Holaaaaaa!! Bueno, aquí llego, quizás con algo de retraso, pero con un capítulo que a mí, particularmente, me ha encantado escribir espero que os guste.
Y, thanks to everybody!! Los reviews suben como la espuma y cada vez que veo que hay más me pongo más contenta muchas gracias a todos y bienvenidos a los nuevos (Hugo, aquí tienes tu chap xD)
Muchos besukos y disfrutad de la fiesta!!! ;)


5

Cuando dieron las ocho, su madre llamó a la puerta de la habitación.

-Pasa.

La señora Granger entró y se encontró a su hija vestida con el traje de caperucita de hacía un par de años, que aunque le quedase corto no era muy escandaloso. Llevaba el pelo atado en dos coletas y la cara limpia de maquillajes, como siempre. La miró, orgullosa de que fuese tan guapa sin tener que recurrir a las "frescuras" de otras chicas de su edad.

-Ha venido a buscarte un chico. – informó.

-Oh – Hermione no supo qué decir. No había hecho partícipe a su familia de su "relación" con Draco – Bueno, él es…

-Draco malfoy, lo sé. Está en la puerta. No ha querido entrar, creo que le da miedo. Deberías bajar ya.

-Vale, gracias, ahora voy.

Su madre salió y cerró la puerta. Hermione comprobó que se hubiera alejado de la habitación lo suficiente y luego abrió la ventana. Cogió la pequeña mochila que había llenado y la tiró por la ventana, haciéndola caer justo a la esquina de la casa. Perfecto.

Abandonó su cuarto y bajó hasta la entrada. Se despidió de sus padres y salió fuera, donde Draco, apoyado en la barandilla del porche, la esperaba. Hermione no pudo evitar mirarle de arriba abajo con admiración, porque, aunque le fastidiase aceptarlo, estaba tremendamente atractivo. Iba vestido como todo el ricachón que era, con la clásica bata de seda atada, el pantalón de pijama asomando por debajo, en zapatillas de ante y con un pañuelo en el cuello, a juego con la bata. Llevaba una pipa en la boca, aunque la sujetó con la mano al tiempo que la miraba de arriba abajo, incrédulo.

-¿En serio piensas ir así?

Automáticamente, Hermione regresó a su clásico pensamiento de "Este tío es idiota."

-Depende de cómo te portes – replicó, misteriosa. - ¿Nos vamos ya?

El rubio sacudió la cabeza, como si ya no pudiese más con aquello, y fue hacia su coche. Hermione echó una carrerita hasta un lateral de la casa, recogió lo que había tirado por la ventana y le siguió, entrando al descapotable. Draco arrancó y pronto estuvieron camino a la casa de Zabini, una de las más grandes, como la del rubio, en las afueras.

En cuanto el coche dobló la esquina, Hermione empezó con lo suyo. Se quitó el cinturón y abrió la mochila. Sacó unos zapatos negros, de tacón, brillantes y elegantes y se los puso, en vez de las francesitas, que fueron de cabeza a la bolsa. Luego, sacó el maquillaje, un cepillo para el pelo y un bulto más. Draco lo contemplaba todo por el rabillo del ojo, sin alcanzar a entenderlo.

-¿Se puede saber qué haces, Granger?

-Prepararme para la fiesta¿no lo ves? No, obviamente estoy haciendo figuritas de plastilina… - ironizó ella.

Comenzó a maquillarse, echándose gloss rosa brillante en los labios, se pintó la raya del ojo con una maestría impresionante teniendo en cuenta el movimiento del coche y se echó un poco de sombra rosada también en los párpados. Se soltó el pelo, se peinó la raya a un lado y se lo cepilló, dejándolo impecable, y descubrió lo que era el otro bulto: una diadema negra con dos orejas de conejo, de fino y suave pelo rosa.

Cuando terminó todo el despliegue, guardó las cosas en la mochila, la dejó debajo de su asiento y se acomodó en su asiento hasta que llegaron a casa de Zabini. Al salir del coche, se quitó la túnica negra que había llevado puesta y la tiró debajo del asiento también. Rodeó el coche y se situó junto a Draco.

-¿Estamos?

