Capítulo 4: A la traición, el castigo es la muerte.

—Él ha estado todo este tiempo encerrado en las instalaciones del Equipo Eterno. Me gustaría llevarte a dónde se encuentra, pero ahora sería muy peligroso. No tengo mucho tiempo, y mucho menos un plan. Pero necesito que tu madre, tu hermano o tú vengan conmigo, mañana vendré aquí y asegúrate de que ellos estén en casa.

Dicho esto, el extraño hombre se retiró dejándole en sus manos una carta un tanto arrugada por el agitado viaje. El castaño se quedó pensativo, odiaba que las cosas salieran de su rutina solitaria, no quería salir de lo que era seguro y planeado. Pero a su vez, no podría dejar pasar esto. Y en todo caso, no sabía cómo mantener la mentira de que su madre y su hermano seguían ahí.

Tenía únicamente hasta mañana para pensar en ello.


Darkrai miró con algo de melancolía la luna, ahora presente en la forma del cuarto menguante. Esa forma... Ah, qué recuerdos le traía. Aun recordaba cuando era un solo ente, recordaba cuando podía estar perfectamente moviéndose en la luz, pero todo eso había terminado.

No quería ponerse triste, sentía que eso le haría sentir deseos negativos contra la creación de su padre Arceus. Aunque aún podía sentirlo, podía sentir su mirada desaprobatoria, tanto de él como la de los otros pokémon creadores... incluso la de Cresselia. ¡Podía ahora mismo destruir ciudades enteras, podría destrozar humanos y pokémon por igual, e incluso podría llorar y gritar para que todo el mundo supiera qué tenía dentro! ¡Podría sacar las palabras más tristes desde lo más profundo de su corazón oscuro...!

Y sin embargo, seguiría insatisfecho consigo mismo.

El sólo pensar en ese tema ya le hacía sentir frustración. Rápidamente, cambió de tema de conversación mental consigo mismo, por más banal que fuere.

Recordó súbitamente aquel asunto pendiente con el Equipo Eterno. Sin embargo, seguía sin tener del todo alguna idea clara sobre cómo derrotarlos. Aunque, quizás aquel chico de cabellos rubios y que poseía el uniforme de aquella organización que se movía entre su reino, el de las sombras, podría ayudarle a conseguir algún tipo de información.


Aoibara esperó silenciosamente entre dos edificios escasamente separados entre sí, y agradecía bastante ser de complexión un tanto delgada y bajo de estatura. De hecho, era tan bajo que casi no superaba las pruebas físicas del Equipo Eterno. Veía muy fijamente la entrada de aquella extraña residencia a la cual había entrado aquel recluta, estaba dispuesto a ver qué era lo que estaba haciendo. No sabía bien qué era, pero le sonaba a que era una gran traición.

Vio al hombre salir de la casa, y de su bolsillo, sacó una pokebóla que creció bastantes veces su tamaño original. Las órdenes de Hades y Hera eran muy claras con esto "A la traición, el castigo es la muerte".

De aquella pokebóla salió rodeado en una luz blanquecina una criatura de aspecto que parecía recordar a un gran felino o a un canino de un llamativo color naranja rojizo y un pelaje cremoso. El pokémon emitió un pequeño gruñido, como si hubiese sido perturbado de su descanso. El rubio le señaló el lugar donde se encontraba su ex-compañero.

—Arcanine, ya sabes qué hacer. Ve contra ese traidor —con una seriedad tan atípica de él, el pokémon fuego acató la orden y se acercó a su objetivo. Tetsu tenía una mirada vacía, casi como si estuviese ausente y actuara por un impulso completamente automatizado. Lo único que resonaba en sus pensamientos eran las voces de diferentes personas, pero que todas decían lo mismo "A la traición, el castigo es la muerte".

El incauto recluta del Equipo Eterno, se sentía algo traidor pero... ¿qué más daba? Él nunca quiso pertenecer ahí, sólo entró por su padre. Además, estaba ayudando a alguien de verdad, no era el tipo de ayuda que el Equipo Eterno creía que le daba al mundo. Caminó como buscando el vehículo que lo trajo hasta acá, pero en su lugar, encontró un enorme Arcanine que lo miraba amenazante. Retrocedió varios pasos, y cuando se percató de que el pokémon tenía intenciones de atacar comenzó a correr. Sin embargo, para un pokémon tan rápido como lo era Arcanine no era difícil atrapar a un humano con velocidad promedio.

Lo que siguió después, fueron sólo gritos desgarradores y agónicos.


Ya lo sé, ya lo sé, es muy corto en comparación a los otros capítulos, pero creo que algo de mí decía que lo mejor era cortar en esa escena. Pero en compensación, el próximo capítulo tendrá mucha más acción. Nos veremos pronto~