Rated: T

Pareja: Inuyasha- Kagome

Disclaimer: La mayoría de los personajes son de Rumiko Takahashi, solo la trama es mía. Obra sin fines de lucro.

Summary: Naomi y Touga se casan, haciendo de Kagome e Inuyasha hermanastros, ambos han decidió poner tregua a sus discusiones ya que estaban a punto de mudarse pero Kagome se reencuentra con Kouga, su primer novio y mejor amigo, haciendo que el infierno se desate con unos celos inofensivos de su querido "hermano mayor".

Notas de la autora: ¡Hola! Me alegra que mi pequeña imaginación produzca cosas bastante buenas, y que les agrade.

Está idea se me ocurrió mientras veía "Mi vida con Derek" ¡No sé si alguien lo recuerde! Pero Derek era mi amor platónico, y como Inuyasha también lo es me pareció genial hacer este fic basado en ese serie de Disney.

Y para quien me preguntó porque el titulo en ingles, bueno, es la misma razón.

Espero que este también cumpla con sus expectativas.

Recuerden dejar reviews con tomatazos, quejas, halagos, etc. Y les agradezco a los que la leyeron, además de todos sus favoritos y alertas.

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-My stupid step-brother-

-Capítulo I-

-Nostalgia-

Kagome

Y mi pobre secadora se golpeó contra la caja cuando la aventé dentro.

—Si no fuera por el hecho de que estas empacando delicadamente diría que odias la idea de mudarte—la voz llena de sarcasmo de Miroku me hizo girarme para verlo, él estaba ayudándome a guardar mis mantas y frazadas de invierno en cajas, que sería lo primero que mamá se llevaría a la nueva casa en Arakawa.

Porque sí, mi madre no había cambiado de idea con lo de la mudanza y es más, ella ya tenía algunas cosas allá.

¡Ja! Rio mi mente, ¿algunas cosas? Prácticamente se ha mudado ya.

Después de habernos dicho la noticia, la feliz pareja no pudo esperar más y se casaron por el civil la semana siguiente, y después de casados nos apresuraron para mudarnos. Por lo que a penas saliéramos de vacaciones de verano, lo que seria en tres días, mamá me cambiaria a una escuela más cercana a mi nuevo hogar en Arakawa y yo tendría que decirle adiós a mis amigos.

Claro que Long, Houjo y todos ya sabían la decisión tan drástica que había tomado mamá hace una dos semanas atrás y ahora, que me quedaban dos días de escuela tenía que empaquetar todo y llevarlo.

En sí no me molestaba la decisión de mamá, estando yo en su lugar probablemente hubiera hecho lo mismo; lo que me molesto fue lo rápido que la tomó.

Y… ¿por qué no admitirlo? El hijo de mi padrastro también era parte del problema. Durante la semana de los preparativos para la boda, TODO me tocaba hacerlo con él y además de tener una actitud arrogante y no dirigirme la palabra y llamarme tonta a cada cosa que hacía, él muy ingrato no se dignaba a verme a la cara siquiera y menos llamarme por mi nombre.

Cosa que me está exasperando, durante la ceremonia me tocó hacer de testigo con él, ¿y porqué él y no su hermano mayor? ¡Váyase a saber Kami-sama el porque!, lo único que hizo fue darme un gruñido molesto cuando nos tocó acercarnos a firmar y me rozo levemente el hombro.

Su actitud altruista me estaba molestando. Y le agradecí de rodillas a Kami que su hermano mayor Sesshomaru fuese el encargado de cuidarme mientras mamá se instalaba completamente en Arakawa.

Ella se había ido prácticamente dos días después de la boda, dejándome a mí bajo el cuidado del mayor de los Taisho para que terminara bien mi semestre en la escuela y, según ella, no destruyera la casa de por medio con una fiesta alocada.

Miroku se había ofrecido a ayudarme para terminar de empacar, por lo que se había quedado conmigo desde ayer por la mañana y pasado la noche aquí, pero él tendría que regresar esta noche a Arakawa, debido a que él también terminaba semestre.

—No me molesta, pero estoy harta de tanto ajetreo—mentí descaradamente mientras sacaba los abrigos y botas para empaquetarlos en otra caja—, es solo que tanto cambio y tan repentino me esta desquiciando.

