CAPÍTULO 2: El décimo planeta. ¿Es que nunca podremos vivir en paz?

Todo estaba oscuro a su alrededor. Ya no recordaba cuando tiempo llevaba allí, encerrada, cuanto hacía que había dejado de gritar. Sabía que él estaba a su lado, pues jamás habían separado sus manos, pero había pasado tanto tiempo que eso no era un consuelo.

- Abre los ojos.

Esa voz... ella la reconocía y notó un miedo terrible.

- Abre los ojos, muchacha.- instistió.

La joven abrió los ojos y miró a la mujer que hablaba. Era alta, esbelta, de cabellos plateados y piel oscura. Pero todo eso no tenía importancia comparado con sus ojos, unos ojos que creaban una sensación superior al miedo.

Intentó levantarse y empezar a luchar, pero apenas podía moverse.

- El sello se ha roto.- dijo la mujer.- Pero ahora estais en mis manos.

La joven notó cómo un sudor frio recorría su espalda, mientras su compañero se iba despertando.

- ¡Tú!.- gritó él, apretando los puños con furia.- ¿¡Qué haces despierta,...?!

Intentó decir su nombre en voz alta, pero no puedo.

- El sello se ha roto.- repitió la mujer, con una sonrisa burlona.- El sello que me atrapaba a mi, a los mios... y a vosotros. Sin embargo, no he recuperado todo mi poder. Y eso impide que el segundo sello, el que prohibe pronunciar mi nombre, quede definitivamente roto.

Con la ayuda de su compañera, el joven fue levantándose. Era alto y musculoso, con el pelo rubio y brillante, en contraste con unos ojos marrón oscuro. Ella era más menuda, de pelo negro y corto, con ojos color violeta.

- No te permitiremos salir.- dijo ella, con firmeza.

- ¿Y como pensais impedirlo?.- se burló la mujer.- ¿Luchando conmigo? Vuestro poder ahora no es nada compartado con el mío, pese a no estar totalmente recuperado. Además... ¿por qué ibais a luchar contra mi?

- Por el Milenio de Plata.- respondió él con firmeza.

Como toda respuesta, la mujer empezó a reir.

- ¿El Milenio de Plata?.- se burló ella.- ¿Ya lo habeis olvidado?

Con un brusco gesto de su mano, los dos jóvenes cayeron al suelo, llevandose las manos a la cabeza y gimiendo de dolor, mientras miles de imágenes pasaban a toda velocidad por su cabeza.

- ¿Lo recodais?.- insistió la mujer, acercándose a ellos.- ¿Recordais el dolor, la sangre, el esfuerzo en la lucha... que fueron reconocidos encerrándoos en este lugar, para que pasarais toda la eternidad sufriendo?

Las lágrimas empezaron a resbalar por las mejillas de los jóvenes.

- Todo el poder del cristal de plata.- siguio murmurando la mujer, caminando en círculos a su alrededor.- Desplegado para vencerme... y os atacó también a vosotros. No hizo nada por ayudaros...

El joven descargó un puño con rabia contra un suelo inexistente.

- ¡No!.- gritó.

- Sí.- replicó la mujer, agachándose a su lado.- Os abandonó, os sacrificó... os juraba que os amaba y necesitaba, pero luego os traicionó.

- La reina no...- lloró la joven, tratando de convencerse de que las palabras de la mujer no eran ciertas.

- La reina sí os dejó.- insistió la mujer.- Os atacó, os abandonó, os dejó vagando por una dimensión sellada con vuestros peores enemigos durante milenios. Solos. Abandonados. Traicionados. Os condenó al olvido.

El joven se levantó, con los ojos llenos de rabia, seguido de su compañera.

Diego se incorporó de un salto en la cama, jadeando y cubierto con un sudor frío.

Pasaron varios segundos antes de que por fin consiguiera tranquilizarse y comprobar que estaba en su habitación.

Se recostó lentamente, todavía demasiado alterado como para plantearse volver a dormir.

¿Qué era ese sueño? Tenía la vaga sensación de que le resultaba conocido, de que no era la primera vez que en su cabeza aparecían esos personajes que luego no era capaz de recordar al despertar.

No había querido preocupar innecesariamente a los demás sobre algo de lo que ni él mismo estaba seguro, pero al despertar tras la hibernación, se había sentido muy intranquilo y amenazado. Y no era por la breve guerra que tuvo lugar después.

- Entonces... ¿por qué?- murmuró, mientras abrazaba sus rodillas.