El rubio no contestó, estaba demasiado ocupado mirándola.

Jamás se había imaginado que Granger pudiese llegar a ser tan atrevida. No, aquella no era la chica con la que mantenía una alianza, debían de haberla suplantado los extraterrestres. Hermione llevaba unas medias negras, no muy tupidas, y, encima, un body rosa (como una malla, para los que no sepáis lo que es) de palabra de honor. El pelo le caía por la espalda y los hombros en cascada, tan solo librándose la cara gracias a la diadema de orejas de conejo de pelo rosa. El maquillaje, que jamás había llevado, le acentuaba la carnosidad de los labios y el brillo de sus ojos, que ahora parecían mucho más misteriosos y grandes.

No podía evitarlo, pero no dejaba de pensar que estaba impresionante.

-Hey, vuelve con nosotros y deja de mirarme al escote, pervertido – dijo ella, haciéndole despertar.

-¿Qué dices? El día que yo te mire al escote…

-…será el día que yo te mire a ti el trasero – terminó ella.

"Hoy." pensaron los dos, lanzándose una mirada sorprendida. Después miraron hacia otro lado. Hermione sacudió su melena y tomó aire, afianzándose sobre sus tacones.

-Vamos, nos espera tooooda una noche… - dijo, y se agarró a su brazo, tirando de él hacia la casa.

Draco se dejó arrastrar, todavía bastante anonadado, y al llegar a la puerta y llamar, les abrió el propio Zabini, sonriente, disfrazado de mosquetero, aunque ya un poco descentradas todas las ropas a causa del movimiento… y puede que la botella que tenía semi vacía en la mano.

-¡Bienvenidos, bienve…! – gritó al verles, pero se cortó al ver a Hermione.

Ella sonrió, algo incómoda por cómo la recorrían los ojos del chico, parándose en puntos poco ortodoxos. Draco le pasó un brazo por los hombros a la chica y la atrajo hacia sí. Ella se dejó, pero no pudo evitar lanzarle una mirada confusa que no obtuvo respuesta alguna.

-Déjalo ya, Blaise, o te quedarás bizco – Draco hizo una mueca.

-Perdona, pero tan acostumbrado a verte con vaqueros… - le dijo Zabini a Hermione, que sacudió la cabeza, sonriendo.

-No es nada. ¿Pasamos? – preguntó, señalando al interior – Parece que ya cogemos la marcha empezada.

Zabini se hizo a un lado y les dejó entrar. Luego, vaciló un momento y terminó por dejar la puerta abierta. Total, la gente iba a estar entrando y saliendo toda la santa noche…

Hermione y Draco, mientras tanto, observaban a su alrededor. La casa de los Blaise era enorme, y el salón era la estancia principal, desde la que se iba a todas las demás habitaciones y de la que salían las escaleras al piso de arriba. Estaba decorado con gran gusto, aunque lo que más se veía era gente bailando, corriendo de un lado para otro, botellas y comida, pero sobre todo botellas… Un gran estruendo reinaba allí, la música estaba a todo volumen y se oían gritos, risas y conversaciones. La puerta al jardín de atrás estaba abierta y las luces del exterior, encendidas. Hermione, a través de los ventanales, alcanzó a ver otro edificio fuera, pero no pudo vislumbrar más porque Draco la arrastró por unas pequeñas escaleras hasta la parte baja del salón, donde estaban las bebidas.

La soltó cuando llegaron y se cogió una botella de lo que parecía cerveza. Hermione, en cambio echó una ojeada por la mesa, como si buscase algo.

-¿Qué¿Buscando el cacaolat? – preguntó, burlón, el rubio.

-Bah, que te den – replicó ella, sin contestar,

-¿Qué buscas?

Ella no dijo nada hasta que sus ojos se posaron sobre algo en la otra punta de la mesa. Cogió una de las botellas que tenía al lado, de un brillante color verde y fue a buscar el objeto de su interés: otra botella llena de líquido negro. Draco la siguió, intrigado, dando pequeños sorbos a su botella y mirándole el trasero y las piernas descaradamente. Puede que fuese una sabelotodo empollona e insoportable, pero no podía negarse que tenía unas curvas…

Cuando logró despegar los ojos de su retaguardia se percató de que ella se había detenido y estaba mezclando de las dos botellas en un vaso de tubo con cubitos de hielo.