— ¿Y cierto peli plateado, no?—agregó Miroku mientras guardaba unas botas para nieve, me sonrojé visiblemente ante su comentario pero le di la espalda rápidamente y no lo notó.

— ¿Tu engreído amigo?—pregunté con sarcasmo y me regañe a mi misma por el leve temblor que tuvo mi voz, me asegure de no girarme mientras terminaba de buscar entres mi cómodas hasta que sentí que el sonrojo había pasado.

— ¡Hey, vamos! Inuyasha no es tan malo—dijo mientras se acotaba en mi cama y ponía sus brazos detrás de su cabeza despreocupadamente—, es un poco huraño pero no es malo…

—Por Dios, Miroku, es el hombre más arrogante, engreído, altruista y egocéntrico que he conocido—le interrumpí mientras terminaba de sellar una caja.

—Quizás un poco—admitió mientras se encogía de hombros, me acosté en la cama a su lado, alcance mi celular y puse música a todo volumen—, pensé que habías dejado atrás todo lo relacionado con Three Days Grace.

Mientras sonaba Over and Over a todo volumen recordé los días en lo que vivía en Arakawa, cuando pequeña siempre me habían llamado rara y loca en la secundaria porque era la única a la que le gustaba la música americana, y sobre todo, a lo que se refiere al rock en ingles y español, había un no sé que qué sé yo sobre las bandas de Three Days Graces, Linkin Park, Porter, Rammnstein, Apocalyptica, Elis y Mago de Oz que me encantan.

—Mi momento de rocker rebelde no ha terminado, Miroku—susurre mientras entrecerraba mis ojos viendo al techo con molestia, de repente me había entrado mucho sueño.

—Supongo, yo tampoco la he olvidado—murmuró Miroku y para mi sorpresa, soltó un bostezo—.

Cuando vivía en Arakawa, era la única que escuchaba este tipo de música, por lo que me tomaban de rara y loca, siendo Miroku uno de los pocos que se acercaban y me conocían debajo de la fachada, por lo que él también comenzó a escuchar música americana e inglesa, y aquí, sin embargo, todo era diferente.

Tenía amigos como Long y Hiro que me entienden en ese sentido, que son parecidos a mí y por cosas triviales como los gustos musicales no te tachan de rara. Y no es que odiara mi vida en Arakawa, simplemente es que la comodidad es diferente.

Aquí, en Kiyose, uno puedo ir por la calle con música a máximo volumen sin que nadie te juzgue o te vea de mala manera, ya que todos son amigos o conocidos, de alguna manera todo el mundo es agradable y pacifico, o desinteresado de los demás.

Y, en Arakawa, todo mundo parece estar dispuesto a criticar. La vida es dura y te tienes que ganar el respeto mediante ti mismo. Quizás implique un poco que solo la gente con dinero pueda vivir en los barrios de allá, una excepción éramos mi madre y yo que vivíamos refugiadas en el templo de la abuela Kaede, esperando una oportunidad para tener una mejor vida.

Y dejar todo atrás, todo a lo que ya me había acostumbrado a vivir, con mis amigos era doloroso.

— ¡Kagome!—el gritó de Sesshomaru hizo que me despabilara y me irguiera de golpe.

Vi a mí alrededor y note, para mi sorpresa que ya estaba anocheciendo y la música se había desintegrado tan pronto como se había llegado puesto que a mi teléfono se le había acabado de la pila y tanto Miroku como yo habíamos quedado dormidos. Mire hacia al frente y me encontré con la puerta abierta y frente a ella, estaba Sesshomaru mirándome con inexpresividad.

—Miroku—dije mientras lo zarandeaba un poco, haciendo que él chico se despertara y al ver lo oscuro que estaba se irguió de golpe, como yo, y vio a Sesshomaru con sorpresa.

—Tu madre está al teléfono, tengo que salir—me informó antes de salir de mi habitación y le escuche bajar las escaleras.

Debían de ser más de las seis, puesto que Sesshomaru estuviera aquí en la casa. Normalmente sale antes de las siete, junto conmigo y en ocasiones me lleva a la escuela, si es que yo estoy temprano; termina regresando cerca de las seis o siete de la tarde.

