Penúltimo capítulo:D

Tengo demasiado subido el espíritu navideño xD

Feliz navidad!!

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13

La mañana de Nochebuena, la casa Weasley amaneció con un montón de adolescentes dormidos por el salón. Se habían pasado horas allí, jugando al twister, comiendo helado de la nevera con galletas que encontraron en la despensa, habían hecho una guerra de cojines y, ninguno sabía en qué momento, se habían quedado dormidos.

En cuanto el sol invernal se coló por las rendijas y pliegues de las cortinas, los seis se despertaron, no muy descansados, pero listos para empezar un nuevo día y al poco rato, desayunaban en la cocina, ya vestidos para salir a la calle de nuevo. Cuando terminaron de comer, Luna y Hermione se despidieron deseándoles unas buenas fiestas y mucha suerte (esa noche era Nochebuena y además los pelirrojos tenían que preparar la casa para cuando sus padres regresasen… en dos horas, pero no aceptaron ayuda)

Por el camino, las dos chicas apenas hablaron. Luna bostezaba cada poco y no parecía muy despierta y Hermione estaba demasiado ocupada pensando en cómo iba a seguir evitando a Malfoy si éste era capaz de presentarse en su casa para hablar con ella. Aun así, acompañó a la rubia hasta casa y luego se fue a la suya.

Allí, su madre ya la esperaba con una sonrisa y preparada para irse con ella y la tía Betsy a dondequiera que iban a ir a llenarse de potingues y Dios sabía qué más. Se duchó rápidamente y se cambió de ropa y su madre y ella se marcharon, diciéndole a su padre que iban a comer fuera y que volverían a las cinco. El señor Granger iba a hacer la cena y la verdad era que no soportaba que le ayudasen en la cocina, así que les pidió que no se apurasen por él y que hiciesen todo lo que necesitasen sin prisas.

De manera que se pasó la mañana evadida de cualquier tipo de problemas, porque nada más llegar tuvo que aceptar ante sí misma y las dos mujeres que la acompañaban que aquel sitio no estaba nada mal. La sumergieron en un baño de burbujas y sales de colores y olores, le dieron un masaje en la espalda, la untaron en cremas y aceites, se cortó el pelo y consiguió convencer a su madre para ponerse unas mechas más claras, le hicieron la manicura y la pedicura… Claro, después de todo aquello lamentó con toda su alma el tener que marcharse para ir a comer, pero Betsy y su madre acabaron por llevársela.

A pesar de ser la víspera de Navidad y saber con certeza que el centro comercial estaría lleno de gente haciendo compras de última hora y que todos los sitios estarían hasta arriba, las dos adultas se empeñaron en ir allí a comer y, de paso, ver si necesitaban algo más para aquella noche. Hermione lo consideró innecesario. ¿Qué podían necesitar que no tuviesen ya? Bueno, quizás otro de esos masajes en la espalda…

Acabaron sentándose a comer en un restaurante italiano, y, después de que el camarero, un chico rubio que se deshizo en atenciones hacia las tres, en especial Hermione, les llevase la cuenta, la chica dejó a su madre y su tía conversando entre ellas y paseó la mirada por los alrededores, observando a la gente que, ajetreada, iba de un lado a otro con cara de apuro. Qué contraste, con lo relajadita que estaba ella…

Pero de pronto se tensó. No podía ser en serio. ¿Qué clase de broma era esa? No podía ser…

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Dado que la tarde anterior no había logrado nada salvo dar vueltas y más vueltas y terminar de agotar su depósito de gasolina y desgastar los neumáticos de su flamante coche, aquella mañana Draco decidió ir a la hora de comer a casa de la castaña, dispuesta a pillarla desprevenida, pero últimamente Hermione parecía tener una vida demasiado agitada porque fue su padre, con aspecto despistado, quien le abrió la puerta al chico.

-Buenos días – saludó el padre de Hermione.

-Buenos días, señor Granger. ¿está su hija en casa? – preguntó, haciendo gala de sus mejores modales.

-No, ha salido con su madre y su tía. ¿Y tú eres…?

-Malfoy, Draco Malfoy. (NdA: Bond, James Bond xDD) ¿Sabe cuándo volverá?

