Waaaaa qué pasada cuántos reviews OO muchas gracias!! He terminado hace poco este chapter y lo subo, pero antes de que lo leáis quiero hacer una aclaración para uno de los mensajes que me han dejado (los agradezco todos, pero este merece un comentario, aunque no tenga mucho tiempo):
Es cierto que el fanfic en que me inspiré era el de A Touch of Jealousy y no pienso negarlo. Lo leí traducido en una web que ahora ha pasado a ser foro y me encantó, pero la traductora lo dejó a medias y le perdí la pista, así que me lo terminé en inglés. NO ME GUSTÓ NADA DE LA MITAD HASTA EL FINAL. Echidna dijo que estaba basado en una peli y recuerdo que me la bajé y la vi en su momento. Y TAMPOCO ME GUSTÓ EL FINAL XD Lo que decidí con este fic era hacer algo parecido, pero añadiendo, quitando y moldeando todo lo que no me gustó, de manera que no es una copia, sino una adptación. De hecho, lo hago porque a mi me apetece y, en casi de que prefiriéseis que lo dejase o que recibiese una queja suya pidiéndome que lo quitase, lo haría y continuaría escribiéndolo para mí, porque yo quiero y me proporciona satisfacción propia el hacerlo. Ella misma acepta que no es original suyo y yo admito que mío tampoco, pero ya lo inventaron todo los griegos, como suele decirse. Y debo agradecerle a
Yo, yo y yo misma, que me dejó el review con el comentario el que me me diga que conoce el fic, porque me gustaría pedirle que me pasase el enlace, porque lo perdí hace un año o más y al buscarlo en google no lo encontré. Así que te agradecería que me lo pasases, si no te importa, porque querría volver a leer determinada escena en casa de Buffy que fue de lo poco que me gustó en serio.
Y ahora, chapter, que ya me he enrollado mucho. Besukos!!


3

Nada más abandonar el edificio, cruzaron rápidamente y en silencio el patio de entrada y doblaron la esquina. En cuanto estuvieron a suficiente distancia como para no sentirse amenazados, Hermione soltó el brazo de Draco como si tuviese algún sarpullido contagioso y siguió andando.

El rubio, todavía desconcertado, cuado se dio cuenta comenzó a seguirla. Ella hizo un par de gestos, como quien espanta una mosca particularmente molesta, y siguió camino a su casa. Sabía que sus padres no estarían porque iban a ir a la presentación de una exposición de arte en la ciudad, y no quería estar a solas con Draco.

-¿Qué ha sido eso, Granger? – preguntó el rubio, al fin.

Hermione no respondió.

-¿Significa que aceptas mi idea? – insistió él, ahora ya con su clásico tono arrogante.

-No – contestó Hermione inmediatamente – Significa que estabas dando un espectáculo tan lamentable que me diste pena, nada más.

Malfoy se mostró ofendido, pero ella ni tan siquiera le miró, así que no tuvo que preocuparse.

En ningún momento se habían detenido y Hermione se dio cuenta de que estaban a dos casas de la suya y de que Malfoy no tenía intención de dejarla tranquila. Quiso creer que en el momento en que ella entrase por la puerta de su casa, él se daría por vencido y se marcharía con viento fresco, así que aceleró el paso, deseosa de que aquello sucediese cuanto antes. Pero él continuó siguiéndola, dispuesto a conseguir lo que quería.

-Granger, tú misma acabas de demostrar que es un plan perfecto. Todos conocemos a tu cachitas descerebrado…

-…y todos sabemos lo guarra que es tu novia, así que realmente quizás tengas razón – repuso, con malicia.

Pero, contra todo pronóstico, Draco solo se encogió de hombros, sin desmentir lo que ella había dicho sobre Pansy. Vale, sí, todos sabían que era un pendón, pero Hermione creía que al menos el rubio trataría de defenderla…

Llegó a la puerta de atrás de su casa, abrió con sus llaves y entró a la cocina, cerrando tras de sí, queriendo dejar fuera a su perseguidor… sin resultado. Draco paró la puerta justo a tiempo y entró tras ella. Hermione había dejado sus libros sobre la meseta de la cocina y rebuscaba en la nevera, tratando de encontrar algo para comer o beber. El rubio se sentó en una banqueta y la observó. Cuando ella sacó la cabeza del frigorífico con una botella de zumo de melocotón, esbozó una mueca de desagrado.

