Ciaossu ~~

Lo siento mucho, mis deberes no dejan de perseguirme D: así que no he tenido mucho tiempo para escribir (considerando la gran cantidad de fics que estoy escribiendo simultáneamente xD) pero bueno... esto lo escribí en mis ratos libres, por lo que lamento si me quedó algo cortado u.u Muchas gracias por sus reviews!


Haru tomó su lugar como maestra frente a dos bancos improvisados. Uno de los estudiantes la miraba con una mezcla de alegría y curiosidad. El otro llevaba el mal carácter en sus ojos.

—Bien, voy a tomar la asistencia. ¿Lambo Bovino? —dijo, desde su escritorio.

—¡Aquí! ¡Aquí! —el mencionado brincó encima de su mano, estirando su mano lo más alto que pudo y saltando energéticamente.

—Ok, ¿Gokudera Hayato?

—Tsk.

—Parece que hoy hay asistencia completa. Excelente ~desu —congratuló Haru.

—No entiendo cómo no va a haber asistencia completa si es una clase de dos alumnos, estúpida mujer —chistó Gokudera.

—Gokudera-san, si tiene algún problema con mis clases puede ir a planteárselo al director Reborn —repuso ella.

—Bakadera se irá castigado —se burló Lambo.

—Me engañaron

Efectivamente, si retornamos dos horas antes, nos encontraremos a Haru manteniendo una interesante conversación con Reborn.

—Pero Gokudera-san es italiano y pertenece a la mafia ~desu —intentó explicar.

—Estoy seguro que encontrarás algo que enseñarle a Gokudera —refutó el arcobaleno, indispuesto a perderse de una clase tan interesante.

—¿Y cómo piensa hacerlo venir?

Ante esto, Reborn cogió el teléfono y marcó el número de Gokudera, quien al reconocer el número, contestó de inmediato.

—Gokudera —dijo seriamente el bebé—. Tsuna necesita que hagas algo muy importante como su mano derecha, necesito que vengas lo más pronto posible.

Diez minutos más tarde, el guardián de la tormenta Vongola estaba frente a la casa del Décimo, donde impartirían las clases.

Volviendo a donde quedamos.

—Esto fue un engaño —reclamó el peliplateado.

—Claro que no, esto es por Tsuna-san, tal y como dijo el director Reborn.

—¿Y por qué está esa vaca estúpida aquí?

—Lambo-san también merece educación.

Gokudera volvió a chistar, evidentemente molesto con la situación. Haru hizo caso omiso a sus silenciosos reclamos y se dispuso a comenzar la lección, pero entonces alguien más entró en la habitación.

—¡Hahi! ¿Hibari-san? ¿Qué hace aquí? —preguntó la sensei al verlo tomar asiento lo más lejos de la multitud.

—Vine a clases, prosigue —contestó simplemente.

Eso enfureció aún más a Gokudera, Haru dirigió una mirada perpleja al alumno recién llegado.

Alguien más entró.

—No me avisaron que habría clases hoy, por poco y quedo ausente —dijo Mukuro, entrando en la instancia.

—¿Mukuro-san? —lo nombró Haru.

El presidente del comité disciplinario se puso de pie, con sus tonfas en alto, dirigiendo un evidente desafío al guardián de la niebla.

—Kufufufu ~ veo que esta vez no será una clase privada.

Mukuro sacó su tridente y dio respuesta afirmativa al desafío, ambos guardianes se lanzaron uno contra otro, sin importarle todo lo que iban tirando y destrozando a su paso.

— ¡Mukuro-san! ¡Hibari-san! No peleen en clases ~desu —pidió Haru, fallando en su intento de parecer autoritaria.

—¡La maestra les está hablando! —gritó Gokudera.

Pero los dos contrincantes hicieron caso omiso a lo que decían el resto de los presentes, demasiado sumidos en la idea de vencer a su adversario.

—¡Recreo! —exclamó Lambo emocionado, corriendo en busca de su compañera de juegos.

—¡Estúpida Vaca! —dijo el guardián de la tormenta.

Haru miraba de Mukuro a Hibari y de Hibari a Mukuro, demasiado asustada por magnitud de la pelea como para ir hasta la puerta y salir en busca de Reborn.

En ese momento entró a escena otro Vongola más, quien sin una pizca de miedo cruzó el campo de batalla hasta llegar a donde se encontraba su maestra.

—¡Hola Haru! Creí que íbamos a jugar a las citas hoy, pero por lo que veo vamos a jugar a los duelos. Estos chicos están llenos de energía —rió Yamamoto ante una pálida Haru.

—¡Esto no es un juego, Maniático del béisbol! —repuso el italiano—. ¿¡Y qué es eso de las citas!?

Otro recién llegado rompió la pared para hacer una majestuosa aparición, el polvo se levantó y sus blancos cabellos se agitaron por las corrientes de aire. Dio un fuerte grito con el cuál fue innegablemente reconocido.

—¡VOOOI! ¿Acaso dijiste "duelo"? —preguntó Squalo a Yamamoto.

—Claro, me encantaría —respondió el beisbolista.

—¡Hahi! ¿Por qué vino él? —inquirió la maestra, sin poder creer lo que estaba viendo.

—Están destruyendo la casa del Décimo —dijo el guardián de la tormenta.

Hayato estaba demasiado preocupado al ver cómo todo se venía abajo, pero entonces reparó en alguien que sufría mucho más que él. Haru. Su mirada estaba perdida en algún punto, mientras su sala de clases se estaba cayendo en pedazos y sus planes fracasaban.

—Mujer estúpida —habló—. No te quedes ahí parada, tienes una lección que darme.

—¡Hahi! —hipó, saliendo de su estupor.

Ambas batallas les tapaban el paso a la puerta de salida, sin embargo Gokudera caminó sin hacer caso al peligro.

—No te quedes atrás —advirtió a Haru, ella podía avanzar segura mientras se mantuviera cerca de él.

Y así, mientras la Tercera Guerra Mundial se desarrollaba en la casa de Tsuna, Gokudera accedió a tener a Haru como maestra, aunque fuera solo una vez, únicamente para no hacerla sentir mal.

Más tarde, el Décimo Vongola regresó a casa, su madre lo recibió en la entrada con una sonrisa.

—Tus amigos estuvieron jugando en la sala, Reborn me dijo que tú te habías ofrecido para limpiar—dijo Nana Sawada—. Eso es muy amable, hijo, estoy muy agradecida.

—¿Limpiar?—repitió Tsuna.

El arcobaleno del sol saltó sobre su cabeza, pateándolo con fuerza.

—Apúrate Dame-Tsuna, tienes mucho trabajo que hacer.