-Probablemente están aquí para la cena, así que te pilla un poco fuera de hora. Pero ahora mismo – el señor Granger miró su reloj – deben de estar comiendo en el centro comercial. Al menos, eso me dijeron.

Draco sintió cómo si un enorme globo se expandiese en su pecho y tuvo que forzarse a mantener la calma.

-Muchas gracias, siento haberle molestado.

-Nada, nada. Buena suerte. Soy el primero en saber lo tozuda que es mi hija – afirmó el hombre, guiñándole un ojo antes de cerrar la puerta y dejarle totalmente alucinado.

El rubio sacudió la cabeza, en parte divertido, se subió a su coche y se puso camino al centro comercial, deseando encontrarla allí por fin y no verse obligado a molestar a la familia por tercera vez aquella noche para asegurarse de que la encontraría en casa. Sin embargo, en cuanto se encontró en la planta de las cafeterías y restaurantes, se dio cuenta de que le quedaba bastante trabajo: buscarla en medio de aquella maraña de gente iba a ser complicado.

Comenzó a pasear sus ojos de cara en cara, pero no la vio. Avanzó un poco por entre los restaurantes, mirando las mesas y sus comensales, buscándola, hasta que se topó con unos ojos castaños que se habían abierto de par en par al verle.

Aunque estaba seguro de que era ella, lo cierto era que le costó bastante reconocerla: llevaba el pelo liso y brillante, un poco recogido en la parte de atrás, y estaba muy claro que algo se había hecho, porque ya no era solamente castaño, sino también un poco rubio. Se quedó mirándola con tanto empeño que apenas si se percató de que la chica había logrado levantar a las dos adultas que la acompañaban y que luchaba por arrastrarlas bien lejos de allí cuanto antes.

Draco avanzó decidido entre la gente y se plantó ante Hermione y las dos mujeres que la acompañaban con expresión desafiante.

-Buenos días – saludó con frialdad.

-Buenos días – respondió tía Betsy, sorprendida y sin saber quién era mientras Hermione miraba hacia otra parte con expresión molesta.

-Hola Draco – saludó la madre de la chica, conciliadora.

-Señora Granger – el chico miró a Hermione, que se mantenía en sus trece de no dirigirle ni una vaga ojeada - ¿Podemos hablar?

-Tengo cosas que hacer.

-Solo será un momento – repuso él, todavía frío.

-Otro día.

-Ahora.

-Déjame en paz.

-Hermione…

-Cielo, habla con él – intervino con voz gorjeante y aguda tía Betsy – Nosotras te esperamos en la tienda de complementos de Madame Malkin ¿vale?

-Mira qué amable es tu tía, Hermy – añadió Draco, con retintín – Ahora ya no tienes excusa.

Y sin más dilación, la agarró de un brazo y la alejó de la mesa. Hermione intentó soltarse, maldiciendo a su tía y a unos cuantos antepasados de ésta, pero el rubio la arrastró hasta una esquina junto al escaparate de una pastelería cerrada y se quedó cara a cara con ella.

-Granger… - empezó.

Hermione bufó.

-¡Vale, vale! ¿Qué demonios quieres? – preguntó de malos modos.

-Hablar. ¿Por qué me evitas?

Ella le miró incrédula.

-¡Porque se acabó! – exclamó, en un tono falso pero extrañamente convincente - ¡Tenemos lo que queríamos! Pansy está de nuevo pegada a tu culo y Harry persigue el mío otra vez. El mundo gira de nuevo en dirección correcta…

Draco jamás lo admitiría, pero algo en la expresión indiferente y obvia de la chica le dolió. Quizás fuera el hecho de saber que para ella nada había significado lo mismo que para él. O quizás que realmente se creyó que iba en serio. Pero el caso fue que no se molestó en averiguarlo. Sus ojos recuperaron la capa de escarcha habitual y la miraron como siempre antes de todo aquel juego: como si no le importase lo más mínimo su existencia.

Y fue el turno de Hermione de partirse en dos ante aquella mirada.

-Bien. Siento haberte molestado, pelo-escoba. – dijo él con una sonrisa totalmente carente de alegría – Aquí acaba la tregua.