-¿Por qué sigues aquí?

-Pienso estar detrás de ti hasta que aceptes.

-No.

-Tendrás que soportarme durante mucho tiempo.

-No.

-En clase, en tu puerta esperando a que salgas…

-He dicho que no.

-Piénsalo un momento. – terminó diciendo él – Potter se pondrá celoso, colgará a Pansy que volverá a mí y tratará de reconquistarte. Y entonces tú podrás darle la patada.

Hermione no dijo nada. Era una oferta muuuuy tentadora. Demasiado. Ella nunca había sido vengativa, pero a cada momento que pasaba escuchando aquel tipo de cosas, más le apetecía serlo. Ron y sus amigas también habían estado de acuerdo en que merecía un escarmiento. "¡Hermione, por Dios, céntrate¡Malfoy¡Náuseas!" chilló una vocecita desesperada en su cabeza. "Ya, pero más náuseas me da Harry ahora, solo por imbécil e insensible." replicó otra voz más serena, y la chica se sorprendió al descubrir que la segunda tenía razón.

Bebió un sorbo de su vaso y levantó la mirada hacia el rubio, que la observaba expectante, aguardando por su respuesta, aunque ya casi estaba seguro de lo que iba a oír, porque la expresión de ella había cambiado notablemente: si antes había sido pétrea y firme, ahora iba desmontándose poco a poco, a medida que caía en sus reflexiones y sopesaba pros y contras.

Hermione se mantuvo en silencio, perdida en reflexiones e ideas contradictorias entre sí, y Draco respetó su silencio, aunque comenzaba a hartarse su paciencia.

-Vale. – dijo ella, finalmente, y casi al instante se arrepintió de haberlo hecho.

-¿Vale?

-No me hagas repetirlo, Malfoy.

-Bien, Granger, como quieras – una mueca de satisfacción había asomado al rostro del chico – Entonces mañana en el instituto tendremos que ser algo más cariñosos…

-No pienso ponerme cariñosa contigo.

-Como si no lo deseases…

-Morirías, Malfoy. O, mejor, te mataré.

-Entonces ¿cómo vas a hacerles creer a los demás que estamos juntos? – repuso él - ¿Gritándonos en el pasillo como si fuésemos un matrimonio de ancianitos?

-¿Es tan mal plan? – se burló ella y él bufó, exasperado. Por un momento, a Hermione le pareció ver a su álter ego masculino con aquel gesto – Vale, pero no pienso besarte ni abrazarte y cuanto menos contacto físico tengamos, mejor para todos.

-¿Te repito esa parte en la que se supone que tenemos que parecer novios?

-Yo, cuando salgo con un chico, no aparezco de un día para otro metiéndome mano con él por las esquinas, en contra de lo que tú creas, "Paris Hilton".

-¿Cómo me has llamado?

-Iremos de la mano, que para empezar ya va bien. Y no me fastidies, porque para esto necesitas mi ayuda y no estoy para nada convencida del todo.

-¿Cómo me has llamado?

-¡Malfoy!

Él suspiró, armándose de paciencia, y parpadeó un par de veces con una falsa sonrisa para despejarse un poco. Después se puso en pie, le quitó el vaso de las manos a ella, se lo bebió y volvió a sonreír, algo más calmado. Fue hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir y se giró hacia ella.

-Será mejor que no se lo digas a nadie, Granger.

-Ginny y Ron tienen derecho a… - comenzó a protestar ella.

-A nadie. ¿O crees que el pobretón y su hermanita serían capaces de dejarte hacer algo así?

Hermione lo miró desde ese punto de vista y terminó por asentir, resignada.

-Bien, silencio absoluto – aceptó, y luego añadió – Y, por cierto, si vamos a "salir" juntos, estaría bien que dejases de llamarme por mi apellido. Más que nada porque no pega, no es que yo tenga interés en hacerme amiga tuya, que conste.

