Buenas! Bien, personas humanas mías xD aquí vengo con nuevo capitulillo dado que empiezo con una serie de exámenes con los que estoy segura de que voy a morir (sí, ahora soy vidente xD) he decidido postear antes de lo planeado, porque no sé cuándo podré escribir más (no me linchéis xD)
No tengo mucho tiempo porque tengo que irme, así que solo me queda agradeceros todos los reviews recibidos (son pila! os amo! xD) y dejaros leer: muchos besukos!!


8

El lunes, la gente regresó a las clases con energías renovadas después de haberse pasado el domingo en la cama, por lo que el instituto estaba lleno de animación, puede que incluso más de la habitual.

Hermione llegó allí algo más temprano de lo normal, porque se había despertado antes de tiempo, y, decididamente, no se esperaba nada como lo que se le vino cuando llegó a su taquilla. Iba con calma, porque para un día que no tenía prisa había decidido aprovecharlo tomándose las cosas tranquilamente, así que tuvo tiempo de ver qué era lo que fallaba antes de abrir la taquilla: en la puerta le habían pegado un girasol con una nota.

Ella miró a su alrededor, como si esperase que alguien se acercase corriendo y dijera "¡Uy! Perdón, me equivoqué de taquilla.", pero nadie lo hizo, así que dio por hecho que era para ella y, todavía confusa y con muchas miradas clavadas en su nuca, arrancó la flor y abrió la nota.

"Estabas muy sexy en la fiesta."

Hermione frunció el entrecejo. "Malfoy." fue todo lo que pasó por su mente, aunque lo cierto era que le había dado un vuelco el corazón al pensarlo. ¿Aquello formaba parte de su estúpido plan? Porque no tenía ni pies ni cabeza…

Cogió los libros de su taquilla y la cerró de nuevo, pero al hacerlo se encontró con que tenía visita, aunque no una muy agradable: Harry Potter la observaba, apoyado contra las taquillas de su derecha, con una de sus sonrisas de conquistador nato en la cara y una chispa de arrogancia brillando en sus ojos verdes.

-¿Te ha gustado? – preguntó, señalando el girasol.

Hermione tardó un poco en reaccionar.

-¿Tuyo? – fue todo lo que dijo.

Él asintió, seguro de haberse marcado un tanto, pero Hermione estaba bastante decepcionada. Realmente, había llegado a pensar que había sido cosa suya, pero, mirándolo de otra manera, acababa de darse cuenta de que, al creer que era del rubio, le había hecho ilusión el detalle y, ahora, únicamente pensaba en dónde podía estar la papelera más cercana para deshacerse de aquello sin ensuciar el suelo.

-¿Te gustaría que diésemos una vuelta tras las clases? – preguntó Harry, trayéndola de vuelta a la Tierra.

Ella miró por encima de su hombro, distraída. Acababa de divisar la Papelera Perdida.

-En realidad, no. Y no deberías andar pidiendo citas por ahí si estás con Pansy. ¿Sabes? Cualquier chica se lo tomaría a mal.

-En plan amigos.

Hermione le estampó el girasol en el pecho.

-Estoy ocupada, gracias – dijo, y se alejó por el pasillo.

Nada más doblar la esquina, se encontró de frente con sus amigos pelirrojos y Luna.

-¿Es que nunca os separáis? – fue lo primero que barbotó ella, sobresaltada.

-Solo para ir al baño. Es poco decente ir los tres juntos – repuso Ginny, divertida, y le pasó un brazo por los hombros – Bueno… ¿qué tal acabó la fiesta para ti?

-Maruja – masculló la castaña.

-Bien, te contaré yo lo mío primero – Ginny se encogió de hombros, exultante de felicidad – Neville y yo nos besamos.

-¿Estáis saliendo?

-¡NO! Eso lo estropearía todo. No, solo nos besamos.

-Ah, claro, perdona – se disculpó, escéptica, Hermione.

-¿Y tu rubio? – preguntó Ron, algo molesto ante la sola mención del chico.

-Buena pregunta… - murmuró Hermione, sin que la oyesen.

-Oye, a ti te pasa algo, esa carita… - comentó Luna, mirándola – Parece que te haya atacado una banda de…

-Luna, cielo, yo te quiero mucho, pero ves demasiado la tele – le dijo Ron, dándole un beso en la frente.

Ginny estaba a punto de repetir la pregunta de Luna de nuevo, pero no tuvo oportunidad porque algo le tapó los ojos a la castaña desde atrás, despistando a todo el grupo. Dos voces familiares se mezclaron para dirigirse a ella.

-Cucú.

-¿Quién es?

Hermione frunció el entrecejo, divertida.

-¿Una pistita? – pidió, a pesar de saber perfectamente quién estaba tras todo aquello.

