que había sobrepasado los límites de tolerancia de Rin y por eso ahora le hablaba así. Su hermano estaba molesto, muy molesto, lo entendía, se decía eso a cada momento "Está molesto… sólo es eso… no quiso decirlo en realidad…". Trataba de controlar su respiración "Vamos Yukio, puedes manejar esto, solo es un demonio enojado… una… persona enojada…" Pensaba y pensaba en ello, le daba vueltas, trataba de olvidarlo, pero aún así… no podía evitar que esas palabras que para él no significaban nada (no, mejor dicho que no QUERÍA que significaran algo) le lastimaran, le hirieran como si fueran una fría y pequeña daga encarnándose en su pecho lentamente, pues las evitaba, las conocía y se convencía de que no eran reales pero esta vez su escudo de indiferencia no le estaba ayudando para nada. Y lo peor de todo es que estaba perdiendo la compostura ¿Así cómo podría manejar aquella situación?

-¿Pero?-repitió violentamente el más bajo. Esperó un poco la respuesta pero impaciente resopló.- Sí bueno, es obvio que estoy molesto… Te crees un buen hermano ¿no? ¿Quieres saber entonces por qué estoy enojado? ¿Eh?... tsk ¡Claro que no! ¿Cierto? Piensas que sabes qué es lo que me pasa… déjame informarte pequeño cuatro ojos que no sabes NADA sobre mí, no pretendas conocerme, estúpido-Yukio alzó su mirada, no podía ser que él supiera que estaba pensando en…-No es como si hubieras estado muy interesado en mi, o en alguien más, pero no te preocupes, eso me tiene sin cuidado…

-¡¿Por qué me dices esto?! ¡¿Ahora?!-Soltó el menor con volumen alto, intentando que sus palabras no se quebraran… Comenzaba a desesperarse, su hermano decía cada vez cosas más horribles y sentía como si se hundiese en un abismo, y cada palabra fuera una cadena que le jalase hacía abajo, y cada mirada de desprecio, fuera una patada que le daba a sus manos cuando intentaba aferrarse al borde para no caer.

-Pff ¿Qué? ¿Por qué preguntas? ¿Eres idiota o algo?

-No quiero escuchar sobre eso… ¡te he dicho! ¡Comprendo que estés molesto! ¡Pero esto sólo nos hará discutir más! ¡Ya no quiero hacerlo! Incluso podríamos discutir esto en otro momento… Además no tienes idea de cómo…

-¡Ah! Pero no te preocupes por ello… no volveremos a pelear-dijo con malicia. Una sonrisa poco usual apareció en su rostro, tan sombría como aterradora, le producía esa sensación que sólo había sentido cuando de pequeño esas sombras sin nombre acechaban desde los rincones.

-¡Pero nisan…! –Rin hizo cara de asco y blandió la espada tan rápido que fue casi imperceptible, ese movimiento acertó en la mejilla derecha del otro ocasionando que retrocediera un par de pasos desconcertado mientras Rin los avanzaba. -¡¿Po-por qué has…?!

La mirada del azabache ahora era sombría y lo miraba con aire de superioridad. Le volvió a apuntar distraídamente con el sable. Su mirada de repente se notó vacía y su rostro inexpresivo como una roca, irreconocible, pero si hubiera que mencionar una sensación que transmitía, sería repugnancia.

-No lo digas.

-¿E-el qué nisan?-preguntó nervioso el otro, temeroso de hacerlo enojar de nuevo.

El aludido volvió a mostrar repulsión y esta vez movió la espada con más fuerza pero a un costado de Yukio, había sido una advertencia, de haberle acertado a una parte de su cuerpo seguramente le habría generado una gran herida.

-¡Ghh! ¡Eso, idiota! ¡Deja de decirlo! ¡Es irritante! ¡Lo odio! Lo odio como no tienes idea.

-¿Pe-pero de qué…?

-"Nisan"-dijo fríamente sin parpadear- odio… ODIO que me llames así. Todo el tiempo es "nisan esto" o "nisan lo otro"-decía usando una vocecilla molesta- ¡Arrgghh! ¡Lo detesto! ¿Es que sigues siendo un niño pequeño? Además es estúpido, un par de minutos… segundos de diferencia… por Dios… es… es… -Alzó los brazos un poco, como tratando de expresar a su "incomprensible" hermano lo que quería decir. Abrió y cerró sus palmas y miró al cielo como si ahí pudiera encontrar la respuesta. Escasos momentos fueron los que gastó haciendo eso, en los que Yukio simplemente lo observaba atónito tratando de creer que sus sentidos le estaban mintiendo. De pronto, Rin se calmó y bajó la mirada de nuevo- Vaya… ¿cómo puedo esperar que lo entiendas?

