CAPITULO II. EL ESTUDIANTE NUEVO.


Caminaron en silencio lado a lado por los pasillos del viejo castillo hasta llegar a una bruñida puerta de madera detrás de la que se encontraba una pequeña antesala decorada en suaves tonos marrón, donde se encontraban oculta por un pesado tapiz en el que un mago medio calvo revisaba unos documentos desde una silla de jardín la entrada de los profesores al comedor que daba justo detrás de la mesa principal.

— Espera aquí, por favor- había dicho Albus con una sonrisa en la mirada abiertamente curiosa que el joven pelinegro le daba al pequeño salón- Te llamaré cuando sea el momento de tu clasificación, mi niño.

Esa única palabra le había valido ser recompensado con una sonrisa deslumbrante, por supuesto aun en su confusión, se había dado cuenta de que era una sonrisa pequeña, pero llena de tanta suavidad acompañada con un inexplicable cariño en esos expresivos ojos verdes que le había sorprendido sin palabras.

— Alguien muy querido para mí- había comenzado a decir Harry con esa dulce sonrisa- solía referirse a mí de esa forma, solo… solo me lo recordó- había terminado con un suspiro melancólico y los ojos un poco más opacos, mientras parecía mirar a lo lejos.

— Lamento si te traje malos recuerdos, señor Knigth- trato de enmendar la situación, pues en realidad no pensó que sus palabras pudieran tener ese efecto y menos en una noche que se supone debe ser especial y alegre, y menos que se sintiera tan responsable por la tristeza inconfundible en el niño.

— No son malos recuerdos- respondió el joven mago en un tono cariñoso y lejano, como si le hablase a alguien más- sucede que él ya no está y le extraño, pero usted profesor logro recordármelo, y por lo tanto el cariño que tengo por él y el que él tenía por mí. En verdad, profesor no se disculpe por recordarme a un gran hombre, al que yo quería profundamente, a alguien que fue no solo uno de mis mentores sino como un abuelo para mí.

Había salido de la sala de espera dejando al joven Harry hablando curiosamente con el guardián del paso, sintiéndose extrañamente contento. Por alguna razón que no comprendía se sentía particularmente alegre y había visto felizmente la clasificación de los primeros años y más emocionado de lo que sería lógico, se había puesto de pie, pidiendo silencio a la sala con una sonrisa benévola en toda la charla ociosa de sus estudiantes.

— Hoy tendremos una clasificación más- se le escapo una risa entre los dientes a la cara de asombro de los niños, de cómo giraban sus cabezas como si de repente el nuevo estudiante se fuese a materializar de la nada- Un nuevo estudiante de sexto año - los murmullos habían comenzado y acabado rápidamente, todos habían enviado miradas curiosas a los maestros, y los menos sutiles habían estirado el cuello para ver la puerta detrás de la mesa docente- Harry Knigth.

El niño parecía inmune a la atención que le estaban dando los demás estudiantes y esa era la palabra precisa para su actitud. No se removía incomodo a los susurros o manos que lo señalaban, pero tampoco se pavoneaba o recreaba en los obvios suspiros de las niñas y en las risitas que pululaban, simplemente caminaba tranquilamente hacia el banquillo como si la atención que recibía no fuese para él, colocándose el raído sombrero seleccionador en la cabeza con un ademan fluido y elegante.

A ver, ¿qué tenemos aquí?- dijo la voz del sombrero en su cabeza, haciendo que tomase un suspiro para prepararse a lo que vendría.

— Buenas noches, Aleistar- dijo Harry con tranquilidad.

¿Me conoces?, que interesante- dijo el sombrero claramente intrigado.- Pero si tuvieses la amabilidad de bajar tus escudos de oclumancia, muchacho, podría comenzar a ordenarte.

— Por supuesto- respondió Harry en su tono más amable- solo quiero que mi clasificación y por lo tanto todo aquello que veas en mi mente este bajo el resguardo del secreto de Ravenclaw.

¡Vaya!- dijo el sombrero en un respiro atragantado- a decir verdad, me siento cada vez más curioso, pocos estudiantes conocen y menos aún evocan la cláusula creada por Rowena hace tantos años para proteger los secretos, para mantener en el más absoluto silencio y reserva cualquier cosa vista, incluso si es un peligro. Casi nadie sabe de ello.

— Entonces, ¿estoy bajo la cláusula?- pregunto Harry con nerviosismo porque si no estaba, bueno…., necesitaría un buen plan.

