CAPITULO 4: El Alma de los Planetas. ¡Armando, despierta!
Amy comprobaba las constantes vitales de Armando y tomaba notas continuamente, mientras Bunny le sujetaba la mano, con los ojos llorosos.
–Armando...– murmuró, mientras una lágrima caía por su mejilla
Fuera de la habitación, el silencio era casi aplastante, con todo el grupo concentrado alrededor de la puerta, algunos apartados, otros agarrados unos a otros... impacientes por recibir alguna noticia.
–No aguanto esta espera– gruñó Alex, dando un puñetazo contra la pared e incorporándose de un salto del asiento que ocupaba–. Necesitamos respuestas y las necesitamos ya. Y vosotros dos –dijo mientras se giraba hacia los hermanos– me parece que sabéis mucho más de lo que creíamos.
– ¿Cómo dices?– respondió Sombra, frunciendo el ceño y poniéndose a la defensiva.
– Luz, Sombra, ¿de qué estaba hablando esa mujer?– preguntó Alex, amenazante, mientras se acercaba a Sombra lentamente, mirándole a los ojos–. ¿Qué es eso del alma de los planetas?
Luz miró a su hermano algo temerosa, mientras este le sostenía la mirada a Alex, apenas sin parpadear.
– Deberíais saberlo, vosotros también sois guerreros...– replicó, mientras daba un paso hacia Alex.
– Mira, rubito– dijo Alex, mientras se acercaba cada vez más rápido–. No me toques los …
– ¡Alex!– Intervino Luna, al tiempo que Luis y Patricia se interponían y sujetaban a Alex, obligándolo a alejarse unos pasos de Sombra–. No es momento de discutir entre nosotros, tenemos que saber qué es lo que está ocurriendo.
La gata se colocó frente a Luz y Sombra, seguida por Artemís y los miró fijamente. Sombra continuó sin perder de vista a Alex, pero Luz le sostuvo la mirada a la gata.
–Tenéis que entender que nunca habíamos tenido que enfrentar a un enemigo como este– comenzó el animal–. Sois tremendamente antiguos, incluso para los estándares de la Luna, que, desde luego, eran mucho mayores que los de la Tierra. Durante dos mil años, ni siquiera se supo de la existencia del reino de la Luna. Con el transcurso del tiempo, muchas cosas quedaron en el olvido y, muy posiblemente, parte de eso sea a causa del sello que puso la reina Felicity.
–Seguramente, la reina impuso también un tabú sobre ese alma que tratan de robar ahora– comentó Artemís, apesadumbrado–. Si la batalla fue tan terrible que tuvo que limitarse a sellar al enemigo en lugar de derrotarlo y condenando accidentalmente con ello a dos de sus guerreros, seguramente quiso evitar que en el futuro alguien se viera tentado a liberarlo y lo que hizo fue condenarlo al olvido.
Sombra apretó los puños al oír al animal, pero se limitó a desviar la mirada de Alex y darse la vuelta, con rabia.
–Necesitamos vuestra ayuda– suplicó Carola–. Sois los únicos que sabéis realmente contra quien nos enfrentamos y qué es lo que quieren.
–Sin vosotros– añadió Ray– las cosas serán mucho más complicadas y podríamos perder la guerra. Todo el dolor y los sacrificios hechos hasta ahora no habrían servido de nada.
Luz bajó la mirada, dudosa, y luego miró a Sombra, indecisa.
–Cuéntaselo– dijo este, molesto, sin dejar de darles la espalda a los demás guerreros.
Luz asintió, mientras se sentaba en una silla cercana.
–Somos los guardianes de los planetas por una razón– comenzó, con voz cansada–. El cristal de Plata, por si sólo, es tremendamente poderoso, pero dicho poder está incrementado por los propios planetas del sistema solar.
"Cada planeta tiene un poder, un alma, tremendamente poderosa, que podrían destruir o crear universos enteros. Los guardianes somos los encargados de proteger ese "alma", junto con la reina. "
–En la guerra contra la Emperatriz sin Nombre– intervino Sombra–, nuestros enemigos buscaban hacerse con el poder de dicha alma. Cada uno de sus secuaces tenían un vínculo especial con cada planeta, igual que los guerreros. Los fue escogiendo uno a uno y consiguió ponerles a su servicio. Después, trató de hacerse con esas almas para poder así vencer al cristal de plata.