El mayor se encogió de hombros y pareció dar poca importancia, después pareció como si comenzara a calmarse. El menor vaciló un poco antes de acercársele para tranquilizarlo y cambiar el pesado ambiente que sentía de momento. Pero no contaba con el brusco e inesperado movimiento de Rin: éste lo alcanzó en una zancada y Yukio, al tratar de evadirlo, cayó de espaldas sobre el frío pasto del bosque. Antes de que pudiera quejarse o incorporarse, Rin ya estaba encima suyo, de pie y apuntándole con su sable de nuevo.

Más silencio incómodo se hizo presente pero para bien o para mal, duró poco. Rin habló primero.

-Nee… Yukio – guardo silencio como esperando una respuesta del aludido, aunque realmente no pretendía que le respondiera – "Okumura sensei"~ -soltó una corta y seca carcajada al expresar con sorna las últimas palabras.- Vamos… no mires así… haces que parezcas una víctima… -Lo miró con burla y casi inmediatamente su semblante se tornó indiferente, se puso serio de nuevo- pero no lo eres, y lo sabes.

Avanzó un par de pasos pequeños más quedando sus pies a la altura de la cadera de su hermano. La espada oscilaba en su mano sin apuntar algún sitio e específico, como si fuera un péndulo de alguna adivina, que lo mece un par de veces antes de dejarlo caer donde la suerte lo conduzca y encontrar así algún presagio del futuro. Pero esto era distinto.

-E-es suficiente, nisan, has ido bastante lejos – sin saber de dónde, Yukio se armó de valor y con algo de cuidado y urgencia escogía las palabras que le soltaba a Rin. Pero podía sentir que la desesperación se apoderaba de él. Su hermano no había dudado para nada.- Déjalo ya… estoy cansado de discutir…

-Yo también Yukio… yo también… -Sus labios se doblaron formando una malvada media sonrisa que el castaño pudo ver sólo una fracción de segundo, antes de que dejara de ver, como esas veces que miras a un lugar sin que realmente observes nada.

La sangre salpicó. El mayor de ambos había blandido su espada a uno de los costados de su hermano, rasgando su gabardina y causándole una gran herida. El agredido tardó en reaccionar. Primero no sentía nada, después comenzó a sentir el aire frío rozar su piel en esa parte, tal como esas veces que salía al parque a jugar cuando era niño sin el abrigo necesario, después calor, un calor que le quemaba cada vez más y más rápido, avanzaba rápidamente y sentía como si se lo carcomiera por dentro, como si le hubiesen arrancado un pedazo de piel. Pero sólo era la herida que comenzaba a sangrar. Impotente sólo pudo aullar entre dientes y recargarse al costado contrario para no lastimarse. Encogió su cuerpo y trataba de hacer presión sobre los músculos aledaños a los heridos para evitar sentir esas agudas punzadas, tal cual un niño que se aplasta un diente contra la encía cuando está a punto de caerse para sentir que controla el dolor que podría llegar a sentir.

El ambiente era silencioso y solo se escuchaban los gemidos amortiguados del castaño. Rin, de pie sin moverse, lo miraba indiferente, pero lentamente su mueca pasó a una de fastidio y repulsión.

-Tsk…

Sin tener nada en especial en la cabeza, el menor solo intentaba apretarse contra sí mismo para evitar el dolor. Se dio cuenta ya muy tarde que estaba indefenso ante su hermano…

-¡Agh! – Escupió algo de sangre combinada con aire y saliva que fueron violentamente empujados al exterior por el pie del azabache. La patada que le dio fue de lleno en el estómago y le hizo toser sin remedio.

Tal como un moribundo, se encontraba recostado sobre el suelo, jadeando, sangrando y haciéndose un ovillo. "Esto no puede estar pasando… no puede…" se decía aun conservando esperanzas de que su hermano dejara de lastimarlo, de que "entrara en razón". ¿Pero era eso lo que realmente le preocupaba? ¿Era la falta de interés y afecto que mostraba su hermano lo que lo hacía sentirse miserable? ¿O era su propia seguridad? Tal vez su gemelo tenía razón, y era egoísta. Ni siquiera en esa situación sabía lo que sentía, o lo que pensaba y conforme más transcurría el tiempo, se hacía más difícil el aclarar los pensamientos que poco a poco se iban acumulando haciendo más confusa su mente.

-Eres tan patético.

Estas palabras pasaron al parecer un tanto desapercibidas por Yukio, al menos a la vista del mayor de los dos, pero en verdad cada acusación que le hacía su hermano iba destruyendo poco a poco su autoestima, arrancaba sin piedad cada retoño de ella que pudiera aparecer en su defensa. No sólo estaba perdiendo la pelea con Rin, se estaba perdiendo él mismo.

Rin, por su parte, se sintió ignorado ante la indiferencia de su gemelo. No era algo que le sorprendiera, ya estaba acostumbrado, pero no pudo evitar hacer una mueca de disgusto al notar aquello y verle retorcerse en el suelo como un gusano inmundo al que alguien pisoteo por error, incluso uno de sus colmillos se hizo visible.

