CAPITULO 5: Bunny cumple con su deber.¡Tenemos que encontrar la puerta!
La reina se encontraba en el centro del círculo formado por los guerreros, ya transformados. A su lado, se encontraban Luna, Artemís, Cometa y Sergio.
—¿Qué es exactamente lo que tengo que hacer?— preguntó la reina.
—Bueno, dadas las circunstancias en las que ninguno sabemos cómo funciona esto— indicó Guerrero Plutón—. Creo que básicamente tendrás que dejarte llevar un poco.
—Pídele al Cristal de Plata que te guíe— señaló Luna—. Guerrero Plutón permanecerá en contacto contigo para poder ver dónde es y abrir el túnel que os pueda llevar hasta allí.
La reina asintió en silencio. Cerró los ojos y apretó el báculo con fuerza, concentrándose. Pudo notar cómo el guerrero apoyaba la mano en su hombro.
Se concentró en visualizar el cristal de plata. Trató de dejar a un lado la imagen de Armando postrado en la cama, sin dar ningún tipo de señal de ir a despertar y se centró en su deseo de encontrar la puerta al Alma de la Tierra.
Un halo luminoso empezó a rodear a la reina y su vestido y cabellos empezaron a flotar, al igual que la capa de Guerrero Plutón. De repente, un potente haz de luz salió del báculo hacia el cielo y se perdió entre las nubes.
— Ya sabemos dónde es...— murmuró Guerrero Neptuno mirando hacia arriba.
La reina abrió los ojos y el haz de luz se desvaneció rápidamente.
Guerrero Plutón dio dos pasos y alzó su báculo
—¡Túnel del Espacio, yo tu Señor te ordeno que te abras y nos muestres el camino hacia la dimensión de mis deseos!
Al instante, un haz de luz apareció, brillante y cálido.
—Pongámonos en camino— les dijo, sonriendo con amabilidad.
Los guerreros se agruparon y comenzaron a cruzar el umbral del túnel.
—Esta vez parece mucho más tranquilo— murmuró Guerrero Sol con cierta desconfianza—. No iremos a salir volando ni nada de eso, ¿no?
—Ya os dije que era por ser una dimensión inestable— indicó Guerrero Plutón—. Aquí no hace falta que os agarreis las manos salvo que os apetezca.
—Si necesitas apoyo, yo me presto voluntario— indicó Guerrero Júpiter coquetamente a Guerrero Sol.
—… me apaño bien, gracias.
—Sois extremadamente irresponsables— murmuró Guerrero Sedna, mientras seguía al grupo a través del túnel—. Estamos a punto de entrar en batalla y lo único que se os ocurre es gastar bromas y hacer chistes.
—No vamos a perder la concentración por un par de comentarios jocosos— indicó Guerrero Urano—. Y de esta manera podemos liberar algo de tensión.
—Algo que a ti creo que no te iría mal— intervino Guerrero Saturno.
Guerrero Sedna no respondió, aunque permaneció con el rostro huraño.
—Ya estamos llegando— indicó Guerrero Plutón.
De alguna manera y sin que ninguno fuese capaz de precisar cómo y cuando ocurrió, pasaron de pisar un suelo firme y duro, a encontrarse rodeados de arena. Mucha, mucha arena.
—¿El desierto?— se sorprendió la reina.
—En realidad, si lo piensas, es lógico— contestó Sailor Urano, mientras a su lado Sailor Mercurio no dejaba de introducir datos en su ordenador—. Vamos en busca de la puerta al Alma de este planeta, cuya representación es la tierra. O acabábamos en un desierto, o en un barrizal.
—Prefiero el desierto— murmuró Guerrero Neptuno—. De otro modo, nuestros impecables trajes blancos acabarían llenos de barro...
—Pero es barro se puede lavar...— señaló Guerrero Jupiter—. Y estoy seguro de que esto es fatal para la piel...
—Hacer el favor de concentraros, estamos en territorio hostil— casi gritó Guerrero Sedna, perdiendo el control.
—Estoy de acuerdo con él— intervino Sailor Mercurio—. Según los datos, esta zona tiene dos tipos de energías: una que tiene picos, como si estuviese contenida y otra que... ¡AHHH!
No pudo terminar la frase pues en ese momento, una de las dunas se alzó como si fuera una ola en el mar y le lanzó contra ellos.
