Jeloues!! Ya estoy aquí!!
¿Cómo estáis, amores míos? XD ida de olla de las.. 16.20 xD en fin, no me lo tengáis en cuenta.
Bueno, ya sé que he tardado, pero aquí tenéis chapter, y espero que os guste, porque creo que he puesto dos cosas muy interesantes. Y solo digo que una de ellas es que, por fin, se descubre qué leches hace Hermione por las tardes (aunque algunos ya se lo imaginen :P)
Y sin más dilación... ¡Thanks to...!

bb
Deydra Felton
Damari
abydo
Ivy potter black
Lado-Oscuro
Lunnarys
Lizeny
SBM-AnGiE
Alex de Malfoy
Siara-Love
Romis
SherrySun

Y ahora¡al lío! Besukos!! xD


9

A partir de aquel lunes, todas las clases de Hermione con Draco fueron a las ocho de la tarde y, a pesar de que el chico no dejaba de insistirle para que le dijera lo que hacía antes de ir, ella se negaba en rotundo a darle siquiera una pista. Ni Ginny ni Ron ni Luna sabían tampoco a dónde iba tras las clases, así que el círculo de posibles informados del rubio se redujo a nada. Sin embargo, a diferencia de él, sus amigos no parecían interesados en los secretos de la chica. Y todo por la explicación que la pequeña Weasley de dio cuando él le insistió por enésima vez sobre el tema.

-Lo lleva haciendo desde que nos conocemos. Siempre empieza por estas fechas y termina alrededor de junio o así. Creo que en verano tiene otro horario.

-Pero horario ¿para qué?

-¡Y yo qué sé! Te estás empezando a volver obsesivo, Malfoy – le repuso ella, con helada calma – Quién lo iba a decir…

Sí, realmente se estaba obsesionando con aquella tontería, pero es que estaba demasiado acostumbrado a que todos le dijesen lo que quería saber que el que alguien tuviera secretos para él era toda una novedad. Y una novedad bastante desagradable para su ego, todo hay que decirlo.

Así pasó noviembre y llegó diciembre, y con él los exámenes, las notas y la cercanía de las vacaciones de Navidad. Y, para Hermione, nuevas discusiones entre sus padres que le hicieron pensar que quizás la idea de un divorcio cercano no era del todo disparatada.

Por otro lado, el plan de Draco comenzaba a dar mejores frutos, porque Harry se dedicaba a acosar a Hermione todo lo que podía, preguntándole cada dos por tres si le apetecía tomar algo con él. Quizás en otra época ella hubiera prestado más atención, pero entonces estaba demasiado ocupada intentando aprobar los exámenes como para andar pensando en aquel descerebrado.

Con Pansy, las cosas no iban tan sobre ruedas, pero funcionaban. La morena, al ver que su última adquisición (léase, Harry) le perseguía el culo a Granger, comenzó a ser más amable con su ex (es decir, Draco) y ahora le saludaba cada vez que se cruzaban por el pasillo y cuando sus miradas se cruzaban, fuera en clase o en cualquier otro sitio, siempre hacía una caída de ojos.

Malfoy estaba satisfecho por ese aspecto, pero por otra parte, a veces se sentía terriblemente frustrado, porque la castaña seguía mostrándose igual que al principio: recelosa, resignada y reticente (NdA: denominémoslo RRR xD) ante aquella farsa. Además seguía sin conocer sus ocupaciones después de las clases y parecía que aquello lo llevaba por el camino de la amargura.

Fue por eso por lo que aquel segundo miércoles de diciembre decidió seguirla para averiguarlo.

Hermione salió de las clases, pasó por su taquilla a recoger la mochila y la carpeta y luego se marchó del instituto como siempre. Con la diferencia de que esta vez había un rubio siguiendo sus pasos. Hermione cruzó un par de calles y se perdió por entre algunos callejones que le eran desconocidos incluso a él hasta detenerse en lo que parecía ser un viejo local de bar abandonado de una de las peores calles de la ciudad. La chica sacó unas llaves y abrió la puerta, tapada con cartones al igual que el resto de las ventanas de allí, y entró, cerrando tras de sí.

Al ver aquello tan extraño y tras asegurarse de que ella no podría descubrirle, Draco se apartó de al esquina tras la que se escondía y se acercó. Sí, recordaba aquel sitio. Antes había sido no un bar sino una discoteca y de bastante éxito hasta que cerró por causas desconocidas. Pero¿por qué tenía ella las llaves?

