¡Hola! Esta vez llegué más temprano de lo usual porque saldré por la noche y no tendré tiempo de actualizar, so... Aquí me tienen.
En fin. Let's start this riot, bitches!
En el capítulo anterior Santana y Sebastian comenzaron algo así como un "juego sexual". Ambos mantendrían una relación puramente carnal, ya saben, para aliviar tensiones entre los dos. El lavado de coches para recaudar dinero, idea de Mike, fue todo un fracaso. Ambos bandos estuvieron a un respiro de matarse unos contra otros. Sue está más empeñada en destruirlos y ahora que los Warblers vieron la situación, Blaine está decidido a aliarse para destruirla... Aún así, siguen siendo muy pocos en el grupo.
Y esto es lo que te perdiste en... Gives You Hell!
Capítulo 4: Salvación
Mike arrojaba el balón de baloncesto hacia el aro que tenía a unos cuantos metros delante de él. Era el receso y era muy extraño que alguien estuviera por las canchas a ésas horas del medio día, pero Mike quería pensar. A juzgar por los rostros de ND, y lo que habían dicho y lo que había visto, Sue iba a ser un gigante difícil de derrumbar… Más no imposible se dijo a sí mismo mientras recogía al balón que rebotaba. Tiene que haber alguna solución para detenerla… Y no servirá de nada hablar. Algo tengo que hacer en ése momento el balón salió de su poder y se fue a estrellar contra la pared de uno de los límites y rebotó para seguir su recorrido cerca de un árbol. Mike lo siguió con la mirada y después trotó hasta donde estaba. Un joven rubio de labios voluminosos estaba sentado con una guitarra vieja, sentado dándole la espalda al árbol y con los ojos cerrados mientras tocaba débilmente el instrumento.
-Hola- saludó Mike, confundido. El chico abrió los ojos y los enfocó en Chang. Sonrió.
-Hola-
-Creí que ya nadie venía a por estos rumbos-
-¿Por qué no vendrían?- preguntó con los ojos verdes llenos de inocencia el rubio. Mike miró a los alrededores, viendo lo obvio.
-Está muy desierto por aquí; además, es muy difícil escuchar la campana de las clases-
-Bingo: Adivinaste el por qué estoy aquí-
Mike tomó el balón y se sentó.
-¿Te estás saltando las clases?-
-Algo así. El profesor Hilton me sacó de Historia II, pero está bien, así me concentro en mi música-
-¿Eres músico?- alzó las cejas Mike, interesado. El rubio levantó su guitarra.
-Sí- contestó como si fuera muy obvio. Mike sonrió, intentando recordarlo haberlo visto en algún lado, pero no encontraba nada.
-¿Eres nuevo? Jamás te había visto por aquí-
El rubio lamió sus labios para hablar.
-Sí; me acaban de transferir por una beca deportiva.-
Sonó la campana muy débilmente pero lo suficiente como para que Mike la escuchara. Se levantó.
-Bueno, creo que te interesaría unirte al coro, ¿No?-
-¿Coro? ¿Así como los de la Iglesia y eso?- quiso saber el rubio, inquieto. Mike se rió entre dientes. No era el primero que le contestaba lo mismo.
-No. Es como… un grupo musical escolar. Vamos a competencias y participamos activamente en los eventos escolares- respondió Chang, tranquilo. El rubio levantó el rostro para observarlo.
-Suena interesante-murmuró.
-Lo es. Ensayamos todos los días en el salón de baile del segundo piso. Después de clases- lo invitó. El rubio se rió y asintió. Le estiró la mano y Mike se la estrechó.
-Me llamo Sam Evans-
-Llámame Mike-
Chang sonrió mientras se alejaba y se dirigía al primer edificio donde dejó el balón en la cesta de artículos deportivos. Caminó por las escaleras para entrar a su clase de francés, encontrándose con la mirada estresada de Blaine. Al término de ésta, Mike alcanzó a Blaine en las escaleras.