—¡Cuidado!— gritó Guerrero Sol apartándose de un salto de la trayectoria de la arena—. ¡El enemigo está aquí!
Guerrero Mercurio agarró a Sailor Mercurio de un brazo y lo lanzó por los aires, alejándola lo suficiente para evitar el ataque.
—¡Escudo de Venus!— se oyó gritar a Guerrero Venus, creando un escudo que cubrió a los guerreros que, como Mercurio y él, se encontraban demasiado cerca como para evitar la arena.
—¡Guerrero Mercurio!— gritó Sailor Mercurio justo antes de caer en una zona aparentemente más segura, junto con los compañeros que habían podido esquivar el ataque: la Reina, Guerrero Sol y los Guerreros Urano, Plutón, Saturno, Marte y Sedna.
—¡Guerreros!— gritó la Reina, al ver cómo sus compañeros quedaban sepultados por la arena.
—No tengo ni idea de cómo demonios habéis conseguido llegar aquí y, encima, a tiempo— dijo una voz.
Los guerreros alzaron la mirada y, flotando en el aire, vieron a Madre. Sujeto con una cadena brillante, colgando levemente de la cintura, se encontraba la esfera que le había arrebatado a Armando.
—Por una parte, tengo que admitir que es realmente admirable vuestro tesón y la habilidad que tenéis para salir al paso de todo... o casi— continuó, echando una mirada al lugar donde momentos antes estaban el resto de los guerreros—. Sin embargo, tengo cosas que hacer, así que será mejor que agilicemos un poco. Vuestros compañeros han quedado atrapados debajo de algunas toneladas de arena. Van a poder morir de dos maneras: o aplastados o asfixiados cuando se les acabe el aire en ese escudo tan práctico de Guerrero Venus. ¿Qué vais a hacer? ¿Pelear conmigo o salvarles?
— Grrr— gruñó Guerrero Sol apretando los puños— ¡Espada de Luz!
Acto seguido saltó hacia Madre y trató de atacarla, mientras esta parecía esquivarle sin demasiado esfuerzo.
— ¿De cuánto tiempo disponemos antes de que les falte oxigeno?— preguntó Sailor Marte, mirando hacia Sailor Mercurio, que no apartaba la mirada del lugar donde sus compañeros estaban atrapados— ¡Mercurio! ¡Calcula el tiempo!
Mercurio pareció salir de su desesperación y empezó a teclear.
— Considerando la cantidad de gente que están, la presión aproximada de la arena y que según vaya pasando el tiempo y Guerrero Venus vaya agotándose, disminuirá el radio del escudo... no creo que tengamos más de diez minutos...
Se miraron unos a otros angustiados.
Justo en ese momento, Madre le dio una fuerte patada en la espalda a Guerrero Sol, lanzándolo contra sus compañeros y quedando medio enterrado en la arena.
Los Guerreros Urano y Plutón se colocaron delante de Guerrero Sol mientras este se incorporaba, mientras los guerreros Sedna permanecían delante de la Reina. Al verlos, Madre arqueó una ceja.
— Vaya...— murmuró—. No esperaba veros aquí. Aunque pensándolo fríamente, no es de extrañar, pues después de que todo qué se puede esperar de un tra...
— ¡Flecha Justiciera!— gritó en ese momento Sailor Sedna, haciendo aparecer su arco de hielo y lanzando varias decenas de fechas, que se fueron uniendo en una sola.
Madre a duras penas tuvo tiempo a esquivarla, dándole un golpe que rompió la fecha en mil pedazos, que cayeron sobre la arena como si de lluvia se tratara.
— Muy bien— murmuró Madre, apretando los puños—. Quedan las cosas claras, pues... tenéis suerte de que sea yo y no la Emperatriz la que vaya a acabar con vosotros... ¡Tierra, ataca!
Al decir eso, alzó los brazos y luego los bajó, sujetándose la muñeca derecha con la mano izquierda, apuntando hacia ellos.
El suelo comenzó a temblar bajo los pies de los guerreros y donde momentos antes habían caído las gotas de la fecha de Guerrero Sedna, surgieron cientos de agujas de barro seco. Estas empezaron a levitar y rotaron, hasta apuntar a los guerreros, hacia donde salieron disparadas.
Los guerreros saltaron en todas direcciones, mientras Guerrero Sedna se adelantaba.