Se hizo el silencio, mientras se miraban unos a otros, tratando de asimilar la información que les acababan de dar unos a otros.
–No lo entiendo– dijo llanamente Ricardo.
–Vaya novedad... – murmuró Hotaru.
–Si la Emperatriz se hace con todas las almas, su poder será equiparable al del Cristal de Plata– le resumió Luis, mientras Vicki regañaba a Hotaru por lo bajo.
–No, esa parte sí la entiendo– respondió Ricardo–. Lo que no entiendo es que si es el alma de los planetas, ¿qué hacía dentro de Armando? ¿No debería estar en algún lugar del planeta?
Luis iba a responder, pero se quedó callado... igual que los demás.
–Cierto...– respondió el joven finalmente, mirando a Luz–. ¿Cómo es eso entonces?
Ella parpadeó, sorprendida.
–Pues... de hecho, el joven tiene razón– meditó ella–. Solo se puede acceder al alma en el propio planeta, no están en los cuerpos de los guardianes...
Ricardo miró a Hotaru con satisfactoria superioridad, mientras esta suspiraba poniendo los ojos en blanco.
–Quizás en eso os pueda ayudar yo...
Todos se giraron hacia Cometa, que en ese momento llegaba trotando desde el final del pasillo.
–Después del encuentro con nuestros amigos dormilones, quise investigar un poco al respecto– les explicó el felino, recreándose de ser el centro de atención–. Apenas hay documentación de esa época, pues las guerras y los años transcurridos se han encargado de eliminar prácticamente todo el rastro. Sin embargo, encontré unos documentos que parecían hacer referencia a una terrible y dolorosa guerra.
"Era una especie de diario de la propia reina, que escribió al perder a sus guerreros. Faltan muchas páginas y el paso del tiempo no ha sido misericordioso, pero explicaba que la batalla había sido terrible y el precio a pagar, muy alto. Cuando vio que había criaturas que podían tratar de hacerse con el poder de las almas, aprovechando la afinidad de algunos seres con estas, para crear de ese modo el caos y la destrucción, decidió utilizar el poder del cristal de plata para crear unas llaves. Desde ese momento, para poder llegar a las almas, sería necesario utilizar esas llaves conjuntamente con el cristal de plata. Consideró que no había lugar más seguro para estas llaves... que el corazón de sus fieles guerreros."
De nuevo se miraron unos a otros, sobrecogidos por la información.
–Un momento, un momento...– volvió a intervenir Ricardo–. Pero dentro de quienes? ¿nosotros? ¿ellas? ¿todos? Porque no veas que follón de llaves...
–No lo especifica– respondió Cometa–. Quizás sea aleatorio... o cada uno tenga una parte.
–A mi todo esto me da dolor de cabeza– suspiró Carlos.
–Da igual quién de nosotros tenga la llave, o si las tenemos todos– señaló Raquel, muy seria–. Lo que tenemos que hacer ahora es recuperar la llave que tenía Armando cuanto antes o nuestros enemigos se harán con el alma de la Tierra.
Todos guardaron silencio mientras asentían lentamente.
En ese momento, la puerta se abrió y salió Amy, con gesto apesadumbrado. Todos se pusieron en pie de un salto y la miraron preocupados.
–No sé lo que le pasa– murmuró Amy, moviendo la cabeza con gesto negativo y las lágrimas a punto de salir de sus ojos–. No reacciona ante nada, pero su cerebro tiene una actividad normal. Es como si estuviera dormido, pero totalmente incapaz de despertarse o reaccionar.
–Será mejor ponerte al día– indicó Tim...
La Emperatriz sin Nombre estaba en su trono, con la mano alzada admirando complacida la bola luminosa. A sus pies, arrodillada, Madre esperaba paciente las nuevas órdenes.
–Estupendo trabajo, querida– murmuró con satisfacción, sin despegar la mirada.
