Shade: *Viendo el segundo capítulo de Dipper's Guide to the Unexplained* ¿Como están, caballeras y princesos? (?)

Lamento la tardanza, pues me tuvo encerrada un monstruo horrendo (¡Dos, de hecho!) llamado exámenes de Ingeniería Industrial (Dipper, te tengo un nuevo misterio: ¿Por qué un Ejecutivo tiene trabajos de Ingeniero?) ... Bueno, Cookie sabe de lo que hablo TwT

Ya dejando los lloriqueos (XD), les traigo el segundo episodio de Noche Roja, donde empezarán los problemas y... empezará el Pinecest *w*

Advertencia: Terror psicológico nível I

Playlist de hoy: Grisly Reiminder de Midnight Syndicate, Alluring Darkness de BrunuhVille.


Chapter 1: El juego del escondite I


― ¡Dippy, una carrera hasta la cocina...!

Dipper Pines se acababa de vestir cuando escuchó la contagiosa risa de su gemela y al voltrarse, apenas alcanzó a ver la espesa cabellera de ella desaparecer del marco detrás de la cortina, corriendo al desaparecer escaleras abajo.

¡Mabel! Se lanzó en persecución de su hermana, casi resbalando sobre los escalones, hasta llegar a la cocina. Allí, su gemela estaba sentada junto a su tío Stan, quien leía su periódico con una taza de café en la mano. Allí los esperaba unos platos con unos deformes (pero así deliciosos, hay que ser justas) hotcakes.

―Buenos días, "Dúo Dinámico" ―Les saludó Soos desde la otra esquina: Estaba balanceándose precariamnente sobre un pequeño taburete, enfrascado en la misión de cambiar el bombillo del techo.

―Soos, no te pago para que hagas trucos de circo―replicó Stan alzando la vista de su periódico, notando que los gemelos al parecer se enfrascaron en una carrera para ver quién terminaba primero―, ¿por qué tanta prisa?

―Dipper y yo nos iremnos de excursión, tío Stan―dijo Mabel alegregremente, sosteniendo un pegajoso trozo de hotcake en su tenedor―. Vamos a cazar un duende... y a buscar además de tu cadena perdida, ¡su olla de oro que guarda al final del Arcoíris!

―Mabel...―Le recriminó Dipper en voz baja y entre dientes; en verdad, su hermana tenía la pésima costumbre de hablar en voz muy alta (y algo chillona) lo que les había traído infinidad de problemas... Afortunadamente, el tío Stan, al parecer, solo captó una de las palabras de su sobrina:

¿Oro? ¿Dijiste oro?―los ojos del viejo chispeaban... al tiempo que Soos hundía sin querer el botón de la vieja caja registradora de una de las vitrinas, pues se había caído del taburete―. Bueno, respecto a mi cadena, es obvio que debió ser alguna maldita urraca (1); como si hubiera sido un duende, jajaja... Estos niños y su imaginación ―Soltó una risa espasmódica y luego carraspeó―, pero si se trata de oro... pueden ir a tráermelo―agregó frotándose las manos con malévola avidez―; solo no se alejen mucho ¿de acuerdo?... ¡Soos! ¡No te pago para que te quedes inconsciente!


―Mabel, ¿cuantas veces tengo que decirte que no hables en voz alta de lo que vayamos a hacer hoy?

―Relájate, Dip; no sospecha nada―dijo la niña distraidamente mientras le daba unos cariñosos apapachos de despedida a Waddles, mientras balanceaba los pies fuera de su cama: Habían decidido que el cerdito debía quedarse, debido a lo posiblemente fatigoso que sería para él.

Estaban en su habitación preparando todos los detalles para su excursión. Creo que para este punto, debemos aclarar a nuestro público de qué trata nuestra excursión:

Hacía un par de días. los gemelos Pines habían visto un singular hombrecillo colándose desde la ventana de la sala, donde cerca de allí estaba uno de las cadenas de oro favoritas de su tío. A pesar de que lo persiguieron sin éxito (Se logró escurrir a la ventana y llegó hasta el bosque), lkograron verlo bien, y así quedó esclarecido que la criatura en cuestión era un duende, según el diario "3". Ahora, ya habían pasado dos días, y tras el decimocuarto arrebato de su tío de no encontrar su cadena ("¿Alguien ha visto mi cadena de oro? ¡Se le había robado a uno de los Bee Gees en 1975 y es muy valiosa! ¡Juro que el que la tenga se va a arrepentir!"), resolvieron ir a buscarla.


