Hola holita, vecinitos!! Buenooo... 83 reviews!! Os quiero a todos!! XD os mandaré un Draco por correo, envuelto para Navidad xD y a los chicos una Hermy vestida de conejita ;) jaja, qué mal estoy. Bueno, aquí tenéis la segunda parte de la fiesta que espero que sea de vuestro agrado... porque así me dejaréis más reviews :D xD qué cara tengo... En fin, que muchas gracias por todos los mensajes, que ya sabéis que animan un montón, y que sigáis leyendo si os interesa saber qué tiene el agua de la piscina ;)


6

Cuando Hermione emergió del agua, lo primero que vio fue a Draco. El chico tenía todo el pelo mojado chorreando por la cabeza, pegándose a su frente y casi tapándole los ojos. Estos reflejaban algo a medio camino entre la indignación y el te-vas-a-enterar y ella no pudo menos que sonreír con suficiencia. Quizás en otra situación se hubiese enfurecido por haber acabado en el agua, pero aquella noche todo le parecía tan irreal que había dejado de importarle el estar empapada. Sin embargo, cuando sus ojos se dirigieron hacia el lugar donde antes había estado Cedric Diggory, lo que vio hizo que se le borrase la sonrisa de la cara.

Ron, Ginny y Luna la miraban como si no se creyesen lo que veían. El pelirrojo ya no sabía qué hacer primero: resoplar, gritar o intentar que no se le saliesen los ojos de las órbitas. Su novia trataba de aguantarse la risa y calmarle, aunque quedaba poco convincente dado los continuos ataques de falsa tos que le daban. Y su hermana… Bien, decir que Ginny Weasley se revolcaba de risa por el suelo era poco contar...

-¡Pero Herms! – chilló la pelirroja entre risas - ¿Se puede saber qué te ha dado?

Teniendo en cuenta el estado de Ron, Hermione no sabía si salir o no del agua porque estaba casi segura de que en cuanto viese su ropa probablemente sufriría la taquicardia que tanto se estaba retrasando ya.

Draco decidió por ella, porque la expresión de sus ojos, ahora fríos como el hielo de nuevo, se había borrado y tiraba de uno de sus brazos atrayéndola tras de sí hacia el bordillo. Cuando el chico estuvo fuera y le tendió una mano para sacarla a ella también, Hermione se limitó a hacer una mueca, a modo de disculpa, y mover un poco los brazos dentro del agua para mantenerse a flote.

-Creo que me quedo dentro, gracias, se está… más calentito – dijo, con un tono que pretendía sonar amistoso.

-No digas tonterías – la recriminó el rubio con dureza, cogiéndola del brazo y tirando.

Las medias empapadas y el trajecito rosa chorreante parecieron ser el detonante para que al fin Ron dejase de boquear como un pez fuera del agua.

-¡PERO DE QUÉ VAS VESTIDA!

-Calma, Ron. Respira… - intervino Luna, que al ver la ropa de la castaña se había quedado más sorprendida que otra cosa.

-¡PERO HAS VISTO LAS PINTAS QUE LLEVA!

-¡Bah, cállate Ron! Está monísima – le cortó Ginny, empezando a reírse de nuevo.

-Ginny, deja de descojonarte, por favor – pidió Hermione, a punto de reírse también.

-¡PERO…!

-¡Cállate, Ron! – le gritaron las tres chicas a la vez.

Y las tres empezaron a reírse con fuerza. Draco ya no sabía si reírse también o marcharse derrotado, resignándose a no comprender jamás a las mujeres. Por su parte, el pelirrojo, se cruzó de brazos y miró hacia otro lado, enfurruñado como un niño pequeño.

-¿Cuándo habéis llegado? – preguntó Hermione

-Hará una hora, más o menos, pero hay tantísima gente… Además, no sabíamos que hubiese piscina. Si no, habríamos venido antes – explicó Luna, sonriendo. Estaba muy guapa con su traje de hada verde (N/A¿habéis visto Moulin Rouge!?).

-Nosotros llevamos por aquí un ratito ya – comentó Hermione, mirando a Draco, que parecía un poco olvidado – Y hemos tenido un pequeño encuentro con Harry y Pansy – añadió, con algo de desdén.

-Oh¿a qué hospital la has mandado? – preguntó Ginny, con tono malicioso.

-No exageres. No está en ningún hospital.

-Aún recuerdo la torta que le diste hace unos años a mi vecina por insultarnos desde su jardín – observó Ginny.

