CAPÍTULO 3: Los nuevos guerreros. La leyenda del planeta oscuro.

Luna, Artemís y Cometa parecían tan impresionados como los demás ante la llegada de los nuevos guerreros.

Los recién llegados se mostraban tranquilos, aunque muy serios. Él tenía el pelo rubio, a la altura de los hombros, algo más largo por delante. Sus ojos, de mirada dura y decidida, eran de color marrón oscuro, y era poco más bajo que Carlos.

Ella, por su parte, era más menuda. Tenía el pelo corto negro y brillante, muy liso, con un mechón rebelde que ocultaba medio rostro y destacaba sus ojos, de color violeta.

Ninguno de los dos se había quitado sus trajes de guerreros.

- ¿Entonces vosotros tampoco sabeis nada del planeta Sedna?.- preguntó Bunny, rompiendo el silencio.

Los tres felinos negaron con rotundidad.

- No teníamos ni idea de que existiese un décimo planeta.- admitió Cometa, de mala gana.- Y te aseguro que me molesta soberanamente no saber alguna cosa.

Bunny miró a Sergio y Raquel, pero también estos negaron con un gesto.

- Yo mismo me quede sorprendido al descubrirlo.- admitió Sergio.- Llevo vagando por los distintos universos durante muchisimos años y jamás había oido hablar de ese planeta.

- Al menos nos hemos ahorrado el pensar un nombre.- indicó Dani, pero recibió unos cuantos collejazos que le hicieron callar.

- Existía una leyenda en la Luna.- murmuró Artemis.- Sobre un planeta perdido, pero pensé que sólo era eso: una leyenda.

- Quizás vosotros podais aclararnos algunas dudas.- indicó Jorge, con gesto amable.

Los dos guerreros se miraron durante unos instantes, dudando.

- Nosotros... quedamos atrapados.- dijo finalmente Sailor Sedna.- Vivíamos en el Milenio de Plata, junto a nuestros compañeros guerreros y la reina.

- ¿Quién era la reina?.- preguntó Luna.

- La Reina Felicity.

La expresión de los tres gatos fue suficientemente expresiva.

- ¿Era muy anterior a la reina Selenity?.- se atrevió a preguntar Luis.

- Bastante.- asintió Luna, preocupada.- Vivió tres mil años antes.

La cara de los dos guerreros palideció visiblemente.

- ¿ Tanto... tanto tiempo hemos estado dormidos?.- logró decir ella, apretando los puños.

- Aproximadamente cinco mil años.- calculó Artemís.- ¿Pero qué ocurrió? ¿Por qué quedasteis atrapados? ¿Y en donde?

- El Milenio de Plata estaba en guerra en ese momento.- explicó el joven.- Un enemigo tremendamente poderoso amenazaba con destruir todo el sistema solar, controlarlo y esclavizar a la gente.

- ¿Quién era ese enemigo?.- preguntó Raquel.

- Su nombre le daba poder.- respondió la joven.- Y por eso, quedó sellado. Pero eso no fue suficiente.

- La guerra fue dura y dificil, pues el enemigo era muy poderoso.- continuó el joven.- Muchos de los nuestros cayeron durante la batalla. Finalmente, conseguimos acorralar a nuestro enemigo.

- Sin embargo, debido a las bajas y al descenso de poder del cristal de plata por los múltiples sellos que fueron necesarios, no teníamos la fuerza necesaria para destruirles o purificarles con el poder del cristal.- señaló la joven.- Y por eso, la Reina Felicity decidió que la única manera de detenerles, era sellándoles en una dimension a la que nadie pudiese acceder, que les mantendría alejados del sistema solar por toda la eternidad y no podrían hacer más daño.

- Pero algo salió mal.- murmuró Guerrero Sedna.- Terriblemente mal...

- La reina, al sellar a nuestros enemigos, nos envio a nosotros también a esa dimensión.- dijo la sailor, tratando de mantener la calma.- Y quedamos atrapados, junto a nuestros enemigos.