Hacía un día extraño; el sol a veces emergía tras unos segundos de desaparecer en leves nubes grises. Un viento frío movía de un lado a otro la veleta de signo de interrogación así como las copas de los árboles aledaños a la Cabaña cuando los gemelos salieron al patio trasero. Dipper desplegó un pequeño mapa que mostraba un plano del bosque de Gravity Falls (que había encontrado en el diario) y una brújula de latón, situando al este. En esa dirección se había ido el duende la última vez.

―Muy bien, la guarida del duende estará posiblemente en este zona de grutas, aquí y aquí―decía él señalando unos puntos donde había unas grandes equis―, pero esta parte...―Y bordeó con el dedo una zona aledaña a las equis que estaba en blanco―no tengo idea de lo que es, y el diario no dice nada de eso ni por quÉ estará en blanco, por lo tanto, debemos ir con cuidado.

―De acuerdo, Dipping Sauce ―dijo Mabel alegremente y le tomó de la mano de Dipper, al parecer sin pensarlo, y empezó a agitarle de arriba y abajo a modo de juego... Dipper solo se puso a estudiar el mapa, lo cual a decir verdad fue un simulacro, pues el repentino acto de su gemela le había arrancado un débil sonrojo.


Habían andado un buen rato por un amplio sendero que los llevaba hasta la zona delimitada por las altas rocas, según señaladas por el mapa. Dipper iba adelante, con la nariz casi pegada al mapa, mientras miraba exactamente cada cinco segundos la brújula, creyendo por un momento que se habían pasado o que las cordenadas no eran las correctas; a Mabel le daba risa y le enternecía cuando su hermano se ponía en ese plan entre serio y algo psicótico de que todo saliera tal y como él lo había planeado.

Finalmente llegaron hasta el punto donde marcaba las equis en el mapa: Era un grupo de rocas negras apretadas unas contra otras. Al fonde de estas se veía una de las paredes de uno de los precipicios que bordeaba el pueblo y a su lado, otro frafmento grande del bosque. Los gemelos Pines se ocultaron tras un gran arbusto de zarzamoras que había cerca (Y de paso, Mabel se llenó los bolsillos de ellas) esperando a que el duende hiciera su aparición. Esperaron una hora... hora y media... casi dos horas... Casi empezando a creer que se habían equivocado de lugar, casi creyendo que nuestro público se va a aburrir leyendo esto...

Hasta que por fin, de una especie de agujero de entre las rocas, lo suficuientemente pequeña como para pasar por una guarida de un zorro o de un conejo, emergió un criatura de color grisáceo y de ropas verdosas, cuya cara estaba completamente arrugada y con una nariz picuda. El ser salió mirando a todasa partes, como si fuera un suricato, para volver a meterse en su gruta, para sacar una bolsa de lona, donde un resplandor dorado dejó pasmados a los hermanos: Montones de monedas, copas y joyas, todas de oro puro. El duende sacaba a puñados más y más objetos resplandecientes, hasta que un objeto se le resbaló de las manos. Acercándose más, Dipper y Mabel observaron que era una gruesa y horrenda cadena de oro; la clase de cadena que usaría un cantante de música Disco de los 70's de vellos en el pecho o un anciano tacaño y terorífico... La clase de cadena que usaría el tío Stan.

― ¡Allí está! ―exclamó Mabel a punto de delatarse.

―Shhhhh, ¿quieres que nos oiga?―le acalló Dipper volviendo a atisbar tras el arbusto: el duende se puso a mirar nerviosamente, tratando de volver a oír... al no pasar nada, volvió a su tarea―, si lo asustamos, se nos volverá a escapar... debemos usar el Factor Sorpresa.

― ¡Genial! Ehm... ¿Qué es el Factor Sorpresa?

―No hay tiempo; Cuando cuente hasta tres, salimos al tiempo y lo rodeamos. Atenta... Uno... dos...

― ¡Tres! ―La niña había salido antes de tiempo, corriendo hacía el duende, que quedó sobresaltado― . ¡Esa es la cadena del tío Stan! ¡Devuélvela! ―Pero la criatura cerró la bolsa y pegó un salto sorprendemente alto para su tamaño, para luego echar a correr hacía el bosque―. ¡Vuelve aquí!―exclamó ella corriendo en pos de él.