La calle estaba vacía, silenciosa, y fue aquello lo que le permitió al chico escuchar la leve música que comenzó a sonar dentro unos cinco minutos después. Por un momento, pensó que Hermione tenía una fiesta allí montada, pero luego se dio cuenta de que ella sola poca juerga iba a tener, así que decidió acercarse un poco más a curiosear.

Todos los cristales estaban tapados por cartones y periódicos, lo que frustró en sobremanera el intento del chico de ver algo de lo que sucedía allí dentro. Hasta que encontró una esquinita desgarrada en la parte baja de la ventana más grande. Tuvo que agacharse para poder ver bien y al hacerlo prefirió no pensar en lo ridículo que estaba quedando todo aquello. ¿Desde cuando le importaba a él tanto lo que hacía aquella castaña? Aun así, no desistió en sus intentos de atisbar algo. Y lo logró.

Al principio no logró comprender por qué hacía aquello Hermione. Luego, se extrañó de su atuendo y de que no se rompiera y, un poco más adelante, se encontró mirándola con interés.

La chica saltaba, se doblaba, giraba, rodaba por el suelo… todo al perfecto ritmo de la música, con movimientos coordinados y calculados, sin perder un segundo en dudas. Parecía algo instintivo, como si estuviera tan acostumbrada a hacerlo que ya pudiese bailar sin siquiera pensar en lo que hacía. Además, estaba su aspecto. Porque Draco pronto dejó de extrañarse de sus movimientos para pasar a fijarse en las pintas que llevaba.

Hermione iba vestida toda de negro, con un pantalón elástico y ceñido pesquero y una camiseta de tirantes. Calzaba unos playeros arqueados en el puente del pie y llevaba puestos unos calentadores también negros que le cubrían los tobillos y gran parte de los pies.

Draco terminó por separarse del cristal, como si acabara de darse cuenta de que estaba espiándola y aquello le humillase profundamente. Lo que en realidad no quiso aceptar era que, si en aquellos momentos se alejaba de allí, era porque no le apetecía que la chica descubriese que la estaba espiando. Sin dejar de tararear la canción que ella había bailado, Draco se alejó por la calle, rumbo a su casa.

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Puntual a su cita, Hermione llegó a la mansión Malfoy a las ocho en punto, preparada para (bueno, más bien resignada a) aguantar hora y media en compañía del rubio. Llamó al timbre y le abrió la asistenta, que la dejó pasar con un cortés gesto de la mano. Hermione seguía sin acostumbrarse a aquel tipo de cosas, le parecían tremendamente pedantes e innecesarias, pero si a la chica le pagaban en condiciones por recibir así a los invitados… no sería ella quien le evitase ganarse el sueldo.

Se instaló en la mesa del salón y poco después llegó su tormento. Bueno, en realidad no podía ser tan injusta, pensó, porque al chico parecían habérsele bajado los humos bastante desde que tenían toda aquella tontería montada. Aquel día, en cambio, la recibió con una sonrisilla que no le gustó nada.

-Hola – dijo él.

Hermione puso cara de sospecha y, sin contestar más que con un ruidito de garganta, comenzó a sacar sus apuntes de gramática inglesa. Les esperaba una tarde apasionante… (nótese el sarcasmo).

-¿Qué tal estás? – volvió a hablar Draco, en un tono que a Hermione se le antojó de burlona superioridad.

-Bien, gracias – contestó, recelosa. - ¿Empezamos?

-Claro – aceptó él, conservando aquella sonrisita que tanto la inquietaba.

Después de unos minutos de clase, la castaña comenzaba a hartarse de aquella mueca porque la ponía nerviosa y trató de fijarse mejor por si había algo diferente en aquella tarde, pero no encontró nada que lo explicase. Cansada de tanta tontería, terminó por echarse atrás en el asiento y resoplar.

-¿Qué? – preguntó, irritada.

-¿Qué de qué? – fingió sorprenderse él.

-No me vaciles, rubio teñido – comenzó a enfadarse ella. - ¿Se puede saber qué pasa que no dejas de sonreír?

-¿Es un delito?

