Capítulo 5: Los caminos se cruzan.

Darkrai lo sabía, esa organización malvada estaba llena de asesinos sádicos. Tan era así, que eran capaces de matarse entre sí. El Arcanine se lamió las patas con los restos de la sangre de aquel sujeto, Tetsu lo regresó a su pokebóla, sintiéndose satisfecho de haber cumplido su deber. Se acercó al deshecho cadáver y de su ropa rasgada logró sacar del bolsillo de su pantalón unas llaves. Eran las llaves del vehículo que los habían traído a ese lugar. Ese mismo vehículo que se había ido de la base del Equipo Eterno con dos personas, y regresaría a ella con sólo una.

— ¿Qué habrá sido eso? —Escuchó el rubio repentinamente, sacándolo de su propia satisfacción de haber asesinado a un traidor con un Arcanine. No reconoció la voz, pero le pareció muy extraña... no tenía ningún tipo de emoción en ella. Repentinamente se abrió la puerta de la residencia que identificó como la que aquel traidor visitó hace escasos segundos. Rápidamente, rompió en llanto.

— ¡Niño, no veas esto! —Gritó entre sus falsas lágrimas y cubrió la vista del menor. Maro no sentía terror por la sangre o por los miembros esparcidos de lo que fue un hombre, pero se sorprendió muchísimo al reconocer un poco que se trataba nada más ni nada menos que aquel sujeto que tenía información de su padre. Aquel hombre le dio esperanza de verlo por primera vez, y ahora su esperanza estaba completamente destrozada, como si algún pokémon muy grande y agresivo lo hubiese atacado.

— ¿Cómo sucedió esto? —Preguntó con monotonía, de tal manera que no parecía que preguntara. Tetsu se sintió muy extrañado, ¿qué clase de niño de trece o doce años reacciona ante esa escena como si fuera algo normal? Pero no tenía tiempo de detenerse a pensar eso, sino a seguir cubriendo su crimen.

—Un pokémon muy grande que no logré identificar atacó a mi compañero... fue horrible —mintió Aoibara con la respiración entrecortada, sollozando casi en cada palabra y, por su expresión, parecía que estaba naturalmente asustado. El castaño se veía impasible, pero igualmente estaba convencido de que aquel hombre acababa de decir la verdad. Ni Maro ni Tetsu podían hacer nada para aparentar normalidad, cualquier persona tendría el impulso de llamar a la policía. ¡Pero qué horror supondría eso! Si llamaba a la policía, descubrirían para quién trabajaba. Maro no tenía precisamente sus manos limpias, y todo recluta del Equipo Eterno sería llevado a prisión. No tenían ningún tipo de escapatoria.

— ¿Ahora qué hacemos? —Preguntó el castaño, rompiendo el silencio. Sabía que se arriesgaba a que Tetsu respondiera "debemos llamar a la policía".

Efectivamente, respondió exactamente eso. Maro le mintió, diciéndole que en su casa no había ningún teléfono, así que tendrían que recurrir a un vecino.

Mientras el castaño estaba hablando con el vecino Tetsu fue rápidamente a buscar sus cosas en el vehículo, y se deshizo rápidamente de su uniforme del Equipo Eterno y cambió su ropa por otra mucho más casual, la cual utilizaba cuando no estaba trabajando. Sí, perfecto, así no sería reconocido. Cuando se volvió a reunir con el de ojos vacíos, temió por que notara el cambio, pero o no le importaba o simplemente no lo notó.

Todos los residentes del lugar estaban horrorizados, la policía estaba confusa... nadie logró dar con el asesino del pobre hombre. Tetsu se quitó inmediatamente su abrigo, el cual era el que tenía el logo del Equipo Eterno. Fuera de eso, no había nada más que pudiese delatar. Por su parte, el menor sabía que no tendrían nada qué hacer en su casa, y en todo caso, su motosierra siempre estaba limpia, no podría haber prueba alguna de que fuese usada para matar. Sus archivos con resultados de experimentos, estaban guardados bajo llave.

No había margen de error, y así, los dos asesinos cubrieron su crimen. Sin embargo, ellos dos sabían que sus mundos de mentiras podrían destruirse si la verdad volvía a la vida, arrastrándose de lo más profundo de la tierra donde le habían enterrado en sus almas.

Sin embargo, la falsedad nunca acaba para los mentirosos.

—Está bien... ¿Tetsu Aoibara?

—S-sí, e-es ése mi nombre —respondió tímidamente, tartamudo y nervioso. Se veía como si en cualquier momento fuese a romper en llanto, se veía asustado, se veía... roto. La oficial de cabello verdoso sintió algo de lástima, ya que era horrible ver morir a alguien y encima tener que contar cómo sucedió. Lo sabía, ya había tenido casos así. Sin embargo, era necesario, ya que así se evitarían más tragedias.

Muchas preguntas, y pocas respuestas coherentes o comprensibles. Jenny llegó a la conclusión de que, a pesar de que Aoibara era un valioso testigo, no era capaz de responderle adecuadamente. Maro Kageshi fue un caso completamente distinto, aunque tenía la capacidad para responderle, no tenía la suficiente información. No estuvo en el lugar de los hechos, y al describir el comportamiento de Tetsu, notó que lo describió tal cual lo acababa de ver. Nada, toda la investigación fue un fracaso.

Al final, Aoibara y Kageshi salieron del interrogatorio, ambos suspirando internamente de haber hecho una buena actuación. Una vez que volvieron a la residencia de Maro, ya que el vehículo que Tetsu debía abordar para regresar a las instalaciones del Equipo Eterno estaba cerca de ahí, el menor le dirigió la palabra.

—Tú... ¿tienes información de mi padre? —Efectivamente, el rubio tenía información. Pero no, no era correcto decirlo. Si Hades y Hera habían escondido a Akaru Kageshi era por un motivo poderoso y él mantendría esa mentira por ellos.

—No, no tengo información. Mi compañero mencionó algo, pero no estoy seguro de qué y... —un momento, había algo raro. ¡La mirada del chico frente a él había cambiado completamente! ¡E- Eso era casi tan anormal como su inexpresividad!

— ¡Pero necesito saber en dónde está, cualquier cosa es suficiente para mí! Aunque sea, debo ir a de donde sea que ustedes vengan, necesito saber algo... cualquier cosa...

Su mirada repentinamente perdió el vacío, se fue la oscuridad que en esos ojos habitaba. Ahora lucía como un niño perdido en un centro comercial que desesperadamente busca a sus padres. Y posiblemente, eso era. Un niño perdido que busca con desesperación a su padre. Pero no, no debía dejarse llevar por el estado tan lamentable en el que se encontraba. Desesperado, con lágrimas recorriendo sus mejillas y una esperanza que se negaba a romperse. Algo en su interior le decía "Ayúdale" y otra le decía "No debes de hacerlo".

—Yo tengo información sobre Akaru Kageshi.

Y cuando los dos voltearon a ver de dónde provino la gélida voz, vieron una figura extraña emerger de las sombras...