-Encontré algo. O más bien, a alguien-
-Espero no sea tu amiguita de McKinley- respondió, seco y serio. Mike respingó y le dieron ganas de patearlo, pero se contuvo.
-No, ya sabes, un posible miembro nuevo. Se llama Sam Evans-
-Ah, el chico nuevo- susurró, nervioso.
-¿Lo conoces?- levantó las cejas Mike, confundido. Blaine se aclaró la garganta y lo miró de reojo.
-Algo así. Lo transfirieron por una beca deportiva… está en mi clase de Historia o algo así. Lo corrieron-
Mike se quedó callado. Blaine jamás aceptaría a alguien tan "descarriado" en su equipo. Se detuvieron en el segundo piso donde se encontraron a Sam con la guitarra en su espalda, su uniforme desarreglado y su cabello rubio brillante totalmente despeinado.
-Ah, hola, Mike, estaba buscando el salón que dijiste… Estoy interesado- fijó sus ojos verdes en el asiático. Mike sonrió.
-Es genial, será increíble tenerte. Seremos invencibles contigo- se emocionó. Bajó un escalón para ponerse a su altura y darle una palmada en la espalda de victoria. Sam sonrió y luego una mirada insistente lo incomodó. Los ojos oscuros de Blaine lo seguían a cada movimiento.
-Eh… ¿Y quién es él?-
-Ah, lo siento, lo olvidaba. Sam, él es Blaine, el líder del grupo-
Sam le extendió la mano que Blaine tomó con torpeza y timidez cuando los presentaron.
-Blaine, Blaine… es un nombre algo raro, ¿No?-
-Algo- murmuró Blaine, sonrojado hasta las orejas. Caminaron Sam y Mike a la par mientras conversaban de cosas superficiales con Blaine pisándoles los talones. Llegaron pronto al salón donde se encontraron a Sebastian casi pegado a un espejo mientras se veía los vestigios de su herida de guerra mientras que Dave estaba sentado mientras leía algunas partituras en las manos.
-Bueno, éste es nuestro grupo. El que está en el espejo como la madrastra de Blanca Nieves es Sebastian Smythe y el que está sentado es Dave Karofsky- Sam asintió ante los dos nombres para intentar recordarlos. Blaine detuvo a Mike con la mano.
-¿Mike? ¿No crees que su entrada debería ser discutida?- le preguntó, consternado. Mike miró a Sam y luego a Blaine.
-No. Él es perfecto-
Blaine dirigió su mirada hacia el rubio que en ése momento se volvía y accidentalmente le regresaba la mirada antes de lamerse los labios y contestarle una pregunta a Dave. Suspiró, derrotado y sintiendo cómo un hormigueo subía por su cuello hasta su rostro.
-Sí, lo es- admitió Anderson.
Un mensaje de texto despertó a Rachel de su clase de álgebra justo a punto de terminar. Era de Kurt y le pedía que fuera lo más pronto posible a las regaderas de las niñas. No sabía para qué la quería, pero lo había escrito con mayúsculas y Kurt no solía escribir así. Es urgente pensó mientras recogía sus cosas con rapidez. Salió del salón sólo para tropezarse sobre alguien dos salones más adelante. No se había fijado y había terminado estampada por la enorme falda rosada de alguien que ya estaba en el suelo.
-Rayos- farfulló la chica debajo de ella. La vergüenza invadió el rostro de Rachel con violencia mientras ésta intentaba levantarse.
-Lo siento mucho, muchísimo, en serio, no suelo tropezarme pero hoy voy con algo de prisa y yo… lo siento, no me fije, lo siento, perdón- comenzó a hablar rápido mientras se recargaba con sus rodillas en el espacio entre las piernas de la rubia que había derrumbado. Ella levantó el rostro y su belleza perturbó a Rachel hasta las venas.
-Está bien; seguro no quisiste hacerlo- dijo la de ojos verdes. Rachel tartamudeó cosas sin sentido; jamás en la vida había visto a alguien tan hermoso como ella. Sus manos comenzaron a temblar de los nervios. Como vio que no respondía, la rubia se inquieto y se incorporó un poco, lo suficiente como para recoger sus cosas.
