Lo prometido es deuda, espero que les guste el segundo capítulo de este fic. Dedicado a Darkinocence. Tienes derecho a indemnización si no agrada u.u
Bueno y el siguiente será de... no tengo idea, acepto sugerencias.
Después de consultarlo varias veces con la almohada, Haru llegó a una conclusión, de todos los guardianes prefería partir con Chrome ambas eran amigas, y se entendían más por ser mujeres, por lo que su tarea sería más fácil, o al menos eso esperaba, pues Reborn no sabía qué tan entrenada estaba.
Lo malo era que Chrome solo podía encontrarse en un sitio: Kokuyo Land, junto a Mukuro y los otros miembros de la banda, Haru temblaba con solo pensar que tenía que internarse sola en ese sitio.
Tomó todo el coraje que tenía y obligó a sus pies a moverse por el irregular camino de Kokuyo, hasta llegar al edificio central. Si lograba enfrentarse a toda la pandilla, habría pasado la parte más difícil.
—Haru es una Vongola, ellos no pueden interferir en el deber de Haru ~desu—se repetía una y otra vez para darse ánimo.
—¿Y tú quién eres?—escuchó una voz femenina, cuando miró, se encontró con una joven de pelo rojo cortado un poco más arriba de los hombros, quien le dirigía una mirada llena de reprobación.
—Haru ~desu—se presentó, haciendo una referencia.
—¿Por qué vienes a invadir el territorio de Mukuro-sama?—inquirió la mujer, con el mismo tono inhóspito.
—Haru no viene a ver a Rokudo Mukuro-san. Ella está buscando a Chrome-chan~desu
MM relajó su postura, aunque no dejó de mirar desafiantemente a la intrusa.
-Kokuyo Land no es lugar para que tú y esa hagan vida social, pero puedes llevártela a un lugar donde ambas estén cómodas.
-¡Hahi! Ósea que no importa que Haru se lleve a Chrome-chan ~desu. ¿Mukuro-san no se enfadará?—preguntó la pelicastaña.
-No. Yo puedo explicarle a Mukuro-sama tu situación.
Haru sonrió agradecida por la ayuda que esa mujer le brindaba. Por su parte, MM solo quería aprovechar la oportunidad de mandar lejos a Nagi, aunque fuera solo por un momento.
Siguió a la pelirroja por el edificio, que siempre le había parecido un poco aterrador, con un poco de suerte encontraría la guardiana de la niebla pronto y podría largarse de inmediato.
Chikusa y Ken estaban comiendo golosinas en la pieza anterior a la de Chrome. El primero le dirigió una mirada llena de curiosidad, pero casi inexpresiva a Haru; el segundo apretó la mandíbula y frunció el entrecejo al verla pasar. A pesar de eso, ninguno la miró con rechazo pues sabían de la buena relación que tenían ella y Chrome, lo que les preocupaba era ver a MM guiando tan amablemente a una desconocida.
La peliazul se encontraba en su cuarto, no haciendo nada en especial, se llevó una sorpresa al ver que alguien la había venido a visitar. Haru se acercó a ella sonriendo con cariño y dirigiéndole esa mirada llena de alegría tan característica suya.
-¡Chrome-chan! Haru tiene una misión ~desu—explicó muy animada-. Haru tiene muchas cosas que enseñarte antes de ir a Italia.
-¿Qué clase de cosas?—preguntó la suave voz de Chrome.
-Son muchas cosas, ya te dijo—interrumpió MM, usando su tono más apático-. Hazle caso y vete luego o no aprenderás nada.
La guardiana de la niebla se puso de pie y siguió a Haru hasta la salida, en el camino la pelicastaña le iba explicando algunos detalles sobre la importante misión que Reborn le había encomendado. Nagi escuchaba en silencio, y en el fondo estaba feliz de que Haru viniera a enseñarle esa clase de cosas que ella nunca pensó aprender, es más, ni siquiera las consideró como posibles dentro de su vida.
Las clases tomaron lugar en la casa de su maestra, primero estudiaron un poco de italiano, la alumna ya sabía algunos principios básicos del idioma, por lo que anduvieron bastante rápido, lo más difícil sería memorizar vocabulario.