-Vale, ahí se me fue un poco la mano – admitió la castaña – pero un fallo lo tiene cualquiera¿no?

-¿Le pegaste? – intervino Draco.

-Ya dije que me pasé.

-No, quiero decir¿le pegaste a otro ser humano?

Hermione le miró, molesta.

-Sí, y no creo que vuelva a hacerlo. Pero dado que a ti no se te puede calificar de humano, no te lo tomes a la ligera.

Draco levantó las manos en señal de disculpa, rodando los ojos con expresión de fastidio, y miró a otro lado. Mientras tanto, la gente había dejado un poco de lado la fiesta para mirar la escena que Ron estaba dando al intentar tapar con su capa de vampiro a la empapada Hermione, que seguía riéndose con Ginny de nadie sabía qué. El rubio se giró hacia Hermione y harto de los forcejeos que ésta tenía con el pelirrojo, se quitó su bata, quedándose en pantalón de pijama y una camiseta negra que no pegaba nada con el traje, y se la puso a la chica, que la recibió sorprendida y le miró con algo cercano al agradecimiento.

Ron volvió a ponerse la capa.

-Eres imposible – dijo.

-Gracias – repuso Hermione, sonriendo, dándose por aludida.

-Bueno, y ahora que mi hermano ha dejado de hacer el payaso¿vamos a tomar algo? – preguntó Ginny, frotándose las manos.

-¡Yo no hago el payaso!

-Si tomo algo más, probablemente acabe perdiendo la poca ropa que llevo. – replicó Hermione, sujetándose la bata alrededor del cuerpo.

"Quizás no sea tan mala idea… ¿Cuál es tu bebida favorita, Granger?" se sorprendió pensando Draco, recordando lo que se escondía bajo la parte de su disfraz que llevaba ella.

-Vamos, empollona, una copa más no te hará daño – dijo la pequeña Weasley.

Hermione pareció dudar, pero terminó por asentir, pensando en cogerse algo que tuviera poco o nada de alcohol para terminar la noche, porque, a lo tonto, a lo tonto, estaban a punto de dar las doce. Se dejó arrastrar por Luna y Ginny de vuelta a la casa, olvidándose de Draco y Ron que iban detrás mirándose con muecas asesinas, y se juntaron los cinco junto a la mesa de bebidas de nuevo. Mientras se servían (Hermione terminó por combinarse un Bacardi limón con limón) charlaron acerca de los disfraces, de lo chulos que eran algunos, del frío que debían de dar otros… de aquel tipo disfrazado de fresa que estaba flotando en la piscina, rodeado de chicas que intentaban darle mordiscos…

Draco y Ron se tomaron un par de copas y el pelirrojo terminó por lograr arrastrar a Luna a la pista de baile casi una hora después. El rubio, en cambio, no tuvo tanta suerte, ya que Ginny y Hermione parecían decididas a seguir toda la noche de cachondeo. Media hora más tarde, estaba a punto de resignarse cuando vio aproximarse una capa negra con careta blanca (rollo Scream) que se situó junto a la pelirroja y la abrazó por detrás, poniendo un cuchillo de plástico en su cuello. Ella pegó un bote, sobresaltada.

-Pero ¿qué…?

-Ring, ring – dijo el desconocido – Estás muerta.

-¿Quién es el tarado? – preguntó Hermione.

El sujeto se quitó la careta y pudieron comprobar que se trataba de Neville, que estaba sonriente y muy divertido, como si aquello hubiese sido lo más ingenioso de toda su vida. Ginny le miró con reproche, pegándole un pequeño manotazo en el brazo, pero luego terminó por sonreír también.

-Quería saber si te apetecería bailar la siguiente conmigo. – dijo Neville.

La pelirroja no estaba muy segura sobre si dejar a Hermione sola con Draco de nuevo, pero su amiga le hizo un gesto con la cabeza para que no se cortase por ella y Ginny terminó marchándose a la pista con Longbottom.

Draco miró a Hermione que le hizo una mueca y bebió un trago de su vaso. Estaba muy rara con la diadema de orejitas sobre el pelo empapado, su bata atada a la cintura, cubriéndola exageradamente de lo grande que le iba y las piernas dentro de las medias negras y los zapatos de tacón asomando por abajo. Parecía una… mejor que no lo comentase o todo su plan se iría al traste.