-¿Estás bien? ¿Te golpeaste la cabeza?-
Rachel negó lentamente sin quitarle los ojos de encima. Todo en ella era belleza pura.
-¿Estás segura? Tienes la cara roja… ¿Te habré lastimado de alguna forma?- continuó la rubia. Rachel se levantó de un salto y le extendió la mano mientras escondía su rostro en su cabello castaño. La rubia aceptó la ayuda de Rachel pero en el momento en que sus manos se tocaron, un chispazo hizo que Berry automáticamente la soltara, provocando que casi cayera de nuevo la rubia. La de ojos verdes parpadeó, sorprendida y sonrió.
-Sé que sólo así se conocen las personas en las ridículas películas de amor, pero… bueno, soy Quinn Evans-
-R-Ra-Rachel Be-Berry- tartamudeó Berry, todavía avergonzada. Quinn terminó de recoger sus cosas y las sostuvo contra su pecho.
-¿Adónde ibas con tanta prisa?-
-Y-yo… iba… a… ¡Kurt!- se acordó de inmediato y se fue corriendo. Evans la miró irse hasta que desapareció, sonrió para sí misma y se alejó de ahí. Rachel llegó en poco tiempo a las regaderas donde se encontró a un Kurt recién duchado reteniendo a una chica contra su voluntad. La chica en cuestión era un poco pasada de peso y de raza negra, pero de hermosos ojos oscuros y cabello largo suelto en suaves ondas.
-¡Rachel!- gritó Kurt. La chica de cabello negro puso una mueca de inconformidad y se cruzó de brazos.
-¿Podrías decirle a tu amigo que me deje ir? Tengo que llegar a mi casa temprano-
Rachel la miró, confundida y después se encaró al ceño fruncido de Kurt.
-Kurt, ¿Por qué la tienes secuestrada?- preguntó una Rachel intentando recuperar el aliento. Kurt no suavizó sus facciones cuando respondió.
-¿Y tú por qué llegaste tan tarde, Rachel?- se cruzó de brazos. Rachel vaciló mientras se tocaba el cabello con impaciencia.
-Tuve un incidente, pero ya llegué. ¿Por qué no dejas ir a esta niña…?-
-Mercedes Jones- se presentó la aludida. Rachel asintió.
-Sí, a Mercedes Jones-
-¡No podemos dejarla ir! ¡Canta igual a Whitney!- exclamó Kurt, emocionado mientras tomaba a Jones del brazo. Rachel parpadeó, confundida.
-¿Whitney…?-
-Houston- asintió Mercedes, tranquila. Miró a Kurt, enfadada.
-¿Y eso qué tiene que ver?- quiso saber Jones. Rachel sonrió como demente.
-¡Ella podría sernos útil!- comenzó a saltar, emocionada. Kurt le siguió con su alegría.
-Voy a gritar; me están asustando- murmuró Mercedes, asustada. Rachel se calmó.
-Lo siento… Kurt, suéltala-
-Sí, Kurt, suéltame-
-¿No correrás?- levantó una ceja el ojiazul mientras lentamente la soltaba del brazo. Mercedes intentó huir, pero Rachel se interpuso y Jones resopló, cansada.
-De veras, chicos, tengo que irme-
-Oh, no nos hemos presentado. Soy Rachel Berry y él es mi mejor amigo Kurt Hummel-
-¿Qué quieren de mí?-
-Queremos que te unas a nuestro coro- dijo Kurt, implacable. Mercedes levantó las cejas, incrédula.
-¿Tanto espectáculo para un coro?-
-¡No es sólo un coro! Es nuestro coro-insistió Rachel. Mercedes suspiró, harta.
-¿Si les digo que sí me dejarán en paz?-
-Posiblemente, pero tienes que comprometerte con esto, Mercedes Jones. El coro no es ninguna broma- dijo Kurt, serio. Mercedes asintió y éste la soltó.
