¡¡Wolas!! Juer, paso un par de días sin mirar los reviews y flipo mandarinas OO así da gusto escribir! Bueno, hoy tengo más tiempo para agradecer los comentarios y críticas que dejáis así que quiero dar las gracias a toda esta gente que viene a continuación:
Chibi Naruky
silviota
SolMalfoy
dusquinha
Alex de Malfoy
viktor jos krum
Witch mia Malfoy Errelot
Karinita1919
Lado.Oscuro
cecy
Dark Phoenix
Bichito91 (la escena de Hermione dando gracias por el Oscar... tú, da ideas xD)
Violet Malfoy
Hermiwg
Bs
yo
Daniela
Norely
Saku Malfoy
Sra. Malfoy Li
Nessa4
mirermione
Dannia
irethpotter...karla
Lizirien
lim
Daniih
MoLly Strife
En serio, muchas gracias a todos porque es una avalancha de reviews y me entusiasmo mucho al verlo mis padres creen que esoty loca cuando me ven sonriendo toda contenta a la pantalla, pero bueno... xD
Bueno, quizás este chapter no os parezca muy interesante, pero prometo que el siguiente es mil veces mejor (anda que no me enchoté ni nada escribiendo el otro día... muajaja xD) pero es necesario ;) besukos!! y espero que os guste!!
4
El resto de la semana fue la más extraña jamás conocida por Hermione, en especial, y el resto del mundo a su alrededor, en general. Y, aquel mundo, ahora incluía al rubio de ojos grises, aunque a ella le doliese. Al día siguiente de aquella tarde en la cafetería, la chica había comenzado con las clases al rubio, que, para su sorpresa, no resultaron tan frustrantes como ella creía.
En realidad, Draco se tomaba en serio aquellos minutos juntos y dejaba a un lado las diferencias porque le interesaba lo que trataban. Además, como al llevarla a su casa le explicó, nadie más sabía que él tuviera necesidad de algo así, así que la gente pensaba que ellos dos estaban juntos como pareja, y no en calidad profesor-estudiante, durante aquellas tardes.
Pasaron los siguientes días andando juntos por los corredores, con lo que la gente consideraba expresión enamorada y que para ellos era una mueca forzada para disimular todos los comentarios llenos de veneno que se susurraban. Se les veía juntos en casi todo momento y los dos pelirrojos y Luna ya se habían hecho a la costumbre de tenerle cerca.
Por otro lado, el viernes de la semana siguiente, la castaña se llevó una sorpresa.
Acababa de llegar a la cafetería y estaba buscando la mesa de sus amigos cuando una bala rubia la interceptó, con una sonrisilla burlona que nadie más vio.
-Ah, no, Granger. Hoy no – dijo, y la agarró de un codo para arrastrarla con él – Hoy te sientas con mis amigos. Quieren conocerte – añadió, con un tono algo más agudo, como si estuviese conteniendo todas sus ganas de gritar.
-¿Cómo?
Pero Hermione no tuvo tiempo de asimilarlo, porque ya estaban delante de la mesa de los pijos y tuvo que forzar una sonrisa al tiempo que le lanzaba a Draco su mirada asesina 1873. Hermione se sentó a su lado. Sabía que era absurdo, pero tenía la sensación de estar rodeada de lobos, de que se iban a lanzar a por ella y de que la única salida que podría salvarla era el rubio.
-¿De manera que ahora estáis juntos? – preguntó Zabini Blaise, despreocupado.
-Sí – sonrió Draco, pasándole un brazo por los hombros a la chica y estrechándola contra sí.
-Hacéis buena pareja – comentó Gregory Goyle, un chico con aspecto de monolito… por tamaño e inexpresividad.
"¡No digas eso ni en broma!" amenazó Hermione interiormente a Goyle.
-Gracias – fue lo que salió de su boca.
-Supongo que fue lo del Circolo lo que os abrió los ojos¿verdad? – continuó Zabini.
-Supones bien.
-Normal – el chico se encogió de hombros – Aunque a todo el mundo se le hace raro veros juntos después de… todo.
-A nosotros también se nos hace un poco extraño – aceptó Hermione, suavemente.
Estaba sorprendida de que todo marchase tan bien. No se mostraban agresivos ni se metían con ella y la chica supuso que el ser la nueva "novia" de Draco Malfoy hacía que subiese automáticamente escalones en la jerarquía del instituto. Se encogió de hombros mentalmente, sin ganas de pensar más en ello. Notaba el brazo de Draco rodeándola y por primera vez, su primer impulso no fue apartarse de allí corriendo para que no le pegase la triquinosis. Se estaba acostumbrando demasiado a ello.