– Gracias, mi divina emperatriz– respondió la mujer sin alzar la mirada.
La Emperatriz amplió su sonrisa un poco más y luego empujó la bola con suavidad hacia Madre.
–Ve a la Puerta del Alma y hazte con su esencia– ordenó–. Aprovecha ahora que estarán desorientados y no sabrán qué hacer ni cuál va a ser nuestro próximo golpe.
–Tus órdenes serán cumplidas– musitó la mujer, mientras alzaba la mano para retener la esfera y se desvanecía rápidamente.
La emperatriz cerró los ojos y respiró profundamente con satisfacción.
–No deberías ser tan fría con ella– murmuró una voz.
–Y no deberías escuchar conversaciones ajenas, Esposa– murmuró la emperatriz. Al instante, apareció la mujer rubia, caminando lentamente hacia ella.
– Es la única manera de poder ayudarte– replicó tranquilamente–. Nunca me dejas estar presente en las reuniones. Y Madre es quién te crió.
–Eso son solo coincidencias familiares– replicó la emperatriz, mientras hacía un gesto con la mano. Al momento, algo tiró de Esposa y acabó justo a su lado. La emperatriz, sin dejar de sonreír, la rodeó con el brazo y la atrajo hacia ella, aspirando su perfume.
–Deberías ser más amable con los demás– dijo Esposa con voz débil.
–Me parece bien– replicó la emperatriz, besando su cuello–. Empezaré practicando contigo.
–Bueno, entonces, ¿cual es el plan a seguir?– preguntó Jorge, tras poner al día a Amy–. No sabemos dónde está la guarida de nuestros enemigos, así que no podemos ir allí a esperarles.
Todos guardaron silencio, tratando de encontrar una solución.
–Quizás...– murmuró Amy– Quizás lo que deberíamos hacer sería encontrar la Puerta donde está el Alma de la Tierra. No les sirve de nada la llave suelta, así que lo lógico es pensar que irán allí.
– Suena razonable– aceptó Tim– ¿Y cómo sabremos dónde está la Puerta?
Todas las miradas se volvieron rápidamente hacia Sergio.
– Eh, eh...– se apresuró a decir este, alzando las manos con gesto tranquilizador–. Puedo moverme por donde quiera pero tengo que saber a dónde. Y la cosa es algo más compleja que decir "quiero ir a la Puerta del Alma de la Tierra"
Todos volvieron a tener caras apesadumbradas, tratando de encontrar una solución.
– En el diario de la Reina no dice nada de dónde pueden estar las Puertas– murmuró Cometa–. Pero volveré a revisar los archivos por si acaso.
– El tiempo va en nuestra contra... ellos saben exactamente dónde tienen que ir y seguro que ya están de camino– señaló Alex, furioso por la situación.
De nuevo se hizo el silencio.
Luz fue pasando la mirada de unos a otros, con dudas en su rostro, miró de reojo a Sombra, que se limitaba a mirar el suelo.
– Tal vez...– murmuró ella. Su hermano alzó los ojos y la miró de manera fulminante, pero ya era tarde.
– ¿Alguna idea?– preguntó Patricia, esperanzada– Estamos abiertos a cualquier sugerencia y ahora mismo, vosotros sois nuestra mejor baza...
Ella miró dudosa a su hermano, que, enfadado, giró la cabeza hacia otro lado.
– Bueno, yo tampoco sé dónde está– indicó Luz–. Pero dado que hay una conexión indudable entre las almas y el Cristal de Plata, quizás haya algún modo de que este nos indique dónde debemos ir...
Al principio hubo unos momentos de silencio, pero pronto todos sonrieron ampliamente y empezaron a hablar todos a la vez.
– ¡Es verdad!
– ¿Cómo no se nos ha ocurrido antes?
– ¡Seguro que funciona!
– ¿Quién se lo dice a Bunny?
Todos volvieron a guardar silencio y se giraron lentamente hacia Amy, que estaba muy seria.
– Ahora mismo, no estoy segura de si Bunny será capaz de invocar el poder del Cristal de Plata– señaló apesadumbrada–. Está muy afectada por el ataque a Armando y su embarazo está en un momento muy delicado. Me preocupa mucho cómo pueda afectarla todo esto.