-Ensayamos todos los días después de clases y los jueves a la última hora. En el salón de música obviamente- le dijo Kurt mientras Mercedes se alejaba de ahí casi corriendo. Suspiró.
-Creo que con Mercedes Jones ya destruimos a los Warblers seguro- mencionó Hummel, confiado. Rachel asintió y se mordió el labio inferior. No sabía por qué, pero por el momento, no podía sacarse de la cabeza a una tal Quinn Evans. Qué rayos pensó.
Sebastian coló una mano por la falda de Santana mientras ella se recargaba en el lavamanos. La acarició unos fugaces momentos por encima de la ropa interior, provocando que ella se retorciera sin control alguno entre sus brazos. Sonrió el castaño y con cuidado movió lentamente las bragas de tela rosa y la acarició directamente. Piel contra piel. Santana comenzó a jadear e inmediatamente sus piernas lo abrazaron por la cintura, moviéndose a un ritmo que la mano de Sebastian no tenía que hacer mucho. La mano izquierda del castaño se movió con ligereza sobre la espalda de la morena para desabotonar el pequeño artefacto de plástico transparente que mantenía abrochada su blusa del conjunto de Cheerio mientras las manos de López le abrían la blusa blanca de su uniforme e intentaba llegar al pantalón. Levantó las manos para que Smythe le pasara la blusa por encima de la cabeza y siguieron besándose recargados en el lavamanos. Los besos de Sebastian lentamente fueron descendiendo, pasando por el cuello y luego deshaciéndose del sostén morado con los dientes, dejando al descubierto su par de pechos que se removían por la agitada respiración. Los labios húmedos de Sebastian repasaron el contorno del pecho de Santana varias veces, mientras López se acomodaba sentada en el lavamanos y abría las piernas para darle espacio. Sebastian de repente sintió que una mano tomaba su miembro dentro del pantalón y lo forzaba a salir.
-Espera. Qué impaciente eres- dijo mientras se separaba un poco para desabotonarse el pantalón y se bajaba la ropa interior.
-Vinimos a tener sexo, no a hacer el amor- gruñó la latina, molesta por esperar. Sebastian se rió y antes de hacer otro movimiento, sacó un paquetito plateado de su bolsillo. Lo abrió con destreza sobrada y sacó el producto de plástico para ponérselo sobre su miembro.
-Date prisa; me congelo aquí-
Sebastian se volvió, la tomó por la cintura y se impactó contra ella, fundiéndose en uno. Santana ahogó un gemido contra el cuello del castaño mientras éste sonreía. Se separó un poco sólo para pasar su lengua por el cuello de Santana y volvió a embestirla, haciendo que su compañera se convulsionara de placer. Posó sus manos en el trasero de Santana para sostenerla con más fuerza y aferrarla más contra su cuerpo. Volvió a embestir y López comenzó a gemir contra su cuello, abrazándolo con los brazos y las piernas. Las embestidas se volvieron más fuertes, más fugaces y más intensas. Pronto el calor de Santana se vio incrementado y creyó que sufriría una combustión interna. Los gemidos se intensificaron, pero Sebastian intentó ahogarlos contra la piel del hombro de Santana, quien mantenía los labios húmedos y apretados para no gritar nada. Cuando las embestidas se hicieron más lentas, un destello de luz borró sus mentes por varios segundos. La razón pronto llegó, y se separaron para recoger sus cosas. El castaño comenzó a peinarse mientras se arreglaba el pantalón y Santana se acomodaba la ropa interior en su lugar.
-Esto es divertido- afirmó él, sonriendo en el espejo para sí mismo. Santana se inclinó para abrocharse los tenis. Asintió.
-Uy, súper divertido- Se incorporó lentamente y se encontró con la mirada enfurruñada de Smythe. Suspiró.
-Sí, es muy divertido, Sebastian. No te lo tomes personal, pero esto comenzará a funcionar en el momento en que dejes de actuar como virgen de treinta años. En serio.-
Sebastian se cruzó de brazos.