-Ya has hecho bastante hermanito~ -dijo en un tono burlón que después se tornó gélido e inexpresivo-ya me has… herido bastante – El azabache entornó los ojos y los entrecerró unos segundos esperando que lo mirase, cosa que ocurrió segundos después cuando el menor levantó a duras penas la mirada.

El ojiazul lo pateó una vez más a la vez que agitaba su espada, logró hacerle algunos rasguños por el cuerpo y rostro y lo colocó boca arriba mientras jadeaba. Elevó su arma unos segundos, como dudando de lo que hacía… o quizás sólo decidía el mejor lugar para enterrarla. Bajó su brazo con furia y ahora le dio al costado contrario del castaño, pero hiriéndolo más debajo del otro intento. Ahora éste no tenía a donde hacerse, de ambos lados sentía dolor, sentía como si el aire de alrededor le quemara y le estuviera consumiendo desde sus costados hacia adentro lentamente y que desaparecería en cualquier momento. Se mordió un labio, no quería dejar salir quejidos fuertes, eso seguramente esperaba su hermano. Pero no, se controlaría, y más que eso, aún tenía la esperanza de hacerlo entrar en razón y por tanto, trató como pudo de calmarse y respirar hondo. Ese dolor no era nada comparado a las agudas punzadas que sentía en el pecho. Frías y a la vez lacerantes. Quiso pronunciar unas palabras para calmar a su gemelo, aunque fuesen un par de ellas, aunque fuese un sonido… o su nombre incluso, pero no podía, por más que intentaba nada salía de su boca.

La respiración del más bajo comenzó a acelerarse, era como si estuviera decidiendo si hacer lo que tenía planeado hacer en seguida, fuera lo correcto o no, sin que eso fuera necesariamente lo que lo tuviera agitado. Miró a su hermano con atención, temblaba en el suelo y ya no se contorsionaba tanto debido, seguramente, a que ahora estaba herido de ambos lados. Con un ligero tinte de tristeza su mirada se tiñó, pero luego se vació, no hubo expresión alguna mientras miraba como el exorcista sufría. Observó un poco más y después una sonrisa casi imperceptible se fue formando malignamente en sus labios.

-Largo- fue lo único que pronunció y dejó caer con una fuerza masiva la kurikara en el pecho de Yukio, bastante pegado a su hombro del lado derecho. Hubo algo de silencio por un par de segundos. Después de ello, fue inevitable soltar un grito que pareció desgarrar la garganta de Yukio, la espada atravesó su carne como un simple filete de pollo, su filo, fino y helado, cortó con precisión su piel y se adentró rápidamente incluso hasta tocarle la articulación del hombro o atravesarle la espalda, estaba casi seguro de eso. Su grito ronco y prolongado se escuchó por gran parte del bosque. Ese lamento fue imposible reprimirlo, gritó como su cuerpo se lo pedía y sin pensar en ello, aunque poco a poco comenzó a intentar ahogar ese quejido. Al mayor, por su parte, parecía no importarle que su grito resonara alto y que alguien pudiera descubrir su posición. El suelo, y ambos Okumura estaban manchados con sangre, el más pequeño era el que más llevaba y a diferencia de Rin, esa sangre que manchaba sus prendas y cuerpo si le pertenecía. No le importaba ya si algo más pasaba, total, esto estaba por terminar.

Miró con hastío aquel joven que yacía en el piso. Aferró su puño con fuerza a la komaken y comenzó a girarla con lentitud en sentido de las agujas del reloj mientras aún estaba clavada en el otro hijo de Satán. La calma que había podido acumular Yukio estaba siendo descompuesta fácilmente, y no sólo por el dolor que sentía cada vez que ese pedazo de metal giraba haciendo su herida más grande y profunda, exponiendo su cuerpo, si no que esa mirada que fue capaz de observar cuando pudo abrir los ojos fue desalentadora, pensaba… no, ESPERABA encontrarse con una cara furiosa, quizás incluso con lágrimas por las emociones mescladas, pero sólo vio una mirada vacía que le observaba con desprecio y burla, como si realmente quisiera… matarlo.

Sentía la boca seca, pero aún así había saliva que se colaba por la comisura de sus labios, su corazón latía a más no poder y le dolía, sentía todo su cuerpo palpitar, sus extremidades entumecerse y sus párpados pesados. Pero no quería cerrar los ojos, aunque eso significara ver como la persona que más amaba le hacía tanto daño sin siquiera inmutarse, por miedo a… ¿Qué? ¿Muerte? Probablemente…

Agujas de dolor se internaban en su pecho y en todo su torso, inclusive en su espalda, apretaba los labios, los ojos y después los abría intentando pensar que todo aquello era una pesadilla, una pesadilla que pronto terminaría, pero le dolía demasiado. "¿Recuerdas cómo te enteras si estas soñando Yukio? Debes pellizcarte, porque en los sueños no sientes dolor, sólo miedo" Recordó una voz suave y grave en su cabeza. Pero estaba completamente seguro que lo que sentía era dolor y también miedo.