-¿Qué haces? – preguntó.

-Vodka negro con kiwi, delicatessen para alcohólicos – explicó ella. Dejó las botellas sobre la mesa y cogió su vaso. Lo entrechocó con el de él – Chin, chin. – añadió, y bebió.

Draco la contempló beber y levantó las cejas, esperando verla hacer una mueca de asco, pero ella solo sonrió, con suficiencia. Sin duda, si sabía mezclarlo y se lo bebía tan anchamente era porque no era la primera vez que lo hacía. Nunca había pensado en Hermione como alguien que bebiese alcohol, aunque no fuese nada especialmente fuerte. Era cierto que el vodka podía subírsele mucho, pero estaba completamente seguro que, con lo responsable que era ella, jamás se permitiría el lujo de perder el control con la bebida.

-¿Y ahora qué? – preguntó ella, que ya se había bajado medio vaso.

-Bailar, jugar al strip-póquer, irnos a las habitaciones de arriba… - enumeró él, lanzándole una mirada obscena.

-Claro – asintió ella y por un momento el chico pensó que lo decía en serio – Di que sí, soñar es gratis, cariño…

Nunca la había visto de aquella manera, tan provocativa, tan desenfadada y tan condenadamente atractiva. Estaba estupenda con aquella pose de chica dura y sexy, con aquel traje de conejita, el vaso en la mano y la actitud indiferente. Parecía realmente una de las chicas con las que estaba acostumbrado a salir. ¿Por qué, si podía ser así de interesante, se mostraba siempre como la cerebrito que también era?

Se obligó a despegar los ojos de ella y, al hacerlo, comprobó que no era el único al que le costaba: a su alrededor, multitud de chicos la miraban desde detrás de sus disfraces, máscaras y maquillajes comiéndosela con los ojos. Ernie McMillan, bailando con Hannah Abbot la observaba con interés, Roger Davies, un chico algo mayor que estaba rodeado de chicas también tenía los ojos clavados en ella y así otros muchos.

Seguramente, todos estaban seguros de saber quién era, aunque no terminasen de reconocerla.

Vio pasar a Zabini a su lado, en busca de una bebida, y le hizo un gesto para que se acercase. Hermione le vio acercase y dejó de darle la espalda a Draco para poder estar dentro de la conversación.

-La gente está en la piscina. Cedric Diggory se ha metido al jacuzzi con Cho Chang y no parecen tener plan de salir pronto. – informó su anfitrión con una sonrisa en la cara al ver a la chica de nuevo.

-¿La piscina? Pero si hace un frío que pela como para bañarse. ¿Están chiflados?

-Es climatizada, mon amour. – repuso Zabini, galante como el que más – Tendría que haber avisado de traerse el traje de baño.

Hermione se rió.

-Ni aunque me lo hubieses dicho me hubiese bañado con un pulpo como tú, Blaise – replicó.

El chico pareció un poco descolocado, pero recuperó rápidamente su pose de conquistador. Draco no pudo reprimir una sonrisa. Estaba demasiado acostumbrado a tener que cuidar de sus parejas en situaciones como aquellas, a tener que salir en su defensa. Le era tremendamente agradable comprobar que Hermione podía cubrirse las espaldas ella solita y, desde luego, era mucho más divertido y menos peligroso. Entre chicos, con que uno de los dos fuese un poco mal tomado, era más que probable que ambos terminasen a puñetazos, pero estaba convencido de que con ella, eso no pasaría, que de pasar, ella sabría dar un buen golpe y que, aunque no fuese así, él saldría a defenderla. Se sorprendió al descubrirse pensando algo así. ¿Desde cuando le importaba lo que…? El plan. Era todo parte del plan. Si no la defendía ¿qué clase de aspecto de pareja iban a dar? Todo por "la" venganza…

Además nadie se le ocurriría pegarla. Estaba demasiado arrebatadora como para inspirar aquella clase de deseos en nadie…

Eran otro tipo de deseos los que causaba a su alrededor aquella noche.

