Epílogo

Había pasado un mes desde lo sucedido con Io Akuma y la Puerta del Diablo, ya todos se encontraban bien y el empresario Mori había cumplido su palabra devolviéndole las tierras a Genkai y construyéndole una réplica exacta de su templo destruido. En cuanto a Io Torimaki, tubo que aceptar su destino en un manicomio en que lo había hecho meter su antiguo jefe, de dónde ya no podría salir hasta el fin de sus días.

Yusuke y Botán habían acompañado a Genkai a su templo y decidieron quedarse un rato con ella para conversar. Mientras estaban tomando el té al atardecer y Botán se había ido al baño, Yusuke decidió tratar un tema delicado con su maestra.

-Usted dice que me dejará el templo, Genkai, ¿pero qué pasará si yo no quiero enseñar artes marciales?

-No me importa lo que quieras hacer de tu vida siempre y cuando vayas por buen camino.

-¿Entonces no se molestará?

-Estaré muerta para cuando decidas qué hacer de tu vida, tonto. Pero sé que eres alguien que gusta de las peleas, así que podrías trabajar de maestro de artes marciales, policía o detective también. Aún así, te daré mi templo.

Yusuke había bajado la vista con una expresión triste en el rostro y la anciana lo notó y supo la razón.

-Aunque yo muera, sé que nos encontraremos todos en el cielo tarde o temprano, no te preocupes por tonterías, Yuske. Además, ya te moriste antes, debes ser más tolerante con la muerte.

Yusuke se alzó de hombros un poco menos preocupado, pues sabía que ella tenía razón después de todo, pero aún así no le gustaba la idea de separarse de sus amigos, de ella, de su madre y principalmente de Keiko. El muchacho tomó un poco de su té antes de seguir con otro tema.

-Hem... Lamento haberme portado como un tonto la otra vez... –Le costó decir al muchacho.

Genkai lo miró de reojo.

-Eso ya no importa. –Replicó tranquilamente mientras sorbía su té.

-Pero no debí decirlo –insistió.

-Ya te dije que no importa, tonto. Eres tan cabeza hueca que dices lo primero que se te viene a la cabeza sin pensarlo dos veces. Lo mismo haces cundo luchas, ya es parte de tu personalidad. Además –la anciana lo miró a los ojos, -tu verdadera naturaleza es de una persona de buen corazón, y eso es lo que realmente importa.

-¡Bah! ¡No diga tonterías! –Protestó Yusuke bastante colorado. –No me gusta que me halaguen.

-¿El que te digan que eres un cabeza hueca es un halago para ti? ¡Eso sí que es de brutos!

-¡Maldita sea! ¡No se burle de mí, vieja bruja!

-¿Conque vieja bruja, eh?

Mientras Yusuke y Genkai se dedicaban a pelear, Botán estaba detrás de la puerta sonriendo felizmente ya que todo había vuelto a la normalidad.

FIN

Fanfics terminado el 01/12/04

Nota: Como ya aclaré en mi otra historia, YuYu Hakusho es una marca registrada de Yoshihiro Togashi, por lo tanto sólo escribo esto como muestra de mi aprecio por su trabajo.

Nota: Si quieren opinar algo sobre esta historia, mi mail es: Iba a hacer otro mail con el nombre de este fics, pero creo que no es conveniente. No sé si en un templo de Japón se deberá pagar impuestos, creo que no, pero tuve que decidirme.

Nota: ¿Adivinaron la adivinanza de Yusuke? Si no lo lograron les escribiré la respuesta en mi mail.

Nota: Mi próximo Fics de YuYu será: Historias Cortas de Fantasmas.

Nota: Como veo que no podré terminar mi otro fics a tiempo... ¡¡Felices Fiestas para todos!!

Nota: Y como siempre, no me despediré antes de regalarles algo de la filosofía oriental, ¡que lo disfruten!:

En el antiguo Japón, vivía un viejo samurai que, ya retirado, se dedicaba a enseñar el arte de la meditación. A pesar de su avanzada edad, se decía que todavía era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Un día pasó por su casa un guerrero con fama de ser "el mejor". Era conocido por su falta de escrúpulos y por ser un provocador nato: esperaba a que su adversario hiciera el primer movimiento y después, con una inteligencia privilegiada, atacaba con una velocidad fulminante. Nunca había perdido un combate.

Sabiendo de la fama del viejo samurai, fue a visitarlo para vencerlo en combate y así aumentar su fama. El viejo aceptó el reto y se vieron en la plaza pública. De más está decir que asistieron todos los alumnos y no faltaba allí nadie del pueblo. El joven empezó insultando al viejo maestro: lo escupió, le tiró piedras, y lo insultó (a él, a su familia, a sus antepasados). Durante varias horas hizo de todo para provocarlo, pero el viejo maestro permaneció impasible. Al final de la tarde, exhausto y humillado, el guerrero se retiró vencido.

Los discípulos corrieron hacia su maestro y le preguntaron cómo había soportado tal afrenta sin sacar su espada. Entonces, el viejo samurai los iluminó con el siguiente razonamiento:

-Si alguien te hace un regalo y no lo aceptas, ¿a quién pertenece ese regalo?

-A quien intentó entregarlo –contestó uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la rabia, la ira, los insultos y la envidia -. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Cuento sacado del libro de autoayuda: TAO.

De la autora: Maurice P. Lachéret.

Editado por: Grulla.