– Eso es cierto– asintió Carola.
– Pero tampoco tenemos más opciones– insistió Ray, poniéndose en pie–. Todas queremos mucho a Bunny y no queremos que nada malo le pase a ella ni a Chibiusa. Pero... por desgracia, no podemos elegir. Bunny es una llorica patosa, pero siempre acaba haciendo lo que tiene que hacer. Y ella es la Reina Serenity. Tenemos que confiar en ella.
– Por favor... – lloró Bunny– No me pidáis que haga eso ahora...
La reina agachó la cabeza y la puso junto a la mano de Armando, mientras lloraba silenciosamente. Su espalda se estremecía por los silenciosos sollozos y apretaba con fuerza la mano de Armando, mientras este permanecía profundamente dormido.
Amy y Carola la miraban conteniendo las lágrimas a duras penas, mientras Ray se sentaba a su lado y le apoyaba una mano en el hombro.
– Bunny– le dijo suavemente–. Sabes que te queremos. Y queremos también a Armando. No te lo pediríamos si no fuera la única manera. Pero si no evitamos que se hagan con el alma de la Tierra... Armando no despertará nunca. Y conseguirán cada vez más poder mientras nos lo quitan a nosotros.
– Sabemos que es difícil– añadió Patricia, con voz apagada–. No quiero... ni imaginarme lo que debes estar pasando. Pero eres muy fuerte y podrás superarlo.
– No es verdad– lloró Bunny–. No soy fuerte. No quiero ser fuerte. Quiero quedarme con Armando. Quizás... quizás si mi amor es lo suficientemente fuerte... consiga despertarlo.
– Majestad...
Todas, excepto Bunny, se volvieron sorprendidas hacia la puerta. Allí, Luz la miraba, apretándose las manos con nerviosismo, mirando fugazmente hacia la puerta, sin ver rastro alguno de su hermano.
– Disculpad mi intromisión, majestad– dijo de nuevo, con la voz algo más fuerte–. Yo... yo quizás no sea la persona más indicada para hablar, ya que os acabo de conocer. Pero lo poco que he visto, me ha dejado claro que sois una reina no solo abierta, cariñosa, alegre... también sois una reina extraordinariamente poderosa. Y que ama profundamente a todos sus guerreros. La familiaridad, el cariño, la confianza... con la que se hablan unos a otros nos resulta increíble... nuestra reina nos amaba... pero vos... lo poco que he visto, es que sois increíble. Y ese amor tan inmenso es lo que hace que también seáis tan poderosa... y sepáis lo que tenéis que hacer. Quedarse aquí junto al rey es sin duda lo que más anhela vuestro corazón y nadie puede reprochároslo... pero la Tierra... todo el Sistema Solar... el Universo entero... os necesita en este preciso momento.
Dio un paso al frente y apretó los puños, mientras miraba a la reina, que seguía con la cabeza agachada.
– Si os quedáis aquí... seguramente cuando localicemos la puerta sea demasiado tarde. Se habrán hecho el alma, serán más fuerte y su majestad el rey jamás despertará. Pero si vamos ahora... si vamos ahora, podremos sorprenderles, vencerles y recuperar la llave. En caso contrario... todo se habrá perdido igualmente...
Todas guardaron silencio. Y fijaron la mirada en Bunny.
– Necesito estar sola...– musitó esta.
– Bunny...– intentó apremiar Ray.
– Por favor– suplicó nuevamente la reina.
Ray fue a decir algo mas, pero una mano de Carola en su hombro la convenció de lo contrario y fueron saliendo todas de la habitación.
– Armando...– murmuró la reina vez voz baja, rompiendo a llorar de nuevo.
– ¿A qué ha venido eso?
Luz dio un respingo a oír la voz de su hermano. Creía que estaba sola en el pasillo, pues se había separado de las demás al salir de la habitación de la enfermería.
– Sombra... ¿ahora me espías a mi?– respondió ella, entre nerviosa y molesta.