— ¡Jaula de Hielo!— gritó, creando una urna contra la que chocaron las afiladas agujas, rompiéndose y volviendo a caer al suelo.
Madre sonrió.
— Estupendo... más munición— les dijo con burla— ¡Tierra, ataca!
— Mierda...— gruñó Guerrero Sedna por lo bajo, apartándose— ¡Si vuelvo a utilizar la Jaula de Hielo, aparecerán aun más agujas!
— ¡Plutón, tienes que sacar a los guerreros del escudo! — suplicó la Reina.— ¡Usa tu túnel!
— Os aseguro que me encantaría, mi reina— replicó el guerrero, esquivando una nueva oleada de agujas—. En cuanto disponga del tiempo suficiente para abrirlo, lo haré.
— ¡Ah!— gritó Guerrero sol, al ser alcanzado por algunas de las agujas.
— ¡Guerrero Sol!— gritó la Reina, mientras se disponía a ir hacia él, pero en ese momento fue empujada por Sailor Saturno, evitando así que fuese alcanzada por las agujas... recibiéndolas ella a cambio.
— ¡Saturno!— gritó Sailor Urano.
— Decidle adiós a vuestra amiga— dijo Madre, con mirada oscura—. ¡Tierra, ataca!
— ¡Saturno!— grito la Reina, tratando de levantarse a tiempo.
— ¡De eso nada!— gritó Guerrero Saturno—. ¡Golpe Cortante!
Un poderoso anillo se dirigió hacia las agujas, partiéndolas... pero pronto empezaron a crearse de nuevo. Aprovecharon ese breve momento para esconderse tras unas dunas.
— Así no la vamos a vencer nunca— murmuró Guerrero Urano—. Tenemos que conseguir hallar su punto débil...
— Nosotros no podemos hacer nada...— señaló Sailor Sedna—. Cada vez que atacamos, las gotas que caen del hielo al suelo, permiten crear más agujas con el barro formado.
— ¿Y si consiguiésemos abrir la Puerta?— señaló Guerrero Saturno, sujetando a Sailor Saturno, que apenas era capaz de mantenerse consciente—. ¿Podríamos usar ese poder para vencerla?
— Hasta donde yo sé— respondió Guerrero Sedna—, el Alma de un Planeta sólo puede usarla aquellos que son afines. Aquí el único que podría usarla sería el rey y está en coma.
— Pero ¿algo podremos hacer no?— casi suplicó la Reina, sin poder de vista a Madre.
— Nosotros tenemos afinidad con el elemento de Tierra— señaló Guerrero Urano—. Quizás no podamos usar el alma, pero si contrarrestar los ataques de Madre el tiempo suficiente...
— Por probar... — musitó Guerrero Saturno...— Ahora mismo o cambiamos el rumbo de la batalla o morimos todos. Lo peor que puede pasar es que fracasemos.
— Chicos...— intervino Sailor Mercurio, tecleando nuevamente en su ordenador—. Podemos intentar un ataque combinado. Tenéis que atacar a la vez los guerreros Sedna, Urano y Marte.
— ¿Estás loca?— replicó Guerrero Sedna— ¡Por cada gota de agua que caiga sobre la arena se forman más agujas! ¡Le estaremos dando más armas con las que atacarnos!
— Escuchad mi plan...— insistió la Sailor.
Madre se preparó para lanzar nuevamente su ataque.
— Chicos, no os escondáis, con eso solo vais a perder el tiempo y vuestros compañeros se están asfixiando...— dijo, conciliadora—. Podéis intentar rendiros. No os garantizo indulgencia por parte de mi Emperatriz, pero...
— ¡Temblor Mortal!— gritaron los Guerreros Urano.
— ¡Flecha de Hielo! — gritaron a su vez los Guerreros Sedna.
— Oh, por favor, ¿es que no habéis...?— empezó a decir Madre
— ¡ Llama Infernal!— la interrumpieron los guerreros Marte.
— ¿¡Cómo...?!— se sorprendió Madre, retrocediendo.
La fecha de hielo empezó a derretirse a causa del calor de la llama de los Guerreros Martes. Al fundirse, el agua que estaba en contacto con la tierra del ataque de Urano, se mezclaba y cocía casi al momento, dándole más fuerza, sin dar tiempo a que llegaran a caer gotas al suelo, pues éstas se evaporaban.