Ya está bajo la cláusula señor Knigth- dijo el sombrero con impaciencia, si pudiese Harry tenía la sensación de que estaría tocando con la punta del pie sobre el suelo- inmediatamente al evocarla usted está protegido por ella. Ahora, si tan sol baja sus escudos de oclumancia, podemos seguir con la clasificación.

— Por supuesto- dijo Harry con un suspiro en el alivio de que su idea funcionara, mientras comenzaba a retirar capa por capa de sus pesados escudos, hasta que su mente estaba libre de cualquier protección.

¡Oh, dulce merlín!- susurro el sombrero en sorpresa cuando comenzó a inspeccionar los recuerdos ahora a su alcance- ¡Oh no!- dijo en un tono agobiado, que le dijo Harry que el sombrero debió haber empezado con el momento en que las cosas se pusieron feas- ¡Por Circe!- dijo en el terror, y el ojiverde estaba seguro que era cuando la oscuridad casi había absorbido el mundo de la magia- ¡Por los fundadores!- fue un susurro amortiguado y luego un profundo silencio.

— ¿Aleistar?- dijo Harry en un tono cuidadoso, luego de más de quince minutos de silencio.

Mi niño- dijo el sombrero en una voz temblorosa- lamento tan profundamente el destino que has tenido que vivir, las cargas que has llevado. Pero estoy tan orgulloso de ti, y tan honrado de poder conocer quién eres. Gracias por todo lo que has hecho, Harry Potter.

— Hice lo que era necesario. Solo lo que era correcto- dijo Harry mientras comenzó a reconstruir cuidadosamente sus escudos oclumánticos- no necesito, ni quiero tus gracias Aleistar.

Eres un hombre maravilloso, señor Potter o creo que será más prudente llamarte señor Knigth- dijo el sombrero en un tono de autoridad como si se recogiese a sí mismo- Ahora será mejor comenzar a clasificarte.

— Por favor- dijo Harry sin poder contener su diversión- creo que estoy llamando demasiado la atención- si sus cálculos estaban bien llevaba por lo menos veinte minutos allí sentado.

Veamos- dijo el sombrero con entusiasmo- Una buena mente, sí señor, una mente lógica y rápida, con un ingenio agudo y perspicaz para los detalles. Hay un hambre por aprender, una visión de que el conocimiento significa posibilidad. Sabio a pesar de ser no más que un niño. Un Ravenclaw si alguna vez vi uno.

Oh, pero Helga pelearía por tenerte en su casa. Leal como nunca he visto a nadie. Tú muchacho, has ido al infierno mismo por tus amigos y te has enfrentado a demonios cara a cara solo por los que consideras familia. Y no solo es que seas leal, oh no señor, es la lealtad que puedes inspirar, la lealtad que provocas en tus amigos es tan admirable como la tuya, el señor Weasley y la señorita Granger son un gran ejemplo de ello.

— Ellos eran héroes- dijo con melancolía Harry- eran los mejores amigos del mundo- termino con una fuerte convicción.

Y a eso me refería, Señor Po… Señor Knigth- se corrigió el sombrero- además poas veces he visto a una persona con una brújula moral tan excepcional como la tuya, perfectamente claro acerca del bien y el mal, y sin embargo benévolo. Dispuesto a perdonar y dar una mano amiga, a brindar una oportunidad, el perfecto Huppleful.

Realmente esta es la clasificación más difícil que he tenido que realizar- dijo el sombrero entre risitas- creo que no debo decirte las cualidades que posees de Gryffindor, tu señor Knigth en sí mismo eres todo lo que define la casa de Godric.

Y ahora, Slytherin, señor Knigth- dijo el sombrero tomando un tono divertido- Astuto sin duda, capaz de planes y estrategias, listo a usar todo en tu control y disposición para alcanzar tus metas. Sutil cuando lo deseas, siendo certero en los movimientos que haces. Y Ambicioso, oh sí, tus metas son altas, mi joven caballero, nobles sin duda alguna, pero muy ambiciosas.

Una vez te dije que la casa de Salazar te llevaría a la grandeza y rechazaste la oportunidad, y aun así fuiste más, allá de la grandeza. Esta vez repito mi intención Señor Knigth, Slytherin sería una maravillosa casa para ti, sin embargo, es porque tú llevarías a Slytherin de nuevo a la grandeza, a encontrarse con el sentido real de su casa.

Sin embargo, la decisión es tuya, Señor Knigth, has hecho por Hogwarts y el mundo de la magia más que cualquier otra persona, así que confió en tu juicio, ¿cuál será tu casa?