-Mmmmm…

-Veamos…

-Somos los más atractivos de Hogwarts…

-…los más guapos…

-…los más divertidos…

-…y además sabemos que Ron se hizo pipí en la cama hasta los cuatro años. – terminaron, al unísono.

-¡Ya está bien¡No tiene gracia! – rugió el aludido, furioso.

Hermione se echó a reír, con todos los demás.

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Draco supo que aquel iba a ser un día extraño desde el momento en el que se bajó de su coche en el aparcamiento del instituto. La gente prefirió callarse al verle llegar solo, por lo que se ahorró cuchicheos y murmullos, pero cuando llegó al pasillo de las taquillas, lo que vio no supo muy cómo le hizo sentir.

El rubio se había empeñado en tener muy claro desde el principio que lo que estaba haciendo era algo meramente necesario para que la víbora de Pansy volviese con él. No se querían, pero se lo había tomado como una afrenta personal y ahora ya era una cuestión de orgullo el tenerla consigo de nuevo. Y la Granger no era más que un peón en todo aquello, una aliada como mucho. Sin embargo, cuando vio a aquellos dos pelirrojos, mayores y quizás con más influencia sobre la chica que él, se le retorció el estómago. Por un momento, un fugaz pensamiento parecido a "Quítale las manos de encima a mi chica." se le pasó por la cabeza¡pero Granger no era su chica! Allí fallaba algo…

Hermione se echó a reír ante uno de los comentarios de los gemelos y una punzada de rabia atravesó al rubio, que finalmente se decantó por la opción de acercarse como si no pasara nada para que su mera presencia enfriase la situación. Sabía perfectamente el efecto que causaba.

De manera que se acercó hasta allí, interpretando el papel asignado de novio cariñoso, y tomó a Hermione por la cintura, cosa que sobresaltó a la chica haciéndole ganarse una mirada asesina.

-Buenos días – dijo él frialdad - ¿Qué estabais haciendo?

A ninguno de los presentes le hizo falta un subtítulo para entender que la pregunta ocultaba un "¿Qué le estabais haciendo a mi chica?" e iba única y exclusivamente dirigida al sector masculino, es decir, los gemelos y Ron, que le miraron con el desagrado pintado en cada una de sus expresiones.

-Estábamos de risas – contestó Hermione por ellos, con una mirada peligrosa. Y es que, algo como aquello, no se lo habría permitido ni a un novio de verdad, mucho menos a Malfoy.

-Que te reías ya lo vi desde lejos, no te preocupes – sonrió él, falsamente para ella, pero de forma creíble para todos los demás.

-Me lo estaba pasando bien, no lo estropees – murmuró ella, molesta pero disimulada.

Tanto Ginny como Ron y Luna decidieron aprovechar ese lapso para escabullirse, no fuera a ser que allí se entablase una guerra y les pillara en medio, así que se despidieron y se alejaron todo lo rápidamente que pudieron.

-Bueno Herms – dijo Fred, uno de los gemelos, sonriéndole encantador.

-¿Vendrás esta tarde a ayudarnos? – preguntó su hermano George con una sonrisa similar.

-¿Ayudaros? – se extrañó el rubio, ahora ya sin ningún disimulo.

-Con Matemáticas. Tenemos una recuperación del año pasado y como tu novia es la reina de los números…

-Mira que sois payasos – Hermione se sonrojó levemente.

Siempre le pasaba lo mismo con aquel par: eran muy simpáticos y, a pesar de que su sentido de la responsabilidad se limitaba a ver quién se encargaba de preparar la próxima broma al profesor de Ciencias, se llevaban bastante bien. Como hermanos de Ron, frecuentaban bastante las compañías de su hermano y conocían a sus amigos. Hermione era de las chicas que conocían y que mejor les caían, porque no era una descerebrada. Fred y ella incluso se habían besado durante una Nochevieja en casa de los Weasley, pero al final la cosa no había pasado de ahí.

Así que era normal que Draco sintiese celos. Exceptuando que no debería sentirlos porque Hermione no era nada suyo, solo una mentira. ¿Por qué le costaba tanto hacerse a la idea? Aquello era un fastidio…

-No creo que pueda, chicos, porque esta tarde tiene clase conmigo – dijo el rubio.

-Vale, eso es algo que quería comentarte. Vamos a tener que posponer las clases dos horas a partir de hoy. – dijo Hermione, con toda la naturalidad del mundo.

-¿Cómo? – "Pero tú ¿quién te crees que eres?"

-Eso, que a partir de ahora, nos vemos a las ocho. – la chica se giró hacia los gemelos – Y con vosotros quedo el martes a la salida de clase¿vale? Lo miraremos todo pasado mañana y así tendréis una semana para preguntarme todo lo que no entendáis.