-Los comentarios nunca están de más.-
-Dijiste que no íbamos a hablar- recordó la latina mientras se peinaba nuevamente frente al espejo, moviendo al castaño con un golpe de cadera. Sebastian entrecerró los ojos.
-Si no hablamos… ¿Cómo vamos a evitar que nos maten nuestros equipos?-
Santana se quedó paralizada. Recordaba que ahora mismo se encontraban en el baño del Lima Bean… justo en medio de las líneas enemigas, ya que en la ala sur estaban los Warblers y en el ala contraria estaban los de ND… Era una sensación excitante saber que podían ser descubiertos, pero no lo hacía menos peligroso.
Santana se volvió para encararlo y lo miró unos segundos.
-Sal tú primero. Después saldré yo en seguida-
Sebastian sonrió y asintió. Se dio un último vistazo frente al espejo para darse el visto bueno y salió. Apenas dio cuatro pasos cuando se volvió para observar cuánto tiempo podía esperar Santana cuando la miró salir del baño descaradamente y sin mirarlo. La sangre le hirvió en las venas. Jamás era cautelosa.
Se acercó lentamente a la mesa donde Dave, Mike y Blaine lo observaban, dos de ellos con cara de pocos amigos.
-Tú sigue revolcándote con ésa y nosotros te castramos, ¿Eh, Sebastian?- gruñó Dave, furioso. Sebastian se sentó, ligero y sonriente.
-No es su problema-
-Ella es nuestro problema y en el momento en que decidieron jugar a la abejita y la flor TÚ te convertiste en nuestro problema también- opinó Blaine, duro. Sebastian desvió sus ojos del moreno y miró a Mike. Éste respingó.
-¿Tú no me sermonearás como estos dos?- quiso saber Smythe.
-Yo no soy quién. Si tú quieres seguir con tu relación con Santana, está bien para mí-
-No es una relación. Sólo tenemos sexo y ya-
-Eres un degenerado- murmuró Blaine y luego volvió la vista hacia la puerta, nervioso. Sus orejas comenzaron a ponerse rojas cuando vio que se acercaban hacia ellos dos rubios. Un hombre y una mujer. Sam… y… ¿Era ella su novia?
-Hola, chicos- saludó Sam, sonriendo. Mike y Sebastian le regresaron la sonrisa de buena manera, pero Dave todavía seguía enfurruñado y Blaine parecía nervioso.
-¿Quién es ella?- quiso saber Sebastian, curioso mientras los dos rubios se sentaban frente a ellos.
-Ella es…-
-Soy Quinn Evans, hermana de Sam- se presentó ella sola estirando su mano. Mike se la estrechó, amistoso, pero Sebastian la besó fugazmente ante la incredulidad de los demás.
-Soy Sebastian Smythe-
Quinn asintió, incómoda ante tanta arrogancia emanada del castaño.
-Mucho gusto-
-¿A qué escuela vas?- continuó Smythe. Quinn sonrió.
-A William McKinley-
Sus rostros se congelaron.
-Espera, ¿Conoces a New Directions?- inquirió Blaine, alarmado. Sam parecía bastante confundido al igual que su hermana.
-Eh… no sé quiénes sean esos- admitió. Dave y Blaine suspiraron, tranquilos.
-Bueno, ¿Y de qué vamos a hablar? No me invitaron sólo para traer a mi hermana, ¿Verdad?- habló Sam, fingiendo diversión.
-No, no. Queríamos poner un horario fijo y agregar más tiempo, pero necesitamos ajustarlo con tu horario también. Nos reunimos normalmente por aquí-
-Mientras pueda cantar algo de country, yo estaré bien- sonrió. Quinn miró hacia los ojos pervertidos de Sebastian que la desvestían con la mirada, el gesto cansado de Dave y el rostro psicópata de Blaine al mirar a su hermano y se sintió horrorizada. Se levantó bruscamente.
-¿A-adónde vas?- tartamudeó su hermano. Quinn lo miró.