— Bueno- dijo Harry mientras una sonrisa traviesa se formaba en su rostro, pues en su opinión Voldemort sería infinitamente menos peligroso entre menos seguidores tuviese, y estando él en la oportunidad de eliminar parte de sus seguidores, pues no la iba a dejar pasar- ¿quién soy yo para rechazar dos veces la sugerencia del legendario sombrero seleccionador de Hogwarts? Vamos a ser…

— ¡SLYTHERIN!- dijo Harry suavemente mientras el sombrero lo grito al gran comedor.

El ojiverde se quitó el sombrero con delicadeza, regresándoselo a la profesora McGonagall con una suave inclinación de cabeza.

Harry se sentó en la mesa de su nueva casa y por unos segundos cerro los ojos, respirando el aroma del castillo, hundiéndose en la cálida sensación de regresar al hogar al tiempo que una profunda tristeza parecía cortar su corazón cuando la imagen de Hogwarts en ruinas y humeante parpadeo por su mente.

Soltando con lentitud un suspiro abrió sus ojos, fijándose en la mirada interesada de sus nuevos compañeros. Reconoció a la mayoría de las personas a su alrededor y con pesar confirmo una de sus ideas, casi todos en esta mesa de verde y plata estuvieron en el lado opuesto de la guerra, inclusive vio a varios con los que se había batido a duelo durante las numerosas batallas de la segunda guerra mágica.

— Bienvenido a la casa de Slytherin- dijo una voz gruesa con un suave acento, sacando a Harry de sus cavilaciones. Al mirar arriba vio a una versión de dieciséis años de Marcus Nott el padre de su anterior compañero Theodore Nott, Harry recordaba que el Señor Nott había sido asesinado a manos de Bellatrix al ser descubierto mientras enviaba a su hijo bajo la protección de la Orden del Fénix.

— Gracias- contesto sencillamente- Harry Knigth, un placer- dijo dando un respetuoso arco con su cabeza, inclinando ligeramente el torso hacia adelante, como era la costumbre sangre pura, no estaría bien antagonizar a sus compañeros tan temprano en el año, apenas era el primer día, además tantas horas con Neville acerca de la etiqueta mágica deberían tener un uso más allá de que él pareciera digno y serio en las reuniones con otras naciones mágicas en las que había buscado el apoyo bélico a Inglaterra.

— Marcus Nott, hijo de Augusto Nott, de la casa noble de Nott- se presentó el muchacho con una seña más pequeña de respeto- Este es Rodulpus Lestrange de la más noble casa de Lestrange- dijo refiriéndose al chico a su derecha.

Rodulpus Lestrange era…. diferente, se dijo Harry mientras le daba un arco en respuesta a la presentación. El muchacho frente a él aun no tenía los ojos huecos que Azkaban y las artes oscuras le habían dejado en la época en la que Harry le conocía. Ni tenía la mueca en su rostro con la que había muerto cuando Luna había atravesado su vientre con una espada, protegiendo a Neville.

Con una mirada rápida a su alrededor Harry se sintió mareado de repente, cuando la realización le llego súbitamente, la mayoría de quienes lo rodeaban habían muerto, muchos de ellos a manos de sus amigos, y sin embargo, todos los que él amo una vez habían muerto a manos de quienes lo rodeaban.

Sacudiendo la cabeza con suavidad, Harry trato de despejar su mente, estos muchachos no eran los mismos mortifagos endurecidos por dos guerras con los que había luchado, ellos aún no había vendido su alma a Voldemort, ellos aún no habían lastimado a su familia, y si él tenía su manera, nunca lo harían.

Regresando su atención a Nott se dio cuenta de que le presentaba a un chico que le recordó un poco de Seamus, con el cabello color arena y el rostro ovalado. No era otro que el segundo hermano Lestrange, Rabastan, él había muerto durante la batalla de Liverpool, a manos de… Es suficiente, se dijo a sí mismo con fuerza, si seguía recordando cómo había muerto cada persona que veía iba a enloquecer, al fin y al cabo, la mayoría sino la totalidad de esta generación estaba bajo tierra en su tiempo

— Este es Lucius Malfoy- dijo Nott señalando al rubio, Harry se inclinó sonriendo brevemente, Lucius y Draco eran tan parecidos que Harry bien podía imaginar estar sentado con su antiguo rival en este momento, y él le daba la bienvenida a cualquier medida de familiaridad que pudiera conseguir- hijo de Abraxas Malfoy de la más noble y antigua casa de Malfoy.