"No podíamos movernos, no podíamos andar, correr, ni salir... estuvimos a punto de volvernos locos, pero al final entramos en una especie de trance que mantuvo nuestra mente cuerda durante... durante..."- la joven pareció sufrir al continuar.- "Durante esos seis mil años."

- Pero hace poco, el sello de la dimensión se rompió.- continuó el chico, agarrando la mano de la joven con fuerza, dándole ánimo.- Y nosotros quedamos libres... junto a ese poderoso enemigo.

"Trató de corrompernos, de convencernos para que nos aliásemos con ella, pero finalmente conseguimos salir de allí. Y fuimos a buscar a nuestra verdadera reina"

Al decir esto último, miró fijamente a Bunny e hizo una ligera reverencia.

- ¿Pero qué tiene que ver eso con que el planeta haya permanecido oculto durante tantísimo tiempo?.- preguntó Amy.

- Creo que a eso puedo responderos yo.- murmuró Artemis.- La leyenda que he dicho antes dice que dos poderosos guerreros cayeron en el abismo de la eternidad durante una guerra, salvado a todo el reino con su sacrificio. La reina, destrozada de dolor por la pérdida, mandó sumir al planeta en la oscuridad y que de este modo nadie pudiese volver a ocupar el lugar de sus amados guerreros.

- Pero eso la debilitaría terriblemente.- murmuró Hotaru.

- Por eso nadie se creía la leyenda.- replicó Cometa.- Nadie se creía que una reina pudiese hacer tal sacrificio por dos guerreros, por mucho que los amase.

Diego creyó ver durante un breve instante, una sombra de duda en los ojos de la joven, que lanzó una discreta mirada a su compañero, que se mantuvo impávido.

- Parece ser entonces que la leyenda es cierta.- indicó Tim.- Tenemos pruebas de que, efectivamente, ha habido un planeta oculto todo este tiempo y que ahora tiene sus dos guerreros correspondientes.

- Eso parece.- asintió Luna.- ¿Pero cómo es posible que haya reaparecido el planeta?

- Quizás se deba a la acción del cristal de plata para despertarnos de la hibernación.- murmuró Diego.

Todos fijaron su mirada en él y el joven se ruborizó rápidamente.

- Quiero... quiero decir...- balbuceó, incómodo por ser el centro de atención.- El cristal de plata nos hizo dormir para sobrevivir y eso no afectó al planeta Sedna por que ya estaba dormido. Pero cuando nos despertó, hizo falta desplegar todo su poder, que quizás llegase hasta el otro extremo del sistema solar... y logró introducir luz en la oscuridad del planeta prohibido.

- Hummm... parece razonable.- aceptó Luna.- Y sin duda, al romper esa oscuridad, sin querer rompió también el sello.

- ¿Tanto poder tiene ahora el cristal de plata?.- se sorprendió Sailor Sedna.

- ¿Qué tiene de raro?.- preguntó Armando.- El cristal de plata siempre ha sido poderoso.

- Sí...- admitió la joven.- Pero una cosa es hacer aparecer la oscuridad y otra, quitarla. Es más facil hacerla aparecer: las tinieblas siempre estan al acecho, es la ausencia de luz. Pero hacer que esa oscuridad remita, no es tan sencillo.

- No debemos olvidar que el cristal de plata es algo que está vivo.- indicó Luna.- Y que, por tanto, su poder puede aumentar con el tiempo, o debilitarse si se abusa de él. Ya hemos visto en varias ocasiones esa situación.

- ¿Qué nos podeis decir de ese enemigo?.- preguntó Tim.- ¿Tan poderoso es?

- Más de lo que podeis imaginar.- afirmó Sailor Sedna casi al instante, mirando fijamente a Bunny.- Ahora todavía es débil, pues el sello de su nombre aun no ha sido roto, y su ejército tampoco está totalmente recuperado, pero creedme cuando os digo que vais a necesitar de todas vuestras fuerzas para poder derrotarla.