El ojiazul que seguía de pie continuó lentamente con su tarea hasta dar casi una vuelta completa con su espada dentro del pecho de Yukio y luego la sacó violentamente, salpicando sangre y manchando sus pantalones. El castaño gritó de nuevo, pero intentando ahogar casi exitosamente su lamento. Apretó los párpados y abrió un ojo a duras penas para poder mirarlo al tiempo que se giraba hacia el costado que menos le dolía, pues apenas y podía respirar, no soportaba estar más boca arriba pues sentía que aquel cielo estrellado lleno de nubes era pesado y le aplastaba impidiéndole moverse, asfixiándolo. Escupió sangre, más de ella, y tosió, no lo notó hasta entonces pero estuvo a punto de ahogarse con su propia sangre que salía violentamente desde su interior, sin saber precisamente de dónde venía.

El más joven intentaba abrir los ojos y mantenerlos así, y aún después de otra patada que le propicio su hermano en el estómago con trabajos los entreabrió una vez más.

-¿Po-por qué? – se quejó casi inaudiblemente a voz de garganta, seca y ronca. La pregunta fue casi un pensamiento, un reflejo, su inconsciente hablando en voz alta, porque Yukio se lo preguntaba, en serio lo hacía, le volvía loco, pero no quería saber la respuesta, después de todo lo que había escuchado... quizás todo aquello era la respuesta que sin sentido y deseo buscaba, pero no quería volver a oírlo.

Rin resopló y le miró con desagrado, era tan ingenuo. Caminó hacia él y a su paso le pateó con todas sus fuerzas en la cara, tanta que lo hizo que se girara bruscamente al otro lado, ahora inconsciente.

El silencio regresó, y el Okumura mayor se quedó inmóvil unos momentos, mirando con una expresión parecida al tedio en el rostro. Las hojas y ramas secas que crujían bajo la espalda del menor mientras forcejaba ya no se oía y la agitación en el aire se había calmado, pero esa extraña sensación en el ambiente aún rondaba aquel claro. Caminó sobre el castaño, pisando el suelo a su costado y pasándolo de largo, dejándolo como si no fuera más que una molesta basura de la que al fin había podido deshacerse. A lo lejos, comenzaron a escucharse voces y de nuevo los crujidos de las hojas, lejanos y agresivos. Los exorcistas, de seguro eran ellos, habrían de haber escuchar el escandaloso barullo del "cuatro-ojos" y venido a buscarle en cuanto pudieran. Claro que, sería difícil encontrarle, teniendo como única referencia probablemente los únicos gritos que había soltado; así era como pensaban buscarle seguramente (estaban en esa situación de emergencia y en un grave problema en el bosque, no era el único herido, así que sería improbable que llevaran consigo a algo o alguien que ayudara a dar con el paradero del "señor Okumura" con mayor rapidez y/o exactitud) tardarían en encontrarle, y para ese momento él ya no estaría, y quizás ya sería demasiado tarde para su hermano… Sonrió dando un vistazo sobre su hombro apreciando al exorcista cubierto de sangre y heridas. Sus anteojos estaban mal colocados y bastante rotos.

Los ruidos se acercaban lentamente pero aún se sentían lejos. Ahí, detrás de él, un charco de sangre iba creciendo gradualmente. Fue la última vez que miró hacia atrás; volvió la vista al frente y con una idea más en mente, se alejó internándose en la oscuridad de aquel confuso bosque.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

El alboroto que estaba teniendo lugar alrededor del perímetro se había calmado, sólo había un par de exorcistas que corrían de aquí para allá atendiendo a los heridos o llevando informes. Con sus capas negras parecían fantasmas oscuros danzando en la oscuridad de aquel claro que ahora se encontraba más lleno de gente. Incluso dentro del bosque la búsqueda había cesado al igual que las explosiones y al parecer ya no había gente dentro.

Un grito había desestabilizado un poco aquella calma, aunque sólo los más cercanos al perímetro y los que aún se encontraban en las cercanías pudieron oírlo, los que se encontraban en el campamento apenas y lo notaron. Algunos exorcistas se preocuparon por ello, significaba que aún había gente adentro del bosque y no debían tardar en ir en su ayuda. Ese lamento no había sido para nada alentador.

Un par de hombres con grado de dragoon, un aria y 2 tamers se internaron en la arboleda para encontrar a aquel soldado perdido.

