El reencuentro

Lo ocurrido fue lo siguiente.

Tras la partida de 2D, nevó mucho en la zona donde vivían el señor Nicalls y Miho y se perdieron las cosechas. Los fieles inquilinos no quisieron dejar al patrón y a la señorita y casi todos murieron de hambre o de frío, ante la impotencia del hacendado, del llavero y del administrador y la desesperación de Noodle. Los pueblerinos optaron al fin por abandonar aquella región y el cuarteto partió en busca de Stuart. Muds rogaba al cielo que estuviera vivo, experimentando una gran culpa por apartarlo de la nipona. El corazón de la muchacha indicaba que se volverían a ver y, contra todo lo que esperaban su padrastro y sus amigos, fue quien mejor resistió las penurias del viaje.

-Me enorgullezco realmente.

-¿Por qué, padre?

-Porque eres más fuerte de lo que pensaba.

El hombre contempló a su bella hijastra y le acarició con dulzura las frescas mejillas.

-¡Venga un abrazo! –Del la estrechó para alegrarla.

La virgen correspondió el gesto y Russ avivó el fuego con unos leños.

-¿Eh? –balbuceó de pronto.

La adolescente, Murdoc y los empleados se levantaron al sentir los temblores. Cogidos de la mano, salieron de la cueva elegida para refugiarse al aire libre, temerosos de morir aplastados o encerrados si se quedaban dentro.

-¡Auxilio!

La asiática, quien casualmente estaba cerca de un barranco, sintió que el suelo se derrumbaba bajo ella y cayó antes de que pudieran socorrerla. La encontraron tendida sobre una saliente, Murdoc bajó y reapareció cargando a la niña sin sentido.

-¡Debemos llevarla a un hospital! –chilló Del.

-¡Miren, distingo las luces de un pueblo, ahí podemos pedir ayuda! –Russell señaló unos resplandores.

-¡No perdamos tiempo! -Murdoc echó a correr portando su preciosa carga.

Tras acudir a la posada, Cyber y Paula llamaron a un doctor y trasladaron a Noodle a un centro médico. Sólo entonces los viajeros notaron la presencia de otra persona y sollozaron al descubrir quién era.

-¿Dónde estoy?

-Estás entre amistades –Paula le puso una mano en la espalda.

-Alguien quiere verte –anunció Cyborg.

La gente se apartó y un mozo, con una capucha cubriendo sus rasgos, se aproximó al lecho en que descansaba la dama y depositó un ósculo en su cabellera.

-Es usted la mujer más guapa que he observado.

-Señor, agradezco sus palabras pero este corazón posee un dueño.

El recién llegado se quitó la capucha y mostró el anillo que llevaba en su dedo.

-¿Acaso yo tengo aún el honor de ser dueño de tu corazón?

Los labios de la niña tiritaron, echó los brazos al cuello de 2D y sonrieron.

Cyborg, Del y Russell miraban emocionados la escena y Murdoc se adelantó.

-Lo lamento mucho, Noodle, Stuart.

-Señor…

-Papá…

-Yo sólo deseaba lo mejor para ella, pero veo que lo ha tenido siempre –contempló con ternura a Stu, a Russ y a Del.

-Dilo también por ti –susurró Paula.

-Es verdad –aprobó Noodle.

-Ejem, Pau…

-¿Qué ocurre, Murdoc?

-¿Necesitan Cyber y tú un ayudante en la hostería? –interrogó, un tanto nervioso.

-Sí, señor, y yo también necesito alguien con quien pasar el resto de mi vida –lo besó en la cara.

-Es un semáforo, pasó del verde al rojo –bromeó Del.

Los jóvenes se rieron y Noodle tomó el rostro del peliazul para besarlo en los labios.

Gracias al hallazgo de 2D, nadie debió preocuparse por el futuro. Y mientras las vidas de los muchachos se desarrollaban plenas de felicidad, el espíritu de un hombre con lentes que hacía varios años había dejado a una pequeña al cuidado de un hacendado, se secaba las lágrimas y supo que velaría sonriente desde el cielo por las siete criaturas hasta que los amigos se reunieran con él.

Fin.