— A tu lado, Regulus Black- Harry giro a la izquierda y fijo su mirada en el muchacho pelinegro, él podía ver las similitudes del joven Slytherin con su padrino, los mismos ojos grises nublados, la nariz suavemente arqueada, aire de elegancia, sin duda Harry podía ver el parecido de los hermanos así como las fuertes diferencias- Hijo de Orion Black, de la casa más noble y antigua de Black.

— Y a tu opuesto- dijo Nott con una mueca despectiva y la voz goteando prácticamente desprecio, siendo un cambio tan crudo y obvio que sorprendió por un momento a Harry- se encuentra Snape, el bastardo de los Prince.

Harry se volvió hacia el muchacho a su derecha fijándose en el cabello negro que caía pesadamente a los lados del rostro pálido y demacrado, sin duda era su maestro de pociones a los 16, pero las diferencias, ¡Merlín, las diferencias eran abismales! El marco alto encorvado, los ojos bajos, el rostro demacrado, las profundas ojeras, la túnica gastada y descolorida. Sin duda no se parecía a su profesor alto, orgulloso, imponente, una figura que nadie se atrevería a cruzar, no se parecía de forma alguna al legendario maestro de pociones que por casi dos décadas había gobernado con mano de hierro las mazmorras del castillo.

Pero cuando levanto la vista, Harry vio un destello del espía más valioso de la Orden del Fénix, del traidor más famoso del lado oscuro. Los ojos de ébano estaban llenos de fuerza, de poder y algo que Harry reconocía muy bien en las piscinas de obsidiana; la ira.

— Severus Snape- dijo en forma cortante con la voz seca pero al mismo tiempo increíblemente suave.

— Un placer conocerte, Severus- dijo Harry extendiendo su mano en el saludo muggle, al diablo con no antagonizar a su casa tan temprano en el año. Jamás había soportado a los matones y no iba a comenzar a ahora, además que este muchacho desgarbado llegaría a ser uno de los héroes más prominentes del mundo mágico, y una de las personas a las que Harry más admiraba.

Vio el parpadeo de confusión en los ojos de Snape y los de incredulidad y rabia en los de sus demás compañeros, fue con incertidumbre que su antiguo maestro extendió la mano tomando la suya, y luego del fuerte y corto apretón, regreso su atención a Nott.

— ¿Todos de nuestro año, supongo?- pregunto para continuar con la conversación que había iniciado.

— ¿Eres un mestizo?- pregunto con los dientes apretados Nott, la irritación claramente palpables- ¿o un sangre sucia?- escupió las últimas palabras.

El cambio fue inmediato y pronto todos los que estaban alrededor del nuevo estudiante se dieron cuenta del error de Nott, cuando el aire alrededor del ojiverde se tornó glacial y los vasos y cubiertos comenzaron a cubrirse de escarcha rápidamente.

— No nos conocemos, así que no hay forma de que pudieras saber- dijo con la voz fría Harry, mientras aseguraba su magia a sí mismo para evitar causar daño. Pero después de la brutal guerra que había peleado, de perderlo todo y embarcarse en esta locura, no podía ni quería tolerar un insulto que representaba lo que casi había destruido el mundo mágico y había arrasado su familia- pero lo digo como una advertencia, no es ni lo más inteligente ni lo más prudente decir ese insulto en mi presencia.

Además, mi filiación es un asunto mío, soy Knigth y no es un apellido mágico, pero soy el heredero de la casa más noble y antiquísima de Peverell- dijo regresando a sus tonos suaves y corteses mientras la calidez regresaba lentamente a la mesa de Slytherin.- Así que te daré un consejo que creí innecesario para alguien de esta casa, Nott, no ataques a un enemigo sin conocerlo y no hagas un enemigo sin saber quién es, a veces nos podemos encontrar con que es más de lo que podíamos manejar o que hubiera podido ser un excelente amigo.- finalizo al empezar a servirse el puré de papas frente a él

— Podrías Severus, por favor, pasarme la salsa- dijo con una sonrisa Harry, sabiendo que había desconcertado y puesto en guardia a toda su casa, pero… y que demonios, ¿cuándo él había renegado un reto?, y por la mirada de profunda desconfianza de su algún día ser profesor de pociones, ganar la amistad del hosco adolescente iba a hacer todo una hazaña- y ¿cuál es tu mejor clase?- pregunto con calidez, ignorando a los demás estudiantes en la sala sabiendo que se estaba convirtiendo rápidamente en el enigma del estudiante nuevo.


NA: ¿Y que les parece?