Salió de sus ensoñaciones cuando notó como Hermione se tensaba a su lado. La miró y luego siguió la dirección de sus ojos para ver qué había captado su atención: Potter y Pansy acababan de hacer aparición. Potter iba vestido de militar, sencillo pero sin perder su toque de casanova con la camisa entreabierta. Pansy iba embutida en unas mallas de lycra de leopardo, la nariz pintada de negro con unos bigotitos y una diadema parecida a la de Hermione pero con orejas de gatita. La verdad es que Draco se quedó con la boca abierta al verla tan… ceñida.

La pareja pasó por el centro del salón, saludando a gente y sonriendo como si estuviesen en un desfile y, antes de que la divisasen, Hermione se dio la vuelta y quedó de espaldas a ellos, mientras se acercaban. De manera que no la reconocieron y vieron solo a Draco.

-¿Qué¿Estás solo? – preguntó Pansy con retintín.

-Sí¿no ha querido venir nadie contigo, Malfoy? – añadió Potter, con desinterés mientras cogía una bebida y le miraba descaradamente el culo a la conejita sin reconocerla.

Draco solo gruñó.

-Tsk, tsk… Qué malos humos – siguió Pansy, cogiendo el vaso que le tendía Harry.

-Parkinson¿por qué no dejas de meter tus enormes narices donde no te importa? – preguntó retóricamente Hermione, sin girarse.

-¿Y a ti quién te ha dado vela en este entierro, bonita?

-Teniendo en cuenta que estáis hablando de la compañía de Draco, creo que puedo permitírmelo, gracias – replicó la castaña, girándose bastante harta.

No había querido mirarles, no había querido hablarles y, mucho menos, dejarles constancia de que estaba ahí, porque no quería enfrentarse a ellos en calidad de pareja versus pareja, pero no había podido más. ¿Qué se habían creído? Y, desde luego, con lo voluble que era ella…

Harry la miró de arriba abajo, incrédulo. ¡Pues sí que había mejorado desde que estaba con Malfoy! Pansy, en cambio, se limitó a una pequeña mirada de desdén.

-Vaya, qué… guapa, Hermione – dijo Harry, sonriendo en un intento de acercamiento.

Hermione tuvo la sensación de que aquella sonrisa había perdido mucho. No sabía por qué, pero, lo que antes conseguía hacerle temblar las piernas, ahora solo era el gesto arrogante de un idiota insensible.

-Granger para ti, Potter – replicó ella, fría como el hielo.

Draco se sonrió, divertido, y sintió una punzada de orgullo. A medida que su farsa avanzaba, cada vez Hermione lo hacía mejor. Pronto tendría un Oscar en la mano y lloraría subida en un escenario, dando las gracias a todo el mundo. (N/A¿resulta familiar, Bichito91? xD no pude resistirme xD)

Harry la miró como si esperase que ella añadiera "¡Era broma!" pero la chica no dijo nada más y él tuvo que limitarse a asentir ligeramente. Draco la cogió por la cintura.

-Entonces¿es cierto? – preguntó Harry - ¿Estáis juntos?

Una carcajada de Pansy les interrumpió y todos la miraron. Ella se fingió algo avergonzada, pero sabían que lo había hecho aposta.

-¿Qué pasa, cielo? – preguntó Harry, cogiéndola por la cintura también.

-Nada, es solo que me hace gracia que todo el mundo sea tan crédulo como para creerse que estos dos están juntos.

-¿Perdona? – Draco lucía molesto.

-Oh, vamos, aceptémoslo, si estás con ella es porque te revienta no estar conmigo. Estás colgado, Draco. Me sorprende que la gente no se haya dado cuenta: no hay besos, no hay caricias… Ni siquiera hay algún estúpido rumor diciendo que os hayáis acostado… y todos sabéis que, en cuanto se forma una pareja, eso es lo primero que se cuenta por el instituto… aunque no sea verdad – Pansy lo había dicho todo muy suave y lentamente, pero destilando veneno en cada palabra.

