Disclaimer: Hetalia así como sus personajes, no son de mi propiedad.
Advertencia: Manuscrita para el pasado (?)
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¿Era un sueño? ¡Lo parecía! ¿O la realidad? No… Simplemente era un perfecto sueño. Porque… ¡Por el amor de Dios! Si fuese real, no estaría pegando sus labios a los del violinista. La sensación era única. El contacto con sus labios fríos, le daba a sabe que el inglés necesitaba algo… Ser escuchado o tal vez una mano amiga simplemente. Pero ya lo había escuchado la noche anterior en el café… Parece ser que no se desahogo lo suficiente.
El momento había llegado. Era la hora de irse a dormir. No quería. ¿Cuándo tendría un momento así? No quería perder la ilusión y volver a la realidad. Pero así tenía que ser, así le había tocado su suerte.
Intentó incorporarse, pero una fuerza mayor de lo impedía. Abrió los ojos solamente para llevarse una enorme sorpresa.
El violinista se había despertado y simplemente no decía nada sobre que el mesero le estuviese besando… ¡No! ¡Al contrario! Parecía feliz, como si lo estuviese esperando todo el día. Antonio intentó levantarse, pero Arthur se lo impidió tomándolo del cuello de la camisa para profundizar el beso.
Al mesero no le cabía la sorpresa, así que le llevó la corriente. Finalmente se acomodó para quedar encima del inglés y seguir con el juego. El Violinista pasó sus brazos alrededor de su cuello y no romper el contacto.
Y entonces… Se incorporó de aquel sillón pequeño, sudando y respirando agitadamente
¬ Era un sueño… - Susurró
Se limpió el sudor, se levantó y caminó a su habitación. Su teoría de ser un sueño era cierta. Sobre su cama, seguía durmiendo el violinista. Suspiró y dejó la habitación. Miró el reloj de la pared de su cocina anunciando las 9 de la mañana en día martes. Tres días más, y tendría su día libre.
¬ Que rápido se fue la noche
Sacó unos ingredientes del refrigerador y unos trastes del gabinete dispuesto a hacer un desayuno para dos, aunque la incógnita de que hacerle de desayunar al británico rondaba por su cabeza.
Un teléfono celular comenzó a sonar, Antonio corrió hacia su chaqueta –La cual estaba tirada en la entrada de su departamento- y se extrañó al notar que no era suyo. Miró la pequeña mesa que estaba al lado de su pequeño sillón y buscando entre los bolsillos del abrigo de su invitado, encontró su celular sonando.
¿Era bueno que él contestase? Eso era invadir la privacidad, lo tenía claro… Pero, era de mala educación despertarlo sólo para contestar el aparato. Tomó la decisión de contestar.
¬ ¿Hola? – Contestó un tanto inseguro
¬ ¡¿Dónde has estado?! – Gritó la voz del otro lado - ¡Estoy llamándote desde ayer! Dime la dirección e iré a verte en cuanto pueda. ¡Tienes la agenda apretada como para escaparte así!
Sí dijo algo sobre una agenda y el llamarle desde ayer… Era seguro que era el manager de Arthur.
Iba a hablar, hasta que le quitaron el celular. Se giró sorprendido al ver que el inglés había despertado. Arthur le dio el ademan con la mano para que siguiera haciendo lo que sea que hiciera. Asintió y se retiró a la cocina.
En el transcurso de la preparación del desayuno, podía escuchar bien los gritos en francés que Arthur y su manager se decían, a veces eran en inglés y muy raro en español.
Finalmente, el violinista terminó la discusión:
¬ Shut up Stupid Bastard! – Gritó – I do what I Want and end point
Se acercó a la ventana y desde el cuarto piso del edificio, tiró el celular a la calle haciéndolo estrellarse en la banqueta.
El español miraba asombrado. ¿Cómo podía tirar un celular –Nada barato- a la calle… y no tener un poco de lástima? Claro… Arthur era rico
¬ Tsk… El maldito tendrá que pagarme – Habló – ¿Cree que no me costó?
Ok… Sí llegó a sentir un poco de lástima por el aparato ahora destruido.
Se moría de ganas de preguntarle "¿Quién era y qué quería?". Aunque… ¿Confiaría en un desconocido? Ya no son desconocidos… Al menos no desde el domingo por la noche.
El español no dejaba de mirar a su "amigo" ¿Cómo es posible que soñara con ese beso?
Sí, Arthur era muy guapo… ¿Eso justificaba lo que soñó? ¡No! O al menos eso pensaba.
Vio como tomaba su abrigo dispuesto a irse
¬ ¿Eh? ¿N-No te quedarás a desayunar algo? – Preguntó intentando retenerlo, no quería que se fuera, aún no
¬ Sólo iré por un poco de aire… - Excusó
¬ Entonces deja el abrigo – Rió bajo – El día es soleado para salir con eso
Quería irse, no ver al español a la cara después de lo pasado
¬ Bien…
Dejó el abrigo y salió del departamento. Recorrió el pasillo hasta llegar a las escaleras. ¿Por qué no tomar el elevador? No le hacía daño caminar un poco más.
Salió del edificio y allí se quedó.