Draco asintió y salió de la casa sin decir ni una palabra más. En cuanto la puerta se cerró tras él, sonó el teléfono. Hermione tardó un poco en reaccionar, pero luego dejó su vaso en la mesa y se levantó a contestar.

-¿Sí?

-¿Qué fue eso?

-¡Lárgate Ron!

-¡Tengo derecho a saberlo!

-¡Es una conversación privada!

-¡Pero…!

-¡¡FUERA!!

Hermione recibió aquella conversación como una avalancha de frases sin sentido hasta que comprendió lo que sucedía: Ginny la había llamado y su hermano se había acoplado a través del otro teléfono de la casa a espiarlas. Sin embargo, cuando le oyó colgar con un gemido ahogado, Hermione dio por hecho que Ginny había hecho uso de su maravillosa habilidad para dar collejas, heredada de su madre. La agresividad familiar…

-Y una vez solas… ¿qué fue eso?

-¿A qué te refieres? – se hizo la castaña la inocente, rezando por dentro para que colase.

-¿Cómo que…¡te fuiste con Malfoy¿Es que se te calló el último tornillo que te quedaba?

-Vamos Gin, no exageres, es algo que…

-¿Estáis juntos?

Hermione guardó silencio.

-¡Estáis juntos! – chilló la pelirroja, ahora ya como una afirmación. – El mundo gira hacia el otro lado…

-Quería habéroslo contado. No estamos juntos, pero sí que… puede – Hermione, a cada momento que pasaba, se sorprendía más de lo buena actriz que se estaba volviendo.

Se hizo el silencio.

-¿Ginny?

Pero no duró mucho.

-¡TÚ Y MALFOY! – y comenzaron a escucharse agitadas respiraciones y risas al otro lado de la línea.

-Gin, por favor, respira tranquila. Es simplemente que… no sé, con todo lo que ha pasado… creo que le veo de una forma diferente – "Sí, diferente… ¡colgando de un árbol es como le veo como esto no funcione!" pensó para sí.

-Bueno, vale, no digo nada. A mí no me importa, pero es que… Malfoy…

-Ya lo sé, es muy raro.

-¿Tenemos que hacernos a su presencia? – preguntó Ginny, como si no necesitara oír la respuesta.

-No estaría de más.

-Ya veremos cómo hago para que a Ron no le explote la cabeza.

-Tacto, por favor, mucho tacto. Tu técnica de "lo cuento y salgo corriendo" no vale.

-Lo sé – suspiró la pelirroja, resignada – Bueno, nos vemos mañana.

-Hasta mañana.

Y colgaron.

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A la mañana siguiente, Hermione se despertó con la certeza de que la aguardaba un día muy raro. La tarde anterior, después de hablar con Ginny por teléfono se había parado a pensar en lo que acababa de hacer y no le había encontrado el sentido por ninguna parte. ¿Qué la había llevado a decirle que sí a Malfoy? Ahora tendría que pasar con él más tiempo, fingir que se soportaban… puede que incluso tuviera que tocarle.

Un escalofrío la recorrió.

Se preparó como todos los días e incluso ojeó su libro de Biología mientras desayunaba, para comprobar que lo llevaba todo bien estudiado. Por lo general, su profesor no hacía controles orales porque los consideraba responsables, pero ella siempre prefería ir bien preparada. Terminó de tomarse su café, pasó por la salita donde sus padres discutían acerca de un tema que ella desconocía, se despidió y salió de casa.

Y lo que vio esperándola en la puerta la dejó helada.

Draco había ido a buscarla con su flamante coche descapotable y la esperaba aparcado en la acera, con la radio puesta y expresión de aburrimiento. Hermione se mantuvo en la puerta, sin decir ni hacer nada, y por un momento pensó en rodear su casa y huir por la parte de atrás, pero Draco la vio antes de que ella llegase a afianzar la idea en su mente.

-Sube – fue todo lo que dijo el rubio.

Hermione se acercó, pero no entró al coche, sino que se apoyó en la puerta de su lado y le miró.