-Voy al baño. No tardaré mucho- se excusó y se alejó tan presurosa como pudo. Pasó cerca de la barra para ordenar y observó la carta unos instantes. Después suspiró y caminó hacia el pasillo con una puerta que tenía por letrero la figura de una mujer. Justo cuando iba abrirla, escuchó una risa unas octavas más altas de lo normal. Con sus hábiles ojos verdes buscó la fuente de la voz tan estruendosa, y se percató de que en la otra esquina había una mesa ocupada por varios adolescentes. No reconoció a ninguno a primera vista, pero cuando se fijó mejor, se dio cuenta que estaba ahí la tal Rachel Berry. La chica con la que se había tropezado el otro día. Sonrió y entró al baño.
-¿Por qué tardaste tanto, Santana?- preguntó Kurt, alzando una ceja. Santana exhaló y se dejó caer en la silla junto a Brittany, quien esperaba su respuesta animada.
-No te importa, Hummel-
-Somos un equipo, por supuesto que nos importa- insistió el ojiazul, sospechando de lo peor de ella. Santana le regresó el gesto molesto.
-Lo mismo que te pasa a ti cada mes, Hummel. Sólo que yo me tomo mi tiempo-
Kurt apretó los dientes con rabia y en vez de contestarle, decidió continuar con su propósito.
-¿Por qué me trajeron aquí? Es bonito y todo pero no podemos practicar aquí… Y no irrumpiremos la calma de este lugar con una canción de Lady Gaga. Me rehúso a humillarme así- se quejó Mercedes.
-Tina tiene algo que contarnos- contestó Kurt.
-¿Los asiáticos sí tienen gemelos?- murmuró la rubia. Tina la fulminó con la mirada y negó con la cabeza.
-No. Es una buena noticia, pero necesito que estén calmados-
-No podremos estar calmados hasta que tenga mi Capuccino tibio- opinó Rachel.
-Sí, a mí también ya me dio hambre…- habló Finn. Kurt suspiró.
-No sean vagos y vayan ustedes mismos por su comida-
-Mercedes es la novata… Creo que debería consagrarse con nosotros, ¿No es así como funcionan las hermandades?- explicó Berry, sonriendo como demente. Mercedes puso mala cara.
-No somos una hermandad, Rachel, somos un coro- contraatacó Tina.
-Y tampoco podemos mandar a Mercedes como mesera; ella recién entró y…-dijo Kurt.
-Además, ustedes me obligaron a venir aquí. Yo por mí me iba-
-Vamos, Mercedes, sé amable y servicial. Según mi investigación, perteneces a la Iglesia de la Santa Voluntad… no les des mala imagen- la manipuló Berry. Mercedes exhaló.
-Un momento, Rachel…- intervino nuevamente Kurt cuando Mercedes se levantó.
-No, está bien. Igual tengo hambre y ni modo que todos vayamos a ordenar.-
-Bien dicho: Yo quiero un Cappuccino tibio sin canela y con un poco más de espuma de lo normal- aplaudió Rachel. Mercedes entrecerró los ojos.
-Yo quisiera un Cruasant… Croisant… Al diablo. Un sándwich de jamón y queso, por favor- pidió Finn. Mercedes se iba a dar la vuelta cuando Kurt la llamó, sonrojado.
-Pídeme a mí un Chocolate caliente, por favor-
Jones exhaló y se encaminó a la barra. Una señorita la atendió y Mercedes caminó hasta el final de la barra a esperar.
Un rubio de labios grandes se situó justo a su lado, mirándola de reojo. Jones sintió una energía extraña, como si estuviese siendo observada y miró al chico de junto. El rubio la miraba.
-Hola- saludó él, sonriendo. Mercedes respingó y frunció el ceño. Jamás en la vida lo había visto.
-¿Quién eres?-
-Soy Sam Evans- se presentó él. Ella asintió, confundida.
-De acuerdo… ¿Y por qué me hablas?-
Sam se encogió de hombros.
-Tienes ojos bonitos- observó él. Mercedes sintió que se ruborizaba por todas partes. Apretó los labios para no echarse a reír. Sam sonrió, animado.