Suspiró por dentro y decidió mostrarse algo más relajada, pues había estado demasiado a la defensiva todo el rato. Sonrió.
-Oye, mis padres se han largado hoy de segunda luna de miel… - empezó Zabini.
-¿…y por fin se han decidido a dejarte en la perrera? – terminó Draco, terminándose su vaso de zumo.
-Ja-ja, qué gracioso – Zabini frunció el entrecejo – No. Mañana, sábado, fiesta en mi casa, por la noche. Llegad con el crepúsculo… - añadió, con tono macabro.
-¿Me estás vacilando?
-¿A qué viene lo del crepúsculo? – intervino Hermione, tranquilizadora.
-La pequeña es una joven inteligente – declaró Zabini y ella no pudo evitar sonrojarse ligeramente ante el comentario. Nunca había recibido un halago por parte de aquel grupo – Gracias por fijarte, amor. La fiesta es de disfraces. Venid bien guapos. – añadió, con tono de madre orgullosa.
-¿De qué vas a ir tú?
-Sorpresa, sorpresa, querido Malfoy…
Draco sacudió la cabeza, divertido a su pesar, y miró a Hermione, que lucía pensativa. ¿Dónde se había perdido? Apretó un poco los dedos en su hombros, llamándole la atención, y ella reaccionó, saliendo de su ensimismamiento y mirándole.
-¿Eh?
-¿Dónde estabas?
-Pensando – "…aunque a ti ese término te resulte desconocido."
-¿En qué pensabas? – preguntó, con un susurro, mientras los demás hablaban de otras cosas, y le sonrió burlón.
-No voy a decírtelo – sonrió ella, al mis mismo tiempo, con expresión maliciosa.
La chica se deshizo de su abrazo, cogió su bandeja ya limpia de comida y se levantó.
-Bueno, gracias por el almuerzo, pero tengo que irme ya – sonrió, amablemente. Después de todo, no había sido tan malo como ella había esperado.
-Supongo que sobre decirlo ahora que… - Zabini la miró a ella y a Draco alternativamente – pero estás invitada a la fiesta. Ya sabes, vente disfrazada.
-Gracias – respondió ella, y dejó salir una sonrisa sincera que sorprendió al joven Malfoy.
Hermione hizo un gesto con la cabeza, a modo de despedida, y se alejó hacia el interior de la cafetería, para dejar su bandeja y luego marcharse a su próxima clase.
Desde una mesa algo alejada de la puerta, Ron, Ginny y Luna la observaron, confusos, y luego volvieron a lo suyo. Ron soltó uno de sus característicos bufidos exasperados, pero su hermana y su novia solo sonrieron a medias y terminaron de comerse los postres.
-Cálmate, brother – dijo Ginny – Tenía que pasar tarde o temprano¿no? Es normal que a ella también le toque irse con los pijos algún día. No va a venir siempre Malfoy con nosotros… para empezar, no pega nada.
-Ni siquiera nos ha saludado.
-Seguramente acabará de enterarse de la fiesta – observó Luna y los pelirrojos la miraron.
-¿La habrán invitado?
-Es obvio¿no? Es la nueva conquista de Draco. Pero bueno, en realidad tampoco es que vaya a haber mucha diferencia de que la inviten a no, porque a fin de cuentas va a ir quien le dé la gana y nadie le echará de la fiesta. Ya sabéis cómo es.
Ginny y Ron se miraron y la rubia suspiró, impaciente.
-Vamos a ir – terminó por afirmar.
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La hora de clase tras la comida pasó rápido y a la salida, la gente se marchó con rapidez. A esas alturas, ya todo el mundo sabía de la fiesta de Zabini y se preparaba para ella. El chico era consciente de que aunque solo hubiese invitado a determinadas personas, allí iba a colarse todo el instituto… y no parecía importarle mucho siempre y cuando se dejase claro a quién había invitado él para que no le relacionasen con gente "indeseable".
Hermione se unió a sus amigos para regresar con ellos caminando. Draco seguramente querría llevarla en coche hasta casa, pero prefería dar un paseo con los pelirrojos y Luna, así que se les unió corriendo cuando les vio a las puertas del instituto.
-¡Hola!
Ellos le devolvieron el saludo y la sonrisa.