-¿Estás chiflado? – terminó diciendo – Si mis padres me ven irme contigo en coche empezarán a pensar que…

-Veamos, creo que el hecho de querer que llegues subida en esta maravilla es para que todos sepan que ahora estás conmigo.

-No voy a subirme a ese cacharro. Te he visto conducir y aprecio demasiado mi vida, gracias.

-Esto se llama coartada.

-No, se llama absurdo. No hace falta que la gente me vea en tu coche si tienes pensado pasarte el día fingiendo que estamos juntos.

-Tienes muy pocas dotes de disimulo.

-Quizás es que tu tienes demasiadas – replicó ella, con los ojos centelleantes, y echó a andar por la calle, ignorándole.

Draco gruñó, sacudió la cabeza y avanzó con el coche a su lado, despacio, siguiéndola con cuidado de no pasarse, para poder seguir dándole la tabarra.

-Deja de hacer el idiota y sube – repitió – No hay para tanto. Además, aprecia la situación, no volverás a tocar un coche como éste ni en tus mejores sueños.

-Mis mejores sueños no incluyen coches descapotables, pero sí una cabeza rubia haciendo paracaidismo sin paracaídas.

-Eres tozuda como una mula.

-Mis amigos me están esperando – dijo ella, por toda respuesta.

-Lo dudo.

Hermione frenó en seco y le miró, con cara de estar a punto de cometer un homicidio.

-¿Qué-has-hecho?

Draco se encogió de hombros.

-Yo nada, lo hiciste tú solita ayer. No creo que el pelirrojo esté muy por la labor de dar un rodeo para buscarte después de lo que vio…

Hermione se mordió el labio inferior. Sabía que el chico acababa de dar en el clavo. Generalmente, cuando sucedía alguna cosa extraña entre ellos o alguna pelea, Ron iba directo desde su casa al instituto y arrastraba a Ginny y Luna con él. Además, Ginny no le había dicho nada de ir a buscarla cuando hablaron por teléfono la tarde anterior, así que era más que probable que, por mucho que caminase, terminase llegando sola el instituto.

-Sube.

Hermione refunfuñó y, furiosa, se subió al coche, cerrando con un portazo. Draco la miró, ofendido por aquel gesto, y aceleró, pero si esperaba que Hermione soltase un gritito y una pequeña reprimenda por haber hecho justo lo que la asustaba, se sorprendió, porque la chica se limitó a girar la cabeza hacia su ventanilla, sin un solo comentario. El rubio suspiró, frustrado, y cuando estaban a punto de doblar la esquina para entrar en el aparcamiento, habló de nuevo.

-Ahora, si no te importa quitar esa cara de mala leche, no estaría de más que fingieses que te gusta estar aquí dentro conmigo.

Hermione giró la cara hacia él, con una enorme, falsa y muy convincente sonrisa.

-¿Bien así? – preguntó, apretando los dientes.

Draco sonrió de la misma manera que ella.

-Muy bien.

El descapotable llegó a su destino y mientras pasaba, la gente se volvía para mirarlo, como siempre, solo que, aquella mañana, el contenido era más interesante que el contenedor. Draco Malfoy y Hermione Granger se sonreían, haciendo algunos comentarios entre ellos y causando una llamada de atención por parte de todo el mundo… incluyendo a algunos profesores. La gente no sabía lo que hablaban entre sí, pero de habérselo imaginado no habrían acertado ni por asomo.

-Te odio – musitó Hermione, manteniendo una dulce sonrisa en los labios, como si mirase a su osito de peluche.

-Gracias, Granger. ¿Alguna vez alguien te explicó el significado de la palabra peine?

-Obviamente a ti sí te enseñaron el de gomina… demasiado.

-Zorra. – Draco se giró hacia ella y le guiñó un ojo, con una media sonrisa.

-Cabrón.

Y todo sin perder la expresión de romanticismo de los rostros.

En cuanto el rubio aparcó, la chica trató de no parecer muy ansiosa al salir del coche y coger sus cosas. Iba a alejarse de allí hacia la entrada para perderle pronto de vista y poder centrarse en sus clases y encontrar a sus amigos, pero él se acercó por detrás, le pasó un brazo por los hombros, sobresaltándola, y echó a andar, arrastrándola a ella.