― ¡Mabel!―Dipper también se puso a no solo a perseguir al duende, sino también a su hermana, que le llevaba gran ventaja, debido a que Dipper casi se enredó con el mapa que llevaba en la mano―. ¡Mabel, espera! ¡Mabel!

Se internó en una especie de apretado sendero de árboles. Estos estaban pegados uno contra otro, tanto, que apenas se filtraban los rayos del sol entre ellos. Dipper apenas podía distinguir a su hermana, y muchísimo menos al duende (Solo se veía una figura borrosa de color oscuro saltando muchos metros hacía delante) sacó su mapa... notando que se estaban acercando precisamente a esas zonas en blanco del mapa...

Se detuvo abruptamente, casi chocando contra la espalda de Mabel: Habían llegado a una especie de claro de tamaño apenas más ancho que los dos juntos. Los arboles estaban pegados uno contra otro, dejando apenas ver rendijas entre ellos. Y frente a los hermanos se podía ver una roca de color oscuro de cara ovalada, con una larga hendidura horizontal, debajo de otras dos pequeñas, asemejando una cara. Ambos se acercaron a ella, sintiendo los débiles crujidos de hojas secas bajo sus zapatos.

¡Jajajaja! ¡Mira, Dip: parece una cara!rió la niña señalándola.

En efecto, lo parececoncedió Dipper mirando alrededor: Este era el final del camino, y no parecía podible que el duende se hubiera ocultado aqui; Buscó entre las copas y no se veía. Parecía como si se lo hubiera tragado la tierra.. Qué extraño... No lo veo. ¿Lo puedes ver en alguna parte, Mabel?

―Hummm... Nop. No lo veo.

―Rayos, se nos escapó. Habrá que regresar y pensar en otra cosa... ¡Ya sé! En el diario se menciona que los duendes no se pueden resistir a las apuestas (2), ¿recuerdas?

―... Y montamos una farsa al estilo del Tío Stan...

― ¡...Y sí vendrá y lo atraparemos!completaron al unísono, para luego echarse as reír levemente.

―Así es―dijo Dipper terminando de reír y volviendo a su mapa; mejor volvamos a casa y allí armamos un nuevo plan.

Y siguió a Mabel, quien se adelantó antes que él, a devolverseb sobre sus pasos, de regreso al caminillo de árboles...

...Pero esta vez había algo diferente: ¿Era imaginación suya o el caminillo era más largo? Cuando pensaba que este terminaba con el borde de rocas donde había estado posado el duende en primer lugar, este volvía a seguir y seguir... No, quizás era porque como ya no estaban corriendo, sino caminando, sería el recorrido más largo, ¿no?

Finalmente el sendero llegó a su fin... Y Dipper, al salir una vez más y sentir el calor del sol en los brazos, alzó la vista del diario (que había estado leyendo durante el trayecto)... y se le cayó el alma a los pies.

―Mabel...

― ¿Qué ocurre?

―¿Esa... esa cara con roca ya no la habíamos visto antes?

―Sí... ―la niña ladeó la cabeza, algo extrañada ―; quizás solo se trate de otra "roca con cara de roca" ―Y soltó una risita al recordar una de las atracciones del Tío Stan―. ¿No lo crees?

―Ahm... sí, sí, debe ser eso ―musitó Dipper volviendo a ver el mapa con detenimiento. "Yo no recuerdo haberlo visto al correr antes" pensó ―, mejor sigamos adelante ―Y esta vez él fue hacía delante, esta vez con una sensación extraña en la boca del estómago... "Es solo otra roca con cara" se dijo a sí mismo "No estamos dando vueltas en círculos... No estamos dando vueltas en círculos..."

...

¡Estamos dando vueltas en círculos!―exclamó unos minutos después, al llegar al final del caminillo de árboles apretados y ver, por quinta vez consecutiva, la misma roca con cara, mirándolos fijamente.

― ¿Seguro?―inquirió Mabel acercándose a la piedra y tocarla―, porque esta roca es un poco másclara que la anterior que vimos.

Dipper por poco se jaló de los cabellos al oír eso... Estaban perdidos... perdidos... ¡Y su hermana viene con otro de sus comentarios torpes y tontos!

― ¿Qué... qué demonios...? ¡Mabel, es la misma roca! ¡La hemos pasado ya seis veces! ―dijo Dipper exasperado y empezando a caminar en círculos en la mitad del claro―, ¿qué vamos a hacer? ¡Estamos perdidos!