Bunny les sostuvo la mirada durante unos segundos... y luego empezó a llorar desconsoladamente.

- ¡Es... es horrible!.- lloró Bunny.- ¡Tantos años encerrados, solos... yo no hubese podido soportarlo, ¿¡cómo pudo la reina hacerles algo así?!

Antes de que nadie pudiese hacer nada, se lanzó en brazos de los dos guerreros, llorando sin parar y abrazándoles, mientras estos no sabían a qué venía eso ni mucho menos cómo reaccionar.

- ¡Lo siento, lo siento!.- lloró la joven.- ¡No sabía nada, si lo hubiese sabido...!

Guerrero Sedna miró a los demás sin entender, al resto de los guerreros les resbalaba una enorme gota de sudor y Sailor Sedna, confunsa, optaba por darle unas reconfortantes palmaditas en la espalda a la reina.

- Debeis disculparla.- murmuró finalmente Patricia, mientras sujetaba con suavidad a Bunny de los hombros y la separaba con cuidado.- Está embarazada y de vez en cuando tiene estos ataques de emotividad.

- ¡No tiene nada que ver!.- protestó Bunny, enjugándose las lágrimas y protegiéndose en los brazos de Armando.- Hubiese llorado de todos modos ¿sabes? Soy una llorona y una cabeza de chorlito.

- Sí, pero probablemente no les hubieses abrazado.

- Despues de tanto tiempo solos, seguro que no les ha importado.

Mientas Bunny discutia con Patricia sobre lo que hubiese hecho o dejado de hacer de no haber estado embarazada, los dos guerreros miraban sorprendidos la escena.

- Teneis... teneis mucha familiaridad con nuestra reina.- logró decir Guerrero Sedna, no demasiado conforme con esa situación.

- Bueno, es algo complicado de explicar.- sonrió Amy.- Bunny no siempre ha sido reina, ni nosotros hemos sido siempre guerreros. Por eso, nos llamamos por nuestros nombres y nos quitamos los uniformes tras la batalla.

- Ya me he dado cuenta.- reprochó el joven.

- Quizás nosotros también deberiamos...- murmuró la joven, dudando.

- ¡Sailor Sedna!.- exclamó escandalizado el joven.- Somos guerreros protectores de la Luna y nuestra obligacion es estar siempre preparados para la batalla, rindiendo pleitesia a...

El joven quedó callado durante unos instantes, como dudando de sus palabras, pero pronto se recuperó.

-... a nuestra reina, no podemos descuidarnos quitándonos el uniforme.- terminó.

- Tonterias.- sentenció Carola, pasando un brazo por encima de los hombros de la joven.- Nosotros nunca hemos estado todo el rato con los uniformes y jamás ha pasado nada: nos transformamos y solucionado. Y, por supuesto, el trato entre nosotros resulta mucho más alegre y familiar, lo cual es bueno para liberar el estrés.

- ¿El estrés?.- repitio el joven, extrañado.- ¿Qué es eso?

- Guerrero Sedna, creo que deberiamos acostumbrarnos a las nuevas costumbres.- dijo la joven.- Después de todo, somos nosotros los recién llegados...

- ¡Pero...!.- intentó decir él, pero ella ya se había puesto en pie, para deshacer la transformación.

Al desaparecer el uniforme, la joven llevaba una sencilla túnica corta de color blanco con reflejos violetas.

- Mi nombre es Luz.- se presentó, con serenidad.

El joven parecía que iba a reventar de un momento a otro, pero finalmente tomó aire y tras echar una fulminante mirada a la joven, él también deshizo la transformación. Al igual que ella, llevaba una túnica corta blanca, con reflejos azules.

- Y este es mi hermano, Sombra.- continuó Luz.

Como toda respuesta, él gruñó un poco.

