Jelou!!
¿Cómo están ustedes? xD veo demasiado la tele...
Bien, antes de nada, avisaros de que este chapter me ha quedado más corto y bastante raro, pero es que tenía en mente una escena (la del final, para ser más concretos) y me dio la obcecación típica de que si no la ponía reventaba, así que tuve que encontrar una manera que me ha quedado poco convincente xD de ponerla. No sé, bueno, prometo que el próximo chapter será mejor, en serio porque tengo algunas ideas en mente que... En fin, los que conocéis mi calenturienta y malpensada mente quizás os hagáis una idea. XD

Gracias también a...:

yo
SolMalfoy
SherrySun
Cris Granger
(deja de acosarme!! ¬¬ XD)
Abydo (y tú también! ¬¬ XD)
Hermigw
Bichito91
x.DarknessEnd.x
(sabes que me encanta tu nick? xD)
Dannia
irethpotter...karla
Cl4R174
LokillaPotter90
Deydra Felton
(bienvenida! )

También quiero aclarar algo que no recordé en el último capítulo: el vodka negro con kiwi sí es una bebida real y debo decir que a mí me gusta mucho, pero como tengo poca tolerancia al alcohol se me sube muy rápido y no la bebo nunca, aunque está rica, así que, niños, si tenéis la edad (o las ganas) y queréis probarla, solo os digo que ¡ñam, ñam! xD

Y, como sé que es lo que menos interesa (... xD) el chapter!


7

El domingo, toda la población adolescente de la ciudad se despertó tardísimo. La fiesta en casa de Zabini había sido un éxito rotundo y, de hecho, hubo algunas personas que se despertaron flotando en las colchonetas hinchables, todavía en la piscina de la mansión. El propio dueño de la casa amaneció en el jacuzzi, vestido y con una chica a la que no recordaba a su lado.

Sin embargo, hubo algunas personas que despertaron algo mejor: los hermanos Weasley se levantaron cerca de la hora de comer, cada uno en su cama y en su casa, y Luna, en el sofá de los pelirrojos, sorprendiendo a su madre cuando fue a hacer el desayuno.

Y, luego, los demás.

Oº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-O

Hermione se levantó al mediodía, resuelta a olvidar cualquier cosa que no le hubiese gustado sucedida la noche pasada, se duchó y desayunó, y dijo a sus padres que se iba a dar una vuelta y volvería para comer. En realidad, no tenía ni idea de a dónde ir un domingo por la mañana y después de una fiesta como la de anoche, pero no le apetecía quedarse en casa, donde ya no le quedaban libros sin leer ni deberes por hacer y donde tan solo se comería la cabeza, a pesar de que se hubiese propuesto no pensar en nada de aquello. Así que salió de casa sola y se dedicó a vagar por la ciudad.

Caminó con la chaqueta abrochada hasta arriba y las manos en los bolsillos. El viento soplaba frío e incansable, echándole el pelo hacia atrás, mientras ella avanzaba y avanzaba sin un destino concreto. Intentaba mantener la mente en blanco o tararear una de esas incómodas cancioncillas que se te meten en la cabeza y no hay manera de olvidar, pero ese día sus neuronas parecían en huelga y se negaban a dejarla pensar en algo que no fuese la escena en el coche, con Draco. Se reprendió mentalmente. ¿En qué momento había empezado a ser Draco? No, no, no. Malfoy. Era Malfoy. El inaguantable y prepotente Malfoy. Tenía que dejar de darle tantas vueltas a todo o terminaría por meterse a monja y ahorrarse problemas.

Miró a su alrededor, como despertando de repente, y comprobó que estaba en el parque de la Avenida, donde estaba montado el mercadillo. Por el día nublado y el viento, aquello no estaba muy lleno, y decidió que se distraería un rato mirando tenderetes.

Así que echó a andar por entre los puestos.

Oº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-O

No se enteró de que ya era de día ni siquiera cuando el amanecer asomó por su ventana. De hecho, no se despertó hasta varias horas más tarde, cuando el sol en su punto más alto clavó sus rayos sobre su cara, haciéndole gruñir saliendo de su sueño y abrir los ojos bizqueando un poco por el exceso repentino de luz.

Su ropa estaba tirada por toda la habitación y él se había dormido en ropa interior, porque había entrado a oscuras y no había querido encender la lámpara. Se incorporó un poco sobre los brazos y vio el desorden reinante en el cuarto… y alcanzó a divisar la prenda que no era suya. Del respaldo de su silla, colgaba una túnica negra.