-¿También quieres que salgamos a bailar? – preguntó él, con sorna.

-No, gracias, le tengo demasiado aprecio a mis pies. Llevan conmigo desde que era una niña.

-Exagerada… Bailo mejor que tú – replicó Draco, ofendido.

-Más quisieras.

-¿Probamos?

-No.

-¿Miedo?

-Más quisieras.

-¿Probamos? – repitió él.

-Que no.

De repente, y sin que Draco supiese por qué, Hermione parecía nerviosa, como si no le gustase hablar de bailes. En realidad, se dijo, nunca la había visto bailar. Había habido bailes de promoción, fiestas y muchas otras celebraciones, pero jamás la había visto en la pista. Frunció el entrecejo, extrañado, pero se abstuvo de comentar nada, por ahorrarse problemas, más que otra cosa.

Hermione se terminó la copa y miró el reloj. Soltó una exclamación, con un pequeño respingo.

-¡Las dos! No creí que fuera a aguantar tanto… - musitó ella – Ahora entiendo por qué me duelen tantísimo los pies.

Draco le lanzó una mirada socarrona y ella arrugó la nariz, molesta.

-Prueba a ponerte tacones, imbécil. – espetó Hermione – No usaba unos desde el festival de clase de hace dos años.

-Qué repunante eres (NdA: repunante, no repugnante. Repunante quisquillosa, insoportable, quejica). – fue todo lo que replicó él.

Se terminó su copa y se desapoyó de la pared, dispuesto a irse, pero Hermione parecía haber pensado en otra cosa, porque simplemente eliminó su mueca de desagrado y dijo.

-Bueno, ya te devuelvo la bata el lunes. Adiós.

Y se dio la vuelta, dispuesta a irse. Echó a andar hacia la puerta. "Por favor, que no me pida que se la devuelva. No me atrevo a volver sola y con estas pintas por la calle. ¡Son las dos!

-¿Adónde vas? – dijo la voz de Draco, justo tras ella cuando ya casi tenía un pie fuera de la casa.

"Mierda. Bueno, pues por lo menos que me deje recoger la túnica negra de su coche." se dijo.

-Está claro, de compras – ironizó ella.

-Deja los sarcasmos, que siempre estás igual. ¿No quieres que te lleve en coche?

Ella le miró, sin contener su sorpresa. Lo cierto era que lo que menos se había esperado era una muestra de amabilidad como aquella y menos de su parte. Aun así, asintió, y Draco salió con ella de la casa.

-¿Va en serio? – acertó a preguntar ella, cuando ya estaban cerca del coche.

-¿Qué clase de novio van a pensar que soy si te dejo irte y con esas pintas? Probablemente te violarían en el camino de vuelta. Y luego tu padre me perseguiría para matarme porque también se piensa que estamos juntos. Y, además no quiero quedarme a solas viendo cómo tu cachitas descerebrado y mi ex-novia-pendón se besuquean como babosas por las esquinas – explicó él, de sopetón.

Hermione solo asintió.

Subieron al coche y Draco arrancó. Estuvieron un buen rato en silencio porque no tenían nada que decirse. Hermione no pudo evitar pensar en cómo habían cambiado las cosas: hace dos semanas, no hubiese creído a nadie si le hubiesen dicho que iba a encontrarse en esta situación, con esas pintas en el coche de su peor enemigo porque supuestamente estaban saliendo para putear a Harry que le había puesto los cuernos.

No, le habría sonado surrealista a más no poder.

Sacudió la cabeza, intentando despejarse, y sacó el bolso de debajo de su asiento con la mala suerte de que justo en ese momento el coche pilló un bache y dio un tumbo que hizo que la mitad de las cosas que había dentro saliesen despedidas por todas partes.

Hermione gruñó y Draco sonrió, burlón, sin apartar la vista de la carretera. La chica comenzó a recogerlo todo del suelo, pero muchas cosas se habían caído a la parte de atrás, así que cuando el rubio redujo la velocidad al entrar en su calle, se soltó el cinturón y se arrodilló en el asiento, mirando en sentido contrario, y se agachó a cuatro patas para recuperar las cosas perdidas.

Draco no se fijó en la posturita hasta que llegaron a la casa de Hermione. Cuando frenó para que ella se bajase y la miró, se encontró de frente con su nueva en insinuante perspectiva, es decir, el lateral de su culo en pompa (NdA: xD juro que intenté encontrar otra forma de describirlo, pero fue superior a mí XD). Levantó una ceja, interesado, porque a pesar de que ella llevaba la bata puesta, en aquella postura no es que sirviese de mucho.