-Un placer haber trabajado juntos – repuso ella, en el mismo tono helado, tragándose todos sus sentimientos y necesidades de pedirle que le explicara lo de Pansy y la escuchase a ella confesar todo lo que llevaba dentro.

Ni siquiera se estrecharon las manos. Sencillamente, Hermione cogió aire, dio media vuelta y se alejó. Draco, por su parte, se aguantó las ganas de llamarla y pedirle que olvidase lo que acababan de decirse.

También se marchó de allí.

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-Cielo, podrías haberte quedado con él un ratito más… - gorjeó tía Betsy, con una mirada pícara.

-Betsy, no es su novio – atajó la madre de Hermione, observando el rostro de la chica.

-Oh… perdona querida – Betsy la miró preocupada para luego chillar, mirando por encima de su hombro - ¡¡Mirad qué colores en terciopelo!! ¿De verdad que ninguna necesita unos zapatos?

La señora Granger sonrió, resignada, suspiró y apretó levemente la mano de su hija antes de ir a contener a la fiera de la moda que era su cuñada.

Hermione no abrió la boca en toda la tarde. De hecho, cuando regresaron a casa para prepararse y se encontraron con un agradable olorcillo a pavo asado con verduras y cierta tarta cargada de chocolate en fase de producción, no le dijo nada a su padre, si no que se limitó a subir a su cuarto a prepararse para la cena.

No le habían hecho falta muchas pistas después de aquella escena con Malfoy para darse cuenta de que se había colgado como una idiota del chico. Y se maldecía interiormente por haber sido tan tonta como para haber caído. Ella, que se reía de las chicas con las que solían salir esa clase de chicos, sufría ahora el castigo divino. Porque ella prefería pensar que era un castigo divino a aceptar que, sencillamente, se había enamorado de él.

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Las fiestas navideñas en casa de los Malfoy nunca habían sido de gran alegría y espíritu familiar. de hecho, aquella noche sus padres habían organizado una recepción para todas las familias amigas e importantes de la zona en un acto de interesada cortesía. Su padre se mostraba cortés con los hombres y galante con las mujeres como sólo él sabía hacer y su madre lucía sus mejores galas comprando a todo el mundo con su mejor sonrisa plastificada.

Y él, mientras tanto, se hinchaba a copas de champán de cada bandeja que le pasaba por delante, en compañía de otros amigos.

-¿Dónde has dejado a tu conejita esta noche, Malfoy? – preguntó un medio borracho Blaise Zabini que le sonreía tontamente a una de las camareras disfrazadas de mamá Noel.

-Oh, Blaise, que poca cabeza tienes… – siseó una voz insinuante, colocándose entre el aludido y el chico rubio – Ella ya es historia. las cosas vuelven a su cauce y nosotros volvemos a estar juntos.

Zabini miró a Pansy, incrédulo. Él creía que la gente de clase alta no debía mezclarse con el resto y eso todo el mundo lo sabía, pero, dejando a un lado al snob que llevaba dentro, si juzgaba como hombre tenía que se sincero y admitir que nadie en su sano juicio saldría con Pansy teniendo la oportunidad de hacerlo con Granger. Al menos, después de haberla conocido "más allá de los libros", lo que ya decía mucho a favor de la castaña: ella sabía leer.

-Pansy, llama a alguna mamá Noel y tráenos algo más de beber, anda, encanto – musitó Draco, también bastante bebido.

La chica sonrió coquetamente y desapareció en medio de la multitud, buscando más líquidos. El joven Malfoy sintió deseos de estamparse de cabeza contra el pico de la mesa.

-Zabini – dijo, con voz ronca – Por favor, o la matas a ella o me matas a mí, pero si estamos los dos vivos no voy a aguantar mucho.

El chico se rió, divertido, y le dio un par de palmadas en la espalda, a modo de consuelo. Era todo lo que iba a hacer.

-Amigo – dijo, levantando su copa – eres un imbécil – y se la bebió de un trago.

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La familia Zabini se complace en invitar a los señores Granger e hija a la fiesta de Nochevieja que tendrá lugar en la casa familiar la noche de fin de año a las diez y media. Imprescindible etiqueta.

Esperamos que acudan.

Y, un poco más abajo, escrito a bolígrafo con la irregular caligrafía de Blaise, ponía.

Hermione, casa de la piscina.