— ¡Arghhhh!— gritó Madre al ser golpeada en el estómago por el potente ataque y siendo arrastrada por su fuerza. Apenas tuvo tiempo de darse cuenta que Guerrero Sol saltó sobre ella, arrancándole de la cadena la esfera.
— ¡Majestad!— gritó Guerrero Sol, lanzándole la llave a la reina.
Ésta la cogió al vuelo y alzó el brazo, mientras con el otro sujetaba su báculo.
— ¡Puerta Milenaria, ábrete y muestra tu poder!— gritó con todas sus fuerzas.
Durante un segundo que parecieron años, no ocurrió nada. Pero de repente todo el suelo comenzó a temblar. Los guerreros acabaron todos cayendo al suelo, mientras Madre, herida, se arrastraba por el suelo.
— ¡No, no!— maldijo por lo bajo.
Empezó a abrirse una enorme brecha en el suelo. La arena se deslizaba a raudales por el agujero, amenazando con tragarse todo lo que encontrara a su paso. De repente, en lugar de tragar arena, empezó a emerger algo de dentro.
Parecía una puerta de tamaño descomunal, con columnas en los laterales y numerosas inscripciones en la parte superior. Las puertas, inmensas, eran de color pardo brillante. Bajo la puerta, había tres escalones blancos, inmaculados. Toda la arena que había a su alrededor empezó a ser apartada, repelida, quedando totalmente limpia. Por fin, la puerta terminó de ascender. Durante un par de segundos no ocurrió nada, pero entonces, la esfera que estaba en la mano de la Reina salió disparada hacia la cerradura y empezó a desprender una potente luz. Y la puerta empezó a abrirse.
— ¡Maldita sea!— gritó Madre— ¡No habéis conseguido nada! ¡No podéis usarlo! ¡Os mataré a todos!
Los guerreros Urano se acercaron como pudieron hacia la puerta, cubriéndose con las manos para protegerse de la potente luz.
— ¡Tenemos que intentarlo!— gritó Sailor Urano— ¡Quizás podamos usarlo!
Se agarraron las manos.
— ¡Alma de la Tierra, préstanos tu poder para proteger este planeta!— gritaron.
Pero la puerta permaneció igual. Abierta, disponible... pero no podían llegar a ella.
— La energía contenida allí... es... es increíble— murmuró Sailor Mercurio, consultando su ordenador—. Nunca había visto nada igual...
— Pero si no podemos usarla no nos va a servir de mucho— replicó Guerrero Plutón, viendo cómo Madre se estaba poniendo en pie.
— Sois unos malditos ingenuos— murmuró, mientras se enderezaba—. Ese ataque no va a volver a funcionar conmigo. Y no podéis usar ese poder. En cambio, yo podré usarlo cuando quiera. Me habéis facilitado el camino al abrir vosotros mismos la puerta... y ahora, por ello, vais a morir todos...
Madre alzó la mano, con gesto triunfal.
— ¡Puerta Milenaria, dame tu poder!— gritó
El brillo de la puerta se intensificó.
— Y tu... reina... serás la primera en morir— musitó Madre, mirándola con odio— ¡Puerta Milenaria, usa tu poder para destruir a la Reina Serenity!
— ¡NO!— gritaron los Guerreros Urano.
— ¡Majestad!— gritó Guerrero Sol.
La reina se mantuvo en pie, desafiante, agarrando con fuerza su báculo.
— Endimion...— murmuró para si misma—. No lo permitiré. ¡Cristal de Plata!
Casi simultáneamente, salieron unos haces luminosos de la puerta y del báculo y chocaron violentamente el uno contra el otro. Al principio parecían estar empatados, pero poco a poco, el haz de la puerta empezó a ganar terreno.
— ¡Majestad, sed fuerte!— gritó Guerrero Saturno.
— ¡Bunny, tu puedes! ¡Aguanta!— gritó Sailor Marte.
Un sudor frío recorría la frente de la Reina. Notaba como poco a poco le iban fallando las fuerzas...
— Armando...— pensó— "Por favor, ayúdame..."
A muchos kilómetros de distancia, en una habitación del palacio real, se encontraba el rey. De improviso, un aura luminosa empezó a rodearle, cada vez más fuerte y de repente, salió disparado a toda velocidad.
El rayo de la puerta estaba cada vez más cerca de la Reina.