Bunny abrió la puerta con cuidado y se asomó lentamente. La habitación en la que acababa de entrar era simplemente enorme, en el más amplio sentido de la palabra. Había varias lámparas de cristal colgadas por el techo y un ventanal permitia una buena iluminación.

- ¿No os parece perfecta?.- murmuró Bunny, con respeto.

- Es una habitación, no un templo.- señaló Ray, atravesando la puerta tras apartar a la reina de un suave empujón.- Es bastante grande...

- ¿Sí, verdad?.- respondió Bunny, con ojos brillantes.

- Quiero decir que es DEMASIADO grande.- insistió Ray.- Bunny, Chibiusa aun tardará un tiempo en necesitar "su propio espacio", no puedes darle directamente la habitación más grande del palacio.

- Creo que esta sería más apropiada como sala del trono.- señaló Vicki.

Bunny las miró durante unos segundos.

- Pero... asi me ahorraré mudarla cuando se haga mayor.

- Creeme: cuando se haga mayor, serás tu quien quiera mudarse.- murmuró Tim, mirando de reojo a Hotaru, que se limitaba a vagar por la habitación con aire ausente.

- A mi me parece deliciosa.- suspiró Carola, dando un par de vueltas sobre si misma.- Cuando mi Dani y yo tengamos niños, me gustaria poder meterlos en una habitación asi.

Bunny se giró, con lágrimas en los ojos y abrazó a Carola, mientras se echaba a llorar desconsoladamente.

- ¡Oh, Carola, me alegra tanto de que seas feliz con el hombre de tu vida!.- lloró.- ¡Espero que puedas ser feliz para siempre, y tener muchos niños!

- ¿Y eso a que viene?.- le preguntó Patricia a Vicki, en voz baja.

- Es por las hormonas.- explicó Luna.- Las tiene algo descontroladas por el embarazo y eso hace que tenga algunos ataques emocionales algo... curiosos.

- Oh.

Cuando por fin Bunny dejó de llorar y permitió a Carola liberarse de su abrazo, se volvio hacia sus amigas con determinación.

- Esta bien, esta será la sala del trono.- aceptó.- Pero tengo que seguir buscando cuarto para Chibiusa... oye, ¿sabeis dónde se han metido Amy y Raquel? Me gustaría que me ayudasen a elegir ¿Sabeis?

- ... y funciona así.- le explicó Sergio a Raquel, mientras le daba a un botón, haciendo girar una plataforma.

- ¿Y se ven todos los planetas?.- se sorprendió Raquel.- No sabía que un telescopio podía llegar tan lejos...

- Es la ventaja de ir por aquí y por allá.- le restó importancia Sergio.- Uno puede coger un trozo de tecnología de aquí, otro de allá y hacer unos aparatejos bastante apañados. Puedes ver más allá de Plutón.

- Interesante.- murmuró Raquel, observando con atención.- ¿Y aquello que es?

- ¿El qué?.- se interesó Sergio.- Será algún meteorito...

- Parece grande para ser un meteorito.

- Déjame ver.

Raquel se apartó del sitio para que Sergio pudiese observar por el telescopio. Estuvo mirando durante varios segundos, murmurando palabras que Raquel no estaba segura de querer entender, hasta que, finalmente, Sergio lanzó un juramento y, olvidándose por completo de Raquel, empezó a tomar datos.

Amy sacó la cabeza del agua para tomar aire. Parecía una tonteria, pero lo primero que había pensado al despertar de la hibernación había sido en poder nadar un poco en una piscina, lago o mar.

Fuera, Iván permanecía sentado en un banco tranquilamente, sin hacer nada que no fuese observar.

- ¿No vienes?.- le preguntó Amy, con una sonrisa.

- No me apetece.

Amy se quedó un poco cortada. Llevaban juntos un año (bueno, técnicamente, más de mil, pero esos no contaban). No habian comentado nada entre ellos, pero de algun modo se habían puesto de acuerdo en no comentar su relación a nadie, ella por vergüenza y él... bueno... ¿quién sabia?

La joven dio un pequeño salto y empezó a nadar de espaldas, sin dejar de meditar.

Ella le quería con locura, pero a veces la desconcertaba. Nunca había dicho que la quería, ni le había pedido que saliesen juntos... muchas veces, se limitaba a acompañarla a un sitio o a otro. Parecía que lo diese todo por supuesto, como si él ya supiese de antemano lo que ella pensaba y ella, por tanto, debiese hacer lo mismo.