La noche se calmó y las nubes comenzaron a dispersarse, permitiendo que la luna brillara con mayor intensidad y aquella fría oscuridad se disolviera un poco. El hombre a cargo, por su parte, leía los últimos reportes y mordía la punta trasera de su bolígrafo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Los agentes lograron dar, después de alrededor de 30 minutos, con el cuerpo de un muchacho. Un poco perturbados por la escena, decidieron mandar a un par de ellos de regreso por una camilla y un doctor. Mientras, los demás hacían lo que podían para detener el sangrado y llevar al herido de la mejor manera al campamento mientras se encontraban con la camilla que usarían para transportarlo, no podían perder tiempo. Esto hizo que la noticia corriera, pero sólo los altos mandos se enteraron del nombre del lesionado.

-¿Qué has dicho?-preguntó alarmado uno de los jefes de escuadrón - ¿Cómo ha sido eso posible? Tales heridas… ¿Seguro que es el único cuerpo que encontraron? Sólo uno de sus compañeros volvió y no estaba herido…

El joven exorcista con el que hablaba asintió nervioso y antes de que pudiera formularle otra pregunta se marchó. Aunque verdaderamente parecía más que aquel hombre hablaba consigo mismo que con alguien más, demandando respuestas satisfactorias.

El grupo que transportaba al lastimado castaño, ya teniendo consigo el doctor y la camilla, regresaban a toda prisa al campamento. El doctor había quedado horrorizado con tal cantidad y forma de heridas que tenía por todas partes, pero no podía hacer nada, además ese chico estaba inconsciente, no lo culparía si no despertara en los próximos 3 días. Una sombra miraba desde la oscuridad la escena y sonría con malicia. Se fue acercando lentamente a aquel grupo que apresuradamente cruzaba el mullido y verde entorno.

Aún así, un joven distraído que se encontraba rondando el perímetro, bastante alejado del campamento, había escuchado con especial impresión aquel grito que había salido del centro del bosque.

-¿Qué ha sido eso? – se preguntó en voz baja observando atento y con una extraña sensación de temor en el estómago. – No creo que…

Se mantuvo en silencio caminando de vuelta al claro, dirigiendo su penetrante e intrigada mirada al oscuro y misterioso bosque al que no le habían dejado entrar. De alguna manera u otra escuchaba gente hablando conforme se acercaba al campamento, pero tomaba poca atención, hasta que escuchó una simple palabra que le provocó volverse, sin saber especialmente por qué. Giró la cabeza rápidamente en aquella dirección y observó a ese hombre que le recibió hacía unas horas. Se escondió tras un árbol y escuchó atentamente.

-… sí señor, creo que… es grave –decía un afligido y bajito señor con gorro. Hablaban casi en susurros por lo que era un poco difícil distinguir claramente de lo que hablaban.

-Hm… -contesto el hombre alto asintiendo lentamente mientras parecía meditar- Ya veo… ¿ya lo están trayendo, cierto? Esperemos que no sea nada irremediable. Ese chico…

-Yo… sólo he venido a informarle, debo regresar ahora. Puede que traigan a Okumura-kun en cualquier momento…

-Sí, sí vaya, vaya… - El otro hombre hizo una reverencia y se fue con paso apurado. El exorcista se quedó en el campo pensativo y siendo observado por el otro tras el árbol.- Okumura… pero ¿qué demonios estaba pensando? –Recogió una mochila a sus pies y avanzó hacia el lado contrario del hombre que acababa de irse. Murmuró algo mientras se iba pero no se escuchó. Por su parte, el chico distraído tras el árbol se quedó inmóvil. ¿Okumura habían dicho? Su imaginación comenzó a elaborar demasiadas conclusiones, ninguna muy buena y se horrorizó por un momento. Así que ladeó la cabeza, intentando despejar su mente. Debía ir donde la otra persona había ido, seguro que se enteraba de más. Se dio unas palmadas en las mejillas y salió corriendo, debía llegar pronto, tenía un mal presentimiento.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

En el bosque cerca de 2 kilómetros del campamento (quizás más, quizás menos, las distancias era difíciles medirlas al tanteo con la oscuridad que los árboles propiciaban), el grupo que llevaba a Yukio se sentía aliviado de estar prontos a llegar, pero aún así le llevaban con cuidado para no empeorar su estado.

Uno de los aria se que encontraba cargando la camilla por el lado izquierdo, con mirada nerviosa y temerosa, escrutaba a su alrededor, así que se sobresaltó de más cuando notó la mano del herido moviéndose.

-¡AH!

-¿P-pero qué demonios te pasa Joseph?- preguntó el que cargaba la camilla por el frente

-O-Okumura-k-kun e-esta…

-¿Eh?

Los acompañantes giraron para al individuo mencionado, sus párpados temblaban y después de un corto titubeo se abrieron, su mano también temblaba y la llevó lentamente a su pecho, en el que seguramente sentiría mucho dolor.