– Dímelo tu– replicó su hermano, saliendo de un rincón oscuro–. ¿Por qué has tenido que intervenir? Acordamos quedarnos al lado de los guerreros, pero sin ayudarles.
– Si nos mostramos tan reacios a colaborar, acabarán por sospechar– replicó ella, mientras echaba a andar hacia su habitación, sin tan siquiera dignarse a mirar a su hermano.
– ¿Cómo puedes hacerlo?– se le encaró Sombra– ¿Cómo puedes mostrarte cordial, amigable... colaboradora, con aquellos que nos traicionaron y nos abandonaron...?
– También estamos nosotros traicionándoles a ellos al ayudar a la emperatriz– señaló Luz–. Y no me fío de ella.
– Yo tampoco– replicó Sombra–. Por eso, no le diremos todo lo que sabemos. Debemos ser más listos que cualquiera de ellos, pero sin olvidar que sólo les importan ellos mismos: cualquiera de los dos bandos nos sacrificarían para conseguir sus propósitos.
– Te recuerdo que hubo un tiempo en el que estábamos dispuestos a sacrificarnos nosotros mismos.
– ¡Sacrificarnos si, pero no que nos abandonen!– gritó Sombra.
Luz le miró sorprendida. Su hermano estaba respirando de manera agitada, muy alterado... pero ella le conocía bien. Sabía lo increíblemente leal que había sido en el pasado a la reina... demasiado leal.
– De todos modos– insistió ella, desechando los recuerdos del pasado–. Si la reina no interviene, la emperatriz se hará demasiado poderosa y eso tampoco nos beneficia en nada. Sabes tan bien como yo que en cuanto le dejemos de ser útiles nos quitará de su camino. Solo le importa ella misma, no siente lealtad hacia nadie.
– Como ellos– señaló Sombra.
– Eso no lo sabes.
– ¡No seas ingenua!– gritó Sombra– ¡Son todos iguales! Solo nos tenemos a nosotros mismos...
Luz miró a los ojos de su hermano. Ella le conocía bien. Se mostraba arrogante, frío y prepotente... pero el realidad, era una persona muy sensible, que había sufrido incluso más que ella misma con el sello al que se había visto sometidos por la guerra.
– No confiaré en ellos– aceptó Luz, algo a regañadientes–. Pero tú debes confiar en mi: si hago lo que hago, es por algo.
Los dos hermanos se sostuvieron la mirada durante unos instantes, hasta que finalmente Sombra asintió a regañadientes.
– Esta bien– aceptó–. Eres la única que nunca me ha fallado. ¡Pero no vuelvas a hacer nada a mis espaldas!
– Me parece justo– aceptó Luz, mientras volvía a ponerse en camino hacia su habitación.
– Siempre haces lo mismo– protestó Esposa, medio enfadada, mientras se arreglaba el pelo–. Cada vez que voy a decirte algo que no te interesa oír, me distraes para cambiar de tema.
– No me ha parecido que te molestara demasiado– indicó la emperatriz, con burla.
Esposa se giró y la miró con ceño fruncido.
– Sabes que te quiero– indicó–. Pero no me gusta que me manipules.
– Todo el mundo manipula a los demás– le restó importancia la emperatriz–. Solo es que a algunos se nos da mejor que a otros.
Esposa suspiró, resignada.
– Da igual lo que diga, ¿no?
La emperatriz, le dio un delicado beso en la mejilla.
– Claro que no...– respondió mientras iba a la puerta.
Esposa puso los ojos en blanco y la siguió. Caminaron por un largo pasillo blanco cubierto de numerosas columnas, hasta que llegaron a la última sala. Del interior, salía un suave brillo azulado. En el centro de la sala, Madre miraba con atención la bola de energía que tenía en sus manos. Frente a ella, casi duplicando su tamaño, aparecía una brillante imagen semi–transparente de la Tierra, girando lentamente
– Venga, preciosa... – murmuró Madre–. Estás deseando ir a esa dichosa Puerta...
– ¿Alguna novedad?– preguntó la emperatriz, caminando con decisión.