-¿Vamos? – los cuatro echaron a andar - ¿Iréis a la fiesta de Zabini, no? – no dudaba de que ya se habrían enterado.
-Por supuesto. ¿De qué piensas disfrazarte?
-Ni me preguntes porque no tengo ni idea. ¿Vosotras?
-Estaba pensando en convertirme en una pelirroja versión de la Reina de los Condenados. – comentó Ginny, para horror de su hermano.
-Exhibicionista – bufó Hermione, divertida.
-Alicia en el País de las Maravillas – añadió Luna, a modo de respuesta.
-Y Ron irá de Sombrerero Loco – replicó Hermione y las tres chicas estallaron en risas. Cómo lo había echado de menos durante aquellos días de locos…
-Pues… Creo que hay algo que podría venirte bien – dijo Ginny de pronto, mirando de arriba abajo a la castaña, como tomándole la talla.
-Me pongo a temblar solo de mirarte cuando tienes esa expresión, pelirroja.
-¿Hasta que punto sueles tener tú frío durante estas noches? – preguntó, ella, fingiendo desinterés.
Y Hermione cumplió lo prometido: se puso a temblar.
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-¡No va en serio¿Pretendes de verdad que me ponga esto? – chilló Hermione, escandalizada.
-No grites, por Dios, que me dejas tuerta de una oreja – replicó Ginny.
Hablaban por teléfono. La castaña había ido a casa de Ginny de la que volvían del instituto y la pelirroja le había dado una bolsa bien cerrada diciéndole que se probase el disfraz de dentro, porque estaba segura de que era su talla. Sin embargo, al hacerlo, Hermione se había dado cuenta de que tampoco era que importase mucho la talla… porque apenas había tela en el traje. La pelirroja le había prestado un disfraz de Conejita PlayBoy.
Y al probárselo, lo primero que había hecho había sido llamar a su amiga para cantarle las cuarenta.
-¡Pero cómo pretendes que salga así a la calle!
-¿Qué tiene de malo? – repuso Ginny, sin ofenderse.
-Ginny, uno, si mis padres me ven así, me repudiarán para siempre y me quedaré sin herencia; y dos, si me viese la policía, considerarían esto prostitución.
-Hala, qué exagerada… Vamos a ver, a esas fiestas una no va disfrazada como si tuviera cinco años y estuviese en Halloween si sale con uno de los cabecillas.
Hermione tuvo que morderse la lengua para no chillarle con todas sus fuerzas "¡¡NO ESTAMOS SALIENDO!!"
-No voy a salir vestida de guarra.
Ginny, al otro lado de la línea, ni se inmutó por el comentario. El traje no era suyo, sino de su prima, así que no le importaba lo que dijese Hermione. Se encogió de hombros y, resignada, dijo:
-Bien, vete disfrazada de Caperucita Roja. A ver qué sale de ahí…
Y, sin más, colgó, decidida a no quedarse sorda aquella tarde.
Hermione parpadeó, tratando de calmarse, y colgó el teléfono también. Se miró al espejo de su habitación, tratando de autoconvencerse de que, si lo presentaba con buenos argumentos, su madre y su padre no intentarían encerrarla en un internado militar suizo para niñas descarriadas. Nada, que no había manera, probablemente la meterían a un convento. Ya le costaba bastante convencerse a sí misma como para encima tratar de convencerlos a ellos.
Se desvistió, dejando el traje de nuevo la bolsa y ésta bien escondida en el armario, se puso su pijama y se sentó a su escritorio. De momento, terminaría sus tareas, y ya pensaría en el escaso disfraz más tarde.
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El sábado pasó demasiado deprisa para Hermione. Sus padres parecían más calmados y hacía ya dos días que no discutían, lo que parecía todo un récord últimamente. La castaña se pasó toda la mañana estudiando y poco antes del almuerzo dejó los libros a favor de la ropa. Trató de ponerse todos sus disfraces de años pasados, de Haloweens y festivales u obras de teatro del colegio, pero ninguno le valía ya. Y no era nada extraño, porque durante el último verano había crecido al menos seis centímetros.
Decidió que necesitaba despejarse un poco, así que comió con sus padres, que le hablaron de las reformas que estaban haciendo en su clínica dental, y después, y en vaqueros, cogió su bolso y salió de casa, camino al centro comercial.
