Aquel día terminó con la muerte del paciente. Los cuatro médicos habían trabajado el día entero para intentar esclarecer qué podía tener el hombre que, en su cama, se debatía entre la vida y la muerte. Sin llegar a ningún diagnóstico claro su corazón se paró y el monitor mostró una línea plana de la que no pudieron recuperarle. El día había sido duro para todos ellos, los diagnósticos se sucedieron uno tras otro y ninguno de ellos fue el correcto. Los tres médicos observaron a House durante toda la jornada, esperando el momento en el que una idea brillante pero absurda siempre pasaba por su mente y conseguía que el paciente remontara; pero ese momento no llegó. Tras ordenar que bajaran el cadáver a la morgue los tres salieron del hospital cabizbajos. Con frecuencia debían enfrentarse a la muerte de pacientes, pero pocas veces lo hacian porque ellos no acertaran en el diagnóstico.

Cameron llegó a casa tarde, se encontraba cansada y triste. Entró por la puerta, colgó su abrigo y su bolsa en el perchero y suspiró profundamente, un día demasiado duro. No sólo habían perdido un paciente, sino que había descubierto que estaba embarazada. Se llevó las manos a la cara y se frotó la piel con las palmas. Madre. Iba a ser madre. Ni siquiera había querido creerlo antes de hacerse el análisis, ni cuando lo pidió, ni siquiera cuando supo que ya estaría hecho. Madre. Iba a tener un bebé de House y él lo único que había hecho era rechazarla. Con paso inseguro caminó hasta la sala y se dejó caer en el sofá, agotada, destrozada. Levantó las piernas hasta los cojines, se hizo una bola en la esquina del sillón y lloró amargamente. Todas las lágrimas que había contenido frente a él brotaron en esos momentos, mojando su cara, la tapicería y su ropa, con la respiración entrecortada y el pecho totalmente agarrotado pensó en él una y otra vez. No podía evitarlo, cada vez que recordaba aquella noche sentía escalofríos y el estómago le subía a la garganta; ahora, además, tenía algo más para recordarla, no podría olvidar aquella noche en toda su vida.

Se sentía incapaz de odiarle, lo quería demasiado para ello, lo había apoyado desde el principio, incluso poniéndose en contra de todos los demás para defenderlo. Pensó que quizá el embarazo era una pena que le caía por haber sido tan inocente y tan tonta, por dejarse engañar así por él y que tuviera alguien en quien pagar todas sus culpas y desgracias. Se secó las lágrimas con cuidado, ya tenía la piel de las mejillas enrojecida y lastimada, no quería empeorar aún más la situación. Se levantó del sillón con calma, sin saber muy bien hacia donde dirigirse, se sentía completamente perdida, sin saber qué hacer o decir, se sentía abandonada. Entró en su habitación y de ahí anduvo al baño, donde se arrodilló junto a la taza del inodoro y forzó las arcadas durante minutos. Únicamente fue capaz de arrojar dos bocanadas de vómito, no tenía nada más en el estómago, llevaba todo el día sin poder probar bocado. Con tristeza levantó el brazo hasta alcanzar el tirador de la cisterna; bajó el brazo de nuevo y mientras las lágrimas volvían a brotar de sus ojos rodeó su cintura con los brazos, abrazando su abdomen con angustia. Estaba sola con este problema, demasiado sola.

Tras volver a llorar durante minutos se levantó del suelo más serena. Había decidido ser fuerte y aguantar, no sólo por ella, sino por el bebé. Además, él no se merecía que ella sufriera, sólo serviría para hacerle más fuerte, para que su ego se hinchara. No estaba dispuesta a que él saliera ganando esta vez, no con ella. Si no la quería ella aguantaría sola o encontraría a alguien para que la ayudara tarde o temprano. No tenía muchos amigos, su vida social se había resentido mucho en los últimos meses, ni siquiera tenía un contacto mantenido con su familia, pero eso ahora no le asustaba, no estaba dispuesta a dejarse pisar más, ahora que tenía alguien más a quien cuidar. Mientras se desvestía y se ponía el pijama pensó en él una vez más; le quería tanto que no podía sacárselo de la cabeza, hora tras hora aparecía en su pensamiento como un fantasma, sin que ella fuera capaz de pensar en otra cosa diferente. Él era lo que siempre había querido en un hombre, a pesar de su crueldad y sus maneras, bajo eso ella veía lo bueno que él tenía y ella quería. Él no te quiere, Allison. Se repitió una y otra vez. Pensando en él y en cómo evitar que se introdujera en sus pensamientos se durmió profundamente hasta el día siguiente.