Dejó que el poco aire soplara en su rostro. Iluminara su mente y la refrescara. ¿Por qué hizo eso? ¿Con qué objeto?
No negaría que el mesero que le atendió dos días antes, era muy guapo. Tanto que le atrajo de momento.
Más cuando le había ayudado con aquel consejo que no salía de su mente.
"Pruebe cambiar su vida… Verá que será diferente"
Si, la intentó cambiar… Pero… Aún no encontraba mucho la diferencia. Francis seguía acosándolo, laboral como personalmente. Aquel celular -Ahora destruido- recordándole lo que era. Las cosas que quería –El trabajo- A la palma de su mano.
¿Qué había cambiado?
Simplemente el hecho de que ya no veía a Sesel* como todos los días estando en Londres. El hecho de que ahora… Antonio le había cambiado parte de su vida con unas simples palabras.
¬ Cambiar… - Había susurrado - Diferente…
Aquellas dos palabras las había resaltado de las demás. Les haría caso fuese o no necesario.
Se sonrojó de golpe al recordar lo que pasó la noche anterior.
Habían llegado al edificio donde Antonio vivía, usaron el elevador y vieron la puerta del departamento.
Antonio entró y tiró su chaqueta en la entrada –A un escaso centímetro- Arthur fue más educado, dejándola en la mesa que estaba al lado del sillón.
Después de pelear sobre quién dormiría en la cama, el inglés se retiró satisfecho. Llegando a la habitación, se dio cuenta de que no tenía mucha diferencia en cuanto a la suya. Era de un solo color, con una cama, un escritorio, una ventana y un tocador. La diferencia era el tamaño. Se quitó los zapatos y se sentó sobre la cama solo para sentir como era tan cómoda, blanda y suave. No tardó minutos para quedarse dormido.
Tenía un sueño. Él y el mesero platicando en el café y de pronto, la escena cambia a él, encima el mesero besándole con cariño.
Un momento… ¡N-No es un sueño! ¡Era real! ¿Cómo se atrevía un simple mesero a besarle? ¡Nadie tenía ese derecho! Pero… ¿Por qué se siente tan cómodo y cálido? Los labios de Antonio eran bastantes cálidos… Le otorgaban gran confianza. Una enorme seguridad.
Lo que haría, se arrepentiría, pero ya había comenzado a corresponder a aquel beso.
Lo tomó del cuello para acercarlo y hacer el contacto más profundo. En cuanto el español comprendió, se acomodó encima de él para que se sintiera más a gusto y pasara sus brazos alrededor de su cuello.
Con lo que no contaba, es que el español terminara durmiéndose sobre él. Logró quitárselo de encima y le dio un leve golpe en la frente pensando si eso podía despertarlo. La respuesta, fue no.
Con un poco de esfuerzo, logró llevarlo hasta su sillón y aventarlo como pudo. Bueno, estaba un poco preocupado así que lo tapó. Obtendría su venganza después.
¿Cómo era posible que el español le hiciera eso? En ese momento, las ganas de matarlo que le daban… Pero no podía hacerlo
Decepcionante
A su lado, pasó una pareja, no le tomó importancia hasta que escuchó la voz de la chica
¬ ¡Antonio estará más que feliz!
Esa era la voz de Emma. ¿Cómo es que la cajera no lo reconociera?
Eso no tenía ya importancia, lo que importaba era… ¿Quién era el chico con que la belga llegaba?
Los siguió sigilosamente hasta dar al piso 4 al departamento de Antonio. El chico era moreno, de cabello negro y de ojos azabache. Aquel individuo le producía cierta desconfianza.
Antonio abrió la puerta mientras Arthur se escondía detrás de una planta bastante grande para cubrirlo.
¬ ¡Emma! – Habló feliz y fue cuando dirigió su mirada al otro chico – A-A
¬ Hasta mi nombre te cuesta… Repite conmigo… Alejandro
¬ ¡Ya me sé tu nombre!
¬ "¿Alejandro? ¿Quién es ese chico?" – Se preguntó Arthur de repente.
¬ ¡Adivina! – Habló Emma - ¡Alejandro se mudó a España! Y… vuelve a adivinar… ¡Regresará al café!
Ahora el chico de nombre Alejandro, se encontraba abrazado a casi la asfixia por el español
¬ ¡Cuanta alegría me da! ¡Ya no seré el único!
¬ ¿El único? – Arthur susurró - ¿Acaso estoy pintado?
¬ ¡Pasen! ¡Esto amerita un gran desayuno!
El inglés salió de su improvisado escondite y se recargó en la pared. ¿Por qué se sentía un tanto angustiado? ¿Por qué sentía una gran desconfianza al ver a aquel chico moreno cerca de Antonio?
¬ ¡Por favor! – Se quejó – No estoy celoso
Y aunque no lo pareciera. Lo estaba.
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*Sesel es el nombre que le puse –Y he visto- En Seychelles
Bien, aquí me reporto con otro capítulo. Me pasé el puente del 16 en pura fiesta xD y hoy he escrito el capítulo en las notas de mi celular durante mi capacitación de informática. ¿Cómo no me descubrieron? *Se encoge de hombros* ¡Soy un ninja!
Nos leemos al próximo cap.