―Podríamos seguir―sugirió ella, sin dejar en ningún momento su sonrisa optimista―, y encontrar la forma de salir del bosque.

―Claro, ¡¿cómo no se nos ocurrió...?! ¡Ya sé: Porque seguimos dando vueltas en círculos!

―Dipper, ¿puedes calmarte? ¡No-estamos-dando-vueltas-en-círculos-y-voy-a-prob ártelo!―replicó Mabel de un tirón y luego agarrándolo de la muñeca, echaron a caminar una vez más hacía el sendero... Y cada vez más terminaban pasando frente a la roca con rostro, ya fuera de frente, ya fuera de lado, ya fuera por detrás; Y cada vez que la veían, Dipper musitaba:

―Mabel...

―Cállate, yo sé a dónde vamos.

Pero a medida que el sol empezaba a moverse lenta y tortuosamente hacía el oeste, y se volvía el bosque de amarillo a anaranjado poco a poco, Mabel finalmente lo admitió: Seguían dando vueltas en círculo. Seguían viendo la misma maldita roca con cara, mirándolos fijamente, con una expresión casi inexpresiva... Estaban perdidos.

―Dip... creo que... estamosdando vueltas en círculo.

Dipper se mordió la lengua para no contestarle algo que pudiese lastimarla, aunque es justo admitir que desde hacía tres horas ganas no le estaban faltando. Se limitó a suspirar y a dejarse caer sobre un tronco que estaba junto a uno de los árboles que bordeaban el claro. Se quedaron en silencio, solo escuchándose los ecos de los pájaros en la lejanía y los grillos al ras del suelo... No lo podían entender, ¿cómo es que siempre acababan en este claro? Era algo completamente anormal, tomando en cuenta que ese sendero era el único que había allí y el único que habían tomado para llegar hasta el claro… Era como si... era como si el bosque, o esa roca, o quienquiera que sea... no quería dejarlos ir.

¿Y ahora qué? ¿Cómo podrían regresar a la Cabaña? La angustia y el miedo los empezaba a invadir, conforme la luz anaranjada de la tarde se deslizaba sobre el claro, tiñendo sus cabellos de castaño a rojos... Solo en cuestión de horas se haría de noche. Y la noche en ese bosque (precisamente ese), era el peor escenario imaginable para los gemelos Pines.

Había tantas preguntas en el aire y tan pocas respuestas… Ni tan siquiera para la más obvia y a la vez, la más apremiante:

―¿Y ahora que haremos, Dipper?

Dipper volvió a suspirar―Supongo que no tiene sentido ir otra vez por ese sendero si nos va a seguir llevando en círculos, Mabs… Habrá que esperar a que sea de día otra vez para que podamos regresar a casa.― Esa no fue la respuesta que precisamente Mabel quería, y se dejó ver lo que sentía al componer una mueca de preocupación. Dipper se levantó y le palmoteó la espalda―, ven, vamos a hacer una fogata.

Finalmente había llegado completamente la noche al pequeño claro. Los gemelos estaban sentados rodeando el pequeño montón de brasas que habían logrado encender tras varios infructuosos intentos (Gracias al Cielo por esos meses de Scouts que les habían obligado a tomar años antes) La pequeña fogata era como una gran luciérnaga roja que iluminaba ese punto perdido e inconexo del bosque. Habían logrado solventar a sus estómagos con unas nueces y algunos caramelos de miel que Mabel tenía en su bolsillo, pero eso no lograba apaciguar la sensación de miedo y de incertidumbre que ahora pesaba sobre ambos.

Dipper ya se estaba quedando dormido con la cabeza sobre la rodilla cuando unos ruiditos lo sacaron de su letargo. Creyendo que sería algún animal (o monstruo), tomó la rama puntiaguda que había usado para avivar las brasas como una suerte de arma improvisada. Nerviosamente escudriñó los árboles que bordeaban el claro, como si algo (o alguien) saldría de entre ellos… No pasó nada. Bajó la rama hasta que volvió a escuchar el ruidito, esta vez, un poco más fuerte. Se volteó a su izquierda: Mabel, quien extrañamente se había apartado de Dipper, estaba acurrucada sobre un tronco musgoso, con su cabeza cubierta por el cuello de tortuga de su sweater, claramente sollozando.

Se sintió mal. Sí, se había enojado con ella, pero tampoco para llegar a eso. Suspiró y se acercó a ella.