-¿Qué?-
-Nada. Eres muy divertido- aceptó ella, sonriendo. Sam sacó sus manos de su chaqueta verde y se acomodó el cabello.
-No quiero presumir, pero dicen que mis imitaciones son bastante buenas- cerró los labios y se llevó los dedos de la mano derecha a su boca para moverlos contra sus labios mientras hablaba:- Investigué la magia del universo pero ando en silla de ruedas-
Mercedes se quedó paralizada; Sam sonrió, pero se puso nervioso.
-Imité a Stephen Hawkins-
-Ni idea de quién sea-
-Oh- miró hacia todos lados- ¿Y vienes por aquí muy seguido?-
-No… es la primera vez que vengo. Estoy con unos amigos- contó ella, calmada. Sam se alegró.
-¡Yo también! Unos tipos de mi escuela me trajeron y… allá están- los señaló con la barbilla mientras lo saludaba. Mercedes los miró, luego a él y después se rió entre dientes.
-¿De qué te ríes?-
-Me estás hablando cuando ni siquiera sabes mi nombre-
-Cierto. ¿Cómo te llamas?-
-Mercedes Jones- lo miró a los ojos. Sam sonrió lentamente reflejándose en la pureza del color café oscuro en los globos oculares de su nueva amiga. Una chispa saltó y la señorita le dio la orden a Jones.
-Eso es mucho- observó el rubio. Mercedes se encogió de hombros.
-Como soy nueva en el grupo, me traen de su mesera-
-Eso es un poco injusto, ¿No crees?-
Mercedes medio sonrió.
-La vida no siempre es justa- opinó mientras tomaba todas las cosas con sus brazos e intentaba no derramar nada en el camino. Sam la miró.
-Déjame ayudarte- extendió sus manos para tomar el sándwich de Finn y el chocolate de Kurt. -¿Dónde dices que están?-
Mercedes lo observó un momento que pareció eterno.
La puerta no se abría. Rachel forcejeó dos veces. ¿Había alguien adentro? Tocó varias veces.
-Si hay alguien adentro, por favor, dese prisa. Tengo urgencias y no es bueno aguantárselas- gritó, enojada. Aporreó la puerta tres veces más y por fin se abrió. La visión ante ella la aturdió.
-Lo siento, Rachel Berry, no sabía cómo encender el seca manos- se excusó Quinn, sonriente. Rachel se puso colorada.
-Eh… yo…-
-No, está bien. Entra-
Rachel dio un paso y Quinn se movió.
-S-sólo quería che-checar mi peinado-
-Está muy bien, si me preguntas- observó la rubia.
-¿Me estás siguiendo?- quiso saber Berry, paranoica. Quinn respingó y se echó a reír. ¿Cómo podrías llegar a pensar siquiera que yo, hermosa, talentosa e inteligente podría llegar a interesarme en alguien como tú? Pensó que diría. Su respuesta la dejó helada.
-Yo no. ¿Y tú?-
La castaña negó con la cabeza, vacilante.
-Vine con mi hermano y sus amigos… Tú estás con tus amigos también, ¿No?- aventuró la rubia. Berry asintió.
-También van a nuestra escuela, ¿Verdad?-
Nuestra retumbó en su cabeza. Asintió. Quinn sonrió y se quedó callada. Rachel reaccionó.
-Oh… Tal vez prefieres regresar con tu herma…-
-No, preferiría ir contigo y tus amigos-aceptó Evans, alegre. Rachel tartamudeó cosas incomprensibles y asintió. Se encaminaron a la mesa y Santana levantó una ceja cuando las vio llegar.
-¿Quién es tu nueva mascota, Berry?-
-Santana- le llamó la atención Kurt.
-No me parece un cachorro, Santana. Parece más bien como una chica- observó Brittany.
-Ella es…-
-Soy Quinn Evans. Comparto la clase de álgebra con Rachel-
-Espera, creo que también vas a mi clase de Historia ll- recordó Finn, confundido. Quinn lo miró.