– Le está costando un poco más de lo esperado– indicó la mujer–. No sé si será por llevar tantos años encerrada, pero aun no me ha indicado la localización de la Puerta.
– ¿No será que no lo estás haciendo bien?– murmuró la emperatriz, provocativa.
Madre la miró, intentando, sin mucho éxito, contener la censura en su mirada.
– Conozco el procedimiento... majestad– señaló, claramente ofendida, pero sin atreverse a mostrarlo–. Es solo cuestión de tiempo.
– Ya bueno... pero después de tantos miles de años encerrada, no tengo ganas de perder ni un minuto más de lo imprescindible– volvió a señalar la emperatriz.
Madre iba a volver a replicar, esta vez mucho más molesta, cuando de pronto, de la bola de energía, emergió un haz de luz que fue directo a un punto concreto, deteniendo la rotación de la esfera que representaba a la Tierra.
– Vaya, está claro que hacía falta un pequeño empujón– se burló la emperatriz–. No pierdas más el tiempo: ve para allá y consigue el alma de ese planeta.
Madre hizo una rápida reverencia y se desvaneció.
– Nunca vas a cambiar, ¿verdad?– suspiró Esposa.
Alex daba vueltas por el salón si parar, mientras los demás permanecían en silencio.
– Estamos perdiendo un tiempo muy valioso– indicó, nervioso–. A este paso, para cuando vayamos, ya se habrán llevado el alma y Armando no despertará jamás.
– Tenemos que ser pacientes– señaló Patricia–. Bunny nunca nos ha fallado, pero debemos confiar en ella. Es... muy difícil lo que le pedimos.
– ¡Para los demás también!– replicó Alex– Es nuestro rey y nuestro mejor amigo. Y a todos los que más nos gustaría es poder permanecer cada minuto cerca por si de alguna...
No fue capaz de terminar la frase y se puso de nuevo a dar vueltas.
– Sé que Bunny hará lo correcto– dijo Carlos–... pero creo que, de todos modos, no estaría de más que intentáramos pensar en alguna otra alternativa.
– ¿Qué quieres decir?– replicó Ray.
– Que quizás no estaría de mas no poner todos los huevos en la misma cesta...– insistió Carlos–. No sé... Sergio, ¿se te ocurre alguna manera de intentar localizarlo tu y trasladarnos al momento?
– Llevo dándole vueltas desde que sé que tenemos que ir– indicó este, subiéndose las gafas con un dedo–. Pero el tema del traslado espacial es un poco más complejo de lo que crees. No es "quiero ir a tal sitio" y ya está. Tampoco es que necesite las coordenadas (aunque no estaría de más), pero si fuese algo tan fácil de localizar, ¿no crees que ya lo habría descubierto alguien hace mucho?
– Bueno...– dudó Carlos–. No lo sé... como nadie lo sabía...
– Te sorprenderías de la de cosas que se descubren pese a que "nadie lo sabía"– insistió Sergio.
– Bueno, pero algo podremos hacer, ¿no?– intervino Luis– No sé... podríamos...
– No será necesario...– le interrumpió Iván, mientras fijaba la vista en la puerta.
Todos se giraron hacia donde estaba mirando el joven y vieron a Bunny. Tenía los ojos enrojecidos y aun tenía húmedas las mejillas. Sin embargo, su mirada estaba cargada de determinación y apretaba con fuerza en báculo.
– Siento el retraso– dijo, con serenidad– ¿Qué es lo que tengo que hacer?
Nota de la autora: Increíble, pero cierto. Si, después de ¿diez? años, por fin está el siguiente capítulo. Siempre he tenido en mente continuar la historia, pero por múltiples y diversas causas, se iba posponiendo y posponiendo y posponiendo... en lugar de darme las gracias a mi, por favor, dadselas a mi hermana, que en todos estos año no ha dejado de dar por cu** para que continuara, con un sistema de acoso y derribo que aunque lento, ha demostrado ser eficaz. Disculpad si no está a la altura de lo esperado, pero después de tanto tiempo, me he oxidado un poco bastante. Espero seguir con los demás capítulos en mucho menos tiempo e ir recuperando un poco de fluidez en el texto.