Luego de un par de horas Haru decidió tomar un descanso y bajó a la cocina en busca de algunos bocadillos. No se había equivocado, Chrome era la mejor alumna que podía tener, era silenciosa, prestaba atención y ponía todo su esfuerzo por entender.
Su felicidad se esfumó cuando se topó cara a cara con Mukuro, quién se materializó dentro de la cocina. Él tenía esa típica sonrisa suya en el rostro, no parecía enojado, pero Haru sabía que lo estaba.
-Mukuro-san… Haru lo siente… es que Haru no pensó… pelirroja-san dijo que…- la castaña intentaba ordenar sus ideas y dar una excusa coherente, mientras daba un montón de reverencias.
Mukuro extendió su mano y la acomodó bajo el mentón de la joven, para evitar que siguiera con sus lamentosas inclinaciones. Los orbes castaños reflejaron el miedo que sentía Haru en su interior.
-No se enoje con Haru ~desu—pidió finalmente.
-¿Por qué la entrenas a ella y no a mí?—preguntó Mukuro, sin bajar el brazo, obligando a Haru a mantener la vista fija en él-. El verdadero guardián soy yo.
-¡Hahi! Pero… Mukuro-san… Haru no tiene nada que enseñarle.
Y así fue como Haru tuvo que pasar toda la noche descargando pistas de bailes, mientras refunfuñaba y lanzaba maldiciones en contra del verdadero guardián de la niebla.
Después de clases en vez de ir a invadir Namichuu, tuvo que regresar rápidamente a casa, donde Mukuro se encontraba esperándola.
Empujó los muebles de la sala hasta que consiguió un espacio más o menos decente para poder moverse con facilidad.
Cuando todo estuvo listo, tomó a Mukuro como pareja para poder bailar. Intentó poner distancia entre ambos, pero él la empujó más cerca.
-Es tu culpa por escoger una canción tan lenta—dijo él.
Haru se dio un golpe mentalmente cuando cayó en cuenta de eso, anoche había encontrado tan preciosa la melodía que acabó descargando la canción sin pensarlo dos veces. Hoy, se arrepentía de su decisión.
El inicio fue lento, Mukuro se dejaba guiar por ella, como si de verdad no supiera nada sobre bailes, la danza mantuvo su toque calmado, pero pronto fue el guardián de la niebla quien tomó el mando de los movimientos, empujándola a pasos más complejos y posiciones más incómodas.
-Creí que Mukuro-san no sabía bailar—lo recriminó Haru en medio de la clase.
-Es que hace tanto tiempo que no lo hago, que ya casi había olvidado cómo hacerlo—se excusó él.
-Bueno, pero esto es una lección de Haru ~desu. Mukuro-san debe obedecer a su maestra—respondió ella, intentando imponerse inútilmente.
-En ese caso, dejemos el contexto de una clase.
Al principio Haru no entendió lo que Mukuro le decía, hasta que vio como lentamente los muebles de su sala desaparecían, y toda la habitación se trasformaba en una perfecta y elegante pista de baile, mucho más grande que su casa.
Antes de darse cuenta cómo, se pilló a si misma luciendo un hermoso vestido blanco, se veía demasiado real, incluso podía sentir la fina tela rozando su cuerpo. Aún no lograba asimilar la situación cuando sintió que su pelo se recogía en un elegante moño y le aparecían unos colgantes a juego con un collar.
-¿Qué le pasó a la casa de Haru?—exclamó ella, mientras seguía siendo empujada por Mukuro al son de la música.
-Es una ilusión, pero a la vez no—respondió su compañero de baile.
En ese momento se dio cuenta que el guardián de la niebla también había cambiado sus vestimentas para la ocasión.
-No se cambie de ropa frente a una dama ~desu—lo recriminó, consiguiendo una de las características risas de Mukuro. Luego cambió de parecer-. Mukuro-san, ¿sus ilusiones pueden ordenar el cuarto de Haru y la sala antes de que lleguen sus padres?
Mukuro volvió a reír, y la continuó guiando por las suaves notas.
Por cierto, Mary, lo de 1st generation fue una confusión mía xD lo siento muchísimo y muchas gracias por darte cuenta tú.
Reviews? :)