- ¿Con faldita vas a ir?.- murmuró Dani, arqueando una ceja.- Luego no queremos que protestes por Jorge.

- No es una falda, es una túnica.- indicó Sombra, tratando de ser cortés.- Es muy cómoda.

- No lo dudo.- aceptó Carlos.- Pero hoy en dia... digamos que entre hombres no se lleva.

- ¿No?.- se sorprendió Sombra, mirándose de arriba abajo.- Pues me la compré poco antes de... bueno... de eso...

- Si, pero ya sabes que la moda cambia mucho y, claro, seis mil años son muchos años.- indicó Dani, mientras le indicaba amablemente la salida.- Creo que podremos encontrar algo más apropiado para ti.

- Pero que sea cómodo.- insistió Sombra.

- ¿Qué prefieres: comodidad o moda?

- ... bueno, que sea suficientemente cómodo.

- Amigo, has hecho una buena elección.

Los demas no pudieron menos que reirse al ver alejarse a los dos muchachos.

- ¿Y tú?.- le preguntó Vicki a Luz.- ¿No quieres cambiarte? Seguro que encontramos algo de tu talla.

- A mi hermano siempre le ha gustado estar al corriente de las tendencias.- dijo la muchacha.- Pero yo prefiero la comodidad.

- La ropa de ahora también es cómoda.

- Prefiero la túnica, gracias.

Todos conversaban con la recien llegada animadamente excepto Diego, que permanecía en un rincón observando la situación con expresión sombría. Tenía un mal presentimiento respecto a los dos recién llegados.

- Muy bien, queridos, ha llegado el momento de comenzar la batalla.- susurró la mujer de piel oscura, mientras daba vueltas lentamente alrededor de una esfera que despedía una luz blanquecina.

- ¿Y era realmente necesario sacrificar a mis gigantes?.- refunfuñó un hombre alto con larga barba blanca.

- ¿Estás cuestionando mis métodos?.- interrogó la mujer. Ni siquiera se molestó en alzar la voz. Simplemente, continuó andando, con un dedo apoyado en la esfera y dirigiendo una aparentemente suave mirada al hombre.

- Jamás osaría, mi divina Emperatriz sin Nombre.- se apresuró a responder.

- Eso espero, Cielito, eso espero.- murmuró la mujer, esbozando una sonrisa. Pudo ver cómo el hombre trataba de contener su furia.- Ve a buscar a Madre, si no te importa. Necesito que mande a alguien allí abajo.

El hombre, sin decir ni una palabra y con las venas hinchadas de rabia, se desvanecio, presuroso de cumplir su orden.

- ¿Es realmente necesario que lo llames asi?.- preguntó una mujer, acercándose. Era rubia y con el pelo recogido en un moño.

- Bueno, amor.- respondió la mujer.- Hasta que rompamos el sello que prohibe pronunciar nuestros nombres, de alguna manera tendremos que dirigirnos los unos a los otros ¿no crees? Y después de todo... le pega ese nombre.

- Sabes que le molesta.

- Sí.- aceptó la mujer.- Razón de más.

Luz caminó por los jardines de palacio con solemnidad. Tras arduos esfuerzos, habia conseguido alejarse de todos sus nuevos compañeros.

No dejaba de pensar en lo que habian dicho, la leyenda que habían comentado.

Se sentó a la orilla de un estanque que habia junto a unos rosales y metió una mano.

Vio su reflejo en el agua. Estaba igual que siempre, no se notaba diferente... y sin embargo, tenía más de seis mil años...

Con un golpe, rompió la superficie del agua.

- Hola.

Sobresaltada, se giró. Detrás de ella se encontraba el joven con rostro de mujer.

- Hola.- saludó ella.- Lo siento, no recuerdo tu nombre.

- Jorge.- le dijo él.- Es normal que no te acuerdes: somos muchos.

Ella esbozó una sonrisa, asintiendo.