Los días pasaron entre frialdad y desprecios. Los dos habían conseguido que sus actitudes no fueran percibidas por el resto de la gente, continuaban tratándose de la manera habitual cuando sus compañeros se encontraban delante, pero la oscuridad volvía cuando se quedaban los dos solos o se cruzaban por el pasillo. Ella pudo observar un par de veces que él la miraba desde su despacho y que sentía curiosidad por lo que hacía. Varias veces durante las siguientes semanas vio que sus ojos recorrían su cuerpo, quizá buscando cambios, pruebas, evidencias. No podía evitar sentir tristeza ante su aparente interés, pero tampoco dejaría que él volviera a lastimarla, si estaba interesado en conocer algo acerca de ella o cómo se encontraba no tenía más que preguntar, no iba a ceder esta vez, le tocaba a él mover ficha.

Uno de esos días él caminaba por un pasillo del hospital, huía rápidamente de Cuddy, quien le iba siguiendo desde hacía minutos con ciertos papeles que el abogado del hospital le había mandado por correo. Llevaba todo el día esquivándola, no le apetecía tratar con ella ahora, se sentía incapaz. Se paró en seco cuando vio a Cameron hablando con un médico de Neumología. Ella parecía alegre y contenta, como no habia parecido en semanas, le sonreía y le contaba algo que House no conseguía descifrar. Miró los labios de ella y los de él, intentando adivinar las palabras que ambos se decían, sin éxito. Se acercó más aún a ellos y pudo escuchar parte de la conversación que estaban manteniendo. Oyó cómo él quedaba con ella a las ocho y le pedía que no faltara a la cita. House notó cómo el fuego recorría toda su espalda, siguiendo el camino de la columna hasta llegar a su cabeza y sus ojos. Deseó pegar a aquel individuo allí mismo¿quién se creía que era¿por qué estaba hablando con ella¿es que acaso quería algo de ella?. Apretó con fuerza el mango del bastón y esperó a que ambos terminaran de hablar. Contuvo la ira como pudo para hablar cuando ella pasó por su lado:

- ¿Buscando padre?- le preguntó burlonamente y sonriendo con malicia.

Ella giró la cabeza de una vez y lo miró fijamente a los ojos.

- Ya tiene padre, House.- respondió ella con seguridad. No se había referido a él como el padre el bebé hasta ese momento. Había temido hacerlo desde hacía muchos días, pensando que ello haría que él rechazara aún más la idea.

- El rubito.- contestó él mientras bajaba la vista y rozaba el suelo con el protector de goma de su bastón.- Lo sé.

- Chase no es el padre, lo sabes. No está mal responsabilizarse de las propias acciones de vez en cuando. Aunque creo que todos sabemos por aquí que no eres de esos.- ella continuó seriamente, intentando hacerle ver la realidad.

- ¿Cómo puedo estar seguro? No sé a dónde fuiste después de dejarme abandonado en mi despacho. ¿Haces eso con todos?

En realidad no deseó decir aquellas palabras, pero al recordar la soledad con la que se despertó aquella noche en el sillón de cuero de su despacho, tapado con la bata que aún olía a ella y sin rastro de la mujer con la que acababa de acostarse sintió que le hervía la sangre y no pudo evitar pagar con ella todas las inseguridades que le acechaban desde hacía años. Dejándose llevar por el enfado y los celos la miró con todo el odio del que era capaz, sintió que la odiaba, por abandonarle, por intentar cambiarle y obligarle a hacer algo que él no había pedido, por tratar con otros hombres. No soportaba la idea de que otra persona la tuviera, ni a ella ni al bebé, pero, a la vez, era incapaz de decirlo. Ella se mantuvo serena, aguantándole la mirada por unos momentos. Apretó fuertemente el puño dentro del bolsillo de su bata; quería pegarle allí mismo, hacerle daño y que no se recuperara del golpe, estaba dañándola como nunca lo había hecho, dando en el centro de la diana, dónde él sabía que más dolía. Reuniendo todo el valor que pudo le contestó:

- Que te jodan.