-Sí, creo que sí te he visto-
-¿Y a mí me has visto?- quiso saber Santana.
-No, pero a ella sí. Brittany, ¿No?-
La rubia de ojos azules asintió y miró a Santana, emocionada.
-Guau, tenemos a una amiga vidente-
-Estoy contigo en Español- se rió Quinn mientras tomaba asiento entre Finn y Rachel.
-¿Y qué estás haciendo por éstos rumbos, Quinn Evans?- preguntó Kurt, curioso. Quinn suspiró.
-Vine con mi hermano… Él está con sus amigos los Warblers o algo así-
-¿Qué dijiste?- gruñó Santana. Tina sintió que su sangre se congelaba. Mike le había hablado de un nuevo integrante, pero jamás pensó que tendrían parientes.
-Sí… están por allá-
-¿Y estás de espía? Mira qué decente, Quinn Evans- se quejó Kurt, fulminándola con la mirada. Quinn frunció el ceño.
-No estoy espiando nada.-
-E-es cierto. Me la encontré en el baño-balbuceó Rachel.
-¿Estabas poniendo cámaras de seguridad, Quinn Evans?- comenzó a molestarla Santana.
-Oye, Santana, dale una oportunidad. Tal vez ella…- la defendió Finn, pero Kurt se opuso.
-Lo siento Finn, pero Santana tiene razón. No podemos confiar en ellos… no son buenos-
Quinn se levantó, ofendida y Rachel hizo lo mismo; en ése momento se acercaba Mercedes con Sam.
-¿Mercedes?- la llamó la rubia. Jones respingó, confundida.
-¿Quinn?-
Sam dejó la comida en la mesa.
-¿Ustedes se conocen?-
-Sí; ella y yo somos compañeras en el laboratorio de Biología III… ¿De dónde se conocen ustedes?-
-Ah,…-
Una voz detuvo a lo que fuera a decir Sam. Era Blaine. Molesto. Escudado entre Dave, Mike y Sebastian.
-Sam. ¿Podrías explicarnos por qué estás con ellos?-
-¿Cómo…?-
-Cuando te vieron alejarte con ella, sospecharon- señaló Mike a Mercedes.
Santana se levantó tranquilamente y tiró la comida al suelo de una patada antes de saltar sobre algún Warbler.
-¿Saben qué? ¡Ustedes están dementes! ¡Los voy a acabar!*- gritó en español mientras que intentaba escabullirse de los brazos de Finn y Rachel. Todos comenzaron a gritar. Ante su incredulidad, Sam, Mercedes y Quinn vieron con cuánta ira se atacaba sus bandos contrarios. Los problemas que podrían llevarse les dejaron la boca seca.
¡Hola otra vez! ¿Qué les pareció, eh? Lo siento si hay por aquí Fabrevans shippers... Les seré honesta: A mí la verdad nunca me gustó ésa pareja por lo similares que eran, así que en este fanfic me pareció poner a Quinn como hermana de Sam... Raro, lo sé. Bueno... también para calmar a algunas minorías, Faberry estará en el camino junto con Finchel... Ésa Rachel tiene que aclararse bien las cosas. Samcedes va iniciando por buen camino, pero si los nuevos amigos de Sam continuan interfiriendo, creo que alguien se rendirá...
Hablando de Brittana y que algunas personas sufren porque no están juntas... Ya llegará el momento, en serio. Será intenso, y luego será horrible y después la vida continuará como debe ser. Ustedes sean pacientes. En fin... Al menos los Warblers ya tienen a otro miembro, pero les siguen faltando...
Como sea. Dejen reviews de lo que les gustó, lo que no les gustó y lo que debería poner. Tomo en cuenta las propuestas de la música y si me gustan, las incluyo bien. En serio.
Bien. Ya los dejo de fastidiar. En mi biografía están mis direcciones de redes sociales por si a alguien le interesa ser mi amigo LOL jajajaja. Ok, no es a la fuerza :c
¡Buen inicio de semana tengan todos!