-¡Okumura-kun! – llamó el doctor que iba al frente del grupo cuando regresó a su lado y ver qué pasaba. – No se esfuerce por favor, pronto llegaremos al campamento y…

La boca del menor se movía, parecía que quería decir algo, pero no podía, el doctor lo miro incrédulo un par de segundos y luego se acercó. Aún no escuchaba ningún sonido y al parecer el joven exorcista también estaba consciente de que no hablaba, y frunció el ceño con unas de las pocas fuerzas que le quedaban. Se aferró a una de las muñecas del doctor con su mano izquierda y pronunció con claro esfuerzo.

-O-Okumura…

-¿Okumura…? – repitió el doctor.

-No… deje… que… Okumura… Rin… se acerque… se acerque a… a mi… por favor…

-¿Rin…? ¿A su hermano, se refiere? Pero…

La expresión del castaño parecía de súplica y cuando parecía querer volver a pronunciar "por favor" se desmayó.

El doctor quedó sorprendido por sus palabras, pero más aún de que hubiera despertado y ser capaz de pronunciar algo coherente. Dudoso lo miró y después regresó a su lugar, estaban más cerca y se veía a lo lejos un pasillo delimitado por exorcistas desde el fin del bosque hasta el la tienda de atención médica.

Al ver que la luz iba iluminando cada vez más el camino, todos dejaron de prestarle atención al hijo de Satán y nadie notó que una bruma oscura salía y se alejaba de él, dirigiéndose rápidamente hacia las tinieblas en las que, conteniendo una carcajada de triunfo, se encontraba aquella sombra que le miraba con satisfacción.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Un barullo se podía escuchar alrededor de esa gran tienda y aquel joven exorcista sabía por qué, había estado escuchando a escondidas a otros compañeros después de oír la conversación sobre Okumura. Se acercó cuidadoso hasta que pudo observar aquella línea de hombres que formaban un pasillo parecido al que les hacen los policías a los artistas famosos para que los reporteros no los aborden mientras caminan, sólo que este pasillo era bastante amplio, pero ahora comenzaba a dispersarse. Vio que un grupo de exorcistas salía de la tienda, pensó que seguramente ya habrían traído a Yukio y se aproximó con sigilo para ver mejor, conforme avanzaba notó que varios exorcistas entraban y salían cada cierto tiempo. Echó un vistazo a los alrededores disimuladamente, todo parecía haberse calmado, la noche fresca se sentía en sus mejillas y el viento agitaba su cabello negro. Respiró hondo, tenía que entrar, se sentía inquieto pero no pensaba dejar que alguien lo notase. Avanzó y nadie le detuvo, iba a paso rápido y al visualizar de frente la entrada a la tienda casi comenzó a trotar, pero cuando pensaba que ya era un hecho que había conseguido llegar sin ningún incidente un exorcista extrañamente familiar le detuvo.

-Disculpe, pero no puede pasar. Es la tienda del servicio médico y ahora mismo…

-¡A un lado! –Gruñó- ¡Que necesito entrar! – dijo sin mucha paciencia al ser interceptado cuando ya se había imaginado incluso buscando dentro de la tienda.

La respuesta hostil sobresaltó un poco al otro exorcista, que hizo una mueca casi imperceptible de desagrado y cerró los ojos un momento como meditando para luego abrirlos y contestarle.

-Hay un compañero exorcista que ha sido gravemente herido y…

-¿Gravemente herido? ¿Qué tanto? –interrumpió de nuevo- Por favor, dígame que está bien… o no, mejor aún, dígame que no es quien creo y…

-Ejem –carraspeó cerrando los ojos, parecía perder la entereza, pero se esforzaba por mantener su tono cordial y calmado pero autoritario- ¿Por qué tanto interés? –preguntó lentamente, como escogiendo las palabras con cuidado con la apariencia de querer evitar otro conflicto o bien que el muchacho cabezota que tenía delante le entendiera- Pero no puedo decirle si está bien o no, yo no soy el Doctor y ahora mismo están atendiendo a Okumura…

-¡¿Okumura?! ¡¿Está completamente seguro?!

-¡Por supuesto que estoy…!-respondió elevando la voz, cansado de la altanería del otro muchacho aunque pocos segundos después se dio cuenta de que le había dado el nombre del compañero herido.

-¡Entonces hágase a un lado! Debo pasar a…

-Por supuesto que no, ¿Qué no me está oyendo? ¿Quién demonios se cree ust…?

-¡Soy su hermano, joder! ¡Déjeme pasar a verlo!

-¿Su hermano?- repitió incrédulo el exorcista más grande. Su expresión se calmó y dirigió su mirada con un toque de preocupación hacia atrás. El más joven le tomó poca importancia pero no lo pasó por alto. El exorcista se volvió hacia él lentamente- ¿Okumura… Rin?

-¡El mismo! ¡Ahora, si es tan amable, déjeme pasar de una buena vez! –dijo ya casi cabreado. Avanzó hacia delante un par de pasos pero el brazo del exorcista lo detuvo y unos cuantos más se acercaron por detrás, manteniendo cierta distancia pero igualmente bloqueándole el paso y la entrada. – ¿Pero qué dem…?