-No, sonreír no. Tú sí que eres un atentado contra la Humanidad, pero aparte de eso…

-Entonces todo bien¿verdad?

La chica sacudió la cabeza. La estaba liando, la estaba confundiendo a propósito y si era sincera tenía que admitir que con bastante éxito. Resopló de nuevo y Draco se desperezó como un felino, sin dejar de sonreírle.

-¿Me lo vas a contar? – terminó preguntando Hermione, cansada.

-¿El qué?

-El chiste. Tiene que ser algo muy gracioso para que te dure tanto la sonrisa, así que compártelo.

-Mmmmm… Mira, empieza conmigo diciéndote "sé lo que haces antes de nuestras clases" y termina contigo contestando "sí, bailo¿quieres un meneo de caderas privado?".

Hermione, que había dado un sorbo a su vaso de agua la soltó por aspersión, salpicándole a él… y casi regando las plantas de paso.

-¿Qué? – exclamó, entre toses, intentando no ahogarse.

Draco repitió la última frase.

-Eres un cerdo asqueroso – terminó declarando Hermione.

-¿Sabes? Estabas tremendamente sexy con esa ropa, saltando por un local abandonado. Si no fuera porque eres tú, te…

-Vamos, acaba la frase – le desafió ella, con la mirada de quien está a punto de cometer un homicidio.

Él amplió más su sonrisilla de maníaco y Hermione se percató de que en algún momento, se habían puesto de pie.

-¿Entonces no hay bailecito privado?

-Sí: te daré una torta y haré que tu cabeza esté bailando de aquí a Nochevieja – replicó ella, y comenzó a acercarse con cara de ir a meter su cabeza en el váter y tirar de la cadena.

Draco retrocedía un poco más a cada paso que daba ella, divertido. En realidad creía de verdad que ella estaba muy sexy tal y como la había visto, pero estaba mucho más graciosa enfadada. Terminó por darse con la parte de atrás de las piernas contra el sofá y como ella seguía avanzando hizo lo único que se le ocurrió (apartando a un lado ideas libidinosas xD): cogió uno de los enormes cojines de su madre y detuvo lo que en principio iba a ser el ataque de una castaña cabreada.

Y, claro, ella se dio de morros contra él.

Draco supo a la primera que había metido la pata y lo primero que hizo, tratando de coger algo de ventaja, fue salir escopetado, pero pronto Hermione estaba detrás de él con otro cojín igual de grande, buscando una venganza. Parecían dos críos pequeños peleándose por la última onza de chocolate, y aquello era lo que menos cuadraba: que ni eran niños pequeños… ni había chocolate. De hecho¿desde cuándo eran ellos dos capaces de sonreír con el otro delante sin que se estuviesen riendo el uno del otro de mala manera?

Hermione le atestó un cojinazo tan fuerte al chico que la defensa de él salió volando y, al recuperarla, el que quiso una venganza fue él, así que la escena volvió a empezar, con la diferencia de que era él quien la perseguía a ella. Y la acorraló haciéndola retroceder de espaldas contra el sofá, hasta que ella se cayó de culo y se quedó allí encogida, tapándose con su cojín. Pero cuando él se lanzó al ataque, Hermione apartó su defensa y apoyó sus manos en el pecho del chico, dándole impulso y lanzándolo por encima de sí al otro lado… donde tan solo había frío suelo (N/A: yo lo he probado y es muy divertido… salvo si te lo hacen a ti, en cuyo caso el golpe es tremendo).

Por un momento, Hermione pensó muy seriamente que lo había matado. Pero pronto se dio cuenta de que respiraba, de que no se había tragado la lengua y de que si lo hubiese tocado con un palo, se habría movido (N/A: Cris, ni un comment!! xD)… así que salió corriendo, consciente de que el rubio iría a por ella y no habría piedad.

Subió las escaleras de tres en tres y se metió en la primera puerta que encontró. Mala idea. Era un baño. Un baño con ducha, una ducha de cristales opacos, gracias a Dios, porque desde ella salían los alaridos de un hombre cantando. Y Hermione tuvo una visión escalofriante: Lucius Malfoy cantando en la ducha. Escapó de allí sin que el otro se enterase y mientras buscaba otra puerta, escuchó los pasos de Draco subiendo las escaleras tras de ella. Eligió una de las puertas del fondo y entró.