Carraspeó.

-Bah, cállate, Malfoy. Estoy ocupada – gruñó ella, consciente del espectáculo que estaban dando.

-Esas copas te afectaron¿eh? – se burló él.

-No tanto como te voy a afectar yo a ti como me cabrees – murmuró ella.

Draco suspiró, cansado.

-¿Qué has perdido?

-Un rímel y las llaves. Qué oportuno… - añadió, fastidiada.

-Siempre puedes llamar al timbre.

-A estas horas, si lo hiciese, es probable que mi padre me tirase un cubo de agua fría desde el piso de arriba y tuviese que terminar durmiendo en el felpudo.

-Simpática, tu familia¿eh?

Ella no contestó. Se limitó a soltar otro gruñido.

-Anda, aparta, que no tengo ganas de tenerte durmiendo en mi coche toda la noche – dijo él y se agachó hacia atrás también.

Draco hizo un par de aspavientos para alcanzar el llavero y sintió un pequeño mareo al hacer los gestos, seguramente fruto de las copas que se había bebido, pero no desistió hasta lograr cogerlo. Oyó la exclamación se triunfo de Hermione y fueron a levantarse a la vez. Sus cabezas chocaron y soltaron un quejido por el golpe, llevándose las manos a la frente, doloridos.

-Idiota – musitaron a la vez, y se miraron entre sorprendidos y divertidos.

Hermione se percató de la situación. Ella seguía arrodillada en el asiento y Draco todo retorcido en una postura bastante rara, los dos cara a cara, con algo de alcohol encima y lo suficientemente cerca como para chocarse. En aquella escena fallaba algo… ¡Claro! Los protagonistas. Porque¿qué pintaban ellos dos así? Quizás ella con Harry, o él con Pansy… pero no ellos dos. Fingían salir juntos, pero ese tipo de situaciones solo tenían quedarse delante de los demás. Y ahora estaban solos. Y no le gustaba nada cómo Draco estaba mirando a sus labios. Y recordaba el numerito que sus cuerpos pegados habían dado delante de Harry y Pansy. Y sentía que le daba un vuelco el corazón. Y estaba incómoda.

Entonces¿Por qué no se apartaba?

Haciendo un esfuerzo bastante grande, logró dejar de mirarle a los ojos y sentarse de nuevo bien en su asiento, dispuesta a bajarse. Le quitó el llavero de las manos y cerró su mochila, con toda la naturalidad de que fue capaz. Después, se giró hacia el rubio de nuevo, para despedirse, mientras su respiración recuperaba un ritmo normal.

Draco estaba mirando hacia su ventanilla, con aspecto indiferente, y Hermione se dio cuenta de que había sido un momento muy raro, pero no solo para ella. Abrió la puerta del coche y antes de salir musitó un "Hasta el lunes.". Después, fue hacia su casa y mientras entraba, oyó el coche arrancar y alejarse.

Una vez dentro, Hermione suspiró y se apoyó contra la puerta, notándose muy cansada. Mientras subía las escaleras y entraba a su cuarto se sintió extraña y molesta consigo misma.

Draco le caía mal. Tenía que tenerlo presente. Vale, sí, quizás estuviese tremendamente bueno y tuviese ese aire de conquistador tan atractivo, pero… ¡por favor¡Malfoy¿Cuántas veces había rezado por que se cayese a la piscina del gimnasio y se ahogase¿O por que se quedase encerrado en los baños y muriese de inanición¡Durante uno de sus primeros años en el instituto hasta intentó que lo último se cumpliera!

Cerró la puerta de su habitación tras ella y comenzó a desvestirse para ponerse el pijama. El pelo se le había secado, pero estaba lleno de cloro y tendría que lavárselo al día siguiente. Cuando al fin se metió en la cama, el agotamiento venció a todos sus complicados razonamientos y a los pocos minutos, se durmió.

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Draco llegó a su casa cerca de las tres. No le apetecía meterse a su cuarto y echarse a dormir, porque el "encontronazo" con Granger en su coche le había despejado demasiado, pero no le quedaban muchas opciones, porque tampoco tenía ganas de irse de fiesta.

Antes de entrar en casa, encontró la túnica negra debajo del asiento de la chica. La recogió.

Y la miró.

¿Qué demonios había sido aquello?