-Lo siento, pero no tiene permitido entrar.

-¿Qué? ¿Pero por qu... ?

-Eso no importa, hay una regla estricta que prohíbe específicamente que Rin Okumura entre a esta tienda bajo cualquier circunstancia.

-¿Qué? Y quién creo semejante estupidez que…

-Son órdenes de arriba, a usted no le incumben. Le pido de la manera más cordial que se retire.

El joven demonio enfureció y algunas diminutas flamas aparecieron aquí y allá por todo su cuerpo. Dio un alto salto pasando al grupo de exorcistas sin mucho esfuerzo y sin importarle los destrozos que causara durante su intento de evasión (empujando gente, tumbando mesas, sillas, incluso otras mini-tiendas). Por fin, al estar a 3 metros de la tienda alguien le jaló por atrás ocasionando que se estrellara contra el piso de espaldas. Aturdido, se irguió lentamente sobándose la nuca para, al sentarse en el suelo, buscar furtivamente con la mirada a su atacante. En frente de él encontró otros 2 exorcistas, el alto que le había recibido al llegar al campamento y uno que no conocía.

-Es suficiente Okumura-sentenció el más alto.

El aludido frunció el seño y tomó aire para poder reclamarle por un buen rato sin la necesidad de detenerse a respirar, pero de nuevo fue interrumpido.

-¿Qué clase de comportamiento es éste? – inquirió severo y con los brazos cruzados aquel autoritario exorcista.

-¿Qué? Pero si yo sólo…

-Así que él es Okumura. –concluyó el desconocido en voz baja pero audible, como diciéndolo para sí.

-Sí, soy Rin Okumura, el hermano MAYOR de Yukio Okumura que está allá adentro y que no pued…

-Es suficiente muchacho, has ido muy lejos.- aquel hombre alto parecía bastante enfadado y sin intenciones de perdonarle alguna otra falta por más pequeña que fuese. Rin estaba más intranquilo que nada, podría estar furioso, nervioso, regañado e incluso temeroso, pero la impaciencia por entrar le estaba ganando, tanto que hasta oír estas palabras y mirar por unos instantes al par de exorcistas delante de él, se dio cuenta de su error. Había sacado sus llamas y se había puesto agresivo. Tendría suerte si no llamaban al Vaticano o al menos enviaran un reporte a Mephisto. Pero lo más seguro sería, por supuesto, el sermón por parte de su gemelo.

-Tsk… -pronunció antes de terminar de calmarse y decidirse por hacer caso de esas 2 personas. Tal vez ser impaciente y rudo no era la mejor manera de arreglar ese asunto. Debía actuar maduro y evitar problemas. Usar la diplomacia para de la manera menos conflictiva entrar a aquella insignificante y fantoche tienda. Pero le habían dicho que no podía entrar, y no por ser de un rango bajo o algo por el estilo, había sido por ser él. ¿Por qué habría sido así? ¿Su sangre demoniaca? Era posible, pero no quería discutir mucho al respecto, aunque no pensaba quedarse con la duda.

Se puso de pie. Hizo como que se sacudió para evitar un encuentro pronto con esos hombres o esperando que le reprocharan. Nada pasó. Después de unos momentos que le parecieron muy largos, se paró por completo y les miró de frente.

-Y… entonces… ¿Qué es lo que…?

-Okumura-kun, éste es el doctor del campamento –dijo el hombre alto señalando al que estaba a un lado. Rin, siendo interrumpido reprimió unas ganas de gritarle de cosas pero las contuvo, había logrado calmarse y debía seguir así.-Está a cargo de atender las heridas de tu hermano en este momento-al escuchar eso, el cuerpo del semi demonio se tensó y su corazón se aceleró un poco.

-D-doctor…-pronunció el azabache con dificultad y de forma distraída agachando la cabeza un poco.

El más alto de los 3 exorcistas esperó unos segundos antes de hablar de nuevo con tono más serio.

-Chico, estoy… dispuesto a pasar por alto lo que acabas de hacer sólo si prometes no volver a causar caos como el de hace unos momentos.

-S…

-Pero-dijo interrumpiéndolo una vez más- también necesito pedirte que te retires, al menos de ésta zona.

-¿Eh? ¿Pero por q…? – Saltó Rin perplejo.

-Es una orden, tú no puedes pasar.

-Pero ¿Por qué? ¡Es la segunda vez que me lo dicen!

-Es una orden.

-¡Quiero una explicación!

El doctor y el exorcista se miraron entre sí y después al menor.

-¿Estás seguro? – preguntó el doctor con semblante desconfiado. Rin podía sentir que no le agradaba a esa persona pero le importó poco, no era como si fuese la primera alma con la que experimentaba esa sensación; asintió con determinación. El otro sólo se aclaró la garganta.