De pronto, todos los recuerdos de la noche pasada se abrieron camino entre sus abotargadas neuronas, eliminando el dolor de cabeza inmediatamente. La imagen de Granger vestida con aquel traje, el beso delante de todo el mundo, la piscina, Granger con su bata, las copas que se habían bebido, la vuelta a casa… la parada delante del porche de ella.

Abrió mucho los ojos al recordarlo. Había estado a punto de besarla "voluntariamente". Se dio de puñetazos mentalmente. ¿Cómo…¡Se le había ido la pelota totalmente! Había sido el alcohol, no había otra explicación. El alcohol, la euforia, el agua, el calor, aquellas mallas tan ceñidas… Porque ella podría haberse puesto un poco más discretita.

Ese pensamiento hizo que sus ojos se abriesen todavía más. ¿Desde cuando estaba él en contra de que las chicas fuesen tan llamativas? Decididamente, algo marchaba mal allí. Sacudió la cabeza, confundido, y salió de la cama, tambaleándose un poco. No es que hubiese bebido mucho, pero le dolía un poco la cabeza y no tenía el cuerpo para muchas más fiestas.

Se duchó, se vistió con lo primero que encontró limpio en el armario (vamos, lo que encontramos todos siempre, vaqueros y camiseta) y bajó a desayunar. Su padre estaba con un papeleo bastante complicado trabajando en el estudio y su madre se había marchado dejando un aviso que le informaba de que tenía sesión con el psicoanalista. Draco suspiró.

Su madre llevaba con aquella tontería mucho tiempo y él sospechaba que con el doctor había algo más que "profesionalidad" pero prefería no pensar en ello, no fuese a ser que alguna imagen indebida acudiese a su mente y le robase la poca inocencia que le quedaba. Mientras su padre no se enterase, todo iría bien. Y de momento, las cosas funcionaban, así que estar callado era lo mejor que podía hacer. Sí, eso y seguir siendo él mismo.

Draco no era de esos niños ricos que, en realidad, tenían otra cara triste y atormentada, que se refugiaban en el dinero para usarlo como vía de escape. No. Él había asumido la vida que tenía y la disfrutaba todo lo que se le permitía. Sabía que era todo lo que iba a lograr. Él era así, arrogante y vanidoso, y le gustaba porque, a pesar de conocer todos los trapos sucios de su familia, tenía la oportunidad de sentirse superior a otras personas, al menos en cuestión de solvencia. Si la gente supiese que lo que se veía era lo que había, probablemente le hubieran tachado de conformista e indeseable, pero las personas preferían pensar que "pobrecillo, con un padre dedicado a los negocios y una madre demasiado superficial como para preocuparse por su hijo" él sufría abandono.

No pudo evitar que media sonrisa aflorase a su cara a imaginarse lo que le diría Granger si se enterase. Rápidamente, la mueca desapareció. No le importaba lo que pensase la pelo-escoba. Ni lo que dijese. De hecho, ella solamente era un factor necesario en un plan premeditado. Un cálculo, como la incógnita de la ecuación.

Entonces¿qué coño había pasado en el coche? Había sido como si su cuerpo le pidiese que lo sucedido frente a la mesa de las bebidas se repitiese. Y, lo que ahora más desviaba su atención no era exactamente aquello, sino otras dos cosas: la primera, que ella se había quedado exactamente igual que él, con la misma expresión en los ojos, mirándole con fijeza; la segunda era una pregunta sin respuesta¿qué habría pasado si hubiese hecho caso de lo que su instinto le había pedido?

Terminó el desayuno sin darse cuenta de que había estado media hora para tomarse un maldito café y un trozo de bizcocho. Estaba demasiado ocupado pensando. Hubiese preferido evitar el tema y seguir como hasta aquel momento, pero no parecía que dejar de pensar fuese una opción.

El día no era muy espléndido, pero no pensaba quedarse en casa y estudiar. Eso iba contra sus principios. Así que salió de casa abrochándose la chaqueta, despistado, y al igual que otra persona hacía poco, echó a andar sin dirección determinada. Ya vería a dónde le llevaba el caminar sin saber a dónde…

Oº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-O

Hermione llevaba un rato curioseando por los puestos sin encontrar nada interesante. Había mucha ropa de estilo hippie y joyas artesanas, pero el poco dinero que llevaba no pensaba gastarlo a menos que algo le gustase mucho. Hasta que lo vio.