Había decidido ir sola porque no quería tener que aguantar los comentarios impacientes de Ron, la insistencia de Ginny para que se vistiese con aquel diminuto traje ni tenía los ánimos como para que Luna hiciese sus clásicos relatos sobre vampiros y trasgos. No se sentía con fuerzas para enfrentarse a ninguna de las tres cosas.
El centro comercial estaba bastante lleno. La mayoría eran chicas de su instituto que habían salido en busca de complementos, maquillajes o cosas para retocar sus disfraces a última hora. También había algunas parejas mayores, que aprovechando la invasión en las tiendas y el abandono de los cines, habían decidido ir a ver una película.
Hermione se encontró con muchos conocidos, desde Cho Chang, una chica de rasgos orientales, bastante insoportable que estudiaba un curso por encima de ella y que, por primera vez en cinco años, la saludó al cruzarse, hasta Parvati y Lavender, que rebuscaban sombras de ojos y brillos de labios en la droguería. Hermione nunca había sido de usar maquillaje y por eso no entendía mucho, así que decidió aprovechar el encuentro.
-Hola – saludó, sonriente, al verlas.
-Hola, Herms – contestaron, a la vez, y soltaron una risilla al darse cuenta.
-¿Preparándoos para esta noche?
-Pues claro – dijo Parvati, emocionada – Supongo que tú irás con Draco¿no? – añadió con algo parecido a una mueca maliciosa.
-Sí, pero… veréis, tengo un pequeño problema – admitió la castaña.
-¿Qué te pasa? – preguntó Lavender, dejando a un lado el gloss que había estado oliendo y mirándola preocupada.
-No sé… qué coger – confesó Hermione, señalando a las sombras de ojos y maquillajes a su alrededor.
Parvati y Lavender se miraron y luego la miraron a ella, condescendientes. Eran las reinas en ese tipo de cosas, y Hermione lo sabía, al igual que también sabía que no encontraría mejor ayuda que ellas.
-¿Quieres que te ayudemos?
-Por favor…
-Bien – Parvati se puso manos a la obra – Lo primero¿qué buscas?
-Creo que ojos y labios será suficiente – intervino Lavender – Ella no necesita bases ni nada, tiene una piel estupenda.
Hermione le sonrió, agradeciendo el piropo. Tenía que admitir que aquellas dos chicas, cuando querían, podían ser muy amables y Lavender parecía entusiasmada con ayudarla.
-Claro, tienes razón – concedió Parvati – Mmmmm… ¿de qué color es el traje?
-¿Eh? Oh, pues… ¿es realmente importante?
-Bueno, sí si no quieres parecer un cuadro de Picasso.
Hermione dudaba sinceramente que supiesen quién era Picasso.
-Pues, es que todavía no lo he decidido.
-¿No tienes traje? – Lavender pareció escandalizada - ¿Cuál es el problema?
Hermione suspiró y se dijo que no pasaría nada por contarles el gran trajín del disfraz porno que le habían dejado. Cuando terminó de explicarlo, las dos chicas se miraron y soltaron una sonora carcajada que llamó la atención de las dependientas. Ellas se silenciaron sonriendo y la miraron, comprensivas.
-Vamos a ver, Herms, ese disfraz no tiene nada de malo. Póntelo. Causarás sensación – dijo Parvati.
-Sí, no pasa nada. ¿Nunca has ido a una de estas fiestas?
-Realmente, no. Nunca me invitaban y yo pasaba de colarme, así que…
-Increíble - Parvati sacudió la cabeza, como si acabase de oír una blasfemia horrible.
-Pues es buen momento para empezar. – resolvió Lavender.
Hermione no tuvo mucho tiempo para reflexionar sobre aquello, porque en función de la descripción que les había dado, las dos chicas pronto le encontraron un brillo de labios y una sombra de ojos que combinarían perfectamente con el traje. La castaña terminó rápido gracias a su ayuda y Parvati y Lavender se despidieron de ella con unas sonrisillas traviesas y sin dejar de recomendarle que se pusiese el traje.
Volvió caminando a casa y, al llegar, se encontró con que sus padres estaban cenando en el salón, viendo una película, lo que no le daba muchas oportunidades de salir de casa con el disfraz puesto. Se hizo un sándwich tostado de queso y se comió lo que quedaba del helado en la nevera (puede que tuviese buen tipo, pero desde luego no era porque estuviese a dieta). Después, subió a su cuarto y sacó las cosas que había comprado.
Y comenzó a maquinar un plan para salir de casa aquella noche… y poder llevarse el disfraz con ella.
¿Reviewcillo:D