-Muchacho, no puedes entrar porque… es una situación un poco complicada y… -Se detuvo brevemente, a lo cual Rin iba a objetar sobre lo que acababa de escuchar pero el hombre alto le lanzó una mirada severa indicándole que guardara silencio.- Y…. ha sido petición del señor Okumura…

Rin se quedó con ojos abiertos sin parpadear e incrédulo, seguro había oído mal.

-¿Disculpe? – preguntó tratando de aclararse. Pero quién le respondió fue el otro exorcista

-Yukio Okumura ha ordenado que la persona llamada Rin Okumura no se acercara a él. Ha pedido que no le dejen pasar, ni acercarse, mucho menos entrar donde él está.

De nuevo el ojiazul se quedó perplejo.

-¿Yukio? –se preguntó a sí mismo en voz alta.- ¿Pero como…?

El doctor miró con preocupación al muchacho, luego a su acompañante que le miró con autoridad. Asintió y se marchó hacia aquella tienda de atención médica. El hombre que ahora quedaba frente al chico Okumura lo observó por algunos segundos y luego suspiró.

-Ya has escuchado chico, fuera de aquí.

Rin se quedó ahí, pensativo. ¿Había sido su hermano el que había ordenado eso? Pero qué clase de ironía era aquella. Se sentía algo aturdido, como si no pudiera poner los pies sobre la tierra.

"He venido aquí, preocupado por su estado ¿Y me dicen que no puedo entrar porque él no me quiere cerca?"

Totalmente confuso, el joven se quedó parado ahí meditando en silencio perdiendo su mirada en el oscuro césped mientras el superior lo dejaba no sin antes hacer una seña a sus hombres de que vigilaran al azabache. Le habían dicho que su hermano le había prohibido acercársele… ¿Desde cuándo estaba esa orden? ¿Significaba que desde un comienzo no quería verle? Eso era por mucho infantil y Yukio no era así… o bueno, no era como si últimamente no se diera cuenta de que no conocía del todo bien a su gemelo. ¿Era acaso por el tema de su pelea? ¿Era porque quería evitar verle? ¿Era porque tenía miedo? ¿Repulsión? ¿Odio? ¿Resentimiento? Miles de dudas lo asaltaron de un momento a otro sin que pudiera pensar claramente. Entre el remolino de pensamientos que lo desorientaban sólo una idea estaba clara: su hermano no quería tenerle cerca. Y seguro que era por causa de la pelea que habían tenido… pero ¿Y qué con eso de que lo habían mandado llamar? ¿Acaso fue plan suyo desde un principio el que no se encontraran? Se sintió por completo avergonzado al pensar que pudo haber planeado todo aquello sólo para ponerlo en ridículo en forma de venganza. ¿Venganza? Ahora todo tenía sentido. Le habían llamado con urgencia sólo para que al llegar no le pusieran a hacer nada y lo humillaran con los de mayor rango y al final de la jornada, había terminado causando un caos al tratar de ver cómo se encontraba su consanguíneo. Pero se preguntaba sobre todo el por qué. Había algo que no cuadraba, pero nunca había sido bueno pensando y mucho menos ahora, que su confusa mente comenzaba a ser lentamente ocupada por pensamientos llenos de frustración e ira.

Cuando entró en cuenta ya no tenía a nadie enfrente y las pocas personas que le rodeaban pasaban por su lado ignorándolo. Claro, un demonio, el exorcista de menor rango, el hijo de satán, un mocoso irresponsable y buscapleitos… estaba acostumbrado a ser ignorado y maltratado, usualmente ignoraba igual y regresaba tranquilo, pero esta vez no pensaba en nada en específico. Refunfuño y dio un golpe al suelo con la planta del pie antes de retirarse a zancadas de aquel claro lo más rápido que pudo. Se acomodó su espada, se apartó el cabello de los ojos y se fue sin mirar o hablar con nadie. Sólo deseaba regresar.

-Vaya hermanito, si ese es el trato que me vas a dar… que me van a dar, entonces no tengo intención de quedarme. – Nadie parecía percatarse de que se alejaba, pues se confundía con la oscuridad de la noche y el bosque. Miro hacia atrás de reojo un segundo para de nuevo volverla al frente- Idiota… - fue lo último que pronunció antes de adentrarse en el bosque buscando regresar a la academia, sin referirse necesariamente a Yukio.

"Pero aún así, me pregunto…"

-Fin del capítulo-

Bien… terminó apurado, extraño, inconciso… lo sé. Pero cuando la inspiración va y viene cada que le da la gana uno pierde forma o incluso se pierde en su propia historia… watahel! Ya lo sé u_u pero espero les haya gustado. Trataré de ser un poco más constante, tuve varios problemillas para escribir este capítulo :S pero creo que no estuvo tan mal. En el siguiente por fin cambiaremos de escenario.

Gracias por leer y espero sus comentarios n_n