Hermione no supo qué replicar y, por otro lado, sabía que no le tocaba a ella hacerlo. Era el turno de Draco de sacar las garras y poner a aquella insoportable pedorra en su sitio. Pero el rubio permanecía estático, mirándola con una expresión de suficiencia en los ojos y una media sonrisa torcida en la boca. Hermione temió que le hubiese dado un ataque y se hubiera quedado así para siempre, pero cuando iba a darle unos golpecitos con un palo para ver si se movía, el chico la atrajo un poco más por la cintura y la besó.

Hermione se quedó de piedra, totalmente sorprendida, con la mente en blanco y sin acabar de comprender qué estaba pasando allí, hasta que de pronto la idea de que Harry y Pansy les estaban mirando pareció adueñarse de su mente y sus instintos reaccionaron de acuerdo a ello: cerró los ojos y echó las manos a la nuca de Draco. "Ten cuidado, porque en cuanto se larguen puede que apriete más de lo debido." amenazó mentalmente al rubio.

Draco, por su parte, estaba igual de sorprendido que ella, pero no por lo mismo. La había besado con intención de que todos lo viesen y así dejasen de murmurar si estaban juntos o no y, aunque había rezado porque ella supiese reaccionar, realmente no había creído que fuese a hacerlo como lo estaba haciendo: de manera tan creíble… hasta para él. Y, lo peor de todo, es que a pesar de que sabía que no iba en serio, le estaba gustando. Mucho. Puede que Granger fuese una empollona, pero, sin duda, besaba mejor que cualquiera de las chicas con las que él había estado. Sabía a melocotón… y no solo por el brillo de labios que llevaba.

De hecho, se dijo, mejor sería cortar aquello antes de que se desmadrase más, porque entre aquel beso que le estaba haciendo perder la cabeza y la "no-ropa" que llevaba ella…

Sin embargo, fue Hermione la que se separó de él y se giró hacia Potter y Parkinson, que lo habían contemplado todo con la boca semi abierta. Así, Draco tuvo tiempo para recobrar la compostura.

-Bueno¿satisfechos? – dijo la castaña, con evidente mala leche. – Y ahora podríais dejarnos en paz…

Parecía que Harry fuese a soltar alguna de sus galanterías de cuarta, pero Pansy le agarró por el brazo y lo arrastró lejos de allí, evidentemente molesta por lo que acababa de ver. Y puede que un poco asustada también, porque cuando Hermione se enfadaba…

La castaña se giró hacia Malfoy, todavía furiosa. Ahora le tocaba a él.

-¿Qué ha sido eso? – preguntó en voz baja, conteniendo evidentemente un chillido.

-Un beso, Granger. ¿Nunca te habían besado? Y te aviso que tus abuelas en Navidad no… - dijo él, logrando lucir tan arrogante como siempre, a pesar de que interiormente se estaba dando de bofetadas por haberse sentido de aquella manera hacía unos segundos.

-Vete a la mierda – lo cortó ella, de malas maneras – Ahora tendré que beber y beber hasta que se me vaya el sabor a ti de la boca.

-Hay chicas que pagarían por que la boca les supiese a mí.

-Ya, bueno, hay chicas que pierden la ropa interior durante este tipo de fiestas. No estás diciendo nada a tu favor – espetó ella, terminándose su vaso de un trago. Respiró, recuperando la calma – Voy a ir a dar una vuelta a la piscina.

Sin darle tiempo a replicar, dio media vuelta y se perdió entre la multitud, abriéndose paso a base de codazos y pisotones camino al jardín. Draco posó su vaso vacío en la mesa, con expresión de evidente furia.

-Ten cuidado no te resbales y te ahogues – siseó.

Lo que no sabía era que, si ella se alejaba y de aquel humor, no era exclusivamente por su gesto, (que también la había cabreado mucho, no os equivoquéis), sino porque, además, mientras daban aquel espectáculo, un escalofrío la había recorrido de arriba abajo. Teniendo en cuenta que apenas llevaba tela encima no habría extrañado a nadie, pero ella sabía perfectamente que no había sido por el frío… y aquello era lo peor de todo.