―Mabel…―murmuró Dipper apoyando una mano en su hombro, recibiendo un leve respingo de la castaña―, vamos Mabel, todo estará bien. Saldremos de esta, ¿sí? ―La niña lentamente se bajó el cuello de tortuga, revelando sus ojos enrojecidos. Debió de haber llorado desde hacía horas y sin que él se diera cuenta, lo que lo hizo sentirse peor.

―Todo es por mi culpa, Dip. No debí haberlo seguido hasta allí… Todos tienen razón: soy una tonta―gimoteó ella y volvió a tratar de esconderse en "SweaterLandia", pero Dipper le sujetó de las manos, impidiéndoselo.

―Eso no es cierto, y lo sabes―susurró él entre seriedad y cariño―, además, no es tan grave como parece…―Ella lo miró y el esbozó una leve sonrisa―, estamos juntos e intactos. Y considerando todas las variables, eso es un milagro.

Mabel soltó una risita y le dio un pequeño codazo cariñoso―Siempre eres tan cursi.

―Bueno, al menos logré animarte, ¿no? Eso sí es un logro―bromeó él.

Las pequeñas risas llenaron de vida el pequeño claro. Era como si todo lo que había pasado en las últimas horas se había disipado, teletransportándolos a esos momentos de la infancia donde se ocultaban en el armario a jugar a buscar el famoso "monstruo del armario". Luego de unos momentos, Mabel se quitó el sweater y se lo ofreció a él.

―Tómalo, está haciendo frío.

―No, no, Mabel―negó Dipper sonriendo y agitando las manos―; quédatelo tú, yo estoy bien. ¿Pero qué…?

En un momento, Mabel le puso el enorme sweater – que ese día era el de llama amarillo – y luego ella misma se metió dentro de él, convirtiéndolo en una especie de saco de dormir… un poco pequeño y estrecho… por lo que los dos estaban apretados uno contra otro.

―Ehm, Mabel…―musitó Dipper sonrojándose al sentir tan cerca suyo el cuerpo de su hermana… Y el hecho de que ella se revolviera para poder verle a la cara no ayudó para nada, a excepción de intensificarle claro, el rojo de las mejillas.

―¿No te parece una idea genial? ―rió ella con orgullo apoyando las manos apretadamente contra el pecho de su gemelo―, ¡así no tendremos que pasar frío ninguno de los dos!

―S-sí, es una idea fantástica―tartamudeó Dipper sintiendo apoderarse de él a cada segundo que pasaba una vergüenza inexplicable…"¿Qué demonios me pasa? ¿Por qué me siento tan raro? Hum, ¿Qué es ese olor? Huele a… frambuesas. ¿No es ese el shampoo favorito de Mabel? Dios, huele tan bien…"

Mabel había apoyado la cabeza contra el pecho de Dipper y estuvo muy consciente cuando sintió que le estaba oliendo el cabello… Pero a diferencia de Gideon, no se sentía incómoda (o tal vez sí, pero también en el hecho de que los dos estaban apretujados en un mismo sweater) respiraba de forma acompasada, sintiendo los brazos de su gemelo rodearle la cintura y apretarle más en lo que ya fuera posible a él… provocándole una extraña sensación en el estómago: Mariposas. Muchas mariposas revoloteándole… Pero también serpientes. Muchas serpientes revolviéndose

Mejor olvidaba eso y mejor se dedicaba a descansar… Lo iban a necesitar.

Han venido, han venido.

Han venido a nosotros…

Unas oscuras figuras zigzagueaban entre los apretados árboles, sin dejar de perder de vista a la pareja de gemelos acurrucada en el suelo…

Han venido a nosotros.

Han venido a jugar con nosotros…

La roca con cara parecía componer una sonrisa al observar a los niños abrazados y dormidos…

Han venido a jugar con nosotros

Y no saldrán más.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

To be continued…

Author's Note:

(1) La urraca es famosa por su debilidad por los objetos resplandecientes. Si viven en un lugar donde proliferen urracas (Más que nada en E.E.U.U), tengan cuidado donde dejen sus joyas.

(2) Partiendo de la mitología irlandesa, los duendes son suceptibles a las apuestas.

(3) Aclaremos: NO somos believers (XD) De hecho, ODIAMOS a Justin Beaver (4Jonática: Bieeeeber, no Beeeaver / Shade: yo lo digo como me dé la f**k gana :L) pero tenemos la sospecha de que Mabel es believer, ¿notaron su afiche sospechosamente parecido a Justina? XD