-¿Se puede saber qué estás haciendo? – masculló Hermione mirándole con lo que todo el mundo pensó que eran ojitos tiernos y Draco identificó como una mirada asesina.

-Fingir. ¿Crees que me gusta tocarte? Mira, Granger, las cosas o se hacen bien o no se hacen y si queremos que esto funcione, más vale que te vayas haciendo a la idea.

Ella no dijo nada. Sabía que, aunque le doliese, Malfoy llevaba razón: si querían que aquello colase tendría que dejar de ser tan quisquillosa. Le detestaba, y él a ella, y los dos eran conscientes de esa situación, así que si las cosas ya estaban claras, sólo les quedaba cruzar los dedos y realizar una interpretación que los nominase a los Oscar.

Entraron al edificio bajo las atentas miradas de todo el alumnado, y se detuvieron frente al aula de Inglés donde Hermione tenía clase. La chica se apoyó con la espalda en la pared, abrió su libro de texto y comenzó a ojearlo. Draco se apostó contra una de las taquillas que había al lado y trató de ver lo que ella estaba repasando. Estuvieron así unos minutos hasta que tres personas más se les acercaron y Hermione levantó la mirada con la primera verdadera sonrisa de la mañana.

-Buenos días – saludó.

-Buenas - respondió Luna, con una mirada de soslayo a Draco, que había vuelto a esbozar su sonrisilla falsa-pero-convincente.

-No estaría tan seguro… - dijo Ron, en cambio, y la castaña tuvo que fingir una mirada fulminante para que se ahorrase los comentarios.

-¿Qué… qué tal ayer? – preguntó Ginny, aguantándose la risa.

Hermione sonrió divertida.

La pelirroja, cada vez que la situación era tensa, extraña o seria no podía evitar los ataques de risa, que ya eran conocidos en toda la ciudad. Y, por lo general, con la risa contagiosa que tenía, acababa haciendo que todos a su alrededor se riesen con ella, aunque la escena no tuviese ninguna gracia: podría haber alguien muriéndose, pero ella se partía.

-Bien, gracias.

-Sí¿adónde fuisteis? – volvió a meter baza Ron.

-A dar una vuelta – intervino Draco, desviando la atención hacia sí mismo para que no viesen a la castaña dudar – En eso habíamos quedado por la mañana.

-¿Una vuelta? – el pelirrojo se mostró desconfiado - ¿Y por dónde? Porque no os vimos.

Pero Hermione ya estaba harta de las constantes preguntas de su amigo, y terminó chasqueando la lengua, molesta, haciendo que todos la mirasen y replicando, con tono airado.

-Terminamos en mi casa, por eso no nos viste, aunque intentases seguirnos. ¡Estás hecha una maruja!

El pelirrojo boqueó, horrorizado, pero la chica ya había entrado al aula, dejándolos a todos colgados. Draco y Ron tenían clase con ella también, pero no reaccionaron a tiempo y, para cuando lo lograron, el timbre ya había sonado y la gente entraba en marea hacia sus clases.

Ginny y Luna se despidieron de ellos con dos sonrisitas que parecían decir vaya-a-quién-habéis-ido-a-mosquear y se marcharon hacia el laboratorio de Química. El rubio y el pelirrojo se miraron, fulminantes el uno contra el otro, y terminaron por entrar a su clase también. Vieron a Hermione sentada en primera fila y ambos fueron a situarse a su lado. La castaña enterró la cabeza en una de sus manos, respirando para relajarse, y, cuando el profesor entró y pidió voluntarios, fue la primera en ofrecerse para salir a leer un diálogo… y alejarse de los dos sulfurados chicos.

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La comida era uno de los mejores momentos del día. La gente se reunía en la terraza de la cafetería, cuando hacía buen día, y comían charlando animadamente, lanzándose patatas fritas o haciendo bromas. Tan solo unos pocos y muy esporádicamente se alejaban de la zona concurrida para comer solos y, mientras tanto, repasar algún examen que fueran a tener a continuación o pronto.