Y no es que no supiese que la queria... nunca se lo había dicho, pero ella sabía que la amaba. Al menos, no habría estado con ella tanto tiempo si no fuese asi... ¿o no?

En ese momento oyó un juramento y unos pasos rápidos, como si alguien se acercase corriendo.

Desconcertada, la joven miró en dirección al sonido y pronto vio llegar a Sergio corriendo a toda velocidad, con un montón de papeles en la mano. Al poco rato, pasó Raquel, con expresión de no saber muy bien lo que estaba ocurriendo.

Iván y Amy les siguieron con la mirada.

- Tal vez deberiamos ir a ver que pasa...- aventuró Amy.

Iván se limitó a levantarse y acercarle la toalla.

- ¿Mirando habitaciones?.- se extrañó Dani.- ¿Qué tiene de interesante mirar habitaciones?

- Quiere encontrar la habitacion ideal para su bebé.- explicó Alex.- Y ha considerado que la compañía más apropiada para ello es la de las chicas, de modo que nos han desterrado temporalmente.

- ¿Y por qué no ha ido con Armando?.- insistió Dani.- Después de todo, es el padre.

- Lo intentó.- respondió Armando.- Y después de tres dias mirando todos los cuartos (no sabeis lo realmente grande que es este palacio), decidió que yo no estaba implicandome realmente en la tarea y que sería mejor que confiase en personas más expertas.

- ¿Y no te implicabas?

- Me limité a decirle que una habitacion con un tamaño normal y lo más cerca posible de la nuestra sería lo más apropiado.

- ¿Y qué pasó?

- Pues que se echó a llorar, dijo que sólo queria lo mejor para nuestra hija y que si hacia falta ya cambiariamos de dormitorio cuando fuese necesario.

- ...

En ese momento vieron pasar a Sergio a toda velocidad, seguido de Raquel y, un poco despues, Amy e Ivan, aunque estos caminaban con más tranquilidad y dignidad.

- Creo que es la primera vez que veo a Sergio corriendo.- murmuró Dani.- Normalmente hace trampa y abre el tunel...

- Creo que será mejor que vayamos a ver qué ocurre.- indicó Armando, preocupado.

-... y unas cortinitas rosas a juego con su pelo quedarían preciosas.- explicó Bunny.- ¿No crees?

Las demás suspiraron. No es que les importase ayudar a su amiga... pero llevaban ya toda la mañana...

- ¡Bunny!

Casi dando gracias al cielo por la interrupción, las chicas se giraron y vieron llegar corriendo a Sergio, con unos papeles en la mano. Unos metros por detrás, llegaban el resto del grupo, intrigados.

- ¿Qué pasa?.- se extrañó Bunny.- ¿Ocurre algo?

- Sí.- respondió Sergio, muy serio.- Hemos descubierto algo muy importante y que deberias saber. Hemos encontrado el dé...

Pero no pudo terminar la frase, porque en ese momento, todo empezó a temblar.

- ¿¡Qué está pasando?!.- gritó Alex.

Los gritos de pánico de la gente empezaban a llenar el aire.

Como pudo, Luis se asomó a la ventana de la habitación.

- ¡Nos están atacando!.- exclamó, mientras se apresuraba a sacar su cristal mágico, al igual que todos sus compañeros.

Bunny notó cómo se le llenaban los ojos de lágrimas.

- No...- balbuceó.- Otra vez no...

Notó una mano sobre su hombro. Detrás de ella, estaba Armando, pero como Rey de Tokyo de Cristal, Endimion.

No dijo nada, se limitó a sonreir y apretar levemente su hombro. Ella asintió, sacando el cristal de plata y dejando que la inundase su poder para actuar como Reina de Tokyo de Cristal.

Cuando todos estuvieron por fin listos para la batalla, abandonaron el castillo. Fuera, atacando y destruyendo todo sin control, habia dos criaturas de aspecto humanoide, pero mucho más grandes y obesas.

Sin embargo, ni si tamaño, ni su peso, parecían ser un obstaculo.

- ¿Qué narices es eso?.- gritó Guerrero Neptuno.- ¡Por lo menos miden cinco o seis metros de alto!

- Da igual lo que sean.- sentenció Guerrero Sol.- Estan destrozando nuestra ciudad y eso no lo podemos permitir.

Con rapidez, sacó su espada y atacó a las criaturas.