- Me sorprende verte sola.

- ¿Y eso?

- Bueno... si yo hubiese pasado tanto tiempo solo como tú, no querria seguir asi ni un segundo más.

- Somos distintos.- se limitó a decir ella.- No sabes lo que es estar tanto tiempo solo.

- No, no lo sé.- reconoció.- Pero he sufrido otro tipo de soledad.

Ella se disponía a responderle, cuando vio acercarse a Sombra. Llevaba puesto un polo de color azul claro y unos vaqueros.

- Ah, estas aquí, Luz.- sonrió.- Te estaba buscando.

- Vaya, Sombra, vaya cambio de look.- dijo Jorge, con una gran sonrisa y mirándolo de arriba a abajo.

Sombra lo miró con mal disimulado recelo.

- Ah... gracias...- respondió finalmente.- Esto... Luz, quisiera hablar contigo un momento.

Jorge, captando la indirecta, se puso en pie y se alejó.

- Muy mona la ropa.- dijo ella, con sonrisa burlona.

- Gracias.- replicó él.- Oye, ¿por qué has...?

Pero no pudo terminar la frase porque en ese momento la tierra comenzó a temblar.

- ¡Mierda!.- maldijo Sombra.- ¡Está atacando!

Rápidamente, los dos hermanos sacaron sus cristales mágicos y se transformaron.

- ¿Dónde están?.- murmuró Guerrero Sol.- El suelo tiembla, pero no les veo por ningun lado.

- No espereis gigantes como la otra vez.- indicó Sailor Sedna.- Los enemigos a las órdenes de la Emperatriz sin Nombre son muy variados.

- ¿La Emperatriz sin Nombre?.- repitió Guerrero Urano.

- Es el apelativo que utiliza hasta que sea capaz de romper el sello de su verdadero nombre.- explicó Guerrero Sedna.- Considera que ningun nombre salvo el suyo es digno de su poder, de modo que no ha adoptado ninguno, tan solo un título.

- Vaya engreida la Innombrable esa...- murmuró Guerrero Venus.

En ese momento, la Tierra volvió a temblar y antes de que se diesen cuenta de lo que estaba pasando, unas enormes raices surgieron del suelo, apresándoles los pies.

- ¡¿Qué es esto?!.- gritó Guerrero Neptuno, tratando de liberarse.

Oyeron unas risas y en el aire apareció una joven. Su piel era oscura como el tronco de un arbol y sus cabellos, largos, eran de color verde. Era hermosa, pero en sus ojos había maldad.

- ¿Quién eres tú?.- gritó Guerrero Saturno, peleando contra las raices que trataban de aprisionarle cada vez más.

- Mi nombre está prohibido, guerrero.- dijo la joven, con una voz que parecía el movimiento de las hojas por el viento.- Pero podeis llamarme Laura, si teneis una urgente necesidad de saber quién va a mataros.

- Veremos.- gruñó Guerrero Sol, haciendo aparecer su espada.- ¡Espada de Luz!

Al instante seccionó las raices que aprisionaban sus pies, liberándose, mientras un grito de dolor salió de la garganta de Laura. Sin perder un instante, se puso a liberar a sus compañeros.

- ¡Guerrero Sol, cuidado!.- gritó Sailor Urano.- ¡Viento de Urano!

Controlando su poder, la Sailor dirigio su ataque contra el guerrero, justo a tiempo de apartarlo de una afilada rama que iba a atravesarlo.

- Vas a lamentar eso, maldito guerrero.- amenazó Laura.- ¡Hojas de la muerte!

De las ramas que habia empezaron a brotar hojas que en un segundo se separaron y volaron hacia los guerreros. Estos se pusieron a esquivarlas y una rozó la mejilla de Guerrero Saturno, haciendo un fino corte.

- ¡Cuidado!.- gritó el guerrero.- ¡Están afiladas como cuchillas!