-¿Sabes que te pones tremendamente sexy con esa pose de profe severa? – comentó George, de broma.

-A veces no soy capaz de contener mi sex-appeal – replicó ella, divertida.

Sonó el timbre, anunciándoles el inicio de las clases, y antes de irse a su aula, los gemelos se acercaron cada uno por un lado y le dieron un beso en la mejilla para luego alejarse corriendo y gritando:

-¡Gracias, Granger!

Draco y Hermione se quedaron solos y aprovecharon que la gente estaba demasiado ocupada yendo para sus aulas para hablar.

-Espero que sea una broma. ¡Tenemos clase! – protestó Draco.

-No seas crío – espetó ella – Tengo cosas que hacer. A partir de ahora, lunes miércoles y viernes de ocho a nueve y media. Y da gracias de que no decida mandarte a la porra.

-Pero…

-¡No me amargues!

Draco decidió cambiar de tema.

-Los gemelitos y tú tenéis mucha confianza¿eh?

Hermione levantó una ceja, con superioridad.

-No me digas que estás celoso… Son amigos míos, así que no tengo que preocuparme y, desde luego, no tengo nada que explicarte. Cómprate un amigo y cuéntale tus penas, yo estoy demasiado ocupada. – dijo ella, de sopetón.

Llegaron al aula de Lengua y se sentaron. Hermione bufó al comprobar que el chico se había puesto a su lado, a pesar de que eso implicase sentarse en primera fila. Esperaron unos segundos en silencio, pero la profesora no llegaba, así que el rubio volvió a la carga con nueva munición.

-¿Y qué tienes tú que hacer que es mejor que estar conmigo?

Ella bufó, exasperada.

-Despiojar a un chimpancé sería mejor… - dijo para sí, y luego levantó la voz para que sólo él le oyese – No-te-importa.

Draco la miró, frunciendo el entrecejo, mientras McGonagall entraba al aula, y se quedó pensando en la posible ocupación que tendría Hermione tres tardes a la semana…

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Tal y como prometió Hermione, aquella tarde no llegó hasta las ocho a casa de Draco, donde trató de embutir algo en la cabeza de aquel descerebrado con escaso éxito, ya que él no dejaba de abordarla con preguntas sobre dónde había pasado las tres horas anteriores.

Hermione había llegado a casa de los Malfoy con el pelo húmedo, una mochila a la espalda y una carpeta en los brazos, pero el chico había querido que le diesen una explicación sobre su aspecto y más de una vez ella le había pillado echando miradas codiciosas y llenas de curiosidad a su mochila, apoyada contra la silla en la que estaba sentada.

Cuando la clase terminó, Hermione comenzó a recoger sus cosas y Draco pareció acordarse de algo.

-Tengo tu túnica.

Hermione pegó un respingo, con cara de no haberse enterado de la fiesta. Él resopló, exasperado.

-La túnica negra que te dejaste en mi coche la otra noche. ¿La quieres o la tiro?

-La quiero, gracias – contestó ella, con tono frío.

Draco desapareció escaleras arriba y ella terminó de guardar los apuntes en su carpeta. Después, miró a su alrededor, como buscando algo para entretenerse hasta que el chico regresase. La mansión Malfoy era de las más caras de la pequeña ciudad donde vivían, estaba llena de obras de arte y muebles que costaban millonadas de dinero, y, sin embargo, no encontraba nada que mirar para distraerse durante unos minutos porque se dio cuenta de que todo aquello estaba terriblemente vacío. Su casa era acogedora, no cara, pero sí familiar, se respiraba en el ambiente el calor. Aquella casa, en cambio, parecía más un museo que otra cosa. De hecho, daba miedo usar aquellos muebles por miedo a estropearlos.

Observó a su alrededor pensativa, intentando encontrarle el lado bueno a todo aquello, pero no lo logró.

-¿Interesada en algo? – susurró una voz en su oído.

Se giró de golpe, sobresaltada, y le arrancó la túnica de las manos a Draco. Se la colgó de un brazo y se echó la mochila al hombro.

-Creo que no, gracias. Aunque deberíais pensar en cobrar la entrada. Como exposición de arte no tendría precio – replicó.

Draco se encogió de hombros.

-Ya. Lo he propuesto, pero a mis padres no les hizo gracia.

-En fin… nos vemos mañana – se despidió, bruscamente.

Él no respondió, tan solo la acompañó hasta la puerta, la abrió y luego se marchó a la cocina en busca de algo para comer. Hermione puso los ojos en blanco. "La caballerosidad ha muerto." se confirmó a sí misma, y luego abandonó la casa.


Ya sabéis, los perros os perseguirán si no dejáis review! xD solo han desayunado un yogur, así que a cumplir! xD