El pequeño trayecto de cuatro pasos que había que hacer a través del jardín, desde la puerta de la casa hasta la de la piscina, se le hizo largo y frío, por ello, llegar al calorcito del recinto climatizado fue un regalo para ella. Allí la fiesta también seguía. La gente, con disfraces y todo, estaban tirándose al agua, jugando en la piscina o metidos en el jacuzzi haciendo Dios sabía qué por debajo de las burbujas.

Hermione no pudo evitar que una sonrisa aflorase a su rostro. Nunca había visto nada así y era tremendamente gracioso. Paseó los ojos de un lado a otro, entretenida observando a la gente, escuchando sus gritos y risas… De repente, unas manos se posaron en su cintura. Se giró con brusquedad.

-Wow, cuidado nena, podrías volarle la cabeza a alguien así – dijo un apuesto y empapado chico de ojos grises y pelo castaño.

-Hola a ti también, Diggory – repuso ella. – Ya veo que ya has disfrutado de la piscina.

Cedric la soltó y ella se giró. Como otros tantos aquella noche, la miró con los ojos muy abiertos, como si no se creyese lo que veía.

-¿Granger? – ella asintió, sonriendo divertida. Ya se estaba acostumbrado a que todo el mundo la repasase con la mirada antes de seguir hablando. Diggory sonrió, encantado - No todo lo que me gustaría…

-Degenerado…

Hermione y Cedric se conocían desde hacía bastante tiempo. Habían sido vecinos de pupitre durante unas clases extras de Matemáticas en una academia. Hermione, a pesar de su edad, había logrado subir de curso gracias a su habilidad allí. Desde entonces, Cedric y ella se habían hecho amigos y, de hecho, muchas veces se pedían ayuda con algunas de las cosas de clase, aunque él fuese de un curso superior. Sin embargo, en todo aquel tiempo, al igual que el resto del mundo, Diggory solo había conocido su faceta de diario, y nunca la había visto tan… festiva como entonces.

-¿De qué se supone que vas disfrazado? – preguntó la chica.

-Mmmm, en un principio venía de Muerte, pero alguien me ha robado la guadaña – respondió él, frunciendo el entrecejo. – Tú…

-No hagas comentarios.

Cedric se rió.

-¿Un bañito?

-Sueña.

-Andaaa…

-Eres como un niño pequeño – ella sacudió la cabeza, divertida, pero su buen humor se esfumó en cuanto alguien se puso a su lado, tomándola de la cintura.

-Diggory – dijo la fría voz de unos ojos grises.

-Malfoy – respondió él, en el mismo tono.

-Por favor, no seáis TAN cálidos, que me derrito – dijo Hermione, irónica.

Al ver las caras de ambos, a la chica se le ocurrió una idea maligna, perfecta para desahogarse por el resto de la noche. Se deshizo del abrazo de Draco y se alejó un par de pasos, quedando con la cadera echada a un lado, en actitud desafiante,

-¿De qué hablabais? – preguntó el rubio, con un fingido tono molesto que casi logró engañar a Hermione.

-Nada, tonterías, alguna broma, de lo buena que está Granger, de si quería darse un bañito conmigo… - dijo Cedric, mirando a Hermione, y ambos se sonrieron. Era una coña, estaba muy claro.

-¿Sabías que está saliendo conmigo? – dejó caer Draco, así como si nada. Vale, quizás no estuviese tan claro…

-Perdona, cielo, TÚ estás saliendo conmigo – intervino Hermione.

Draco se acercó a ella, en actitud desafiante. Cualquier persona desde fuera habría pensado que se trataba de un pique entre enamorados, pero ellos sabían perfectamente que era una forma de putear al otro, a ver cómo salía de aquella conversación sin delatarse. Sabían que aquello no beneficiaba a ninguno, pero es que era demasiado tentador…

-¿Cómo has dicho? – susurró Draco en su oído.

-He dicho… - murmuró ella también, poniendo una mano en su brazo - ¡¡AGUA!! – gritó.

Y tirando de allí, lo lanzó a la piscina… con la suerte de que él, al vérselas venir, se había aferrado a su mano y se la llevó consigo.

Y los dos acabaron en el agua.


Chapuzón!!! y reviews!! (ahem, ahem, indirecta directa!! xD)