Aquel colgante estaba hecho para ella. Incluso parecía que la estuviese llamando a gritos. Se acercó un poco más para verlo mejor. Tenía forma de lágrima y un marco plateado sujetaba la pieza principal, una turquesa tallada con mucho cuidado y sumamente trabajada. La cadena era plateada, como a ella le gustaban, así que sacó el dinero para comprobar si tenía suficiente. Al lado de la turquesa había otro colgante similar, pero con un ópalo. Paseó la mirada de uno a otro y al final terminó de decidirse por el azul, así que pagó y se alejó de allí contenta con su compra.

Le había sobrado algo de dinero y tenía tiempo bastante para seguir dando vueltas un buen rato más, así que continuó con su paseo, que la alejó del mercadillo para llevarla a la esquina más apartada del parque, donde había un espectáculo de marionetas que tenía reunidas a su alrededor a muchas personas, sobre todo familias con niños pequeños que contemplaban a los muñecos encantados, escuchando la historia.

Se detuvo a mirar, sonriendo. Aquel ambiente tan alegre y familiar la reconfortaba. Hacía mucho tiempo que sus padres no tenían una buena racha como la que parecía haber empezado hacía poco, y ella había crecido, se había hecho una vida fuera de la casa, pasaba más tiempo fuera que dentro, estudiaba, salía, tenía amigos… Las cosas habían cambiado mucho en apenas un par de años.

De hecho, hacía poco, su mente había estado muy ocupada preocupándose por un posible divorcio. Pero ahora todo parecía haber arreciado. Todo saldría bien. Sí, todo…

-¡Eh!

Un hombro había chocado con ella, sacándola de su ensimismamiento, pero no consiguió distinguir quién era su dueño, así que decidió dar la vuelta para poder llegar a tiempo a casa y emprendió el regreso… aunque eso no le impediría echar una última ojeada, por si se había dejado algo sin ver.

Oº-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-º-O

Draco cruzó el puente del arroyo y terminó en el paseo lleno de álamos del parque de la ciudad. Miró a su alrededor, como si acabara de percatarse de dónde estaba. Y en gran parte, así era, porque había encontrado el mp3 en un bolsillo de su chaqueta y lo había enchufado nada más salir de casa, así que prácticamente había estado en el limbo mientras caminaba.

Aquella mañana había mercadillo y, a pesar de ser casi la hora de comer, aquello estaba hasta los topes. Decidió que daría una vuelta por allí y luego regresaría a casa, así que echó a andar desde el comienzo del paseo, todavía más centrado en la música que en todo el bullicio que le rodeaba. Echó un vistazo a un par de puestos, sin mucha atención y sin dejar de andar… hasta que vio algo que le llamó la atención.

En uno de los escaparates había unos colgantes que, por algún extraño motivo, le hicieron acercarse a mirarlos mejor. Y, lo que sucedió a continuación, ni siquiera él mismo pudo negárselo, aunque para entenderlo mejor, quizás haya que explicar cierta parte del pasado.

Antes, cada vez que Draco veía una joya brillante, lo primero que pensaba era, "¿Cuánto tiempo dejará Pansy de darme el coñazo si se la regalo?" y lo segundo, una imagen de la chica con la joya en cuestión. En aquel instante, en cambio, la primera cosa que se le pasó por la cabeza fue el escote de cierta castaña, adornado con aquel colgante puesto, destacando por encima del moreno.

En cuanto se dio cuenta de lo que estaba pasando, se apartó del muestrario bruscamente. ¿Estaba apijotado o qué¿A él qué le importaba que aquel colgante con forma de lágrima turquesa fuera a quedar tan bien sobre la suave y bronceada piel del pecho de la chica…¡No¡No, no¡Fuera¡Pensamiento malo!

Estaba a punto de pedirle a algún despreocupado transeúnte que le pegase de bofetadas, a ver si eso funcionaba, cuando algo le hico girarse, como si le estuviesen llamando. Por detrás de él, a otra persona que acababa de pasar a su lado le sucedía lo mismo y se daba la vuelta también.

Por un instante sus ojos se cruzaron: marrón contra castaño.

Y luego la chica siguió su camino, confusa, convencida de que no era él a quien había visto.

Y él hizo lo mismo, pero seguro de que la había visto a ella.


Y ahora review, o soltaré a los perros xDDD