- ¡Espada de Luz!.- gritó, mientras se lanzaba contra uno de los gigantes.

Con la espada, cortó uno de los dedos de las manos de la criatura, haciendo que esta gimiese de dolor. Antes de que el guerrero hubiese tenido tiempo de ponerse a salvo, recibió un tremendo manotazo, que lo mandó volando hasta chocar contra una de las paredes del palacio, no muy lejos de sus compañeros.

- ¡Guerrero Sol!.- exclamó Sailor Júpiter.

- Estoy... estoy bien.- logró decir el joven, casi sin aliento.- ¿He conseguido algo?

- Mirad...- murmuró Sailor Mercurio, mirando horrorizada la herida del gigante.

Todos se fijaron. Se podía ver el hueso del dedo, los músculos... pero ni una sola gota de sangre manaba de la herida.

- ¿Cómo puede ser que no sangre?.- se sorprendió Sailor Urano.- ¡Todos los seres vivos sangran, de una u otra manera!

- Intentaré encontrar su punto debil.- dijo Guerrero Venus, mientras echaba a correr hacia uno de los gigantes.

Sin embargo, este le vio llegar y cuando cais habia conseguido alcanzarle, le intento dar con el puño. El guerrero evitó rápidamente el ataque, echándose a un lado... y recibiendo una patada que lo dejó devolvió a su lugar.

- ¡¡Amor mio!!.- exclamó Sailor Venus, poniendose a su lado.- ¿¡Te encuentras bien?! ¡Contesta!

- Ay...- logró decir el guerrero.- Ahora sé lo que siente un balón de futbol...

Varios guerreros más intentaron atacar al gigante, sin conseguir nada más que acercarse.

- Creo que despues del ataque de Guerrero Sol, ya estan advertidos.- murmuró Guerrero Urano, apretando los puños.- Pero tenemos que conseguir averiguar su punto debil.

- ¿No podríamos usar el tunel?.- le preguntó la Reina a Guerrero Plutón, pero este negó con la cabeza.

- Están en constante movimiento.- le explicó.- Si abriese el tunel, podriamos acabar cayendo desde una altura de seis metros.

- En ese caso, habra que intentar el segundo nivel.- gruñó Guerrero Saturno.- Si solos no podemos, probemos uniendonos.

Sailor Saturno asintió, mientras avanzaba con determinacion hacia el guerrero.

Los demás fueron haciendo lo mismo, liberando rápidamente la energía de la unión.

- ¿Sabes?.- le comentó Guerrero Sol a la Reina, con rara añoranza.- Creo que es eso algo que echaré de menos. Y eso que sólo pudimos practicar una vez.

- Muy bien.- dijo Guerrero Urano.- Nosotros distraeremos a los gigantes mientras Guerrero Venus trata de llegar a la cabeza de uno de ellos, ¿comprendido?

Todos asintieron.

- ¡Ahora!.- exclamó el guerrero. Al momento, todos los guerreros y las sailors saltaron en distintas direcciones, mientras lanzaban sus ataques a los gigantes. Estos aullaban y gritaban, tratando de alejar a los molestos atacantes, pero, si bien los golpes no parecían afectarles demasiado, sirvieron a su propósito: Guerrero Venus no tardó en llegar a la cabeza de uno de los gigantes, acompañado de Sailor Venus.

Rápidamente, creó un escudo protector alrededor de ambos e introdujo su mano en la cabeza de la criatura. Esta aulló y trató de arrancar y golpear a los guerreros con toda su fuerza.

- ¿Crees que el escudo aguantará?.- preguntó Sailor Mercurio, preocupada.

- Tiene que hacerlo.- replicó Guerrero Sol, con gesto preocupado.- No tenemos muchas más alternativas.

El gigante continuo tratando de quitarse de encima a los guerreros, mientras el otro continuaba destruyendo todo lo que encontraba a su alrededor.

Un nuevo puñetazo en el escudo protector hizo aparecer unas pequeñas grietas en el escudo.

- ¡Date prisa!.- le apremió Sailor Venus.

Justo en ese momento el muchacho sacó un pequeño cristal y lo lanzó contra Guerrero Urano, que lo cogió al vuelo. Casi al mismo instante, los guerreros venus saltaron de la cabeza del gigante, evitando un nuevo golpe, que se dio a si mismo a la criatura. Atontado, se puso a girar sobre si mismo, tropezando con el otro y, de este modo, dándoles unos valiosos segundos de tiempo.