— Estamos perdidos...— musitó Guerrero Sedna, horrorizado.
— Bunny... ánimo— insistió Sailor Mercurio, sin apenas esperanza.
— Ya eres mía— dijo Madre.
De repente, una potente luz rodeó a la Reina. Pero esta, lejos de sentir dolor, se sintió acompañada, reconfortada...
— … ¿Armando?— murmuró. Algo sin palabras le respondió—. Armando... eres tú... has venido a ayudarme...
— ¿Qué es eso?— gruñó Madre.
La nueva energía avanzó hasta llegar al comienzo del rayo de la puerta y hubo una explosión luminosa que levantó una gran cantidad de arena, que obligó a todos a dejar de mirar.
— ¿Qué ha pasado?— gritó Guerrero Saturno.
— ¡No lo sé!— grito Sailor Marte.
— ¿Dónde está la reina?— preguntó Sailor Sedna, todavía cegada.
Poco a poco sus ojos se fueron acostumbrando de nuevo a la luz y miraron hacia el lugar de la batalla. Madre estaba tirada en el suelo, como si hubiera sido empujada varios metros. A poca distancia, se encontraba la reina, resplandeciente, flotando a un par de metros del suelo. Su báculo había cambiado de forma, teniendo ahora una sola esfera mucho mayor, con una luna y una esfera que recordaba a la Tierra en su interior, girando lentamente.
— ¿Qué ha pasado?— murmuró Sailor Urano.
— No tengo ni idea— admitió Guerrero Plutón.
La reina avanzó hacía Madre.
— ¿Cómo lo has hecho?— preguntó esta, rabiosa— ¡Tú no puedes usar el poder de la Tierra! ¡No tienes la llave, ni la representas, ni nada!
— Mi amado está conmigo— musitó la Reina—, él ha acudido con su propia alma a ayudarme. Su afinidad con el planeta es mayor que la tuya y ha venido a ayudarme a vencerte.
— No puede ser.— volvió a decir Madre, pero esta vez mucho más asustada.— Eso... eso es imposible...
— En realidad, es bastante lógico.— intervino Sailor Mercurio.— Nuestra Reina es la poseedora del Cristal de Plata, que es el que gobierna todos los planetas, por lo que su afinidad es para todos ellos. Ella sólo ha hecho lo que la emperatriz quería hacer con vosotros: usar de enlace a los afines para usar ese poder.
— No... — insistió Madre— ¡No, nunca aceptaré eso!
— Ya está hecho— insistió la Reina—. Ríndete, Madre, ya no puedes vencernos.
— No... no... me niego— murmuró esta. De pronto, apretó los puños y se levantó de un salto, abalanzándose contra la Reina.
— ¡Cuidado!— gritaron los Guerreros.
La Reina, con expresión triste, se limitó a alzar levemente el báculo, apuntando hacia Madre.
Un rayo atrapó a la mujer, haciéndola gritar.
— ¡No, no, no!— gritó, furiosa, viendo su inminente derrota.
— Estás vencida, Madre— dijo la Reina, con voz triste—. Pero no me gusta matar ni destruir. Por eso, voy a hacerte un último favor. Voy a romper el sello que guarda tu nombre.
— ¡No!— gritó Guerrero Sedna.
— ¡No, no lo hagas!— gritó Sailor Sedna.
Madre la miró sorprendida.
— … ¿qué?
— No puedo condenaros en un agujero, olvidados durante milenios— explicó la Reina—. Yo... no puedo hacerle eso a nadie. El sufrimiento y el dolor que conlleva es demasiado para cualquiera.
Los guerreros Sedna no apartaban la mirada de la escena, mientras las lágrimas empezaban a resbalar de sus mejillas.
— Pero no puedo dejar que vuelvas a atacarnos. Y sé muy bien que lo harás. Por eso... voy a limpiar tu alma. Y a liberarte.
La reina cerró los ojos y el báculo empezó a brillar.
— ¿Qué... qué es esto?— murmuró Madre, mientras era envuelta por una luz— es... algo muy cálido... y agradable. Me siento... tan... bien...
El cuerpo de Madre se fue desvaneciendo poco a poco, con una expresión de paz en su rostro. La luz fue reduciendo su intensidad y donde antes estaba Madre, sólo quedó un pequeño montón de tierra y una planta.