De un empujón lo apartó a un lado para hacerse sitio y continuar caminando por el pasillo. Andaba con paso decidido y no miró atrás, ni siquiera cuando oyó un puño golpear contra la pared y tras ello un ligero gemido.

Al girar la esquina del pasillo, mirando al suelo, chocó contra algo.

- Dra. Cameron. Perdona, estaba leyendo estos papeles y...- se disculpó cortésmente Wilson.

- Ha sido culpa mía... no miraba por dónde iba.. yo... no pasa nada- contestó ella mientras se frotaba la frente con la mano y le temblaba la voz. Había abandonado a House de manera tajante y segura, pero encontrarse con su mejor amigo ni siquiera un minuto después de hacerlo la intranquilizaba. No quería que nadie leyera en su rostro lo que sucedía y menos James Wilson.

- ¿Estás bien? Te veo pálida. Estás sudando.-le preguntó con preocupación

- Sí, es sólo... estoy bien. Bien. Estoy bien.- contestó ella insegura.

Wilson se adelantó unos pasos y miró hacia el pasillo que comenzaba tras la esquina donde se encontraban. Suspiró profundamente al ver a House con la cabeza, de frente, apoyada sobre la madera de la pared. Una de sus manos sujetaba el mango de su bastón con fuerza, la otra estaba apretada fuertemente, se podían ver a lo lejos los nudillos blancos por el esfuerzo.

- Vamos. Hablaremos.- le dijo a ella mientras le agarraba por el brazo con delicadeza y la llevaba hasta su despacho.


Los dos médicos entraron en el despacho de Wilson pocos minutos después. Él le ofreció amablamente una silla para que se sentase y él hizo lo mismo con la que tenía tras su escritorio.

- No sé qué pasa con vosotros dos. Sé que House tiene un carácter difícil y...- se frotó la nuca mientras hablaba, sin saber muy bien por dónde empezar para no parecer partidista, ni hacia él ni hacia ella- Cameron, House es... House... ya sabes cómo es, quizá...

- Estoy embarazada.- le cortó ella. No necesitaba que él siguiera hablando, ella sabía cómo era House, no quería que le contara cuántas cosas buenas tenía por debajo de los cientos de malas. Ella ya sabía eso.

Wilson se llevó la mano a la boca y la miró con los ojos abiertos. Ella había levantado la mirada hacia él y lo miró también fijamente. Sin necesidad de preguntarse nada Wilson obtuvo la respuesta a su pregunta cuando ella asintió ligeramente y dejó caer las lágrimas.

- La noche de la fiesta.- comenzó ella- Todos se habían ido, él estaba en la barra, yo estaba sola...

- No sigas, no quiero saberlo.- Wilson agitó las manos en el aire haciéndole ver que aquello no llevaba a nada.- Es mayorcito para hacerse cargo de sus propios problemas.

- No lo hace.

Él la miró extrañada, no acabab de entender qué significaban aquellas palabras¿acaso House no sabía nada?

- ¿Es que no se lo has dicho aún?- preguntó curisoso.

- Lo sabe hace más de una semana.- contestó ella mientras se secaba las lágrimas- Él no...

Wilson volvió a suspirar profundamente, esta vez el enfado era patente en su voz. Se levantó violentamente de su silla y caminó de un lado a otro del despacho, restregando las manos por su nuca y pasándose los dedos por el pelo. Al fin dejó de andar y situándose la mano en la boca la miró fijamente.

- Vete a casa, Cameron. Descansa.- la ayudó a levantarse de la silla y la acompañó a la puerta. Cuando ella se giró para marcharse le dio las gracias a Wilson apretándole ligeramente en el brazo y sonriéndole. Quizá no era la persona más cercana a ella, pero sí la más cercana a House y la que mejor le conocía. Además, en aquellos momentos habría confesado incluso delante de Cuddy, no podía soportarlo por más tiempo.

- Cameron...- comenzó a decir él mientras ella se marchaba- ¿De cuánto...?- preguntó contando con los dedos de la mano las semanas desde la fiesta.

- Algo más de dos meses.- ella lo miró sabiendo qué quería preguntarle.- Sólo fue una vez.- Le contestó mientras se alejaba de su despacho.