- ¡Escudo protector!.- gritó Guerrero Venus. Al momento un escudo les cubrió a todos ellos, haciendo que las afiladas hojas comenzaran a amontonarse por fuera.- No podré mantenerlo mucho tiempo, asi que daros prisa en pensar una solución.

- Tenemos que encontrar la manera de vencerla.- murmuró Guerrero Sol.- Pero ¿como?

- Lo primero es unir nuestro poder.- señaló Guerrero Sedna.- Si no, no podremos ni siquiera acercarnos.

- Vale, nos unimos ¿y luego?

- Fuego.- repplicó Guerrero Mercurio.

- ¿Qué?

- Esa chica está hecha de madera y hojas.- indicó el guerrero.- Es cuestión de prenderle fuego.

- Pero... pero eso es horrible.- murmuró la Reina.

- Eso, o dejamos que nos mate a nosotros.- indicó Guerrero Urano.

- Lo que sea, pero daros prisa.- gruñó Guerrero Venus, cubierto de sudor.- No puedo estar así más rato.

Laura miraba satisfecha cómo las hojas cada vez se acumulaban más y más encima del escudo.

- Tarde o temprano cedereis.- murmuró con satisfacción.- Y entonces acabareis cortados en trozos tan pequeños que no se podrán...

En ese momento, el escudo se rompió... pero en vez de entrar las hojas y despedazar a los guerreros, una enorme energía las catapultó en todas direcciones, cuando no las desintegró.

- ¡¡Flecha infernal!!

- ¿¡Qué está...?!

Pero no tuvo tiempo siquiera a terminar la frase, pues en ese momento una espada llameante se clavó en su pecho.

- ¡¡NO!!.- gritó Laura, aterrada.- ¡NO, NO!

Trató de apagarlo con sus manos, pero pronto se prendieron fuego también. Las llamas pronto llegaron a las hojas que eran su cabello, convirtiendola en una antorcha viviente.

- Majestad, es vuestro turno.- dijo Guerrero Marte, tratando de hacerse oir entre los gritos de dolor de Laura.- Y, por favor, sed rápida.

La Reina asintió, mientras sacaba el cristal de plata.

- Cristal de plata.- pidió.- Libera a mi enemigo.

La luz envolvió rápidamente a Laura y fue mitigando sus gritos al tiempo que ella se desvanecia.

- Bueno...- murmuró Endimion.- Parece que esta vez no ha sido espe... ¡¡arghh!!

- ¡¡Endimion!!.- gritó la reina al ver caer al suelo a su marido.- ¡¡Endimión, qué te pasa!!

Endimion estaba inconsciente en el suelo, cubierto de sudores frios... y sin el aura de poder que tenía unos instantes antes.

- ¿Qué demonios ha pasado?.- maldijo Guerrero Neptuno.

- Saludos, guerreros.

Sorprendidos, alzaron la mirada y vieron en el aire a una mujer de cabellos canosos vestida con una túnica. En sus manos, habia una pequeña bola luminosa, de color pardo.

- Parece que me he quedado sin guardiana.- suspiró la mujer.- Bueno, no importa, nunca fue muy lista.

- ¿¡Quién eres tú?!.- gritó la Reina.

- De verdad que me gustaría podertelo decir.- suspiró la mujer.- Pero no puedo. Si te hace falta llamarme de alguna manera, puedes llamarme Madre.

- ¿¡Qué le has hecho a mi marido?!

- ¿Es tu marido?.- se sorprendió la mujer.- Vaya, no lo sabía. No le he hecho nada, querida. Simplemente, me llevo el alma de su planeta.

- ¿Qué?.- se extrañó la joven.- ¿De qué estas hablando?

- No debes ser muy buena reina si no sabes de qué te estoy hablando.- indicó con censura Madre.- Pero no puedo entretenerme más. Y no te preocupes: esto no lo matará.

Antes de que nadie pudiese decir o hacer nada más, Madre se desvaneció en el aire.