— Tu esencia quedará por siempre con nosotros... Gea— musitó la Reina
Un jarrón se estrelló contra una pared de manera estrepitosa, rompiéndose en mil pedazos.
— ¡¿CÓMO PUEDE SER?!— gritó la emperatriz, roja de rabia— ¡ES IMPOSIBLE!
— Por favor... cálmate— suplicó Esposa.
— ¡NO ME DIGAS QUE ME CALME!
En el otro extremo de la habitación, los servidores de la Emperatriz, permanecían arrodillados, pero deseando huir de su furia.
— ¡ES INACEPTABLE!— continuo gritando la emperatriz— ¡Era perfecto, iba a salir bien! ¿QUÉ DEMONIOS HA PASADO?
— No... no lo sabemos, majestad— respondió uno de ellos, medio oculto por las sombras—. Todo iba a bien, la batalla estaba ganada, pero de algún modo consiguieron hacerse con el poder de la puerta.
La emperatriz lanzó un nuevo jarrón contra la pared y se giró furiosa, mientras caminaba hacia su trono.
— ¿Y cómo pueden haber encontrado la puerta tan pronto?— gruñó.
Se hizo un silencio en la sala.
—Entiendo... quizás mi sistema de control no ha sido tan eficaz como yo esperaba— murmuró—. Muy bien... ya sabemos entonces cómo funcionan... habrá que tomar medidas... Bella, ven aquí.
Una joven se alzó y caminó hacia la emperatriz. Era increíblemente hermosa, con grandes y afilados ojos azules. Sus cabellos rubios y cobrizos parecían bailar al ritmo de sus movimientos. Vestía unas vaporosas y semitransparentes sedas rosadas y lucía pulseras y tobilleras de oro que tintineaban hipnóticamente a cada paso que daba.
Al llegar junto a la emperatriz, se arrodillo nuevamente.
—Mi señora...— murmuró con voz melodiosa.
—Ponte en marcha para dar el siguiente paso— replicó la emperatriz —. Y no quiero fallos.
—No, mi señora— respondió Bella—. Conseguiré nuestro objetivo para vos.
—Eso espero.
—¿De verdad estáis todos bien?— preguntó de nuevo Guerrero Sol— ¿Ninguno tiene heridas de gravedad?.
—Si, tranquilo— volvió a responder Guerrero Neptuno— El escudo de Venus aguantó bien hasta que Guerrero Plutón consiguió sacarnos de ahí.
Sailor Mercurio miraba al borde del llanto a Guerrero Mercurio, que se limitó a hacer un gesto con la mano, restándole importancia al asunto.
—Podías haber muerto— murmuró ella.
—Tu estabas a salvo...— replicó él, con tono seco.
—Ya... pero...
No pudo continuar pues en ese momento, todos se volvieron hacia la Reina. Ya no tenía ese aura tan tremendamente poderosa.
—¿Y la llave?— preguntó Guerrero Marte.
—No lo sé...— respondió la reina, con tranquilidad—. Pero tengo la sospecha que en cuando volvamos a casa, Armando nos va a estar esperando a todos con los brazos abiertos..
—¿Qué hacemos con ella?— preguntó Guerrero Saturno, señalando la planta con el montoncito de tierra que antes era Gea.— ¿La arrancamos como una mala hierba?
—Así no puede hacer daño a nadie— respondió la Reina—. Y algo me dice que pese a ser una zona tan hostil... va a crecer bien... quizás incluso acabe siendo un oasis... un poco de vida en este lugar sería fantástico...
—Técnicamente, ya hay vida — señaló Guerrero Sol, recibiendo un codazo por parte de Sailor Júpiter.
Plutón alzó el báculo y abrió el túnel.
—¡Todos en marcha!
Comenzaron a cruzar el umbral.
—No nos va a perdonar esto— murmuró Guerrero Sedna por lo bajo a su hermana.
—Ya encontraremos la manera de solucionarlo— replicó su hermana —. Algo se nos ocurrirá.
El giró el rostro, no muy convencido, mientras llegaban al final del túnel, que les dejaba justo en la entrada al palacio. Allí, al pie de las escaleras, se encontraba el rey, aun en pijama, esperándoles.
La reina, al verlo, sonrió, mientras las lágrimas empezaban a resbalarle por las mejillas y echó a correr hacia él.