A pesar de que ella se tomaba muy en serio sus notas, sus trabajos y sus exámenes, Hermione jamás había hecho algo así. Le encantaba aquella hora porque era de paz y tranquilidad, e implicaba siempre un buen rato y comida, aunque ésta última tuviese un aspecto muy extraño.

Sin embargo, aquel día su mesa estaba bastante silenciosa. Ron seguía desconcertado y puede que un poco furioso, Ginny continuaba aguantándose las risas, Luna la imitaba y, al mismo tiempo, trataba de resultarle tranquilizadora a su novio. Y Hermione… ella, simplemente, se hacía la sueca. Revolvía su plato de macarrones con desinterés, ojeando y corrigiendo el trabajo de la rubia sobre sus lecturas de Literatura, ignorando al mismo tiempo los ligeros bufidos que su amigo pelirrojo soltaba de vez en cuando.

Ginny finalmente terminó por soltar una risilla, preludio de otras que vendrían si no se la acallaba pronto, y Ron soltó un resoplido bastante más ruidoso que los anteriores. Ambas cosas hicieron que Hermione levantase la mirada de los papeles y se encontrase con una escena a ver entre dos cabezas pelirrojas.

Draco estaba en la puerta de la cafetería, con su bandeja en las manos, buscando con la mirada una mesa donde instalarse. Sus amigos pijos de siempre estaban instalados en una esquina y le hacían señas que él acalló con un gesto de la mano.

Hermione tomó aire. "Venga, si lo haces, hazlo bien." se dijo (últimamente se lo repetía mucho) y levantó una mano haciéndole un gesto para que se acercase. El chico pareció satisfecho por su cambio de humor, porque esbozó una media sonrisa que pretendía ser tierna y que ella reconoció como burlona, y fue hacia ella.

-Hola – dijo.

-Hola. Siéntate – contestó Hermione, y Draco reconoció lo último más como una orden que como la proposición amistosa que les pareció a los demás.

El chico se sentó junto a ella, y Ron bufó de nuevo.

-Hola Weasley – dijo Draco y Hermione se sorprendió de que recordase su nombre, de tanto como le llamaba "pobretón". – Lovegood…

-Hola – dijo Luna, sonriendo ensoñadora - ¿Qué tal?

-Bien, aunque la hora de Inglés no ha sido ni de lejos tan entretenida como esperaba – repuso el rubio con tono frío y una mirada de soslayo a Hermione, que no apartaba la vista de sus macarrones.

-Quizás si escuchases un poco más al profesor… - sugirió la castaña, despreocupada.

-Bueno, desde luego empezará a volverse más animado ahora – continuó Draco, ignorándola y ella levantó la cabeza bruscamente al oírle – porque el profesor Flitwick se ha dado cuenta de lo mal que se me da… y me ha recomendado buscarme a alguien que me ayude. Preferentemente, un alguien femenino, y eso ya es cosa mía - explicó y le lanzó una sonrisilla fingidamente dulce a su supuesta novia.

Hermione tuvo que contener un chillido. Por dentro, un dibujo animado parecido a ella se daba cabezazos contra una pared de ladrillos. ¿Por qué¿Por qué¿Por qué a ella?, no paraba de repetirse. Sin embargo, le hizo una pequeña caída de ojos al rubio, que no pudo evitar recibirla sorprendido por el autocontrol de la chica.

-¿Hermione? – farfulló Ron, que ya estaba a punto de echar humo por las orejas.

-Sí. Flitwick me lo propuso y no puedo negarme… – dijo Draco.

"Otra cosa no, Granger, pero a putadas no me gana nadie."

-Genial¿no? Así podremos estar más tiempo juntos – sonrió Hermione, y se acercó un poco más a él.

"Será… ¿cuántas variantes de capullo hay en el diccionario?"

-Me alegro por vosotros. Pero no hagáis nada sucio¿eh? – dijo Ginny, ya sin poder aguantarse más las risas y estallando encima de la mesa.

"¡Dios me libre!" chillaron interiormente los dos.


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