Era un dormitorio, con su cama, su armario, su escritorio y muchas estanterías repletas de libros de todos los tipos. Un par de pósteres decoraban la pared contraria a la ventana, que estaba cerrada pero desde la cual se apreciaba una buena vista del jardín trasero. Hermione se quedó contemplándolo todo hasta que oyó la puerta abrirse y una lluvia de golpes de cojín cayó sobre ella.

-¡Granger! – rugió un rubio enfurecido.

-¡Presente! – replicó ella, tratando de defenderse.

-¡De manera que te escondías en mi habitación!

Hermione dejó de intentar devolverle los cojinazos.

-¿Tu habitación¿Ésta es tu habitación?

Draco se paró también.

-Creí que lo habrías deducido por ti sola, teniendo en cuenta que de matrimonio no es y yo no tengo hermanos.

-Creí que sería de invitados.

La chica dejó su cojín en el suelo, dando por finalizada la guerra, y se acercó a la ventana. Fuera ya era de noche y la luna en cuarto menguante iluminaba tenuemente en jardín trasero de los Malfoy. No se podía negar que era una vista preciosa.

-¿Te gusta? – preguntó él, situándose cerca de ella.

Demasiado cerca, pensó Hermione, y carraspeó. Desde aquella noche en el coche, la ponía muy nerviosa un exceso de proximidad, y más si estaban solos.

-Bueno, se está haciendo tarde y yo tengo que regresar a casa y…

Mientras hablaba, Hermione había dado media vuelta para alejarse, pero no contaba con que Draco fuese a estar justo detrás de ella, así que casi se lo había tragado. Y ahora sí que estaban cerca. Demasiado cerca. Mucho más demasiado que antes.

-¿Nerviosa, Granger? – susurró Malfoy, burlón, al fijarse en su sonrojo.

Él no lo aceptaría jamás, pero en aquel momento, el más nervioso en esa habitación era él. No sabía si le apetecía seguir riéndose de ella o besarla y cumplir con todas las ganas que se le habían quedado tras la fiesta de Zabini. Y tampoco sabía si las dos cosas conllevarían una sonora bofetada de hacerlas. En realidad, si era sincero consigo mismo, le apetecía mucho más besarla y, además¡él era un Malfoy¿Desde cuando le preocupaban las reacciones de los demás? Estaba acostumbrado a coger y hacer lo que quisiese. Solo tenía que preguntarse¿qué quería? Terminó por mandar a la mierda todas sus fugaces reflexiones y acabar de cubrir las distancias.

En cuanto Hermione sintió los fríos labios de Malfoy sobre los suyos supo que allí estaba pasando algo muy raro, y la primera imagen que se le pasó por la cabeza fue la de la Tierra girando en dirección contraria. Luego le pareció que no era para tanto y, finalmente, acabó por cogerle el gusto y comenzó a participar en ello de forma más… "activa". En apenas unos segundos se vio con la espalda apoyada contra la ventana, agarrando al chico por la camisa y con las manos de éste recorriendo las curvas de su cintura con las manos por debajo de la camiseta. Y se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Bruscamente, se separó de él y le miró, con las mejillas sonrojadas y la respiración agitada, en parte por el beso y en parte por vergüenza.

Draco se echó atrás al notar el empujón y también se la quedó mirando. ¿Qué acababa de hacer? Poco a poco, una sensación de horror tomó forma en su mente, pero no porque el beso hubiese estado mal (le jodía mucho reconocerlo, pero batía todos los de Pansy con creces) sino porque le había gustado. ¡Y a él no podía gustarle Granger! Porque… porque… ¡porque era Granger! Hasta a él le sonó poco convincente la cosa. Hermione, en cambio, parecía horrorizada de verdad, no como él, en cuyo rostro se dibujaba una expresión indefinida.

Sin una sola palabra, Hermione se apartó de la ventana y salió rápidamente de la habitación. Draco no se molestó en seguirla: sabía que todo estaba demasiado fresco como para hablar con relativa calma. La oyó coger sus cosas en el piso de abajo y salir de la casa, y entonces se dejó caer al suelo con la espalda contra la pared.

Enterró la cabeza en las manos.


Ay Draco, Draco.. que las cosas no se hacen así, hombre XD

Bueno, venga, review! y esta vez quiero muchos muchísimos, que creo que el chapter lo merece!!