—Hola—dije mientras tomaba el teléfono.

Kagome, hija— la voz de mi madre retumbaba con felicidad, probablemente se la estaba pasando de maravilla con su nuevo esposo—, me alegra tanto escucharte.

—A mí también me da gusto, ¿qué sucede, mamá?—pregunte intentando ir al grano de todo este asunto. Después de todo, mamá llama cada mañana preguntándome por el día anterior y ahora, que marca después de las seis, solo que me queda pensar que algo extraño estaría por suceder.

Siempre tan perceptiva, hija—dijo mientras soltaba una risita—. Touga y Sesshomaru y tiene que viajar unos días fuera del país…

— ¿No me digas que ahora tengo que irme ahora contigo?—pregunte absolutamente aterrada, sentí como la sangre se me heló al saber que no me quedaban ni tres días para despedirme de la vida que amaba.

No, cariño, Inuyasha ira a reemplazar a Sesshomaru. Solamente quería avistarte eso… ¡Oh, espera! Kagome, cariño, debo irme. Te quiero—escuché prácticamente como su voz sonabaapurada y como se marchaba diciéndome algo más.

Pero no pude escucharla, su voz se había convertido en un débil pitido y sonido de interferencia después de escuchar su nombre.

Inuyasha.

¡Voy a pasar tres días con él en mi casa! ¡Solos!

Esa afirmación me golpeó con fuerza. Ese niño arrogante, egocéntrico, vanidoso y altruista estaría en mi casa CONMIGO por tres días.

¡TRES DÍAS!

Claro mensaje:

Bienvenida al Infierno.

— ¡Kagome!—el gritó de Miroku me sacó de mis pensamientos y me hizo girarme para verlo, estaba en la puerta de entrada, calzándose sus zapatos y me veía con expresión preocupada.

Fue entonces que caí en cuenta de que llevaba varios minutos parada al lado de la mesita del teléfono con el auricular en el oído y viendo a ala nada, estaba en shock por la noticia de que mi molesto hermanastro tendría que pasar aquí conmigo los próximos tres días.

—No sé que te pasa—murmuró Miroku mientras se ponía su chaqueta—per debo irme, Kagome. Si no regresó a dormir, mi madre me castigara todas las vacaciones. Nos vemos, cuídate—y antes de que pudiera hacer o decir algo, se fue, dejándome con la boca abierta y aun como una idiota al lado del teléfono.

Colgué el aparato sin ánimo y suspire. Mire el reloj de la pared y camine hacia la cocina. No había comido nada en toda la tarde, y de verdad que me estaba matando mi estomago.

La cocina se veía diferente que unas semanas atrás. Ahora estaba pulida y limpia, solamente tenía vajilla suficiente para mi supervivencia en estos días, y lo mismo con el refrigerador.

Saque unas cuentas cosas de la alacena y las puse en la encimera para prepararme algo.

Mientras cocinaba no pude evitar echar un vistazo sobre la casa. Los sillones, el comer y de las vitrinas-vacías- yacían bajo una capa de platico que los protegía del polvo, los recuadros y fotos familiares habían sido recogidos y empaquetados. Todo guardado en cajas.

Y pocas cosas, como el teléfono estaban aun en su lugar. Esperando a que llegara el sábado y la mudanza viniera por todo. Pues mamá había decidido vender la casa y utilizar todos los muebles para acomodarlos en un pequeño departamento que tenemos en el centro de Tokio, cerca de Todaí.

Mi padre me lo había comprado al nacer. El lugar estaba bajo mi nombre y era justamente, para tener donde vivir cuando fuera a la universidad.

En parte se lo agradecía mucho a mi padre, puesto que tenía a donde ir cuando lo necesitará y ese lugar era mi mejor opción.

Suspire con nostalgia. De verdad que extrañaría mi vida en Kiyose.

— ¡Hey, tonta!—y la voz del engreído me hizo salir de mis pensamientos— ¿Qué es eso de no cerrar la puerta? Además de tonta, descuidada—murmuro mientras se acercaba a la cocina.

Como dije antes.

Bienvenida al Infierno.

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