- Son vulnerables al hielo.- dijo Guerrero Urano, tras leer el cristal.- Hay que conseguir congelarles y luego atravesarles el corazón. Creo que eso les debilitaría lo suficiente como para que el cristal de plata pueda vencerlos.

- "¿Crees?".- se alarmó la Reina.- ¿Ni siquiera lo sabes con seguridad?

- Son unas criaturas muy extrañas, majestad.- explicó el guerrero.- No sangran, son tremendamente poderosas, no parece tener límite su poder... no estoy seguro de que se les pueda vencer.

- Si se les puede herir, se les puede vencer.- sentenció Guerrero Neptuno.

- En realidad, la frase es "si sangra, puede morir".- intervino Guerrero Venus.- Y estos bichos no sangran.

- ¿Eso significa que son inmortales?.- se horrorizó la Reina.

Hubo un incómodo silencio.

- Vale, lo del corazón es relativamente fácil.- murmuró Guerrero Sol, ignorando la conversación.- ¿Pero cómo narices vamos a congelarles? ¡Ninguno de nosotros tiene ese poder!

Los gigantes, de nuevo organizados, continuaron su devastador ataque.

- ¿Cómo de fría esta vuestra agua?.- preguntó Guerrero Venus a los Guerreros Mercurio.

- No lo suficiente.- replicó Guerrero Mercurio.

- Pero, tiene que haber alguna manera de...

En ese momento, un trueno hizo temblar toda la tierra, haciendo que cayesen al suelo. Los gigantes, sorprendidos, alzaron la mirada al cielo.

Este parecía haberse abierto y alguien descendía de él.

Eran dos jóvenes, un chico y una chica. Estaban muy alejados, pero sus ropas eran inconfundibles.

- No puede ser...- murmuró Guerrero Sol, impresionado.

Ella llevaba un traje igual al de las sailors en su versión Eterna, pero era de un color azul muy claro, y él vestía igual que los guerreros.

- Son... son guerreros...- logró decir Sailor Mercurio.

- ¿¡Cómo puede ser?!.- gritó Sailor Marte.

Los guerreros tocaron el suelo delicadamente. Los gigantes comenzaron a aullar de nuevo y corrieron hacia ellos.

Él alzó los brazos.

- ¡Jaula de Hielo!.- gritó. De sus manos empezaron a salir miles de copos de nieve que fueron amontonándose frente a los gigantes, impidiéndoles moverse. Poco a poco, esa nieve se fue endureciendo hasta formar un duro hielo.

La sailor estiró los brazos y de nada de formó un arco, con una flecha brillante y transparente.

- ¡Fecha justiciera!.- exclamó, liberando la flecha. Esta se dividió a mitad de camino, yendo cada una a clavarse al corazón de un gigante. El aullido de las criaturas hizo temblar el suelo.

- Jo, qué puntería.- murmuró Guerrero Venus admirado.

- Majestad.- dijo la joven, con voz dulce.- Es vuestra ocasión.

La Reina, todavía sorprendida, asintió con la cabeza, mientras alzaba el cristal de plata.

- Cristal de plata.- pidió.- Libera a mi enemigo.

Al momento, el cristal empezó a brillar, y su luz envolvió a los gigantes, que lucharon sin éxito, mientras se iban desvaneciendo.

Pronto, sólo quedó de ellos unos suaves destellos en el aire.

- Creo... creo que no termino de entender lo que ha ocurrido.- logró decir Guerrero Saturno.

Los dos nuevos guerreros caminaron hacia ellos con decisión, hasta encontrarse a tan solo unos pasos de la Reina. Los guerreros se pusieron en guardia ante los recién llegados, pero estos, tras sostener durante unos segundos la mirada de la reina, se arrodillaron ante ella con humildad.

- Majestad.- dijo el joven.- Guerrero y Sailor Sedna te juran fidelidad.

Nota de la autora: Investigando un poco, he visto que hay mucha polémica sobre si Sedna se considera planeta o planetoide. Al parecer, ningun cientifico se atreveria a llamarlo planeta. Pero en realidad, la mayoria tampoco consideran a Plutón como tal, y, en cualquier caso, esto es una historia ficticia, y si hubo un reino en la Luna, bien puede considerarse a Sedna un planeta.

Por otra parte, Sedna es la diosa del mar, de acuerdo a los habitantes del norte de Canadá y Groenlandia, conocidos como los Inuit. Por ello, pese a ser de agua, he considerado que les iría bien el hielo.